Notas: Chicas nuevamente por aquí. Agradecerles por su apoyo y hermosas palabras que han tenido para conmigo y la historia. =)

Se les quiere a todas! Espero que este nuevo capítulo sea de su agrado.


.:: Construyendo Fantasías ::.

Capítulo 35

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Bella

Sentí cómo un ligero escalofrío me recorría la espalda a la par que unos ojos zafiro aparecían frente a mí acompañados de una sonrisa maquiavélica. Los ojos de Carlisle, los ojos de Richard. Aquellas miradas que infligían temor y que automáticamente relacionaba con Elizabeth Masen.

- ¿Cómo que apareció la madre de Edward? Ella falleció… -murmuré.

- No –respondió el grandulón-. Jamás pasó eso.

Clavé mis ojos en Emmett exigiéndole una explicación pero ni se inmutó; giró hacia la ventana ignorándome, totalmente resentido. La madre de Edward no podía estar viva. Él mismo me lo había dicho en Capri.

- Oh Alice, ¡explícame por favor!

Mi amiga suspiró y decidió por fin romper su silencio.

- Mira Bella, hemos venido para hablarte sobre tía Elizabeth. No te lo dije antes porque no quise sobrecargarte de preocupación, ¡pero ya estuvo bueno! Tuviste tiempo para arreglar la situación de Charlie, ¡ahora Edward te necesita!

La miré aún más confundida, exigiéndole una aclaración y que se dejara de rodeos de una buena vez; sin embargo Emmett comenzó a divagar en mi sala; Jake trató de detenerlo murmurándole Dios sabe qué, pero fue imposible; habló en voz alta e interrumpió lo que Alice había tratado de explicarme:

- ¡No Jacob! ¡No puedo calmarme!

- Em…

- ¡Estoy furioso con Edward también! Esme quiso hablar con él cuanto antes. ¡Pero él no quiso! ¡Y ahora, anda consumido en su departamento! Se lo advertí incontables veces.

- ¡No digas eso Em! –Tuvo que interrumpir Alice-. Sabías que Edward estaba muy ocupado. Tenía problemas importantes que resolver con Bella.

Emmett volteó a mirarme furioso. Ya nada quedaba de aquel chico simpático y bromista que visitó mi casa la última vez, aquel que me guiñó el ojo y declaró que era su favorita. Todo su odio se dirigió hacia mí como daga de acero y sentí temblar mis piernas.

- Sí, tienes razón Ali. Mi hermano te ayudó –avanzó hacia mí-, le hiciste perder tiempo… y ¿cómo le pagaste?

- Pero…

- ¡No es justo para él!

Alice intervino de inmediato mientras que Jacob sostuvo al grandulón.

- ¡Emmett, para! Ella no tiene la culpa –el mayor de los Cullen la ignoró. No me quitaba los ojos de encima.

- Siempre Edward estuvo para ti. Te amó, te ayudó y confió ciegamente en ti a pesar de que todo estaba en tu contra. Y tú, a la primera… huyes de él y le das la espalda. ¡Eso no se hace!

- ¡En ningún momento he dicho que dejaré de ayudarlo!

- No se trata solo de esto, Bella –acotó Alice, mirando de soslayo a su primo-. Ya Emmett, para.

- ¡No! Ella DEBE entender –le respondió- debe dejar de ser una malagradecida.

Ella quiso decir algo más pero el grandulón volvió a ignorarla. Sus ojos destilaban rabia:

- Él te ama y está desesperado porque tú rehúyes de él y no lo dejas explicarse. ¡Ya no sabe qué hacer con toda la información que le ha caído de golpe! Y tú ¿qué haces? ¡Nada! No has tenido la más mínima intención de buscarlo, ni por agradecimiento a toda la mierda que ha hecho por ti –escupió-. Él también sufre, ¿sabes? Está al borde del colapso, realmente la está pasando mal.

- Yo estoy igual que él. No… -la voz se me cortó y no pude seguir hablando. La garganta me dolía de tanto contener las lágrimas. Me dolía su comportamiento y sentía su ira reverberar por todo mi cuerpo.

Emmett bufó incrédulo.

- No sé como estarás llevando esto pero… -hizo una pausa, habló cortante-. Solo sé que tú no mereces a mi hermano.

¿Cómo?

- ¿Qué? –refuté-. Yo… esto es… -traté de excusarme, nada sirvió, él seguía agresivo:

- ¡Por todos los santos Swan! ¡No puedes hacer que un pedazo de papel te diga que hacer! ¡Simplemente no puedes!

- Mira Bella –me susurró Alice, acercándose; un nuevo sentimiento, el de arrepentimiento afloraba en mí-, si fuera por mí hace rato te hubiese cacheteado para que entiendas que eres una estúpida al dejar que Richard se salga con la suya. Él quiso sembrar la duda en ti y lo logró… ¡logró que te rindas!

Richard Cullen, el personaje siniestro, un verdadero villano de novela literaria.

- ¿Tan poca fe le tenías a mi hermano? –Me preguntó dolido-, él no hizo nada malo... solo ayudarte ¡Y le pagaste mal! ¿Lo que hizo por ti hasta ahora no bastó?

Acusándome, traté de sostenerle la mirarla pero ya no me pude contener… las lágrimas brotaron de mis ojos sin ningún control y comencé a sentir el dolor de mi estupidez, de mis actos egoístas, de las promesas rotas que hice a la única persona que siempre quiso ayudarme.´

Oh…

Y recordé todo el maravilloso viaje a Italia… donde él cumplía cada una de mis fantasías y sueños… recordé cómo me salvó de la estafa de la Notaria Amaya… el viaje en yate, en jet… Capri…El Mediterráneo… nuestro viaje a Forks… Oh… fui muy egoísta.

Las palabras llenas de odio de Emmett se repetían una y otra vez en mi cabeza, hostigándome, castigándome. No podía culparlo, él amaba a su hermano, solo bastaba recordar la inmensa sonrisa que se dibujó en su rostro el día que se reencontraron. Eran tan unidos… que obviamente mi comportamiento lo había herido. Oh… Mis sentimientos libraban su lucha aparte y creo que mi corazón empezaba a latir con más fuerza.

- En cualquier caso y a pesar que me opongo a esto –agregó más pausado–, creemos que tú eres la única que puede hacerlo entrar en razón.

