¡Oh! ¡Capítulo final! (sniff, sniff) se siente un poco triste al acabar una historia que le tuve mucho esmero en realizarla. Pero todo tiene su fin. Trate de subir este capitulo antes, pero por la U no pude, ppfffff! La U! ya lo estoy sufriendo! pero ahora aprovecho a escribir porque es mi primera semana de ser universitaria. Lo fregado aún no llega XDDD

Primero que nada, debo agradecer a todas esas personas lindas que han leído este fic! y si ya es llegado hasta este punto debo felicitarte :D Y a toda persona que leyo, lee o leerá este fic debo darle las gracias, porque sin ustedes, esta historia jamás hubiera tenido tanto éxito y emoción para mí y para ustedes.

Me despido desde aquí y disfrutenlo! :)

Disclaimer: Bleach no me pertenece.


You are Important

Capítulo Final: Los Momentos Felices Nunca Regresarán.

"Si me dieran a elegir entre mi mundo y tú, elegiría mi mundo, porque mi mundo eres tú..."

-Anónimo.-

Pueda ser que sea el frío de la noche, o tal vez del piso cerámico de su habitación. Quizá sea el incontrolable dolor de cabeza que sufría de la madrugada o el simple hecho que sus ojos hinchados; todos estos factores, juntos o separados; no la dejaba dormir.

Ahí yacía Rukia, tirada en el suelo como una muñeca de trapo, maltratada, por la llorada que se dio minutos atrás. Se hacía esa misma pregunta constantemente dentro de su cabeza: ¿Desde cuándo vivir ha sido tan difícil? Porque, jamás en s vida entera, ha tenido que resolver un problema tan arduo. Ni aún en el instituto ha experimentado ese dolor de cabeza. Ella sabía que ahora esa vida suya sólo traería problemas. ¿Qué debía hacer? ¿Recoger el boleto para su pasaje hacia su fututo académico o dar un paso hacia, que podría ser, el amor de su vida?

Quería escoger ambas por distintas razones:

No sólo pensaba en su futuro ha ir a los Estados Unidos, sino también pensaba en el dolor que le causaría a Ukitake al negarle el pasaje que tanto le había costado en conseguir.

"Trate de conseguirla para ella porque sé que la quiere desde hace algunos años… además, es mi sobrina de todos modos…quiero ver que triunfe en su vida."

Su tío ya había hecho mucho por ella. ¿Cómo podía ser tan cruel en decirle que "no"? Sonaría como una malagradecida.

E Ichigo…

Rukia sintió de nuevo espesas lágrimas que quemaban sus ojos. Él no merecía estar con una mujer como ella. Ichigo ha sufrido mucho que aún le sorprende que todavía quiera algo con ella.

Esa batalla de sentimientos hacía a Rukia un revoltijo. Sólo le quedaba mañana para elegir. ¿Qué debía hacer? ¿A quién debía elegir? Porque de todos modos, obligado, debía escoger sólo a uno, y el otro desdichado que no fue elegido, saldrá lastimado; quiera quien fuese.

Rukia giró su cabeza con lentitud porque le dolía. Con sus ojos cansados e hinchados observó su reloj en la pared que marcaba las cuatro de la mañana. Dentro de unas horas, llegará Ukitake ha recogerla para darle su boleto a América. Alzó sus dedos hacia sus labios. Increíblemente, aún podía sentir el calor y el tacto de Ichigo dentro de ellos.

De repente, un ruido en su ventana hizo reaccionar sus sentidos con ansiedad. Se paró rápidamente y observó a dos semblantes afuera. Aún estaba oscuro y no se podía ver muy claro.

—¿Rukia-chan?

Tanta fue su sorpresa que sus orbes violetas se dilataron al máximo. No lo podía creer lo que veía frente a ella y por lo que escuchó. Reconoció esa voz perfectamente. Corrió y abrió la ventana de forma desesperada. Tatsuki y Orihime le sonrieron de oreja a oreja.

No lo podía ocultar. Sus ojos estaban demasiados hinchados y su nariz roja dando a entender que estaba llorando.

