Yo intento, pero nunca salgo del abismo.

Y escuché que se partía eso que llaman corazón, y fue en ese momento cuando comprendí que los muertos también caminan. Yo morí en el momento que le dije adiós a él, para siempre. Sin saber cómo todavía podía moverme, me duché, pero el agua no me limpió la porquería. Me vestí, pero seguía sintiendo frío, y me miré en el espejo solo para comprobar que la nevada en mi interior se reflejaba en mi mirada, en mis ojos gélidos y afilados; que apuñalarían a quien se les pusiera enfrente. Sombra aquí, sombra allá, como quien maquilla a un cadáver para crear una perpetua y hermosa ilusión; ocultar la putrefacción tras una faz de porcelana, pestañas rizadas, finos labios con el color y la textura de un pétalo de cerezo que solo tienen palabras infectadas en resentimiento para dejar salir de esa boca. Y para que lo recuerden: La mala suerte viste con medias caladas y plataformas. Volví, soy perra y mi nombre es Jinx.

—Ahora será totalmente tu responsabilidad —Le dije a Gelatina que me miraba atenta a cada uno de mis movimientos echada en la cama. —Cuídalo, él no se merece otra gata traicionera —Me despedí y dejé un recado rosado bajo la fotografía que Flash tenía en su mesita de noche. Él y yo al pie de La Torre Eiffel. Suspiré, apenas podía recordar París.

«Ay si nos hubieran visto, estábamos ahí sentados, frente a frente. No podía faltarnos la luna, y hablábamos de todo un poco y todo nos causaba risa como dos tontos» pensé al ver detenidamente esa foto, tragándome las ganas de abrazar el retrato. Dejé junto a el mi comunicador y partí, luego de haberme aprendido de memoria la habitación a la que nunca volvería y cerrar la puerta que nunca más se abrirá para mí, y caminar por los pasillos que olían completamente a él —¡Que tortura!

En el recibidor seguían las personas a las que más despreciaba en ese momento, sí, aun con cara de estúpidos. Esta vez cuando me coloqué bajo el arco del salón con maleta en mano, sí les brinde una imagen conocida, noté su reconocimiento al ver sus ojos desorbitados. Al parecer Ojo seguía sin tener control de la caída de su quijada, ni de sus glándulas salivales, un cuadro totalmente patético. Suspiré sin dejar de pensar que la peor soledad que hay es el darse cuenta que la gente es idiota. Me esperan días de una soledad ilimitada, de la cual ya me había olvidado.

—¿Qué están esperando? ¿La cena? ¡Caminando, pues! Que no tengo toda la noche —vociferé tronando los dedos impetuosamente mientras cruzaba la sala a grandes zancadas, con el ruido de mis tacones contra el piso a mis espaldas anunciando mi retirada.

—No extrañaba para nada ese malgenio, pareciera que la monstruación no se le pasara nunca —Se quejó Billy hablando entre dientes. Estaba consiente que seguramente a él al igual que a mí, no le alegraba para nada que regresara con Los H.A.E.Y.P.

—¿Sabes que yo no extrañaba, Billy? —pregunté de una manera muy casual mientras cerraba la puerta del departamento —No extrañé tus comentarios zopencos de campesino recién vestido que obtuvo sus poderes lanzándose apropósito a un vertedero de desechos tóxicos; no extrañé tu capacidad nula de multiplicar tu inteligencia, ¡Oh, tonta de mí! Había olvidado que el doble de cero es cero, no extrañaba para nada ese conformismo tuyo que no te deja ver más allá de tu nariz; no extrañaba tus constantes críticas hacia que en mi condición de chica sea mucho más competente que tú que eres un gran macho con el poderío de este largo y ancho —expuse levantando mi dedo meñique, para que quedara bien claro de lo que estaba hablando. —Puedo parar, solo avísenme —Les dije tranquilamente al resto cuando llegamos al ascensor y presionaba el botón para que subiera.

—No, no, para nada, no es ninguna molestia, por favor continúa —intervino Gizmo tratando de contener la risa.

