Zed: esto es ridículo, yo no soy un delincuente ¬.¬

Roya: calma Zed, sólo es un fic n.n

Zed: ¡tu te callas! ¬_¬*

Roya: ¡Afkareru! òwó

Zed: .

Shion: Kiba no me pertenece.


ESTO ES SÓLO EL COMIENZO

Capítulo 3: Nuevos sentimientos.

Roya escuchó la voz angustiada de sus amigos y abrió lentamente los ojos, observando todo a su alrededor. No recordaba lo que había pasado la noche anterior ni mucho menos sabía porque se encontraba en un hospital. De improviso, se le vinieron unas imágenes algo borrosas en las que se veía a Zed pelear contra un tipo y luego nada.

—¡Roya, estás despierta!—exclamó alegre, Rebecca—no te levantes—dijo al ver que Roya trataba de levantarse—todavía estás débil—añadió recostando a la chica nuevamente.

—¿Qué sucedió? ¿Por qué estoy aquí?—dijo con voz cansina, se tomó la cabeza ante un aparente dolor y recordó con claridad a Zed—¡¿Qué pasó con Zed?

—¿Ese tipo? Está en cuidados intensivos—contestó huraño, Ginga. Se cruzó de brazos, molesto—Haciéndose el héroe contigo y lo hicieron polvo—se burló el peli verde, Elda lo codeó.

—Quiero verlo—.Se levantó tan rápidamente que le provocó un pequeño mareo.

—No puedes en tu estado—Le regañó Mikki—después podrás verlo.

—Mikki tiene razón, por ahora debes descansar, tuviste una fiebre muy alta y sumado con el cansancio más el shock, hicieron que colapsaras—explicó Rebecca, acomodando la almohada de Roya.

—La hora de visitas está por terminar—anunció la enfermera—Roya—san debe descansar—añadió, revisando el estado de la chica, los amigos de la peli—negra se despidieron de ella y se fueron.

—Enfermera, ¿Me puede decir el estado de Zed?—preguntó Roya, la miró suplicante.

—¿Zed? ¡Ah! El demonio rojo está estable—respondió—No sabía que tenía novia, cuando la trajo quedamos sorprendidos, estaba muy preocupado por usted—contó con una sonrisa—incluso con esas heridas se quedó cuidándola hasta que el doctor le ordenó que fuera con la enfermera para curarlo—añadió, Roya no podía estar más sorprendida—usted debe ser muy importante para el. El viene seguido al hospital por las peleas que tiene, por eso todo el personal lo conoce.

—"¿Zed hizo eso por mi?"—pensó Roya aún conmocionada. Se levantó de la cama—¡Por favor, déjeme verlo!

—Roya—san no puede levantarse—dijo la enfermera, pero al ver la angustia de la chica, asintió conmovida—De acuerdo, pero sólo serán unos momentos.

—Gracias…—

—Diana—se presentó la chica de pelo castaño corto.

—Gracias Diana—san—.Roya; con dificultad, caminó hasta cuidados intensivos y buscó a Zed con la mirada. Lo encontró en una de las camas, con muchas vendas durmiendo plácidamente, eso le hizo sentir culpable, sino fuera tan débil, el no habría terminado así. Se acercó hacia el y vio su cara, tan dulce, tan tranquila que no parecía que fuera el mismo Zed, cruel y distante—Lo siento—susurró acariciando su mejilla—todo es mi culpa, sino fuera tan tonta, tu no estarías aquí.

—…—Zed se removió lentamente, pero no se despertó, comenzó a verse algo intranquilo—mamá, no me dejes—profirió en sueños, Roya lo miró con compasión.

—Calma Zed, yo estoy aquí—.Apretó la mano del chico y besó suavemente su mejilla, cosa que lo tranquilizó.

Noah vio la escena enternecido, las pesadillas de su amigo generalmente seguían toda la noche, pero esa chica pudo tranquilizarlo en un instante, era algo sorprendente. Ella no le era indiferente a Zed como el decía. Roya; sin duda, sería alguien importante para el. Esa chica era realmente interesante.

Zed despertó con un dolor de cabeza inmenso, su visión borrosa se veía más clara y pronto se dio cuenta que estaba en la cama del hospital. Miró por la ventana y observó que estaba amaneciendo, luego se percató de una leve presión en su mano y se sorprendió al ver a Roya dormir apoyada en la cama y sosteniendo su mano con fuerza, murmurando cosas incomprensibles. La miró atentamente, observando cada gesto de su rostro; sonrió. Asombrado de su propia conducta, soltó su mano rápidamente, causando que la chica se despertara.

—¿Qué pasa?—Frotó sus ojos y dio un pequeño bostezo—Zed, buenos días—saludo con una sonrisa.

—Buenos días—dijo un poco consternado con su manera de actuar, ¿Por qué la quedaba mirando tanto? ¿Que era este sentimiento?—…—Tosió un poco para alejar sus pensamientos.

