Disclaimer: Los personajes y la historia pertenecen a Walt Disney Animation Studios, a mí solo me pertenece el tiempo que invierto… cuatro peluches de Pascal, uno de Anna, uno de Elsa y las películas de Enredados y Frozen en DVD/Bluray XD (se dan cuenta que mi colección va creciendo?)

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Amigos

Despertar, últimamente, se estaba tratando de una completa y agonizante lucha por recobrar el sentido luego de alguna sesión de poderosos calmantes y sedantes. El médico real insistía en que Eugene debía calmarse para sanar más rápido y mejor, pero él no estaba seguro de querer seguir sintiendo la neblina que le dejaba en la mente el láudano. Incluso le había pedido al médico que hiciera las limpiezas de la herida sin nada que le amortiguara el dolor, prefería sentir algo, lo que fuera, menos tener los sentidos adormecidos por horas. Pero nadie le hacía mucho caso en verdad en los últimos días, él podía opinar sobre cualquier cosa, la organización de tropas y defensas, que Rapunzel debería de descansar más, todo menos el tema médico.

Rapunzel se había apegado a lo pedido por el doctor de forma casi militar, empezaba a extrañar al Capitán y a Max.

Gruño una maldición y sacudió la cabeza incorporándose despacio.

-Ya era hora de que despertaras.-

A su izquierda la muchacha sonreía mientras cerraba el libro que tenía entre las manos. Eugene se sorprendió al verla y sonrió de lado.

-Ya era hora de que aparecieras.-

Ella se encogió de hombros.

-Le toma tiempo al mensajero llegar con las noticias y luego hay que viajar de regreso, no es fácil que nos subamos a un barco. Ya debes de saberlo.-

-Y lo aprecio enormemente majestad.- inclinó un poco la cabeza de modo cortés. Ella levantó una ceja con ironía.

-Pensé que habíamos dejado de lado las formalidades Señor Fitzherbert.-

-Lo sé Elsa, pero es divertido irritarte, siempre y cuando no me hagas helado de chocolate.-

La reina dejó el libro en la mesita de té a su lado y se puso de pie para acercarse.

-Jamás te convertiría en helado, necesito leche para eso, pero en paleta...-

Eugene rio. Apoyo su brazo bueno para levantarse y sacó los pies de la cama, a medio camino de la acción en su espalda hubo una sensación quemante y se mordió los labios para no quejarse. Al notar su expresión, Elsa levantó las manos, en un ademán por intentar ayudar, pero insegura de cómo, se limitó a observar antes de hacer cualquier cosa.

-¿Estas bien?- preguntó al cabo de un momento. El joven gruñó inclinándose hacia adelante.

-Aun siento la maldita porquería.-

-¿Quieres que te traiga algo para el dolor?-

-No.- suspiró desanimado. -Estoy bien, quiero salir de la habitación un rato y si me dan algo antes voy a ir caminando medio sonámbulo y arrastrando los pies. Mejor alcánzame el cabestrillo.- señaló con la mano en dirección de la mesa, donde Elsa encontró un trozo de tela con un nudo uniendo dos extremos, no parecía ser algo que aprobaría el médico.

-¿Esto, estás seguro?-

-Si.- agitó la mano para que ella se apresurara en dárselo. -Hay otro, uno que hizo el doctor con vendas y cosas así, pero me da comezón y calor.- se pasó el nudo detrás del cuello y despacio, acomodó su brazo lesionado entre los pliegues. -Hay que darnos prisa antes de que vuelva el doctor. ¿Ves mis botas?-

-¿Te estas fugando?- la reina levantó una ceja con curiosidad.

-¡No!- respondió con naturalidad, hizo una pausa y volvió a mirar entorno a la habitación sin encontrar nada. -Bueno, a lo mejor sí, pero ahora eres cómplice y será mejor que me ayudes o nos atraparan a los dos.-

Elsa giró los ojos y negó con paciencia, luego miró en redondo.