- Sí, Ed no quiere hablar con nadie y se repite siempre lo mismo "la dejé ir", "se fue por mi culpa". Supongo que lo dice por ti pero creemos que podría ser por Lizzy o por su madre… Ya sabes, su hermana falleció y la otra lo abandonó… -arrugó su frente en clara señal de disconformidad- él no pudo hacer nada…

- ¿Lo abandonó? –gruñí escandalizada-. ¡¿Cómo que su madre lo abandonó?! ¡Pero si su madre falleció cuando era un niño!

No.

Otra vez con esa historia imposible. La señora Masen estaba muerta. ¡Edward me lo había dicho tantas veces!

- No Bella… eso es lo que Edward siempre dice para negar la verdad, es su modo de defensa pero ella está viva… lamentablemente.

Miré a cada uno de los que estaban en mi sala. Emmett, cruzado de brazos, en el mismo lugar, expresaba lo que me negaba a aceptar.

- Yo me preguntaba lo mismo… -respondió frunciendo el cejo- hasta que averigüé todo.

- ¡Dios! Esto no puede estar pasando -murmuré a través de sollozos-. No… no entiendo…

Desde que conocí a Edward, él me dijo que no tenía mamá, que había muerto cuando era niño, después de Lizzy. Jamás dudé de ello, es más lo daba por hecho, solo bastaba escuchar la forma en que Amada –su nana– narraba los detalles de aquel pasado innombrable para la familia Cullen; sobre todo, el profundo pesar que había causado la muerte de Elizabeth Masen en la vida ya destrozada de Edward, en la vida de un niño que ya había perdido trágicamente a su hermana, en la vida de un niño cuyo padre no lo quería.

- Es cierto, Bella. Tía Elizabeth está viva y se encuentra aquí en Chicago.

- Hemos estado averiguando desde hace algún tiempo –añadió Emmett de inmediato-. Tú sabes, las cosas se venían presentando de manera casual… aún más porque mi madre… -hizo una pausa, pareciera que buscaba las palabras precisas-… bueno… fue mi madre la que nos dio la información que necesitábamos para desenmarañar por fin esta historia.

¿Acaso Edward siempre había vivido en un mundo lleno de mentiras? ¿O él mismo había forjado su vida entorno a una mentira? ¿Era él culpable o inocente de su propio destino? Todo esto era muy confuso…

Jacob resopló furioso. Su rostro cargado de antipatía.

- Entonces Bella, –Alice se dirigió hacia mí precipitadamente, esquivando la mirada acusadora de su primo-, ¿recuerdas los días que íbamos al galpón a ver a la pintora misteriosa?

- ¡¿Era ella?! ¡¿La mujer con quien hablamos?!

- Oh no, ¡por supuesto que no! Tía Elizabeth no era ella… pero tenía la impresión que ella estaba ahí escondida y no quería dar la cara por eso siempre se negaba o inventaban que estaba de viaje. Es algo muy raro Bells, abandonó a su hijo, jamás regresó por él, se mantuvo oculta años y de pronto… ¡zas, aparece!… No comprendo… ¿Quién le hace eso a su propio hijo?

- Yo lo veo todo muy claro, Alice. Ni vuelta que darle. ¡Se desligó de su propio hijo como cualquier cosa! –Suspiró con gran malestar y una terrible sensación brotó de mi corazón-. ¡Lo dejó y punto!

¡¿Cómo podía ser cierto eso?!

- Em… -le recriminó muy herida, luego volteó a verme-: Yo sólo quería encontrar a tía Elizabeth antes que Edward sepa la verdad, por eso la buscaba… pero ella misma se adelantó y nada pude hacer –finalizó muy triste.

- ¿Qué… qué verdad? –quise saber a pesar que todo estaba dicho.

- Que ella lo dejó al propósito, por supuesto –se adelantó Emmett-. Que él fue abandonadootra vez –terminó la frase mirándome; cada vez su enojo se hacía más y más palpable y sus palabras fueron como balas asesinas hacia mí.

- Emmett, por favor –dijo Jacob acercándosele moviendo sus manos en son de paz.

Edward había sido un niño terriblemente golpeado por la vida: una criatura que perdió a su hermana a tan temprana edad y que tuvo que sobreponerse a ello ¡sin el apoyo de un padre que debió suplir el amor no correspondido de su propia madre que no tuvo reparos en abandonarlo! ¡Por Dios! ¿Podría ponerse esto aún peor?

Ahora lograba entenderlo un poco más…

- Por eso Edward odia tanto a Carlisle.

Emmett hizo una mueca, casi imperceptible de dolor.

- Culpa a Carlisle porque él nunca cumplió la función de padre. Si tía Elizabeth se largó de su vida, mi padre jamás hizo nada para detenerla. La dejó ir… nunca luchó por ella –explicó Emmett.

- Quizá no lo merecía –intervino Jake.

Emmett alzó una ceja incrédulo. Todas las miradas se posaron en Jacob, cuyo rostro había cambiado totalmente. Yo ya me sentía mareada. En Forks, la vida no era tan complicada: familia, amigos, risas y amor, eso era todo; en cambio, entre la gente adinerada, las grietas en sus almas eran terribles.

- Bueno… En realidad es un tema muy delicado –agregó-. Edward no llegó a contarme toda su historia, prácticamente nunca habla sobre esa etapa de su vida…

- No habla con nadie sobre este tema Jacob. Ni yo que soy su prima he estado al tanto –lo interrumpió Alice remarcando ágilmente el término "prima". El susodicho arqueó una ceja y prefirió atender su celular que al parecer seguía molestándolo en el bolsillo de su pantalón-. Edward sufrió mucho. Él juraba que ella había muerto.

- No… -cortó Emmett- Siempre noté algo raro en Edward, algo que me decía que sabía la verdad.

- Imposible. Todos vimos cuando llevaron a tía Elizabeth al hospital, Em. –acotó Alice, ya un poco más calmada–. Ocurrió después que Lizzy muriera… Las perdió a las dos a la vez. Por eso William lo ha cuidado siempre y lo ha mimado más que al resto de sus nietos. Él sufrió doble pérdida y no pasaba de los diez años.

- William siempre tendió a sobreproteger a los hijos de Carlisle, chica.

Alice volvió a enterrar a Jacob con solo mirarlo.