—¿Estás bien?—preguntó preocupada—lo siento, todo es mi culpa—.Roya bajó la mirada entristecida.

—¿eh? —.La miró sin entender. Cerró los ojos y se frotó el cabello, intentando pensar en como explicar la situación—no te sientas culpable—expresó el chico, Roya levantó la mirada.

—Pero estás herido por mi culpa—declaró angustiada.

—¡Ya te dije que no es tu culpa!—replicó—Dumas es un hombre fuerte, pero lo vencí, así que no te preocupes—.Zed acarició el cabello de la chica y luego miró hacia la ventana. Roya sonrió, al menos había tenido una pequeña conversación con el chico que tanto amaba.

Cuando la tarde se hizo presente, el doctor dio de alta a Roya, pero dejó en observación a Zed por una semana, así que ella no tuvo más opción que irse, sin embargo, le dijo a la enfermera que visitaría al chico todos los días.

—Diana—san, gracias por todo y cuide de Zed, por favor—.Hizo una reverencia y le sonrió a la enfermera.

—Descuida Roya—san, tu novio está en buenas manos—afirmó, la peli—negra se sonrojó.

—Se equivoca, el no es…—

—Se ve que el la quiere mucho—interrumpió—cuando fui a verlo, usted estaba dormida en su cama y el estaba mirándola dormir, no despegó su mirada por mucho tiempo, es tan lindo—.Sonrió amorosamente—no los quise interrumpir así que me fui—aclaró—¡Ah, se me olvidaron los papeles para el doctor!— se despidió de Roya y caminó rápidamente hacia la oficina del médico.

—"¡Que vergüenza, Zed me estaba mirando!"—pensó la chica, dirigiéndose a la salida del hospital—No te hagas ilusiones Roya—se dijo a sí misma, pero no pudo evitar sonreír todo el tiempo. Sus amigos la esperaban con muchas pancartas y un gran ramo de flores.

—¡Roya, felicidades por salir del hospital!—exclamaron todos.

—¡Que exagerados, si sólo estuve un día!—dijo, pero luego rió y abrazó a sus amigos.

Al día siguiente, Roya fue a visitar a Zed; el cual recibió de mala gana las frutas de la chica, la enfermera lo regañó y obligó a darle las gracias. Roya acompañó al chico hasta que se hizo tarde. Zed le advirtió que no se fuera por el camino largo y que tuviera cuidado, porque el no estaría para protegerla. Ella no pudo evitar sonreír ampliamente, lo que provocó que el chico volteara la mirada, avergonzado.

—Hasta mañana, Zed—se despidió la chica.

—Hasta mañana…Espera, ¿mañana también vendrás?—preguntó asombrado.

—Por supuesto, vendré todos lo días—confesó. Luego se fue sin esperar respuesta del chico.

—¡Que molesta!—dijo fingidamente enojado, soltó una pequeña risa y cogió una de las manzanas que le había dejado la chica.

Sin duda, Roya cumplía sus palabras, la chica iba todos los días y de eso ya hace cuatro días, sólo faltaban tres días para el alta de Zed. Todo el personal que conocía al demonio rojo, sabía que Roya era la "novia" de él y siempre platicaban de ello. Noah también iba a visitarlo para informarle sobre las cosas que pasaban con su pandilla y del movimiento de los rivales.

—Aparentemente todo esta bien, a pesar de que sabe que tu estás en el hospital no hacen nada—informó—también, los chicos preguntan por ti y están muy orgullosos de que hayas derrotado al traidor de Dumas—dijo Noah, Zed sonrió.

—¿Y que hay de Roya?—preguntó Zed—¿No la han atacado?

—No, el chico que mandaste a que la protegiera está haciendo bien su trabajo—contestó sonriendo.

—¿Por qué estás sonriendo?—preguntó extrañado el líder de los Jimoto.

—Roya—san te preocupa mucho, ¿Verdad?—comentó Noah.

—No es cierto—respondió molesto.

—Entonces ¿Por qué mandas a que la protejan?—preguntó queriendo molestarlo.

—Porque mi madre me lo ordenó—dijo algo hastiado.

—Es extraño, porque tu nunca haces caso a lo que dice tu madre—dijo burlón. Zed calló.

Camino al hospital, Roya compró las manzanas que tanto le gustaban a Zed, aunque el seguía un poco frío al hablar, notaba que iba tomando más confianza y conversaba más con ella. Poco a poco lo iba cambiando y la vez había confirmado que Zed no era el chico rudo y malo que solía ser; o al menos pretendía que fuera así.

Al entrar saludó a todo el personal que la conocía y se dirigió al cuarto del chico, cuanto más se acercaba podía oírlo, de seguro ya estaba peleando con Diana—san otra vez, pero…

—…Ya te dije, mi madre me pidió que protegiera a Roya—.La chica se detuvo al escuchar su nombre.

