Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Hola, pues aquí me tienen de nuevo con una nueva historia. De verdad extrañaba a Bella, espero que les guste esta idea…

Betza.


Su vida era un asco.

Bella respiró hondo para tratar de controlarse después de esa afirmación y cerró los ojos para evitar que le traicionaran y empezaran a llorar.

Entró en el aeropuerto de O'Hare Internacional levantando la cabeza al cielo y tragando grueso; sentía un nudo en la garganta que amenaza con ahogarla poco a poco y ya no tenía fuerza para controlarse.

Una mujer tropezó en su hombro e hizo que trastabillara por lo que Bella reaccionó y siguió caminando ignorando las disculpas que le estaban susurrando.

Llegó al panel que daba la información de los vuelos y sintió que el alma se le caía al suelo cuando vio que el vuelo que provenía de Inglaterra estaba atrasado.

¡Genial! - pensó mientras se abrazaba a sí misma y buscaba un sitio apartado del área de seguridad donde pudiera sentarse - lo único que me faltaba para terminar de mejorar mi patética existencia – refunfuñó desesperada a la vez que conseguía una silla al lado de una puerta de servicio y tomó asiento sintiéndose alejada completamente del mundo.

Se encogió en el asiento y tapó su cara con sus manos mientras respiraba para relajarse como le había enseñado su maestra de ballet muchos años atrás. En esa oportunidad lo hacía porque odiaba presentarse en público, bailar y temer caerse, pero era una obligación pautada por sus tíos y debía cumplirla.

En ese momento lo hace para ver si con su cuerpo conseguía algún control a la revolución imperante en su mente.

Dejó caer su cabeza en la pared cerrando sus ojos. Extrañaba a sus padres. Sabía qué hacía años que no estaban con ella, pero siempre lo iba a hacer. Tal vez es la fecha, ya que dentro de dos semanas cumplían catorce años de muertos.

Era muy pequeña cuando se los quitaron, solo cinco años. Pero todavía recuerda la sonrisa de su madre cuando iba a acostarla cada noche, dándole un beso y leyéndole un cuento. También recuerda a su padre y su corazón se agrandaba pensando en la forma en como la abrazaba y le susurraba que era buena y hermosa.

Como deseaba que no se los hubiesen quitado… que ese borracho, Marcus Grisanti, no hubiese salido de su casa, después de una pelea con su esposa, manejando a exceso de velocidad y no los hubiese envestido cuando ellos iban camino a casa después de comprarle un regalo porque había salido bien en una tarea…

¿Acaso ese hombre sabrá lo que le hizo cuando manejó esa noche sin importarle sus índices de alcohol? ¿Meditó en que había una niña a quién podía afectar y romper si hacia algo tan imprudente?

Maldijo de nuevo a ese sujeto y apretó las manos en puños sobre su regazo.

Necesitaba a su mamá… quería que le dijera que todo iba a estar bien, que le aconsejara que era lo apropiado en ese momento.

De forma irracional deseaba a su padre, que la protegiera y quisiera matar lo que sea que le estaba haciendo daño. Aunque tal vez en ese caso sea ella misma.

Vivió con sus tíos desde que tenía cinco años. La arrancaron de su hogar en Forks una noche de junio, sin siquiera explicarle que pasaba. Ella quería de vuelta a sus papás y fue Lana, una amiga de su mamá, quien después de muchos gritos despavoridos de su parte le contó que había sucedido algo malo y nunca más los volvería a ver. Que irían a donde fueron sus abuelos años atrás.

Todavía, tantos años después, recuerda como sintió que su corazón se hundía y como no pudo razonar por mucho tiempo, solo se quedó callada, en el vacío. Rememoraba que su madre le había dicho que sus abuelos habían ido al cielo, y lo único que repitió una y otra vez desde que esa mujer le dijo eso hasta que se durmió por el cansancio fue ¿cómo hacía para ir al cielo?

