historia que aquí leéis es mi completa autoría, salvo los personajes que son de la señora S. Meyer y su saga "Twilight".

Bárbaro.

Capítulo 31.

Rosalie agarró una flecha pasando la lengua sobre su dedo índice y acarició la punta de ésta, afilada como una daga.

Sentia como los ojos de la vieja estaban posados en ella. Y por supuesto se preguntaba de manera incesante porque aquella mujer no le generaba ningún tipo de repugnancia pese a su aspecto desgreñado y asqueroso.

Frunció el ceño y elevó la flecha para posarla con delicadeza sobre la madera de opalina, increiblemente moldeada, haciendo el ejercicio de tirar.

-Es peligroso – inquirió Maude detrás de su espalda - La flecha podría escapar de tus manos; que no dudo que no sean diestras, pero podías herir a " mi príncipe".

Rosalie miró a Jane que se hallaba alojada en una de las paredes, como una salamandra; pegada, miedosa y nerviosa.

-No hay nadie – Rosalie se dio la vuelta y elevó una ceja, mirando a la vieja de arriba abajo con socanorrería – "Tu principe" como tu lo llamas no …

El enorme portón se movió dando lugar a la figura portentosa del bárbaro que corría como loco hacia Maude con el gesto desencajado.

-Fury….Maude, Bella… - Los ojos de Edward ,acuosos, revelaron a Maude mucho más de lo que la vieja necesitaba saber, haciéndola gruñir y bufar antes de salir de aquel cuarto.

La voz de Edward por encima de sus espaldas , hizo que Jane se despegara de la pared y corriera en busca de los brazos de Rosalie, temblando como una hoja.

-¡No os movais de ahí!

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Angela corrió con una risa solapada en su rostro.

Era una mujer hermosa de cabellos oscuros como la crin del mismo Fury, con ojos como el carbón, piel olivacéa que se tornaba oscura y sensual cuando los primeros rayos del sol la tocaban, en la temporada de la recogida de la papa.

Habia llegado a la fortaleza comprada como las demás antes de ser entregada para formar parte de decenas de rameras calienta camas, agradeciendo por ello al apestado de Cheney que moría en el jergón que hacia casi un año que no compartían, por la repugnáncia que le causaba estar a mas de medio centímetro de él, ya era suficiente tener que asistirlo en todo momento para no causar sospechas entre la gente que vivía en la comunidad de la fortaleza.

Aunque ella, claro está era la causante maldita de que su amante estuviese postrado en aquel jergón justo un año después de llegar a aquella fortaleza.

Habia intentado amar al hombre que la habia salvado de ser vendida para ser ramera en cualquier camastrón de mala muerte, pero le habia sido totalemnte imposible al conocerlo a él…a su señor, a Edward, el que llamaban el "Bárbaro", embrujándola su manera de mirar, su cuerpo tímidamente atlético y aquellos ojos que parecian no tener sentimientos por nada y por nadie.

Llevándola a trazar un metódico plan en su mente y pagando con su cuerpo a algunos de los hombres que lo servían, para sonsacarles…sacar alguna verdad prohibída con la que pudiera llegar al bárbaro, para poder al fín ser su hembra y calentar su cama..

Envenenar a Benjamín no habia sido difícil, sobre todo al dedudir como habia muerto uno de los terneros que habia en la granja. El animal habia escapado al monte y ella misma habia sido la encargada de ir en su busca y dar con él.

Extrañada de que el animal no tuviese ningun síntoma de haber sido atacado por algún depredador, le abrió la boca como un acto reflejo, viendo como la lengua del canero se hallaba completamente negra y algo parecido a un hierbajo sobresalía de uno de sus dientes.

Dedució rápidamente que habia sido aquella planta la que habia matado al animal y se quedó asombrada al pasear no muy lejos de allí y encontrarse con cientos de ellas en un gran claro.