Sabía que Emmett Cullen era el hijo mayor de Carlisle quien tuvo una relación con la aristócrata Esme estando casado con Elizabeth Masen. Edward me contó que cuando murió su madre, Carlisle la llevó a su casa y la presentó formalmente. Si verdaderamente su madre lo abandonó entonces debió ser un durísimo golpe para su alma de niño. Sufría por su madre y hermana, no tuvo tiempo para adaptarse ante tal tragedia y ya le interponían –prácticamente– a la fuerza un nuevo hermano con una historia de trasfondo que ninguno debía de soportar! ¡¿Qué clase de padre tuvo por Dios?!

Apreté fuertemente mi frente. Las voces de mis amigos se habían transformado en un barullo molesto, la cabeza me estallaba de dolor y ya me perdía en mis pensamientos, sin embargo, la mención de un nombre en particular, hizo que mis sentidos se pusieran en alerta; estaban hablando de la cabeza de los Cullen… de aquel anciano que era para Edward un héroe.

- William siempre supo que tú eras hijo de Carlisle. ¿Por qué crees que prefería estar al lado tuyo en vez de Richard? Y eso que ese idiota siempre fue un adulón.

- ¡Richard es caso aparte! No metas a esa sanguijuela en esto, Jake.

- Por supuesto que lo sé ¡pero cómo jodía ese desgraciado! Cuando se enteró que eras un "Cullen por suerte", como decía él, no dudó en hacerte centro de sus burlas en el colegio.

- Ese estúpido, jactándose de ser hijo legítimo y no un bastardo. ¡Idiota! Yo nunca fui un bastardo. Aquí nadie fue ilegítimo –dijo encolerizado.

Alice se acercó a él y lo abrazó tiernamente, como dándole apoyo, luego prosiguió:

- Nosotros sabíamos que algo pasaba… siempre hemos tenido un gran agujero entre la época en que Lizzy murió y la llegada de Esme a la casa. Todo era tan confuso, nadie hablaba del tema, y de un momento a otro, ¡zas!, nos impusieron una historia que ahora lo vemos como si fuese pasado, pero que quizá tenga mucha mayor relevancia –me explicó.

- Es posible. Ahora ya no sé qué creer.

Todo era tan complicado…cada vez más.

Demasiado misterio…

Demasiado para un niño de diez años.

- Por eso que Edward prefirió negar la verdad… -susurré paseando mi mirada entre cada uno de mis interlocutores.

- Lo mismo que haces tú, Bella –miré sus tiernos ojos avellana acusadores, volví a flaquear, mi corazón pataleó-. Por favor, no olvides todo lo que viviste con Edward… él te necesita ahora.

El grandulón atravesó mi sala hasta posarse frente a mí, extendiéndome una mano. Su rostro se mantenía imperturbable. Sin quitarme la mirada, que aun seguía acusándome y provocándome remordimiento, habló. Su tono de voz había cambiado, era más ligera:

- Por favor… Debes ayudar a mi hermano.

La respuesta solo me tomó un segundo.

No tuve que pensar ninguna excusa.

Atiné a secar mis lágrimas y con la voz entrecortada, pronuncié:

- Haré lo que sea por Edward.

Y sonrió.

El camino al departamento de Edward fue uno de los más largos recorridos de mi vida. El primero fue cuando me llevaron a la carceleta, escoltada por dos guardias como si yo fuera una vil criminal, pensando que había defraudado a Charlie. El segundo, cuando mi mamá fue llevada al Hospital de Forks inconsciente, creyendo que aún le quedaba más tiempo junto a nosotros… y tercero… justo en este momento, yendo al encuentro de Edward, temiendo lo peor.

Jacob había recibido en su celular varios mensajes de Riley, avisándole que Edward estaba encerrado en su dormitorio, sin querer hablar con nadie, sin abrirle la puerta ni respondiendo a sus llamados, dejando que un silencio ensombrecido atacara el ambiente.

Mientras alistaba un pequeño maletín con lo necesario para estar con Edward, rapidísimo me pusieron al tanto de todo, Riley en persona me explicó que había tenido que venir desde Seattle al no poder entablar ninguna conversación coherente con Edward, pues éste le había dejado un negocio en puertas, se lo había desestimado y, prácticamente, había desecho cualquier vínculo laboral con él. Era obvio que se trataba de la compra de mi casa y que, en cierta manera, guardaba correlación con la versión de Edward… ¡y yo había sido una maldita egoísta!

No. Fui idiota.

Tonta.

Y ya odiaba a los minutos porque no tenían prisa en recorrer su camino habitual; se burlaban de mí o querían reprenderme por haber sido tan injusta con él. Claramente había analizado la situación basándome en lo que yo sentí en aquel momento pero jamás pensé en cómo se sentiría él. Edward había desaparecido por varios días que hasta pensé que yo no le importaba sin embargo no imaginaba que él estaba viviendo su propio calvario, uno mucho peor que el mío.

Siempre los problemas de Edward habían sido mayores a los míos y yo por andar con una venda en el corazón, una venda cargada de orgullo, no me había percatado. Y ahora era el momento de retribuirle todo el apoyo y comprensión que tuvo para conmigo. Sabía que no sería fácil pero si quería seguir luchando y tener un futuro en común con él, debía hacer sacrificios. En eso consistía también el amor, ¿no es cierto?

Llegamos a su departamento pasadas las nueve de la noche. Riley seguía ahí, esperándonos con un Jasper meditabundo que como pudo trajo comida de un restaurante cercano. Los chicos se portaron muy bien, claro, menos Emmett que por el momento yo no era su persona favorita, seguía mirándome con recelo; haciéndome sentir que el puñal no solo se lo había clavado a su hermano, sino también a él. Eso me hizo sentir fatal otra vez y no dejé de estar incómoda hasta que todos no se hayan ido a sus casas.

- ¡Maldición Alice! ¡Me siento tan culpable de tenerlo así en la habitación de al lado! No responde Ali, ni abre la puerta –le dije preocupada. Ella me miró tras sus largas pestañas oscuras. Prometió quedarse conmigo a arreglar el departamento y esperar alguna respuesta de mi novio.

- Debe estar durmiendo. Oh vamos Bella, tranquila –me respondió-. Te dije una vez todo lo que podía pasarle si lo abandonaras, lo vulnerable que es… ¡y lo hiciste! Ahora vas a tener que aguantártelas.