—¿Podemos entrar?—habló Tatsuki suavemente. El semblante casi muerto de la pelinegra le asustaba un poco. Junto con Orihime sabían más o menos lo que pasaba, pero no con totalidad.

A pesar del tono de voz de Tatsuki fue una pregunta; Rukia lo tomó cómo una orden desesperada. Se apartó dándoles el lugar suficiente para entrar, con cabizbaja. Lentamente para no caerse, las amigas entraron tratando de hacer el menor ruido posible. Al estar adentro, observaron a la pelinegra por unos segundos, preguntándose, cómo establecer una conversación después de mucho tiempo de estar mudas entre ellas.

—Rukia-chan...—susurró Orihime. Empezó a consternarse notando que su pequeña amiga temblaba.

La pelinegra comenzó ahogarse entre sollozos. No era muy común en ella llorar tanto, pero no lo podía evitar. Todas esas situaciones dolían mucho.:—Lo siento.—suprimía los gemidos.—¡Lo siento!

Por pura inercia, pero por mucha más, por pura conmoción abrazaron a Rukia con fuerza.

—Lo sabemos, Rukia...—la mencionada abrió grandemente los ojos.—...sabemos lo de la beca, y lo de Ukitake, que, pues...bueno...

Susurró:—Mi tío...—alzó un poco la mirada de inocencia.—¿Cómo es qué...?

Tatsuki dio una sonrisa torcida ante la mirada dudosa. No era nada que le incumbía, pero de todos modos había escuchado toda la conversación. ¿Será que Rukia se enojaría si le decía eso? Nah...está demasiada cariacontecida como poder asimilarlo.

—No nos odies tanto, Rukia...—dijo Tatsuki.—...pero escuchamos todo...

El rostro de Rukia cambió a tal punto que frunció su rostro. ¿Acaso la espiraron? ¿Cómo? Sí ella no ella no sintió nada. No se percató que muchas personas hubieran escuchado la conversación entre su tío y ella. Tatsuki y Orihime fueron una gran sorpresa. Hasta Ichigo...escuchó todo. Al pensar de nuevo ese nombre tan peculiar que ha resonado dentro de su cabeza, Rukia, cerró los ojos mientras torcía los labios; tratando de suprimir que cualquier lágrima fuese derramada. Sin embargo, el dolor de esa imagen mental del chico de cabello anaranjado es muy latente a tal punto que la pelinegra sentía como se le quemaba los ojos y sollozos salían de su garganta.

Tatsuki y Orihime sabían que Rukia lloraba porque su ida a América estaba en una cuenta regresiva casi terminada. Que iba a extrañar a todos. Tuvo sus razones en no decirle a nadie lo que ella pretendía, pero estaba bien. La apoyarían ahora que saben la razón de su tristeza; o al menos, eso es lo que piensan.

La abrazaron y acariciaron su espalada de forma tierna. Poco tiempo después, ellas notaron que las lágrimas de Rukia eran muy contagiosas por el simple hecho que, Tatsuki y Orihime, derramaron unas cuantas lágrimas.

Entre gemidos leves Rukia trataba de hablar.:—No...sé...qué...—pero los sollozos entrecortaban su oración.

Sus amigas se separaron de ella, dándole espacio para que ella pudiera respirar.

—Rukia-chan, ¿qué sucede?—preguntó Orihime.

La aludida aclaró su garganta y trató de controlarse, de nominarse a sí misma. ¿Desde cuándo se volvía una gran chillona? Jamás en su vida recuerda que haya llorado tanto por algo, y mucho menos...por alguien. Debía reconocer que, en cierta manera, su corazón estaba roto.

Cuando pudo tranquilzarse, suspiró.:—No sé qué hacer...—bajó la mirada.—Estoy tan confundida qué...ya no sé que hacer...

Ambas amigas se vieron las caras.

—¿De qué hablas?—preguntó Tatsuki.—¿Irás a la beca, verdad?

Rukia derramó lágrimas sin tratar de contenerlas otra vez. Las miradas incógnitas de la pelinegra y de la pelirroja penetraban su alma.

