Los personajes no me pertenecen, bla, bla, bla… todo eso.


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Dulce sangre azul: todo lo que imaginas sobre Emmett burlándose y Edward pegado a Bella todo el día es rigurosamente cierto. La boda, bueno, no fue gran cosa, casi no valía la pena mostrarla. Sobre los libros, no me río, y te confieso que yo no hice lo mismo porque me pasé una parte importante de mi niñez jugando de arcos y flechas hechos de palitos y bandas elásticas. El Robin Hood de Disney, protagonizado por animales, era mi película favorita al crecer.

Querida Amy, por lo visto, nuestras experiencias en cuestión de fanfiction se parecen. No me es del todo fácil encontrar para leer una historia que cumpla mis requisitos tanto de desarrollo de la trama, un mínimo de originalidad, ortografía y sintaxis… pero de vez en cuando se encuentran verdaderas joyas, y aspiro a que mis escritos estén entre lo mejorcito que tiene para ofrecer este sitio.
Conozco gente como la que describes, y creo que algunos de tus colegas y mis conocidos deberían asomar la nariz fuera de sus libros mohosos y vivir un poco. No digo que la literatura consagrada no sirva o deba ser dejada de lado, pero es que hay tanto que leer, que conocer, que descubrir, que atenerse sólo a lo clásico o reconocido me aburriría muy pronto. Yo voy en camino a convertirme en profesora de Lengua y Literatura, y sé que si no equilibrara a Borges y García Márquez con fics mi vida literaria sería mucho más aburrida.

Oh, elogios… ¡mi golosina predilecta! Bueno, admito que yo no leí todos los títulos de la lista de libros, pero sí una buena parte. En cuanto al resto… no se me da bien expresarme en voz alta, supongo que por la noche pongo en palabras escritas todo lo que no supe decir durante el día.
Sí que me tienes fe, espero que no te decepcione el epílogo. Intenté dejar suficiente margen a la imaginación para no darle un cierre demasiado hermético, pero sí dar explicaciones suficientes y un cierre razonable al argumento.
Los reviews son mi pago, y los tuyos cuentan como vacaciones pagas, poco menos… En serio, me emocionan y dejan con una sonrisa pintada en la cara por todo el día. Al respecto, quisiera pedirte algo, si tienes tiempo y ganas y energías y paciencia. Estoy escribiendo una nueva historia del universo de Edward y Bella, y me preguntaba… ¿querrías ser mi beta? ¿Me ayudarías, por favor? Entiendo si no estás interesada o no tienes tiempo o ganas, pero en verdad me vendría bien un poco de ayuda y algo me dice que eres la persona ideal. Piénsalo, y si quieres, me dejas tu dirección de correo en el siguiente review, ¿te parece? Si no, no hay problemas, pero avísame por favor así busco a alguien más.

Un abrazo caluroso y húmedo desde Entre Ríos, "todos los verdes", de parte de

CruzdelSur


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Epílogo

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Nos quedamos cinco años en Canadá, mucho más de lo que yo hubiese creído que nadie, excepto Bella y yo, aguantaría. La verdad es que fueron una especie de vacaciones vampíricas. Dejamos de poner atención a la velocidad de nuestros movimientos, no nos cuidábamos de tener comida en la alacena ni de inventar algún tipo de explicación de parentesco entre nosotros. En una palabra, no nos esforzamos por parecer humanos.

Fue un buen tiempo, un descanso agradable de estar fingiendo todo el tiempo. Pero como todas las vacaciones, llegó un punto en que se volvió tedioso. Ya todos queríamos regresar, y tras negociar algunos cambios en la dinámica familiar, eso fue lo que hicimos.

No más escuela secundaria hasta el fin de los tiempos para nosotros. Ése fue un requisito en el que todos estuvimos de acuerdo. Jasper y Emmett ya antes lucían demasiado adultos, pero ahora yo también lo hacía. Rosalie se negaba a soportar la rutina otra vez, Alice tampoco estaba demasiado entusiasmada, y hasta Bella se atrevió a sugerir que podríamos dedicarnos a cosas algo más útiles para la sociedad que causarle gastos al sistema educativo.

