Heme aquí, trayendo para ustedes una historia sobre cómo Ryu resolvió 5 homicidios antes de viajar y unirse a la DDS.

Como nota adicional, y aunque debe ser obvio: Tantei Gakuen Q (Detective School Q) y todos sus personajes son propiedad de Tadashi Agi, su creador. Yo hago esto sólo con el propósito de entretener y sin ánimo de lucrar.

Quisiera agradecer especialmente a Kotte-kun, sus palabras dieron bríos a mi imaginación y ánimos homicidas. He de disculparme por mi tardanza. Sin nada más que decir, espero que les agrade; el resto de las notas al final.


Capítulo II

¿Qué tal? ¿Eh?

Por el modo en que hablaba se notaba que era un chico rico, o por lo menos de posición acomodada, seguramente ese chico vivía en el barrio alto de la ciudad. Era japonés. Amakusa… ¿de dónde había oído ese nombre antes? ¿Amakusa? ¿Sería de los Amakusa de Sendai? A saber. Lo más resaltante de ese muchacho era ciertamente su manera de expresarse, su educación no había sido dejada al azar y tal vez se trataba del hijo de algún empresario más que exitoso. También era más que obvia su reservada inteligencia. Vaya cualidades.

En la oficina su trabajo estaba claramente no hecho. Era lunes. Todo el fin de semana se la pasó en uno de los peores barrios de la ciudad investigando y quedó como al principio: con nada. No recordaba que algún día hubiese sido tan malo desde su época de estudiante, donde cada caso por sencillo que fuera se complicaba a niveles insospechados. La oficina era bastante pequeña. Típica oficina de detective, con recuadros de indagaciones, con recortes de periódico (que él no había colgado, sino alguna de las secretarias), que lo mostraban a cargo de distintas investigaciones, y resaltaban sus exitosas contribuciones a limpiar las calles. Había sobre su escritorio un montón de papeles desperdigados en todas direcciones, cualquiera diría que allí no encontraría nada, pero él sabía cual era cuál sin mucho esfuerzo. Tenía un periódico del día, la computadora seguía apagada y un marco con una foto. Además de los archivos y el par de sillas su oficina no era gran cosa.

Con su café, humeante en una mano y la caja de rosquillas en la otra, procedió a sentarse. En un gesto bastante raro, y ya identificado por todos, saludó con su bebida a los pelirrojos personajes de la fotografía: sus padres, hermanos, cuñados y sobrinos: una gran foto familiar donde todos sonreían, incluyendo al par de bebés que no sabían ni donde estaban. Mientras comía su (no) nutritivo desayuno, ojeaba el diario en busca de algo interesante, aunque en los titulares no se leía nada nuevo para esa ciudad. En momentos como ese, cuando las rosquillas llenaban su boca y las migajas caían por todos lados, era cuando más extrañaba su casa, su hogar familiar, pero recordando porqué se había marchado, volvía a concentrarse en las fotografías de la escena del crimen del viernes por la noche.

- Oye, Tetsu –llamó uno de sus compañeros, de su misma edad, alto, atlético, de cabello negro -, vamos por comida de verdad, ¿vienes?

- Estoy comiendo –respondió, milagrosamente con la boca llena y dejando caer apenas una cuantas migas sobre el escritorio.

- ¡Vaya! ¿Todos en Japón son igual de refinados o sólo tú? – ironizó con algo de asco viendo como los restos de comida viajaban desde la boca de Tetsu hasta los papeles en el escritorio.

- No, mi familia es decente. Soy la oveja negra – esta vez no salpicó nada-. Como puedes ver, ya desayuné. Vuelve por mí a la hora de almuerzo y talvez diga que si.

- OK.

