Disclaimer: Todos los personajes de Twilight pertenecen a la genial Stephanie Meyer. Yo solo trato de crear una historia...


¡Bonjour chicas! Gracias por todos los reviews y comentarios que me dejaron por aquí, FB y Twitter! Su apoyo es un gran incentivo para mí siempre ^^. Hoy en la noche me pongo a responder todos los mensajes! ^^ Pasa que el poco tiempo que tuve lo dediqué al capítulo, así que... mil sorrys!
No las demoro más y les dejó el capítulo!

Un agradecimiento a mi beta Larosaderosas... ! y a Lizz García que fue su cumpleaños y es una de las diablitas...xD

Las quiero a todas!


Música recomendada:


.:: Construyendo Fantasias ::.

Capítulo 30


- Bella –

"No soy de cristal."

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- No puede ser… ¿quién es Edward? –Le pregunté confundida y empezando a sentir un ligero dolor de cabeza. Nadie me respondió, solo se limitaron a mirarse entre ellos y comunicarse en silencio.

¡¿Quién podía ser?!

La respuesta llegó antes de que volviese a insistir:

- Yo, Isabella…

Alcé los ojos hacia la puerta sin poder creérmelo.

Había escuchado aquella voz más de una vez en diferentes contextos pero nunca imaginé que tan solo dos palabras pronunciadas con imponente entonación serían capaces de limitar mi futuro...

- Siempre fui yo –repitió insolente.

Aun no había procesado su imagen lo suficiente como para reaccionar y aquella voz seguía reverberando en la habitación. Me encontraba totalmente petrificada.

- ¡¿Cómo es posible que tengas agallas para venir aquí?! –Explotó Edward con furia, Jasper tuvo que ejercer presión y retenerlo para evitar que lo golpeara en pleno cuarto de hospital-. ¡Suéltame! –gritó zafándose-. Estoy bien Jas… pero tú –señaló con crudeza-, ¿no te das cuenta que Bella está enferma? ¡¿Cómo te atreves?!

No hubo respuesta más que una mirada calculada y recelosa.

- Podríamos contrademandarte por acoso laboral o denunciarte por hostigamiento. Tenemos las pruebas suficientes para hacerlo y no tendremos piedad. De todas formas irás a la cárcel –la solidez y el dejo de amenaza que empleó Jasper al hablar me provocó escalofríos y a la vez una leve tranquilidad porque sabía que él dominaba el tema por ser abogado-. Así que tú decides.

Edward y Alice mantenían una postura sobreprotectora, como animales al acecho de su presa. Nadie se quitaba la vista de encima. Edward no bromeaba, se le notaba la ira y la cólera entremezclada en sus pupilas dilatas. Infundía miedo, pero sin querer, también me proporcionaba cierto confort y seguridad.

- ¿Crees que amenazándome de esa inútil manera, harás que la empresa retire los cargos contra ella? –Bufó-. ¿En qué mundo vives? –Le preguntó soberbio, burlándose de un circunspecto Jasper.

- Somos capaces de todo. No dejaremos que envíen a la cárcel a una persona inocente –esperó mi novio sin abandonar su postura. Sus ojos se oscurecieron.

- ¿Inocente? –Preguntó irritado-. ¿Ella? –Me señaló con su dedo índice. Parecía una fiera.

Lo miré incrédula. No entendía que pasaba aquí-: Mike…

- Además, sabemos que no actuaste solo. Tu novia fue cómplice y coautora de todo este complot.

¿Su novia? No lo podía creer. Acaso… ¿Jessica sabía de todo esto? ¡Por supuesto!, exclamó mi subconsciente. Era estúpido preguntar eso. Ella siempre me dijo que daría su vida por Mike, es más, cuando hubo un recorte de personal y él fue despedido por cobros indebidos, Jessica empezó a trabajar horas extras…

¡Oh! Ahora ataba cabos…

Sin querer, me abstraje del lugar mientras Edward y Jasper seguían moviendo sus labios y respondían a lo que Mike alegaba sin escrúpulos; mi mente vagó a aquellas fechas en las que notaba a Jessica nerviosa o distraída, sin el mismo rigor habitual para desempeñar su trabajo y totalmente perturbada cada vez que veía al doctor Chang entrar a mi oficina… siempre me preguntaba el por qué y la única justificación racional que encontraba era la intimidación y la maldita prepotencia que Chang tenía con todos sus empleadores. Su temperamento hostil, su mirada perfilada y amenazadora y la forma en que dictaba lo que se tenía que hacer -sí porque él no hablaba, él era un dictador- mantenía a todos bajo sumisión, hechos un amasijo de nervios; y para mí, Jessica no era la excepción pues siempre la vi débil… pero esta vez, nuevamente, me había equivocado… ¡Fui tan tonta!

- Mike, por favor no des más explicaciones –reprochó una voz en la habitación, entre las tinieblas-. Los polis no tienen toda la mañana.

- ¡No! –Edward volteó a mirarme con desesperación.

Como un golpe en la nuca, desperté del transe al escuchar su voz, antes quebradiza, ahora prepotente. No existía oscuridad ni tinieblas, pero la forma en que se estaba desarrollando todo esto me hacía sentir amarrocada en un calabozo, arrastrada bajo el espectro del temor… ¿no era acaso lo mismo? Detrás de Mike, aparecía ella: Jessica, clavándome la mirada con… ¿rabia? ¿Envidia? ¿Fastidio? ¿Triunfo? No lo sé… era un brillo distinto, jamás antes visto.

La miré estupefacta, volví a Mike que sonreía con regocijo y regresé lentamente hacia Jessica. La observé una y otra vez tratando de averiguar lo que había cambiado en ella para que actuara con tales instintos de venganza, sumida por el rencor; y me di con la triste sorpresa de que a pesar de mantener el mismo aspecto de siempre –recatado y sutil- y de que sus ojos mantenían ese llamativo color azul cielo que le daba cierta notoriedad, ella ya no era la misma persona en quien alguna vez confié. La había perdido, no la reconocía... Era una completa extraña para mí… ¿Cómo había cambiado tanto? ¿Siempre había sido una hipócrita o existió algo que la hiciese cambiar? ¿Cómo era esto posible?

¿Quién me daba ahora respuestas?

- ¡Vaya sorpresa! Podríamos detenerlos a los dos… -dijo Jasper-. Los cargos serían los mismos a no ser que quieras aumentar uno más a tu cuenta, llevándotela a la fuerza y sin respetar las indicaciones del doctor.

Jessica le miró con frialdad.

- No me preocupa ninguna de tus acusaciones –respondió con una serenidad peligrosa-. Todos hicieron el trabajo por mí. ¿Crees que soy la única que quiere justicia en la empresa? ¿Podrías culparme de lavados de activos y de estafa? ¡Por favor! Yo no hice nada malo, simplemente actúe con la verdad y dije todo lo que sabía a la justicia. Prácticamente yo soy la inocente aquí.

- No lo puedo creer –masculló Edward entre dientes. La ira coloreaba su rostro. Alice caminó hacia mí y apoyó una mano en mi hombro en señal de apoyo. Quiso distraerme con una sonrisa pero fue imposible, estaba alterada tanto o igual que yo.

- Bella, ¿sabes que es lo más gratificante de todo esto? –Instigó mi secretaria-. Claro, sin contar que ya tengo trabajo en una empresa mucho más importante… pero ese es otro tema… Ya te enterarás –se encogió de hombros y empezó a caminar sigilosamente hacia la cama.

Cogí con fuerza la sábana y traté de prepararme mentalmente para enfrentarla. Estaría enferma, sí, pero no era manca ni muda. En un parpadeo, Alice también reaccionó y fue contra ella. Edward se interpuso entre nosotras, impidiéndole el paso. Jessica alzó las manos y lo empujó sin poder creer que existía gente que me defendía. Les miró con un calmado recelo.

- No sabes la tranquilidad que tengo al confesar todo esto ¡por fin! –Maliciosamente soltó una risita-. Ya no tenía porqué seguir ocultándolo. Estás acabada, Bella… con las horas contadas para pisar la cárcel.

- ¡Calla!

Todo caía en su lugar… Sin esfuerzo, llegaron a mi memoria conversaciones pasadas…

"El contrato que firmaste es un fraude."

"La empresa ha sido estafada, ese terreno no existe. Nunca existió."

"Tu serás acusada de cómplice por entregar el cheque..."

"¡Serán despedidos Bella!"

"Tengo miedo que puedan pensar que también estoy metida en este embrollo por haber ido a la notaria, ¿¡y si me quedo sin trabajo?!"

¡Mentirosa! Todas estas frases, subrayadas en un tono horrorizado que aun me ocasionaba escalofríosvenían a mi mente y esparcían el daño colateral que todo este asunto estaba creando. ¡Ella nunca sintió miedo! Acababa de decírmelo… Siempre jugó a doble cara y se preocupó únicamente de mantenerse encubierta para que el plan que había trazado con Mike no se truncase y la delatara frente a Chang. Sí, Jessica esperó a que la empresa entrara en juicio para desenvainar su ponzoñosa arma y darnos una estocada mortal… ¡Había sido estafada por mi propia secretaria! Quise hablar, defenderme, pero las palabras no salían de mi boca y si hubiesen hecho, no resultaría nada coherente.

¿Qué tan mala persona había sido yo para que todos se fueran en mi contra? Sabía que el mundo estaba podrido y que no podía confiar en nadie, pero ¿mi secretaria? ¿Jessica Stanley a quien yo le confié recuerdos y preocupaciones? ¿La que decía cuidarme las espaldas mientras estaba lejos? ¿Ella la traidora número uno conjuntamente con su novio Mike?

¡No me entraba en la cabeza!

¡Maldita sea!

Y yo había podido evitar todo este bochornoso momento si no me hubiese ido ese día del departamento de Edward…

Ahora las palabras se peleaban por salir y gritar, destrozar y dar la contra al destino que seguía jodiéndome la vida, ¿es que acaso no era suficiente con los problemas de Charlie, de Edward y de mi casa?

Parecía que no… por algo estaba Jessica y Mike frente mío, desafiándome y queriéndome llevar a la cárcel. De pronto, esa idea se volvió aterradora y empezó a descontrolarme los nervios. Sentí vívidamente como la sangre hervía en mi pecho y como recorría caudalosamente por mi cuello y mi rostro hasta instalarse en mi cabeza bajo fuertes palpitaciones. Sentí escalofríos… nauseas… Oh, la presión se me subía…

Mala señal.

