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Capítulo I – ¿Una nueva Cenicienta?

Una llovizna caía sobre la ciudad de Tokio, opacando la alegría de sus habitantes. Sin duda alguna, era un día bastante deprimente. Una pequeña rubia de 2 años derramaba lágrimas a montón, igualando la acción del oscuro cielo, mientras observaba como enterraban el gran ataúd de madera en el que se hallaba el cuerpo de su difunta madre; aunque ella no entendía muy bien la situación, solo sabía que le entristecía.

Sintió con se elevaba del suelo. Observó al causante de tal acción, encontrándose con la mirada afligida de su padre. Ella no era la única que sufría. De hecho, todos los presentes en el velorio, amigos, familiares, seres queridos… Todos lamentaban la muerte de aquella mujer.

- Papá…- susurró la niña abrazándose al cuello del aludido – Mamá… ¿Por qué la han metido en esa caja de madera? ¿Y si se despierta? – preguntó algo preocupada.

- Rin… - se conmovió el hombre ante la inocencia de la niña – Mamá no va a despertar… Estará dormida eternamente – le explicó acariciando dulcemente su cabeza.

- ¿Eternamente? – cuestionó de nuevo – Y, ¿eso es mucho tiempo?

- Así es… Lo entenderás mejor cuando crezcas – dijo posando un beso en la frente de la pequeña. Ésta se limitó a asentir y observar como el Sacerdote le dedicaba unas últimas palabras a los presentes.

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Habían pasado varios años ya desde aquel momento. Rin había crecido, poseía ahora 7 años, y justo hoy celebraba su 8vo aniversario de vida. Se despertó a causa de la luz que le daba en la cara y se estiró sin salirse de ésta.

Se retiró de su alcoba, bajó al primer piso, pasó por el vestíbulo y entró en la cocina. Ahí, la esperaba su padre con un gran desayuno ya servido en la mesa.

- Buenos días, bella durmiente – le saludó. La rubia tomó asiento en una de las sillas y se quedó observando la comida.

- Se ve delicioso – comentó esbozando una hermosa sonrisa. Su padre igualó el gesto y también se sentó, disponiéndose a comer – Espera – le detuvo su hija - ¿No me vas a felicitar? – cuestionó – Y, ¿dónde está mi regalo? – giró su cabeza inspeccionando el lugar en busca de algún presente.

- No te esfuerces, Rin - le llamó el hombre – Aquí abajo no hay nada, tendrás que esperar a que lleguemos a tu fiesta – le adelantó.

- ¿Fiesta? – abrió los ojos sorprendida - ¿Dónde? ¿Cuándo?

- Hoy, ya los invitados debieron comenzar a llegar… En el karaoke de Hatsune-san – respondió con normalidad.

- ¿QUÉ? – gritó ella, levantándose de golpe de la mesa - ¡Qué bien! – chilló emocionada - ¡Me encanta ese karaoke!

- Y también adoras cantar, ¿no te parece que tu papi es un genio?

- Sí, sí, sí – asintió animada - ¿A qué hora nos vamos?

- Después de desayunar…- contestó. En seguida, le chica retomó su asiento y comenzó a atragantarse con la comida que había preparado su padre. Consumió todo con una rapidez casi imposible para un ser humano normal. Se levantó de la mesa y corrió hacia su habitación.

El hombre aún seguía estupefacto por las acciones de su hija. Con apenas 8 años de edad, ¿y se comportaba así? ¡Ni se la quería imaginar en el futuro! Escuchó el sonido del timbre, y se dirigió a abrir la puerta. Se encontró con una muchacha de 17 años, de cabellos marrones y ojos pardos; venía vestida con una falda roja, al igual que su camisa, y unas botas blancas altas. Ésta entró al vestíbulo después de saludar al hombre.

- ¿Y Rin? – preguntó colocando unas bolsas en la mesa del comedor – Está como muy tranquila para ser su cumpleaños…- argumentó.

El padre de la aludida iba a refutar eso, sin embargo, se escuchó algo cayéndose en el piso de arriba y un alarido exasperado por parte de la pequeña cumpleañera. La castaña soltó un suspiro.

- Creo que hablaste muy pronto, Meiko – comentó sonriente el papá. La susodicha asintió.

Ambos esperaron en la sala hasta que Rin, después de causar un gran alboroto, bajó con un vestidito naranja y su típico lazo blanco. Observó a Meiko y corrió a abrazarla.

- Meiko onee-chan! – exclamó - ¡Me alegra verte!

- ¿Crees que me perdería el cumpleaños de mi pequeña hermanita? ¡Ni loca!

- Bueno, bueno – interrumpió su padre la escena – Si no nos apuramos, llegaremos tarde a la fiesta – miró su reloj de muñeca y dijo – De hecho, ya vamos algo retrasados

- ¡A festejar se ha dicho! – canturreó la adolescente. Salieron de la casa, mientras que el individuo le pasaba llave a la puerta principal.

