Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos :D espero que les guste el capitulo.

Soundtrack de este capítulo: All the Pretty Faces, The Killers, http : / / www . youtube . com / watch?v=VdFKaD1noko Cuando salga la canción la ponen si la quieren escuchar.


Edward llevó las manos a su cabello y caminó de nuevo por la sala de su casa sintiéndose como un animal enjaulado. Habían pasado horas desde que Bella se había ido de la casa, desde que él la hubiese empujado contra la puerta y casi perdido el control, estuvo a un segundo de empezar a desnudarla y follarla sin descanso, sin importarle lo que se había prometido una semana atrás y lo que quería ahora de ella. Y la verdad era que había sido condenadamente difícil mantenerse alejado, todas las noches cuando llegaba a su apartamento y observaba la luz encendida del cuarto de arriba quería ir, tirar la puerta y poseerla, dormir con ella, tenerla a su lado… en conclusión ansiaba comportarse como todo un jodido marica.

Sabía que había actuado precipitadamente al confesarse, pero era que ese dibujo, lo que había visto en él le hizo hacerlo y ahora tenía una dualidad de sentimientos por eso; lo odiaba ya que causó que hiciera algo tan increíblemente estúpido y a su vez lo adoraba, porque era lo único que le hacía mantener la esperanza y la certeza de que ella sí sentía algo.

De nuevo… jodido marica.

Aunado a ello estaba que esos últimos días había experimentado más presión que nunca, por todos lados; ella y su imposibilidad de aceptarlo; su trabajo, ya que el proyecto que estaba paralizado había sido iniciado pero igual necesitaba que se pusieran al día para que no le costara dinero por el tiempo de retraso; y su abuelo que le había vuelto a hablar en dos oportunidades sobre erradicarse de nuevo en Londres. El problema sobre lo último era que es algo que ni siquiera lograba considerar, si antes se había cuestionado sobre si ella lo acompañaría o no, ahora estaba tan seguro como el infierno que no lo haría, por lo menos no hasta que se diera cuenta que los sentimientos que él había visto plasmados en el dibujo eran reales y existían. Le hacía sentir frustrado que toda su vida hubiese buscado algo y ahora que estaba tan cerca de conseguirlo, se alejaba con el fin de buscar algo más; pero en verdad no podía evitarlo, no cuando sabía que estaba enamorado ni que al alejarse de ese sueño podría tenerla a ella, o quizás, solo quizás, podría tenerlo todo.

Luego de dar otra vuelta por su apartamento decidió salir a hacer algo, no le gustaba ni un poco eso de tener paciencia, más bien lo detestaba, ansiaba que todo se diera inmediatamente, no le agradaba esperar; además una parte de él estaba empezando a cabrearse, había comenzado a preguntarse por qué siempre debía mendigar lo que a otros les pertenecía sin merecerlo. Obvió esa pregunta, como había hecho últimamente más a menudo y entró a su baño para ducharse y arreglarse, necesitaba salir de ese encierro, de esa constante meditación; tal vez iría a correr o quizás a la oficina.

Quince minutos después estaba parado frente al espejo, con el cabello húmedo, un jean y una camiseta negra listo para irse. Tomó su teléfono del mueble y frunció el ceño al ver la llamada entrante.

-¿Rose? - Preguntó al responder extrañado.

-Edward… ¿Podrías venir a casa… por favor? - Escuchó y se tensó al tener una sensación de dejavu invadiéndolo. Percibió la ruptura en la voz de su amiga cuando pronunció la última palabra y quedó ligeramente paralizado -. Rápido… - susurró y antes de darle la oportunidad de contestar había trancado la llamada.

Salió corriendo hacia el apartamento de Rosalie, tomando el abrigo antes de cerrar la puerta de su casa por si tenía que salir lo cual parecía un hecho ya que si el maldito de Emmett le había hecho algo, iría y lo mataría. Bajó los pisos por las escaleras y al llegar abrió la puerta sin encontrarse ninguna traba o cadena cerrándola. Dio dos pasos dentro de su sala y quedó paralizado al verla. No estaba usando una dormilona, sino una franelilla y unos pantalones grises; tampoco estaba con el cabello desarreglado o lloraba, pero Edward sintió la misma opresión en el pecho que experimentó cuando la encontró sentada en ese mismo mueble un día después del cumpleaños de Bella.

-¿Rose? - Preguntó y caminó unos pasos hacia ella, acuclillándose cuando llegó a su lado y colocando dos dedos debajo de su barbilla a fin de levantar su cabeza para que lo mirara -. ¿Qué sucedió, cariño? - Insistió colocando una mano en su muslo y acariciándola.