—Si, ya lo sé, pero como tú no haces caso—hablo—¿No será que te gusta?—.Esa era la voz de Noah.

—¡Pero, ¿Qué tonterías dices? Ella no me interesa, es más, es una molestia que venga aquí todos los días, me irrita, es tan ruidosa y atolondrada, no la soporto—.Comentó irritado, Noah lo miró sorprendido. Roya escuchaba detrás de la puerta, con lágrimas en los ojos y un dolor insoportable en el pecho. Otra vez lo había hecho…otra vez la había herido y ella se había hecho ilusiones, como una estúpida enamorada.

—¡Roya—san!—saludo Diana.

—Entréguele estas manzanas a Zed, por favor—dijo sin mirar a la enfermera, luego se fue corriendo.

—¿Qué le habrá pasado?—se preguntó, luego miró el paquete—No notará nada si le saco una—.Rió divertida y mordisqueó una de las manzanas.

En la habitación del chico, Noah estaba extrañado, estaba seguro que su amigo tenía cierto interés por Roya, bastaba ver la forma en que la veía y como se preocupaba por ella, pero conociéndolo, nunca reconocería sus sentimientos, menos siendo alguien inexperto, ya que es la primera vez que los siente. Esa forma de hablar de ella sólo era una barrera para que el no se diera cuenta de que si le interesaba.

—Zed, soy tu amigo, no tienes porque mentirme—habló el chico de lentes.

—¿Mentirte? No te estoy engañando—dijo molesto.

—Te conozco y sé que sientes algo por ella, no lo niegues—articuló, miró como las manos de Zed se tensaban.

—No lo sé, es la primera chica que se me acerca—.Zed se tomo la cabeza—no se que siento. Cuando la veo, me siento extraño Noah—comentó angustiado y confuso—cuando sonríe…realmente no se que me esta pasando.

—Zed—susurró anonadado por la confesión de su amigo.

Roya corrió fuera del hospital, con la mirada baja. Se sintió una tonta por creer que Zed estaba interesado en ella y que algo bueno podría salir de el. Como una ilusa se dejó cegar por la pequeña cercanía que creía haber tenido con el y con lo enamorada que estaba no se dio cuenta cuanto le molestaba a el su presencia, pero ya no más...Esta vez, ella se olvidaría para siempre de ese chico de corazón frío.

—Zed, Roya—san te dejó estas manzanas—anunció la enfermera—estaba algo extraña, sólo dijo que te entregara esto y luego se fue corriendo—comentó algo preocupada.

—Gracias Diana—contestó Zed, miró las manzanas y se quedó pensando en Roya, ¿Qué le habrá pasado? Al día siguiente, Zed esperaba la visita de Roya, pero esta nunca llegó, le preguntó a Diana, pero ella le dijo que no había venido…Y así pasaron los tres días sin que la chica viniera y sin que Zed supiera la razón de la ausencia de ella. Se sintió mal sin la presencia de Roya, le preguntó a Noah si la había visto en la escuela, pero el tampoco la había visto, sin embargo, el chico que la protege le informó que ella había permanecido en casa todos estos días.

—Puede que esté enferma—especuló Noah para no preocupar a su amigo.

—Entonces la iré a ver—mencionó, alistándose para salir del hospital.

—Zed, ya te puedes ir—anunció Diana—y no te quiero volver a ver aquí—le regañó— a menos que vengas de visita con Roya—san—añadió amorosamente.

—De acuerdo, ya entendí—dijo tomarle importancia, luego se fue del hospital con Noah.

A la mañana siguiente, Zed se preparó para ir al instituto para confirmar si Roya asistía a clases; porque Noah le había insistido que no era correcto ir a su casa, de paso le reclamaría porque no lo había ido a visitar. Bueno, no es como si Roya fuera su novia ni nada parecido, pero ella estaba enamorada de él, ¿verdad? Entonces debía ir a verlo, si, eso. ¡A quien engañaba! Ni siquiera sabía porque quería explicaciones si ella no era nada de él…Bueno, podría ser una amiga, pero nada más. Cuando llegó al instituto, Karl; el chico que protegía a Roya, le había informado que ella ya estaba de vuelta y al parecer estaba bien, así que Zed se tranquilizó. Pero al dirigirse a su salón se encontró con algo desagradable: Un chico moreno y de cabello verde estaba abrazando a Roya en pleno pasillo y ella reía correspondiendo a su abrazo, entonces, una extraña presión en su pecho, lo obligó a llevarse la mano allí y apretar su ropa como si eso calmara el dolor. Se quedó mirando la escena paralizado y con un millón de preguntas rondándole por la mente: ¿Quién era chico? ¿Por qué estaba abrazando a Roya? ¿Por qué ella se dejaba? ¿Por qué el pecho le dolía? Miles de sentimientos se mezclaron en ese momento: Confusión, tristeza, angustia y una extraña irritabilidad.


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