• Decepción •


Te revuelves incomoda entre las sabanas y luego de un rato retomas la conciencia después del gran sueño del que acabas de despertar. La luz del sol que se cuela por tu ventana te indica que ya amaneció desde hace un par de horas, miras a través del cristal y te niegas a levantarte pese a que sabes que ya es muy tarde.

Suspiras cansada apretando los ojos, la luz de la mañana te molesta; es por eso que tapas tu cabeza con la almohada intentando permanecer en las penumbras ya que la maldita fiestecita de anoche sí que te dejo agotada. Ruedas lentamente en tú cama una y otra vez quejándote por el dolor de cabeza que comienza titilar en tus sientes, es por eso que te sientes molesta y este estado no te ayuda a sentirte mejor. Avientas la almohada lo más lejos que puedes lanzarla y te levantas a prisa, sientes el deseo de salir casi corriendo en dirección al baño a sacar lo poco que llevas en el estómago aunque sabes que apenas si anoche probaste bocado, algunos panecillos y ya y es que la dieta que intentas mantener a fracasado por demás.

Llegas al escusado y te vacías, todo lo que arrojaste fue agua, claro… no era más que el resto del maldito alcohol que tu cuerpo ya no quiso tener.

Una vez que compruebas que no sacaras nada más, te asomas en el espejo y vez tu rostro más pálido de lo normal, las ojeras violáceas que cuelgan debajo de tus ojos marrón te hacen ver como una señora de cuarenta aunque claro, debes de reconocer que esas son bolsas que se marcan con la edad pero… tú no, ¡no tú! No a tus veinte años, aun así es inevitable mirarte demacrada con el pelo cenizo, enmarañado, opaco y sin vida.

Sientes que ya no eres la misma de antes.

Abres el botiquín que tienes frente a ti, sacas una crema dental y tomas tu cepillo de dientes favorito, el vaciarte te dejo un mal sabor de boca además, tienes que lavarte antes de depositar un beso sobre sus labios.

Oh, esos labios.

Te quedas quieta unos instantes con el cepillo aun en tu boca y esperas a que las náuseas no vuelvan a aparecer, sería un completo desastre que volvieran cuando él esté a punto de besarte. Sabes que él tiene esa maldita maña enloquecedora de jugar con tu lengua mientras te besa, pensar en eso te hace sonrojar porque sabes que a nadie nunca jamás besara como a ti.

Después de un par de minutos te das cuenta de que no pasa nada, a pesar del dolor que sientes intentas fingir que te encuentras bien y formas una sonrisa en tu rostro. Terminas de hacer lo que debes y abres la puerta del baño encontrándote con él durmiendo plácidamente, cubierto solo por las sabanas claras de tu cama.

Con el calor de la noche las cobijas pasaron al olvido y sonríes, sonríes mejor que nunca mientras te vuelves a sonrojar al recordar lo poco que recapitulas de anoche. Si por ti fuera, desearías todas las mañanas despertar así, a su lado, sin embargo sabes que eso jamás sucederá.

Bajas la mirada y buscas en el suelo tu ropa ya que solo estás cubierta por su holgada camisa que encontraste tirada. Pero al no encontrarla piensas que quizá él la tiene en algún lado de la cama aspirando tu aroma para jamás dejar de imaginarte y eso te hace feliz aun cuando sabes que a él no le importas.

Sacudes tú cabeza y dejas de pensar en eso mientras te diriges a tu closet, en el tercer cajón en la parte inferior debajo del gran espejo guardas tus prendas. Buscas la más coqueta que tienes, un sujetador negro con encajes rosas sutilmente plegados que hacen conjunto con unas pequeñas bragas del mismo color pero con los encajes un poco más gruesos, en la parte de enfrente hay un moñito rosado y liso. Los ligueros y las medias las dejas aun lado porque no importaran, estas solo te quitaran tiempo para sentir su piel candente sobre tus piernas.

Te vistes y te miras al espejo observando a través de este que él aún sigue durmiendo, vuelves la vista a ti y esas dos prendas te hacen lucir esplendida. Es cierto que cualquiera al verte usando esto lo harías arrastrarse hasta tus pies y Sasuke, no es la excepción. Piensas que él no se resistirá a tus encantos pues eres una mujer demasiado sexy.