George era, probablemente, su amigo más cercano en la gran manzana. Tenían la misma edad e intereses más o menos parecidos, era de una familia de granjeros de Carolina del Norte y aunque nunca había visitado a su familia le recordaban bastante a la suya propia, quizás por lo comentado por el otro. George vivía tan solo como él, en un piso a unas cuantas avenidas del trabajo, todos los días tomaba el metro, y siempre llegaba cansado, pero con café para todos. Era quien obligaba a Tetsu a limpiar de vez en cuando el chiquero de oficina que tenía, quien mandaba a lavar el auto y retirar los restos de comida rancia de debajo de los asientos, también solía ordenarle ensalada de vez en cuando en el almuerzo y una vez le trajo fruta para desayunar.

Al principio para Tetsu era algo incómodo, no solía llevarse tan bien con las demás personas y ser tratado como un hermano menor no le gustaba tanto como para ser el tercero de cuatro hijos. Pero se acostumbró, y con el tiempo comenzó a agradecer aquellos detalles, sobretodo cuando se enteró del hermano menor de George; nunca había ido a visitar a su familia, por falta de tiempo más que de otra cosa, pero ganas no le faltaban.

Una y otra vez revisó el contenido del informe forense. Sexo: masculino. Edad: 59 años. Hora de defunción: 19 horas. Causa: asfixia.

El parte médico que acompañaba la hoja del forense hablaba sobre la victima en un plano más global: era hipertenso y tomaba Atenolol a dosis mínimas; tenía sobrepeso, en control sólo con dieta; era miope, 2 dioptrías en un ojo y 3,5 en el otro. Usaba lentes ópticos. Había sido intervenido quirúrgicamente en tres oportunidades: colecistectomía, rinoplastía, y tumorectomía vesical benigna. Grupo sanguíneo: AB. Factor Rh: positivo.

Su historia civil: un hombre sin condenas, ciudadano de los EUA. 59 años. Casado. Padre de 3 hijos. Parámedico de una escuela estatal. Funcionario de unidad de urgencia del hospital St. James.

Su propio informe hablaba sobre los hallazgos en la escena del crimen; las fotografías acompañaban las descripciones y los hallazgos: de las once personas que vivían en la casa, 4 fumaban (el tipo de cigarrillos aún no lograba definirlo, sólo contaba con los restos); había restos de alcohol, botellas de licor barato, según testigos casi no bebían y casi no se oían riñas provenientes de la casa: historia policial de violencia intrafamiliar, negativa. Encontró en la cama algunos cabellos, que ahora estaban en el laboratorio, mismos cabellos y restos de afeitadas en el lavamanos del baño. En los cajones de la habitación de la casa, nada resaltante o fuera de lo común. Posesiones, no había dinero en la casa: se llevaron joyas, algunos artículos electrónicos.

Respecto a los daños en la propiedad: hubo forcejeo.

Bostezó y se estiró en su silla. Miró al reloj en el muro frontal de la oficina, casi las dos de la tarde. ¡Cómo se le había ido el tiempo leyendo! Se dispuso a salir, era hora del almuerzo después de todo y lo que seguía era bastante largo: interrogatorios. Realmente eran la parte más aburrida, pese a que solía encontrar en las coartadas bastante diversidad y creatividad, que le resultaba graciosa.

A veces, lo sabía, era muy raro.

-O-

Si tienes todo lo que quieres con sólo imaginarlo o pedirlo, debes ser afortunado. ¿Por qué entonces, él no se sentía de ese modo? Su abuelo era un hombre más estricto que otra cosa, sin embargo, él siempre había cumplido con las expectativas, y eso bastaba para un trato abuelo-nieto, más o menos normal. No conocía de privaciones y todo aquello que a él le gustaba hacer no le estaba prohibido, además de aquellos comportamientos que iban lejos de la educación que había recibido.

No conocía muchas personas, así que no podía hacerse a una idea de lo que una familia normal debía ser, pero tenía claro que la suya era demasiado… lo que fuera. No eran una familia común y eso le molestaba bastante.

No tenía padres, pero tenía a Yuri, que era más o menos una figura materna a la que podía confiarle cosas y llamarle madre. No obstante, lo hacía sólo en público, en casa era "Yuri", nada más. Es que sentía –por qué no decirlo – que no había una fraternidad o cercanía para hacerla su mamá de tiempo completo. Además, él era demasiado estoico y correcto, demasiado inteligente, para darle un lugar tan relevante a sus sentimientos o lo que esperaba de su familia.