-Nunca he terminado de aprender - susurró ella y él acarició su cabello en respuesta -, es como si tuviese que vivir lo mismo una y otra vez… no lo entiendo. ¿Qué demonios está mal conmigo?

-Nada, cariño, ya te lo he dicho… - dijo y la escuchó reír amargamente y tragarse un ligero sollozo.

-¿Por qué tú no me amaste? - Preguntó y al final la voz se partió -, todo habría sido tan fácil si lo hubieses hecho…

Edward suspiró hondo y apoyó la cabeza en su regazo, haciéndose en silencio la misma pregunta; Rosalie tenía sus propios demonios pero de verdad hubiese podido manejarla y todo habría sido más fácil, mucho más que enamorarse de una chiquilla que era tan obtusa que no veía lo que él le ofrecía y en vez lo que hacía era prendarse de un bastardo que no la merecía.

-¿Quieres que lo mate, Rose? - La escuchó reír ahogadamente -. ¿Qué tanto daño quieres que le haga? - Interrogó sintiendo que la rabia lo cegaba. Percibió su mano acariciando las hebras de su cabello humedecido y suspiró apreciando ese gesto, también necesitaba que lo confortaran.

-Estoy embarazada - confesó. Edward se quedó estático por un momento y después levantó su cabeza para observarla. Ella sonreía, tenía los ojos húmedos y las mejillas llenas de lágrimas, pero también sonreía y se veía completamente hermosa -. Había pensado…

-Lo sé - le interrumpió sintiéndose todavía más asombrado. La Doctora que la había atendido por la enfermedad que le contagió Royce les había asegurado que las posibilidades de un embarazo natural eran prácticamente nulas, que tenía que someterse a tratamientos de fertilidad para poder fecundar.

-Voy a tener un bebé… - dijo de nuevo con una sonrisa aún más resplandeciente y Edward la imitó, sonriendo y levantándose para abrazarla fuertemente, cargándola y dándole una pequeña vuelta. Unos segundos después la soltó y la vio suspirar hondo con los ojos cerrados.

-No creí que me fuera a pasar… - declaró asombrada -. Además siempre habíamos sido muy cuidadosos… solo una vez un mes y medio atrás en la ducha… Nunca me imaginé…

-¿Estás completamente segura? - Preguntó observando como ella entrelazaba una mano con la suya. Rose asintió.

-Me hice cinco pruebas caseras y después me practiqué un examen de sangre. Ésta misma mañana me dieron los resultados. - Edward asintió y volvió a abrazarla. Estuvieron unos momentos así hasta que reaccionó.

-¿Emmett dijo que ese no era su bebé? - Cuestionó en voz controlada aunque hirviendo por dentro; la emoción de la noticia le había hecho olvidar momentáneamente sobre las primeras palabras de Rose de esa conversación y su tono de tristeza cuando lo había llamado por teléfono. Aceptaba que sintiera terror y perplejidad por la noticia, pero nunca dolor, no con lo que sabía que Rose había sufrido con su pérdida anterior. La escuchó suspirar y le sintió tensarse en su abrazo.

-No, solo que no dijo nada… - respondió en voz baja. Edward frunció el ceño y la guió para que se sentara a su lado en el sofá.

-¿Qué demonios quiere decir eso?

Rose colocó detrás de su oreja unos mechones de su cabello que se habían salido y bajó la cabeza con sus hombros todavía hundidos.

-Fui a su casa hoy después de tener el resultado y le conté todo, excepto que… estaba enamorada de él, pero vamos, debería saberlo, ¿no? - Negó con la cabeza y Edward frunció el ceño en respuesta -. Le dije que estaba embarazada y que quería más si él estaba dispuesto. Cuando no me respondió me desesperé, no quise… no quería que él me dijera que no lo deseaba o que me pidiera que abortara, por lo que le dejé claro que no iba a perder a este bebé no importara lo que él pensara, que sabía que era algo muy precipitado porque solo teníamos un par de meses saliendo pero que yo deseaba intentarlo. Fui una total idiota… - declaró y por su semblante y su voz se dio cuenta que estaba recriminándose más de lo que decía. Edward la abrazó con fuerza y colocó su frente sobre su cabeza.

-¿Y qué hizo él? - La escuchó emitir otra risa que sonó aún más amarga y después la vio colocar las manos sobre su cara.