—Desahógate, nena —Apuntó Mammoth tratando de mantener un semblante serio.

—Okey, okey, no me extrañaste, ya entendí el mensaje —Se apresuró a detenerme Billy, cruzándose de brazos y hundiéndose en sí mismo. Era un bebe gigante.

El timbre del ascensor sonó anunciando su llegada al piso y en cuando se abrió nos acomodamos en su interior como pudimos, otra vez el nombre de Los Cinco De La Colmena volvía a quedarnos mal. En cuanto llegamos a la planta baja tiré mi maleta sin previo aviso a los brazos de Mammoth, aparentemente sacándole un poco el aire —¿Qué esperaba? Tengo muchos zapatos—, y en lo que avanzamos un poco por la recepción de inmediato noté la irregularidad de la escena, ya que el portero del edificio en lugar de estar durmiendo en su silla junto a la puerta como siempre, sino tirado inconsciente en el suelo, pero aun así soltando leves quejidos.

—¿Quién el fue el genio que tackleo al portero? —pregunté, mera curiosidad de seguir catalogando las imbecilidades de esos seres.

—Yo —respondió Mammoth sonriente, como si hubiera hecho un excelente trabajo.

—No le veo la gracia, torpe: tú pesas cuatro toneladas y este hombre tiene setenta y tres años, pregunta: ¿Dónde estaba la amenaza? —formulé la situación de manera muy sencilla tratando que la palomita de maíz que mi amigo involucionado tenía por cerebro hiciera explosión.

—Podía… eh… —Me podía imaginar su dolor de cabeza —¿Llamar a la policía? —Lo olfateé de inmediato, el maíz había reventado.

—Y Ojo no podía hipnotizarlo para dejarlo a un lado tranquilito y babeante… ¿Por? —manifesté indignada.

Se miraron entre ellos con cara de sorpresa, hacían eso cuando no sabían que decir y luego se me quedaban viendo.

—No se nos ocurrió eso —confesó Ojo tomándose el mentón pensativamente.

—Aunque lo hiciste con el gerente del restaurante de sushi —apuntó Gizmo imitando la pose de Ojo.

Volvieron a juntar sus miradas y todos dejaron salir un «aaahhh…» el cual denotaba que lo acababan de comprender.

—Aaaahhh… ¿Qué paso? Descubrieron el agua tibia, quinteto de memos —Me burlé procurando ser bastante desagradable —Lo que tengo que ver, envían cinco subnormales a atraparme, que pasan por la puerta de enfrente y dejan cambiando luces a un anciano digno de lástima, y se supone que estaban intentando ser disimulados ¿no? —pregunté, pero no esperé respuesta para seguir con mis quejas —Se nota que ustedes pasaron por la academia, pero ella no pasó por ustedes, que bueno que estoy cooperando, porque sino podían ir colgando ustedes mismos sus traseros en la oficina de Los Altos —continúe mofándome mientras salíamos a la calle —así estarán de necesitados en La H.A.E.Y.P. que se tomaron la molestia de irlos a sacar del puente bajo el cual probablemente vivían ¿Y para qué? ¿Para que barrieran los pisos de la Central? ¿Fueran mis niñeras o algo así?

—Alguien tiene un humor de mohosa leche cortada esta noche ¿no? —comentó Gizmo.

—Soy a la que le están jodiendo la vida aquí, así que tengo derecho a quejarme por el resto de la eternidad que tengo que pasar junto a ustedes —expliqué arreglándome el flequillo. —¿Y ahora qué? ¿Viene un auto? ¿Un helicóptero? ¿O Aladdín volando en su alfombra mágica nos recoge? —Quise saber con premura cuando nos vi parados en medio de la calle desierta entrando en la madrugada.

Fue entonces cuando Kyd Wykkyd —sin decir nada, como siempre—, se adelantó y le saco la tapa a una alcantarilla que estaba en el asfaltado y luego meneó la cabeza hacia el agujero negro, gesto que interpreté como «He aquí tu alfombra mágica, princesa».

—Ustedes están completamente fuera de sí, si piensan que yo me voy a meter ahí —dejé bien en claro al ver las condiciones de viaje.