Suponía que para todos sería más o menos lo mismo. Jamás lo preguntó, y se conformó con creer que nadie hallaba raro lo que ocurría tras esas paredes, donde él era un príncipe.

Pero seguía sintiéndose vacío, como si le faltara algo… algo que no sabía lo que era. Y ya qué desconocía lo qué faltaba y por qué lo hacía sentirse de ese modo, no sabía si buscarlo o no. ¿Y podría encontrar algo que no sabía ni que era? No diría lo intentaría. Lamentablemente, Ryu no era así.

Tenía expectativas, que se cumplían, debían cumplirse. Él no conocía de fracaso o de segundas oportunidades, no conocía de intentos: es o no es. Sin término medio.

-O-

- ¡Tetsu! ¡Hombre! ¿Podrías cerrar la boca para comer? –de verdad que era irritante, y muy desagradable, ciertamente un bebé sabría comportarse mejor.

- ¡Ugh! ¿Te importa, madre? –respondió con saña al tiempo que acababa de tragar lo que ya no era para nada una ensalada cesar. – Me comí los mugrosos vegetales, ¿qué más quieres? ¿Qué me cepille los dientes?

- ¡Por Dios! ¡No eres un crío! ¿Cómo conseguiste vivir solo sin morir en el intento? ¿Cómo lo haces, eh? –la cara de Tetsu era un completo acertijo, era como mirar un puzzle sin saber por dónde comenzar a resolverlo.

- No sé, suerte, supongo. –George no preguntó más, prefirió concentrarse en su comida, pero al recordar cómo Tetsu masticaba la suya y cómo esta se mezclaba con la saliva a vista de todo el mundo, prefirió olvidarla.

- Será mejor que nos vayamos, tenemos trabajo después de todo. –un solo asentimiento del pelirrojo fue suficiente para permitir pagar e irse de ahí.

-O-

Ninguno habló demasiado durante el trayecto a la nueva escena. Finalmente, y después de mucho discutir, fue Tetsu quien condujo; George por su parte agradeció de todo corazón no haber comido todo su almuerzo o este habría terminado integrando la mezcla de olores al interior del auto del pelirrojo. Bueno, realmente no era tan terrible, parecía que no había nada muerto todavía.

Llegaron a aquel motel, ninguno esperaba un comité de bienvenida, pero el dueño, un hombre barrigón de aspecto desaliñado esperaba a la entrada acompañado de un par de jóvenes y dos policías.

- Teniente Scott, de New York – se presentó a sí mismo extendiendo su mano a George.

- George Evans, de la división de homicidios – saludó al hombre, y señalando a Tetsu –. Él es Tetsuya Kirisaki.

- Puede llamarme Tetsu – extendió su mano y procedieron a adentrarse a la escena.

Todo había ocurrido en medio de una pequeña y sucia habitación de motel. Estaba todo desordenado, había una botella de licor barato abierta y vacía hasta la mitad, varios cigarrillos, la cama deshecha y el cuerpo de la victima de bruces en el suelo. La sangre brotaba de una herida en la cabeza.

- Manos a la obra.

Cual si fuera un grito de guerra, ambos hombres se pusieron guantes estériles y procedieron a examinar a la víctima, otros miembros del equipo se unieron tomando fotografías de todo en la habitación, mientras George tomaba huellas de distintos artefactos.

El cuerpo no estaba en malas condiciones. A primera vista, llevaba muerto unas cuatro horas. La causa, aparente, de la muerte, era una profunda herida en el cráneo, provocada con un arma de fuego.

Se trataba de un hombre caucásico, de unos cuarenta años, masculino, piel blanca, enrojecida, probablemente, por la exposición al sol. Tenía várices en ambas extremidades inferiores, y una cicatriz queloídea en el muslo de la extremidad inferior izquierda. Tenía varios golpes, antiguos, un hematoma en el dorso, a nivel lumbar. Una equimosis por punción en la cara interna del antebrazo izquierdo.