En ese mismo momento comenzó a fraguar el fatídico destino de Cheney, unido a la planta de la cicuta, de la que sólo utilizaba las raices, machacandolas y haciéndoselas ingerir mediante el agua miel o su cuenco de comida.

Todo por aquel "Bárbaro" que nunca habia sido suyo y que ahora retozaba con una mujer tan pálida como una muerta, haciéndola su hembra y dejandola a ella al margen de todo lo que habia estado maquinando durante tanto tiempo para poder estar junto a él y arrastrarlo de pasión en su jergón.

Lo de Fury solamente había sido el principio, de una manera u otra ella yacería con el hombre del que se habia enamorado como una loca; aunque ello significara dejar cadáveres en su camino.

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El cabello castaño de Bella acariciaba el lomo de Fury mientras que ella gemía y se mecía a sí misma agarrando al animal con fuerza desde el cuello. El animal resoplaba de vez en cuando, abriendo los ojos y observando a aquella bruja que le cantaba algo que pertenecía solo al mundo de los mamiferos que corrian veloces y salvajes por la pradera; algo que Fury, como todos los de su espécie almacenaban en su inconsciencia colectiva dormida; la base de sus ancestros. Calmándolo y llevándolo a un sueño ligero y dulce del que sabia que no despertaria jamás.

-Serás libre Fury. Nunca jamás habran barreras para tí, te lo prometo, podras correr libre sin nada ni nadie que te lo impida – Bella susurraba aquellas palabras al jamelgo que parecia entender todo lo que salía de su boca sin saber porqué. – Tu amo no confía en mi…¡Por todos los Dioses, Fury! ¿Cómo puede decir amarme si cree que he hecho esto? – Bella elevó las manos un segundo, pero rápidamente al ver la incomodidad del animal volvió a posarlas sobre su cuello, acariciándolo suavente con los dedos. - ¿Quién te ha hecho esto, Fury? – Bella recordó el rostro de la mujer llamada Ángela y el odio con el que parecía mirarla. – Ella…esa mujer, Ángela…¿ha sido ella Fury?

El animal cabeceó lentamente con la cabeza como si la entendiera y Bella cerró los ojos con desesperación, sintiendo la presencia de alguien a su lado, algo etereo sin vida, pero a la misma vez físico.

Con temeridad abrió los ojos rápidamente y giró el rostro para toparse con el rostro de una mujer inmensamente bella, de cabellos cobrizos y ojos verdes. Ésta le sonrió y negó lentamente.

-No tengas miedo. Maude te lo advirtió, Isabella Swan. Puedes ver a los muertos y calmar a las béstias . No tengas miedo, yo sólo vengo a guiarte.

Fury,comenzó a dar pequeñas coces al sentir la presencia de aquel ser inerte con forma de mujer y Bella besó al animal justo emedio de los ojos, haciendo que el caballo, perdiera el sentido o muriese; ella que podía saber.

Estaba asustada. Realmente asustada; pero aquella presencia no le transmitia ningún tipo de temor, muy al contrario, la tranquilidad habia controlado su cuerpo y en aquel momento podria bien haberse tendido con Fury en el pajizal sin preocuparse absolutamente de nada,si el potranco estuviera en perfectas condiciones. Era él y solo él el culpable de su termor no aquella mujer extraña que le resultaba inmensamente familiar

-¿Va a morir? – Preguntó Bella con una voz creciente y segura.

La mujer negó sin perder la sonrisa, lentamente.

-Maude esta a punto de llegar. Ella sabe lo que hacer, no te preocupes. Pero Bella – El ser etéreo, elevó la mano y quiso tocar el hombro de Bella, pero su materia liviana lo hizo imposible – Cuidate de Ángela y haz caso en todo momento a Maude, dejate guiar por Rosalie y confía en Edward. Él te ama.

La mujer bajó la mirada con algo de tristeza y perdió la sonrisa durante unos instantes.

-¿Quién es usted? – Preguntó Bella en un hilo de voz, casi imperceptible.

Se oían las voces de Maude y Edward cada vez con mas cercanía.