De manera que ahora Emmett y Rosalie eran una joven pareja de recién casados que tenía a cargo a Bree, la hermanita de Emmett. Jasper mantenía la pretensión de ser el hermano mellizo de Rosalie, y estaba en pareja con Alice, aunque ellos no estaban oficialmente casados. Alice era prima segunda de Diego, el brillante joven ayudante y colega de Carlisle, un joven médico casado con Esme, cuyo hermano menor, Edward (es decir, yo) estaba casado con Bella. Diego y Bree se conocían, enamoraban, peleaban, reconciliaban y finalmente casaban, o al menos ése era el plan. Cada pareja tenía una casa o departamento no lejos de los demás, pero con suficiente distancia como para tener privacidad, excepto Diego, que vivía con Jasper y Alice, y Bree, que tenía su "dormitorio" en casa de Emmett y Rosalie. Bree fue la única que no se salvó de la escuela secundaria, aunque sólo tuvo que completar los dos años que le faltaban desde un principio. Los demás nos dedicamos a estudiar y/o trabajar. Esta versión no nos permitía permanecer tanto tiempo en un mismo lugar, pero poder hacer algo más que sentarnos en una escuela a aburrirnos era un cambio tan agradable que a nadie se le ocurrió protestar.

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No se me podía ocurrir un arreglo más perfecto. Nos visitábamos todo el tiempo, sin la presión de compartir una casa con personas que podían oír con precisión los sonidos que hacías al desvestirte a dos pisos de distancia, o en mi caso, oír la privacidad de una pareja.

La convivencia entre nosotros era mejor que nunca. Después de todo, los últimos diez años, con la excepción de algunos detalles tales como mi enfermedad, no nos había traído más que cosas buenas: mi repentina nueva humanidad, la transformación nada dolorosa de Bella, la llegada de Bree y Diego a la familia, la relación de madre e hija para Rosalie y Bree, la posibilidad de dejar atrás una rutina inútil y aburrida a favor de convertirnos en personas útiles para la sociedad mientras hacíamos algo que nos gustaba.

Si a todo esto aún le faltaba un final feliz, Irina encontró en medio de la nieve un cazador furtivo medio muerto de hipotermia un invierno particularmente frío y nevado, lo convirtió… y resultó ser su media naranja. Tanya y Kate, que venían a vernos de vez en cuando, seguían haciendo vida de solteras y estaban muy contentas así, a tal punto que cuando Kate coincidió en casa con un nómada conocido de Carlisle de nombre Garret, le estuvo dando largas durante una década antes de sentar cabeza y quedarse con él y sólo con él.

Tanya resolvió con un suspiro que ahora ella sola tendría que apechugar con hacer honor al cariñoso apodo que yo le había dado años atrás, "súcubo", y seducir hombres por triplicado, ya que era la única que quedaba llevando a cabo esa loable tarea. El que lo dijera con un brillo de deleite en los ojos y los pensamientos empezando a catalogar su guardarropas dejaba en claro que la tarea no la disgustaba ni un poco.

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Es sorprendente cómo con el paso del tiempo la sociedad cambia tanto en algunas cuestiones y tan poco en otras. Con el paso de las décadas, los tratamientos rejuvenecedores y las cirugías antiarrugas se volvieron tan accesibles económicamente y tan efectivos que ya casi no llamábamos la atención. En todo caso nuestros vecinos humanos nos tomaban por personas inusualmente adineradas que tenían acceso a los mejores tratamientos y por eso no daban muestras de cambiar físicamente.

Lo que cien años antes aún hubiese causado murmuraciones y desconfianza, ahora sólo causaba envidia y celos. Podíamos permanecer hasta treinta años en un lugar antes de mudarnos, y cuando lo hacíamos ya no era porque los demás se daban cuenta de que había algo no humano en nosotros, sino porque estaban tan rabiosamente celosos que no nos saludaban más.

Seguíamos presentado la fachada de una serie de parejas más o menos emparentadas. Carlisle seguía ejerciendo la medicina, aunque se negaba a migrar al terreno de la estética y seguía atendiendo como médico clínico, el antiguo "médico de familia" al que se acudía en caso de heridas o enfermedades varias y que llegado el caso derivaba a alguien a un especialista. Mientras que yo me dediqué a tiempo completo a la psiquiatría, Diego estudió medicina y se especializó en dermatología.

Su consultorio rebosaba de jovencitas (y unos cuantos jovencitos) que iban a que el atractivo y simpático doctor Calderas les recetara algo contra el acné; él era lo bastante encantador como para que a muchos de sus pacientes no les importara pagar el precio de una consulta con tal que él los revisara bien de cerca y les recetara algo con una sonrisa. Diego era naturalmente un galán y con frecuencia flirteaba con sus pacientes, sin pasar nunca de las galanterías verbales, ya que su corazón le pertenecía en un cien por ciento a Bree. Pero Diego no sólo se dedicaba a halagar a adolescentes (y mujeres adultas, que tampoco faltaban entre sus pacientes): muchas veces atendió a gente sin recursos sin cobrarles un centavo y salvó a más de una persona al detectar a tiempo pequeños bultos o manchas en la piel gracias a su vista mejorada.