- Gracias Alice Brandon –dije con sorna.

Ella alzó los hombros.

- Es que… ya le pasó una vez y ahora vuelve a pasarle. Debe estar sumergido en un shock tremendo.

Oh… Mi niño solo y triste, totalmente abandonado, quería ayudarlo, curarlo, ser parte de su mundo otra vez, pero ¿podría a pesar del daño que le causé?

- ¿Crees que me disculpe?

- Sí, creo que sí –sonrió- solo te digo que… ¡ahora te tocará sufrir!

- Oh gracias.

- Mira Bella… -hizo una pausa teniendo cuidado con las palabras que diría a continuación-: Richard siempre nos ha querido manejar emocionalmente. Siempre ha creído que haciéndonos débil, podía demostrar ante el abuelo que él, es el único capaz de llevar las riendas de sus empresas. Se burlaba de mí, de Emmett, pero a quien más daño le causó fue a Edward… y lamentablemente mi primo ha tenido siempre el alma fisurada, siempre débil sentimentalmente por haber sufrido tanto de niño. Como te dije Bellita, un hombre carente de afecto por más de dieciséis años ya no es un chiquillo que pueda curar sus heridas con un dulce…

- Si me lo dijiste… -murmuré.

- Así como verás, Richard se aprovechó de eso, sabía que podía desestabilizarlo y contó contigo para ello… y lamentablemente tú caíste, le hiciste caso, preferiste encerrarte y creer el contenido de un fólder que hablar con la persona que más te ama en este mundo. Eso le dolió terriblemente… -se agestó e hizo un tierno pucherito-, él está dolorido, por eso Bellita… sé buena con él, ¿sí?

- Claro que sí… fui idiota… -le respondí muy afligida.

Y así me lo pasé casi toda la noche, afligida, recordando cómo mi vida había cambiado tanto desde que conocí a Edward, cómo había perdido el temor a enamorarme, a derribar muros e ideas… cómo perdí el miedo de amar a alguien y vivir con él… ¡hasta habíamos pensado en adoptar un cachorrito! No sé qué me pasó… ¿Por qué le di la espalda? ¿Será porque tenía complejo de mujer maravilla, independiente pero a la vez estúpida que me aterrorizaba la idea de mostrarme débil y vulnerable frente a los hombres porque asumía que les daba total poder sobre mí?

- Mmmm no creo que seas la mujer maravilla, pero sí estúpida.

Aunch.

Alice volvía a repetirme su típico "¡Te lo dije!" cada vez que podía, mientras ocultaba una sonrisa un tanto cómplice, como si disfrutara que yo estuviera inquieta por la situación de Edward… Claro me lo merecía por estúpida. Lo bueno es que me acompañó toda la noche, preparando café y tostadas. No quería comer otra cosa… solo quería que Edward despertase y me mirara con sus hermosos ojos verdes para sentirme tranquila. Un poco injusto, otra vez.

No fue hasta la mañana siguiente que, mientras estaba sirviéndome mi sexta taza de café, él apareció en la cocina. Sus ojos se abrieron de par y par al verme. Su rostro totalmente demacrado, reflejando su interior; y su cabello cobrizo muerto en vida, alborotado, sin brillo y largo. ¡Oh por Dios! ¿Qué hice? Sin más, él salió del lugar como si hubiera visto al diablo y regresó tambaleándose a su habitación, lo seguí como pude derramando el café sobre la mesa pero llegué segundos después que él había cerrado la puerta.

- Ábreme Edward… -toqué insistente-, mi amor, soy yo.

- ¡No, mentira! Tú no eres Bella.

- Lo soy Edward… por favor, ábreme.

- No. Otra vez con esos sueños, ¡ya no! –gritó.

- Oh Edward reacciona, no es un sueño.

- ¡Claro que sí! –Golpeó la puerta con muchísima fuerza-. Luego despertaré y te irás. Como se fueron ellas.

- ¡No! Ábreme la puerta Ed.

- ¿Por qué siempre me dejan solo? ¿Qué hago mal?

- ¡No empieces con eso Edward! ¡Todos hacemos las cosas mal pero no por eso nos vamos a dejar vencer! Sino mírame a mí. Metí la pata contigo, te juzgué antes de tiempo, pero aquí estoy dispuesta a ayudarte y pedirte perdón –dejé de gritar esperando alguna respuesta pero nada. Una navaja podía rasgar el ambiente creado del momento.

Me senté en el suelo, cansada. Tenía muchísimas horas sin dormir, y aun sentía que cargaba con una mochila inmensa en mis espaldas. Charlie… la empresa… el juicio… y Edward… ¿podría esto parar alguna vez?

- ¿Me abrirás la puerta? –insistí-. Por favor.

Nada.

Silencio absoluto.

Lentamente la puerta fue abriéndose. Demoró tal vez diez minutos, media hora o más….no lo sé... el tiempo lo veía efímero porque yo solo quería una cosa con urgencia: que él hablara conmigo. Cuando entré, no reconocí la habitación, estaba oscura totalmente, con miles de prendas desparramadas en el piso y, completamente sucia, con rastros de comida por el suelo.

- Tú… Luces tan real… -susurró, acostándose en la cama boca abajo. En tanto me iba acercando su respiración fue disminuyendo y no pude comprender lo que murmuraba. Segundos después cayó en un sueño profundo. Lo contemplé librando mi corazón de su calvario. Su rostro pálido en la almohada con una barba crecida de muchos días; y sus párpados inquietos, su boca entreabierta y su pijama rasgado. Pobre mi niño…

"La dependencia emocional en que está sumergido es poderosa y si volviese a pasar por un caso similar sería cruel… como si volvieran a arrebatárselo todo por segunda vez, y para Richard esto sería el fracaso de Edward…"

- No dejaré que nadie te lastime, Edward.

No obtuve respuesta pero sí vi cómo entre sueños, agestaba su rostro.

Con su mano quiso coger algo, no sabía qué, solo atiné a darle mi mano y él la apretó con tal fuerza que me jaló hacia él apresándome; no quería que nada más se le escapara de sus manos. Murmuró palabras inentendibles y volvió a apretar mi mano llevándola a su pecho… y esta sensación me conmovió demasiado que ya no pude contener más las lágrimas… Él estaba adolorido, su alma nuevamente rasgada, su subconsciente pedía cariño y protección… reflejaba el niño inquieto, temeroso, aquél que había sufrido muchísimo… aquel niño que habitaba en él.