—Ichigo...él...

—No lo quieres dejar...¿no es así?—afirmó Orihime susurrando.

Rukia negó con la cabeza.:—No lo comprenden...—alzó su mirada llorosa.—...él...nunca estuvo de acuerdo que me fuera y yo lo comprendía.—apretó sus dientes.—Pero jamás creí que su desacuerdo fuera tan extremo...

—¿Qué?—alzaron la voz al unísono.

Tragó saliva.:—Yo no...quise herirlo...—su cuerpo temblaba.—Nunca quise eso...

—No te comprendo...—habló Orihime juntando sus manos.

Rukia cerró los ojos mientras divisaba las primeras señas del sol. Sí...iba ser una historia bastante largo que Tatsuki y Orihime debían oír.


Pasaron las horas, y el sol había salido por completo. Nadie del matrimonio Kuchiki habían percatado que Rukia había salido de madrugada, o de la presencia de Tatsuki y de Orihime en el cuarto de la chica. Todo parecía normal con aires de nostalgia ya que hoy era el último día de Rukia en Karakura. Los Kuchikis se sentía tristes al saber que su pequeña ya no lo era más. Se iba a la universidad, sola, como una genio. Lo único que podían sentir era orgullo por esa niña que la adoptaron y la criaron como a su hija.

Byakuya y Hisana estaban desayunando muy temprano en la mañana. Rukia aún seguía en su habitación lo cual pensaban estaba dormida. Dejarían que durmiera un poco más, por última vez en su cama.

De repente, el timbre sonó desconcentrando a los esposos. Se vieron por unos segundos, preguntándose con la mirada quién podría ser. La pelinegra se levantó y se dirigió hacia la puerta mientras observaba las fotografías en la pared. Aflicción pasó por el alma de Hisana al ver las fotos de Rukia colgadas en la pared desde recién nacida, una fotografía familiar, y de ella sola. La había visto, crecer, y crecer mucho más para luego alejarse. Cerró los ojos tratando de suprimir las lágrimas. No lloraría aún. No era el momento adecuado. Además, debía atender a alguien en la puerta.

Forzando una sonrisa, Hisana la abrió. La sorpresa más grande que tuvo en su vida estuvo en frente de sus ojos. No podía ser él...

—¡Mi Dios!—alzó la voz el hombre que estaba afuera.—¡Mírate cómo has cambiado, Hisana!

La pelinegra estaba estupefacta. Sus ojos estaban abiertos al máximo y su corazón latía muy fuerte. ¡Había pasado tanto tiempo de no verlo!

—¡Tío!—gritó Hisana sin importar que tan fuerte se había escuchado. Sin preámbulos, lo abrazó rápidamente mientras daba una amplia sonrisa.—¡Me alegra mucho verte!

Ukitake devolvió el gesto gustoso.:—Oh, Hisana...ha pasado tiempo...

Así estuvieron un gran rato. Su tío fue una de las personas más bondadosas que ha conocido la pelinegra. Por cuestiones de familia, le perdió el ojo durante muchos años. No obstante, al verlo en frente de ella sintió una gran felicidad en su alma. Tras salir un poco de su asombro, Hisana se separó un poco.:—¿Pero cómo...? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo conoces mi casa...?—dijo rápidamente.

El peliblanco bufó un poco.:—Oh, pequeña, hay muchas cosas que debo contarte...—sonrió.—...pero aún no es el momento. Ya tendremos tiempo.—buscó con la mirada.—¿Dónde está Rukia? Se hace tarde...

Hisana parpadeó mucho más confundida que antes.:—¡Qué! ¿Conoces a Rukia?

Él asintió levemente.:—Así es...yo soy su profesor...—percató el jadeó de Hisana.—...y el quién le consiguió la beca.

Fue mucha información para la mente de Hisana. Su rostro se tornó asombrado con su boca levemente abierta. ¿Acaso había algo que él no había hecho por su familia? Estaba claro que, a pesar que le perdió el rastro durante mucho tiempo, a escondidas de su vil padre, estuvo velando por ellas.