Llegaron al local de karaoke donde los esperaban una pequeña de aproximadamente 8 años, de cabello aquamerine y ojos del mismo tono; junto con una mujer mayor, que guardaba gran parentesco con la antes mencionada. Rin se bajó del auto y corrió a abrazar a su amiga.

- ¡Felicidades Rin! – dijo la chiquilla de cabellos azules verdosos correspondiendo el apretón.

- ¡Me alegra verte, Miku!

- Qué bueno que hayan llegado – habló la madre de Miku, esbozando una amable sonrisa – Todos nos están esperando

- ¡Pues vamos! – sugirió Rin ilusionada. Miku y ella corrieron escaleras arribas, siendo guiadas por la primera. Meiko rió ante el ánimo de las niñas y las acompañó, dejando atrás a los adultos.

- Muchas gracias, por todo – le agradeció el padre de Rin a la mujer cuando las 3 muchachas se habían retirado de la entrada.

- No es nada, ver la sonrisa de Rin-chan es mi mejor recompensa – respondió.

Ambos emprendieron camino hacia el lugar en el que se llevaría a cabo la fiesta, más el padre de Rin recordó que había dejado el regalo de la niña en el auto.

- ¡Ash! – se detuvo en el comienzo de los escalones – Adelántate, iré a buscar algo en mi auto.

- Ok…- la mujer se giró y continuó con su travesía hasta la sala de karaoke.

Corrió hasta la puerta, y al abrirla, golpeó a una mujer que iba cruzando la calle en ese momento. Se exaltó al sentir el choque de la puerta de cristal con un cuerpo en movimiento.

- Lo siento muchísimo – aclaró tendiéndole le mano para que ella se levantara. A decir verdad, era una mujer algo atractiva. De cabellos rojos y ojos ambarinos. Ésta aceptó la ayuda del hombre y se levantó del suelo.

- No fue nada…- dijo mirando fijamente a su agresor – Un gusto, soy Kyoko Akita – se presentó. Sin entender mucho la razón, se quedó hipnotizado con aquella dama.

- Shigeru Kasane, el placer es todo mío - objetó, olvidando por completo el motivo de su salida...

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Esa noche, ambos, padre e hija, llegaron agotados a casa. Ella subió a su alcoba, se colocó su pijama, y arregló los presentes que había recibido ese día. Su padre entró en la recámara y la observó.

- Aun no te doy mi regalo – le recordó sonriente. Sacó una caja envuelta por un estampado de mandarinas, que escondía detrás de su espalda, y se la entregó.

- ¿Qué es? – preguntó agitando el paquete. Él puso su mano sobre el regalo para detener la acción de su hija.

- Ábrelo con cuidado – sugirió. La niña lo examinó detenidamente y luego se dispuso a abrirlo.

Quitó el papel envoltorio, y destapó una caja blanca en la que se hallaba su verdadero presente. Lo que vieron sus ojos la dejaron estupefacta. Era una cajita musical, de madera de roble barnizada; poseía una pequeña cerradura de oro. En la parte superior de la cajita, estaba grabado su nombre en letras doradas. Intentó abrirla, pero fue inútil. Examinó el paquete en donde había venido el pequeño cofre y halló lo que buscaba: en el fondo, yacía una llavecita en forma de corazón. La tomó y la encajó perfectamente en el seguro de la caja. - ¡Click!- sonó. Bajó la cerradura, y abrió por el fin el regalo. El interior de la cajita tenía paredes aterciopeladas; en la parte superior, se encontraba un espejo, y, en frente de éste, habían dos personajes: una princesa y un sirviente. Ambos rubios. Una melodía se hiso presente.

- ¡Daughter of Evil! – confirmó escuchando la canción.

- Me alegra que hayas reconocido la pieza – sonrió su padre.

- ¡Muchísimas gracias, papá! – cerró la cajita mirando de nuevo a su acompañante – ¡Me encanta ese musical!

- Qué alegría que sea de tu agrado – confirmó. Depositó un beso en una de las mejillas de Rin y se dispuso a retirarse de la habitación – Que duermas bien, querida

- Espera papá – le llamó, haciendo que éste se detuviese inmediatamente – Esa mujer que entró contigo hoy a la fiesta… ¿Quién era?

- Su nombre es Kyoko Akita…- contestó – Lo más seguro es que la veas más seguido por aquí…

- ¿Cómo así?

- Digamos que si las cosas salen bien… Podría ser tu nueva mamá – bromeó guiñando uno ojo. Rin arrugó el entrecejo sin comprender a qué se refería su padre, no le gustaban las bromas de mal gusto – Pero no te preocupes, todo se verá con el tiempo… Por ahora, es solo una amiga

- Yo no creo que sea solo una "amiga" – murmuró algo molesta.