—¡Mujer, deja de protestar por todo! —exclamó Billy a quien parecía que la cabeza le iba a estallar.

—Yo entiendo que la gente nos llame ratas, porque no comprenden muy bien nuestro oficio, pero no por esa razón vamos a andar correteando por los asquerosos drenajes como si literalmente fuéramos unas sucias ratas. Okey, tal vez Gizmo lo sea, pero el resto no —agregué molesta.

—Hubiera preferido el correctivo número catorce en lugar de esto —bufó Billy rodando los ojos—. Vamos a dejarlo claro: para irnos a nuestro destino nos debemos meter a la alcantarilla ¿comprende eso la señorita o se lo explico con manzanas?

—Mira pedazo de papanatas…

—¡Al agua patos! —gritó el numeroso y me empujó al hueco, así sin más.

¡MALDITOS, MALDITOS, MALDITOS! ¡LOS ODIO! —Alcancé a gritar entretanto caía al vacío en la oscuridad.

Pero para mi sorpresa, y gran alivio, no aterricé precisamente en un maloliente canal de aguas negras, sino más bien en algo suave: una alfombra. Cuando creí que era seguro levantarse me di cuenta que, aunque efectivamente estábamos dentro del alcantarillado de la ciudad, yo me encontraba en algo así como una capsula de transporte. Era transparente así que podía ver claramente las paredes llenas de moho con una variedad de bichos que no sabría identificar correteando por ellas. Noté que era circular y distribuidos de esa manera tenía asientos, así que, aun con bastante incomodidad por la situación me senté a esperar la continuación del "divertido" paseo.

—Pudieron haberme dicho desde un principio que me atuviera a esto —dije en cuanto el resto de mi boba brigada de captura estuvo de nuevo conmigo.

—Si te lo hubiéramos dicho tu cara de asco no hubiera sido tan graciosa —Se burló Gizmo tomando asiento de un brinco frente a mí.

«Este pelón tiene suerte de que las miradas no matan» pensé, procurando no perforar a ninguno con alguna pequeña fuga de mala suerte "accidental". «Cálmate Jinx, que ahora es que quedan obstáculos por superar».

—¿Ya se les ha informado a Los Altos que vamos en camino con el paquete? —preguntó Mammoth a Ojo.

—Están al tanto —contestó Ojo revisando lo que parecía ser una pizarra táctil de color dorado.

«¿El paquete? ¿Desde cuando soy el paquete? ¡Hey, yuju, el paquete puede tirarles los dientes si lo siguen tratando así!». Por supuesto, una intenta cambiar de vida por un tiempo y de inmediato se olvidan de que yo ambicionaba ser una de Los Altos cuando ellos apenas estaban concibiendo la brillante idea de ser asaltantes de bancos de por vida.

—Pero no la podrán examinar esta noche, tendremos que esperar hasta mañana —Le habló con seriedad el cíclope al pelirrojo Mammoth.

—¿O sea que tendremos que llevarla al punto mientras? —gruñó el gigante poniendo mala cara.

—¿El punto? —indagué de inmediato con recelo al escuchar ese término.

—La distribución de las sedes ha cambiado. La H.A.E.Y.P ya no tiene interés en ocupar un solo lugar que puedo ser detectado y eliminado en cualquier momento. Se han dividido y escondido: existe La Central donde se encuentran Los Altos y nos asignan nuestros trabajos, y los agentes hemos sido repartidos por sectores, en puntos de encuentro donde pernoctamos mientras esperamos el llamado de los jefes —Me explicó Gizmo, usando la tecnología de sus antiparras; presionó un botón cerca de su oreja y desplego ante mí un mapa holográfico de la topografía de Jump City.

—Estamos aquí —Me indicó Ojo apuntando con su dedo a un punto violeta que se movía a través de una línea del mismo color —Y debemos llevarte aquí mientras esperamos a que los jefes puedan recibirte.

—¿Y cuál es el problema de que vaya ahí?