-¿Son estas?-

-Si. Dámelas, dámelas.- agito la mano con urgencia. La reina se encogió de hombros y cedió a la petición. El joven se metió las botas y se puso de pie. –Si nos atrapa el doctor, seguro dirá que debo descansar, me drogara y pasare el resto de tu viaje tendido en una cama. ¿Dónde están Anna y Kristoff?-

-¿Cómo sabes que están aquí?- pregunto con interés, casi sorprendida.

-¿Habrías venido sin ellos?-

-Anna jamás me lo perdonaría.- respondió francamente. Eugene sonrió acentuando su punto. Elsa suspiro derrotada. -La última vez que los vi iban para las caballerizas con Rapunzel.- comenzó a caminar pegada a sus talones y espero mientras Eugene asomaba la cabeza por la puerta. -Sera mejor que sepas exactamente a donde vamos, si nos atrapan, diré que todo fue tu plan.-

-¿Bromeas? Esta es TU idea.- le hizo una seña para que lo siguiera por el pasillo.

Le encantaría decir que sus movimientos eran silenciosos y que ambos recorrieron buena parte del camino hasta las cocinas como sombras silenciosas. Pero la verdad es que él caminaba bamboleándose como barco en altamar y Elsa, con sus elegantes zapatos, hacia ruido que rebotaba en las paredes del corredor. Eran todo menos sigiloso. Las escaleras fueron todo un reto, Eugene se mareaba con cada escalón y sin forma de sujetarse con la mano derecha de la barandilla estuvo a punto de perder el equilibrio, inclinándose peligrosamente hacia adelante. La reina de Arendelle lo detuvo por el hombro (el bueno, si hubiera sido el lesionado, el ex ladrón habría gritado y hasta allí la fuga), el resto del descenso ella se colocó por delante para ayudarlo a bajar despacio.

-¿Y tú si me vas a decir o no?- comentó el joven poniendo su mano en el hombro de la reina, por un segundo inseguro de que lo rechazara.

-¿Qué cosa?-

-¿Cómo están las cosas afuera? Nadie me quiere decir, insisten en que debo descansar antes que preocuparme por eso y me vuelve loco imaginar las posibilidades. Por favor.-

Elsa respiró profundo y dejó escapar el aire por la nariz, con un sonido largo que pocos podrían interpretar.

-¿Tan mal?-

Llegaron al último peldaño y la joven le lanzó una profunda mirada turquesa, grave como pocas y sin duda llena de sus propios temores.

-Ya sabes cómo es esto. Unos se agreden y las alianzas terminan por alborotar a todos. Pero Arendelle apoyará a Corona hasta el fin-

-Es mi culpa.- dijo el joven bajando la vista al suelo.

-¿Qué? ¿Cómo podría ser tu culpa?-

-No sé, tal vez debí entregarme a los holandeses. Intentar hablar, se supone que era una comitiva para un tratado... Algo. No sé.-

-No seas ridículo.- él miró a la reina y se sintió desconcertado al ver que ella se enfadaba. -Nada de esto es tu culpa, ni la guerra ni que mataran al embajador, ellos buscaban un pretexto y seguramente hubieran dicho que tu escuadrón atacó a los habitantes de la ciudad, para poder invadir a Corona de forma justificada. Les arruinaste los planes al escapar con vida.-

-Pero...-

-Eugene.- le atajó ella colocando su mano en su hombro para ganar su atención. -La culpa... es algo que te puede consumir, volverte loco y... alejarte de los que amas. Créeme. Lo sé. No les des esa satisfacción, ni a los holandeses ni a las Islas del Sur. Las cosas no están tan mal, aún no. Déjanos probar la diplomacia, mis tíos y yo lo intentaremos todo. No te rindas antes de empezar.-

Eugene suspiró y meneo la cabeza antes de hablar.

-Suenas como Rapunzel. ¿Has estado hablando con ella, verdad?-

Elsa sonrió.

-De hecho con Anna.- dio unos pasos para animarlo a caminar. -¿Vamos?-

-Sí, pero es para allá.- él señaló con el pulgar al pasillo a sus espaldas.

Ambos sonrieron y no les tomó mucho tiempo llegar a las caballerizas, aunque en el camino la mitad del personal de cocina los vio pasar con cara de desconcierto.