—Wow...—dijo simplemente Hisana mientras jadeaba y observaba el cielo. No lo podía creer.

Ukitake sonrió.:—¿Y estará lista Rukia?—preguntó nuevamente.—Se nos hace tarde para recoger su boleto de avión...

La pelinegra sintió dolor de nuevo en su corazón. Por un instante, se le había olvidado por completo que mañana su hermanita se iba al extranjero.

El peliblanco notó de inmediato el cambio radical del rostro de su sobrina. De como una expresión de asombro y de felicidad se tornó a un feo remordimiento. Sin pensarlo dos veces, Ukitake la abrazó de nuevo, pero con un agarre más fuerte que el anterior. No tenía intensiones de lastimarla, sino que, por medio de ese abrazo de oso, sintiera en apoyo y comprensión al tratar de confortarla.

—No te preocupes...—susurró.—...está en buenas manos. Rukia estará bien.

Hisana intensificó el abrazo y asintió levemente dejando caer sus lágrimas en el hombro de su tío pródigo.

Por otro lado, Byakuya observaba todo lo que ocurría allá afuera con los brazos cruzados. Suspiró y cerró los ojos al percatarse que Rukia estaba detrás suyo. Aparentemente, se veía que estaba lista para ir con Ukitake. No dijo nada cuando se percató de ella. Es más, ni siquiera la vio. No tanto por ser indiferente, sino que, si la veía a los ojos, sentiría una tristeza enorme en su corazón al darse cuenta que Rukia había crecido.


Ichigo estaba parado en la regadera con su ensimismamiento. Su cabeza estaba alzada dejando caer el agua en su rostro. No le importaba, no le importaba nada ahora. No pudo dormir toda la noche pensando en Rukia. En su seca respuesta. Dijo que no podía estar con él, que la beca es mucho más importante para ella para que hubiese dicho "no puedo" al momento que se le declaró. Lo que más le confundía era que ella también dijo un "te amo." ¡Dios! ¿Qué le pasaba a esa terca mujer? Lo estaba confundiendo demasiado. Después de su beso, Rukia se marchó llorando hacia su casa. Esa vez, Ichigo no la detuvo. Quería saber que camino iba a cruzar ahora. Ya nada dependía de él.

No estaba consciente que se le hacía tarde para desayunar o ir al instituto. Eso no le interesaba. Lo único que tenía en mente era esa mujer.

—Rukia...—murmuró Ichigo cerrando los ojos. Pegó su antebrazo en el azulejo de la pared. Bajó la cabeza mientras temblaba de ira. Quería respuestas. Y las quería ya. No obstante, en cuestión de preciados segundos absortó en su mundo, se percató muy tarde al sentir que la cortina de la regadera se abría deliberadamente.

Ichigo se asustó y cubrió con sus manos lo que debía de ocultar mientras se encogía hacia un lado. ¡Qué pasa!

—¡Oee Ichigo!—dijo felizmente Isshin sin darle algo de privacidad en el baño.—¡Ya es tarde!

La cara del aludido se tornó roja.:—¡Maldito viejo depravado!—lo pateó con todas las fuerzas existentes que poseía. Isshin salió volando, como siempre, del baño.

—¡Pensé que te gustaría que te vieran...!—se escuchó desde afuera la voz de Isshin.—Ya que eres gay...

Ichigo gruñó al cielo.:—¡QUÉ NO!

Necio y terco como una mula. Hubo un momento de paz para Ichigo, olvidándose un poco de Rukia, apagó la regadera con furia.

—Ichigo...—entró su padre de nuevo.

El chico se cubrió con la cortina con plena ira.:—¡Qué quieres!

Esa cara de malo cambió en Ichigo cuando se percató que su padre poseía un rostro tranquilo y una sonrisa no pervertida en su rostro.

—Hoy es su último día...—dijo Isshin.—...si la irás a ver, dejaré una excusa al instituto.

Parecía, aún si sonaba loco diciendo; pero Isshin parecía un padre normal en esos instantes. ¡El deseo de Ichigo se cumplió en tan sólo unos segundos!

El chico no dijo nada. Tan sólo bajó la cabeza.