-Elizabeth.

En un parpadeo, Bella perdió de vista a la aparición de dulces cabellos largos y cobrizos, apareciendo de nuevo Edward con gesto terriblemente preocupado y Maude, que miró con el ceño fruncido a un lado a otro de los establos, para finalmente mirar interrogante a Bella.

Ella le apartó la mirada y la volvió de nuevo hacia Fury.

-No morirá… - susurró – Lo sé.

Edward se agachó chasqueando la lengua y agarrandole los brazos con fuerza para que dejara de asistir a Fury, echándola hacia un lado, apartandola completamente del animal.

-Que lista me has salido. Isabella.

Bella se apartó de aquel par y se apoyó en una de las columnas de barro, observando como Maude, se inclinaba para abrirle la boca al caballo y olisquearlo.

-Parece leche de hierba de carmín, alguien se la ha debido de meter el el abrebadero " mi príncipe". – Maude, tocó el vientre del animal y éste apenas se quejó – Muévelo, tenemos que hacerlo vomitar, no lo ha hecho aún. – Maude miró a Bella y elevó una ceja a lo que la castaña negó respondiendole .

Edward comenzó a masajear el vientre de Fury, sin ningún resultado .

Estaba nervioso, no podia perder a aquel animal que era parte de su vida, miró a Bella con la mirada perdida y ella se encogió en la columna, como si le hubiese asestado un fuerte golpe con su espada.

-¿Tu no sabrás lo que es la hierba de Carmín, no? – Gritó apuntándola con un dedo - Aunque no me extrañaria, tienes pinta de bruja.

-¡Edward! – Maude, gritó sin contemplaciones, mientras rodeaba con las manos el vientre de Fury y el animal gemía. – Hija ve hacia la Fortaleza y tú, Edward, ven aquí y ayudamente con tu animal si no quieres que muera.

Bella se giró dejándolos solos antes de correr en estampida hacia la entrada de la fortaleza, sofocando las lágrimas y topandose con alguien en el largo pasillo hacia las habitaciones.

-Kaichiri…- Bella se limpió con rápidez las lagrimas que inundaban sus mejillas y sonrió sin que este gesto le llegara a los ojos – lo siento. ¿Te he lastimado?

Kaichiri miró a su señora con preocupación y dio un paso hacia ella tocando su rostro.

-Señora, esta llorando. ¿Es acaso por el animal del señor? – Kaichiri le sonrió dulcemente e hizo que una paz inmensa hinchara el corazon de Bella.

-Son tantas cosas Kaichiri…que no podria enumerartelas. ¿Pero dónde caminabas con tanta prisa? – preguntó Bella , intentando parecer calmada.

La mujer de color dejó escapar una pequeña carcajada y sus ojos grandes y oscuros se pusieron en blanco.

-Han llegado dos mujeres, y una de ellas parece una guerrera. Le ha preguntado a Irina que función desempeñamos dentro de la fortaleza e Irina le ha contestado que cuidar de nuestros hombres y calentarles el jergón. La guerrera ha entrado en cólera y ha comenzado a despotricar en contra de todos los machos de la fortaleza comenzando por nuestro señor y nos ha reunido a todas en el campo de entrenamiento para enseñarnos a tirar al arco y a blandir una espada. ¿No es gracioso mi señora?

Bella frunció el ceño , antes de mirar a Kaichiri con determinarción y preguntarle.

-¿De que color tiene el cabello la guerrera, Kaichiri? – De repente a la mente de Bella vino la conversacion mantenida con Maude , no mucho tiempo atrás en la que le auguró la venida de una mujer que la iba adiestrar en el arte de las armas.

-Amarillo señora. Como ese metal puro del que todo el mundo habla. ¿Cómo se llama?..

-Oro….- Susurró Bella…." Mujer con cabellos como hilos de oro"… - Llevame con ella Kaichiri, quiero conocerla. – Ordenó Bella con determinarcion.

