Disclaimer: Todos los personajes de Twilight pertenecen a la genial Stephanie Meyer. Yo sólo juego con ellos ^-^


¿Cómo están chicas? Sé que soy pesada por no actualizar rápido, peroooo... les tengo una buena noticia, bueno al menos para mí, es super importante: Ya tengo trabajo! ^^ Así que échenle a él la culpa de mi desaparición ya que al llegar a casa, me deja totalmente exhausta u.u hasta me he dormido frente a la PC...pero poquito a poquito terminé el capítulo. Supongo que me acostumbraré pronto, y volveremos a la normalidad ;)

No las detengo más! Nos leemos en NOTAS. Muchas gracias a todas por sus comentarios, son lo máximo! *-*

Gracias a mibeta larosaderosas (que me dio un susto en FB u.u)


.:: Construyendo Fantasias ::.

Capítulo 33


Treinta y tres

- Parte 2 –

- Bella -

10.10.06

6:53 am.

Treinta tres minutos habían pasado desde que la enfermera, un tanto ansiosa, salió de la sala de operaciones hasta que el doctor apareció en el pasillo y nos informó sobre el estado de Tom. Aun tenía puesta la bata, el cubre zapatos, el gorro y la mascarilla manchados ligeramente con sangre. Su rostro denotaba cansancio y éxito a la vez. Cansancio que se veía reflejado también en nosotros, ya que no habíamos planeado pasar la noche entera en el hospital, pero fue necesario: la operación había sido reprogramada y no teníamos pensado abandonar a aquellos chicos en un momento tan crucial como este.

En efecto, la intervención quirúrgica debía de haberse realizado ese mismo sábado por la noche, pero se pospuso porque llegó un ancianito con fuertes dolores en el pecho y el doctor le dio preferencia ya que le quitaría –o colocaría- una válvula cardíaca. En realidad no quise entrar en detalles porque la imagen de Charlie se me revelaba en el poblado bigote del señor. Fue un instante que lo vi pasar en la camilla, pero suficiente para sentir escalofríos de terror.

Mi padre era mi debilidad. Mi talón de Aquiles. Y nada ni nadie podrán estar por encima de él.

- Señor Cullen, lamento haberlos hecho esperar –dijo el doctor con una sonrisa bonachona luego de bajarse la mascarilla, tenía grandes ojeras-. Esto no debería haber pasado de las doce de la noche.

- Descuide doctor –respondió.

- Gracias por su comprensión. Bueno, tengo muy buenas noticias. Felizmente el paciente está fuera de peligro.

- ¡Oh! ¡Está vivo, Sol! –Exclamó Kali, abalanzándose a los brazos de la morena. La palomita herida dejaba atrás su entristecida mirada-. ¡El doc lo salvó!

- El joven tiene muy buen tiempo de coagulación. No hubo complicaciones y pudimos extraerle la bala del tejido muscular sin dañarlo.

Con esas palabras y ese gesto tan humano como bondadoso –que daba la idea que él también se sentía satisfecho por haber cumplido con ayudar a un paciente-, sentí que el alma regresaba a mi cuerpo violentamente. ¡Gracias a Dios todo había salido bien! Sol y Kali festejaron por la noticia mientras Marcus sonreía aliviado y Edward escuchaba atento al doctor… Y yo… con cierto alivio sí, pero igual o más nerviosa que nunca. Desde que sabía la verdad acerca del Amaretto y la angurria que tenían por él, temía por la vida de Edward. Toda la noche había mantenido el mismo pensamiento que no me había dejado dormir y me había martirizado escuetamente: si Edward hubiese estado en el lugar de Tom, con dos balas incrustadas en su cuerpo y a punto de morir, no sabía que hubiese sido de mí… no me lo imaginaba… solo sabía que sería un dolor inigualable.

Si perder a mi padre, significaba mi vida; perder a Edward, significaba mi mundo.

- Está bien doctor, seguiremos sus indicaciones al pie de la letra –respondió Edward, haciéndome parpadear y romper mis divagaciones-. ¿Cuánto tiempo le tomará recobrar la fuerza del brazo?

- Por su condición física, no tardará. Un poco de fisioterapia después de que la herida del estómago cierre y podrá volver a su trabajo habitual. Eso sí, reposo no menos de un mes.

- Por supuesto. Nuevamente gracias.

- Permiso señores –con un ademán se despidió y siguió su rumbo.

- ¿Viste? Te dije que Tom saldría de esta –le dijo Edward a la morena-. Él es muy fuerte.

Los ruidos que siguieron fueron enérgicos por parte de Kali. La enfermera tuvo que callarnos por lo menos dos veces antes de informarnos los horarios de visita. Tendríamos que esperar hasta las tres de la tarde y si teníamos suerte, nos dejarían pasar a todos por turnos. Kali estaba impaciente, saltando de cuando en cuando por todos los muebles de la sala y yendo y viniendo hacia el dispensador de agua. A estas alturas, haría que su embarazo fuese más notorio… No lo mencioné porque sabía que ese era uno de los motivos que la tenían sumida en sus pensamientos, Tom estaba fuera de peligro, ¿pero sería capaz de soportar una noticia como esa? ¡Los nervios la mataban! No era para menos… a la pobre criatura se le habían arremolinado un coctel de sensaciones, que podían catalogarse como desgracias o complacencias, dependiendo del punto de vista que uno tomara, desde la más trágica hasta la utópica.

- ¿Crees que debo decirle que estoy embarazada? – me preguntó, media hora después, cuando finalmente se calmó y cambió la hilaridad por la incertidumbre. ¿Qué le podría decir? Nunca había estado en su situación y las pocas veces que había pensado en quedar embarazada había imaginado a Edward a mi lado, feliz por la noticia, pero… ¿lo estaría Tom?

- Yo creo que no. Díselo después cuando estemos de regreso a en casa –respondió Sol mirando de soslayo a Marcus que conversaba con mi novio. Los cinco habíamos congeniado muy bien, bueno, en realidad, yo me había acoplado muy bien a su grupo.

Kali volvió a mirarme expectante, anhelaba una respuesta.

Hizo un puchero.

- ¿Me odiará verdad? – lagrimeó.

- ¡No, claro que no!

- No digas esas tonterías Kali. Ustedes pelean mucho, sí, pero él te quiere. Sabrá entender.

- Por supuesto –me apresuré a decir-, pero tienes que esperar a que salga de recuperación y se tranquilice. No es nada fácil dar noticias como esta luego de haber estado inconsciente. Necesitará tiempo para asimilar todo esto.

- ¡Claro! Si no… ¡podrías matarlo! –Bromeó su amiga-. Y ya es suficiente con que tenga dos huecos en el cuerpo.

Ella asintió y luego de meditar un rato, empezó a fruncir el ceño.

Gruñó algo inentendible, en otro idioma -quizá- y empezó a quejarse.

- ¡Aish! ¡Tom siempre complicando todo! Hubiese sido más fácil decírselo estando sano, pero no… ¡Siempre le he dicho que no se acerque a los galpones, pero no me hace caso! ¡Ese día le dije que no fuéramos por la ruta del museo y no me hizo caso!

- Ya Kali, mira el lado positivo, él está bien.

- ¡Pero vaya susto que me dio! Espera a que se despierte para decírselo –apuntó, cruzándose de brazos enfurruñada.

No pregunté más, me abstuve y atiné a sonreír. Sus cambios de humor de por sí me daban tortícolis pero entendía su punto de vista y sabía exactamente por qué pasaba del amor al odio en tan solo cinco minutos, o quizá un poco menos. Kali amaba a Tom, reflejaba tal sentimiento en sus ojos. Tom era su todo, su protección, la única persona que confió en ella hacía ya varios años y ahora sería el padre de su hijo; sin embargo, Kali también lo odiaba con una fuerza antagónica inferior a la del corazón, pero que la hacía enojar y rabiar ya que él exponía su vida al peligro al recorrer hasta altas horas de la madrugada los galpones de la zona norte del lago, donde se exporta a Canadá. Yo lo sabía porque Edward me lo había dicho, pero esa noche, en gran parte, había conversado con ella, y habíamos congeniado tan bien que fue capaz de relatarme toda su vida. Tanto Sol como Kali eran chicas que habían sufrido mucho pero que no habían perdido la esperanza de superarse y salir de esa vida. Ahora Kali estaba más entusiasmada porque tendría un bebé aunque no supiera cómo reaccionaría Tom…

Ojalá que todo saliese bien. Ella lo merecía, era muy simpática y tan dulce como aguerrida. Era la cabecilla del grupo y no se dejaba amilanar por nada. Una guerrera. De las mías, por supuesto.

Almorzamos en la cafetería del hospital por turnos. El primero Sol, Marcus y Kali. El segundo, Edward y yo. Pedí pollo gratinado sin mucho condimento y una ensalada de palta. Por azares de las circunstancias, nos topamos con el doctor Hedlung cuando nosotros salíamos de la cafetería y él entraba con su grupo médico, todos impecablemente vestidos de blanco. Con diplomacia intercambiamos saludos y mostró una radiante sonrisa cuando le conté que mi presión alta se mantenía estable con las pastillas que me había recetado. Gentilmente, nos presentó al resto de doctores; a mí, como su única paciente favorita menor de veinticinco años que sufría de hipertensión arterial.