—Digamos, que ahí se encuentran varios amiguitos con ganas de verte, preciosa —respondió Billy dedicándome una sonrisa malvada y burlona.

—Me sigue diciendo preciosa y lo castro —Le informé a Ojo de manera que solo él me escuchara.

Él, con su único gran ojo, rió por lo bajo mientras seguía revisando cosas en aquella tabla portátil. A pesar de seguir sin tener control sobre la caída de su quijada, ni de sus glándulas salivales, Ojo seguía siendo lo más parecido que tenía a un ¿amigo? normal en aquel grupo. Dentro de sus múltiples tonterías inmaduras, al menos intentaba escuchar, aunque no tuviera ni idea de qué agregar a la conversación e intentaba ser un compañero, a pesar de no tener idea de cómo serlo, y no esperaba que tuviera idea después de la educación con la que crecimos, pero como dije, al menos lo intentaba, quizás consciente, quizás inconscientemente.

—Si lo haces, me daré vuelta e ignorare los gritos —agregó sin dirigirme la mirada.

—Es bueno verte de nuevo, Ojo —concedí con monotonía sonriendo de lado, también sin mirarlo.

—Llegamos —anunció Mammoth con seriedad siendo el primero en dejar su asiento.

Yupi —Mi alegría al levantarme era notoria, igual que un niño en el dentista.

Salimos de la capsula, que de inmediato cerró sus puertas tras nosotros y siguió su camino a quién sabe dónde. Accedimos a un túnel, con piso de alfombra negra con rayado dorado a los lados y paredes y techo metálicos. Un escalofrió recorrió mi cuerpo en lo que comenzamos a caminar. Hacía un frío terrible.

—Vamos Jinx, cambia esa cara, no quiero rezongones en mi escuadrón —dijo Billy pasando junto a mí para colocarse adelante del grupo.

—¿Su… escuadrón? —pregunté a Ojo con una mezcla de repugnancia e interés.

—Billy es el líder —respondió Ojo rápidamente.

—Disculpa, Ojo, pero ¿En qué universo paralelo y retorcido Billy es el líder de algo? —Fue mi siguiente pregunta noqueada por el shock de lo que sea que significara que Billy era el líder.

Ojo volvió a carcajearse dejando que los demás caminaran adelante, quedando al final conmigo.

—Pues, en este universo paralelo estamos divididos en escuadrones y cada uno debe tener un líder que sea quien rinda cuentas a Los Altos de las actividades asignadas. —Me explicó.

—Entiendo, todo muy ordenado, pero ¿Billy?

—Gano por mayoría de votos —contestó Ojo encogiéndose de hombros.

—Claro, se multiplicó y votó por sí mismo miles de veces ¿no? —bromeé.

Entonces note que Ojo se sonrojo.

—Eso hizo ¿verdad? —indagué sabiendo la respuesta.

—Bueno sí, nos resultaba raro porque…

—Todos votaron por sí mismos para líder ¿cierto?

—Sí, menos Kyd Wykkyd: él votó por Mammoth.

—De él lo entiendo, nunca dejará de ser extraño —analicé.

—Como te decía, nos resultó raro que ganara siendo que la votación era entre nosotros cinco, pero, bueno, al final no importaba mucho. No es como que en verdad alguno de nosotros quisiera verle la cara a Los Altos más de lo obligatorio.

—Ustedes no son más inútiles, porque no pueden —reproché masajeando mi sienes intentado que esa conversación no me indignara. —La boca la tienen únicamente para comer, bostezar y Gizmo para quejarse que no lo dejan subir a los juegos fuertes en la feria por no tener la estatura reglamentaria.

—Se podría proceder a un revocatorio —mencionó el ciclope insinuante.

Rodé los ojos imaginando a que se refería.

—Olvídalo —respondí soltando una pequeña risa.

—Te doy una semana cuando mucho. Tú no acatas ordenes de quien crees incompetente —apostó, al parecer me conocía más de lo que yo creía.

—Pues esta vez, seré una mansa oveja negra —dije como firme propósito.

—Claro, Jinx, eres tan mentirosa como un político en campaña ¿esperar que te crea eso? —Se burló.