Tendría que hacer lo imposible para estabilizar sus emociones… tenía que curarlo. ¿Cómo pude ser tan egoísta?

Con esta sensación acusadora, de mil demonios y pensando mil formas de hacer méritos me quedé dormida rendida a su costado.

Me desperté sobresaltada horas más tarde cuando escuché el sonido de mi celular. Levanté mi rostro, tenía tres llamadas perdidas de Alice; y Edward seguía profundamente dormido; encogido, en la misma posición fetal, gesticulando palabras difíciles de interpretar. Mi preocupación se disparó a mil cuando encontré en la mesita, varias pastillas de Clonazepam.

Sin pensarlo dos veces, fui hacia la cocina y empecé a prepararle algo liviano para comer.

Alice volvió a la carga.

- Bella –dijo al otro lado de la línea-. Alístate, vamos a buscarte ahora para ir a hablar con tía Elizabeth.

- No puedo Alice, tengo que cuidar a Edward. ¡Se ha tomado Dios sabe cuántas pastillas de Clonazepam y tengo miedo que no vuelva a despertar! –Ella emitió un sonido agudo, conteniendo una risa–. No es chistoso Brandon.

- Claro que no… pero verte así, sufriendo por Edward, me hace sentir mejor y pensar que el karma aún existe.

Aunch. Strike dos.

Después de que Alice insistiera tanto, prometiéndome seguridad para Edward ya que Riley y Jacob se quedarían con él, decidí acompañarla hasta el bodegón de la señora Masen. Ya no hablaríamos en código, sino iríamos de frente a decirle sus verdades y exigir una explicación racional sobre su maldito comportamiento. Si ella hizo sufrir a mi niño, entonces, no merecía mi respeto ni el de nadie.

Le llevé un sándwich y un vaso de jugo en una bandejita que dejé en el tocador y me arrodillé a su lado derecho. Pasé mi mano por sus pómulos y le di un pequeño beso en los labios.

- Edward… mi amor, despierta.

Nada.

Volví a besarlo suavemente y nada.

- Tengo que salir con Alice pero no voy a demorar, ¿sí? –le expliqué, mis dedos recorrieron su perfil pálido–. Por favor cómete esto a penas te despiertes.

Vi cómo frunció el ceño para luego rodar en la cama hacia el otro costado. Inhalé profundamente y lo que sufrí por mis errores no era nada comparado con esta situación. Sin embargo, no podía deprimirme, tenía que luchar por él.

Al lado de su desayuno le dejé una notita, que esperaba él leyera con detenimiento y, en mis adentros, rogaba que no me pusiera llave en cuanto regresara del taller de Elizabeth Masen.

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.

.

- Esme McCarthy la conoce y sabe que se oculta con el nombre de Rose Esmerald porque ella misma la fue a buscar hace un par de años –me explicó Alice mientras manejaba su Audi rojo a toda velocidad; amaba su descapotable porque me daba la sensación de libertad con el correr del viento y mis ideas se aclaraban. Lo único incómodo era Emmett que estaba a mi costado derecho, desviando su mirada, aun acusadora, hacia la carretera. De copiloto iba Jasper–. Cuéntale la historia Em. Tú la sabes mejor que yo.

La miró por el espejo retrovisor y demoró bastante en responder. No sé si su actitud fue porque tenía que dirigirse a mí o porque la historia en sí era muy turbia. Todo era tan confuso y extraño y había sucedido en tan poco tiempo…

- Bueno chicos; les diré lo que sé…todo sea por mi hermano – dijo revirándome – Bien, por aquel entonces, será… hace unos cuatro años, Elizabeth buscó a mi madre. Algo irreal para cualquiera de nosotros porque pensábamos que estaba muerta; así que mi madre no quiso atenderla porque pensaba que era una impostora; o posiblemente una broma de mal gusto. Además, Carlisle siempre ha sido un hombre muy celoso con su vida privada y no quería que nadie se acercara a su familia; hubiese sido un problema delicado si se enteraba que había aparecido en su puerta una mujer que se hacía pasar, supuestamente, por su ex esposa –asentimos en silencio. El nombre de Carlisle me provocaba náuseas-. Sin embargo, la última vez, Esme tuvo compasión porque sabía que algo no encajaba en toda esta historia de su muerte y la dejó pasar, permitiéndole hablar. Efectivamente se demostró que era ella, Elizabeth Masen, y no una impostora como creyó años atrás. Elizabeth le contó que había sido víctima de su propio esposo y que por ello tuvo que alejarse de Edward, pero que ahora poseía dinero –habló con desdén– y que quería luchar por su único hijo, sin ser etiquetada como oportunista como siempre le habían dicho.

- ¿Así de simple? –Pregunté indignada– ¿Luchar por su hijo ahora solo porque ya tiene dinero? ¡Me parece absurdo!

- ¡Completamente! Al menos en algo te coincidimos, Swan –me dijo Emmett. Odiaba que me llamaran por mi apellido, pero obviamente seguía receloso.

- Algo debe ser cierto –acotó Alice– Conoces a Carlisle y a Richard, pueden resultar muy intimidantes… así que saca tus conclusiones, Bells.

Ladeé mi cabeza. Algo no encajaba en todo esto…

- Y bueno, ¿qué pasó con la señora McCarthy?

- Esme le dijo que ella no tenía derecho alguno para irrumpir así en la vida de Edward y por favor, mejor se largara. Además, Esme creyó que este arrepentimiento era falso y sólo había sido incentivado porque era de conocimiento público que el nono William estaba muy enfermo y que podía morir, dejando como casi único heredero a Edward.

- Algo muy conveniente, en mi opinión – acotó Jasper con sorna.

- Por supuesto… me parece que todo se reduce al dinero, Jazz –agregó Alice tomando la vía principal.

- Ajam, es obvio, quiere todo cuanto pertenezca a Edward. Posiblemente siempre fue instigadora.