Edward, por supuesto se mostró letárgico en toda la plática, con su humor irónico y sus silenciosas miradas de recelo; eso sí, nunca dejó de comportarse cordialmente como el adulto que era… lo que me hizo sonreír internamente y recapitular lo que sentía por él. ¿Me molestaba que fuera celoso? No. ¿Me molestaba que fuese caprichoso, como un niño? Tampoco. ¿Me molestaba que tuviese secretos y heridas del pasado? Nunca. Yo lo amaba así, como era, con sus defectos y virtudes, con sus errores y aciertos y no dejaría que nadie atentara contra su vida ni con ese sentimiento que nacía en mi corazón.

Nadie. Ni Richard.

¿Pero cómo evitaría que él, su primo, le hiciese daño? ¿Sería la hora de viajar a Napa y refugiarnos bajo el halo conciliador de William? ¿O que Edward hablase con él y llegaran a un acuerdo?

Negué rotundamente. Ya no era factible la última opción. Richard quería venganza y nadie lo detendría.

Horas más tardes, luego de conocer a Tom –quien me cayó muy bien aunque fuese desconfiado y muy receloso menos con su gente-, comprendí lo directo y valiente que era, tal como Edward decía aunque, en ese instante, lo vi tan maltratado y herido, con el dolor esparcido por todo su cuerpo a causa de las operaciones. Imaginarme a Edward en su lugar se hacía más sólido. Más reticente, Richard a su costado riéndose de su tortura; Irina, pidiendo clemencia para que la tragedia fuese peor… me contrajo las entrañas.

Venganza…

En un momento estás ahí, tranquilo, sonriendo y ocurre lo imprevisto, lo de siempre: una bala perdida, un asalto, quizá un tiroteo entre policías y narcos; y tu vida está deshecha. Pasa todos los días…

En un momento estás ahí sonriendo; y luego… ya no estás.

Simplemente esa es la vida. Injusta.

Me dolió el estómago.

- ¿Estás más tranquila, mi amor? –me preguntó al salir del cuarto, dejando al resto a solas.

Moví la cabeza pausadamente. Él notó mi negativa, incluso la punzada de dolor.

- No por ti –dije afligida. Tranquila estaba, pero por Tom, no por Edward.

Llevé mi mano al escote de mi blusa, al dije de plata en forma de corazón que él me había regalado. "Cuida mi corazón que lo he dejado contigo para siempre", la misma frase que decía en su nota…El dije era hermoso y muy brillante, y el círculo que encerraba a los demás corazones pequeños simbolizaba la magia de perdurar los deseos y el amor entre nosotros.

Ahora, mi corazón tarareaba su melodía agitadamente.

Como un presentimiento.

- Mi amor, ya te lo dije, arreglaré las cosas.

- Te vas a deshacer del Amaretto, ¿verdad? –dije cortante.

- Sí… -se rascó la cabeza de manera sospechosa.

Suspiró.

- ¿O no lo harás? –insistí.

- Pretendo hacerlo… es decir… -me miró-. Mira Bella, esa joya es tan valiosa que cualquier persona me daría más dinero de lo que vale. Podría venderla fácilmente a Amaya pero, sinceramente, no quiero despegarme de ella. Algo me dice que no debo dejarla partir. Quizá sea la historia… -dudó un segundo, para lugar cambiar su tono de voz a uno más irascible-. De cualquier modo, tampoco quiero ir por lo fácil. Prefiero confrontar a Richard como hombre, mandarlo a la mierda por lo que te hizo y dejarle bien en claro unas cuantas cosas más para que no llene su boca hablando idioteces.

- ¡¿Cómo?! ¡Hace rato lo prometiste! –Exploté sorpresivamente. Una enfermera, que deambulaba con un equipo de electrocardiograma abrió los ojos ante mi estado anímico. Pretendí no verla.

- Lo hice, pero venderla me parece la salida más fácil; el recurso más cobarde. Richard pensará que le tengo miedo y de todas maneras irá tras de mí por habérsela vendido a otra persona.

¿No sería más fácil vendérsela al susodicho? Ah, claro que no, él es Edward Cullen y su orgullo de macho.

- ¡¿Edward, estás consciente de lo que me estás diciendo?! ¿Sabes en qué líos estás metido por las malditas apuestas?

Él no dijo nada. Me miró a los ojos apenado, reflejando nuevamente la culpa en ellos.

Tomé aire. Fue en vano. Respiré profundamente. El dolor de cabeza empezaba a atacarme en forma de punzadas arrítmicas en la sien y la nuca. La presión debía estar subiendo; aun así, proseguí:

- La primera vez que llegaste a mi casa con el labio partido me dijiste que tus juegos no eran peligrosos. La segunda vez me porfiaste que siempre jugabas limpio y que nunca ibas a salir nuevamente dañado, y ¡¿qué es esto Edward?! –Alcé la voz-. Te siguen hasta Italia, te secuestran y casi te matan por una apuesta y tú quieres seguir en lo mismo. ¿Es justo eso? ¿Es justo para mí?

- No es lo que tú piensas.

- ¡¿Ah no?! ¿Y qué crees que pienso? ¿Qué es un simple juego de monopolio que de seguro ganarás para demostrar tu orgullo de macho? –él abrió los ojos exaltado-. Y no pretendas confundirme con excusas estúpidas. Esto es serio, Edward.

- Sé que lo es, pero creo que puedo manejarlo.

- ¿Tú solo? –me crucé de brazos, incrédula.

- No, claro que no. Tenemos un plan con Emmett.

Lo miré entre angustiada y colérica. Claro, Emmet, otro con orgullo de macho egocéntrico. Cullen idiotas.

- ¿Tienes idea de lo peligroso que resulta todo esto para ti? ¿Estás consciente del daño que me causarías si te pasara algo? ¿Lo sabes? –le exhorté sin quitarle la mirada. Tenía los ojos ferozmente clavados en él, enfurecida-. Te amo Edward y no quiero perderte por un simple juego. Encontrarme con una persona como tú me ha costado muchísimas lágrimas y desazones para que, de un momento a otro, por venganza o sabrá Dios qué, no vuelva a verte más. ¿Te parece justo?

- Lo siento… Yo…

- Si mi llanto no es suficiente, ¿qué más quieres de mí para que no intentes una locura y salgas dañado? –insistí-. Tengo miedo que algo pueda pasarte, Edward.

- Lo sé y prometo…

- ¡No! –lo corté ante lo que diría. Él no entendía. Seguía en lo mismo-. ¡No lo sabes! ¿Tienes idea de lo que significaría para mí perder una vez más a otra persona que quiero? –mi fiera interna era solo una sombra más. El corazón lo tenía en la boca, desesperado porque entendiese que la muerte y la tragedia me habían rondado toda la vida. Lágrimas iracundas caían por mis mejillas. El dolor de cabeza aumentó.

- Soy un idiota. No debí pensar así –se acercó y trató de tomarme del rostro. No quise, me volteé y caminé hacia la ventana que daba al jardín interno del hospital. Hojas tornasoladas y otoñales árboles de Maple al tiempo de caída atraían la atención de todos; menos de la mía.

Mi Edward no era mafioso, pero sí un apostador de primera, producto de su rebeldía de años hacia su padre, producto del único pasatiempo que encontró para borrar y derrocar las ideas más temibles de dependencia e inferioridad que gobernó su ser durante tantos años.

Pero ya no es momento para vivir de los recuerdos. Debe dejarlo atrás. Enterrarlo.

Pero… ¿si ese punto final era enfrentándose con su primo? ¿El vicio lo llevaría a enfrentarse cara a cara con la muerte? ¿El fólder, con información confidencial, podría servir de arma contra él? O de repente, ¿ya estábamos en ese preludio de guerra, a un lado de la trinchera, a la espera de la orden de ataque?

- No eres idiota, Edward –vi caer una hoja marchita al suelo, así estaba mi futuro incierto-. Si te pusieras a pensar en lo que te dije, verás que tengo razón.

- Lo sé… lo sé… perdóname Bella –me tomó de la mano, acercándose a mí-. Fui un completo idiota.

Di la vuelta, él estaba detrás, mirándome con cierto malestar. Él también sufría, lo notaba; lamentablemente, no era suficiente ya que quien saldría herido, casi mutilado de esta guerra de poder, sería yo, lo intuía.

- No me parece un buen plan.

- Tengo respaldo.

Lo miré con indiferencia.

- Los hombres y su maldito ego de macho. ¡Todo sería más fácil si le entregas la joya esa! –no dijo nada.

Él no lo haría, pues quería luchar, confrontarlo y no optar la solución más obvia y cobarde, pero… ¿vale esa opción cuando tu vida está en peligro?