Bree a veces era la secretaria y recepcionista de Diego, y en esos casos solía mostrar una cierta perversa satisfacción al besar a Diego delante de alguna admiradora especialmente insistente. Habitualmente Bree no tenía una gota de malicia en el cuerpo, salvo cuando alguien era por demás afectuoso con Diego… entonces la chiquilla sacaba a relucir sus garras.

Cuando no estaba pisoteando las esperanzas de alguna humana de quedarse con el joven médico, Bree solía tener un consultorio psicológico, con frecuencia en el mismo edificio que yo; a veces, dependiendo del paciente en cuestión, hasta trabajábamos en un enfoque interdisciplinario entre mis conocimientos en psiquiatría y los suyos en psicología. Bree se enfocaba especialmente en víctimas de maltratos, y si bien jamás hablaba de sus pacientes, con mi don yo no podía evitar enterarme de cosas. Por lo visto la discriminación, la xenofobia, el racismo y otras formas de humillación y maltrato lamentablemente no habían quedado en el siglo pasado, como sí lo habían hecho las pinturas con base de plomo y el uso del papel, definitivamente reemplazado por la digitalización y prohibido debido a los poquísimos árboles que quedaban en el mundo.

Bella se estaba ocupando del tema de la deforestación, por supuesto. Mi amada era una enciclopedia andante de botánica, y se la pasaba recolectando semillas, analizando muestras, estudiando troncos muertos… no podíamos ir a cazar tranquilos sin que ella regresara con los bolsillos llenos de hojas, ramitas y semillas. Mi Bella estaba perfectamente feliz con la ropa cubierta de tierra y hojas muertas, un microscopio en una mano y un puñado de semillas en la otra, sin olvidar las uñas siempre llenas de tierra. Hasta Alice había abandonado los intentos de vestirla de gala para uso diario.

Eso no quería decir que Alice había abandonado su pasión por la alta costura; todo lo contrario. El desarrollo de nuevas fibras, nuevas formas de estampar las telas, nuevos tintes más durables y no tóxicos, máquinas de coser tan modernas que hacía falta un curso en la NASA para manejarlas porque de ahí a una nave espacial había un solo paso… todo eso había vuelto a ese pequeño torbellino de energía más enloquecido de alegría por la moda que nunca. Y aunque Bella se negara a hacer de maniquí viviente para ella, Alice aún tenía dos muñecas de tamaño natural con que jugar: Bree y Rosalie.

Rose estaba trabajando como abogada. ¿Alguien recuerda esa vieja película "El Diablo viste a la moda"? Pese a tener más de ciento cincuenta años de antigüedad, el largometraje se volvió un favorito entre todos cuantos conocían a Rosalie Implacable Hale. Sin un cabello fuera de lugar, siempre vestida impecablemente, con un cuerpo de infarto y una lengua capaz de apuñalar al más seguro de sí mismo, Rosalie era tan feroz como justa. Aunque solía intentar llegar a acuerdos antes de acabar en los tribunales, cuando un caso suyo llegaba a juicio sus opositores hacían bien en echarse a temblar.

"No parece que fueran mellizos" era el comentario obligado de todos cuantos conocían a Jasper además de Rosalie. Él hacía una tranquila y retirada vida de escritor e investigador histórico. Su principal problema era justificar sus fuentes, porque "me acuerdo, eso me pasó a mí hace doscientos años" aún no era una explicación válida. Jasper se divertía de lo lindo publicando un libro bajo un seudónimo en el presentaba una investigación histórica, y luego publicando una refutación bajo otro seudónimo, sólo para que su primer alias volviese a refutar al segundo. La mayoría de la gente no se entraba de sus jugarretas, pero los académicos enloquecían con las contiendas eruditas, sobre todo la que desarrollaron sus alter egos el licenciado Julian Glass y el doctor Raymond Jenkins. La polémica alcanzó tal punto que las peticiones por conocer a los investigadores enfrentados a muerte crecieron, y crecieron al extremo que Jasper tuvo que matar a Jenkins de un infarto y hacerle escribir a Glass un elogio fúnebre en memoria de su colega y adversario para calmar a la comunidad científica.