Rapunzel estaba sentada en un balde volteado, mientras Kristoff explicaba algo con un trapo entre las manos y Anna, que le ofrecía zanahorias a Max, fue la primera en ver entrar a su hermana seguida del ex ladrón.

-¡Eugene!- la princesa de Arendelle saltó emocionada y olvidando cualquier protocolo o consideración a su salud, se arrojó para abrazar a Eugene, haciéndolo gruñir una protesta por el dolor. De inmediato retrocedió apenada. -Ups. Perdón... pero me da mucho gusto verte.- y volvió a abrazarlo, esta vez, con más delicadeza.

-A mí también me da gusto verte Rojilla.- le sonrió al separarse. Kristoff se acercó limpiándose las manos con el trapo y Eugene tendió la izquierda para saludarlo. -Veo que te trajeron a trabajar.-
-Dijeron que Maximus podría requerir algo de cuidados especiales y ¿quién mejor que el maestro de hielo de Arendelle para ayudar?-

-Eso no es un título.-

-Claro que lo es.- respondió Anna restándole importancia.

-Eugene, no deberías de estar aquí, el doctor dijo...- Rapunzel empezó a protestar, pero él la detuvo con una mirada suplicante.

-Preciosa, se lo que dijo el doctor, pero si sigo metido en esa habitación me empezará a salir musgo y raíces, y nuestro hijo tendrá un árbol por padre.-

-¿Hijo?- Anna los observó con los ojos grandes como platos, intercambiando su atención entre el joven y la muchacha. De hecho, Elsa tenía exactamente la misma expresión y Kristoff estaba completamente perdido.

Eugene quiso decir algo, responder tal vez, pero estaba bastante sorprendido de que Rapunzel no los hubiera puesto al tanto ya, que no encontró una forma de hacerlo, menos con el peso de las miradas de todos sobre él. Sólo pudo cerrar la boca con un sonido hueco y lanzar una mirada pidiendo auxilio a Rapunzel. Ella respiró profundo y habló con calma.

-No lo mencioné en la carta porque no me pareció el momento adecuado, pero si, vamos a ser padres.-

El establo se quedó sin aire cuando Anna lo jalo todo hacia su pecho.

-¡Nooo! Oh por Dios. ¡Que emoción! ¿Será niño o niña? ¿Alguien sabe? No, claro que no, hay que esperar. Yo creo que será niña.- Anna daba saltitos sobre sus talones.

-Ya respondiste todas tus preguntas, deja de brincar o le provocaras mareos.- se quejó Elsa con una sonrisa. Se puso de pie y abrazo a Rapunzel mientras la felicitaba.

Eugene sintió un puño en su hombro sano, se giró para estrechar de nuevo la mano de Kristoff. Fue justo después cuando puso atención a Maximus en el fondo del establo.

Algo andaba mal.

Max parecía estar adolorido, su cabeza estaba agachada y respiraba como si lo hubieran llevado a correr. Eugene se acercó y lo acarició en la frente. El caballo a penas lo miro.

-Ey, ¿qué te pasa?-

-El maestro de establos dice que se desgasto mucho cuando te trajo de regreso. Le hemos estado dando de todo, pero no come mucho, creo que le duele algo. El maestro decía que tal vez deberíamos de... de...-

-No.- dijo Eugene sin más. La sola idea le daba asco.

-Claro que no.- intervino Kristoff. -Por eso estoy aquí, puede que no sea un reno, pero sé que hacer, así que si me dan permiso.- Se adelantó con una cubeta llena de agua, plantas y cosas que flotaban y comenzó a deslizar sus manos con el trapo por las patas del caballo, remojando la tela cada tanto.

-¿Tiene inflamadas las rodillas?- Eugene se inclinó junto al rubio.

-Sí, esto es para que se sienta más cómodo, ayuda a desinflamar.-

-¿Cómo te ayudo?-

Kristoff se detuvo y apoyo una mano en una rodilla para mirarlo hacia arriba. Respiro profundo mientras analizaba en silencio y luego señaló un grupo de trapos colgados detrás de las chicas.