No le respondieron. Solo la llevaron a ese horrible sitio, hasta que localizaron a sus tíos y ellos la trasladaron a Chicago llorando y sintiéndose tan triste, que por semanas no pudo hablar. Arnorld, su tío, el hermano de su madre, no sabía qué hacer con ella.

Trataban de hacer que reaccionara, le dieron juguetes, intentaron hablar con ella pero Bella no podía saber nada, solo la respuesta a su pregunta, y como obviamente era imposible que alguien la supiera no podían ayudarla.

Pero poco a poco se fue adecuando por gracia de Bree…

Ese pensamiento hizo que sufriera un poco más y que un pequeño jadeo escapara de su garganta.

Se tapó de nuevo la cara con sus manos, sintiendo que temblaba y negó con la cabeza.

Amaba a su prima. No entendía como podía vivir consigo misma haciendo lo que estaba haciendo.

Dos semanas después de llegar a esa casa extraña en Chicago, con una familia que solo había visto una vez en su vida, Bella estaba más aturdida que nunca. Ahora, cuando creció, se enteró que sus padres no se llevaban bien con sus tíos por un problema de la herencia de sus abuelos, y que la única razón por la cual se la llevaron es porque eran su única familia viva y si no lo hacían la llevarían a servicios sociales, donde había permanecido hasta que dos días después de la muerte de sus padres fueron a buscarla.

Pero en ese momento ella no sabía nada de eso, solo entendía que sus padres no estaban, que no tenía confianza ni cariño con su nueva familia, y lo único que hacía era llorar y pedir por sus papás.

Una noche, estaba acostada en su nueva cama, mirando una sombra que parecía un monstruo feroz que quería comerla y alguien abrió la puerta. Casi grita cuando vio entrar a un sujeto por allí e imaginó que era un amigo del monstruo, pero en verdad era una niña de doce años de edad que la observaba cautelosa.

Nunca había conocido a su prima hasta el primer día que la llevaron a ese sitio, solamente sabía que era siete años mayor que ella, tenía el cabello castaño y enredado y la miraba con expresión triste y preocupada.

Bree llegó a su lado y le sonrió ligeramente ofreciéndole una chupeta. Bella la observó cautelosamente, antes de tomar el dulce y después se movió para que se acostara a su lado. Así de fácil. Con Bree siempre fue de esa manera, fue la primera de esa casa que se ganó su confianza y cuando terminó el dulce fue la primera que permitió que la abrazara y llorara en su hombro.

La única en realidad…

La verdad lo único en su vida que tuvo sentido en ese tiempo fue Bree. Prácticamente la veía como una hermana y la seguía así hubieran momentos en que le fastidiaba porque era mucho más niña que ella; pero Bree nunca la insultó o botó de su lado, no importa lo necia y fastidiosa que pudo llegar a ser.

Cuando cinco años atrás murieron sus tíos, Bree hizo que se mudara con ella rechazando cualquier opción de que la colocaran en familias temporales hasta que alcanzara la mayoría de edad. "Es mi familia y la quiero a mi lado" repitió a todos los que querían persuadirla de cuidar a una adolescente de catorce años de edad cuando ella era tan joven.

Habían sido ellas dos contra el mundo. Bree estudiaba en una Universidad local y vivía en la casa paterna mientras Bella estudiaba el bachillerato y se la pasaba sola cuando llegaba en las tardes. Era un buen hogar.

Salían juntas, reían, peleaban, se gritaban, y lloraban cada vez que lo deseaban.

No iba a pensar mal de sus tíos, ellos le dieron un hogar cuando no tenía nada, pero no le dieron el cariño que necesitaba, nunca sintió que la quisieron o la aceptaran por lo que cuando murieron lo que le dio tristeza fue su prima pero no le dolió como cuando murieron sus padres.

Pero entendía lo que era perder a sus padres, así que el mismo apoyo que su querida Bree le dio cuando ella tenía cinco años de edad Bella se lo dio en esa oportunidad.

¿Por qué las cosas no pudieron mantenerse así?

¿Por qué no podían seguir siendo ellas dos contra el mundo?