- Durante toda mi vida –llamó mi atención, su voz volvía a tener el timbre armónico y pausado como el terciopelo-, he recibido comentarios y sugerencias de cómo conquistar a una mujer, pero nunca nadie me había dicho cómo comportarme cuando me enamorase de alguna, Bella… ahora te tengo a ti, como la única posesión más preciada del mundo, y no sé cómo actuar. Trato de no equivocarme, y es lo primero que hago; quiero hacerte feliz en mi mundo y sin querer expongo tu vida a las crueldades de mi familia… No sé qué hacer.

- No me quejo de nada Edward pero tengo miedo. Mucho miedo. Comprende eso.

Reiteró su tristeza y asintió como respuesta a mi pedido.

- Te amo, Bella –se acercó a mis labios, no intentó besarme-. Te amo demasiado y encontraré la mejor solución para nosotros.

Eso esperaba porque yo no podía más con estas emociones de impotencia y preocupación. Desde que conocí a Richard, me sentía más inútil y a la deriva.

Tenía miedo.

- No estoy de acuerdo con tu plan pero por favor… –le pedí, con súplica-. Cumple esta vez tu palabra, Edward.

Él volvió a asentir y yo me recosté en su pecho, pensando y esperando la hora para partir de aquel tétrico lugar que únicamente aumentaba mis sinsabores. Odiaba los hospitales; sin más, traían odio, rencor y nostalgia.

Odiaba los hospitales. Los odiaría por siempre.

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Nos desviamos del trayecto habitual para comprar en Burger King dos whopper con papas fritas y gaseosa y una porción de rollings con queso para llevarlas a casa. Ambos estábamos tan cansados por haber pasado la madrugada -y parte del domingo- en el hospital que no teníamos ganas de cocinar.

Cuando por fin llegamos a mi piso, tiré todo y me di una ducha tibia. Quería desestresarme, olvidar y sosegar mis nervios.

Luego, más relajada y cómoda con un short y camiseta de algodón, saqué la ropa a la pequeña lavandería mientras Edward arreglaba y ponía en orden mi salita-comedor para cenar las hamburguesas. Sinceramente, creo que él tenía un serio problema en contra del desorden ya que siempre lo veía arreglando, hasta en el más mínimo detalle, el desastre que era mi depa, muy diferente al estilo fresco y alegre del suyo.

Listo. Separé la ropa blanca de la de color y las coloqué en diferentes cestas. Mañana tendría que dedicarme a lavar la ropa; luego plancharla y guardarla en las maletas.

Al momento que regresé a la sala, noté a Edward absorto, mirando con espanto el sobre blanco que tenía entre sus dedos, justo en el lugar donde había colocado mis boletas y facturas del mes.

- ¿Qué sucede Edward? –pregunté tanteando. Sentí un agujero en mi pecho, igual al que sientes cuando te confiesan un secreto muy peligroso.

Su voz trémula.

- ¿Desde cuando tienes esto aquí? –extendí una mano y le recibí el papel blanco; él hizo una mueca entrecerrando los ojos de tal modo que finas arrugas se acumularon en torno a cada ojo.

- No lo sé, una semana supongo. No reviso mi correspondencia desde que me internaron en el hospital… -traté de hacer memoria-. No, mentira… No la reviso desde que regresé de Forks contigo. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

- Es una notificación de la Corte de Cook.

¿La corte de Cook? ¿La corte de justicia de Chicago? ¿La más importante de Illinois?

Las palabras cayeron por su propio peso. No necesité gesticular más… Yo ya estaba fría como el glacial; petrificada ante lo que aquello podía significar. Tragué seco… eso solo significaba que...

- ¿Me demandaron, Edward? ¿Iré presa?

- ¡No! –Abrió los ojos-. ¡No pueden! Es solo una notificación, nada importante -me dijo dubitativo-. Querrán que te persones o des algún tipo de respuesta. Nada de qué preocuparse, cariño. Además, mañana iré con Jasper a primera hora al juzgado y se lo haré saber.

- Está bien –dije todavía nerviosa-. Prométeme que apenas sepas algo, me llamarás.

- Por supuesto -me jaló hacia su pecho y me abrazó fuertemente. Hice lo mismo, dejando descansar mi rostro en el calor de su cuerpo. Él me besó la frente, todo tierno-. Nos vamos a adelantar a ellos, verás que todo saldrá bien.

Afirmé en silencio.

- ¿Yo también te doy problemas, no?

Sonrió de lado.

- No son problemas, mi amor. Solo circunstancias de la vida que suceden. Uno nunca puede luchar contra eso; más bien, encontraremos la mejor forma de lidiar con ellas.

- ¿Crees que encontrarán ayuda en el juzgado?

- Eso espero. Jasper tiene muchos contactos de renombre. De todas formas, mañana averiguaremos lo necesario para entablar la demanda por acoso laboral y amedrentamiento lo antes posible. Jasper tiene conocimientos previos, ha lidiado con casos parecidos cuando COVESA quebró y conjuntamente con su padre tuvo que asumir la defensa de los afectados, incluso de sus trabajadores que reclamaban sueldos atrasados y remuneraciones de ley.

- Oh... –respiré hondo, hundiendo mis mejillas-. Bien… No sabía que los Whitlock habían tomado las riendas del caso de COVESA.

- Sí, fue hace unos años. Les fue muy bien, lograron que indemnizaran a todos los afectados, sobre todo a los que habían pagado las cuotas iniciales por la compra de los departamentos.

Ahondé en el tema solo para sentirme más tranquila y segura de la habilidad de Jasper como abogado. Para Edward, la superioridad de sus conocimientos era la base primordial para librarme de un juicio seguro. No me quedaba otra que confiar y pensar que si el éxito ya lo había acompañado anteriormente, esta vez -sumado a su experiencia en el campo- podríamos afirmar que tendríamos otro botín asegurado.

Ganarle al tiempo…

El cielo se estaba oscureciendo y la lluvia intensificando. Como… ¿presagio? ¿Maldición? ¿Coincidencia? Un trueno retumbó entre los muros del edificio cuando Edward dejó de hablar. Esa noche volví a mostrarme inquieta. Una notificación significaba mucho para mí ya que la corte pedía que me acercara lo antes posible para testimoniar. Hasta la hora que concilié el sueño, Edward no dejó de abrazarme ni un minuto, y trató de mantenerme a su lado, reconfortada hasta cierto punto gracias a su calor y sus besos.

Mi chico mafioso, apostador de primera… Ayudándome a salir de un juicio mientras que él libraba otro con su propia familia. ¿Cuál sería el detonador? O mejor dicho, ¿cuál detonaría primero?

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11.10.06

Las horas pasaron. Cuando desperté la lluvia había disminuido, el olor a agua salada y tierra poblaba el ambiente sin mencionar la oscuridad que se extendía por detrás de las cortinas.

Algo me había despertado. ¿Un ruido? ¿El frío? ¿El repique del viento?

No.

Era más temprano que la última vez que lo vi partir. Comprobé la hora en el despertador y lanzando una mirada añorante a su silueta, vestida de gris, le tomé de un brazo…

- No te vayas, Edward… -por favor, no otra vez, pensé.

Sentí sus labios y su respiración en la piel de mi cuello cuando me acarició con un beso.

- Debo ir a la corte. Duérmete mi amor, te llamaré cuando tenga noticias.

- ¿Tan temprano?

- Sí.

Desentendida, me acostó en el colchón y me abrigó con una colcha de franela. Casi de inmediato volví a dormir profundamente, murmurando a su vez frases indescifrables, permitiendo que el sonido escapara de mis labios temblorosos y se alojaran en algún rincón del subconsciente. Podía recordarlo, habían sido frases que formaban parte de un sueño extraño, casi vago, de aquellos que olvidas al despertar.

Otra vez yo y mis quimeras, ininteligibles, pesadas, tan oscuras como una roca de acantilado.

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- Vamos Bella.

- No tengo ánimos –dije. Mire el reloj, 10:33 de la mañana. Edward aun no me llamaba.

- Iremos al Green Town. Hoy llega la pintora, ¿recuerdas?

- No... No sé ni en qué día me encuentro.

Chasqueó la lengua. Me miró adormecida. ¡Hey! No era mi culpa olvidar esos "grandes detalles" –con sorna por favor-, ya que tenía miles de cosas en la cabeza que preocuparme de unos lienzos.

- Bueno, por suerte me tienes a mí para hacerte recordar las cosas importantes.

- Alice –volví a llamarla-. No estoy de humor para eso.

- Deja de renegar Bella, mueve tu culo al auto y vámonos a distraernos un rato. Es necesario que salgas de estas cuatro paredes ya que te vas a enfermar de tanto pensar en cosas negativas. ¡Alégrate mujer! ¡La vida es una sola!

- Pero Edward y Jasper han ido a la corte, ¿cómo puedo estar tranquila? –espeté.

- Puedes. Y debes, por tu salud –me resondró-. Al menos, conversar de arte te hará sentir mejor. Créeme.

Moví pausadamente la cabeza hacia los lados y mis pestañas parecían más pesadas que antes cuando quise parpadear. Vislumbré el mosaico blanco y negro de Andy Warhol que compré aquel día en el Green Town. De repente, Alice tenía razón y lo que necesitaba era aire fresco, lejos de hospitales, cortes, y enfermedades.

