N/A: Me voy a tomar la libertad de aclarar que para un autor es MUY importante la opinión de sus lectores, por lo cual insisto que si no hay reviews, no hay update, sorry.

-Kuroshitsuji no me pertenece, como así tampoco lo hacen los personajes de dicha serie, siendo los mismos, propiedad de su autora Yana Toboso.-

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Ya habían pasado dos semanas desde que había acogido al pequeño gatito en su apartamento. La visita al veterinario no había sido nada relevante, puesto que el gatito contaba con buena salud y sólo requeriría una mínima atención la cual se reducía a alimentación y buen descanso. Sin embargo, había algo que, considerándolo una extraña casualidad, le generaba intriga.

Desde el primer día que Ciel vivía consigo en su apartamento, comenzó a tener extraños sueños (valga la redundancia puesto que los sueños suelen ser extraños), todas las noches y sin excepción, con un niño de cabello gris azulado y llamativos ojos lapislázuli.

Al comienzo no le dio mayor importancia, considerándolo un sueño bizarro, como generalmente los sueños suelen ser. Sin embargo, a medida pasaban los días y las noches, empezó a llamarle la atención que los sueños se reiteraran, quizá no en su contenido, sino por el hecho de estar siempre ese niño de ojos azules involucrado en ellos. Más aun cuando aquel niño le recordaba de alguna manera a su pequeña bola de pelos.

Salió de sus pensamientos al notar que el reloj de su notebook ya indicaba la una de la madrugada. Le ponía de los nervios el sólo pensar que estuvo frente a aquel aparato durante cinco horas consecutivas sin lograr que nada productivo asomara por su mente. Suspiró cansado y bajó la tapa de su computadora portátil. En tan sólo seis días la editorial para la cual trabajaba lo llamaría para solicitarle el boceto final de su nueva novela para correcciones, ediciones y demás formalidades, y su falta de inspiración para darle a la historia un final le atosigaba en demasía.

Sin duda ser un escritor tenía sus ventajas. Trabajaba en su casa, a su ritmo y controlando su propio tiempo. Tiempo… Algo de lo cual vivía pendiente. No era de sorprenderse el hecho que su apartamento estuviera plagado de relojes por cada uno de sus ambientes; sin mencionar que le era costumbre llevar a donde fuera, incluso dentro de su propia vivienda, un reloj antiquísimo de bolsillo, el cual había adquirido en una subasta orientada a gente con renombre y gran poder adquisitivo. Siendo él, Sebastian Michaelis, un escritor que aun a sus jóvenes 27 años había conseguido que sus obras fueran lo que comúnmente se denomina "Best Seller", durante seis años consecutivos, comprar esa reliquia no le había generado el más significativo gasto, incluso aun se cuestionaba el por qué vivía en un apartamento.

Dejó de divagar al oir un maullido, bajando la tapa de su notebook al asimilarlo rápidamente como un reproche por parte de Ciel,que a medida pasaban los días se volvía cotidiano. Sonrío negando con la cabeza, bajando su mirada al piso, donde se encontraba el pequeño gatito esperándole sentado al lado de la puerta de su habitación, como indicándole que era hora de dormir.

Luego de apagar las luces se dirigió donde su acompañante le indicaba y se alistó para recostarse y dormir mientras Ciel lo observaba hecho una bolita sobre la almohada. Ya una vez acostado, cerró sus ojos para conciliar el sueño mientras era arrullado por un suave ronroneo, durmiéndose lenta y profundamente sin siquiera notarlo.

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¿Dónde se hallaba? No tenía la más remota idea, sólo podía describir el lugar como un espacio amplio y lujoso; de lo único que estaba seguro inconscientemente, era que en cualquier momento aparecería ese niño de ningún lado y le miraría de una manera que hasta el día de hoy, no lograba describir.