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Y, en efecto, desde aquel día, el padre de Rin frecuentaba salir con Kyoko. Muchos decían que había química entre ellos, pero la pequeña le restaba importancia a tal cosa, si su padre era feliz teniendo una buena relación con aquella mujer, ella también podría ser feliz por él. Aunque le frustraba que las hija de Kyoko – sí, tenía hijas, y bien insoportables, por cierto - se aprovecharan de ella. Neru y Teto. Cada vez que sus padres las dejaban juntas para ir a algún lugar, una de las tres terminaba mal. Por lo general, mejor dicho, siempre Rin terminaba siendo la víctima.

Meiko se ofrecía a cuidar a la rubia; odiaba a esas niñitas, y no le gustaba ver a su pequeña hermanita angustiada a causa de esos demonios. No obstante, la castaña fue aceptada en una universidad en Estados Unidos, y se fue al extranjero, dejando a Rin a merced de la familia Akita.

El tiempo pasó, convirtiéndose en 2 años de noviazgo. Finalmente, tomaron la decisión de unir sus vidas en Sagrado Matrimonio. Pero, teniendo en cuenta que esta unión debería traer alegría para los demás, la palabra felicidad había desaparecido para Rin.

Todo se arruinó esa noche. Rin se encontraba en su cuarto, pasando tiempo de caridad con su padre.

- ¿Cómo era Julieta, papá? – preguntó observando el libro que recién le habían comprado. En su portada se veía escrito en cursiva "Romeo & Julieta".

- Qué cómo era…- repitió el hombre dubitativo – Pues, era una jovencita, hija de una familia adinerada, que se enamoró de la persona equivocada – apuntó recordando la trama de la historia.

- Yo no quiero ser como Julieta…- pensó en voz alta, recibiendo una mirada de confusión por parte de su acompañante - Digo, claro que me gustaría enamorarme y ser correspondida por alguien como Romeo… Pero… ¿Suicidarme? – ironizó – No, gracias. Prefiero tener un final feliz como Cenicienta.

- ¿Cenicienta? – consultó el hombre divertido.

- ¡Claro! Romeo & Cinderella, suena bien, ¿no lo crees?

- Sí, suena excelente… Como para…- lo pensó por varios segundos.

- ¡Una canción! – dijeron ambos al unísono y se echaron a reír.

- Siempre pensé que tenías grandes ideas, querida – le alagó tomando un papel y una pluma que se hallaban en la superficie de la mesita de noche de la muchacha - ¿Por qué no la comienzas a escribir?

- ¿Yo? – preguntó sorprendida - ¿Escribir una canción?

- Claro, tienes grandes dotes musicales, tal y como tu madre – aseguró tendiéndole los objetos. Ella lo reconoció sonriente - ¿Por qué no la utilizas? - apuntó una vieja guitarra acústica colgante sobre la pared del cuarto. La rubia la observó detenidamente.

- La guitarra de mamá...

- Estoy seguro de que ella querría que la usases - afirmó levantándose para tomar el instrumento. Cuando lo tuvo entre sus manos, lo colocó en frente de Rin, quien se veía insegura ante la propuesta - Vamos, yo te enseñé como tocarla - insistió.

Antes de que pudiese decir algo, se escucharon unos gritos provenientes de la cocina. Un olor extraño se presentó en la habitación.

- ¡FUEGO! ¡FUEGO! – gritó la madrastra de Rin, desesperada.

- ¡Kyoko! – se levantó ágilmente su esposo de la cama. Su hija trató de detenerlo, aferrándose a él.

- ¡No vayas! ¡Es peligroso! – exclamó.

- Rin, prometo que no me pasará nada – se soltó del agarre de la muchacha y corrió a la puerta – Quédate aquí – le ordenó.

Aquella noche, Rin perdió a la persona que más había querido en este mundo. Su padre había quedado atrapado en el incendio, el cual destruyó toda la planta baja de la casa. Las habitaciones se habían salvado de milagro. Ahora, el único recuerdo que le quedaba de su padre era aquella cajita musical que le había obsequiado en su cumpleaños.

Otro pequeño detalle, que no debe pasar por alto, es que todas, absolutamente todas las posesiones del señor Kasane habían quedado en manos de su segunda esposa. Eso incluía a su querida hija, Rin.

Continuará…


¡Hola de nuevo! Aquí otro de mis fics

Pensarán que estoy loca, pero cuando estaba viendo Una Nueva Cenicienta, la de Hilary Duff, me vinieron de golpes un pocotón de ideas.

Por ahora, estoy algo quedada con The Lady & The Prisoner. Ya tengo los últimos capítulos, pero aun me falta el final.

Díganme que opinan sobre esta trama, y si la sigo o no. Ustedes deciden :)

Tengo ganas de seguirla, pero será después de terminar mi otro fic. ¡Prometo que lo acabaré pronto!

Como siempre les pido, regálenme un review :)

No les cuesta nada :)

Bueno, me despido, ¡cuídense! ¡Saludos!

Con amor, Jess.