Emmett encontraba todo esto tan gracioso como inútil. Él seguía prefiriendo las cuestiones concretas, reales y tangibles, frente a los debates históricos, los trastornos de la psique o los enredos judiciales. Mientras Bella se dedicaba desesperadamente a salvar los árboles, Emmett fabricaba muebles. Lo hacía artesanalmente, sólo con maderas aprobadas para talar. Además, una cierta veta artística había surgido últimamente en él, y estaba empezando a incluir nuevos materiales en sus creaciones, algunas bastante estrafalarias, pero que se vendían como pan caliente. En más de una ocasión reciclaba viejos muebles descartados o dañados, que él restauraba hasta dejarlos como nuevos.

En ese sentido, se llevaba de maravillas con Esme. Ella seguía restaurando edificios y rescatando antiguas construcciones a punto de ser demolidas. Cuando no estaba haciendo eso, diseñaba edificios ecológicos, ya que además de decoración y ambientación de interiores había estudiado arquitectura; sus creaciones eran auténticas piezas de arte. El buen gusto de mi "hermana mayor" la había convertido en una renombrada figura aún a pesar de su bajísimo perfil.

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En lo que respecta a Bella y a mí específicamente, estábamos más enamorados que nunca. Con ya más de un siglo de antigüedad yo volvía a tener un excelente autocontrol y aunque seguía, sigo, sin soportar bien el separarme de Bella, al menos lo sobrellevo con más dignidad. Su mente sigue tan silenciosa como lo estuvo todo este tiempo, desde ese lejano día en la cafetería de una escuela, cuando una chica con abultados rizos llamada Jessica sacaba al sol los trapos sucios del clan Cullen para impresionar a la recién llegada al pueblo, Bella Swan.

Bella Swan es Bella Cullen desde hace años, y yo estoy locamente orgulloso de que sea así. Durante mis casi noventa años de vida como vampiro en la primera ocasión en que lo fui jamás me hubiese imaginado que encontraría alguien que me complementaría tan perfectamente, que me inspirara a tratar de ser al menos la mitad de maravilloso que Bella aún después de todos estos años cree que soy, que me hiciera sonreír cada día, reír a carcajadas, suspirar cuando no estoy con ella y sentir que se me aflojan las rodillas de pura adoración cuando ella me sonríe.

No todo es un lecho de rosas. Amo a Bella, pero su obsesión con la biología me desespera a veces… del mismo modo que a ella la irrita mi tendencia a mencionar lo psicóticos, perversos, sádicos, fóbicos o histéricos que son los humanos que nos rodean. Gajes del oficio, digo yo, pero Bella insiste en que no aplique mi oficio a sus compañeros de trabajo o al portero del edificio.

Los dos tenemos un carácter fuerte, y no siempre estamos de acuerdo. Discutimos a veces, una vez cada diez o veinte años… y hasta ahora sólo tuvimos una pelea, pero fue una que hizo temblar los cimientos. Una vez que nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos, pudimos empezar a hablar sin enojo de por medio, y nos pusimos de acuerdo en un rato. Por mucho que nos amemos, seguimos siendo dos personas diferentes y a veces disentimos. Sin embargo, conseguimos resolver las diferencias sin recurrir ni a las peleas a gritos ni a la lucha cuerpo a cuerpo, que es más de lo que puedo decir de nuestros penúltimos vecinos.

Fuera de algunas cuestiones de este tipo, nuestra existencia es perfectamente feliz. Amo con cada fibra de mi ser a Bella, amo a mi familia alocada, excéntrica y armada de a retacitos. Muchos de nosotros no éramos más que un jirón de persona cuando llegamos a la familia, y gracias al cuidado y cariño de los demás nos volvimos nuevamente seres plenos. Nos protegemos y cuidamos entre todos, lo que nos hace mil veces más fuertes.

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¿Qué más puedo decir…? Sonará cliché, pero hay una frase que resume como fue, es y será la vida de Bella, de mi familia y la mía, desde ahora y hasta que esta estrella llamada Sol se consuma, el planeta Tierra sea absorbido por la fuerza de gravedad del Sol moribundo y el Sistema Solar todo colapse. Esa frase es…

y vivieron felices por siempre.


¡Esto es todo, amigos! Aquí finaliza Mil Grullas de Papel.

Todo tipo de comentarios, observaciones, críticas constructivas, correcciones, preguntas, elogios y toda cosa por el estilo son bien recibidos bajo la forma de reviews.

Y por si a alguien le interesa, en abril empiezo a publicar una nueva historia del universo Crepúsculo que se titula Setenta Años Tarde. A quien se anime, ¡ahí nos leemos!

¡Gracias por acompañarme en esta aventura! Con cariño,

CruzdelSur