-Trae uno.-

Sin más Eugene dio la vuelta y se dirigió hacia allá de inmediato, pasó entre las chicas y al regresar, Rapunzel le cerró un poco el paso. Ambos se miraron a los ojos.

Prácticamente se podía escuchar los pensamientos que volaban entre los dos. Como una discusión silenciosa. Al final Rapunzel suspiró y lo acarició en la mejilla.

-No te esfuerces demasiado, por favor.-

-Claro.- respondió él con una sonrisa. -De todas formas ya casi no me duele.-

Mentira. Y muy mala. Aunque la chica no insistió, Eugene sabía que ella sabía y él sabía que ella sabía, pero necesitaba hacer esto. No, tenía que hacerlo y se puso a trabajar de inmediato.

Al cabo de un rato Kristoff, con la lenta pero decida ayuda de Eugene, había cubierto las patas de Max desde las pezuñas hasta los muslos del líquido de la cubeta y le lavaron todo con agua caliente muy despacio, masajeando sus músculos. Mientras tanto Anna había seguido insistiendo con las zanahorias y había logrado que Maximus se comiera algunas hablándole suavemente y acariciando su frente largo rato.
El caballo parecía estar disfrutando de toda la atención y comenzó a mover las orejas, prestando más atención a lo que pasaba a su alrededor. Aún estaba cabizbajo, pero sus patas estaban más relajadas y, aunque Anna no logró que comiera una octava zanahoria, definitivamente se veía mejor.

-Bien.-dijo Kristoff sacando un saquito que le colgaba al cuello dentro de la camisa. -Hay que ponerle un poco del ungüento que me dio Abuelo Pabbie y habremos terminado. Pero con cuidado porque es muy poderoso.-

Rapunzel ladeo la cabeza.

-¿Poderoso?-

El joven rubio sonrió con confianza y extendió la mano.

-Tócalo.-

La princesa de Corona titubeo un segundo y se acercó, siendo flanqueada de inmediato por Anna y Elsa. Las tres se inclinaron sobre el saquito con diversos grados de curiosidad y cada una tocó el ungüento con un dedo al mismo tiempo. Guardaron silencio por un momento.

-Lo siento en la boca.- dijo Rapunzel torciendo los labios, mientras Anna sacaba la lengua y Elsa tomaba rápido un trapo para limpiarse. Kristoff río a carcajadas.

-Les dije que es poderoso.-

-Tal vez podríamos ponerle un poco a Eugene también.- Anna habló con entusiasmo.

Todos lo miraron de inmediato, como si esperaran que saltara de emoción o algo parecido.

Como si pudiera hacerlo.

-No gracias. No es que no confíe en las medicinas troll, es que estoy harto de las medicinas en general.-

Kristoff volvió a reír.

-Como gustes.- le dio la espalda al grupo y comenzó a aplicar el ungüento en zonas específicas con un dedo, paraba por momentos y susurraba palabras ininteligibles a Max. Al terminar, se limpió las manos en la ropa. -Ya está, mañana hay que repetirlo todo, al menos una semana.- se colgó el saquito otra vez en el cuello y le hablo a Eugene. -Mañana lo haces tú, así sabrás cómo cuando nos vayamos.-

El castaño asintió.

-Está empezando a atardecer y debo reunirme con emisarios y tus padres.- Elsa habló mirando a Rapunzel con un poco de aprensión. -¿Estarás allí?-

La princesa de Corona sonrió con comprensión.

-Por supuesto.-

-Bien, entonces te veremos en una hora.- había comenzado a caminar hacia la puerta y se detuvo a un metro de esta. -¿Anna?-

-¿Qué?-

La menor de las hermanas aún intentaba hacer que Máx comiera, había tenido el tino de ofrecer una manzana con mucho mejor resultado que las zanahorias y ahora estaba absolutamente absorta en lo divertido que era dar de comer manzanas al caballo. Ni siquiera había tenido la delicadeza de mirar a su hermana hasta que volvió a preguntar de forma distraída.