- Por favor –insistió con pucherito.

Lo siguiente que recuerdo, era verme sentada en el sillón de cuero negro de su hermoso auto. Manejó como loca -atravesando los barrios polacos y alemanes que nos avisaban que el Green Town estaba cerca-, deteniéndose en la gasolinera del límite del condado para comprar un par de gaseosas dietéticas y galletas sin sal. Alice se había tomado en serio lo de mi presión alta; y yo también, no crean que no, pero trataba de no enfrascarme en mis impertinentes enfermedades y prefería pensar -a propósito- y bajo juicio racional, en no entrar a la cárcel para recuperar mi casa de Forks y salvar a mi padre.

Para mí, eran los temas primordiales. Los que estaban en el pináculo de la pirámide, en la escala de cosas importantes.

Entramos al perímetro del cercado. El modesto pero peculiar vecindario Green nos saludaba con sus maravillosos y pequeños comercios étnicos y su original decoración de fachadas cuando el cielo empezaba a oscurecerse bajo un manto de nubes color azufre. Comenzó a llover otra vez, de forma pesada y repentina, lo que hizo que aligeráramos el paso hacia la estancia.

- Buenos días, señoritas –la vendedora, de cabello negro llamada Bree, nos saludó con alegría-. Sean ustedes bienvenidas otra vez.

Sonreí ante su look empresarial y moderno, pantis negras, falda ceñida color negra y blusa de gabardina color ciruela. El cabello tan sedoso y azabache al igual que Alice, quien también lleva puesta una falda a juego con los tacones color arena que portaba. Esta vez prefería usar pantalón celeste de jean, blusa a rayas y botas de taco alto.

Nos reconoció de inmediato.

No obstante, otra vez la sensación de ser vigilada me atacó. ¿Sería mi imaginación?

- Hola Bree. Recibí tu e-mail hace dos días –le dijo Alice.

- Sí. Justamente trataba de ubicarla por teléfono ya que hubo un percance en Phoenix y, lamento decirles esto, pero Rose Esmerald no pudo venir –mi amiga frunció el ceño-. En cambio, su hermana Caroline quiere presentarse y platicar con ustedes sobre sus preferencias en decoración refinada. Ha traído unos acrílicos del norte bellísimos. Espero no les moleste.

- No, claro que no –dije.

- Ni modo –refunfuñó Alice, escribiendo en su celular. Me pareció tan raro que ella se pusiera de esa manera-. ¿Cuándo vendrá?

- No es seguro –volvió a gruñir y no despegó sus ojos del celular. Mandaba un texto.

Una mujer de cabellos negros y mirada cariñosa, tan verde como la esmeralda, la acompañaba, era la mujer del folleto. Era Caroline.

Alice tomó mi mano y la extraña sensación de que estás a punto de escuchar un secreto me invadió nuevamente…

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- Edward -

11.10.06

8:33 de una mañana fría y densa en Chicago.

Dos horas antes, cuando la iluminación era muy tenue y el frío penetraba en los huesos, tuve que salir del departamento de Bella hacia Lincoln Park, mi barrio. El trayecto era largo y preferí no toparme con el tráfico.

Hice el máximo cuidado por no despertarla ya que la noche anterior había tenido nuevamente pesadillas que la habían mantenido inquieta hasta altas horas de la madrugada; pero fue en vano, mis intentos fueron inútiles porque ni bien me levanté del colchón, ella abrió los ojos y me pidió que me quedara, con su vocecita dulce y aquella mirada de corderito que la hacía ver mucho más vulnerable. Bella había adoptado un estado de nerviosismo severo desde que estuvo en el hospital con Tom y Kali; presentía que algo malo podía sucederme ya que las amenazas de Richard habían sido claras en dos oportunidades y ambos estábamos seguros que no habría una tercera advertencia: Richard estaba empezando a actuar y el gordo FK había sido su primera víctima.

Por ello, no quería dejarla sola otra vez pero esa mañana debía ir con Jasper a la corte para ver su caso.

Conforme iba acercándome a mi barrio la neblina se volvía más espesa y amarilla. Había caído durante la noche, seguramente, desplegándose desde la superficie del lago y expandiéndose pesadamente por las calles, en torno de los edificios residenciales del Lincoln Park. Mi departamento quedaba a tres manzanas del lago Michigan y ya estaba acostumbrado a lidiar con ella y con el intenso aguacero matutino.

Sin dudarlo, hice una parada por el Starbucks y compré dos cafés lattes. Uno para mí y otro para Jasper que ya me esperaba en el pórtico de entrada de su edificio –que se ubica a dos cuadras del mío- para montarse en mi auto y llegar a las nueve en punto a la corte. La corte del condado de Cook era la que regía toda la zona central de Chicago y se encontraba a veinticinco minutos de nuestro barrio. En la oficina del secretario se presentaba la documentación relativa al juicio.

- ¿Averiguaste algo? –Le pregunté a Jasper cuando llegué a la intersección. El semáforo me detuvo.

- Muy poco –él se frotó las manos por el frío y bebió un sorbo de su café.

- ¿Qué tienes planeado hacer?

- Primero, hablaremos con Hawkes, un viejo amigo de la universidad que es el secretario de circuito del condado. Él tiene un registro con todos los casos que se han presentado ante la corte. Además, en sus oficinas, podremos revisar los expedientes; y si fuese necesario, obtener copias certificadas de carácter judicial. Creo que Bella podría presentarse en comparecencia.

- ¿Y apoyar el juicio en contra de su empresa? –pregunté procesando su propuesta.

- Sí. Podría ser. Sería un recurso. Mientras más personas den su testimonio, declaren en contra de KCV y le sumen juicios por maltrato laboral o acoso; el tribunal tendrá más pruebas y podrá dar un fallo diferente. Para ello, primero debemos saber si ya existe un juicio contra tu novia.

Lo que temía desde anoche.

- Creo que sí Jas –murmuré quedadamente.

- ¡¿Qué?!

- Bella ha recibido una notificación. Le he dicho que no tiene importancia para no preocuparla, pero…

- ¿Y por qué no me lo dijiste antes?

- Lo vimos anoche. Con todo el revuelo de Richard, la llegada de Emmett y su hipertensión, Bella no había tenido tiempo de revisar su correspondencia –me miró con desconfianza-. Créeme Jas, ni yo he podido sentarme a revisar los correos de Riley o los avances de los protocolos de obra de Jacob.

Suspiró pausadamente, dando crédito a mis palabras. Él como abogado, era muy recto y no se andaba con medias tintas.

- Dame la notificación. Iré leyendo durante el trayecto.

- Bien.

Puse el carro en marcha y seguí recto por LaSalle hasta chocar con la intersección Washington, calle que tenía doble vía y que como siempre, el tráfico había aumentado progresivamente. Aproveché para tomar mi café y calentarme las manos. Eran hielo.

- Edward –dijo con voz grave-. A estas alturas Bella debería de haber recibido más de estas notificaciones. Aquí indica claramente que la primera notificación fue enviada el 10 de septiembre, fecha en la que estábais en Roma; la segunda fue enviada el 27 del mismo mes, y la última este viernes.

- ¿Qué quieres decir?

- Que la empresa ya le advirtió tres veces lo que podría pasar si ella no da la cara y enfrenta las acusaciones. Bella debe responder antes del tiempo establecido, de lo contrario…

No dije ni pregunté nada más porque sabía que se venía lo obvio y preferí poner pie en el acelerador. Llegué a la corte como alma que corre el viento y no me detuve con formalismos, fui de frente al secretario y le pedí que nos diera información sobre la demanda número 180-10-MCC-2004, la de Bella. Me miraron como si estuviese loco y no me quedó otra que dejar a Jasper al mando de todo.

Él usó sus influencias y logramos pasar al archivo del secretario y buscamos por todos los archivadores hasta dar con el solicitado.

Efectivamente, Bella ya tenía una demanda judicial por ser cómplice de las estafas de la empresa. Según lo que la contraparte había averiguado "la arquitecta Isabella Swan es parte del equipo principal de la empresa KCV y encargada del área de producción de la misma; por lo tanto, pedimos se le incluya en el juicio contra la citada empresa de manera irrevocable ya que es imposible que no supiese sobre los proyectos a ejecutar, sobre todo del Conjunto Residencial "Tierra Verde", el cual se iba a realizar sobre terrenos que contienen arsénico, cromo y cobalto, mortales para la salud, tal y como arrojó el análisis de uso de suelo (...)"

¡Mierda! Habían investigado todo acerca de Bella, y claro, tenían a Jessica Stanley como testigo principal del caso…

"Por ello, el presidente del comité ha decidido personarse en su despacho para exigirle tenga bien se le incluya en el proceso penal contra la empresa KCV, exigiendo a su vez, la indemnización citada párrafos arriba (…)"

¡Demonios! ¡Lo que pedían era una injusticia!

Seguí leyendo la solicitud y en el mismo file, encontré un serie de formalismos y cláusulas que preferí no leer. No era necesario entrar en detalles. Todo estaba clarísimo: Bella tenía una demanda en contra.