-Me miró con los ojos muy abiertos - susurró entre sus manos, bajando de nuevo su cabeza -. Dijo algo sobre no poder y ya… ¡nada más…! - Edward bufó y golpeó un lado del mueble con un puño, ¡al parecer era una jodida epidemia eso de quedarse condenadamente callado!

-¿Qué demonios sucede con los americanos? - Preguntó furioso. La escuchó emitir un bufido triste -. ¿Por qué mierda no pueden ver lo que ofrecemos?

-No lo sé… - susurro y se inclinó para apoyar su cabeza sobre su regazo -. Soy una maldita idiota…

-No es tu culpa - aseguró acariciando su cabello -, él se lo pierde y es mi ganancia, será mi primer sobrino-hijo-ahijado, tal vez el único que tenga… - Rosalie rió con fuerza y se levantó para mirarlo fijamente.

-Tienes a Bella, ustedes tendrán hijos, además esta Alice…, y sabes que puedo criarlo sola, soy fuerte…

-Lo sé… - le interrumpió colocando una palma abierta sobre su vientre plano -, pero por lo que a mí respecta, este pequeño que está creciendo aquí no conocerá el rechazo, lo juro. - Rose se tensó, lo observó con lágrimas en los ojos para luego levantarse y tirársele encima a fin de abrazarlo con fuerza.

-Te quiero, Edward - le susurró y él la abrazo sonriendo ligeramente. En ese momento tocaron la puerta un par de veces y después la abrieron de par en par. Él frunció el ceño al ver la mirada furiosa y amenazante de Emmett y lo retó del mismo modo, deseando acabar con él por haber hecho sufrir a su amiga y futura madre y más importante, por rechazar a su propio hijo. Se levantó para matarlo pero antes de dar un paso Rose lo había agarrado de la franela.

-¡No! - Gritó ella jalándolo hacia el mueble -. ¡Ésta no es tu puta batalla, Edward! - Declaró y se levantó mirando a Emmett, se veía que estaba furiosa y dolida -. ¿Qué demonios quieres?

-¿Qué…? - Se detuvo y pasó una mano por su cabello -. Tenemos que hablar, Rose - declaró mirando fijamente a Edward -. A solas. - Rose se colocó frente a Edward y negó con la cabeza respirando aceleradamente.

-Todo me quedó muy claro en la mañana cuando me miraste como un imberbe y balbuceaste esas estupideces. ¡Vete de mi casa! - Ordenó señalando la puerta.

-Rose, jodida… déjame explicarte, ¡no me alejes!

-No me vengas con esa pendejera. No fui yo la que hui, yo lo ofrecí todo, ¡todo! Tú fuiste quien me rechazó, no quieres nada de esto, ni a mi bebé ni a mí. - Ella jadeó como si se estuviese ahogando y se acercó otro paso hacia Emmett -. ¡Lárgate, no te quiero aquí! ¡Eres un imbécil, maldito, bastardo y no te necesitamos!

Rose llegó frente a él por fin y empezó a golpearlo hasta que en respuesta la empujó contra la pared más cercana y atrapó sus muñecas y las subió sobre su cabeza.

-¡Te odio! - Le gritó ella removiéndose hasta que Emmett logró paralizarla.

-No, no lo haces - gruñó él aprisionándola -, sé lo que en verdad sientes por mí.

-En este momento asco por haberme acostado contigo; resentimiento en contra de mí misma por permitirme creer como estúpida…

-Te amo - declaró interrumpiéndola y Rose quedó paralizada observándolo y dejando de hablar inmediatamente.

Edward se quedó estático sintiéndose un poco avergonzado por estar en una escena tan intima, y por eso comenzó a caminar hacia la puerta.

-Eso no es cierto… - refutó Rose en voz ahogada -. No puede serlo, ya que si tú…

-¡Puta madre…! - Gruñó él removiéndose ya que ella había empezado a batallar de nuevo contra su agarre -. ¿Por qué diablos siempre tienes que ser tan malditamente difícil? ¡Todo tiene que ser una condenada batalla!

-¡Yo no estaba batallando! - Gritó ella -, si no lo recuerdas te pedí que lo intentáramos, maldito bastardo, tú fuiste quien salió huyendo…

-No me estaba yendo, no quería abandonar el bebé ni a ti… ¡Escúchame y entiéndelo!

-¿Y por qué mierda no dijiste nada? ¿Por qué me mantuviste en esa tortura? Parada allí y esperando un acercamiento, algo que me indicara que lo querías también, que me querías también. ¡¿Por qué? - Gritó haciendo más esfuerzos para que la soltara. Sin ningún éxito.

