Los Personajes de The Prince of Tennis no me pertenecen, son de la propiedad exclusiva de Konomi Takeshi. Hago ésto sin fines de lucro, únicamente por mera diversión.


"Realidad"

Intocable

¿Miedo? ¿Tristeza? ¿Pena? ¿Qué era lo que estaba sintiendo y de que cierta manera le incomodaba? Otra sensación nueva. Otra más, gracias a ella. Suspiró. Uno bastante distinto a los que daba y que eran seguidos de una sonrisa arrogante que tanto le caracterizaba.

No, esta vez era diferente.

Al tomar ese aire que lo impulsó, fue como si quisiera tomar todos sus problemas y soltarlos a través de un suspiro y que se fuera. Así de fácil como entró, debería salir. Pero no era así, esta vez tendría que hacer más falta que un simple suspiro para poder sacar esa incomodidad que tenía en su pecho. Faltaría mucho más que su sonrisa arrogante para sacarlo libre de esa situación tan incómoda. Mucho más que un simple "Hmph" que fuera interpretado como los demás quisieran. Esta vez necesitaría mucho más que solo ser Ryoma Echizen. Porque ella, sabía ver a través de sus palabras, de sus miradas arrogantes, de sus acciones. Ella ya sabía ver a través de Ryoma Echizen.

Camino pesadamente, por su rostro frío e inexpresivo se acercó algo como una leve sonrisa. Nadie la vio. Los pasillos se hallaban vacíos, no había ruido alguno. No había ningún Momoshiro pidiendo a gritos comida, ningún Horio presumiendo sobre sus dos años de experiencias en el tenis, o alguna Tomoka gritando hasta dejar sordos a medio Seigaku y mucho menos una pequeña con trenzas sumamente sonrojada.

Sonrojada.

No sabía si la palabra sería "adoraba" o "encantaba", o a lo mejor "fascinaba". Dejémoslo en un simple "gustaba". Sí, ahí sonaba mucho mejor. Le gustaba arrancarle uno que otro sonrojo a ella. Aunque la chica se sonrojaba con solo observarle, eso le sacaba interiormente una sonrisa de satisfacción.

Pero hasta ahí había llegado todo. Ya no tenía la certeza de volver a verla sumamente sonrojada, o viéndola tartamudear su nombre, cuando en ocasiones hasta lo "gritaba" si se le podía decir así a una chica que tenía un tono de voz leve.

Otra sonrisa, esta vez con mucho pesar.

Era imposible tratar de no pensar en ella, y bueno, él no estaba haciendo ni siquiera el intento de alejarla de su mente. Y aunque tratara hacerlo, ella siempre iba a estar en sus recuerdos. Con ella vivió cosas que nunca pensó conocer por haber estado concentrado en el mundo del tenis. Tenis. Siempre su vida había girado en el mundo del tenis, pero ahora, no. Ni siquiera ahora, desde hace tiempo alguien más giraba su mundo llamando su completa atención.

Sí, aquel joven que poco menos había nacido con una raqueta en la mano y el médico ni más ni menos diciendo "Felicidades, es un tenista" estaba dejando el tenis de su mente, para concentrarse en el amor.

¿Amor? ¿Sentía amor por ella?

Meditó unos segundos. Una mueca se asomó por su rostro que terminó desvaneciéndose.

El chico se hallaba abriendo la puerta de los camarines del Club de Tenis. Ruido. Demasiado ruido. Nunca le había gustado el alboroto. Dirigió una mirada rápida a sus senpai's que estaban cambiándose de ropa. Eiji saltaba animadamente a los brazos de su mejor amigo para decirle lo mucho que le quería, mientras que un Oishi sonrojado por la personalidad de su pareja de dobles trataba de apartarlo levemente. Kawamura miraba tímidamente a sus amigos, hasta que Fuji le entregó su raqueta que se le había caído, despertando a un ser que quemaba. Momoshiro molestaba a Kaoru que se ponía a pelear con él como si de niños pequeños se tratase. Miró algo horrorizado a Inui que preparaba un jugo, que según él, estaba lleno de proteínas y cosas comestibles que necesitaba el organismo de un tenista, Fuji se acercaba como si tuviera delante de él lo más delicioso del mundo y Tezuka seguía con su rostro inexpresivo preguntándose mentalmente como era posible de que Fuji tuviera gustos tan extraños. Se acercó tranquilamente a su casillero, y algo, en el fondo de este capturó su atención completamente.

Una sonrisa nostálgica se acercó por sus labios mientras tomaba aquella fotografía.