La única solución aquí era Jasper ya que como abogado conocía muy bien las artimañas empleadas en juicios como estos. Yo estaba desesperado y muy angustiado por Bella y me parecieron eternos los veinte minutos que tuve que esperar en la sala hasta que él regresara de sacar copias de los expedientes.

- ¿Qué vamos a hacer? –le pregunté sin perder tiempo.

- Lo más lógico aquí es presentar un recurso de amparo presumiendo inocencia y posteriormente, mientras es aceptado por el juez, Bella tendrá que comparecer contra KCV sí o sí; antes que la misma empresa vaya contra ella.

- ¿Podremos hacerlo antes que ellos?

- Claro. Hoy redacto los escritos correspondientes y mañana a primera hora venimos con Bella para que los firme y presente.

- Bien –no, no todo estaba bien aunque tuviese solución, pensé.

Una vez más, Edward Cullen quiso ser héroe y no le resultó.

Edward Cullen es idiota.

Cállate.

- Tranquilo hermano. El juzgado tiene que saber que Bella está dispuesta a testificar. Demostrándole las pruebas de acoso laboral y amedrentamiento, verás que el juicio del comité quedará en cero. Se disolverá y ella solo tendrá que personarse a declarar en contra de KCV cada vez que lo soliciten.

- Confío en ti, Jas –me dio una palmadita en la espalda y guardó las copias en su maletín.

La solución de Jasper me daba cierta calma, pero a la vez rabia y fastidio ya que mi Bella tendría que enfrentar un juicio siendo tan joven. Quien la conocía como yo, sabría que ella era incapaz de hacerle daño a alguien; era una mujer lista, sensible y muy vulnerable aunque ella dijese o aparentase lo contrario… Entonces, ¿por qué tuvo que pasarle esto? ¿Los más inocentes siempre tendrían que pagar las injusticias de los vivos? Sí, los marrulleros se salían con la suya en todas las ocasiones, ahí teníamos al viejo Chang… Yo lo viví también… con Carlisle, el ejemplo más real y cercano.

¡Y para qué tuve que recordarlo! ¡Demonios! Cada vez que lo hacía, se me revelaba la petulancia y soberbia que tenía su mirada. Ya me lo imaginaba presumiendo, sonriendo con malicia, echándome en cara su altanería y su no siempre buen juicio.

"Esa muchacha debe tener un montón de problemas judiciales y quiere que tú seas el idiota que le arregle los líos.", me había dicho en Italia, "hoy son pequeños malentendidos, mañana serán problemas judiciales y pasado mañana terminarás tú en la cárcel por ella, manchando el nombre de la familia."

¡Él y su familia! ¡Como si él supiera su significado! De allí solo valían la pena William, Emma –con todos sus exquischoses- y Alice…

Sinceramente –sin temor a nada- me gustaría ver a Carlisle para encararlo y decirle que sí, que él tuvo razón en una cosa: Bella tenía problemas judiciales pero aun así, yo no sería el hombre que él fue, incapaz de ayudar a la mujer que supuestamente amaba –mi madre-; todo lo contrario, yo sí daría la cara por Bella, pondría mis manos al fuego y mi amor no disminuiría ni en un gramo.

Ya se daría la oportunidad; pero por ahora, debía enfocar mis energías en ayudarla. Sacarla de este lío impropio.

- Vamos Bella, mi amor, responde –insistí a la salida de la corte. Le rompía el celular y ella no contestaba.

- Debe estar con Alice –me tranquilizó Jasper.

- Tengo que darle la buena noticia… prometí llamarla… ¡Espera! -escuché un barullo al otro lado de la línea-. ¿Alo? ¿Bella?

- ¡Edward! Discúlpame por no responderte antes. Alice me entretuvo con unos bodegones preciosos para el comedor y no pude resistirme…

- ¿Verdad que le vas a comprar todo lo que ella quiere? –esta vez, fue la voz de Alice interrumpiendo.

- Sí enana –reí-, ahora pásame con mi novia.

- No le hagas caso Edward. Dime, ¿averiguaste algo?

- Ponlo en altavoz. Esto es importante –pidió mi prima. Sonreí.

- ¡Tengo buenas noticias! Y una mala.

- Oh…

- Primero la mala –tomé aire-. Acabamos de comprobar que las notificaciones que te llegaron se deben a una demanda extrajudicial que planteó el presidente del comité de afectados.

- ¿Comité? –la sentí inquieta.

- Sí, todos los "virtuales" compradores de los departamentos del condominio han formado un comité para que vele por sus derechos y se han personado a la Corte para demandarte a ti también.

- Entonces… -pronunció con un hilo de voz.

- Ahí viene lo bueno. Jasper ya encontró la solución.

- Sabía que Jas podía hacerlo. ¡Por algo es el hombre de Alice Brandon!

- Ya, Alice, ¡para! Edward, continúa por favor.

Empecé a explicarle con detenimiento cada detalle y cómo logramos acceder al archivo del secretario del condado hasta la solución de Jasper: -Así que Jasper redactará los recursos de amparo para presentarlos mañana mismo. Por otro lado y al mismo tiempo, te presentarás a comparecer, es decir, declararás contra KCV. En cualquier caso, tenemos que adelantarnos a tu empresa.

- Bien… -le escuché decir un poco desganada. La alegría con que me había respondido el teléfono hace minutos había desaparecido fugazmente, recibió una cachetada por parte de la realidad.

- Vamos Bella. No es negativo. Podremos manejarlo –la calmé-. Con las pruebas que tengo reunidas verás que el juez comprenderá y aceptará tu comparecencia. Tú eres solo una víctima más de esos inescrupulosos.

- Gracias Edward. Gracias Jasper. No sé qué haría sin ustedes. Me han salvado la vida, me han devuelto un poco de mi tranquilidad. Solo espero que mañana se empiece la solución a todo…

- Sí, mi amor –volví a confirmarle la buena nueva. Le di ánimos y por fin sentí que Bella hablaba de otra manera, más pausada y tranquila, hasta podía tentar que propinaba felicidad. No era para menos… una luz al final del túnel.

Jasper tenía la solución.

Por fin.

.

.

- ¿Así que nuestro abogado estrella encontró la solución?

Reí ante la ocurrencia de Riley mientras estacionaba mi auto.

- Te noto más tranquilo, Edward.

- Es un peso menos de encima, Riley. No te puedes imaginar la tranquilidad que le ha dado a Bella.

- ¿Pero iniciarán juicio de todas maneras?

- Sí… es lo más probable. La constructora no dejará pasar una oportunidad como esta. Desprestigiada su imagen, la mejor salida es acusar de todos los cargos a sus trabajadores y el blanco fácil aquí es Bella; pero Jasper ya halló una solución para interferir antes que su empresa.

- Entiendo… ¿y ya abriste mi mail? Recuerda que sin tu firma, el banco no quiere realizar la transacción.

- Recién estoy llegando a la oficina –le informé, abriendo la puerta.

- Llámame cuando hayas leído todo.

Respondí y colgué.

A mi oficina llegué pasadas las tres de la tarde. Alice acompañaría a Bella el resto del día, como me lo hizo entender por teléfono; así que trataría de no preocuparme y me concentraría en el trabajo pendiente. Tenía a la empresa abandonada.

Aunque fuese increíble, llevaba varios días sin venir y observar la hermosa vista al lago. Cada vez que tenía un problema o se nos complicaba un proyecto, solía permanecer varias horas observando la oscuridad del Michigan desde su lado oeste; hasta sentirme renovado e inspirado para seguir lidiando con el trabajo. Con Jacob y Riley en Seattle, y los problemas personales que tenía, la había tenido descuidada. Nuestra empresa era pequeña, con dos o tres proyectos por trimestre pero con mucha proyección para el futuro. Desde siempre quise ser independiente, ganar mi propio dinero aunque eso significara empezar desde cero, sin apellidos de por medio.

Cuando me senté en la silla giratoria y abrí la laptop, me perdí en mis bosquejos y planos. Quería perfeccionar el diseño del centro de ayuda para niños abandonados, sin casa o recursos.

El tiempo corrió como nunca. Miré el reloj, había subestimado cuanto tiempo me tomaría llegar a la oficina; revisar mi correo corporativo; responder la montaña –literalmente hablando- de emails; y retornar con Bella para cenar juntos. Cualquier otro día, me hubiese programado mejor para no dejarla sola tanto tiempo pero desde que regresamos de Forks se dieron cita tantas circunstancias que me prohibieron de manera adusta encargarme de mis tareas cotidianas.

Había respondido ya los correos importantes de los Federline. Estaban contentos porque la obra avanzaba bien, a ritmo pero querían saber si el presupuesto iba a la par. El presupuesto es primordial en una obra de construcción y mucho más para los Federline que contaban hasta el último dólar.

Finalmente, abrí los emails de Riley. El internet se había puesto lento, un cosquilleo en mi pecho atrajo mi atención pero también noté otra cosa, algo que sentía pero que no le podía dar nombre. Una extraña sensación de confabulación. Como si estuviera atravesando otra dimensión, como si al abrir el correo estuviera aceptando un pacto al infortunio, cuyas reglas, por supuesto, desconocía.