Pero debía imponerme a ello, sacar fuerzas.

No me dejaría vencer.

- ¡Bella no se encuentra bien! –Exclamó Alice. Traté de no desvanecerme-. ¡¿Cómo has podido ser tan hipócrita Jessica?! –Prosiguió con voz grave y agresiva-. ¡Ella te ha hecho favores, te ha sentado en su mesa confiando en ti! ¿Qué mierda pasó por tu cabeza ah?

Escuché un gruñido.

- ¿Tengo que responderte… a ti? –La susodicha arqueó una ceja sin darle importancia a mi amiga, a una verdadera amiga, sobre todo leal y no una falsa como Jessica. ¡¿Cómo no me di cuenta?! – ¿Para qué? Si tú también eras un fastidio…

- Estúpida.

Ya, esto era suficiente. Ahora la sangre me hervía de pura ira. Nadie trataba mal a mis amigas, ni a mi novio, ni a mí.

Maldita perra traidora.

- ¡Basta! –Grité-. ¿Cómo puede ser posible que tú hayas sido la persona que me traicionó? –Pregunté con voz más aguda que lo que había esperado.

- ¿Creías que iba a quedarme tranquila después de lo que hicieron con Mike? –Replicó a la defensiva.

- Yo no le hice nada –la miré incrédula.

- Sí… en parte es cierto –ladeó su cabeza-. Tú no lo botaste a la calle como a perro pero sí hiciste que él fuera despedido sin ningún escrúpulo, sin ninguna indemnización, ¿no valió sus años de servicios?

- ¿De qué me hablas Jessica? ¡Pero si fue el doctor Chang quien tomó esa decisión! ¡No yo! –Alcé la voz tan fuerte que Edward se volvió hacia mí asustado; con rapidez y sin dejar de fruncir el ceño, caminó hasta pararse al lado mío. Me sostuvo por los hombros y trató de calmarme mas era imposible, yo ya estaba sentada en la cama con la sangre hirviendo y apunto de tirarme sobre ella-. ¡Déjame Edward! Podría lastimarte ahora mismo.

Lo que necesito son las malditas explicaciones.

- ¡Yo solo hice mi trabajo!

- Bendito trabajo –escupió.

- ¿Y por qué crees que Chang hizo lo que hizo, Isabella? –Preguntó Mike, apartándose de la pared y caminando con cautela hasta donde estaba su novia acorralada por Jasper. Mike llevaba un abrigo de lana negro y debajo un jersey rojo. Se lo veía grande, más de lo normal y… amenazador-. ¿No lo sabes? –Negué-. ¡Ja! ¡Por tus famosos informes de rebaja de impuestos! Es obvio, ¿no? Lo venías haciendo por años, perjudicabas a miles de contratistas como yo sin importar las necesidades de dinero que teníamos –habló con sequedad, plantándome la cara-. Fuiste la mano derecha del directorio, tenías influencia, lo que tú hacías era sagrado e intocable, entonces ¿cómo creías que podía defenderme? ¿Cómo podría un simple mortal competir contra el ingenio de un software de costos y presupuestos? ¿Cómo podía luchar contra ti Isabella Swan? –Sus ojos dilatados y furiosos me intimidaron y sus palabras atravesaron la fibra sensible de mi ser e hicieron pedazos todas las excusas que tenía y había formulado tiempo atrás.

Mike había perdido su trabajo como contratista de encofrado metálico hacía ocho meses. Durante muchos años, él nos había proporcionado sus servicios así como los materiales necesarios para la construcción. Siempre nos ofrecía los mejores precios del mercado, si le pedíamos alguna rebaja, lo hacía y cuando le solicitábamos un recibo por honorarios con una cantidad inferior a lo que ganaba –por cuestión de contabilidad-, él nunca nos lo negaba. Éramos un buen equipo pero ¿qué había pasado realmente para que guardara tanta ira en su interior? Según lo que Chang nos había contado, él había decidido despedirlo porque necesitaba hacer una rebaja de personal de apoyo, lo que significaba que en vez de tener tres contratistas para diferentes áreas, había conseguido a uno solo –mediante convenios con un homecenter-, quien nos iba a proporcionar todo lo que necesitábamos a precios más bajos, al por mayor. Pero… pensándolo bien… Chang no era de fiar y debió hacerle otra cosa más grave, estaba segura.

Chang había demostrado no tener escrúpulos. Si no fue capaz de pagarle ni indemnizarlo, entonces ¿qué más podía haber hecho ese viejo? Oh… Un ligero azote me hincó el pecho, asustándome… es que… ¿Yo también había sido cómplice de las injusticias al proletariado? No… quería morir. No más acusaciones, ¡por favor!

- No me puedes culpar por hacer mi trabajo Mike –farfullé.

Me ignoró.

- El viejo cascarrabias ese quería cada vez más rebajar los precios de materiales para obtener más utilidad y tú lo ayudabas, ¿lo vas a negar? ¡Por favor! ¡¿A quién le vas a ser creer eso si tú estabas al tanto de todo lo que sucedía en aquella empresa?! –Gritó exasperado. Ya no sabía cómo defenderme, en parte él tenía razón, yo había encubierto las fechorías de esos viejos, yo había sido una cómplice silenciosa, pero, así como decía Edward, lo hice porque estaba bajo amenaza, ¿tendría eso validez frente la corte de justicia?

- Chang, Smith y tú estafaban al estado. No pagaban los impuestos correspondientes y rebajaban los costos de los materiales de obras para lograr mayor utilidad, ¿lo vas a negar? Ahora todos se irán a la cárcel Bella y ahí estaremos los dos para disfrutarlo… -añadió Jessica, desafiante pero satisfecha-, ¡qué buena arquitecta resultaste!

- ¡Ya basta por Dios! ¡Este no es lugar para pelear! –Pidió Alice.

- Déjala hablar Alice. Sé que hay algo más detrás de todo este asunto, algo más que venganza y quiero saberlo. Necesito saber como me engañó todo este tiempo.

La maldita perra traidora sonrió complacida.

- ¿Sabes? Me tentaba la idea de ponerle algo extra a tu cappuccino todas las mañanas -Expuso sin rodeos cizañeramente-. Pero eso hubiese sido muy fácil y no hubieras sufrido nada. En cambio, verte en la cárcel sin un centavo es lo más justo. Quería enseñarte qué se siente cuando uno pierde su trabajo injustamente por culpa de otros —alcé una ceja y prosiguió bajando el timbre de su voz mas no la malicia que había en él. Me sentía destrozada, todavía no lo podía creer-. Aproveché al máximo los días que estuviste fuera. No soy la única que quiere verte así, destrozada, acabada… así que se me hizo muy fácil.

Noté a Edward ansioso a mi lado. Miró rápidamente a Jasper, parecía que pedía ayuda para detener esta contienda, pero a su sorpresa, su amigo mantuvo la calma y sin dejar su porte defensivo y serio, le hizo unas señas para que él también se sosegara. No comprendí hasta segundos después el por qué se mostraba apacible: Jessica empezaba a delatar su plan y no valdría la pena callarla, aunque eso significara destrozar mis sentimientos.

Nuevamente, la desconfianza teñía mi mundo.

- La compra del terreno fue lo más interesante que planeamos. No lo hice sola, por supuesto, Victoria fingió estar embarazada para que tú viajaras en su lugar a Los Angeles y así tuviéramos más tiempo de reunir las pruebas suficientes que te perjudicarían - arguyó con serenidad, dejándome helada, ¿aquel viaje también había sido una mentira?– ¿Te preguntarás por James? Claro, desde que tienes un amorío estable ha estado lanzando blasfemias por toda la empresa. Era un blanco muy fácil de convencer, ¿qué mejor que un hombre humillado… por ti?

Muy inteligente, lo reconocía. Jessica volvía su táctica en mi contra pero no me convencería. Por una vez, lo que menos me atraía era ser pragmática y razonable.

- James cobraría el cheque, ¿no es así? –Intervine. No me sorprendía que dentro de todo esto, él quisiera ganar dinero. Era de lo peor.

- Sí, James lo cobraría… o Mike.

- Entonces, ¿cómo explicas tus huellas dactilares en el cheque? –Intervino Jasper con tono áspero.

Jessica lo miró sorprendida. Toma esa maldita traidora.

- ¿Tengo que hacerlo? Por lo visto, Tyler O'Connor fue un estúpido y ustedes muy astutos -dijo, con voz grave y agresiva.

- No entiendo.

- Él muy idiota me entregó el cheque minutos antes de la firma del contrato –explicó hastiada-. Lo que me sorprende es lo muy bien enterados que están de lo sucedido… Debo reconocer que fui una tonta al no darme cuenta que ustedes también estaban investigando… lógico –habló para sí-, muy lógico…

¡Toma otra maldita perra! No sabía que ellos llevaban ventaja ¡Ja! Así como estaba, quise saltarle a Edward y premiarlo a besos.

- No nos íbamos a quedar tranquilos. Solo era cuestión de tiempo que vuestro plan fracasara, señorita Stanley –respondió Jasper con una notoria seriedad que provocaba admiración, ¿quién en su sano juicio llamaría señorita a Jessica perra traidora Stanley? De inmediato, replicó-: Has podido engañar a todos en la empresa, pero no a nosotros. Dime, ¿cómo hiciste para que Chang no se diera cuenta de la estafa?

- Un inútil el cabrón ese –terció Mike airado.

Jasper no obtuvo respuesta.

- Responde Jessica, quiero saber –exigí-. ¡No entiendo como al área legal se le pudo escapar alguien como Lloyd Hight! Ellos siempre investigan a sus compradores.

- Es muy fácil pero no es necesario decírtelo, Bella, seguro tus benefactores están al tanto. El único problema aquí fue que por tu culpa despidieron a Tyler O'Connor. Él pagó por los dos… -hizo una pausa-, lo que ahora me parece muy curioso y casi obvio es la solución que diste a todo esto. Nunca llegamos a saber cómo te libraste de ir a la cárcel aquella vez. El plan había salido perfecto, nadie sospechaba de nosotros… ¿Cómo es que tú, Isabella Swan, pueblerina de Forks, haya conseguido eliminar un contrato de notaria? O te acostabas con alguno de ellos o tenías muchas influencias. Todos dimos por hecho la primera opción…Tú sabes, lo obvio –agregó con sarcasmo, desviando su mirada recelosa a Edward, quería intimidarlo por mi pasado, seguro-. Nadie te perdona esa, Bella. Hiciste que Chang nos empezara a tratar peor y James te odió mucho más y perjuró no darse por vencido hasta no verte en la cárcel.