Ambos nos reímos al vernos.

—Fíjate que sí, sí lo espero, ya nada de esto me interesa —Le dejé saber acariciando con mis uñas el frío de la pared metálica.

—Solo es cuestión de tiempo —canturreó ladeando el enorme ojo hacia otra parte.

—Eres insoportable —dije golpeándolo en el brazo.

—Lo sé, es uno de mis muchos atributos —Sonrió.

—Te odio —declaré y luego le saqué la lengua maduramente.

—¿En serio?

No tuve tiempo de descifrar la pregunta acompañada de una mirada particular que no dejaba espacio a bromas, porque aparentemente habíamos alcanzado nuestro destino. Los chicos se habían detenido y vi como Gizmo se adelantó a Billy.

«Identificación» habló una voz computarizada desde un parlante esférico con una pequeña pantalla verde que teníamos frente a nosotros.

—Agente Gizmo, Código: 6Z02O —recitaba mientras una luz verde igual a la pantalla de la que salió escaneaba sus ojos —Escuadrón: W -516.

«¿Viene con su escuadrón?»

—En su totalidad, y tras capturar a la desertora conocida como Jinx la hemos traído con nosotros por órdenes de Los Altos —Al escuchar la palabra «desertora» me dieron ganas de salir corriendo de ahí.

«Confirmado, el sistema debe asimilar ahora a la que vuelve a sus filas» indicó la máquina.

—Jinx.

Respondí al llamado y me coloqué junto a Gizmo. Nadie decía una palabra.

—¿Qué debo…?

Sin esperar a que formulara la pregunta Gizmo me tomó de las muñecas y estampó mis manos en la pantalla. Al instante advertí que un dolor insufrible me invadía y dejé salir un grito. Era una quemazón insoportable, me ardía y no podía quitar las manos: algo aparte de las manos de Gizmo me retenían, sentía como si me desollaran las yemas de los dedos.

«Asimilación: Terminada.» anunció la maquina, dejándome por fin quitar las manos. Solo fueron unos segundos, pero cuando se trata de sufrimiento, los segundos son eternidades; gotas de sudor surcaban mi cara y mi cuello mientras permanecía con la boca abierta tratando de recobrar el aire, con los ojos desorbitados y las manos recogidas en mi pecho.

«Agente Jinx, Codigo: 8X13N, Escuadrón: "No pertenece", confirmar información con Los Altos Mandos hoy a las 1430 horas»

—¿Qué…porquería me hicieron? —exigí saber, notando que mi voz sonaba temblorosa.

—Espero que no extrañes tus huellas dactilares —dijo Billy tomando una tarjeta que había salido de la maquina por una ranura que tenía adelante. —Ten, tu identificación, está incompleta así que recuerda llevarla a tu audiencia —habló con fastidio, mostrándome el carnet.

Como pude, tratando de recobrar la compostura a pesar del ardor, tomé la identificación y la guardé en mi brasier que era el único bolsillo que tenía a mano.

—Vamos.

A cada lado del aparato de reconocimiento se abrieron par de puertas automáticas por las cuales Billy siguió su camino.

—Nos lo hicieron a todos. El dolor pasa después de unas horas —mencionó Gizmo a mi lado sin demostrar ninguna emoción al respecto.

Seguimos caminando detrás de Billy, ahora bajando por unas oscuras escaleras con la misma alfombra negra del pasillo. Se empezaron a escuchar murmullos que indicaban que había personas al final del trayecto y mientras más cerca estábamos, más fuerte se oía. Estupendo, como si ya no fuera suficiente abandonar a tu novio: para una noche perfecta agreguemos unas manos quemadas y una multitud intrigante para hacerla aun mejor.

—¿Y mis cosas? —pregunté.

—Alguien las llevará a la habitación que te asignaron, en tu carnet dice el número —contestó Mammoth.

—¿A dónde vamos?

—Se podría decir que es donde descansamos —respondió Ojo esta vez encogiéndose de hombros.

—Velo tú misma, encanto —señaló Billy petulantemente.