La primera imagen era un jardín.

Grandes árboles de troncos gruesos y copas frondosas. El ambiente era maravilloso. Hermoso, esa propiedad se convertiría en mi centro de ayuda a los niños abandonados.

Sin embargo…volví a observar bien las próximas imágenes.

Había algo en ese jardín que me recordaba el patio trasero de la casa de Bella. Pequeños senderos de cemento serpenteaban entre los arbustos, llenos de florecillas, dirigiéndose hacia los setos. Entre ellos noté un espacio pequeño pero suficiente para mostrar un muro de piedra, cubierto de musgo. La valla límite.

Otra imagen… Otro ángulo del terreno desde el cual brillaba el paisaje verde oliváceo que se abría alrededor de la casa. Los altos y grandes pinos de fondo, incluso, culpen a mi subconsciente, veía pequeñas tonalidades de lila, añil y violeta en la delgada línea del horizonte donde el cielo empieza a rebatir su color.

Palpitaba mi corazón, arrítmicamente. Era un déjà-vu, regresar a meses atrás. Eso no era un terreno como quería… era una…

- Mande hombre.

- Riley una pregunta –había marcado su número de inmediato-. Estoy viendo las fotos que me mandaste… ¿Esta es la casa que compraste? ¿No te pedí un terreno?

Los balaustres blancos, los detalles de formas caprichosas en el pórtico de entrada me sorprendían. Riley hizo una pausa, una melodía fúnebre, el tic tac del reloj me acosaba.

No. Esto no podía ser.

Era imposible.

Jamás podría el destino cruzarse de esta manera.

- Sé que querías un terreno pero esa casa iba a entrar en remate… ¡Es fantástica! Hice un buen trabajo, ¿no?

La imponente fachada…

El sofá hamaca púrpura.

Era su casa. La casa de su padre.

- Es la casa de Bella –dije finalmente, tragando en seco.

- ¿De Bella? –Preguntó incrédulo-. ¿Bella tu novia?

- Riley, ¿cómo es posible que yo haya comprado esta casa sin saber?

- ¿No te parece bien?

- ¡Maldita sea! ¿No entiendes? –golpeé mi escritorio y tiré la pila de papeles que ahí tenía-. ¡Es la casa de Bella! –exclamé a viva voz.

- ¿Seguro?

- ¿¡Me crees loco?! ¡Esta es su casa! ¡Puedo reconocer los balaustres del porche y el camino de piedras, y la hamaca! ¡Esta es!

- Bueno hombre, cálmate. La casa estaba hipotecada y el banco desesperado por conseguir dinero. Tenía varios meses sin pagar y la oferta que nos dieron era muy buena, no podía dar un paso atrás.

¡Maldición! Creí que me habían golpeado con un mazo en la cabeza y no podía mirar, pensar o actuar con rapidez.

- Aquí… -murmuré leyendo los papeles escaneados del banco-, indica que el precio que pagaste es mucho menor a lo que realmente vale. ¡Prácticamente le he arrebatado la casa con una miseria! –volví a golpear la mesa.

- Es tu culpa, ¡te mandé las fotos hace dos semanas!

- No estaba en condiciones de revisar el email. Si no recuerdas, estuve inconsciente y Bella muy enferma.

- Bueno…

- ¡No! Nada está bien Riley.

- ¡Claro que sí está bien Edward! Sin querer compraste la casa, así que Bella está a salvo. Ya no habrá más hipotecas a su nombre ni el de su padre.

- ¿Es que no lo entiendes Riley? He comprado la casa del padre de Bella de manera injusta. Le he quitado la oportunidad de mantener su casa. ¡Es más el precio esta muy por debajo de la tasación! ¡Han amenazado a su padre con que tiene que dejar la casa en diez días de los cuales ya han pasado cinco! Su padre sufrió un ataque cardiaco por mi culpa.

- No, no Edward. Tú no hiciste nada. Ella sabrá entenderte, y verás que te lo agradecerá porque ya no tendrán que hacer ningún artificio para recuperar la casa. Es tuya.

- No lo sé.

- Piénsalo. Convérsalo con Jasper y Sam y verás que te dirán lo mismo.

Quizá mi amigo tuviese razón. No todo era negro, tenía algunos matices grises… Si Bella lograba entender mi pequeño desliz tendríamos solucionado uno de los problemas más difíciles para ella. La casa sería suya por siempre y su padre podría vivir tranquilo. Igual, yo seguiría en mi búsqueda de un lugar perfecto para mi proyecto… podría ser Chicago.

- Además recuerda que el banco necesita que firmes unos papeles como gerente general de nuestra empresa. El poder que me diste no tiene las facultades necesarias para que yo tome ciertas decisiones, solo tú como apoderado puedes hacerlo.

- Sí, claro…

- Eso también podrías explicarle a Bella. Verás que te entenderá.

- Eso espero… Bueno, tendré que ir. Lo más probable es que esté unos días en Forks también ya que tengo pensado traer al señor Swan a Chicago para que empiece un tratamiento especializado.

- Me parece perfecto.

Exhalé con toda la fuerza de mis pulmones. Claramente veía la solución, me parecía fiable pero, ¿lo sería para Bella?

Todavía perduraba en mí, la sensación de confabulación. El destino se había empeñado en hacernos sufrir… abrí el correo… no tomé buenas decisiones… ahora debía vivir con el peso de las consecuencias. Había aceptado sin querer el pacto del infortunio, cuyas reglas, seguía sin conocer.

- Luego hablamos.

- Edward, por favor, todo está muy bien.

Colgué y de inmediato entró otra llamada. Posiblemente estuviera en espera y yo no me di cuenta. En este instante, nada me parecía más problemático y difícil de solucionar que la compra de la casa de Bella en Forks.

Seguí procesando la información anterior, y otro golpe de mala suerte chocó contra mí. Un aire frío me escarapeló el cuerpo y de un momento a otro percibí la atmósfera cargada de irrealismo e idoneidad.

- ¡Edward! ¿Aló?

Era una voz desgarradora.

- ¿Qué pasó? ¿Por qué gritas así?

- Tienes que venir… ¡no! –fue otro grito nacido desde el alma, gutural-. Tienes que ir a la comisaria, ¡se le están llevando, Ed!

- Cálmate Alice y dime ¿qué pasó? ¿A quién se están llevando?

- KCV ha mandado apresar a Bella por malversación de fondos, estafa e incumplimiento de contrato –dijo velozmente-, se la llevan para que no se fugue nuevamente del país.

- ¡¿Qué me estás diciendo?! –grité.

- Dicen que la primera vez que viajó fue a propósito para evadir la responsabilidad sobre la estafa. La policía ha conseguido papeles de migraciones y copia de su pasaporte.

- ¿Dónde está?

Hizo silencio. ¡Otra vez ese maldito silencio sepulcral!

- Presa. ¡Se la han llevado presa Ed!

Y eso fue todo. No requería más información para que la rabia contenida de hace días gobernara mi cuerpo con ímpetu y doblegara su intensidad por mis venas. Quería matar al primer tipo que se cruzara en mi camino.

Con Bella, mi novia, nadie se metía.

Marqué el teléfono de Jasper como pude y lancé toda mi ira. La furia teñía mis pupilas de rojo. Sangre. Desprecio.

- Se llevaron a Bella presa.

- ¡¿Cómo?!

- Luego te explico. Ahora, ¡quiero a esos imbéciles sin escapatoria!

.

.

¤•¤•¤•

- Bella -

Caroline tenía un don maravilloso. Dominaba el arte en acuarela de manera prodigiosa. Y ni qué decir de su creatividad para trabajar el acrílico con mucha elegancia. Nos contó que su abuela había influenciado mucho en su vocación y al igual que su hermana Rose Esmerald, habían llevado talleres de ensamble escultórico. Su especialidad eran los bodegones, de lienzos grandes y tonalidades fuertes. Para el comedor de Edward, quedarían perfectos con un marco doble de madera y vidrio opaco.

- Mis piezas están planteadas para comunicar comenzando por una idea, un objeto hasta una sensación. Trabajo el material en lo contemplativo, logrando su máxima capacidad sin llegar a la necesidad de forzarlo.

- Es perfecto –quedé sorprendida-. No había visto estos cuadros de acrílico la primera vez que vine aquí. Me centré solo en los paisajes.

- Mi hermana tiene ese efecto, suele atraer a la gente sin siquiera estar presente –sonrió-. Lamento que no la hayan podido conocer hoy.

- Descuide, habrá una nueva oportunidad –respondí de inmediato. Se le notaba apenada; contrariamente a como Alice se mostraba. Al principio, enfocaba su energía en su celular, entre distraída y enojada y cuando miraba a Caroline, lo hacía de manera sospechosa. Más tarde, Emmett la llamó por teléfono y salió a hablar con él; cuando regresó la noté totalmente cambiada, con sus instintos de Minnie Mouse activados y enfocados en inmensas fotografías que aportaban perspectiva y amplitud. Sus ojos de diseñadora de interiores volvían a la marcha.