No me creerían, pero todo lo que Jessica me decía me estaba doliendo hasta el alma. Jamás pensé que ella tendría ese concepto de mí, ¡si nunca se comportó mal o dio señales de rencor! Su actitud retraída, sin poner atención a las cosas. La timidez y nerviosismo cada vez que hablábamos de la cárcel no había sido más que una artimaña, una fachada falsa para engañarme y hacerme creer que ella estaba de mi parte y que temía quedarse sin trabajo. Ahora ella había resultado la perra traidora perfecta, el personaje del año, la trabajadora ejemplar… Había logrado un mejor puesto en otra empresa y nosotros… ¿qué sería de nosotros? ¿Qué sería de mí?

Dios… sino tuviera a Edward…

- Hice bien mi papel, ¿cierto? Nadie sospechaba de mí, ¿quién lo haría? ¿Quién creería que la tímida y asustadiza Jessica fuese capaz de traicionar a la empresa que la vio crecer? ¡Ilusos! ¿Pensaban que me quedaría por siempre para aguantar injusticias? –Bufó y prosiguió encolerizada-. ¿Qué recibiría yo a cambio por mis servicios? Dos papeles firmados por Chang y una recomendación que no me valdría lo necesario para un nuevo trabajo. ¡No, ni loca me quedaba ahí!

- ¿Cómo puedes dormir tranquila con todo el daño que haces Jessica? –Le preguntó Alice, angustiada. Su rostro estaba pálido.

Jessica siseó y desvió su mirada a Edward:

- ¿Cómo puedes dormir tranquilo teniéndola a ella como mujer? -Se atrevió a preguntarle, él la miró con rabia, balbuceando algo inentendible-. Te mereces algo mejor.

- No tienes la moral para decirme eso –rugió mi novio.

Listo. No tuvo que decir más para que la fiera que tenía adentro saliera y le diera su merecido a la loba con piel de cordero. Maldita perra traidora.

- Mejor dicho, ¿cómo tú puedes confiar tu vida a alguien que es capaz de sacarte los ojos mientras duermes? -vociferé con toda mi fuerza.

Mike levantó su rostro hacia mí y entrecerró los ojos, torciendo su boca.

- Nunca entenderán… -chasqueó la lengua-. Es como cuando llegaron al despacho pidiendo copias de todos los documentos de la compra del terreno, me pareció de tan mal gusto porque no tenían por qué entrometerse, pero igual, yo no tenía nada que temer, así que les entregué todo. Tarde o temprano los amigos de Bella debían enterarse de todo lo que ella hacía. Lo demás es historia… hice una copia del disco duro de tu computadora, reuní todos los documentos de años anteriores, hice un balance anual con los precios reales, saqué el porcentaje de evasión de impuestos al estado y… fui con la policía –al decir esto último sonrió ampliamente y se dirigió a la puerta de la habitación. Antes que girara la llave, Edward reaccionó y se aleonó.

- ¿Qué vas a hacer? ¡No te atrevas!

Mike también giró sobre sus talones y fue contra mi novio. Lo golpeó en el pecho para detenerlo y eso solo hizo que Edward quisiera destilar su odio en él. Unos buenos puñetazos estarían muy bien, más que bien. Jasper tuvo que intervenir y se armó un gran barullo.

Respiré hondo. La cabeza me estallaba y tenía muchísimo calor. Se estaba pasando, toda esta situación estaba superándome. Alguien debía serenarse y llevar la conversación a un plano razonable. Abrí la boca irresoluta…

Pero…

- Señorita Swan –aquella voz me paralizó, la reconocía de algún lado-. Buenos días.

Sí, era el agente Jenks, con la misma mirada circunspecta, la misma boina marrón a cuadros y la misma petulancia con la que se presentó en mi oficina para hostigarme con preguntas sobre mi viaje a Forks.

Jessica cerró la puerta.

- Los polis querían cerciorarse que no estabas fingiendo alguna enfermedad así como lo hiciste con tu viaje a Forks –explicó Jessica, resuelta, después de lanzarles una mirada fugaz.

Vi a Edward abrir los ojos. Eso no estaba en su radar, lo tomó por sorpresa. Era mi culpa no haberle dicho los últimos acontecimientos en la empresa.

- Agente Jenks… -mi voz se asemejaba a la de un cachorro herido. Ya no quería más problemas, ni insultos, ni odio ni verdades, ¡ni nada!

El cuarto me daba vueltas. Las siluetas de los sujetos empezaron a girar con rapidez, aturdiéndome. Llené mis pulmones de aire, pero fue en vano, sentía algo retorcerse en mi estomago y sabia que si cerraba los ojos, me iría al vacío.

- Lamento presentarme de esta manera señorita Swan, pero ¿le molestaría responder una que otra pregunta? Hay cosas que no quedaron claras el otro día.

Pestañeé. ¿Qué?

- No respondas nada Isabella -el agente Jenks se volvió a Jasper claramente enojado-. Yo, como su abogado, le exhorto a retirarse. Mi cliente está en un estado de salud muy delicado. Ha recibido sedantes y no esta capacitada para hablar dentro de sus facultades.

- Ya veo. Mire licenciado, hemos escuchado gran parte de la conversación que aquí ha tenido lugar y en ninguna momento la señorita Swan ha dado muestras de estar sedada o incapacitada para hablar.

- ¿Se puede saber por qué tanta insistencia con Isabella? –Rugió Edward.

Jenks volteó para responderle y otra vez la puerta se abrió.

- ¿Qué está sucediendo aquí? ¡¿Por qué tanta bulla por Dios?! –Entró bramando una de las enfermeras. Sus pequeños ojos se dilataron al más no poder al ver la tan inesperada escena de dos agentes de la policía de investigación parados frente a una mujer enferma, tres hombres a la defensiva, dos mujeres desafiándose con la mirada y una que estaba a punto de perder la razón. Caótico-. ¡Santo Dios!

- Quiero agua Ali –pedí.

- De inmediato.

- ¡Basta! Por favor podrían retirarse, la paciente está en proceso de recuperación –gruñó la voz tibia y autoritaria del doctor Hedlung. Estaba parado en el umbral de la puerta con sus ojos hechos furia, clavados en los policías. No pude más y dejé caer mi cuerpo.

- No pensamos interrumpir doctor, pero le comentamos que era importante hablar con ella. Es urgente.

- ¡Lo sé, pero nunca autoricé que entraran de este modo siete personas para hostigar a una paciente! Eso esta prohibido. ¿No les basto mi explicación? La señorita Isabella Swan no puede recibir ningún tipo de emoción porque ha estado a minutos de sufrir un derrame cerebral. Su estado de salud es crítico.

- ¿Derrame? -preguntó Edward entornando los ojos.

Claramente, el doctor Hedlung no le había comentado ese pequeño detalle. Yo lo sabía, sabía que podía haber ocurrido algo peor y que mi situación era muy delicada pero no quería asustarlo. Tonta Isabella, ¿no aprendes la lección? Quiero agua y cierra la boca.

- Está bien –finalmente escuché decir-, perdone la molestia doctor. Volveremos, por lo pronto, le recomendamos no viajar a otro país señorita Swan. Los vuelos privados también serán monitoreados. Buenos días -ásperamente se despidió al finalizar con un movimiento de cabeza. Ellos lo sabían. No había vuelta que darle. Ellos estaban al tanto de mi viaje a Europa pero no sabían la verdad. ¿Ahora cómo probaba mi inocencia? ¿Tendría Jasper y Edward la clave para hacerlo?

Debería pensar en eso, pero me sentía mal. Una descompensación, lo más probable.

- Ustedes también deberían salir.

Oí murmullos y sonidos fuertes de zapatos.

- Nos volveremos a ver Bella… ya sabes dónde –malició con énfasis lo último-. Que te mejores –añadió cínicamente la traidora. Su novio la secundó.

Con la visión borrosa, noté que Jasper y Alice salían detrás de ellos. No vi a Edward. Quizá se marchó para alcanzarlos y seguir discutiendo. No tenía idea porque apenas vi la imagen del doctor examinándome, cerré mis ojos, me tranquilicé y con un suspiro, me desvanecí en la cama.

.

.

- ¿Te encuentras bien Isabella?

Abrí los ojos. Un poco del cansancio que sentía había cedido y la opresión en mi cabeza estaba disminuyendo. Ya no tenía bochornos pero aun me sentía quemar. Edward estaba a mi lado izquierdo sosteniéndome la mano con mucho afecto. Lo amaba.

- ¿Cómo te sientes? ¿Ya mejor? –Hedlung apoyó su mano en mi frente y luego en mis mejillas con mesura. Su tacto era fresco-. Te tomaré la presión. Supongo que el Valsartán debe estar haciendo efecto pero no perdemos nada con probarlo.

Asentí.

Lo que había pasado minutos antes, me había hecho perder la razón. Habían sido muchas emociones juntas, premeditadas y sin previo aviso que había recibido. No estaba totalmente recuperada para pasar por momentos así.

- Todo está bien, mi amor. Jasper y yo hemos pensado en una solución a todo esto.

- Gracias, Edward –le sonreí y el me dio un besito en la frente tiernamente.

Decidí calmarme por ahora y no pensar más en la traidora de Jessica y su novio. Confiaba en Edward y sabía que él me apoyaría y juntos encontraríamos una solución. Por lo pronto, me juré nunca más pisar esa empresa. ¡Al demonio, Chang! Si todos me odiaban más de lo que imaginaba, no perdería mí tiempo en gente que no valía la pena. ¡He dicho!

El doctor regresó a la habitación, caminando con elegancia y con mucha más calma. Traía consigo el equipo para controlar la presión arterial. El doctor Garrett Hedlung poseía unos hermosos e intrépidos ojos azules, cabello de finas hebras castañas y piel increíblemente blanca. Aparentaba unos treinta años, con porte de caballero medieval y siempre bien vestido con sastre y corbata a juego que los cubría parcialmente con un guardapolvo blanco. Y olía a Diabolo.