Te miras de perfil y ves tus pechos, no son muy grandes pero tampoco son tan pequeños, son perfectos, el tamaño justo y adecuado el cual se amolda perfecto a las copas. Le hechas un vistazo rápido a tu trasero, se ve estupendo, recorres tus piernas desnudas con una de tus manos, se sienten suaves y lisas, claro, cero celulitis a pesar de que no haces ejercicio y te pones quien sabe cuántas cremas y tratamientos que solo aumentan la mortalidad de tus células pero eso no importa porque se sienten y se ven tan bien que te hacen sonreír.

Te sientes y te vez tan perfecta pero hay algo en tu rostro, algo que te perturba, enarcas tus cejas molesta queriendo juntarlas, sabes que ese gesto te hace ver fea así que intentas tranquilizarte, respiras profundo y te tomas un minuto. Una vez que te sientes mejor buscas tu maquillaje y te pintas, necesitas cambiar ese rostro seco por uno lleno de vida.

La máscara en crema y polvo te ayudan a hidratar tu piel dejándola joven y tersa, el corrector lo usas para cubrir esas ojeras que tienes debajo de tus tristes ojos que por más que intentes no parecen tener otro semblante pese a todo el maquillaje que les proporcionas. Pones un poco de rubor para poner algo de color a tus mejillas ya que estas casi nunca se colorean por sí mismas; delineador, mascara para pestañas y un delicado gloss hace que tu rostro demacrado de hace apenas unos minutos cambie radicalmente. Obviamente no exageras con el maquillaje, usas solo lo necesario para parecer de lo más natural.

Terminas de vestirte con algo sencillo, rápido y fácil de quitar, es así como vuelves a mirarte a través del espejo, te ves… hermosa con tu cabello pelirrojo y suelto. De pronto, lo escuchas gemir y viras hacia él pensando que ha despertado sin embargo, no lo ha hecho; simplemente ha girado una vez más en tu cama, acomodándose en el colchón.

Suspiras torciendo una mueca en tus labios mientras meneas la cabeza decepcionada, necesitas dejarlo dormir un poco más ya que sabes que si lo despiertas harás que se ponga de un muy mal humor. Acortas tu respiración y te sientas a los pies de la cama esperando porque él despierte, es medio día y no tardará en hacerlo pero él… no se despierta.

Lo piensas dos veces antes hacerlo, sabes que si no lo haces ahora tal vez no podrás hacerlo otro día así que te acercas despacio, su pecho desnudo hace que sientas tu cara arder con inocencia haciendo que el rojo que tienes en tus mejillas se confunda con el rubor. Es verdad que muy pocas veces logras sentirte avergonzada ante él de la manera más inocente pero, ¿quién puede creerte? Nadie, sabes que ese sonrojo jamás te quedara a pesar de que intentes mostrarte tan inocente como siempre crees que puedes ser.

Te acercas cautelosamente llegando hasta su lado y gateas hasta posicionarte sobre él, una pierna a cada lado de su cuerpo forma una prisión para no dejarlo escapar, remueves algunos cuantos cabellos de su frente. Se ve tan tierno durmiendo.

Bajas a él y depositas un casto beso sobre sus labios pero él aun sin abrir los ojos gira el rostro asqueado, limpiándose entre sueños su boca. Eso de alguna manera te molesta pero lo soportas, está durmiendo y no sabe lo que hace por eso lo justificas.

Piensas en alguna manera de despertarlo sin hacerlo enojar y crees que si te mueves sobre su cuerpo restregando tu centro sobre su centro él… posiblemente pueda abrir los ojos y verte con ese deseo que crees que siente por ti. Muerdes tu labio inferior sintiéndote deseosa, encendida y comienzas a moverte lentamente sintiendo como poco a poco su cuerpo comienza a tensarse entre tus piernas sin embargo, él no ha abierto los ojos.

A pesar de tus movimientos y todos tus esfuerzos ni siquiera logras despertarlo. Chasqueas los dientes deteniéndote, el que su cuerpo reaccione a tus movimientos no quiere decir que el sienta el mismo deseo que tú, aprietas los dientes con rabia y miras hacia otro lado entonces lo escuchas susurrar. Inmediatamente regresas la vista hacia él, no estás muy segura de lo que acabas de oír pero no hace falta que lo repita, está soñando con ella y lo sabes porque desde hace un tiempo que él ha cambiado contigo.