- Mira Bella, imagínate este cuadro en tu recámara. ¿No te parece maravilloso?

- Claro… pero ya te dije, hablaré con Edward primero.

- Tonterías. ¿Quién no quisiera una pintura así? La seguridad en los trazos y espontaneidad en la ejecución la hacen ver como una pintura con carácter pero sutilmente fresca –me explicó-. Perfecta para ustedes.

Ladeé la cabeza, pensativa. A Edward le encantaría.

- Si me disculpan, les podría mostrar otras acuarelas donde el mérito es la transparencia de los colores –agregó Caroline.

- ¡Quiero verlos! –exclamó-. ¿Solo usan la goma arábiga?

- Por supuesto; en muchos otros, se añadieron otros componentes.

Y seguimos discutiendo sobre arte; más tarde paseamos por la galería fotográfica, y comentamos miles de combinaciones en materiales y colores para el nuevo depa de Edward. Encontramos otro recoveco pequeño pero acogedor lleno de chucherías de cristal.

El barullo de la calle no me permitió escuchar la melodía de mi celular. Y por andar de curiosa en las galerías, había olvidado lo primordial. Gracias a Dios que revisé mi cartera y noté que mi celular tenía la pantalla encendida.

Había varias llamadas perdidas.

- Es Edward. Ha estado llamando –comenté ansiosa. Todo lo que había vivido hasta ese entonces, se borró de mi memoria. Solo me concentré en lo que esa llamada podía significar.

- Contéstale –se le notaba muy positiva.

Ni bien volvió a sonar, contesté. Era él nuevamente. Mi alma pendía de un hilo en ese momento. Temía que mi temor más grande se hiciese realidad.

Y estuvo a punto… Sí, los compradores de los departamentos de "Tierra Verde" me habían demandado, pidiendo a la corte se me incluyera en el juicio contra KCV. Edward me relató rápidamente lo que había sucedido. Era lógico que ellos quisiesen una indemnización pero ¿por qué me acusaban? ¿Por encubrimiento ilícito? ¿Por no tener dinero y soportar los vejámenes de ese par de viejos corruptos? Ellos no tenían idea de lo que realmente pasaba, ¡yo era una víctima más!

Felizmente Jasper había encontrado una solución para defenderme y mantenerme exenta del juicio, lo cual agradecería por siempre.

- ¿Ves? No había nada de qué preocuparse Bellita –me dijo Alice cuando colgué la llamada.

- Todavía tengo miedo, ¿y si Jasper se equivoca? ¿Y si el juez no entiende mi situación?

- Claro que lo hará, tontita. Jasper es muy buen abogado, su padre maneja uno de los mejores bufetesde Chicago. Créeme.

Confiaba en sus palabras y en la solución de Jasper: el recurso de amparo y declarar contra mi ex empresa.

Temblaba por el acuerdo de confidencialidad que firmé, sí, es cierto; pero también había sacado coraje para defenderme y ahora estaba totalmente dispuesta a declarar en contra de ellos. Me habían hecho tanto daño que no quería verlos nunca más en mi vida. Había estado engañada con esa gente, con James, Victoria, el viejo Chang, Smith y Jessica, mi propia secretaria, que con su cinismo y frescura me había boicoteado, había preferido el dinero a nuestra amistad; claro, porque de seguro recibió plata por aquellas declaraciones.

Aun me era difícil procesar su imagen en el hospital, parada, cara a cara contra mí, con instintos de venganza. Sin embargo, ella no debió meterse conmigo sino con la empresa en sí.

Pero… Felizmente, después de la tormenta estaba llegando por fin la calma...

Alice insistió en que volviéramos a la galería de Caroline. Quería tomar nota de unos cuadros que podían servirle a un cliente suyo. Aunque no quisiera reconocerlo, después de la llamada de Edward, me sentía mucho más tranquila…

Por fin.

.

.

Al salir, el viento azotó mis cabellos, retorciendo mi coleta dentro afuera y al revés, como si fuera una serpentina. Furiosas nubes habían cubierto al sol; la calle yacía casi vacía bajo el manto de la turbulenta tempestad. Me cubrí los hombros con la chaqueta azul de Edward mientras buscaba el auto rojo en el sardinel del frente… De pronto, mi escaneo visual fue intervenido cuando un punto negro, al fondo, brilló de manera intempestiva: en la esquina, una camioneta negra estacionada. Me detuve iracunda e hice una pausa momentánea para recuperar el aliento.

Richard…

Fue lo primero que vino a mi mente bajo el atroz y casi desgarrador recuerdo suyo. ¿Sería Richard? ¿Me habría estado siguiendo? ¿Sería capaz de secuestrarme para chantajear a Edward con la finalidad que este le diese el Amaretto? Dios… tantas dudas, tanta incertidumbre por una estúpida joya.

Aun así, no me iba a quedar ahí para averiguarlo.

Tomé a Alice del brazo y sin mirar a los costados la llevé a su auto. Comenzó a llover otra vez, de forma pesada e imprevista. Agujas de lluvia golpeaban la carretera empapada… Me encantaba la lluvia, el olor a tierra entraba por la ventanilla. Reía con Alice mientras planeábamos un viaje –estilo vacaciones- al norte del lago Michigan, donde pequeñas ciudades se dedican al turismo. Podríamos disfrutar de las playas, navegar en bote o quizá acampar un fin de semana, tal como en American Pie. La idea era darnos una escapada de todos los problemas, darle fin a los juicios.

Ya todo lo veía con más claridad. Dejaba poco a poco de tener miedo.

De pronto, una llamada, abrupta entró:

- ¿Aló Bella?

- ¡Jeni! ¿Qué sucede? ¿Charlie está bien? –fue lo primero que se me vino a la mente a pesar de que hace dos días, yo había hablado con mi padre.

- Sí… Charlie está mejor… Bueno, en lo que cabe lo posible. Dice que ya se resignó a la idea de perder su casa, para él, perder a Renée fue lo más difícil en su vida, ¿para qué sufrir más por una casa, aunque esta significase desprenderse de lo que más quiere?

- No puedo creer que siga pensando así.

- Es su casa… -dijo con voz apagada, no era la misma Jeni de Forks.

- Le prometí recuperar la casa.

Jeni hizo silencio cada vez que se lo repetía. ¿Me estaría ocultando algo más?

- Bella, necesito hablar contigo.

- No podré viajar… ya sabes, por el juicio.

- Sí. Por ello, hoy mismo viajo para Chicago. Lo que tengo que decirte es muy delicado.

- ¿Qué sucede Jeni? –no era para nada normal que ella viajara intempestivamente-. Me estás ocultando algo sobre Charlie, ¿no es así?

- No… -alzó la voz-. No lo sé…

- Habla claro.

- Te estoy llevando los papeles de la compra de la casa de tu padre. Hace unos días llegaron por correo. Supongo que el banco se tomó la delicadeza de mandarlos luego de que Billy hiciera la queja en la oficina principal… Cuando los veas… ¡Oh Bella! ¡Lo siento tanto! ¡Nunca dudé de él…!

- Jeni, ¿qué quieres decir? –volví a preguntar con voz quedada. De inmediato y no sé por qué, pero así funciona la mente, maliciosa y persuasiva, recordé el fólder que me alcanzó Richard. Tenía varios papeles, un secreto, una verdad…

- Tengo el contrato de compra y venta… No sé como decírtelo, pero engañaron a tu padre. Se aprovecharon de su vulnerabilidad y desesperación para arrebatarle la casa a un precio bajísimo… Lo siento.

- ¿Quién fue Jeni?

- En unas horas estaré contigo y lo sabrás… ¡lo siento tanto! ¡Se veía tan educado y correcto!

¿Quién se veía educado y correcto? ¿De quién me hablaría Jeni? Podía ser… No, jamás… Algo estalló en mi pecho. Un presentimiento.

Empecé a sudar frío apenas ella colgó para abordar el avión. Me era imposible respirar con regularidad a pesar del viento en mi rostro y temía desmayarme a causa de una subida drástica de presión.

El fólder de Richard. Con un rayo de luz irrumpió y quebró mis cavilaciones… ¿Por qué mierda tenía que recordarlo otra vez? ¿Es que acaso…?

Alice no logró detenerse en la autopista pero tampoco me bombardeó con preguntas. Solo tuve que decirle que manejara más rápido porque necesitaba llegar a mi departamento para revisar unos documentos.

Necesitaba revisar hoja por hoja el contenido de ese maldito fólder, aun sin Edward. No podía ser casualidad que justo hubieran enviado uno de similares características a la casa de mi padre. No era justo que la gente que compró su casa se aprovechara de su estado de salud.

Aquí había algo más… un secreto que no se igualaría a nada.