-¿Qué?- se detuvo y a los engranajes de su cabeza les tomo un instante volver a andar. -¡Oh claro, la junta! Si, de inmediato.-

Le dio un último trozo de fruta a Maximus, le dio un beso rápido a Kristoff (a quien tomó por sorpresa y se quedó congelado en su lugar), abrazo con suavidad a Eugene y se lanzó corriendo a la puerta. Se detuvo, giró, regreso corriendo y abrazo de golpe a Rapunzel.

-No sabes lo feliz que estoy por los dos, es decir, por los tres. Yo...-

-Anna.- Elsa habló suavemente.

-Si.- al fin se separó de Rapunzel. -Serán excelentes padres.-

-Muchas gracias.- respondió la muchacha con ojos vidriosos. Anna sonrió y salió corriendo de nuevo para alcanzar a su hermana. La mayor le dedicó una cálida sonrisa que extendió al resto del grupo. Hizo una inclinación para despedirse y salió del establo seguida por Anna.

Kristoff seguía quieto en su lugar, se aclaró la garganta y habló con nerviosismo.

-Yo voy a... voy a... Pasaré la noche aquí. Es más, no, prefiero. Sólo por si Max necesita algo. Iré a conseguir unas frazadas. Ella... Ella...- se rio nervioso. -Hace eso a veces. Perdón. Iré por frazadas.-

-También para mí.- habló Eugene, al tiempo que levantaba la vista del suelo muy despacio. -Por favor.-

Tanto Kristoff como Rapunzel intercambiaron sendas miradas en silencio y el joven rubio se rasco la nuca antes de volver a hablar.

-Como gustes. Iré a preguntar. Ya... ya vuelvo.- salió deprisa, dejando a la pareja anfitriona al fin solos. Por un momento guardaron silencio, un momento muy corto.

-Eugene.-

-Rapunzel.-

-Escucha.-

-No, tú escucha. No tengo idea de cuántos días me cargo Maximus, cuantas veces simplemente podría haberme dejado caer sin más. Necesita ayuda y no lo voy a dejar sólo.- terminó soltando un gruñidos de frustración.

Rapunzel también parecía estar molesta al levantar los brazos y dejarlos caer impaciente.

-Tú también necesitas ayuda. Casi mueres, la herida aún supura. ¿Sabes lo que eso significa?-

Eugene levantó el dedo para responder y parpadeo, al tiempo que apretaba los labios.

-No, no sé y no me importa, porque justo ahora uno de mis pocos amigos me necesita y no planeó...-

La frase se quedó a la mitad cuando Rapunzel cerró la distancia y lo abrazó con fuerza por el pecho, teniendo cuidado con su brazo. Ella negaba despacio.

-Sabía que querrías quedarte, lo sabía, pero me preocupa tanto que mejores. Fue espantoso verte llegar, cuando te metieron cargado por cuarto soldados pensé... pensé que tu...-

Eugene la rodeó con su brazo al sentirla temblar. Ambos sabían lo cerca que habían estado de perderse de nuevo. Esta era una batalla que ninguno de los dos quería pelear, ni ganar. Rapunzel respiro.

-¿Dejarás que Kristoff haga el trabajo pesado?-

-Te prometo que me quedaré tirado en ese montón de heno sólo observando a Kristoff y a su sabroso ungüento mágico.-

La chica levantó la vista y, aunque su expresión era acongojada y sus ojos brillaban de más, asintió más tranquila. Le dio un beso fugaz.

-¿Porque tienes que ser tan terco?-

-Porque tengo muy buenas razones para ser terco.- su mano descendió al vientre de la chica mientras él se inclinaba para acercarse. -¿Me oyes amiguito? Tu papá es un terco y tu mamá siempre tiene la razón, incluso cuando no hago lo que ella quiere, o lo que otros quieren, como morirme o cosas así. Pero ella siempre tiene la razón.- lo último se lo dijo al oído, al levantarse y volver a abrazarla.

-Ups. Perdón.- Kristoff se detuvo en seco en la puerta y habló intentando sonar casual mientras la pareja se separaba. -Dicen que traerán todo lo que necesitamos en un rato.-

-Entonces, dejaré solos a los chicos para que preparen su pijamada.- Rapunzel sonrió.