Si, tal vez fuera egoísta y malcriado de su parte, pero en sus diecinueve años Bella no había podido practicar esos sentimientos. Tal vez por eso en ese momento los ejecutaba con tanta intensidad.

Deseaba que sus padres no hubiesen muerto.

Anhelaba que sus tíos nunca la hubiesen llevado a esa casa sino que la hubiesen dejado con Servicios Sociales.

Tal vez incluso ansiaba que esa noche del accidente de sus padres ella los hubiera acompañado para no tener que existir y querer dañar a la única persona que la quiso y apoyó desde que se conocieron.

¿Por qué es tan estúpida? ¿Por qué? No tenía que amarlo… era de su prima, ¡de Bree! ¡No de ella!

Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas y se tapó la cara sin siquiera pensar en el espectáculo que estaba haciendo frente a todo el mundo en pleno aeropuerto.

¡Yo lo vi primero! - se gritaba a sí misma y su llanto aumento a pequeños gemidos.

Si hubiese sido mayor y no con los dieciséis que tenía cuando lo conoció todo fuera distinto.

Él es el hombre más hermoso que existía en el planeta. Y cuando lo conoció y le sonrió la primera vez ella sintió como si su corazón latía por primera vez, mariposas llenaban su estómago y que todo su ser reaccionaba por lo que en ese mismo momento supo que estaba enamorada.

Claro, era mucho mayor que ella, tenía veintinueve años en ese entonces pero a Bella no le importaba, solo pensaba en la forma como le sonrió, como acarició su mejilla y la llamó hermosa.

Después de eso llegó Bree y le sonrió agradeciéndole por haber ayudado a su prima a cargar las bolsas a su vehículo. Bella se mordió el labio y se quedó horrorizada al ver como ellos interactuaban, ya que hasta estaban coqueteando descaradamente, pero sonrió de nuevo cuando se despidió de ella llamándola de nuevo hermosa.

Por días deseó verlo de nuevo, incluso insistía a Bree para ir al mismo sitio, pero una noche todo su mundo se cayó. Habían pasado cinco días desde el primer encuentro, como le gustaba llamarlo y tocaron a su puerta. Cuando abrió estaba él, con una sonrisa y un brillo de cariño en su mirada al observarla. Creyó que todos sus sueños se iban a realizar.

Pero había ido a buscar a Bree… a salir con ella… y todo el tiempo que salieron juntos Bella sentía que se moría un poquito más.

Sabía que era mucho mayor que ella, incluso que Bree era más hermosa de lo que Bella podría llegar a ser, ya que se sentía muy delgada, muy pálida y muy normal para ese hombre. En cambio su prima era completamente hermosa, con sus ojos azules, su cabello miel y su personalidad dulce y vibrante. Y ella la quería, era su hermana, su mejor amiga, su confidente…

Es por eso que todo eso era tan difícil, sentía una presión en su pecho y no podía decírselo, ya que no podía arruinar la felicidad de su hermana por una ilusión unilateral, por lo que parecía como si algo le carcomiera por dentro.

Bella había tratado de ignorar sus sentimientos, decidiendo que él era mayor, que amaba a su prima y que tenía que ser feliz por eso. Además era una chiquilla, así que eso solo se trataba de un encaprichamiento pasajero.

Eso se lo repitió durante todo el noviazgo de ellos dos y fue casi un mantra un año atrás cuando los vio casarse.

Sintió que su corazón se quebraba un poco y lloró con más fuerza. Ese tal vez fue el peor momento de todos, una parte de Bella creyó que su fantasía se haría realidad, de esas locas que llegan en mitad de la noche cuando has pasado horas sin lograr dormir.

En su fantasía él y Bree terminaban porque su prima se enamoraba de otro hombre y se volvían mejores amigos (su prima ya no lo amaba y eso ayudaba a no sentir que la traicionaba o que no iba a ser aceptado su noviazgo).

Después en una fiesta, Bella se iba a ver hermosa con un vestido negro justo a su cuerpo, y donde se ven todas sus curvas provocativa y atractivamente.