Ni bien entrábamos por la calle de mi edificio, cuando, entre la llovizna y las ventanas empañadas, vislumbramos una pila de coches blancos estacionados en la parte derecha de la pista. Dos hombres, vestidos con camisa y pantalón de color azul noche abrieron la puerta de sus autos y caminaron hacia la puerta de mi edificio. Sus placas brillaban en sus pechos por la luz del vespertino día mientras que el arma negra, de calibre treinta y dos denotaba seguridad y amenaza, imposible no verla. El uniforme lo había visto a diario en Charlie… Yo misma le había colocado el sombrero de policía durante tantos años en Forks.

- ¿Señorita Isabella Swan?

- Sí –tragué en seco.

- Soy el teniente Grissom. Tengo una orden de captura contra usted por malversación de fondos, manipulación ilegal de información, estafa e incumplimiento de contrato a favor de la empresa KCV.

- ¡¿Qué?! –grité.

- Debe haber un error –dijo Alice.

- Ninguno, señoras.

- ¡Pero si en la empresa me dijeron que Chang no había hecho nada! –volteó a mirarme, como buscando de alguna manera una respuesta a la intromisión del policía- Edward acaba de decirte que tiene la solución, ¿por qué irás a ese horrible lugar? –agregó desesperada.

- No lo sé… pero… Alice…

-¡Oh! ¡Fue Jessica! ¡Los tiene a todos controlados! ¡Sarta de mentirosos!

Por el rabillo del ojo, noté cuando el policía llamaba a sus lugartenientes.

- Voltéese y acompáñeme –Grissom mantuvo la voz calmada, lo contrario a Alice que empezaba a llorar y temblar.

- ¡¿Qué?! Pero... ¿A dónde me llevará? ¡No!

- Es mi deber.

- ¡No! –forcejeé siendo esposada.

- ¡Bella!

Lo próximo que mis ojos enfocaron en el horizonte, fue una camioneta negra; a Alice completamente desesperada probando sin éxito llamar a Edward o Jasper; y yo siendo trasladada en un auto de policía a donde seguramente sería mí morada por las próximas décadas. Iba a la cárcel por un camino largo y extenso lleno de hojas secas y marchitas, limitado por una llovizna que reflejaba la herida de mi corazón… Era el llanto de mi alma, tal y como lo predije para mi futuro.

Iría a la cárcel.

.

.

Estaba harta de saber qué mierda pasaba a mi alrededor, porque siempre tenía tan mala suerte y por qué, por más que me sacrificara o pusiera todo de mi parte, terminaba siendo una estúpida.

Sentía fastidio, desprecio y cólera. Mi alma estaba mancillada, mis derechos estaban siendo pisoteados, tirados en el suelo pidiendo por alguien que se atreviera a ayudarlo.

Burlada y usada por mi empresa, quien para librarse de los cargos, me acusaba de todos ellos. Para Chang y Smith, prácticamente yo tenía la responsabilidad de sus malas y viles acciones en Tierra Verde; y por no acudir a trabajar estos días, se habían aprovechado del acuerdo de confiabilidad para meterme presa…

Sabía que era peligroso, pero estaba decidida a declarar en su contra. Mañana lo íbamos a hacer, a primera hora, el plan era perfecto… pero ellos se adelantaron. ¡Maldita sea! ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Qué castigo estaría pagando?

Pisoteada, mancillada, estúpida, usada, burlada. Todo. Era un sinfín de interpretaciones, donde no existía lógica y la única razón de haber existido había sido reducida a nada, a una realidad estúpida, sin sentido, donde siempre y por siempre, la maldad triunfaría, el ego, el poder, las influencias y el soborno eran los reyes del imperio de las altas sociedades.

Ellos hacían lo que querían con nosotros.

Barrotes fríos.

La cama de cemento fría, áspera, tosca como las miradas de algunas mujeres a mi alrededor. Paredes oscuras, sin vida... el hospital no era nada en comparación a la prisión.

- Aquí está el fólder, Bella –Alice había ingresado a la triste carceleta gris y me extendía por entre las rejas, el fólder de Richard, el cual le había pedido por favor me lo trajera hasta acá en mi única llamada que tuve por derecho-. Edward no tarda en venir.

No le hice caso, mis ojos se clavaron en el fólder. Ahí estaba mirándome como un elefante blanco en medio de la sala.

Podría estar presa, en la celda treinta y tres, pero la angustia y la incertidumbre no me abandonaban. Cuando ellas se incrustan en tu ser, hasta en lo más profundo del subconsciente, no existe quién o qué efectivamente capaz de extirparlas. Es como una adicción, mientras más pruebas lo prohibido, tus ansias se vuelven más apasionadas e impetuosas.

Treinta y tres segundos pasaron para que comprendiera en su totalidad el contenido del fólder. Bastó leer el título.

El tiempo corrió. Alice tuvo que salir. No me fijé.

Lo que me dijo Richard no fue una advertencia. Para nada. Lo que trató de decirme Jeni por teléfono no se comparaba a la tamaña bomba que tenía entre mis manos. Acicalada e inquieta releí con detenimiento los párrafos, el fólder enviaba señales ardientes bajo mi mano para que actuara de inmediato. Sin embargo no lo hice, no podía combatir la profunda angustia y desasosiego que estaba sintiendo.

Edward me había mentido.

Edward me había utilizado.

Edward estaba frente mío...

- Bella, no me quisieron dejar pasar.

- ¿Puedes marcharte?

Tiré el folder en la cama de cemento.

- ¿Qué? Pero qué pasa mi amor.

- ¿Qué pasa? –repetí colérica-. Pasa que, aparte de que mi empresa me haya denunciado a la policía, mi novio compró la casa de mi padre sin consultármelo, aprovechándose de su pobreza y vulnerabilidad, para pagar una miseria -él abrió los ojos abruptamente-. ¿Sabes que más pasa? Que no puedo creer que en tu afán de coleccionar propiedades y joyas, te hayas aprovechado de mí. ¡Debiste habérmelo dicho! No actuar a mis espaldas… pero claro, eres Edward Cullen el que me mandó investigar hace meses…

- No Bella, escucha... Yo no sabía nada... Acabo de ver los correos de Riley. Aun falta mi firma, ¡así que no he comprado nada!

- ¿Y crees que te crea esa mentira? ¡Tú estabas al tanto de todo Edward! ¡Siempre lo estuviste! -grité, más que rabia sentía dolor por el abuso que se cometió contra mi padre-. Aquí en el fólder, está la copia del contrato de compra y venta de mi casa de Forks, ¿y adivina qué? Tiene la firma de mi padre y la tuya. Tiene su huella digital… ¿ahora lo negarás?

- Es una locura, ¡nunca lo hice!

Llevé mi mano a mi nariz y la apreté con fuerza. Ya no sabía qué pensar. Algo aquí no estaba bien… pero por ahora, no tenía cabeza para nada… ¿Quién la tendría? Tenía a Charlie enfermo, recuperándose de un paro cardiaco; tenía un juicio de mi misma empresa KCV; tenía una demanda en mi contra que posiblemente tuviese solución; tengo un novio que dice ser inocente…

No daba más. Mi cabeza estallaría en cualquier momento. No podía verle la cara, todavía no.

- Edward. Por favor márchate y déjame sola. En este momento no quiero hablar con nadie.

- Pero Bella, déjame pagar la fianza y nos vamos a casa a charlar –suplicó.

- ¡No! No quiero nada tuyo aunque eso signifique quedarme presa. Te adueñaste de mi casa, ¿para qué más?

- Pero…

- Solo márchate –murmuré entre dientes. Vi sus ojos apenados y muy rojos, conteniendo lágrimas.

Mi decisión estaba tomada.

Quizá, esta sería la última vez que viera a Edward frente a mí.

Quizá lo viese mañana, pero hoy, no quería saber nada de él ni de nadie. Estaba muy dolida y confundida. Prefería estar sola para pensar, pagar mis penas y abrumarme bajo el manto de la oscuridad y soledad de cuatro frías paredes grises.

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FIN DE LA PRIMERA PARTE

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*NOTAS*

Gracias por leer hasta aquì. No solo el capìtulo sino todo el fic ^^.
Gracias por confiar, por seguir aguantandome y por darle una oportunidad a esta historia. *-* Han sido de mucho apoyo.

Y bueno, ahora... por fis ¡entiendan a Bella! Ella ha pasado por muchas cosas en estos momentos, y no sabe que hacer. Està harta de todo, està en la càrcel, su padre esta mal y por culpa de la compra de su casa... pues es lògico que se sienta confundida y que no quiera hablar con nadie. Ponganse en su lugar... veràn que después todo se calmará... ¿así es el dicho, no? :)

Ahora me voy a esconderme tranquila para que me tiren los tomates, lechugas que quieran... *lu piensa un lugar bien lejano para esconderse*

=) el proximo capìtulo, inicia la segunda parte del fic. Es como marcar un momento cumbre y luego empezar a descender... hacer creìble una vivencia, cosas de la vida. Porque les digo... sì pasa, y hay casos que ni creerìan! Además, aun falta mucho por descubrir, desenmarañar todas estas situaciones... no olviden siempre leer los pequeños detalles.

Un besote a todas ^^ se les quiere! espero no demorar mucho con el proximo capìtulo. Las quiero nenas!

Lu.


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