—Tú decides...—Isshin estaba cerrando la puerta.—Pero, yo te dije en el pasado Ichigo...—sonrió malvadamente.—...que la única forma que mi tercera hija no se vaya es que me den nietos.

Un jabón golpeó la puerta del baño tras ser cerrada rápidamente por Isshin. Por poco y cae en su linda carita.


—¿Rukia Kuchiki?—llamó la profesora por tercera vez.

A Renji le carcomía la ansiedad al no verla. ¿Acaso ya se fue? Y ni siquiera se dignó a despedirse. ¡Oh Dios...! Rukia no estaba ya en su vida. Esperaba que estaba en lo pensando fuera erróneo. Además tiene mucho miedo.

Orihime observó a Tatsuki asustada. ¿Rukia lo iba ser? ¿Se va ir de verdad? Es cierto, Ichigo se le confesó, ella le corresponde pero a la vez no. Para la pelinegra en un mar de lágrimas confesaba que no podía amarlo de igual manera si estaba ella lejos. Sonaba cruel, pero no fue la decisión de Rukia; si eso significaba herirlo hasta la última fibra de su ser.

—¿Alguien ha visto a Rukia Kuchiki...?—habló la profesora mientras levantaba una ceja. No era muy común de ella faltar. Sin más, marcó su ausencia en el listado.

Renji entrelazó sus manos con presión. Se percató que Ichigo tampoco no estaba en ningún lado.

—¿Ichigo Kurosaki?—dijo la profesora.

Orihime jadeó fuertemente y se levantó de su asiento desesperada al no escuchar la voz aburrida y desinteresada del aludido diciendo "presente".:—¡Entonces fue por Rukia-chan!—se le iluminaron los ojos desechando el hecho que era el centro de atención.—¡Qué romántico!

Tatsuki se dio un buen golpe en su frente con su mano. Si quiere lo grita a los cuatro vientos.

Renji la observaba estupefacto. ¡Entonces sí lo hizo! A pesar que escuchó toda la conversación de Ukitake o cuando su amigo le llamó contándole que tomó los últimos recursos que le quedaba; eso quería decir que...

—¡Maldito!—gritó Renji ahora teniendo todos lo ojos pegados en él. ¡Entonces sí lo hizo! ¡La besó!

La profesora gruñó.:—¡Renji Abarai! ¿Qué es ese vocabulario?—lo observó notando que titubeaba.—¡Está castigado!


Ya lo había notado desde hace tiempo. Esa carita larga que el día de hoy llevaba no era muy normal. Ella siempre fue una chica extrovertida y alegre, pero ahora parecía que esa chica que conocía se la cambiaron por otra. ¿Acaso no estaba ansiosa?

Estaban soportando una fila tediosa esperando a que le dieran el boleto. Ukitake jamás creyó ver una fila tan larga.

—Tío...—dijo suavemente Rukia sin mostrar sus hermosos e hinchados ojos violetas.

Éste se preocupó.:—Dime, ¿qué pasa?—rodeó su brazo en su hombro, bajando se mirada hacia la pelinegra.

Rukia suspiró. Sentía como la presión que se le hacía en su corazón la estaba matando. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Eso era lo que quería? ¿Sería capaz de abandonar a Ichigo?.:—¿Alguna vez...—dijo casi inaudible para los oídos del peliblanco.—...te has arrepentido de algo?

Ukitake suspiró mientras desviaba su mirada y apretaba su agarre levemente.:—Hubieron muchas cosas que quise corregirlas...—llamó la atención de Rukia.—...pero ya era muy tarde.—Rukia giró a verlo.—Sí, Rukia...las tuve. —sonrió.

—¿Cómo pudiste lidiar con eso?—fue una pregunta inmediata por parte de Rukia.

De reojo, observó que ya mero les tocaría para recibir el boleto. Así que el tío de Rukia debía darse prisa en responder porque, de cierta manera, sabía a que llevaba esa conversación.

—El tiempo sana heridas, Rukia...—habló con lentitud.—Y en perdonarse a ti mismo es lo primordial para superar lo perdido.