En mitad de una noche sensacional y asombrosa, donde sería el centro de atención, sin sentirse aturdida o avergonzada, él iba a llegar al sitio.

La iba a ver impactado, con ese cabello alborotado sin control, sus ojos claros muy abiertos y donde se pudiera leer la impresión de él por no haberla visto tiempo atrás, y ella sonreiría ampliamente, diciéndole con su mirada que ya no era la niña que creía…

A continuación la iba a invitar a bailar y le iba a susurrar que era hermosa, que nunca amó a su hermana y que era la única forma de estar cerca de ella, ya que sabía que era muy joven para él y necesitaba que creciera, pero que no se podía apartar porque no podía permitir que alguien se la quitara. Inmediatamente después le confesaría que ahora que era una mujer tenía que ser de él porque si no se moriría… literalmente.

Con esas palabras ella lo observaría con cariño y no hablaría, tratando de parecer más interesante y después que aletear sus pestañas seductoramente le permitiría que la llevara a la parte de atrás de la fiesta donde habría un jardín con luces de colores y una fuente en el medio de la estancia como si estuvieran en un escenario de la película del Diario de una Princesa.

Y allí le daría su primer beso.

Era una buena fantasía que generalmente terminaba allí o continuaba a una vida juntos, felices y ella sintiéndose dichosa porque era amada.

Sin embargo… un año atrás su fantasía fue magullada completamente cuando su prima se casó con el amor de su vida.

Y Bella fue la madrina, los observo reír, besarse, decirse que se amaban mientras se sentía como la peor de las mujeres.

En primer lugar por desear algo que no era suyo.

En segundo lugar por no querer que su prima fuera feliz…

-¿Por qué? - susurró llorando con más fuerza…

Debió alejarse de allí. No escuchar a Bree cuando le pidió que vivieran los tres juntos. Claro, todavía estaba bajo la tutela de su prima pero… tenía diecinueve años, podía vivir sola y dejar de depender de ella ¿no es así?

Ahora había pasado un año en que ella oscilaba entre la escuela de arte, su prima y… él.

Quien cada vez sentía que quería más y ahora… ahora todo está peor…

-Oh Dios…- gimió y sintió como alguien se sentaba a su lado. Se tensó y escondió su cara entre sus manos.

-¿Qué te sucede? - escuchó la voz de un hombre a su lado y negó la cabeza desesperada. Debía huir de allí, ya estaba lo suficientemente avergonzada de su actuación en ese último mes para unir el bochorno de sentirse humillada porque alguien la hubiese visto llorar.

¿Por qué no pudo controlarse?... A la vez que terminaba de hacer esa pregunta sabia la respuesta. Toda la situación la sobrepasaba.

Tener una ilusión que fue creciendo a amor. Adorar a su prima y saber que la estaba traicionando iba a acabar con ella, sentía como si todo eso fuera un cáncer que la estaba consumiendo.

¿Y si se volvía cáncer?

Dicen algunos que esa es la razón por la que unas personas sufren esa terrible enfermedad. Se callan tantas cosas que su cuerpo tiene que demostrar físicamente lo que sienten por dentro.

¿Morirá de cáncer por callarse un amor y tratar de no hacerle más daño al ser que más la ha querido en el planeta?

-¿Dime qué te sucede? - volvió a preguntar el mismo hombre y ella quitó las manos de su cara para observarlo, aunque las lágrimas y las lentillas de contacto evitaban que pudiera diferenciarlo más de un borrón y un cabello oscuro, por lo que un segundo después volvió a cerrar los ojos, se avergonzaba menos si no lo observaba.

-No… - murmuró y tuvo que callarse ya que sentía que se atragantaba.

¿Cuándo fue que empezaron a cambiar las cosas hasta llega a ese extremo?

Bree está trabajando de profesora de física cuántica en la Universidad donde egresó ya que era tan inteligente que quedó seleccionada incluso antes de recibir el diploma… se sentía tan orgullosa de ella. Además trabajaba en un laboratorio científico investigando por lo que a veces tardaba en regresar a casa y Bella… aunque no lo quisiera aceptar… o pensar… o creer… aprovechaba ese tiempo de ausencia de su prima para estar con él.