Kaichiri sonrió de buena gana y llevó a su señora hacia el patio donde los hombres se armaban hasta los dientes y hacian sus peleas matutinas para prevenir con mas destreza el posible ataque enemigo.

En aquel momento el patio presentaba un aspecto limpio, los hombres habian dejado de batallar hacia escasamente una hora y ellas habian limpiado con aguas y cepillos todo el lugar . La priedra aún estaba humeda y habia que tener cuidado al apoyar el pie para no resbalar y caer.

Una multitud de mujeres rodeaban a otra que gritaba enfurecida, ésta apenas se veía, pero claramente se podia oír pues estaba soltando toda clase de improperios a las otras que la miraban como si hubiera surgido del mismo averno.

-¡Si atacan a vuestros maridos como pensaís ayudar! ¡ Abriéndoos de piernas al enemigo! ¡Noooooo! ¡ Hay que aprender a luchar, es la mejor manera de ayudar a vuestros hombres, ser igual a ellos en el arte de la guerra para que os vean de igual a igual, vosotras no sois ningún objeto que se puede utilizar cuando a ellos le venga en gana solamente por su placer egoista, teneís opinion y podeis defenderos como personas ; apartes de ser mujeres. ¡Una mujer no se detiene ante nada y mucho menos ante un hombre, por eso para estar a su altura y poder ayudar frente a un ataque enemigo teneis que saber manejar sus artes y compreder como trabajan sus cerebros! ¡Blandir una espada, aprender a tirar con arco, todo eso hará de vosotras perfectas guardianas para ellos y para vuestros hijos!...

Un inmenso silencio asoló el patio de entrenamiento y Bella caminó haciendo que todas las mujeres que habia allí apostadas le hicieran un hueco para llegar hasta Rosalie.

Cuando ambas se vieron no pudieron ocultar su sorpresa y algo parecido a un brillo de alegria inundó los ojos de las dos, que se irguieron orgullosas una frente a la otra .

Bella se encargó en ofrecerle la mano y hablar, no sin antes mirar al resto de las mujeres que las observaban sin pestañear si quiera. El murmullo que habia conseguido desatar Rosalie mediante su discurso habia muerto cuando se habia enunciado la palabra hijos y en ese momento fue en el que Bella se dio cuenta que en toda la fortaleza no habia ni un solo niño…

…pero ese era un tema que podría preguntar en otro momento.

-Yo seré la primera en aprender todo lo que sabes Rosalie.

Ambas se miraron y sonrieron antes de apretarse con fuerza las manos.

Edward caminó hacia la poza y allí, zambulló sus manos en el agua limpia, mojando sus cobrizos cabellos y bufando. Habia sido una tarde horrible. Fury habia estado al borde de la muerte y gracias a Maude el caballo en un breve espacio de tiempo volvería a trotar por las campiñas cercanas a la fortaleza.

Habia sido envenenado tal y como habia dicho Maude desde un principio, en sus vómitos habia parte de raíz de Hierba de carmín, una extraña planta que paraliza a los animales hasta causarles la muerte. Gracias al portentoso tamaño de Fury la planta no lo habia matado, pero lo habia dejado lo suficientemente débil como para tenerlo postrado en las caballerizas al menos durante un estadio completo de luna.

-Sube al torreón, tengo un aguamiel que bien se merece este momento – Maude agarró el cogote de Edward y lo volvió a zambullir con fuerza dentro de la poza haciendo que el se carcajerara y la agarrara de la muñeca a modo de broma.

-¿No sera ese agualmiel que tratas con Menta, Eucaliptus y Hierba de San Juán? – Edward le brindó la mejor de sus sonrisas antes y besó el rostro arrugado de la vieja.

-¿Cómo sabes que lleva todo ese tipo de hierbas, es que acaso me espías, ah? – Maude le recriminó con uno de sus dedos afilados – Mira que si lo haces….

