DESAPARECIDO

La obra le pertenece a Jaid Black esta es solo una adaptación, los personajes son de "Naruto" de Masashi Kishimoto

Advertencia:

El siguiente material incluye contenido sexual gráfico para lectores adultos. Esta historia ha sido calificada como una obra de contenido M

Las escenas de amor de contenido erótico son explícitas, no dejan nada librado a la imaginación y el volumen de las palabras es elevado por la frecuencia de las mismas. Además, es posible que algunos títulos calificados como M incluyan material de fantasía que ciertos lectores podrían considerar objetable, como: prácticas sexuales, sumisión, seducciones forzadas, etc.

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Capítulo 1

Ella daría cualquier cosa por un café. Una jarra enorme, llena hasta el borde, con el más rico, más caliente, más oscuro elixir colombiano que haya agraciado una taza de café alguna vez hubiera parecido un regalo de los dioses en este momento. Pero en este punto, pensó tristemente, aún una taza a medio llenar de Dixie, que sabía más a agua que a granos, habría sido suficiente para hacerle dar piruetas de alegría.

Hinata Hyuuga suspiró mientras su camioneta roja subía plácidamente otra ruta de montaña, nevada y serpenteante. Había estado siguiendo esa ruta temporaria por más de una hora, y comenzaba a preocuparse de que alguien se hubiera olvidado de poner el muy necesario cartel que habría prevenido que siguiera la dirección equivocada.

Un semirremolque había colisionado en la autopista alrededor de una hora antes de que ella la tomara, dejando los carriles intransitables. La policía presentó rápidamente un desvío temporal por un terreno montañoso, desviando el tráfico por un pequeño pueblo minero en las tierras remotas de Virginia del Oeste. No es que hubiera demasiado tráfico para desviar a las once de la noche de un martes en un área rural escasamente poblada. Realmente, Hinata todavía no se había cruzado con otro par de faros.

Por primera vez, desde que comenzó la pequeña travesía por esa ruta inusual, empezó a tener una sensación de alarma. Estaba totalmente oscuro afuera, no había más que las luces altas de la camioneta para romper la desapacible oscuridad. Cuanto más conducía por el empinado terreno, más espesos se ponían los bosques invernales a cada lado de la pequeña ruta. Era escalofriante aquí afuera, pensó, y se le pararon los pequeños pelos de la nuca. Oscuro, remoto y escalofriante.

No pertenecía a ese lugar, lo sabía. Hinata se sintió –y estaba– fuera de su ambiente natural. Para una chica de ciudad de las llanuras de Clearwater, Florida, aun algo tan simple como manejar por la autopista le ponía los nervios de punta. Las montañas nevadas por las que pasaba la autopista eran las más empinadas que había visto. A esa altitud, los vientos eran duros durante los meses de invierno, y golpeaban contra la camioneta haciéndole sentir que iba a salir volando y caería del acantilado en cualquier momento. Se sentía menos protegida de los elementos naturales de lo que se hubiera sentido conduciendo una lata con cuatro ruedas pegadas con cola.

La autopista había sido lo suficientemente mala. Conducir por el extraño caminito serpenteante enclavado en algún lugar de los Montes Apalaches era mil veces peor.

Hinata respiró hondo y exhaló lentamente, diciéndose a sí misma que no debía asustarse. Así que estaba oscuro afuera. Así que el viento bramaba como un demonio de una película de clase B. Así que el camino de ripio se había vuelto barro y nieve derretida hacía quince minutos…

"Genial", murmuró en voz baja. "Esto es simplemente genial".

Se dio cuenta de que tenía que dar la vuelta y seguir el camino sinuoso para el otro lado hasta llegar a alguna forma de civilización, pero no había precisamente ningún lugar para girar. Podía detenerse en el medio de la "ruta", supuso, y tratar de dar la vuelta, pero con su suerte finalmente divisaría a otro vehículo mientras intentaba llevar a cabo la proeza, que saldría de la nada y embestiría el costado de su auto nuevo.

Al principio, dio por sentado que estaba siguiendo el desvío correctamente, pero no podía recordar la última vez que vio un cartel indicador. Peor aún, había girado varias veces en la última hora y ahora no estaba del todo segura de poder encontrar el camino de vuelta en la mitad de la noche. Especialmente, cuando consideró que la nevada había sido leve pero constante, así que las huellas de la camioneta probablemente ya estaban cubiertas.

Qué manera más irónica de comenzar su nueva vida, pensó Hinata, frunciendo el ceño. Los treinta y cuatro se suponía que serían la edad en que haría que la vida sucedería en lugar de esperar que venga a ella. Podía diseñar bases de datos desde cualquier lugar, pero como su cliente más importante estaba en la ciudad capital de Charleston, Virginia del Oeste, decidió mudarse, después de divorciarse de Naruto, e instalarse en la soñolienta casa sureña sobre el río, donde las cuatro estaciones estaban bien diferenciadas.

Parecía casi idílico en comparación con el departamento sobre la playa, húmedo y siempre caliente, lleno de malos recuerdos, que había dejado un día atrás. Y aún podía ser idílico, si solamente pudiera encontrar el camino de vuelta a la ruta conocida.

La mirada de Hinata se dirigió distraída hacia el medidor de combustible. Su corazón se aceleró al ver que tenía menos de un octavo del tanque. ¡Genial! Esto es simplemente genial. Exhaló, mientras esa sensación de alarma crecía a pasos agigantados.

Estaba totalmente oscuro afuera, el viento bramaba ferozmente, estaba conduciendo por un camino con barro y nieve derretida que llevaba Dios sabe dónde, estaba nevando más fuerte, y ahora la camioneta andaba con los gases del combustible que quedaba. Se habría reído si no hubiera estado tan aterrorizada.