Se enrolló como si quisiera hacerse más pequeña y subió las piernas en el asiento apretando las rodillas con sus hombros y tapándose la cara con las rodillas ignorando al sujeto que estaba a su lado y que no la abandonaba.

Fue una egoísta. Salía con él, iban al cine o se quedaban en la casa a ver películas, ya que su trabajo era de oficina y generalmente los horarios de ambos coincidían.

Al principio ella estaba cohibida, como siempre estuvo cuando lo tenía cerca de su presencia, hablaba cuatro o cinco palabras y se quedaba boba observándolo; pero después fue adecuándose. Hablaba más, lo escuchaba como si fuera lo más importante del planeta y lo hacia reír… lo cual siempre le emocionaba no importa el tiempo que haya pasado.

Compartían tiempo juntos.

Y un mes atrás… ella… estúpida, egoísta, malvadamente lo besó…

¿Por qué?

Porque lo deseaba… quería saber qué se sentiría, si sería igual a su fantasía. Su primer beso, con alguien que amaba así no le perteneciera y no lo pensó, simplemente actuó.

Estaban en el mueble viendo una película. Bree seguía en el laboratorio trabajando y ella solo lo hizo. Junto sus labios, y lo abrazó sin saber si él quería o no.

Obviamente no quería, o eso es lo que pensaba hasta que la besó de vuelta y Bella nunca había sido más feliz que en ese instante.

Después que dejaron de besarse ella lo miró y salió huyendo desesperada. Recriminándose y culpándose por su estupidez.

Había traicionado a Bree, hecho una idiotez y no podía perdonarse.

Paso todo el mes evitándolo, no quería hablarle, quería olvidarlo todo y ayer… oh ayer…

Se mordió la rodilla y sintió los brazos del hombre deteniéndola, confortándola.

¿Quién era? ¿Y por qué diantres le interesaba?

Lo miró y volvió a observar difuso su imagen. No podía dejar de llorar. Pestañó varias veces para ver si se aclaraba, pero los lentes de contacto evitaban que lo hiciera.

-Por favor - susurró el hombre con voz desesperada - tal vez si lo dices…

Ella lo miró por un segundo y se permitió pensar en decirlo. Nadie lo sabía. Ni su amiga de la escuela de arte, mucho menos su prima. No tenía a nadie con quien hablar y eso literalmente la estaba volviendo loca.

Él no la conoce. Ni le importa en realidad, solo se preocupaba de verla llorando y está actuando como buen samaritano.

Lo miró con añoranza y respirando hondo trato de tranquilizarse - Estoy enamorada… - susurró y limpio sus lágrimas de las mejillas.

-Eso no es tan grave - respondió el hombre con un movimiento de labios que asemejaba a una sonrisa… deseo poder verlo claramente, pero no pudo ya que esa respuesta le hizo hacer una mezcla de risa histérica y llanto descontrolado.

¡Ja! ¿Qué sabe él?

-Del esposo de mi prima – agregó cuando se tranquilizó y sintió como el hombre se tensaba. No le importo. Ella era la mala ¿no? La rompe hogares, la amante, la bastarda que no respeta un sacramento sagrado, y no está hablando del matrimonio, sino de la unión con su prima, etc, etc, etc. No le hacía falta preocuparse por lo que él pensara o si la juzgaba, con los suyos tenía más que suficiente…

El mes pasado ella había hecho una idiotez. Y lo asumió. Evitó acercarse, aceptó que había hecho mal al querer pasar tanto tiempo con un hombre casado, sobre todo porque el hombre casado era su amor imposible, por lo que le había evadido y pensaba que estaba haciendo un excelente trabajo. Pasaba más tiempo en la escuela de arte que lo normal, ya que antes se apresuraba por salir para compartir con él. Generalmente estaba todo el día en clases o en el estudio comunitario pintando, cuando llegaba a su casa confirmaba primero que estaba Bree, y cuando no lo estaba se iba a casa de Ángela y esperaba a que llegara. Incluso encontró algo que hacia efectivo no pensar en el amor que le tenía.

