Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.


27.

Sookie

Al principio creí que no me acostumbraría. Echaba de menos a mi familia, echaba de menos a mis amigos, incluso a mis vecinos. Y el trabajo, y el clima, y la comida de Ruby Jean... Pero tengo a Eric y, ¿a quién voy a engañar?, eso lo compensa todo. No es que todo haya sido un camino de rosas, ni mucho menos. No, para nada. Nos costó bastante acomodarnos. A ver, somos muy, muy, pero que muy diferentes y tampoco nos conocíamos tanto, quiero decir en cualquier otro aspecto que no fuese el bíblico...

Hace ya un año que vivo aquí.

El simulacro de boda acabó perfectamente. Me enteré después que Jason y Claude habían montado el espectáculo de las putas, que nada de eso había pasado pero que Bill estaba tan borracho que cuando se despertó en una cama desnudo, abrazado a un travesti vestido únicamente con un liguero, no tuvo valor para decir nada, se limitó a ver como Jason "pagaba" por el servicio y a poner cara de circunstancias ante las dos chicas y ante él y sus guiños. Todo lo demás fue obra de Lorena y de la abuela que habían estado hablando y habían decidido reventar la boda por su cuenta. Y luego el pueblo, maravilloso, buscando la redención colectiva a través de la confesión. Siempre supe que estaba rodeada de locos pero nunca lo agradecí como aquel día. El hecho de que todos tuviesen secretos y cosas que ocultar, minimizaba completamente nuestros pecadillos, tanto que hizo inútil el despliegue que había hecho Bill. Cuando se dio cuenta de que ya no conseguiría su objetivo, se rindió. Sólo era un hombrecillo débil e inseguro con una obsesión, y, con el tiempo, acabó pidiéndome perdón. Me costó, que no soy tan buena, y olvidar que me había extorsionado para obligarme a casarme con él, por muy acto desesperado que fuese, en mi opinión escondía un comportamiento perturbado. Eric fue fundamental para que lo hiciera, me hizo ver que no podía seguir guardándole rencor por haber hecho lo imposible por retenerme, que él mismo había hecho lo imposible por tenerme. Y me tenía, digo si me tenía.

Cuando mi abuela me confesó que había ido a hablar con Lorena, me dejó de piedra. Ella nunca me había querido para su hijo, y con toda la razón, visto con perspectiva, así que le dijo a mi abuela que sabía que no sólo no quería a su hijo, sino que estaba segura de que algo había pasado durante mis vacaciones con Tara y Laf pero hasta que no vio a Eric no lo había comprendido. Así que tengo que confesar a estas alturas, y con todo lo que ha salido por esta boquita dedicado a Lorena, que, después de todo, no había resultado ser tan mala. Una vez en casa, es decir, aquí, Eric me contó su noche con ella y cuando la vi a través de sus ojos tuve que reconocer que nuestro antagonismo había sido infundado desde el primer momento, ella sólo protegía a su hijo. Algo bueno salió de aquello. Lorena pidió a Bill que se buscara un apartamento en Shreveport, que ella se iba a dedicar a viajar y a ver mundo, que aún era joven y quería aprovechar el tiempo que le quedara. Y lo hizo, él se fue a vivir solo y ahora tiene una novia, Selah algo, una agente inmobiliaria, creo que me dijo mi madre, y Lorena nos hizo una visita camino de Italia hace unos meses. Ahora está en Austria, conoció a alguien en Grecia y parece que les va bastante bien. No es que seamos uña y carne, tampoco hay que exagerar, pero nos llevamos mejor de lo que nunca imaginamos que lo haríamos. Vivir para ver, que de todos, la que esté más cerca de mí ahora sea Lorena...

No puedo dejar de sonreír cada vez que recuerdo aquel día. Una vez que salimos de la iglesia, sin la incomodidad del vestido de novia y con Eric de la mano, delante de todos, con luz y taquígrafos, fue una fiesta, no en balde la habían organizado Laf y Tara. Fue genial. Hasta la madrugada. Bueno, eso fue lo que Laf me contó, que Eric y yo nos perdimos a media tarde. Tenía algo que comprobar y, curiosamente, sabía dónde había un caqui. Por ir practicando, principalmente.