-¡Porque a la última mujer que le dije que la amaba se murió! - Confesó soltándola y apartándose unos pasos -. Porque me sentí culpable al experimentar la felicidad que tuve cuando me dijiste que íbamos a ser padres, ya que para vivir esto ella tuvo que morir y es como si al mismo tiempo estuviera feliz de que se haya ido y no lo estoy, Rose, te juro que yo la amé, solo que también te amo a ti. Un amor distinto pero no por eso menos real… Y porque no quiero que te mueras… porque… - Se calló en el momento en que ella lo envolvió en sus brazos y Edward que se había detenido en la mitad de la sala impresionado por la conversación, comenzó a caminar de nuevo hacia la salida, un poco más rápido que antes.

-Sí la amaste, Em - susurró Rose acariciando su cabello -. No es tu culpa que ella se fuera y nunca la habrías engañado conmigo…

-No sabes… te deseé por tanto tiempo, Rose…

-Sí, lo sé, porque no lo hubiese permitido y Em… - Él alzó la mirada y ella acarició su mejilla sonriendo buscando darle confianza -. No me voy a morir - le dijo en un susurro.

-Más te vale… más te vale - respondió y la abrazó con fuerza.

Edward estaba a un paso de la puerta cuando su teléfono celular repicó, lo sacó apresuradamente del bolsillo y levantó la vista hacia su amiga quien lo estaba observando sorprendida, al parecer ni recordaba que también estaba allí. Ella le sonrió ampliamente y él le respondió el gesto de la misma manera antes de escuchar que volvía a repicar su teléfono, bajó la mirada y frunció el ceño al ver quién era por el identificador. Salió cerrando la puerta detrás de él y contestó por fin la llamada.

-¿Bella? - Preguntó todavía aturdido por la escena anterior y porque por primera vez en una maldita semana ella le había hablado voluntariamente.

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Edward se estacionó frente a la casa de Fred y Bree unos veinte minutos después de recibir la llamada de Bella. Se le había hecho fácil llegar ya que sorpresivamente no había casi tráfico para ser un sábado y porque siendo sincero consigo mismo, había jugado un poco con los límites de la velocidad ya que quería llegar a tiempo. Esa necesidad surgía por varias razones; porque no quería que Fred tuviera la posibilidad de atrapar a Bella; porque quería aprovechar el tiempo que iban a pasar juntos y encerrados que ella le estaba dando; y porque se sentía jodidamente cansado.

Se pasó una mano por el cabello ya casi seco y salió del vehículo pensando en cómo había cambiado su vida en los casi dos años que tenía en ese país, su interior estaba todo descontrolado y había hecho cosas que nunca pensó que haría, entre esas enamorarse… obviamente. Después de haberle trancado a Bella unos minutos atrás y de casi rogarle, cosa que se unía a las listas de cosas que jamás había hecho antes ni siquiera a su madre; y de cabrearse por la estupidez y terquedad de ella, decidió que había pasado suficiente tiempo. Ese jodido día la forzaría a que aceptara estar con él de cualquier manera, ¡maldita sea!, hasta había considerado retractarse de esas putas palabras. Nunca debió haberlas dicho en primer lugar.

Tocó el timbre un par de veces pero al ver que nadie contestaba y le abría la puerta frunció el ceño; a la tercera vez recordó que Bella le había dicho que Bree se sentía mal y la llamó por teléfono. Pero no contestó. Edward suspiró hondo, su nuevo mecanismo para controlar su casi perdido temperamento y caminó hacia la entrada trasera, quizás Bella estaría en el sótano dibujando o algo así…

Cuando llegó al patio y se iba acercando a la puerta frunció el ceño más profundamente al escuchar gritos y vidrios quebrándose. Se apresuró a llegar y por el detalle de vidrio de la puerta observó a Bree haciendo gestos furiosos frente a una Bella cabizbaja, un segundo después la había cacheteado tan fuerte que el cuerpo de Bella se fue hacia un lado.

-¡Qué demonios! - Gritó Edward y pateó la puerta de la cocina, haciendo que se abriera y que golpeara contra la pared partiendo el vidrio en el proceso -. ¡No la golpees! - Exigió acercándose en dos zancadas y tomando a Bella de un brazo buscando protegerla.

Observó que Bree también lloraba pero estaba tan horrorizado por lo que acababa de presenciar que ni siquiera podía analizar el motivo.

-¿Estás bien? - Le preguntó a Bella acariciando sus antebrazos y la vio negar la cabeza ahogada en llanto -. ¿Qué diablos está sucediendo aquí?