En la fotografía se podía observar una chica de trenzas, ahora un poco más cortas, con un gorro blanco en su cabeza que caía ladeadamente al quedarle grande. Era sujetado por unas finas y blancas manos que apenas aparecían por la enorme chaqueta de Titular de Seigaku que llevaba puesta. Pasó suavemente su dedo por el rostro de la chica que se veía sonrojada, como si pudiera transmitirle esa sencilla caricia.

-Quiero… Quiero terminar…

En ese corto tiempo en el que escuchó esas palabras salir de sus dulces labios, al momento de ahora, en el que se hallaba observando una fotografía de no hace mucho, no logró entender, como pudo decirle eso sin tartamudear, si apenas cuando trataba de decir su nombre no lo lograba completar. Una quizás por la vergüenza, o dos, porque era callada por sus labios.

Pero todo había llegado a su fin.

Todo.

Nunca, nunca iba a poder olvidar a que ella chica de mirada rojiza. No cuando ella había sido el motivo de esas emociones, que hasta hace un año eran desconocidas. Emociones de las cuales, nunca se iba a arrepentir de haber conocido.

De repente sintió demasiado silencio. Extraño. Mucho más con la clase de amigos que tenía. Observó que no estaba solo, ellos lo miraban expectantes. Como si hoy no fuera él, como si fuera un bicho o a alguien que no conocían.

-¿Te encuentras bien?-la pregunta salió de Momoshiro, la persona que consideraba su mejor amigo pero que nunca le iba a reconocer. ¿Qué si estaba bien? ¿Qué tipo de pregunta era esa? Todo había terminado y el idiota de su amigo le preguntaba si todo estaba bien. ¡Oh, un momento! Él no tenía conocimiento de que habían terminado, es más, ni siquiera sabía que salía con aquella chica desde hace un año. Era un secreto.

Un secreto que había llegado a su fin.

-¿O'chibi?

-H-Hai…-respondió secamente. Su mirada dorada se volvió a fijar en aquella fotografía que tenía en sus manos.

Terminar.

Aún no lograba comprender la gravedad de esa palabra.

Desconcierto.

Incertidumbre.

Otra vez, otra sensación que gracias a ella comienza a conocer.

Pero no se le podía hacer nada ahora. Vio tanta determinación en su mirada, ningún deje de duda. Si ella lo quería así, así debería ser. Además ¿Qué tan grave puede ser terminar? La seguiría viendo al menos. La chica seguiría yendo a los entrenamientos a animarlos, aunque fuera solo eso. Un entrenamiento. Seguiría a su lado, como siempre. Sonriendo tranquilamente, sonrojada cuando sus miradas se cruzaran, tartamudeando cuando lo quisiera felicitar por alguna victoria. Seguiría siendo así.

O eso al menos quería creer.

El vago recuerdo de un beso tímido e inexperto inundo su mente. Recordó que el rostro de ambos estaba sonrojado y que se observaban de forma ansiosa. Su primer beso, había sido de ella y de igual manera, viceversa.

Beso.

Su primer beso.

Aún siente ese leve cosquilleo en su estomago, esa ansiedad de querer más. El suave y embriagante sabor a fresas que inundaba en esos labios rosa pálido. Una delicia. Con el tiempo, Ryoma Echizen descubrió que aparte del tenis, tenía otro pasatiempo preferido. Besar y besar sin cansancio, sin prisa, y con tranquilidad esos dulces labios que le embriagaban.

Besos dulces, sencillos, placenteros que nunca más volverían.

-Echizen…-el chico de mirada dorada atendió al llamado de su amigo, el cual muchas veces era llamado "La madre de Seigaku" por esa amabilidad que le rodeaba y las preocupaciones que tenía con el equipo- ¿Qué ocurre?

No lo entendía, ¿Qué te pasa? ¿Qué ocurre? A lo mejor estaba siendo demasiado obvio en como se sentía. Sentía. ¿Qué sentía en esos momentos?

Era como si le hubieran pegado en la parte baja del estomago, como si le estuvieran apretando insaciablemente el corazón como si se tratase de una pelota. Le costaba respirar como si el aire de aquel vestuario estuviera agotándose. Sentía la necesidad de respirar más y más apresuradamente. Tomar grandes bocanadas de aire.

Pero ahí estaba, inmutable. Nuevamente con la incertidumbre en su rostro al ver que no solo los titulares le miraban extrañados, también el fanfarrón de Horio, y de Kachiro y Katsuo, lo observan expectantes. Se sentía como un metiche en aquel momento. Pero eran ellos los que andaban metidos en su mundo. Él estaba igual, normal. Como siempre. ¿No?