Durante los dos días que estuve en recuperación sin Edward, el doctor -o Garrett como cortésmente me invito a llamarlo- me había atendido personalmente y se había preocupado muchísimo por mi caso. Hubo momentos de aquellos en los que entablábamos una conversación muy… ¿rara? Amical diría yo. Resulta que él conocía gran parte de Europa a causa de los numerosos congresos médicos que había asistido y se sorprendió gratamente al saber que yo había estado en Capri y él todavía no.

- Nunca he tenido ningún caso parecido. Eres extremadamente joven Isabella para padecer de esta enfermedad -me había dicho ayer antes de la llegada inesperada de Edward.

- ¿Pero es genético?

- Si, sin duda; pero, lo lógico es que los primeros síntomas se presenten pasado los treinta y cinco años, y mayormente se acentúa o se precipita al ser fumadoras o diabéticas o tener fallos en las funciones renales… Pero tú… no eres ni lo uno ni lo otro. Lo más probable es que tu presión arterial se haya visto modificada y aumentada de manera transitoria hasta volverse grave debido a las emociones fuertes que has vivido y/o al stress al que has estado sometida. No tienes daño en el riñón, lo cual es muy bueno, pero la ingesta de sal, harinas y anticonceptivos orales también contribuyeron.

- ¿Y por qué no tuve síntomas?

- Isabella, la presión arterial no tiene síntomas. Es peligrosa si no se trata a tiempo, por ello la conocen como "muerte silenciosa" –meditó-. De cierto modo, demos gracias a la llamada que recibiste porque fue la que desencadenó todo esto…

En cierto punto, la llamada de Rachel había servido de algo, pero no se lo deseaba a nadie. Es horrible sentirse desorientada con la cabeza echa un mazo y sin saber que hacer.

- A ver señorita Swan, extienda el brazo izquierdo por favor –parpadeé oír la voz del doctor. Lo vi colocarme la banda alrededor del brazo desnudo, entre el hombro y el codo. Mientras colocaba la campana del estetoscopio en la flexura del codo, acudieron a mi memoria más recuerdos de la primera vez que me interrogó sobre mi salud, algunos eran tanto incómodos… y quizá modificarían mi ritmo habitual.

- ¿Tomas anticonceptivos?

- Si.

- Bueno tendré que cambiártelos. Lo más recomendable es que suspendas los anticonceptivos orales y si vas a tener relaciones, utilizar cualquier otro método, por lo menos durante los tres primeros meses hasta que regulemos tu presión. Pero si no estás de acuerdo, podría prescribirte anticonceptivos con bajas dosis de estrógenos y progestágenos. Te enviaré con una de las enfermeras, algunas muestras médicas que tengo en mi consultorio.

Ahora todo dependía de mí. No era ajena a usar preservativo, lo había exigido como condición con algunos chicos que conocí en el bar un par de veces ya que no quería exponerme a ninguna enfermedad, pero debo decir que yo siempre utilicé la píldora por precaución. Pero por mi condición de hipertensa, no poseía tantas opciones para cuidarme, felizmente no tenía enfermedades vasculares o daños en los órganos –como me explicó el doctor- y podía utilizar una dosis baja, aun así, tenía cierto riesgo…

Y ahí venía la pregunta de rigor, ¿Querría ser madre? ¿Estaría preparado para ello? ¿Me imaginaba un futuro con Edward a mi lado y un niño idéntico a él de cabello cobrizo y ojos verdes entre mis brazos? ¿Un mini Edward, todo angelical e igual de caprichoso como su padre, haciéndome un tierno pucherito?

¡Awwww! ¡Sí, claro que sí! Incluso, cuando Alice y Leah me contaron sus ligeras sospechas sobre un posible embarazo, me entusiasmé. Aunque no me crean, sí lo hice. Isabella Swan, que hacía unos meses era una chica anti-compromiso, rebelde sin causa en las relaciones, ahora, y a pesar de todos los problemas que tenía, se había vuelto una romántica incurable, una protagonista de novela literaria… ¿Quién lo creería? Eso no está en el manual de "Soltera Codiciada", Isabella, ¿qué te sucedió? ¿Podría ser posible que el amor te cambiara de aquella forma? ¿El amor hacía milagros? Eso decían… pues creo que lo estaba corroborando… Lamentablemente aun me rondaba con amargura la extraña sensación de estar en medio de un problema judicial, lo que originaba cierto temor para todos…

El doctor, luego de bombear, fue desinflando lentamente el manguito observando la escala del tensiómetro. Acto seguido, me descubrió la sábana y colocó el estetoscopio entre mis senos y presionó para escuchar los latidos de mi corazón. La campana del aparato estaba fría y me provocó un ligero escalofrío que hizo que mis pezones se irguieran sin querer.

Edward entornó los ojos e hizo una mueca de desagrado. O Edward nunca antes había visto algo así, o era que sus instintos celópatas lo dominaban... Quise reírme pero traté de estar seria.

Me gusta Edward celoso y posesivo... ¡Lo había extrañado tanto!

- ¿Puedo ayudar? -Intervino Edward con mucha seriedad, observando y aguzando su mirada en el lugar donde la mano del doctor había estado.

- Sí. Anoche estuve en falta. Olvidé decirles que si a pesar de la medicina, los dolores de cabeza persisten, sería recomendable realizar estudios con rayos x, así como sacar una resonancia del cerebro para ver si hay algún otro problema interno.

- Está bien –Edward respiró hondo.

Garrett aun con los ojos cerrados, se dirigió hacia mí.

- Isabella. Tienes la presión estable. Sería bueno que en casa, por lo menos tres veces al día, durante una semana, te estén midiendo la presión.

- Lo haré doctor –Edward se apresuró a contestar-. Compraré lo que sea necesario.

- Perfecto. Ahora quiero recordarte tu alimentación.

Maldita presión alta.

Hipertensión del demonio.

- Ya lo sé doctor, comida baja en sal, no consumir harinas, ni embutidos, ni pan. Poco café y mucho ejercicio, moderado claro.

- Bien, hiciste muy bien tu tarea –esbozó una sonrisa muy linda. Tenía la dentadura perfecta y una insipiente barba castaña-. En la tarde te doy de alta.

Después de que se retirara, Edward por fin soltó lo que pensaba, es más creo que lo escuché murmurar antes.

- No me gusta como te mira, Bella. ¿Qué necesidad tenía de bajarte la camisola, eh?

Oh Edward, celoso y posesivo… ¡me encanta!

¿Podría imaginarme a un niño igualito a él?

Sí. Claro que sí. Ya me imaginaba a mis hombres pidiendo tiempo exclusivo para ellos. Lo haría con gusto.

- ¿Estás celoso, mi amor?

- Sí –dijo sin dudarlo.

Amé su actitud complexa, de niño defendiendo su juguete más preciado, de macho alfa defendiendo lo que era suyo, todo peliagudo pero tierno, ¿cómo podía mezclar tantos sentimientos en una sola mirada y hacer que yo me derritiera por él? Nunca me cansaría de esto, lo sabía y lo amaba.

- Ven aquí –lo llamé y cuando lo tuve a centímetros, lo cogí de la mano y lo acerqué lo más que pude para besarlo y demostrarle con un roce febril de labios lo que él significaba para mí, en mi vida y en mi destino.

"Ninguna enfermedad podía destruir nuestra paz, ni destruir nuestros sueños. Saldríamos adelante."

.

.

. . .

- ¿Ya estás lista mi amor?

- Sí -respondí, levantándome del sofá y abrazando fuertemente a mi elefantita de peluche para luego dar unos pasos hacia la salida del hospital.

Por fin me iría de aquí.

¡Ah! Y me había vuelto una chocha de primera. Muchas atenciones me estaban haciendo mal.

A las tres de la tarde, ya tenía todas mis cosas listas en un maletín pequeño, menos las flores amarillas tornasoladas pues Alice las había llevado a mi departamento al momento en que se ofreció gentilmente a ordenarlo y limpiarlo para que cuando llegásemos lo encontráramos habitable. Leah no podía hacerlo porque tenía que llevar a Seth a su nuevo curso de karate. Así que, en este instante eran las tres y cuarto y Edward me llevaría a casa. Por fin.

Adiós problemas. Adiós recuerdos. Adiós Jessica, Mike y Jenks... Al menos por hoy porque a partir de mañana buscaríamos solución tanto para la casa de Charlie como para mí. Me tentaba la idea de viajar a Forks pero si dejaba nuevamente la ciudad se haría un problema más grande por no decir que me acusarían de _evasión_ y sabrá Dios que otras cosas. Al menos y gracias a Rachel, sabia que Charlie ya estaba en recuperación.

- Estoy lista para decirle adiós a todo esto, Edward. ¡Sácame de aquí!

- Entonces, larguémonos cariño. Jasper nos espera en el auto -asentí sonriente y le devolví el besito a mi novio. Mmmm... Tenía sabor a café. Caminamos agarrados de la mano por el pasillo mientras me despedía de las enfermeras que me cuidaron así como del doctor Hedlung.

- Cualquier malestar, no duden en comunicármelo. Aquí tienen mi tarjeta.

- Gracias doctor -volví a sonreír feliz. Quien diría que Isabella Swan, estafada y calumniada por su secretaria, tendría la capacidad de sonreír de oreja a oreja después de pasar por un episodio tan fuerte como el de hacía unas horas. La verdad era que mi templanza adquirida provenía del aguerrido espíritu de Edward y su incondicional apoyo y la sonrisa en mi rostro la ocasionaba el febril entusiasmo por largarme de este lugar. Odiaba los hospitales; son fríos, hostiles y tétricos, y guardaban siempre los peores momentos de mi vida.

Finalmente todo cambió cuando vi la luz del sol.

Me abracé aun más a mi elefantita, era muy linda y tierna como el dueño, y me apresuré hacia el auto plateado de mi novio.

- Gracias por traerlo, Jas.

- Para eso estamos. Sabes, estuve pensando y ¿qué tal si hacemos algo mañana por la noche? Bella por fin salió del hospital y creo que todos necesitamos un descanso. Es viernes, podríamos cenar todos juntos en Il Valentino, ¿qué dicen?

- Sí, claro –contesté con una sonrisa.

- ¿Segura mi amor? ¿La bulla y la música no te alteraran? -Se apresuró a preguntar.

- No, claro que no.

Mucha tensión lo había puesto hipocondriaco. Edward debía de saber que su mujer era fuerte y no de cristal. Ya había pasado lo peor, ¿no? ¿Para qué extender algo que no lo merecía?