-O-

Relativamente temprano. Apenas había almorzado, había pedido permiso para salir, e incluso de habérselo negado, se las habría ingeniado para salir de todos modos. En realidad, aunque eso sería desobedecer, a su abuelo, menos que a nadie, parecía importarle, de hecho, lo celebraba.

No hacía mucho que caminaba, y aunque le atraían los barrios bajos, hoy quería salir un poco más lejos. Después de oír, en las noticias de la radio que había en la cocina, sobre el homicidio en las afueras, había decidido que iría a echar un vistazo.

No que le importara demasiado, de hecho ni siquiera era por curiosidad, era porque no tenía nada mejor que hacer. Quería un desafío. Tal vez probar si podría resolverlo…

Por primera vez en su vida abordó el metro. No fue una experiencia maravillosa, ni mucho menos, de hecho fue bastante común. Últimamente parecía que nada podría sorprenderlo y eso era bastante molesto.

El auto se le hizo vagamente familiar, y cuando vio bajar al hombre con brillante cabellera roja, poniéndose una gorra para cubrir sus ojos del sol, no le quedó duda de quien se trataba.

-O-

- Probablemente era diestro, y el atacante lo abordó por la derecha, bloqueando su brazo en una llave, eso explica el hematoma en el dorso. Aunque yo lo hubiese golpeado directamente en la columna, para provocar un reflejo espinal y obligarlo a moverse hacia atrás. – definitivamente su voz sonó tan monótona como la primera vez, pero se sintió mucho más excitado que cualquier ocasión anterior. No eran jóvenes de su edad los que estaba intimidando con sus comentarios, eran detectives, hombres, adultos, dedicados a esto las veinticuatro horas del día.

- Eso si se tratara de un movimiento de judo, pienso que no podría haber tenido intención de sólo dejarlo inconsciente. – Cuando había dicho todo su examen en voz alta había tenido claras dos cosas: debía permitir que sus colegas grabaran y tomaran nota de sus hallazgos, para comparar con los descubrimientos del examen físico hecho por los peritos forenses; y ese chico, Amakusa, estaba oyendo todo desde un lugar donde habían prohibido civiles.

- Yo tampoco. – todas las miradas iban de Ryu a Tetsu, del asombro por ver a un chico tan bien informado, al asombro de la sonrisa de satisfacción del pelirrojo. ¿Lo disfrutaba?

- Disculpa, jovencito – una mujer de unos treinta años, se adelantó, cortando el contacto visual de Tetsu, que seguía junto al cadáver. – No puedes estar aquí. Por favor…

- Déjalo, Rose. – la mujer lo miró reprobatoria. – A ver, Ryu, ¿qué hubieses hecho tú?

- Si quisiera asaltarlo, simplemente lo golpearía en la garganta, se habría desmayado. Si quisiera matarlo, le habría disparado desde un inicio. Simplemente al entrar.

- ¿Por qué, entonces, el homicida, habría necesitado golpearlo, para que el impacto llegara por detrás?

- Seguramente se conocían.

OK. El colmo de lo raro. Él, George, sabía que Tetsu era irresponsable, pero dejar, deliberadamente, que un muchacho de catorce años, se metiera a una escena del crimen, a manosear un cadáver, así como así: algo debía andar mal en su cabeza, o estaba alucinando. Podría buscar culpables, y seguramente el único que hallaría sería él mismo, por darle esa ensalada. ¿Sería que tenía algo descompuesto?

-O-

El estudio toxicológico estaría listo en un par de horas. El tanatológico, un poco después. Si tenía algo de suerte, podría deshacerse el tiempo suficiente de George para ir por una hamburguesa, aunque dudaba que el chico, como había decidido llamar a Ryu, quisiera, seguro era un poco más japonés que él en ese aspecto.