Y aquí estoy, aprendiendo un nuevo idioma, ¡cómo me arrepiento de no haberlo cogido de segunda lengua en el instituto!, y viviendo con el hombre de mi vida. Y sigue sin ser un cuento de hadas. Discutimos bastante, aunque a veces, creo que lo hace sólo para que nos reconciliemos después. Ronca y es maniático y se estresa con mucha facilidad, y, claro, yo tengo que desestresarle. No podéis saberlo, claro, pero mi sonrisa acaba de ampliarse, es un trabajo duro – uhm, nunca mejor dicho- pero alguien tiene que hacerlo... Me desespera cuando no me cuenta qué le pasa, parece que espera que yo lo adivine y entonces le acabo gritando que no leo la mente, discutimos y volvemos a empezar con el proceso de reconciliación. Tiene bastantes amigas y ya hemos tenido alguna agarrada porque no soporto que se le acerque ninguna, sólo Pam. Sé que a él le encanta que me ponga ciega de celos pero también que no va a dejar de ser su amigo porque yo me ponga histérica, así que tengo que dedicarme a marcar territorio y sigue dándonos un motivo para reconciliarnos. Le gusta, no, adora el fútbol y eso, que podría estar bien, muchas veces me desquicia, se junta con sus amigos en casa y gritan y jalean a los equipos, y beben como vikingos, y tengo que decir, después de un año aquí, que porque sé que es nórdico pero por carácter podría ser uno más de su amigotes autóctonos, como él los llama... Un amor, vaya, pero desde que yo tampoco soy una joya, somos perfectos el uno para el otro.

Y eso que al principio no quería venir, no quería ser una mantenida y Eric se enfadó mucho por sugerir siquiera que él pudiese considerarme algo así. Yo era su mujer, dijo, e iba a ser tratada como tal, me gustara o no. Jason me ofreció la solución, ser un socio pasivo de nuestra empresa, hacer algunas gestiones y papeleo desde aquí y percibir una cantidad inferior de los beneficios desde que mi trabajo era menor. A Laf y Tara les pareció bien, después de todo somos como hermanos, es más, Tara parece que tiene muchas posibilidades de acabar siendo mi cuñada, y la empresa la habíamos levantado entre los tres, poniendo dinero y trabajo. Ahora yo ponía poco trabajo porque no podía hacer más, pero estaba bien, porque con la diferencia horaria, para cuando ellos llegaban por la mañana, parte del papeleo ya estaba hecho. Ese fue el principio de todo, sentirme independiente económicamente fue lo que hizo que no me pensara más lo de venirme a vivir con Eric tan lejos de todo y de todos. Lo más gracioso es que ahora no me veo en ningún otro lugar que no sea nuestra casa, donde poder prepararle la cena mientras me mira y dejarle lavar los platos después. Donde dejarme hacer el amor mientras el sol se pone, a la sombra del caqui.

Eric

Pero, ¿qué coño habrá entendido éste por exponer de forma sucinta? La crítica de Goodenough a la tesis de Murdock sobre la universalidad de la familiar nuclear me estaba dando el día. La culpa era mía, claro, era yo quien había hecho esa pregunta, y ahora sólo podía pensar en quien estaba en algún rincón de la casa. Me aparté del portátil unos segundos, que me estaba dejando los ojos, y me dispuse a descansar la vista mirando por la ventana del despacho. El sol tibio de la tarde amarilleaba sobre la ciudad. Esa era una vista de la que nunca me cansaba y me permitía poner en orden mis pensamientos y ordenar mis prioridades y en ese momento, el plasta de mi alumno no lo era, miré por encima su respuesta, ¿dos hojas, en serio? Debería suspenderle aunque tan solo fuera por no saber qué significa "sucinta". Venga, sin leer, suficiente y como se me queje lo suspendo por hacer lo que le da la gana. Me levanté porque ya no lo aguantaba más. Me había dado una hora más, luego hasta que corrigiese hasta la L, pero no pasaba de la G y mi cabeza daba vueltas alrededor de mi... Vale, no debería suspenderle por no saber qué significa sucinta cuando yo no soy capaz de definir a mi..., a Sookie. La palabra novia no me gusta y no se ajusta a lo que somos realmente, para mí es mi mujer aunque no haya ningún papel que lo certifique, lo de pareja me suena un poco raro, la verdad, nunca que ha gustado, y luego está lo que a mí me gusta llamarla, mi amante. Ya, se acabó, no lo aguanté más, me levanté y me dispuse a buscarla. Y aquí estoy, en el umbral del ventanal que da acceso al jardín, apoyado en él, sin poder moverme, hipnotizado por la mujer que lee tumbada a la sombra del caqui, abrumado por todo lo que me hace sentir aún, un año después de habernos conocido, después de un año de vivir juntos. No es que todo haya sido de color de rosa, no, ni mucho menos. Tiene cosas que me sacan de quicio, muchas, para qué negarlo, pero somos dos imperfecciones perfectas la una para la otra. Así que sí, soy un asco, quién me iba a decir que iba a enamorarme de esta manera, soy cursi hasta el infinito y más allá. Me he vuelto un romántico empedernido. Soy de los que regalan flores, vienen con un regalito día sí y día también. Me monto cada dos por tres una cena romántica o una escapada a cualquier sitio en fin de semana. No puedo pensar en otra cosa que en estar con ella, dentro de ella. Casi me alegro de que Pam pase largas temporadas con Alcide y no sea testigo de mi comportamiento adolescente. Las risas y las burlas no tendrían límite... Casi porque me gustaría tanto compartir mi felicidad con ella..., la echo tanto de menos que, a veces, duele. En el último año la he visto poco, viene cada tres meses y se queda unas semanas, cuento los días para que vuelva. Pero no debería ser egoísta, les va bien. Sorprendentemente, Pam ha encontrado una estabilidad con Alcide que nunca me hubiese imaginado. Después de todo hay que agradecerle a Amelia que fuese una zorra con ella. Y Alcide, bueno, ¿quién lo iba a pensar? Yo no, claro, aún sigo alucinando por no haberme dado cuenta antes... Es increíble cómo cambia la vida de un día para otro. Hasta hace un año no me había dado cuenta de lo vacía que estaba la mía, hasta hace un año no había descubierto lo que era la felicidad ni sabía que mi destino era hacerle el amor mientras atardece y, de fondo, los últimos rayos de sol caen sobre la Alhambra.