-Tranquila, vieja. No te espío, pero sé que tipo de hierbas empleas para todos tus potigues y dejame decirte que cuando hierbes la miel con esas hierbas diferentes la olor llega hasta mi cuarto.

-Vamos entonces, que hay mucho que festejar – Maude ofreció su codo a Edward y él metió su brazo en medio de hueco, partiendo ambos hacia el torreón.

Una vez allí Edward tomó sitio en uno de los taburetes de madera y Maude le ofreció una copa de barro llena de aguamiel , ella se llenó otra y aquellas copas se rozaron e hicieron el ruido sordo del barro al crujir.

Edward se dejó llevar por los distintos sabores de aquel aguamiel diferente.

-Es sobervio .- Volvió a beber complacido – Gracias Maude no me llegará la vida para agraderte todo lo que has hecho por mí y ahora por Fury, de verdad gracias.

Maude sonrió mirando el poso de la copa y sonrió.

-Tiene propiedades medicinales y afrodisiacas – La vieja elevó ambas cejas y Edward notó como sus mejillas se teñian de rubor – Aunque te aconsejo que no busques a tu hembra en un par de noches si no quieres que tu linda cara se magulle.

Edward bufó y volvió a beber el aguamiel ofuscado.

-Bella siempre esta metida en todos los problemas, justo en el momento indicado – graznó.

- No has sido justo con ella, mi príncipe. - Maude se rascó la cabeza y negó en repetidas ocasiones mirando el atardecer. - No sé como has considerado si quiera que la perra de Cheney dijera la verdad. Ella te desea en su cama y hará todo lo que sea necesario para que odies a la mujer que amas. - Se giró con el rostro enfurecido.- ¿No te das cuenta? ¿Tan ignorante eres con respecto a las mujeres?.

Maude intentó calmarse.

Edward yacía sentado en uno de los taburetes de madera de su torreón y parecia ciertamente abatido por el serio estado de Fury y la crueldad con la que habia tratado a su hembra.

-Si es asi...si todo lo que me dices es cierto. ¿Cómo me puedo marchar con mis hombres a tomar parte en otra de mis guerras? - Edward se agarró con fuerza la parte frontal de su cabello cobrizo, levantando su trasero del taburete y caminando hacia el yelmo del León que presidia con total pulcritud el habitáculo de su amiga Maude.

Elevó la mano inseguro, tocando con la punta de los dedos todo el hierro forjado del legendario caballero del que Maude apenas hablaba.

-Vigila a Ángela Maude. - Edward se giró y caminando hacia su amiga le agarró la mano con fuerza, llevandosela a los labios; besándola. - Voy a estar ausente por un largo tiempo y no quiero que moleste a Bella. Sé que ella se puede cuidar sola y por supuesto, tambien estan esas dos arpías de las que tú dices que me fíe. Me dan la sensacion que van a estar pegadas al culo de Bella todo el tiempo que yo esté fuera.

Maude elevó una ceja al oír hablar a su principe de aquel modo en deferencia a las nuevas huéspedes de la fortaleza.

-No creo que ni Rosalie ni Jane le hagan ningún mal a Bella. Muy al contrario - Maude, apartó con fuerza la mano de la de Edward y éste la miró confundido.

-¿Que pasa Maude? ¿Que pasa con esas dos? Tú siempre has sido desconfiada con todo el mundo que ha llegado aqui; incluso con la ella; con Bella, en cambio con esas dos...¿Me ocultas algo? - Edward buscó los ojos de su amiga y ella se los apartó. Respondiendo a su prengunta. – Maude, ayudame a enterderte por favor, prometo no valorar , pero que te une a esas mujeres…se que te une algo.

Maude soltó su copa de aguamiel con tanta fuerza que se quebró y el liquido se esparció por el suelo tiznado de negruzco. Los ojos de ella miraron el yelmo con cabeza de león y dejó escapar poco a poco el aire de sus pulmones antes de susurrar.

-Una de ellas es mi hija .

Continuará….

Mil gracias preciosas!