-Nada…-otro monosílabo. Nuevamente su mirada se posó en aquella tierna fotografía. Le encantaba observarla siempre cuando tenía tiempo libre. Tenía una copia de ella en su casa, bien ocultada de la mirada lujuriosa del baka de su padre. Especialmente porque a él le encantaba leer revistas donde las chicas se vieran sumamente inocentes. Sería su peor pesadilla si su padre viera la foto de ella. Por eso y más por las burlas que le haría, la foto se hallaba escondida en unas revistas de tenis que su padre vio y nunca les prestó atención argumentando que le hacía falta tener una novia.

La fotografía se hallaba oculta boca abajo y solo él conocía el lugar para llegar a ella.

Como si de un tesoro se tratase.

Un tesoro.

Dejó sus cosas ahí en el suelo y se sentó en una banca que estaba cerca de él, sin quitar la mirada de esa foto. ¿Cuántas cosas había vivido con ella? Demasiadas. Ella estaba tomando un papel muy importante en la vida de un adolescente como él. Ella fue demasiadas cosas para su persona. Demasiadas quizás…

Su primer amor…

Me… me gusta Ryuzaki…-terminó confesándose así mismo…

Su primera confesión…

-Ryuzaki…-Ok, eso fue fácil. Pero se le estaba empezando a hacer difícil respirar. ¿Tan difícil era decir "me gustas"?

Su primera novia…

-¿Qui-quieres salir conmigo?-una sonrisa sincera se asomó por sus labios cuando la vio asentir exageradamente.

Su primer abrazo…

Sus delicados brazos descansaban en su pecho, su respiración se volvió agitada. Rápidamente la abrazo para atraerla más hacia él. Con más necesidad que antes.

Su primera tomada de manos…

-Vamos… Te llevo a casa-dijo el chico caminando, en unos segundos ella le alcanzó el ritmo. Miró nervioso una mano de la joven que bailaba al compás de su movimiento. Sin decir nada la agarro bruscamente, sorprendiendo a la joven que no podía hallarse más sonrojada. Fueron solo segundos para que sus dedos se entrelazaran y se apretaran más fuerte. Una tranquilidad silenciosa los abrazó a ambos. Agradable. Muy agradable, mucho más que el tenis…

Su primer sonrojo…

Hermosa. Era simplemente hermosa. Ese simple vestido blanco, sus trenzas largas sujetadas por unos coles del mismo color que su vestido, unas simples sandalias. Su rostro sonrojado, su respiración agitada, su sonrisa sincera. Hermosa. Casi como un ángel. Sintió sus mejillas arder. Con que eso se sentía un sonrojo. Calor leve, pero muy agradable.

Su primer beso…

Ambos al frente de la casa de la muchacha, solo era una despedida. Con un beso en la mejilla bastaba ¿Cierto? Pero de repente, esos dulces labios se estaban volviendo una tentación. Sin darse cuenta se acercaba de a poco a sus labios. Empezó un simple tope, de a poco de un beso torpe e inexperto, cogía el ritmo mientras besaba esos dulces labios. Dulce. Mucho más que una ponta de uvas. Se separaron un poco, la mirada ansiosa, la respiración agitada. Nuevamente se unieron en un tierno beso.

Dulce. Fresas. Delicioso.

Su primer aniversario…

Un mes. Aún no podía creer que habían cumplido un mes. Llevó a la chica a un parque de diversiones. Inolvidable.

Ella, él.

Divertidos.

Solos.

Sus respiraciones mezcladas.

Un simple y tierno "Feliz Cumple Mes Ryoma-Kun" salió de sus labios.

Demasiado para él.

Si era un sueño, no quería despertar nunca.

Su primera vez…

No lograba hallar las palabras para poder expresar como encontraba a la chica. Su cabello ahora suelto, sus manos se deslizaron por esas hebras finas de cabello. Olor a jazmín. Embriagante. No solo su aroma. Toda ella. Su cuerpo fino, delgado, suave se encontraba bajo su merced. Sus senos de un tamaño perfecto subían y bajaban al acorde de su respiración alterada, su vientre plano, su pequeña cintura, sus piernas suaves y estilizadas. Sus mejillas sonrojadas, sus labios húmedos y levemente hinchados. Besó su cuello. Como si de una droga se tratase, no dejó de besarla delicadamente. Quería hacerlo. Quería compartir ese momento que quedaría por siempre en sus mentes con ella, y solo con ella.

-¿Estás segura?-susurró levemente, pero ella le escuchó.

-Hai-respondió segura. Un brillo peculiar se asomaba por su mirada. Hermosa, embriagante, dulce. La amaba. Sí la amaba. Más que nunca, más que nadie. El chico la observó, la besó nuevamente. Dando inició a una etapa que les uniría más que nunca.