-¡Pregúntaselo a ella! - Le gritó Bree tratando de acercarse pero Edward la contuvo al colocar sus dos brazos sobre sus hombros -. A ver que te dice… ¡Pregúntaselo a la furcia de tu esposa!

-¡Basta! - Gritó Edward y se volvió hacia Bella que se abrazaba a sí misma y no paraba de llorar -. ¿Qué sucede? - Preguntó desesperado.

-¿Así me pagaste todo lo que hice por ti? Sacrifiqué mi vida, mi niñez, mi juventud, ¡todo! Y que como respuesta me hagas esto, Bella. ¡No me lo merezco! - Gritó y trató de acercarse para golpearla de nuevo pero Edward volvió a retenerla -. ¡Eres una desgraciada, Bella!

-¡Bree, maldición, cálmate! - Gritó mirando su barriga y el estado en que se encontraba -. Piensa en tu jodido bebé.

Eso causo que Bree jadeara y limpiara sus lagrimas, para calmarse un poco, aunque no demasiado.

-¿Eso era lo que querías, Bella? - Preguntó ella limpiando sus lágrimas -. ¡Dejar mi bebé sin familia! ¿Desde cuándo?

Edward las miró a ambas confundido y negó con la cabeza.

-Bree… cálmate - rogó de nuevo tratando de alejarla pero Bree se apartó de nuevo y piso un pedazo de vidrio, al parecer en algún momento había roto varias piezas de su vajilla.

-¿Él lo sabe? - Le preguntó a Bella tratando de acercarse a ella, sin éxito -. ¿Sabe que eres una rompe hogares? ¡Qué cuando no estaba pendiente me intentabas robar a mi marido!

Mierda…

Sintió a Bella tensarse detrás de él y volteó la mirada hacia alrededor del cuarto viendo si estaba el miembro faltante. Pero no estaba por ningún lado, ¿qué demonios estaba ocurriendo?

-Bree… escucha… - empezó a decir mientras por dentro estaba todo confundido; ¿cómo demonios se había enterado? ¿Bella habría actuado tan estúpidamente como para confesárselo después de todo lo que había hecho para ocultarlo en primer lugar? -. No sé qué te habrá dicho…

-¡Nada! No tenía que decirme nada, las acciones fueron suficientes, ¡no me tenía que explicar cómo trataba de sonsacar a mi marido cuando la acabo de encontrar tratando de revolcarse con él en mi sótano! ¡En mi propia casa!

Edward se quedó paralizado y algo dentro de él murió y explotó a igual medida. Se volteó hacia Bella inmediatamente y la encontró negando repetidas veces con la cabeza, aunque sin defenderse, sin hablar, con su aura llena de tristeza y derrota.

Eso lo hizo sentir ligeramente peor…

-¡Y todavía pensé que había culpa de Fred o que había sido una equivocación! Tal vez que tenía problemas contigo y que él la estaba consolando. Pero no… porque la estaba besando… ¡estaban abrazados como dos amantes! ¿Eso era lo que querías, Bella?, ¡que él fuera tu amante y me dejara!

-Bree… - rogó Bella hablando por fin, moviéndose de la parte donde Edward la tenía protegida y encarándola -. Lo siento… si me permitieras… - Bree negó con la cabeza y la miró furiosa y herida haciendo que se callara.

-¿Todo este tiempo? Cada vez que te decía que temía estarlo perdiendo… que pensaba que estaba con otra, ¡siempre fuiste tú! ¡Siempre fuiste tú quien estaba destrozando mi vida! ¡Y lo conseguiste al final! ¡Él no se hubiese atrevido a decirme esas cosas, a decir que lo ahogaba, que lo usaba, a dejarme si tú no lo hubieses engatusado!

Bella lloró más fuerte y Edward negó con la cabeza luchando para que las palabras salieran de sus labios.

-Ella se fue de tu casa para no estar con él - dijo por fin.

-¡No la defiendas! No cuando ella defendió a mi esposo, no cuando me miró con esos ojos culpables ni cuando Fred me dijo que ahora quería estar con ella. Yo te lo di todo, Isabella… pero al final mis padres tenían razón. Eres una mala persona y nunca podrás valorar lo que hicimos por ti o amarnos… debí creerlo, debí entender que tu espíritu era malvado y lo único que has querido era hacerme daño.

-Bree, yo te quiero… - susurró Bella con la voz rota y Bree, de alguna manera que no entendió, ya que la estaba supuestamente alejando, pasó por un lado de Edward y volvió a cachetearla. Ella recibió el golpe casi cayéndose y después se volteó hacia la puerta de la cocina.