- ¡Perfecto! -Exclamó Jasper divertido, sacando su celular-. Llamaré a Stefan, ¿les parece bien a las ocho?

- Mmmm... No lo creo Jas. Bella no puede comer pastas y mucho menos comidas muy condimentadas.

- Edward... -lo reprendí.

- ¡Pero eso no es problema! Pediré que te preparen un plato especial bajo en sal -me guiñó el ojo. Desde ayer, encontraba a Jasper más desenvuelto cuando se hallaba alrededor mío, así que la cena sería la excusa y momento preciso para discutir sobre mi defensa y entablar amistad.

Ojalá que Alice y él hayan arreglado sus diferencias porque resultaría incomodo.

- Gracias. Eso es estupendo Jasper.

Edward siguió con la misma postura, gruñendo.

- Ya deja tus hábitos de sobreprotección, hermano. Ella está bien.

- Habla por ti.

Jasper torció el gesto y se despidió de nosotros alegando premura por resolver unos casos y claro, el mío se incluía en el paquete. Antes de irse, me explicó rápidamente lo que harían: empezarían a ordenar toda la información recolectada para iniciar una contrademanda a la empresa de Chang. ¡Oh Dios! ¡Me estaba metiendo en camisa de doce varas! Rogaba que todo saliera bien.

Edward me abrió la puerta del Volvo e inexplicablemente sentí una paz y comodidad increíbles al sentarme. El auto tenía el olor característico de Edward, a menta y chocolate, entremezclado con su aroma varonil, muchísimo mejor que cualquier perfume o Diabolo… no tenía comparación. Sin querer imágenes de la primera vez que me monté en su carro llegaron a mi mente y me hicieron sonreír. Fue en aquella cena en el Il Valentino… nuestra primera cita. Solo nosotros dos podíamos haber iniciado una relación de atrás para adelante. Primero nos acostamos y luego acepté una cita a regañadientes, ¿quién diría que él sería el amor de mi vida? ¡Isabella Swan eres una loca!

- Bella, ¿estás bien como para hacer una parada por mi departamento? Quiero sacar ropa limpia.

- Sí, claro. Es-toy- bi-en Edward.

- Supongo que encontraremos a Emmett. Se está quedando ahí por estos días, hasta que desvalije todo y lo ponga en venta.

- ¡¿Qué?! –Grité anonadada-, ¿venderás tu departamento?

- Sí.

- ¡Pero a mí me gusta mucho!

- No es seguro, Isabella.

- Pero… No, ¿por qué…? Sí…

- No es seguro y punto, Isabella. No pondré en riesgo tu integridad -fruncí el ceño, dubitativa, él me leyó la mente-: El secuestro fue premeditado. Richard sabía muy bien lo que hacía, estoy seguro que mandó a su gente a seguirme el rastro por días. En Italia, él estuvo con Carlisle. Sabe todo de ti… -lanzó un sonoro gruñido.

- Oh…

Carlisle y Richard. Otro gran problema del tamaño de toda Europa.

No lo había comparado con Chang, pero el efecto era el mismo para mí. Uno se siente pequeña e insignificante frente a los que se proclaman los poderosos del mundo. Es una sensación abrasadora y que superaba mi frágil espíritu. Quería sobreponerme y pelear por mí, por Edward, por defender la felicidad del hombre que amaba, por borrarle los dolorosos recuerdos del pasado y por hacer valer mis derechos frente a Chang, pero era imposible porque siempre, tipos como esos dominan todo y uno que no es nadie en esta vida no tiene el poder suficiente para hacerlos pagar su maldad. Siempre seríamos víctimas del poder. Es horrible, pero el mundo está dividido en dos, ¿verdad?

"Jasper, ¿se podrá probar que he estado trabajando bajo amenazas?", ambos se miraron meditabundos y contemplativos la noche anterior.

"No por ahora, aun se siguen haciendo averiguaciones", reconoció consternado.

"La declaración de Jessica lo fregara todo, ¿verdad?"

No necesite respuesta, fui capaz de leer entre líneas.

Edward quería ayudarme, insistía constantemente. Él decía tener la plata que hacía falta para presentar una buena contrademanda o al menos defenderme hasta conseguir más pruebas, ¿pero se podría hacer contra los dueños del mundo?

Recuerda que tu novio es dueño de una mitad del mundo, Isabella.

- ¿Todo bien?

- Si, solo recordaba lo último que hablamos con Jasper.

- Descuida cariño -susurra pegado a mi cuello-. Confía en mí, encontraremos la solución.

Avanzó de largo hasta llegar al cruce con una avenida y esperó el semáforo unos segundos para dirigirse nuevamente a la Lake Shore. Pretendía no sonreír pero no lo lograba, pues intuía una risita juguetona entre sus labios, la cual llamó mi atención, ¿en qué estaría pensando? Edward se veía hermoso, con aquel cabello cobrizo sedoso y al viento; los primeros botones de su camisa estaban desabrochados y finísimos vellos se dejaban ver.

Mientras yo me debatía mentalmente entre como pagarle todas sus atenciones para conmigo y cómo debería ser nuestra reconciliación, productiva por cierto, él había prendido su IPod y llenaba el ambiente una música fuerte, con bajos y baterías. Oh… era Bon Jovi y su It´s my life… Perfecta para nosotros porque y a pesar de que nos querían separar y embaucar, ahí estábamos los dos viviendo un nuevo aspecto de nuestra vida.

- ¿Te gusta? –Sonrió divertido.

- ¿Bromeas? ¡Claro! La música de Bon Jovi es espectacularmente genial.

- Y muy rejuvenecedora.

Se me escapó la risa.

- ¿Por qué?

- Se adapta musicalmente a cada época. Es increíble, cuando todos pensaban que estaban acabados y olvidados en los años ochenta, volvieron a cosechar éxito, como los Guns N' Roses o incluso mejor. A pesar de haber innovado y haber hecho cambios radicales a su música, tuvieron gran aceptación. Por eso me encantan.

- Keep the faith… (*)

- Sí, todo es cuestión de querer superarse, Bella.

- Totalmente de acuerdo –lo miré con picardía y él me acarició el mentón con dulzura, desviando su mirada del frente.

¡Estaba manco y encima soltaba el volante! ¡Oh no!

- ¡Oh por Dios, Edward no sueltes el volante! –Siempre hacía lo mismo y me ponía los nervios de punta mientras él reía divertido como niño pequeño. En Roma lo hizo, y se le vio hermoso, bueno siempre se le veía hermoso.

- Estoy en el cielo ya.

- ¡Edward!

- Soy muy hábil, Bella. Puedo hacer muchas cosas con una sola mano –me guiñó el ojo-. Ya verás…

Cuando llegamos a su edificio estuve a punto de no querer atravesar las puertas del ascensor porque recordaba con mucha nitidez los espantosos momentos que había vivido ahí en el pasillo, en el hall y por último en su departamento; no obstante hice acopio de toda mi fuerza femenina e hice que mi mente bloqueara aquel hora de ser valiente, no de cristal.

Emmett nos abrió la puerta. Llevaba puesto un buzo Adidas de color negro y mantenía una postura seria mientras conversaba por celular. Edward me hizo pasar y cerró la puerta tras de mí. Como recordarán solo estuve una vez ahí y bastó para que me enamorara de él por eso no podía creer que Edward había decidido vender tan precioso departamento. Tenía una vista espléndida al parque; sus paredes y techos blancos en combinación con los grandes ventanales hacían que la sala fuera un ambiente bien luminoso, acompañado de una terraza inmensa que podía usar para fiestas o barbacoas y lo mejor: la decoración era minimalista, pero precisa, elegante y sexy, exactamente hecha para él.

- Lamento el desorden.

Me encogí de hombros sin darle importancia a la cantidad de cajas de cartón que estaban tiradas por el piso y seguí mi recorrido hasta encontrar lo que buscaba: la revista Cosmopolitan que compré aquel día… Mmmm sí, mejor olvidar lo que pasó ese día. La página que marqué seguía intacta, tendría que terminar de leer "los diez trucos de las chicas malas" cuando llegara a mi piso.

- No Rose. No estoy de acuerdo en que se firme contrato con Aceros BDF –susurró Emmett y entonces torció el gesto-. Prefiero que conciertes una reunión con su gerente de operaciones para la otra semana y así llegar a un acuerdo. No quiero que nadie se tome atribuciones que no le corresponden. Esperen hasta que yo esté ahí. Sí, por supuesto. Dile que me llame a este nuevo número –miró de repente a mi novio-. Sí, dile que está bien.

- Ven, vamos a mi cuarto.

Lo seguí hasta llegar a un dormitorio elegante cuyas paredes estaban estampadas con un fino y sobrio papel, dándole realce. La cama era King Size, mucho más grande que la mía, y las sábanas eran blancas, solo pequeños detalles en negro y gris cortaban la monotonía. Sin querer me vi tirada encima del colchón, tan suave que daba miedo, acariciada por el cubrecama también blanco de pluma de ganso. Era de ensueño ¡y Edward lo iba a vender! Pero si ni siquiera habíamos inaugurado estás sábanas y ¡ya pensaba deshacerse de ellas!

Me levanté de un sopetón, imaginando lo fantástico que sería despertar con la hermosa vista al parque, y lo llamé por su nombre completo, toda furiosa.

- ¿Qué sucede? -Bromeó en tono cariñoso, saliendo de su closet.

- Nunca inauguramos tu apartamento y ¿piensas venderlo ya?

Mi pregunta lo tomó por sorpresa.

- En serio, ¿eso te molesta?

- No será tu fantasía hacer el amor frente a todo Chicago... pero la mía sí.

Si antes había abierto los ojos como platos, ahora su rostro no tenía descripción. En un segundo pasó de la admiración, a la confusión y por último a la excitación y me lanzó una mirada hambrienta y feroz, delatando sus intenciones. Pasé saliva y se aventuró hacia mí con actitud felina.

De pronto lo tenía besándome con pasión, empujándome lentamente hacia la cama. Cada una de mis terminaciones nerviosas exigía una atención inmediata. Era como una corriente eléctrica que me traspasaba. Me magnetizaba y me atraía hacia él.

- Así que eres la novia de mi hermano. Sexy –la voz juguetona de Emmett nos hizo bajar de nuestra nube incandescente a regañadientes-. Hot.

- Emmett, ¿qué haces aquí?

- Ayudarte, claro hermanito.

- ¿Conoces a Bella?