Ella sigue leyendo pero sé que me ha visto, sé que sabe que estoy mirándola y sonríe levemente. Es el momento de ir a su encuentro. Es el momento de ir hasta ella y quitarle el libro de las manos. Salgo de mi escondite de entre las sombras del salón y voy hacia ella. Me arrodillo a su lado y beso sus labios. Ella se hace la sorprendida pero no me engaña, y se abraza a mi cuello esperando que me acerque más y vuelva a besarla pero esta vez con propiedad y en serio.

_ Amor... – murmuro contra su boca.

_ Amante – responde ella con una pequeña risa-, ¿has terminado de corregir?

_ Voy por la G.

_ ¿Todavía?

_ La culpa es tuya, no dejo de pensar en tí.

_ ¿Todavía...? - vuelve a repetir pero esta vez en un susurro, ronroneando, como una caricia llena de deseo, y yo me estremezco.

_ Siempre, vete haciendo a la idea – jadea mientras beso su cuello y mis manos recorren su cuerpo.

_ Es algo con lo que puedo vivir... - mi mano se pierde entre sus piernas y gime contra mi hombro.

Nos movemos como haciendo una coreografía perfeccionada a lo largo del último año. Primero abro su camisa y beso sus pechos hasta que consigo hacer que se retuerza de placer, luego, voy besando el camino que los separa del paraíso. Me pierdo entre sus piernas mientras acaricia mi pelo y coge mi cabeza entre sus manos. Saborearla es una delicia pero quiero más, quiero estar dentro de ella, la dejo recuperar el aliento mientras la levanto y ocupo su lugar con ella sobre mí. Me dejo envolver por su boca y su lengua dibujando en mi piel, pero no tengo paciencia para eso ahora. Mi deseo es tan apremiante que tengo que estar dentro de Sookie ya. Cuando entro en ella me mira y sonríe y esa es una de las cosas que más me excitan. Sus ojos brillan con una extraña luz y parece tan feliz que me da miedo, y no puedo dejar de mirarla, hipnotizado por esa luz, fascinado por su sonrisa. Su corazón se acelera e incremento el ritmo mientras devoro su cuello y me dirijo a su boca. Su cuerpo se tensa incapaz de detener el placer y el mío responde agradecido por poder dejarse llevar. Se deja caer sobre mi pecho y se ríe satisfecha, mientras los últimos estertores de su orgasmo colean.

_ Northman – murmura al cabo de unos minutos riéndose contra mi cuello-, eres un semental...

_ Gracias, Stackhouse – me río también, orgulloso, ¿a qué hombre no le satisface que su mujer lo llame así?.

_ ¿Otra ronda?

_ En unos minutos... - vuelve a reírse.

_ Te quiero – dice mientras levanta la cabeza y me mira fijamente a los ojos.

_ Otra vez – sonrío.

_ Te quiero

_ Más...

_ Te quiero – me besa.

Y así ad infinitum.


Aquí termina esta historia, espero que os haya gustado leerla tanto como a mí escribirla. Gracias por vuestra atención y los comentarios tan amables que habéis dejado.

Mañana empezaré a poner el siguiente, Déjame entrar. La historia es un poco más seria que esta y, por lo pronto, va a estar libre de Bill. Me gustaría contar con vuestra compañía también en ese :)

Gracias por dedicarme vuestro tiempo. Os espero en el próximo.