Todos le dimos la razón… no era muy difícil atar cabos…

- En fin, Elizabeth volvió a desaparecer, pero mi madre quedó con remordimiento y prefirió buscar a Edward para personalmente contarle toda esta historia y darle el dato de dónde encontrar a su madre por si él quisiese entablar algún tipo de relación pero… fue demasiado tarde – chasqueó la lengua muy triste – tía Elizabeth llegó primero a casa de Edward y lo desestabilizó totalmente.

- ¿Cómo averiguó donde vivía? –preguntó Jasper.

- No lo sé… sería bueno preguntarle porque ni el teléfono ni la dirección de Ed están en la guía telefónica.

Asentimos. Quien conoce a Edward, sabe que es muy juicioso con el tema de su privacidad. No era de aquellos que alardeaban cada victoria o proyecto que tenían y mucho menos de difundir datos de su vida privada. Sin embargo, y vale decir que esta decisión, de permanecer en el anonimato, también debió verse influenciado por la fama de apostador que tenía, por ser poseedor de jets y yates, y, por supuesto, lo que aparentemente Elizabeth Masen quería: la herencia de la empresa vinícola de su abuelo, Wine & Fire, de Napa.

Y claro… el Amaretto. ¡Cómo podría olvidarme de esto! Ese tema también debía esclarecerlo con él.

Pero primero que abra sus ojos y vuelva a ser él, mi chico celoso. ¡Lo extrañaba tanto!

Par de minutos más tarde, atravesamos nuevamente el Green Town, vecindario que ya conocía casi con familiaridad; sin embargo la mayoría de los negocios importantes estaban cerrados, tampoco había ambulantes y el cielo empezaba a vestirse de gris. Posiblemente volvería a llover. Como aquel día. Alice conocía el camino muy bien y manejó hasta el final de la avenida principal y dobló a su izquierda hasta ubicarse frente a la galería fotográfica de Andy Warhol. A lo largo de la calle solo funcionaban unas cinco o seis tiendas; entre ellas el galpón de Masen.

Olía a yeso, arcilla y aguarrás.

Los primos Cullen no repararon en tocar el timbre ni hacerse presentes con modales. Entraron de frente, sin rodeos, llamando la atención de una muy asustada Bree. Prácticamente les seguí el paso, secundada por Jasper que llevaba en sus manos un sobre amarillo. Esta vez no di ninguna maldita importancia a los bodegones de trazos casi perfectos ni al paisaje que pensé llevar a nuestro departamento, ¡qué Dios me libre de eso! Esta vez solo quería encarar a la mujer que dejó abandonado a mi novio cuando era un niño.

- Quiero hablar con Rose Esmerald, Bree –le dijo Alice a la vendedora que en ocasiones anteriores nos había atendido.

- La señora no se encuentra –contestó tartamudeando. Puedo jurar que guardó algo en el cajón de la izquierda.

- Claro que sí –dijo con seguridad–. Elizabeth está aquí y ¡exijo hablar con ella! –gritó.

Bree entornó los ojos y no supo qué hacer cuando Emmett, todo imponente y valiéndose de su gran tamaño se acercó a ella amenazante. Vale decir que el grandulón cuando quería era la persona más simpática del mundo, hasta podría deducir que era carácter bromista y personalidad infantil; pero cuando se enojaba hacia rugir el mundo, sobre todo si la felicidad de su hermano estaba en juego. O no lo sabría yo.

- Mira chiquita, tenemos suficientes pruebas para recurrir a la justicia si ella no se hace presente aquí y da la cara. Ella sabe a qué nos referimos, es por su hijo Edward –le aclaró Em.

- La señora Esmerald no tiene hijos –acotó con propiedad.

- ¡Oh claro que sí! ¿Tan cínica fue para negarlo? Por Dios, utiliza una identificación falsa; se pasea por el mundo bohemio con ese seudónimo tan… -se detuvo bruscamente –. En fin, se pasa la gran vida como pintora reconocida y hasta tiene agallas de negar a su hijo; pero ¿no tiene el valor de salir y dar la cara? ¡Qué ca…!

- ¡Em!

Alice tuvo que reprenderlo porque el grandulón estaba hecho furia.

- Llámela señorita – insistió Jasper – por favor.

Ella dudó un segundo, se volteó dejando caer, lacio, su cabello azabache.

- Señora Caroline, por favor venga de inmediato –habló por el intercomunicador, aun temblando. Me pareció verla murmurar más cosas pero no fue certero; tampoco observé si su look empresarial se había venido abajo. Estaba inquieta por otra cosa.

Me acerqué a Alice cuidadosamente, sin romper el ambiente hostil que se había creado alrededor nuestro. Tampoco tenía ganas de llamar la atención porque ya sentía que alguien me observaba. Las dos veces anteriores, entre tanta pintura y caballetes vacíos, había sentido una presencia misteriosa que se esparcía por todo el lugar y me provocaba dolor de estómago. Aquel día pensé que era el reflejo de la amenaza de Richard, o alguno de sus secuaces buscándome para darme fin; entonces me confundí, no le di importancia. Ahora sabía que no fue mi imaginación sino un aurea fuerte y posesiva que me rodeaba.

- Alice, otra vez puedo sentir lo mismo, como si me observaran de pies a cabeza. Tengo nervios –le murmuré.

- Ves. Ella está acá –respondió de igual manera–. Te observa Bella. Sabe quién eres.

- ¿Cómo es posible?

- Es astuta, debe tener todo planeado –hizo una pausa. La puerta del fondo se abrió-. A estas alturas debe conocer cada detalle de la vida de Edward

Claro, ¡realmente astuta! Porque si resultaba cierto que solo buscaba a Edward por dinero, conocer hasta el último aspecto de él, sería una fantástica estrategia. Ganaría su confianza para luego volver a traicionarlo… ¡Pobre de ella si se atreviera a tanto!

De pronto, un sonido agudo, como de un vaso haciéndose añicos reverberó en la habitación. A la vez la puerta del fondo se cerró con fuerza.

- Buenos días señores –saludó amablemente Caroline, repasando sus ojos verdes en cada invitado-, ¿Cuál es el motivo de tal inhóspita visita?

- Estamos aquí para ver a Elizabeth –contestó Alice– Su hermana

- ¿Perdón? ¿Mi hermana? ¿Escuché bien? –se hizo la sorprendida. Caroline tenía un porte muy sofisticado, era de aquellas mujeres que estando en problemas o a punto de quebrarse podían mostrar un temple de acero envidiable; característica de una mente fría; lo que era tan contradictorio al primer encuentro que tuvimos semanas atrás cuando sus ojos esmeralda de mirada cariñosa nos atendió.