-Por favor, Fred… - rogó Bella y Edward giró hacia su hermano, viéndolo por fin. Estaba ligeramente pálido, pero apartado del problema, como si no fuera él uno de los principales culpables de lo que estaba sucediendo y llevaba en su mano una jodida maleta. ¡Maldito! -. Dile…

-¡No te atrevas a hablarle! ¡No en mi presencia! - Le gritó Bree zarandeándola por sus dos antebrazos.

-¡Detente, Bree! ¡Ya! - Gritó Fred decidiendo intervenir por fin -. ¡Cállate! No entiendes, no es culpa de Bella, solo sucedió, no puedo estar más contigo… no puedo seguir viviendo esta farsa.

Bree empezó a llorar y colocó su cabeza entre sus manos jadeando y casi gritando. Fred negó con la cabeza y la bajó ligeramente.

-Eres mi esposo, Fred - balbuceó.

-¡No soy malditamente perfecto, Bree! ¡Nunca lo he sido! - apretó con fuerza la maleta y giró hacia donde Edward se encontraba -. Vámonos, Bella… es hora.

-No hagas esto, Fred - rogó Bella mientras negaba con la cabeza y tenía las manos vuelta puños -. Por favor…

Edward miró a su hermano con todo el odio y la rabia que tenía meses cocinándose en su interior. Sintiendo más furia por el hecho de que quiera llevársela, que quiera quitársela y estuviera tan condenadamente seguro de que ella se fuera a ir con él que se lo decía incluso frente a su supuesto esposo. Así que se le acercó y le dio un derechazo en su mandíbula que lo tiró al suelo.

-¡No, Edward! ¡No hagas esto… por favor! - Escuchó que Bella gritaba pero no le importo, siguió golpeándolo, pateándolo. Fred le hizo una llave enredando sus piernas en las de él y lo tiró al suelo pero él aprovechó, le sacó todo el aire golpeándolo fuertemente en el estómago y envolvió su cuello con su antebrazo para empezar a asfixiarlo y paralizarlo.

-¡Te dije que no te acercaras, maldito! - Gritó Edward mientras esquivaba los golpes que quería propinarle para hacer que lo soltara. Alrededor se escuchaban los gritos de las dos mujeres y los llantos.

-¡Suéltame! - Gruñó Fred aún pateando y lanzando golpes sin atinar ninguno -. ¡Maldito seas! - Gritó y Edward vio sangre que salía de un brazo de su hermano… se había cortado con los malditos vidrios. A su vez sintió que algo se le clavaba en un muslo y dolía como el demonio pero solo podía continuar golpeándolo y drenando la rabia que lo invadía.

-¡Por Dios, van a matarse! - Escuchó que Bree gritaba y al levantar la mirada y notar que ella se había llevado una mano a su estómago abultado se detuvo, no quería causar un jodido aborto. Lo soltó tirándolo contra el piso, le pateó y escupió sin importarle nada.

-Hasta hoy tuve un hermano - le dijo y Fred lo miró furioso.

-¡Lo mismo digo, bastardo! - Escupió con odio -, desde que llegaste aquí todo se fue a la mierda.

Él le iba a contestar pero sintió los brazos de Bella envolviéndolo, alejándolo de Fred, protegiendo al maldito y eso hizo que la ira y el odio lo llenaran aún más.

-Por favor… Está sangrando… ¡Detente! - La escuchó suplicar y miró a su hermano con furia mientras respiraba aceleradamente y volvía a escupir para botar la sangre del labio roto que uno de los golpes de Fred había causado. La cocina estaba destrozada, en algún momento la mesa se había volcado, y el piso era puro vidrio y sangre por la herida en el brazo de Fred. Miró hacia el brazo del rubio pero parecía que era superficial, sentía su propia sangre verterse por su muslo pero no quiso revisarlo. Después se curaría…

Bree se había acercado a atender a Fred pero él se había parado, tomado la maleta, y miraba a Edward con rabia. Bree se volteó para mirar a Bella con rabia.

-¡Lárgate de mi casa! - Le ordenó y Bella lloró aún más todavía envolviendo a Edward.

-Déjame explicarte… - le rogó acercándose un paso y soltando a Edward en el proceso -, yo sé que hice mal, yo sé que no debí enamorarme de él...