-Los hombres no hacemos pijamadas, acampamos de forma varonil.- respondió Eugene.

-Seguro, lo que digas.- le sonrió reuniendo valor. -Sin movimientos bruscos ni esfuerzos. ¿De acuerdo?-

-Si señora, como ordenes.- acarició la punta de su nariz con la suya.

Al fin la chica se alejó y le dio un abrazo a Kristoff, mientras le hablaba bajo y él asentía de inmediato.
Al salir lanzó una última mirada y se despidió con la mano de ambos.

-¿Y te quedas?- preguntó el joven extranjero.

-Sí, aunque seguro mañana tendré que tomar doble ración de calmantes.- hizo una pausa. -¿Que tan mágico es tu ungüento mágico?-

Kristoff sonrió.

-Muy mágico. ¿Cambiaste de opinión? ¿Quieres probarlo?-

-No, pero hay muchos que me necesitan y no tengo ganas de perder más el tiempo.-

-Las cosas cambian bastante cuando hay otros cerca ¿no?-

-Puedes decirlo dos veces. Espera, espera...- lo detuvo al verlo venir mientras descolgaba la medicina de su cuello. -¿Va a doler?-

-Vamos, tu caballo lo resiste más como hombre que tú. Estoy reconsiderando lo de la pijamada.-

-Diablos, que sensible, era una simple pregunta. Podrías haber dicho "no" y ya.- respondió aflojando el cuello de su camisa con cuidado y permitiendo acceso a la herida.

-Carajos hombre, se ve horrible.-

-Adiós a mis sueños de nadar sin que todos en la playa me vean.-

-Eugene.-

-¿Qué?-

-Nunca dije que no iba a doler.-

-¡Hijo de...!-

Maximus los observaba meneando la cabeza con fastidio. Que escandalosos eran los humanos.

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Nota de Autora: Santa madre, de nuevo se me volvió a escapar el tiempo, uno pensaría que en diciembre tendría más tiempo para escribir pero NOOO. Y con todo el trabajo, menos, sumen a esto que empecé a jugar World of Warcraft y bueno… , pues que vengo a actualizar hasta Marzo. Debo decir que no he estado de ociosa y que si me tarde fue también porque estoy escribiendo como tres cosas diferentes y que eso también me disperso el tiempo. Estoy meditando seriamente aterrizar algo de eso, ya que es precisamente más sobre Enredados y Frozen juntos, pero aún tengo que convencerme de a donde quiero llegar. Al menos este capítulo salió LARGUISIMO y espero compense un poquito mi demora.

En fin, quería hacer que Eugene estuviera más deprimido, pero no lo logre, más que nada porque en este capítulo está rodeado de gente que lo anima y lo estima. Lo que si me gusto fue poner las diferente formas de interacción que tiene con todos estos personajes. Con Max (recuerden que no soy veterinaria, soy diseñadora, así que mis conocimientos sobre salud equina se limitan a internet) siente una enorme gratitud y por esos es que se obceca en ayudar. Elsa, pues que puedo decir, ella me encanta y ya que ya no debe de preocuparse tanto por cómo actuar frente a los demás espero que sea mucho más ligera y abierta. Con Anna, no fue tanto porque tengo una razón que espero publicar a futuro, el detalle de que le diga Rojilla no es idea original mía, pero me agrada. Con Kristoff creo que esos dos no se tienen ningún respeto y se fastidiarían con toda la confianza del mundo. Con Rapunzel, realmente no debo de explicar mucho eso...

Como siempre agradezco todos sus comentarios y el simple hecho de que sigan leyendo, gracias por sus reviews y mensajes de animo a Stella Shootingstar, silviatangled, AnaMa9507, Lady Morgana9, shia1624, liziprincsama, Ileidy, inuykag4ever, K' Dash00, GriMReaD3R, Anielha, Krish2014, Alexis Lion 99, jobitachi, jjj, AntoParawhore5, Altariel de Valinor, Dulce, , Guest (dejen su nombre, que no muerdo), vainillita, Gisela, Caroline, eli gam, Guest (otro), Lobas , Xala y Oldroof.