Yo le hubiese disparado sin pensarlo, al momento de entrar en la habitación. Y a todo el que me viera. Esa era la respuesta que él mismo pensaba a la pregunta que le hizo a Ryu, algo de él le era familiar, pero no podía identificar bien qué era. Bueno, apenas se estaban conociendo, y el chico ya había dejado bien en claro, que era muy interesante, demasiado para enviarlo a comprar una revista y despacharlo a casa para que lo dejara trabajar. ¿Qué acaso su propia curiosidad y talento no habían sido estimulados del mismo modo en su no tan lejana adolescencia?

Condujo hasta el hospital donde la víctima trabajaba. ¡Dos homicidios en sólo dos días, y ambos lo llevaban al mismo lugar!

- La víctima anterior, era paramédico. – George leía el reporte hecho horas atrás por Tetsu. – él era… déjame ver – revisaba una carpeta donde tenían los datos que habían conseguido de su identificación. – Hmm, a ver… era un enfermero.

- Eso era tan difícil de encontrar, ¿George?

- ¿Cuántos enfermeros conoces?

- Mmm, un par, mi padre trabaja en un hospital.

- ¿Tu padre? Ahh, ahora que recuerdo leí un par de cosas sobre él, cosas que no me has contado - la mirada de reproche que le lanzó, hizo que Tetsu hiciera un gesto como entre fastidiado y muy divertido.

- Si te hablo de él, tendré que hablarte de todos los miembros de mi familia. Y somos muchos.

Ryu en realidad no estaba prestando atención. Muy poco le interesaba lo que esos dos hombres tuvieran que hablar sobre sus familias. Sólo estaba ¿preocupado? Por el caso.

De alguna forma, el ir directo al lugar de trabajo de una víctima de homicidio a interrogar sospechosos se le hacía bastante atractivo. Se preguntó cuántas horas podría llevarles esa tarea, pero desechó la idea de preguntar, algo le decía que ninguno de sus acompañantes eran lo suficientemente objetivos como para dar una respuesta directa. Estaba el hecho de que desde que conocía a Tetsu, éste parecía dispuesto a sacar todo el provecho que pudiera de todo lo que tuviera que decir, y por otra parte el olor de algo descompuesto estaba comenzando a marearlo.

No necesitó pedir que bajaran los vidrios del Ford negro en el que viajaban, de algún modo su palidez natural – o el que George también estuviera a punto de vomitar – le ganaron un cambio en el aire.

Las calles de la ciudad siempre parecen más vivas a ciertas horas, y ciertos días. Hoy era lunes, seis de la tarde, horario de verano. Las personas salían de sus puestos de trabajo para dar una vuelta por las tiendas, estudiantes de instituto se paseaban con sus uniformes y mochilas por las calles. Algo en la imagen de colegiales o estudiantes le hizo recordar su propia condición, no la de alumno de profesores privados, sino esta donde parecía un…

- Bien, ¿vienes o te quedas en el auto? – Tetsu había estacionado en un espacio vacío apenas a unos metros de la entrada y le preguntaba a Ryu, algo cuya respuesta debería ser obvia.

- No vine para quedarme con lo que sea que esté muerto aquí. – ¿esa fue una broma? No, no se le hizo gracioso, pero sus dos adultos acompañantes parecían hallarlo gracioso.

- No hay nada muerto, – dijo pasándose distraídamente la mano por el pelo, ante la vista divertida de George – pero tienes razón.


A veces no sé si estoy plasmando al Ryu que imagino que era cuando no tenía amigos y era sólo un heredero, pero espero cambiar eso más adelante. Por ahora lo importante es que el homicidio anterior se hubiese resuelto en este capítulo sino hubiesen matado a otra persona, que coincidentemente trabajaba en el mismo lugar de la víctima anterior.

En estos momentos me encuentro registrando todo el interrogatorio al principal sospechoso del homicidio, y también buscando al personaje OC que desea hacer una aparición triunfal, esperemos que lo logre.

Muchas gracias por leer y nos veremos en los siguientes capítulos.

Abrazos, Adhatera.