-¡¿Enamorarte? - Gritó Bree respirando ahogadamente -. No creo que eso fuera lo que pasó, creo que querías hacerme daño, que querías destruir mi vida perfecta ya que la tuya no vale una mierda. Tal vez Edward no sea un buen marido y querías quitarme el mío, debes estar feliz porque lo conseguiste ¡destrozaste mi vida y nunca te perdonaré por ello!

Bella miró a Fred y quien la miraba a su vez sin pronunciar palabra. Edward, que no podía soportar ese intercambio ni la idea de lo que había pasado en esa casa, la tomó del antebrazo y empezó a jalarla hacia la puerta.

-Bree… - rogó sonando desesperada y con voz rota por el llanto -. Fred… por favor habla…

Edward la jaló más hacia la puerta sintiéndose furioso, dolido y jodidamente cansado, más de lo que nunca se había sentido antes.

-No quiero verte nunca más - le susurró Bree llorando -, me has herido más que nadie en esta vida… me rompiste el corazón.

Bella soltó un sollozo parecido a un grito que le desgarró el alma y la jaló hacia el patio dejando a su única familia dentro de la casa y alejándola de Fred, temiendo, estúpidamente, que cumpliera la petición del otro hombre y se fuera con él. Sin pronunciar ninguna palabra la montó en el carro de copiloto y tiró la puerta, antes de colocarse detrás del volante y arrancar rumbo a su casa.

En el asiento del lado ella lloraba a lágrima viva y él respiraba hondo buscando calmarse aunque extrañamente la ira, furia y dolor lo habían abandonado, solo quedaba el cansancio. Alrededor sonaba la tonada de The Killers, All the Pretty faces y se concentró en ella y en sus pensamientos para no escuchar los sollozos de Bella.

No podía creerlo, lo había hecho jodidamente de nuevo, mientras le decía que estaba confundida se había ido a esa casa y había vuelto a estar con Fred… ¿Qué demonios estaba mal con ella? ¿Y qué diablos estaba mal con él para permitir que le hiciera eso? ¡Joder! No se merecía esa mierda. Había hecho lo imposible para que lo viera, para mostrarle que él era el correcto y no el maldito de su hermano mayor. Estaba asqueado, agotado y condenadamente cansado de esa maldita historia. De ese maldito mundo.

"Ayúdenme, lo necesito, no me siento como si quisiera amarte más,
no me siento como si quisiera amarte más.

Ayúdenme, lo necesito, no me siento como si quisiera tocarla más.
Ayúdenme, lo necesito, no me siento como si quisiera follarla más.
Bueno, ¿cómo ocurrió esto?
Pasé dos largos años en un extraño, extraño país.
Bueno, ¿cómo ocurrió esto?
Yo haría cualquier cosa para ser tu hombre…"

Llegaron a su casa unos cuantos minutos después. Entraron en el ascensor y él solo miraba al paisaje mientras la escuchaba llorar y jadear por aire, no podía ni siquiera mirarla. Entraron a la casa y la vio abrazarse a sí misma. Dio tres pasos hasta llegar a un punto en la sala y levantó la mirada quedando paralizado en ese punto, preguntándose una y otra vez cómo mierda había dejado que alguien lo dominara así, qué diablos le había hecho para que inclusive haya tenido que arrastrarla para que se fuera con él. ¿Cuándo se volvió el blandengue que tanto había evitado ser? Él era Edward Masen, no un maldito hombre débil… nunca se lo había permitido a sí mismo y ahora estaba todo tan jodido. La escuchó gritar y parpadeó saliendo de sus pensamientos.

-¡Estás herido! - Chilló y se arrodilló ante él, tocando el jean manchado de sangre. Él miró el jean, la mancha de sangre que cubría todo alrededor y frunció el ceño pensando en que ni siquiera le dolía. Ella empezó a luchar por respirar mientras tomaba su muslo y lucía desesperada -. ¡Por Dios, ¿qué te hice? ¡¿Qué te hizo?

Él la miró fijamente y tomó de un antebrazo apartándola de su cuerpo y casi levantándola en el proceso.

-¿Dejaste que te tocara? - Preguntó entonces con voz sorpresivamente calmada. Bella levantó la mirada y lo observó en silencio, la culpa invadiéndola y mostrándose hasta tal extremo que incluso se irradiaba hasta donde él se encontraba. La dejó de pie y soltó sintiéndose condenadamente asqueado -. ¿Permitiste que te tocara cuando me prometiste que nadie más lo haría? ¿Qué serias solo mía? - Bella jadeó y cerró los ojos por un segundo.

-Edward… - dijo con voz suplicante. Él negó con la cabeza y se pasó una mano por la cabeza.