- Sí, nos presentó la enana hace un tiempo cuando Jacob y yo asistimos a la bienal de arquitectura. Estás muy linda, como siempre, Bella –me regaló una sonrisa arrebatadora mientras se acercaba para saludarme. Lo miré y tenía esa mirada de "el buzo te queda tan bien como el vestido que usaste la otra noche". ¿Lo recordaba? ¿Emmett recordaba que aquella noche lo miré con ojos hambrientos, devoradores capaz de quitarle la ropa? Digamos que él también coqueteó conmigo, pero ahora resultaba más incómodo.

Emmett distendió sus expresiones y prontamente cambió el ambiente a uno más relajado.

- Muy bien –dijo Edward en voz baja-. Solo vine a llevarme un poco de ropa. Mañana mismo hablo con la agente de bienes raíces para que ponga en venta el departamento, como te comenté.

- Entendido. No te molestaré mucho porque pienso regresar la otra semana a Los Angeles a no ser que traiga a Rosalie aquí pero no sé si querrá viajar tanto para traerme la agenda.- ¿Cuándo admitirás que tu vida no tendría sentido sin ella?

- Es mi secretaria, Edward.

Edward movió la cabeza negativamente y volvió al clóset para sacar más ropa, tanta que parecía que nunca jamás iba a regresar aquí, quedé impresionada. Los hermanos llenaron dos maletas de mediano tamaño con pantalones de dril, jeans celestes y azules, ternos de colores marfil, marrón, verde oscuro y negro; corbatas a juego y una docena de camisas y poleras. Yo me sentía en el paraíso porque toda la habitación olía al varonil aroma de mi novio. Rico.

¡Y él lo quería vender!

- Mamá quiere verte Ed –Emmett le dijo de pronto, llamando su atención de la gran mampara de su dormitorio. Edward se agestó y luego de mirarlo y sopesar sus palabras, dulcificó su rostro. Fue muy extraño-. No lo hace desde un año y sé que te extraña a su modo.

- Esme siempre ha sido muy buena conmigo –dibujó una fina línea con sus labios.

- Sabes que te quiere... pero... -hizo una pausa, Emmett soltó el aire que contenía y lo miró con mucha seriedad, más de lo que demostró cuando hablaron de Richard y su prima-... ahora la veo muy preocupada, creo que es por William. Ella lo estima mucho.

Mi novio alzó la vista.

Hubo silencio.

- Cierto… deberíamos ir a Napa pronto.

- Pero primero habla con Esme.

Edward asintió en silencio. No era momento de intervenir con preguntas relacionadas con Esme y su enigmático silencio, pero sí sentí una cachetada en mi rostro –literalmente- al darme cuenta que todo este tiempo había sido una completa egoísta al querer solucionar solo mis problemas y no darle la atención necesaria a los de mi novio, él también cargaba un peso sobre su espalda con toda la situación de Richard, Esme, su abuelo, su padre, Elizabeth y su madre. Sobre todo su madre, que la perdió tan joven…

- Primero quisiera hablar con Richard a solas. Quiero ver lo niña que es cuando no está con sus secuaces para defenderlo.

- ¿Vas a pelearte con tu primo? –Interrumpí.- Mmmm… unos cuantos golpes le harán sentar cabeza –argumentó Emmett ceñudo. Cerró la valija.

- Tengo nuevos amigos. Estoy seguro que si les pido que se unan a nuestra causa lo harán.

- ¿Los pandilleros de Du page? –Preguntó el fortachón con fastidiosa mirada.

- Emmett. No son pandilleros, ¿ok? Además me salvaron la vida.

El aludido se encogió de hombros y chasqueó la lengua. Emmett era alto, muy alto y musculoso, con bíceps de acero y una mirada penetrante que te hacía temblar. No quisiera conocerlo en el trabajo porque por la forma en que llevó su conversación predecí que era muy exigente; sin embargo aquí en el depa (*) de Edward, lo notaba divertido, sarcástico y juguetón.

Sin duda, los Cullen eran una especie rara… rarísima, en extinción diría yo, sino, miren a Alice…

Aunque ella es caso aparte.

- No lo sé, Edward… -añadió en voz baja-, creo que Richard es más fuerte que el roble. Ambos practicamos taekwondo cuando éramos adolescentes, y vale que Jacob y yo le dimos buenas palizas; sin embargo, si vas con una manada eso solo lo haría lloriquear más e ir a quejarse al abuelo. Él quiere que tú cometas un desliz para engañarlo y hacerle creer que él es el nieto prodigio.

No sabía como un ser tan despreciable como Richard podía ser un nieto ejemplar si la maldad corroía su ser.

- Pero lo es en cierto modo. Yo no sé por qué William se empeña en cederme las acciones de Wine & Fire. Es ilógico, yo ni siquiera estoy en el negocio familiar.

- No le des la contra a la suerte, Ed. Por algo será. Siempre fuiste el nieto preferido.

-… Hasta que llegó Emma a Napa, ¿no? –Añadió con sarcasmo, murmurando algo entre dientes. Se sentó a mi lado en la cama, aguardando que Emmett terminara de acomodar la otra valija. Lo cogí de la mano para demostrarle mi apoyo.

- ¡Ni qué lo digas! La última vez que fui a visitar al abuelo, Emma se creía la apoderada de la hacienda. No permite visitas intempestivas y está pendiente de todo lo que come. Emma solo cuida sus intereses. Ya sabes, debe querer cierto privilegio por cuidar al nono hasta sus últimos días. Tienes que ir a Napa pronto, Ed –sugirió su hermano con voz quedada, casi suplicante… ¿qué pasaba con William? ¿Qué sucedía en Napa? ¿Por qué querían a Emma lejos de él?

Emma era la otra prima de Edward. Por lo que sabía, era hermana de Richard y había estudiado Administración y negocios internacionales en New York. ¿Sería como Alice? No claro que no, dijo mi mente, recordándome las fotografías que había en la chimenea de la casa de Edward en Capri. Eran las mismas que las del yate. La niña tenía el cabello rojizo y ojos azul zafiro. Por recordar, no llegué a escuchar lo que Emmett y Edward decían. Se mostraban crispados, con cara de pocos amigos.

- No lo sé, pero como van las cosas, creo que sería el lugar más seguro para Bella. Nadie sabrá que está ahí mientras duren las investigaciones.

- Pero hay un problema… -intervino Emmett haciendo un largo silencio después-. Richard, él quiere todo tipo de venganza.

- No creo que se atreva a hacer nada si estoy con el abuelo. Richard no es ningún idiota para no saber que frente a William solo debe congraciarse. Es como exhibir la presa frente a un cazador.

- Tienes razón. Harás muy feliz a nono.

- ¡Hey no te había escuchado decir nono desde que estuvimos en Roma en el 2004! –Edward exclamó con júbilo, distendiendo el ambiente.

- Ya ves. No solo tú puede vencer ciertas cosas –le guiñó el ojo juguetón, haciendo que sus peculiares hoyuelos se pronunciaran en sus mejillas.

Sonreí fugazmente y volví a recriminarme por mi mala cabeza. Edward tenía problemas grandes y yo no había visto más allá de mi horizonte. Me sentí muy mal pero a la vez aliviada y encantada al ver a Edward interactuar con su hermano. Cuando no se ponían serios ni hablaban de cosas en clave, se le veía infantil, tierno y juguetón, como un niño. Hubiese sido un privilegio para mí haberlo conocido a los ocho años para socorrerlo y abrazarlo en aquel clóset hasta que dejara de llorar por su mamá y su hermana muertas. Le hubiese tirado una patada a Carlisle y con porte de heroína, hubiese sacado mi espada laser para derrotarlo.

Lastimosamente los monstruos de carne y hueso eran diferentes a los de los cuentos e historietas, pero en ambos siempre ganaba algo mucho más importante y que tanto Edward como yo teníamos: el amor.

.

.

.••••.

- Mañana hablaré con Sam sobre el departamento después de que salgamos a correr.

¿A correr? Eso no sonaba nada bien…

Un nuevo nombre en mi radar apareció.

- ¿Sam?

- Si, Sam Uley, nuestro contable. Me ayudó a formalizar la empresa que tengo con Riley y Jacob -hizo una mueca al final-. Es muy bueno con las planillas e impuestos. Te lo presentaré pronto.

- ¿Él te ayudará a vender el depa?

- No exactamente. Él tiene una hermana que se dedica a los bienes raíces. Estoy seguro que podré sacar una buena cantidad de dinero para comprar otro –me explicó entusiasta. Estacioné su Volvo plateado en el aparcamiento del edificio –por suerte no todas las cocheras estaban vendidas- y nos enrumbamos al ascensor. Esta vez había conducido yo a pesar de las negativas de Edward. Él estaba manco y eso valía para que no volviera a coger un coche.

Cuando llegamos a la pequeña sala-comedor, Edward lucía más tranquilo. Como si todo el camino de retorno hubiese estado conteniendo la respiración o temiéndole a algo.

En la mesita de centro dejé mi Cosmopolitan y en el sofá mi elefantita de peluche. Alice había hecho muy bien su trabajo. Todo estaba limpio y ordenado, claro para lo que podía llegar a ser un departamento pequeño como el mío, lo que eso me llevaba a…

- Aun no puedo creer que vayas a vender tu departamento.

- No es el adecuado, Isabella. Necesitaremos algo más cómodo y que esté ubicado en los pisos más bajos.

- ¡¿Por qué?! –Eso era una exageración, ¿será por mi enfermedad?-. A mi me gusta tu departamento. Es grande y tiene una hermosa vista al parque.

- Conseguiremos uno mejor, con vista al lago si así lo deseas.

- ¿Qué tramas con todo esto?

- Cuidarte -respondió como si fuera obvio.

- No te creo.- Tendrá que hacerlo, señorita Swan. ¿No te gustaría decorarlo a tu gusto? Podríamos conseguir muebles exclusivos de Le Corbusier.

Oh la idea era tentadora.

- ¿Y cuadros de Bernardi?

- Los que quieras. Aunque lo ecléctico no es lo mío, pero si a ti te gusta...

- No déjalo. Yo tampoco combino lo moderno con lo antiguo. A uno lo aprecio, al otro lo admiro.

- De todas formas envidio ser un cuadro de Bernardi -bajó la mirada hacia su brazo enyesado e hizo un puchero. Se veía tan tierno. Y ahí estaba mi Edward sensible, manipulador de sentimientos, niño caprichoso, y así con todo lo amaba.