Rukia se le quedó viendo. ¿Podrá ser capaz de perdonarse a sí misma por dejar a Ichigo? El chico que le dio todo y puede darlo todo por ella, aunque sea el mundo entero, y por mera indiferencia, se iría a América. Tal vez sí lo haría por la única razón de complacer a su tío. Ya no era para beneficio suyo. Ya no sabía que pensar.

—Aunque...si hay tiempo aún de arrepentirse es mejor hacerlo antes que sea demasiado tarde...—especificó Ukitake con una sonrisa.—Yo no soy él quien irá a la beca.

No pudo controlar que un jadeó se le escapara de los labios. ¿Acaso le decía en serio? ¿No se iba a decepcionar?

—¡Siguiente!

Ukitake le seguía sonriendo.:—Es tu decisión...

Rukia tragó saliva fuertemente. Ahora todo se tornó en un ámbito muy diferente. Ya tenía un poco de libertad ante las palabras dichas por Ukitake. La pelinegra dio unos pasos hacia adelante. No iba ser algo que se arrepentiría después. Ichigo tendrá que esperarla.


Ichigo corría con todas las fuerzas hacia el aeropuerto. No tenía dinero para pagar un taxi o un autobús. Quería verla una vez más. Estaba desesperado, no quería perderla. Ahora es dónde demostraba su fuerza de voluntad, el último intento para recuperarla. Rukia no debía irse. ¡Jamás! Tendría un gran hueco en su corazón al dejarla ir, al no sentirla, al no hablarle, al no transmitir su deseo de estar con ella.

Tantos años ocultar ese sentimiento que no podía dejarlo ir como el viento. Convencerla sonaba tan fácil en sus oídos, pero aún con el corazón hecho trizas todavía le costaba pensar en cómo le haría. No dejaría que se fuera sino pasaba por su cadáver.

Su corazón latía fuertemente por la corrida forzada que daban sus piernas; pero sintió que se le salía y su alma despertar al verla caminar dentro del aeropuerto con Ukitake. Esos sentimientos volvieron ser latentes en su interior que jadeó ante la hermosa pelinegra Rukia que le robaba el aliento.

Ella no se había dado cuenta de su presencia causando un bramo angustiado.:—¡RUKIA!

La mencionada paró en seco al reconocer ese grito afligido por parte de él. De Ichigo, de su Ichigo. No estaba consciente de la expresión de dolor que le dio tras girar su cabeza hacia el chico. Éste se impresionó un poco al recibir esa mirada tan confusa para sus ojos. ¿Acaso no estaba feliz de verlo?

Ukitake observó a ambos de reojo. No cuestionó ni se preguntó nada al respecto. No era nada de sus asuntos que Ichigo faltara al instituto y que estuviera en el aeropuerto en ese momento, o como la morena temblaba ligeramente al ver el rostro de Ichigo. Debía admitir que todo era muy extraño.

—Rukia...—habló el peliblanco.—...te esperaré en el auto.

La pelinegra gimió en su interior ante el mandato de su tío. ¡No quería que la dejara sola! ¡No con Ichigo! Aún no estaba lista en como decirle su decisión. No quería verlo a la cara en ese momento.

Sin preámbulos, Ukitake se fue, dejando a solas a Ichigo y a Rukia.

Ichigo no observaba por completo a Rukia. Tan sólo mirada como su mano pequeña temblaba por empuñarla, y así, arrugando el boleto que tenía en esa mano. Entonces sí se va.

Él caminó hacía una Rukia con cabizbaja. No era ni capaz de verlo a los ojos porque sólo le traería recuerdos de aquel beso.:—Ya lo decidiste...—dijo nada más Ichigo.

Rukia levantó la cara, dando a luz su cansancio en sus ojos por tanto llorar por él. Sin embargo, su ceño estaba fruncido. No era por enojo o ira, sino ese brillo peculiar en sus ojos con ojeras lo confundían. Ya se volvió costumbre que Rukia lo confundiera tan seguido.