La culpa que sentía…

Pero el día anterior se descuidó. Había salido temprano de clases y aprovechando que no había nadie en casa se encerró en el sótano y empezó a pintar, desconectada del mundo, en su lugar favorito, y no recordó salir a la plaza antes de que llegara, o nada en realidad. Cuando, horas después, había salido a tomar un jugo se lo encontró de frente.

Ella había quedado paralizada al verlo. Se maldijo a si misma por su estupidez y no pudo moverse cuando él le sonrió y le acarició su mejilla. Le confesó que la había extrañado, y que no podía seguir huyendo de lo que sentían.

Bella trató… jura que lo hizo. Balbuceó un Bree, y algo parecido a no podían hacer esto antes de que la besara y la pegara en contra del mesón de la cocina.

Y ella dejo de pensar…

Dejó que la besara, que la tocara, que le quitara la blusa y tocara sus senos. Incluso ya le había desabrochado el pantaloncillo y la estaba empezando a tocar íntimamente cuando escucharon la puerta de la entrada y la voz de Bree llamándolos.

Ella salió corriendo, tomando la ropa y huyendo por la escalera que daba al sótano, que era donde estaba su pequeño estudio y lloró hasta el amanecer.

Casi dejaba de ser virgen por el esposo de su prima y lo peor de todo es que la mezcolanza de sentimientos que experimentaba no ayudaba.

Sentía culpa por haberle hecho eso a Bree. Por todo. Por enamorarse, por incitarlo, por permitir que le hiciera lo que le hizo.

Y dolor porque si Bree no hubiese llegado ella habría permitido que sucediera, incluso se sentía frustrada por no haber culminado, por no experimentar eso con él.

Aunque lo peor de todo es que en todas sus fantasías nunca lo había visto haciéndole eso. Solo unos besos. Admite que le gustó pero una parte de ella le pareció tan extrañó, rápido y hasta… inapropiado, y ahora se siente confundida.

Lo deseaba, lo amaba, y le dolía por su prima. Por su acción.

Sintió que ponían una mano en su hombro y recordó que no estaba sola. Bueno sabía que había miles de personas alrededor, pero había uno que la notó y se sentó a su lado.

-Debe ser una ilusión - dijo el hombre por fin unos minutos después - eres joven y él…

Bella gimió más fuerte y negó con la cabeza - Yo lo amo desde que lo vi por primera vez, pero se casó con ella y yo… ahora… él me beso y ayer casi… - se ahogó y sintió como el caballero se tensaba más si era posible - si Bree no hubiese llegado yo… - se tapó la cara y negó con la cabeza - no sé qué hacer, no soy fuerte y no puedo hacerle daño a ella, no puedo. Ella me quiere y ha estado para mí desde que era pequeña… soy una mala mujer… lo soy - repitió balbuceando y sintió como la envolvía en sus brazos.

Pensó en decirle que la dejara, que no lo conocía para estarla tocando pero ya no tenía fuerza.

-Eres una niña - dijo en voz baja – no es tu culpa…

Bella se tensó y empezó a apartarse, pero la agarró con más fuerza de los hombros - No soy una niña - dijo entre dientes moviéndose para que la soltara - discúlpeme…

-Espera… déjame ayudarte - replicó y ella quedó paralizada. Levantó la mirada y pestañó repetidas veces tratando de aclarar su visión.

-¿Cómo te llamas? - preguntó aturdida sintiendo que su corazón se aceleraba.

Escuchó que suspiraba y apretaba un poco más su agarre antes de dejarla libre – Edward – murmuró en un susurro.

No, no, no, no… repetía su interior y ella quedó estática - ¿Masen? – preguntó en un jadeo pero ni siquiera espero que hablara. Sabía la respuesta. Salió corriendo de allí sin importarle nada y tropezando con cientos de personas, deseando que el mundo se la tragara, ahogara y pateara su trasero.

Si, de verdad su vida era un completo asco…


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