Hinata se aferró al volante con tanta firmeza que los nudillos se le pusieron blancos, y sus ojos lavanda se agrandaron cuando el angosto camino que estaba transitando se volvía imposiblemente angosto. "Mierda", murmuró, decidiendo que ya era más que tiempo de dar la vuelta. El bosque cubierto de nieve a cada lado del diminuto camino se estaba volviendo más espeso… y de alguna manera, mucho más intimidante.

Sus dientes se hundieron en su labio inferior; gotas de transpiración brotaban de su frente. Se acomodó distraídamente un mechón rebelde de cabello azul oscuro detrás de la oreja mientras sus cavilaciones se tornaban desagradables. Ridículo como sonaba, incluso a ella misma, tenía miedo de detener la camioneta lo suficiente como para darle la vuelta. Detenerse implicaba vulnerabilidad, dejándola desnuda ante un ataque externo, aun si se detenía por unos pocos segundos.

Hinata exhaló, desviando la atención de esos pensamientos dramáticos. "Has mirado demasiadas películas de terror, nena", susurró mientras levantaba el pie del acelerador y frenaba lentamente. No había visto otro vehículo, mucho menos otra persona, por millas, por más de una hora ya. La posibilidad de que algún psicópata suelto la atrapara mientras daba marcha atrás en un vehículo con las puertas trabadas era nula.

La camioneta se detuvo, la falta de movimiento acentuaba el sonido del viento invernal de los Apalaches, que bramaba afuera de la barricada de las ventanas. Se dijo a sí misma que debía ignorarlo, olvidarse de que estaba sola en medio del bosque sobre la cima de una montaña en plena noche, y concentrarse en salir de allí de una buena vez.

Retrocedió lo suficiente como para dar vuelta el vehículo, y se quedó sin aliento cuando su visión periférica se topó con una especie de movimiento. Su respiración se detuvo inmediatamente. Parpadeó y volvió a mirar, incrédula.

"Maldición, maldición, maldición", murmuró mientras seguía dando vuelta la camioneta. Rogó que estuviera imaginando cosas, porque no vio nada ni nadie al mirar por segunda vez. ¡Simplemente sal de aquí!, se dijo a sí misma mientras el vehículo se enderezaba y ella pisaba el acelerador. ¡Ahora!

Hinata pisó el acelerador hasta el fondo, sintiendo cómo los latidos de su corazón se aceleraban exageradamente cuando apretaba de golpe el pedal. Probablemente, no fue el reflejo más rápido que tuvo alguna vez, ya que la camioneta patinó de inmediato. Una mezcla de barro y hielo derretido voló hacia todos los lados, golpeando con fuerza el parabrisas y haciendo que su corazón golpee como si fuera una roca en su pecho.

Otro movimiento hacia la izquierda…

Hinata apenas tuvo tiempo de registrar que había visto algo cuando la sombra de un hombre de gran tamaño apareció como de la nada. Gritó mientras clavaba los frenos y viraba rápidamente hacia la derecha para no llevarlo por delante, luego volvió a gritar cuando por un momento perdió el control de la camioneta e hizo un trompo.

Temblando como una hoja, trató de recuperarse del trompo, pero era demasiado tarde. Sus ojos se abrieron grandes cuando el vehículo patinó fuera del camino y se dirigió directamente hacia el tronco de un grueso roble. Incapaz de hacer nada más que enmudecer del susto, miró con estupor y desconcierto cómo su vehículo nuevo color cereza colisionaba contra un fuerte roble, haciendo pedazos todo el frente y quemando su cuerpo al mismo tiempo. Desesperada, giró la cabeza hacia la izquierda para ver si el hombre todavía estaba por ahí, o si se lo había imaginado completamente.

El airbag automático en la columna de dirección se activó, y, un segundo después, el dispositivo salvavidas la golpeó en un costado de la cabeza y casi la mata. Boqueó cuando la embistió, y sus ojos claros se le fueron para atrás.

Por favor no dejes que me desmaye, pensó aterrorizada mientras la sombra de un hombre de gran tamaño y muy real emergía del bosque. Ay, Dios –ay, por favor– me debo haber golpeado la cabeza…

Hinata comenzó a perder la visión en el preciso momento en que la figura del extraño aparecía frente al faro que le quedó sano y comenzaba a caminar firmemente hacia su camioneta. Era enorme –medía al menos un pie más que los cinco pies de altura de ella– y llevaba puesto una especie de traje de faena de una pieza. Su cara era sombría; su penetrante mirada, intensa.

Mientras se le empezaban a cerrar los ojos, consideró la posibilidad de que quizás el extraño era un mecánico. Los mecánicos suelen usar ese tipo de overoles azules. Quizás hasta podría ayudarle a arreglar la camioneta.

Su mirada desfalleciente se desvió rápidamente hacia las manos cubiertas de venas del extraño. Hirvió de histeria cuando vio que sus manos estaban encadenadas. Y pensó, mientras una sensación helada de horror atravesaba su cuerpo, que sus tobillos también lo estaban…

El corazón de Hinata latía con violencia en su pecho, aun mientras se deslizaba hacia el vacío de la inconsciencia. Era un preso que se había escapado, gritaba en su mente, mientras estaba inevitablemente a punto de desmayarse. Ay, Dios…

Ay, por favor, pensó mientras sus ojos se cerraban irrevocablemente, ¡por favor, que alguien me ayude!

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Hola! Acá de nuevo con otra adaptación jejeje todos los capítulos de todas las adaptaciones que estoy haciendo las subiré al mismo tiempo siempre eso no mas lo decía para avisar eh

Nos vemos besos XD