-No merezco esta mierda...

-Ya no lo amo - susurró ella como si no lo hubiese escuchado. A él ya no le importaba, solo se repetía una y otra vez lo malditamente imbécil que había sido, creyendo que ella podría sentir algo por él alguna vez. Era el condenado hombre bueno, por supuesto que la imbécil preferiría al jodido bastardo que ni siquiera había sido capaz de defenderla con su jodida prima, que prefirió arruinar esa relación a su beneficio -. Nunca me volverá a tocar, te lo prometo - continuó casi rogando pero él negó con la cabeza apretando los labios hasta volverlo una línea.

-Estoy cansado de tus jodidas promesas…, no valen nada - escupió mirándola fijamente. Ella palideció un poco más en respuesta.

-Edward… - jadeó y se acercó a tocarlo pero se apartó un paso -. Por favor, escúchame... - Él negó con la cabeza y empezó a caminar hacia su cuarto -. Sé… sé que lo arruiné, que estaba confundida, pero ya no más… te lo prometo, te lo juro… ya no estoy confundida.

Él no contestó nada, solo llegó a su cuarto y abrió su closet para sacar la caja donde guardaba sus cosas más importantes como su pasaporte, dinero, documentos de identificación, entre otros. La escuchó respirar aceleradamente mientras tomaba lo más importante de la caja.

-Escucha… ¡por Dios…! - continuó -. Sé que pensarás que es mentira pero no lo es. Lo juro. Hoy me di cuenta de la verdad… No amo a Fred, no lo hago desde hace mucho tiempo y él no es un buen hombre, no es como tú… Yo pensé que lo era pero no… Tú eres real, Edward, aunque a veces eres cruel y mandón pero también eres tú, es un todo, nada perfecto solo lo que es… y es lo que yo había querido, pero no me había dado cuenta.

Él dejo de revisar una gaveta a su lado y la miró frunciendo el ceño sintiéndose verdaderamente confundido. Había hablado tan aceleradamente que solo había oído la mitad de las palabras que salieron por su boca.

-¿Qué demonios estás diciendo?

-Que te quiero… - declaró mirándolo suplicante y él la observó paralizado. Una parte de su ser quiso emocionarse por esas palabras, eran las que había esperado por mucho tiempo, pero el cansancio y el sentimiento de traición eran demasiado grande para ser ignorados y le amargaron completamente esa sensación.

-Esa declaración llega una semana y una revolcada tarde - dijo cerrando el estuche donde tenía la laptop con todos sus archivos importantes y donde guardó los documentos que había buscado en la caja.

Ella lo miró sin pestañar, sin moverse y él negó con la cabeza.

-Nunca mereciste que hubiese puesto todo en espera y que haya casi renunciado a lo que tenía toda mi vida luchando - continuó y negó con la cabeza recriminándose amargamente -. Todo por una jodida… - se calló apretando los labios ya que había prometido no volver insultarla y empezó a caminar hacia la puerta.

-Edward… ésto no ha sido fácil para mí - prosiguió siguiéndole hasta la sala -, no sé decir… estuve tan confundida… perdóname, por favor… créeme, por favor… - Lo tomó del antebrazo y él se detuvo y giró la cabeza para mirarla. Tenía los ojos rojos, las mejillas humedecidas y la misma vulnerabilidad que había buscado proteger cuando la vio sentada en una silla del aeropuerto, pero ya no quería hacerlo, ahora lo que estaba era condenadamente cansado de toda esa mierda y quería largarse.

-Se acabó, Bella… estoy cansado de todo esto. Se acabó - repitió y apartó su mano. Ella lo miró horrorizada y por primera vez notó el maletín que llevaba en su mano.

-No… - susurró y volvió a agarrarlo del antebrazo -, no puedes irte, ¡escúchame por Dios! ¡Te quiero, Edward! No lo toqué, lo prometo, por favor, Bree me odia, no me quiere ver… no lo hagas tú también…

Él la observó y mató la parte que quería protegerla y compadecerla, se apartó haciendo que soltara su agarre y negó con la cabeza.

-Ya he tenido jodidamente suficiente. - Ella lo miró con los ojos llenos de dolor e ignorándola se volteó y salió del apartamento dejándola sola.

Por primera vez en su vida se había rendido, había sentido que no podía más, que no había solución. Ahora solo había llegado la condenada hora de regresar de donde había venido.


Hola.

Muchas gracias a mi beta Gine, que me ayudo a dejar de huir... jejeje :D

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