Emmett echaba furia por todo su ser.

- Sí. Elizabeth Masen Lancaster.

Movió una ceja y caminó hacia nosotros.

- ¿De dónde sacan esa barbaridad? –preguntó sin inmutarse.

- No es ninguna barbaridad señora Lancaster.

- ¡Claro que lo es! –bramó

- ¡Ja! ¿No tiene idea de cómo llegamos a esa conclusión? –Estalló Emmett–. ¡Por favor! ¡Usted mucho mejor que nosotros debe conocer la verdad del porqué su hermana abandonó a su propio hijo cuando era un crío!

- No permito que nadie, mucho menos un mocoso insolente se dirija a mí de esa manera. ¡Es mi galería y les exijo que salgan de aquí y se dejen de idioteces! – señaló la salida enfáticamente, sin un dejo de temor ni compasión.

- ¡Tan cínicas las dos! –exclamó nuevamente Em, prácticamente escupiendo sus palabras. Alice tuvo que pararse frente a él y mirarlo fijamente hasta lograr que se calme.

- Mire señora, tía Elizabeth viaja por todas partes utilizando su verdadero nombre, ¿y creía que no la encontraríamos? Es lógico que llegáramos a esta conclusión. Además usted mantiene su mismo nombre, no usa seudónimo pero sí el apellido de casada.

La seguridad con la que hablaba Alice me daba miedo. Sabía ampliamente la historia de ambas como si se dedicara a trabajar en el FBI. Los Cullen daban miedo en cuanta averiguación hacían.

- No tengo porque contestarles eso –respondió sin dejar de señalar la salida con la mirada–. Ni siquiera tengo porqué demostrar que lo que ustedes dicen es mentira.

- Tenemos una orden de cateo para el lugar –habló por fin Jasper. Del folder que tenía en su mano, sacó una hoja pequeña. Contenía varias firmas y sellos.

Se veía desesperado e inquieto.

- ¿Bajo qué circunstancia? –Apeló ya huraña– ¿Con que derecho? No. ¡De ninguna manera! ¡Por favor váyanse! ¡Nadie puede meterse aquí y rebuscar entre mis cosas!

- Acaso niega que algunas de estas pinturas son robadas y las ponen en venta como si fueran suyas. ¿O mejor dicho que hacen replicas casi exactas de las verdaderas y las venden al mejor postor? –Jasper le respondió tratando de medir cada palabra pero sin dejar el tono intimidante de abogado; su mirada lo decía todo: estaba totalmente indignado por esta situación–: Esto es más que suficiente para que allanen el lugar y requisen todas las pruebas en su contra.

-¡Jasper no te precipites! – Alice se puso nerviosa. Logró que disminuyera su tono de voz.

- Lo conveniente es que responda señora, ¿dónde se encuentra su hermana?

- Y sino respondes –lo interrumpió Emmett– lanzamos esta acusación a la fiscalía. Tienen ya varias denuncias en la policía, un más podría ser el detonante.

Caroline tembló. Sin querer empezó a morderse los labios, teñidos de rojo vino.

- Más te vale que nos digas donde ubicarla, Lancaster –agregó.

- Mide tus palabras hacia mí, mocoso.

La reviró.

Emmett sonrió satisfecho. La mujer de cabellos negros y mirada esmeralda por fin dio señales de angustia. Estaba en una encrucijada, tenía que deliberar y escoger entre su trabajo o su hermana. Un plan muy bien jugado, a la vez, malévolo. Un plan que delegaba a los Cullen como la familia con más secretos y poder que haya conocido. Todo conocían, todo sabían y todas las armas tenían. Eran peligrosos, adinerados y podían exigir manejar tu vida al compás de su propia melodía.

Intimidaban, la mayoría… pero los Cullen tenían ese efecto… o no lo sabría yo.

De pronto, la reacción de Emmett me hizo recordar la prepotencia de Richard o al cinismo de Carlisle. La menor de los Cullen dobló sus brazos y se dirigió a la salida sin dejar de mirar a su interlocutora como si temiera que ella escapase… y la sensación de que estás a punto de escuchar un secreto me inundó otra vez y supe que por fin había llegado el momento.

Y la sensación de que un terrible secreto sería revelado se hizo realidad cuando escuché la voz de otra mujer a mis espaldas y que hacía eco con el retumbar de sus tacos.

- Emmett. Ya está aquí –dijo apresurada.

Volteé y miré a una mujer mayor de cincuenta años, de cabello castaño oscuro, sonrisa dulce y ojos miel. No la conocía, pero sus pequeños hoyuelos al sonreír disimuladamente me hicieron recordar a alguien.

- Hola madre –la saludó– Gracias por venir.

La madrastra de Edward había llegado al galpón acompañada de una muchacha muy joven. Esme McCarthy, trigueña y de estilizada figura, estaba aquí, en persona. Y nadie estaba sorprendido, solo yo.

Me hallaba totalmente aturdida.

- ¿Se puede saber qué haces acá? –le preguntó de inmediato Caroline. Nos miraba a todos con furia líquida.

- Buenas tardes para ti también, Caroline, ¿podrías llamar a Elizabeth, por favor?

Su interlocutora se agestó mala manera. Se miraron de pies a cabeza y no sé por qué tuve la impresión que Esme la miraba como una vieja amiga, como si la conociera de años y compartieran un secreto; como si Caroline no fuese su hermana sino la mismísima Elizabeth. Me detuve a observarla y de repente vislumbre en su rostro y facciones, varias características de Edward. No, esta mujer no podía ser su madre. No respondería de mí si así fuese... No...

- No veo razón alguna, pero ¿cómo te atreves a venir aquí? –esta vez su tono de voz no simulaba al de una persona tranquila e inocente. Ella era consciente que al reconocer a Esme, la máscara de ignorancia que había interpuesto entre nosotros no servía de nada…

- ¡Já! ¿Ahora te atreverás a negar la verdad frente a ella?

- Emmett por favor –le dijo su madre imperativamente, haciendo que éste se cruce de brazos, conteniendo sus emociones.

- Caroline, por favor, dime dónde la ubico. Tenemos que conversar.