- No tiene porque señor Cullen, pero usted juega muy sucio… -le respondí de la manera más seductora posible, sentándome a horcajadas sobre él teniendo cuidado de no toparle el brazo enyesado.

Se encogió de hombros, con aire pícaro y presuntuoso.

- Es parte de mi encanto.

- Lo acepto con una condición… -le di un besito en la mejilla-. Quiero que mantengas los muebles de la sala y de tu dormitorio. ¡Me encanta todo de él! ¡Hasta las sábanas de quinientos hilos!

- La veo muy ansiosa con el tema de mi cama, señorita Swan.

- No tienes idea...

Él sonrió de lado y mi boca buscó la suya, caliente y ávida. Parecía que corría contra el tiempo, sentía ímpetu por tocarlo, por besarlo como si no hubiese mañana. Desabotoné su camisa a gran velocidad mientras empezaba a contornearme contra él. Me tomo de las caderas para inmovilizarme y le besé el cuello, dándole mordiscos y trazando la curva con mi lengua. Él emitió un gemido breve y ahogado.

- No... Espera –susurró, haciéndome sentir el aliento sobre la piel-. Por más que quiera arrancarte la ropa, debemos tomar las cosas con calma.

- Edward, estoy medicada, tomo pastillas todos los días. No me estoy muriendo, solo sufro de presión alta.

- Pero…- Recuerda que el doctor me recomendó hacer mucho ejercicio –continué empecinada, dibujando el contorno de su pecho y bajando hacia su estómago-. Detesto correr así que esto será mucho mejor.

- Sé que esto sería mucho mejor aclaró él, sin abrir los ojos. ¡Dios, no era de cristal! No somos de cristal, Isabella-. Pero…

- No soy de cristal, Edward –su rostro tenía una expresión feroz pero contenida-. A no ser que… Oh ya veo... -dije con picardía mirándole el yeso e incitándolo pero a la vez dibujando una sonrisa decepcionada-. No puedes.

Me levanté y caminé hacia mi dormitorio, pero de pronto chillé y me sorprendí al tener mi espalda presionada contra la fría pared del pasillo.

- ¿Qué dijiste? –Su embriagador aliento a menta inundó mis sentidos.

- No puedes… -le miré nuevamente el yeso. Estaba duro y caliente contra mí y los brazos musculosos con que me rodeaba eran de acero vivo.

¡Caray! No sé como me mantuve en pie.

Extendió una mano sobre mi vientre para sostenerme contra la pared.

- No debiste decir eso, Isabella -me miró con deseo fulminante, pasando lentamente su mano por mi espalda-. Pero vamos a arreglarlo… -y me dio una palmada en las nalgas, me las apretó con una suavidad tan placentera que activó cada recóndito lugar de mi cuerpo y el timbre grave de su voz con aquel ligero acento erótico me volvió loca. Existía entre los dos esa especie de conciencia superlativa del otro que me hacía sentir ligeramente electrizada.

Creo haber mencionado infinidad de veces que yo me derretía como si nada cada vez que Edward me tocaba.

- Me tienes loco Isabella. Tan vulnerable y tan sexy a la vez, toda una diosa. No sé que haré contigo... -se acercó a mis labios y los besó de manera demandante. El beso fue explosivo-. Ahora, por su imprudencia señorita Swan, tengo un dilema... -mordisqueó mi cuello bajando por el lateral-. No sé si hacerte el amor lentamente o cogerte... duro. Solo sé que necesito estar dentro de ti y no tendré compasión.

- Oh… -se me secó la garganta por la impresión. Mi Edward pervertido, mi chico cavernícola insaciable, regresaba con todo y mi disfraz de femme fatale, de diablita empezaba a desempolvarse.- Verás que soy muy hábil para hacer las cosas sin utilizar las manos.

Y volvió a besarme extasiado, reclamándome, poseyéndome. La sangre galopó por mis venas de manera fulminante y descendió caliente hasta mi intimidad que palpitó de una forma que no la creía capaz. Gemí sin poder contenerme.

De pronto me vi tendida sobre la cama con Edward arrodillado a mi costado. Con su mano libre fue subiendo lentamente mi camiseta por mi abdomen. Cada centímetro mostraba un rastro de piel y él lo besaba dulcemente para luego ascender a mis labios y morderlos, totalmente hambriento, y recorrerme la boca con su sabor incomparable. Su lengua se deslizaba con tortuosa agonía desde mi ombligo hasta el nacimiento de mis senos donde se detuvo para bajar la copa de mi strapless y liberar uno de ellos, luego el otro. Si hasta ese entonces aun mantenía atisbos de cordura, cuando se lanzó y se prendió de mis pezones como un niño a un dulce, lo perdí todo, olvidé donde estaba y me entregué a las oleadas de exquisito deseo que azotaban mi cuerpo. ¡Oh Dios! Con el pulgar y el índice había rodeado uno de mis pezones y tiraba de él fuertemente mientras que con su boca chupaba, mordía y lamía el otro con tal devoción que creía agonizar de placer.

Mi corazón latía a un ritmo frenético y mi intimidad se humedecía a cada segundo.

- Quieta, Bella -murmuró al ver que ya empezaba a remover mis caderas de pura expectación. Me detuvo con su cuerpo y gruñí al abrir los ojos, visiblemente afectada y aturdida. Él se mantenía de rodillas frente a mí, vestido y totalmente sereno, con la boca entreabierta y deleitándose por mi desesperación de ser poseída-. Usted se lo buscó señorita Swan... Ahora levante la cabeza.

Hice lo que me pidió levantando mis brazos por encima de mi cabeza para ayudarlo a deshacerse de mi BVD cuando de pronto sentí una presión en mis antebrazosque me impedía moverme con libertad. Alcé la vista y me di con la sorpresa que estaba inmovilizada, con las muñecas juntas y rodeadas por las tiras gruesas de mi camiseta.

Ohhh...

- No te muevas –me lanzó una tórrida mirada. Edward había enredado las tiras alrededor de mis muñecas tal como se amarraba una cuerda. Y yo, en vez de estar alarmada, estaba excitada a tal grado que mi parte más íntima se contraía desesperada, anhelante, con un apetito voraz. La diablita Isabella volvía a colocarse el disfraz. ¡La había extrañado tanto! De la mesita de noche cogió un colette elástico, lo abrió con su mano y lo pasó por entre las mías... Ahora sí que no podía moverme, estaba echada en mi cama semi-desnuda, indefensa, abierta ante él y a su merced. El brillo sensualmente pícaro y pervertido relucía en sus ojos verdes haciéndolos más oscuros, dándole un matiz diferente... De éxtasis puro...

- ¡Edward! -Solo sonrió y giró mis manos, logrando que el amarre fuese más fuerte. ¡Dios! Su destreza para trabajar en obra, con cuerdas, era notoria.

- Ahora estamos en las mismas condiciones -murmuró entrecortadamente exhibiendo un tono de voz intenso.

- ¡No es justo!

- ¿Quién dijo que lo sería? -Musitó con picardía.

¿No decías que no eras de cristal, Isabella? ¡Oh calla!

- Tengo las dos manos atadas y tú tienes una libre...

- No la necesitaré... Verás cariño, yo soy lo suficientemente capaz de satisfacer a mi mujer sin usar los brazos -finalizó con una sonrisa lasciva y me dejó sin aliento.

Terminó de desabrocharse los botones de la camisa y luego del pantalón y se los quitó despacio sin apartar sus ojos de los míos. Los músculos de mi entrepierna se tensaron con lascivo placer al observar su bien esculpida anatomía. Tenía unos bíceps de acero y un abdomen bien definidos que provocaban aruñar y lamer... hasta el cansancio.

Se acercó nuevamente a mí con aquel brillo atronador entre la lujuria y el deleite, y se arrodilló a mi costado para bajarme lentamente y como pudo mis pantalones de buzo. Arrancó mis bragas de una sola vez y se lanzó a mi entrepierna, inhalando profundamente el aroma que se desprendía de mi sexo y regó besos y mordiscos por todo el muslo. Mis palabras de desafío habían sido un detonador para la fiera, para el cavernícola que tenía dentro... Y no me quejaba en lo absoluto.

Tenía los ojos vidriosos cuando me miró estirada, desnuda sobre la cama. Recorrió con la mirada hasta el último centímetro de mi cuerpo y su mirada caliente se demoró en mis caderas y mis pechos. Me sonrojé cuando me separó las piernas y se lamió los labios al verme tan dispuesta y húmeda, indefensa, frente a él; pero entonces, metió suavemente dos dedos y me olvidé del sonrojo largando un gemido que nacía desde lo más profundo de mí.

- Que indecente resultó señorita Swan -se agachó y vi cómo se sumergía entre mis vellos. Sopló en mis labios húmedos mientras los abría con los dedos y pellizcaba mi clítoris.

- ¡Edward! –Volví a gemir cuando inesperadamente, su lengua atacó toda mi vulva; me lamió, me mordisqueó y me chupó y yo me estremecí, me retorcí y me volví loca al sentir vívidamente todo el placer disparándose a través de mi cuerpo y no poder hacer nada para prolongar o calmar mis ansias. ¡Estaba atada de manos!

- Mmmm… pero que bien sabe. Este sabor es incomparable.

¡Madre mía! Tiré mi cabeza para atrás y traté de zafarme pero fue imposible.

Edward estaba poseído, era insaciable y le importaba muy poco que estuviera agonizando de placer aunque reconocía que si llegaba a morir por hacer el amor con él, no tendría ninguna queja.

- Pensé que nunca más haría esto, Bella… -y empezó a embestir con fuerza, haciéndome gritar su nombre por todo lo alto. ¡Ahhhhhh lo quería adentro! Necesitaba sentir su dureza, recordar como invadía mi interior.

- ¡Oh por Dios...! –Exclamé mientras empujaba mis caderas hacia su boca y él lamía hasta la última gota. Se alimentaba, bebía de mi excitación.

Cuando me calme abrí mis tupidas pestañas y lo encontré mirándome con una expresión ferozmente triunfante. Me acarició el pelo y me lo apartó de la cara. Sus labios me rozaron la sien por un instante, luego trazó con su lengua un camino húmedo justo debajo de mi oreja y me dejó un reguero de pequeños besos en el cuello y siguió por los ligamentos que acababan justo en el hueco donde el cuello se junta con el hombro. Me inundó una ola de calor y luego el muy malvado me mordió un lado del cuello justo cuando me penetró con un movimiento duro que lo llevó hasta el fondo de mí. Si algo me quedaba de autocontrol, se desvaneció con ese mordisco.