La primera vez que terminaron con él.

Y la única, al ser ella su primera novia.

Su mirada estaba cambiada. Lo observaba como si ya no pudieran estar juntos.

Mantuvieron la distancia. Su cabello trenzado bailaba al compás del viento. Inalcanzable.

Nunca la había visto de esa manera.

-Quiero… Quiero terminar…-su voz decidida, en su mirada no había deje de duda. Nada. En lo absoluto.

¿Terminar? Eso quería decir que ya no eran novios. ¿Era eso?

No supo que decir, se sentía extraño. Como si ella supiera que su reacción iba a ser silenciosa, salió a paso tranquilo de aquella azotea. Dejándolo solo. Sumido en sus pensamientos de duda. De no saber que hacer.

-¿Por qué?...-un susurro. Apenas audible que solo lo escuchó la brisa del viento que pasaba por ahí.

-Ryoma… Queremos ayudarte… Dinos que ocurre-nuevamente escuchó la voz suave, tranquila y preocupada de la madre de Seigaku. Lo observó, a él y a sus compañeros. Guardó silencio. No hallaba que decir ante eso… El sub capitán del equipo observó que llevaba la fotografía que no había dejado de observar. Se acercó lentamente.- ¿Me permites?-dijo él. Pero sin esperar respuesta tomó la fotografía. Se llevó una sorpresa al ver a la nieta de Sumire Sensei con su gorra y la chaqueta de titular del pequeño. Ryoma lo quedó observando expectante. Momoshiro y los demás titulares también lograron ver la fotografía de lejos y pudieron diferenciarla. Sakuno Ryuzaki se hallaba sonriendo tiernamente en aquella foto.

-¿Ocurrió algo con Saku-chan, O'chibi?-preguntó Eiji con preocupación. Se acercó sigilosamente a él.

-Nada-respondió a secas.

-¿Te rechazó? ¿Es eso por lo que lloras Echizen?-la voz de Momoshiro lo trajo de vuelta a la realidad.

No iban a haber más besos dulces, más sonrojos por detalles simples. No más aniversarios, no más abrazos ni su dulce tacto con su mano. No escucharía más sus gemidos, ni su dulce voz diciéndole que le amaba insaciablemente. No había nada más de eso.

¿Lágrimas? El joven por fin lo notó.

Lágrimas silenciosas recorrían sus mejillas, cayendo levemente a la nada de aquel lugar.

Negó con la cabeza.

-¿Entonces que ocurre?-La voz de Kaoru se hizo sonar- ¿Qué ocurrió para que estés así?

El chico levantó su mirada dorada observando a sus amigos que esperaban una respuesta.

-Terminamos…-sentenció. Sintió que se quitaba un gran peso de él, diciendo esa simple palabra que le atormentaba. Pero había un problema, sentía que las lágrimas aumentaban. Las sentía correr por sus mejillas, eran cálidas, finas y le atormentaban y de que manera. Su mirada se perdió entre sus amigos que se observaban sorprendidos. Tezuka tenía un deje de sorpresa, Oishi y Momoshiro se miraban extrañados, Inui había dejado caer su libreta, al parecer eso no estaba en sus datos. La mirada de Kaoru también mostraba un deje de sorpresa, Kawamura le observaba tristemente y Eiji solo parpadeaba sin cesar. Vio que Kachiro, Katsuo y Horio se acercaban a él tranquilamente. Sintió la mano del chico que alardeaba sobre sus años de experiencia en el tenis. Se sentía reconfortado.

-Así que… Terminaron…-escuchó su voz algo lejana. No se mostraba sorprendido, es más se mantenía serio ante la situación. Solo asintió.

-¿C-como…-trató de hablar pero la mirada de sus compañeros del salón le hicieron guardar silencio.

-Te vimos en el parque de diversiones la otra vez…-sentenció Kachiro.

-No te dijimos nada, porque queríamos que confiaras en nosotros-respondió Katsuo mirándolo- Y lo has hecho… Verdaderamente lo has hecho.

-¿O'chibi?-la voz de Eiji se escuchaba lejana, al igual que la de sus amigos.

-Terminamos…-dijo nuevamente para si mismo, dándose cuenta de la realidad de la palabra.

No había más Sakuno Ryuzaki para él.

No había más Sakuno Ryuzaki para Ryoma Echizen.

La amaba, sí. La amaba y de que manera. Por primera vez el chico de la gorra bajo la mirada.

-Mada mada dane… Ryoma…-se dijo así mismo.


Capítulo Editado: 26 de Julio, 2014.