- ¿Ahora sí quieres conversar con ella? –Declaró con segunda intención, burlándose y señalándonos–: Pues estas no son formas de hacer esto como habrás visto. ¿Amenazarme con una orden de arresto? ¿Atacarme e irrumpir así en mi galería? ¿Pues qué esperabas Esme? Y ahora tú... ¿Acaso no tienes vergüenza? ¿Eres la actual mujer del monstruo ese y dices que la quieres ayudar? ¿No será que escondes segundas intenciones? ¿Cómo confiaría en ti? ¡Hiciste que Carlisle echara a mi hermana de su casa y fuiste su amante por años! ¡No! De ninguna manera.

- Por el amor de Dios... No quiero hacerle daño, solo esclarecer todo este asunto.

- ¿Cómo podría confiar en ti? –le preguntó con sorna – Estás con ellos.

- Fue ella quien me buscó hace unos meses. Averigüé por mi cuenta algunas cosas del pasado y estoy segura que ahora entiendo un poco más por qué ella se marchó. Estoy de tu lado –le dijo– Quizá mi hijo se precipitó, pues adora a su hermano pero sé que debo ubicarla yo primero y esclarecer ciertas cosas.

- ¡No se precipitó! Sino que recurrió a lo más bajo. Discúlpame por lo que te diré, pero esas reacciones tan cobardes son típicas de los Cullen.

Esme asintió sutilmente, dándole la razón.

Emmett elevó la voz al escuchar esto y no fingió para nada estar fastidiado. Era obvio, ninguno de nosotros estaba dispuesto a negociar un trato a favor de Elizabeth. ¡Ella había abandonado a su propio hijo y eso no tenía consideración alguna! Simplemente -y a mí mal parecer- tal como me explico Alice por señas, en esto consistía su estrategia: bajar la guardia para que la susodicha deje su anonimato de una vez por todas.

Realmente Jasper se había precipitado en reaccionar de aquella manera.

- ¿Cómo podría confiarte a mi hermana después de todo lo que pasó? Después de la forma inhóspita con la que entrar…

- Lo sé. Por favor, perdónalos, son muchachos. Te prometo que esta vez hablaré a solas con ella.

- Es lo más conveniente. No creo que este sea un tema para ventilarlo así como así.

Esme dudó unos segundos; aun sí se le veía sincera.

- Me dejó esto la última vez que hablamos. Quiso que se lo entregara a Edward.

Los ojos esmeraldas de Caroline se llenaron de lágrimas. En las manos de Esme se hallaba un relicario de fina cadena de oro; lo abrió y dos pequeñas fotografías lo adornaban dándole un matiz especial.

-Es el único recuerdo que tiene de su hija y quería que Edward lo tuviese para que sepa que siempre estuvo pensando en ellos y que los ama –sus dulces palabras hicieron efecto en Caroline, ella notó de inmediato este gesto y prosiguió-: Por ello quiero hablar con ella, comprenderla mejor y prometo que la ayudaré a recuperar a Edward…

- Plus que ma propre vie… -musitó Ali en mi oído- el relicario de William.

¿Aquella hermosa medalla era del abuelo Cullen? ¿Por qué lo tendría Elizabeth? Quizá William siempre apoyó su relación con Carlisle tal como me decía Edward… por eso, mi novio lo tenía en un pedestal y reconocía que era el único Cullen que valía la pena…

- Te prometo Caroline que hablaré con ella a solas.

Limpiándose las lágrimas, la rubia asintió y se dirigió hacia su escritorio donde sacó una tarjeta y la garabateó en la parte posterior. Bree la miraba sorprendida, no creía que la fría mujer de hace rato se volviera dócil al ver una fotografía. Su clara aversión no cambió hacia nosotros.

Se despidieron muy formalmente y la señora McCarthy salió de la habitación, benevolente, le vi otro rostro, agitó su vestido con una sonrisa dulce. Era tan hermosa como Elizabeth en las fotografías de La galería, la diferencia entre ellas la marcaba la oscuridad del cabello lacio y bien cuidado de Esme con los rizos brillantes de la señora Masen. Muy aparte de su opulento apellido; quizá la forma sofisticada que tenía al andar y llevar su vestuario era lo que le daba el aire a aristocracia que tanto Carlisle quizá para su vida y que motivó a que Elizabeth Masen huyera de su lado.

- Em, será necesario que Edward esté presente en la charla que tendré con Elizabeth –dijo antes de subir al auto negro en el que llegó, un chofer la esperaba con la puerta abierta-. Él tendrá que entender algunas cosas.

- No nos quiere escuchar, madre.

- Pero Bella se lo dirá, tía –dijo de inmediato Alice, mucho más contenta ahora – Ella está cuidándolo, es su novia.

Oh...

Por fin se dio cuenta que estaba ahí. Con todo este alboroto no podría culparla.

Yo estaba estupefacta. Miles de conjeturas e ideas revoloteaban mi cabeza en esos momentos. Esme me quedo mirando un largo rato; la muchacha que la acompañó también hizo lo mismo, noté que andaba muy nerviosa.

- Un gusto conocerte, Bella.

- El gusto es mío – logré decir. Ella sonrió.

- Sé que lograrás que Edward comprenda. Tienes a un gran chico, hija.

Y volvimos a sonreír.

Intrigante o no... Existía algo en mi interior que me decía que había mucha historia detrás de su sonrisa amable. Conocía a Carlisle, sabía quién era los Cullen y sobre todo tenia pistas del porqué la señora Masen abandonó a Edward.

Pero lo más misterioso y detonador, que dejó a mi novio mal, era confirmar que Elizabeth Masen, la hermosa rubia del portarretrato de Capri, la pintora bohemia de New York, la madre de Edward, estaba viva.

Ahora tenía otra larga travesía que realizar: hablar con Edward...

Suspiré nerviosa.

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Notas:

Y por fin "cachetearon" a Bella! Creo que era necesario, no chicas? =)

Comentarios, dudas, sugerencias y demás, no duden en hacermelas llegar ;) Todo es siempre bienvenido!

No me tengan en ascuas y diganme que les pareció el CAP, creo que muchas dudas se van gestando y otras especulaciones se van haciendo realidad! Hay mucho por descubrir aún. ¿Confían en Esme? ¿Caroline? Nos leemos en los reviews o en el FB ;)

Besotes!

Lu.