La pelinegra suspiró fuerte. No era el lugar ni el tiempo para decirle lo que acababa de elegir. Aunque claro, el boleto en su mano decía más que mil palabras. Se armó de valor en levantar ambas manos y sostener el dichoso boleto. Su mirada estaba fija en sólo en Ichigo. No miraba a nadie más y ni quería distraerse.

—¿Lo estás viendo Ichigo?—dijo con voz autoritaria; intimidando a Ichigo esperando que dijera que se va para siempre. Él vio el boleto con cierto asco. Eso le quemaba los ojos que quería apartarlo de su vista.—Porque sólo te lo mostraré una vez...

¿Eso qué significaba? ¿Trataba de decir que ya no la vería más? ¡Oh, por qué debía ser tan cruda!

—Rukia...—le costó decir ese nombre otra vez. Podía prescenciarlo, ella se irá.

No le dio tiempo de reaccionar a Ichigo tratando de decirse a sí mismo que no estaba loco. No estaba ciego. Que no estaba soñando al ver que Rukia rompía su boleto enfrente de su cara. En como ese ruido de rasgadura lo aturdía que hasta la boca abrió. ¡Había rompido su boleto!

—¡Rukia!—se espantó Ichigo al no creer lo que veía.

Ella le sonrió. La sonrisa más dulce que alguna vez apareció en su rostro.:—Habrán muchas becas que me ofrecerán su apoyo...—comentó Rukia mientras se acercaba más a Ichigo.—...pero no creo que habrá otro hombre que me conozca mejor que tú...—se sonrojó levemente.—...y que me dé un apoyo incondicional que ninguna beca me podrá dar.

Esas fueron las palabras que hicieron que Ichigo renaciera de nuevo. Tanta fue su felicidad que se dibujó en su rostro que no lo podía expresar ni siquiera con palabras. No aguantó más...la sostuvo de sus hombros y la besó con toda su alma. No sabría como decirle a Rukia la alegría que provocó en su ser. Se quedaba con él. ¡Lo eligió a él!

—Gracias...Rukia.—la besó en sus labios, en sus mejillas, y en sus ojos al sentir como sus lágrimas de felicidad eran derramadas. Que se correspondieran no tenía precio.

Rukia lo abrazó con fuerza. Con él se sentía segura, junto con él era ella misma, con Ichigo sentía que se complementaba.:—Sólo procura en no arrepentirme después...

Ichigo la observó por unos momentos. Acarició su cabello entrelazándolos con sus dedos mientras reía.:—Nunca, enana mía...

Le besó los labios rápidamente.:—Estúpido...—torció sus labios.—No soy enana.

Sus ojos se conectaron y no apartaron la mirada. Ese hermoso sonrojo que tenía ambos mostraba la ternura e inocencia que llevaba ambos. El mundo ya no existía para ellos. Juntaron sus labios nuevamente teniendo la esperanza que estarían juntos por siempre. Sí...se conocieron desde niños y pasaron sus mayores aventuras juntos. Solo eran niños pequeños que solo quieren divertirse y pasarla bien que no se dieron cuenta que crecieron y sintieron un sentimiento bizarro para ellos. ¿Amistad...? No, es mucho más que eso; porque ahora, juntos, descubrieron que ese sentimiento bizarrro se llama amor.


No miento, hubo partes del fic que chillé y lloré por un buen rato en escribirlas (en especial los pensamientos de que Rukia ya no era niña y se iba ir muy lejos) porque, quiera que no, uno recién ingresado de la U cuesta aceptar que ya creció xDD y ya es adulto (pero con alma de niño! xDDD) y bueno! eso se superará con el tiempo :) y además, toda persona deberá pasar por eso (de niño a adulto). Y sí no lo pasa es porque ya se murió xDDDDD.

¿Volveré a escribir? ¡Por supuesto que sí! Tendré que terminar mis otros fics pendientes para poder publicar una nueva historia (aunque siempre la tentación me gana xDDDD)

Espero mucho que les haya gustado! y gracias, gracias, MUCHAS GRACIAS! por leerlo y compartir conmigo estos ultimos momentos del fic!

¡Hasta la próxima! :D