Entraba y salía de mí.

Salía con lentitud para luego volver a entrar con rapidez. Y yo estaba en el séptimo cielo.

Ardía mi interior. Convulsionaba mi cuerpo al sentir sus embestidas cada vez mas profundas e intensas, implacables.

Mis alas plateadas renacían de mi espalda. Me elevaban mil metros sobre el cielo para después hacerme descender en picado con la adrenalina a mil.

Ya no sabía donde me encontraba...

Cielo o infierno.

Las convulsiones eran cada vez más ardientes y se hacían más desesperantes al tener mis manos atadas encima de la cabeza, incapaz de moverme y tocarle el maravilloso cabello cobrizo o arañarle la piel perfecta de su espalda o empujarlo más adentro.

Sus embistes fueron más urgentes y más rápidos haciendo que el nudo que sentía en mi vientre estallara y electrizara cada parte de mi cuerpo. Contuve el aliento y me arqueé contra él, recibiéndolo con el mismo desenfreno y desesperación de su empuje hasta que fui inundada y absultamaente embriagada por el placer. El orgasmo me atacó con fuerza y me dejó echa añicos.

Edward se dejó caer sobre mí percibiendo con todos nuestros sentidos el almizclado aroma que se desprendía tras el sexo, del sudor que brillaba en su espalda; y la maravillosa melodía que era escuchar su agitada respiración y el alocado martilleo de su corazón y el mío al unísono, adorando ese momento de intimidad.

.••••.

Rodé en la cama hasta echarme boca abajo y suspiré totalmente relajada, cerrando los ojos. Edward se apoyó sobre su antebrazo izquierdo y empezó a trazar círculos suaves en la parte baja de mi espalda con la yema de sus dedos.

Lo había extrañado tanto... Y ahora, después de varios días sin él y con toda la carga emocional adquirida, tenía la sensación de haber despertado en un paraíso de eterna felicidad.

Amaba la forma en que nos compenetrábamos, en la que compartíamos placer, amor, ternura, pasión y respeto. Atrás quedaron aquellos momentos tan dolorosos que habíamos vivido, ya no los recordaba con la misma amargura. No piensen que era porque no tenía carácter, no, era porque ambos habíamos cometido errores, ambos habíamos sido estúpidos al ocultarnos información porque pensábamos que de ese modo estábamos haciéndonos un bien, pero no fue así; solo habíamos logrado distanciarnos y caer en la desconfianza sin ninguna base. Aprendí mi lección, él lo hizo también y seguiríamos para adelante y como decía mi papá -"borrón y cuenta nueva"-, empezaríamos desde cero, juntos, para enfrentarnos al mundo injusto y malévolo de allá fuera.

Dos almas, similares pero diferentes a la vez se unían en una sola para lograr curar sus heridas y ser feliz.Tenía que buscar la forma de ser feliz... con él. Sonreí para mí y él se dio cuenta, todo malicioso: - ¿En qué piensas?

Suspiré pausadamente, sumamente plena y feliz.

- En ti, en mí, en nosotros... En cómo hemos aprendido el uno del otro -adquirió una expresión seria y relajada. Apartándome un mechón de cabello del rostro, se acercó a mis labios para hablarme con dulzura:

- Te amo, Bella -lo sabía, sí, lo sabía, me lo dijo indirectamente ayer en el hospital, pero escucharlo de sus labios provocó que la infinita sensación de felicidad que tenía subiese como la espuma-. Creo que lo supe desde que te vi en la casa de Alice. En ese entonces yo estaba rehuyendo de las relaciones pero hubo algo en tu sonrisa y en tus ojos chocolate venció cualquier ausencia de fe. Me dije que esa vez no iba a rehuir de lo inevitable. Y ahí mismo, después de una charla con mi prima me prometí enamorarte, acorralarte lo antes posible y aquí me tienes.

- ¿Me acorralaste?

Sonrió con un brillo juvenil y pícaro.

- Al final, fuiste tú quien lo hizo. Me atrapaste y ahora me tienes a tus pies.

Mis hermosas alas plateadas volvían a renacer en mi espalda. Me querían llevar de viaje por todo el lago Michigan y volar muy cerca a las estrellas. Edward me quería, me amaba y se preocupaba por mí, ¿dónde conseguiría a otro hombre igual? "Los hombres extraordinarios no crecen en arboles, Bella, y Edward es un ser extraordinario..." ¿Cómo un niño que había sufrido tanto se había convertido en este maravilloso hombre? Edward aun sufría, lo noté cuando habló con su hermano sobre Esme y yo había estado tan inmiscuida en mis asuntos que había perdido el rumbo de mi meta trazada: ayudar a mi hombre a desterrar su pasado, a quitarle los fantasmas que lo atormentaban a pesar de que él lo negara y supiera aparentar tan bien...

Pero eso era lo bueno de Edward, nunca demostraba tristeza ni tampoco lástima por su pasado. Admiraba su valentía y coraje para sobreponerse a las cosas fatídicas que le habían marcado su niñez. Algo que yo no hacía, no podía. No obstante necesitaba saber más para comprenderlo en su totalidad, saber la causa y empezar a sanar su herido corazón.

- Mi amor, ¿es verdad lo que le dijiste a tu hermano? ¿Les había dicho que ya no me costaba mucho decir "mi amor'? Nunca lo había hecho y solo con Edward nació ese sentimiento. Hasta yo misma me sorprendía... Ohhh Bella, la romántica...

- ¿Sobre...? -Preguntó con cautela.

- Viajar a Napa.

- Sí, ya te lo he dicho. Quiero que conozcas los viñedos. Además, William está muy mal y aplazar el viaje no es una alternativa.

- ¿Siempre has tenido enfrentamientos de esa manera con tus primos?

Lanzó un bufido.

- Más o menos. Emma es más callada -ya comenzaba a hablar y no lo pararía-. Igual que George, su padre. Ambos mantienen un perfil bajo en la familia pero nunca dan puntada sin hilo y saben sacar provecho a las situaciones que más les conviene.

Oh...

- ¿Te puedo preguntar algo? -Le dije en un murmullo, el asintió-. Nunca me contaste sobre Esme, bueno solo un poco. Pensé que no te llevabas bien con ella.

Se le ensombreció la cara.

- No es eso Bella. El problema es que mencionarla me hace pensar en cosas que realmente detesto –arrugó la frente como si meditara las palabras-. Son sentimientos encontrados, por un lado, ella fue la amante de Carlisle aunque él lo niegue, por el otro, y quizá sin tener la culpa, se transformó en la imagen de mi madre. Siempre me pregunto ¿qué hubiese pasado si yo hubiese tenido a mi mamá conmigo? Quizá, ni mis instintos posesivos ni el sentido extremo de dependencia serían tan marcados. Hubiera crecido feliz con la idea real de una familia. Esme fue muy buena conmigo, pero no era mi madre así que no era lo mismo. No podía abrir mis sentimientos a ella, difícilmente lo hice con Emmett pero no con ella. Nunca vivió conmigo más de seis meses porque entonces mi padre me envío a Italia al internado y cuando regresé, decidí estudiar fuera gracias a William. Cuando formé mi propia empresa, prometí desligarme lo más que pude. Pero en esos trayectos de tiempo, compartí con Esme... Y... Ya te dije, verla, hablarle es sentir una punzada en el pecho dolorosa al pensar que mi verdadera madre podría estar ahí... en su lugar, conmigo.

Era terriblemente triste. Era un aspecto sobre el que Edward hablaba muy poco y ahora entendía porqué. Desde un inicio se mostró reacio a hablar de su madre y nunca me dijo que tuvo una hermana. El dolor debió ser tan grande, tan profundo que había hecho que su subconsciente bloqueara todo lo relacionado con ello. Así que Esme era todo lo que su madre no pudo ser.

No dejaría que mi melancolía y su tristeza me privaran. Me erguí un poco y lo rodeé con mis brazos, reconfortándolo, para luego besarlo con suavidad en sus labios abiertos. Jadeé ansiosa bajo su tórrida mirada y su inusual cambio de temperamento, y traté de una vez evitar que siguiera pensando en el pasado.

Era mi turno de hacerlo sentir bien.

- Aguarda aquí –no di tiempo a que él hablara, solo corrí hacia la cocina con una idea en mente.

Cuando regresé, me lancé intrépidamente a la cama ante la mirada absorta y lujuriosa de Edward al verme desnuda.

- Esto va a ser muy divertido... -murmuré, depositando un suave beso en lacomisura de sus labios. Con un ágil movimiento me arrodillé delante de él y despacio, poco a poco, fui bañando el fugde de chocolate sobre su cadera y su pubis... Mmmm... Chocolate...

Mmmm… el sabor de Edward con chocolate debía ser una delicia…

Podía comprobarlo.

Era la hora de saborear a mi hombre...

.

.

Un buen destino es que dos personas se encuentren, cuando ni siquiera se estaban buscando.

Continuará...


(*) Keep the faith, álbum de Bon Jovi con el cual regresaron a la música en 1992.

(*) Depa: diminutivo "cariñoso" de departamento. xD!


*NOTAS*

Chicas! les debo una disculpa porque prometí el capítulo para antes, pero sucede que tres amigas (Cris, Zoe y Maddy) y yo hemos formado un grupo para participar en un concurso de mini fics alusivos a la navidad! ^^ Así que tuve que demorarme por eso... PERO a la vez las invito a que se pasen a leer este mini-fic, que desde ya les digo tiene final feliz. Se llama "Hermosa" y contará con 4 capítulos. Yo escribí el 2do... u.u !

Este es el link: www. fanfiction s/8826930/1/Hermosa (junto)

Ahora, pasemos al capítulo! diganme, ¿qué tal les pareció? ¿les gustó? ¿o me quieren volver a enviar a los Vulturis?

¿Sus sospechas eran ciertas? ¿Quieren ver algo el próximo capítulo? O.O ! me gustaría saber que piensan, aunque me quieran tirar tomatazos...

¡Ah! Se imaginan a Edward bañado en chocolate? *-* ¡Suertuda Bella! Me derrito!

Mil besos, gracias por aguantarme, leerme y todo. LQM. Lu.


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