Ya casi no salen juntos, no te llama, no te busca, no te toma de la mano y mucho menos te dice algo dulce, simplemente se refiere a ti por tu nombre.

Te preguntas si su comportamiento se debe a desde que es amigo de ella o será que tus besos, tus caricias, tu presencia ya no le son suficientes como antes y si es así entonces, ¿por qué está contigo? ¿Por qué sigue contigo?

No puedes siquiera creerlo, te niegas rotundamente a pensar que lo que más temes pueda ser verdad.

Aprietas tus ojos tratando de que no se cristalicen pero es imposible, el nudo en tu garganta se ha hecho más grande que hasta te hace temblar. Susurras su nombre dolorosamente recordando lo que ambos hicieron anoche, tú hacías el amor mientras que él… posiblemente solo estaba satisfaciendo sus necesidades de hombre fue por eso que te invitó a aquella fiesta en donde como siempre terminaste siendo el centro de diversión.

Estas a punto de bajarte, estás enojada por pensar de esa forma, es entonces cuando escuchas tu nombre en su boca y eso… te hace cambiar. Limpias las pocas lágrimas que han resbalado por tus mejillas y gimes contenta.

Te olvidas de tus pensamientos y te centras solo en ustedes dos, él está contigo y es lo único que importa, no importa si él está aquí por otras razones, no importa si está pensando en ella, no importa nada más que no seas tú porque para el final el paso la noche contigo, el hizo el amor contigo y eso… eso es lo importante porque sabes que él aún te ama.

Te acercas despacio a sus labios, necesitas sentirlo, necesitas sentir su piel cálida y tibia restregar la tuya que se ha vuelto fría y flácida. Tocas su pecho sintiendo lo fuerte que se ha puesto porque tanto su abdomen como sus pectorales están rígidos a pesar del estado somnoliento en el que se encuentra, le tapas los ojos con una de tus manos, quieres que siga el juego, quieres que sienta tu presencia o más bien quieres que se concentre en el placer que según tú le provocas y que jamás ninguna mujer le hará sentir.

La mano que tienes libre, la bajas despacio recorriendo su cuerpo hasta llegar a un solo punto, comienzas a excitarlo mientras introduces lentamente tu lengua en su boca y es entonces que él comienza a corresponderte entre gemidos.

Lo sientes, lo escuchas.

Él quiere llevar el control pero tú no se lo permites, no quieres dejar que él haga lo suyo al contrario, tú quieres demostrarle lo que puedes llegar a darle pero desafortunadamente tienes que separarte de sus labios porque el aire comienza a faltarte no obstante, continuas con tus movimientos manuales los cuales son más rápidos y continuos.

Es así como tú mantienes el control de la situación, escuchando y observando sus gestos llenos de placer que se forman en su rostro y los cuales te encienden aún más. Sientes en tu mano el calor y la palpitación de su miembro y lo sabes, un par de movimientos más y sientes como el líquido viscoso y caliente baña tu mano así como sientes tu corazón romperse en mil pedazos.

Un nuevo nudo en tu garganta aparece al mismo ritmo en que tus ojos se cristalizan. Si antes te negabas a creer lo que habías escuchado ahora lo confirmas y él te lo reafirma, mientras él llegaba su nombre fue el que pronuncio repetidas veces.

Quitas tú mano de sus ojos y puedes verlos, su mirada fría y oscura, intimidante y superior como siempre pero con un cierto tipo de brillo diferente. No se veía confundido, ni tampoco arrepentido por haberse equivocado, más bien se veía desconcertado, talvez era el hecho de que pensaba que estaba con ella y no contigo.

Tus ojos se cristalizan de inmediato y un par de lágrimas brotan de ellos, sientes tanto dolor dentro de tu pecho que no puedes moverte, no puedes creerlo, todo este tiempo él… estaba jugando contigo así como tú en algún momento lo hiciste lo él. Tú mentón tiembla y ves como forma en su rostro un estúpido intento de sonrisa que tú interpretas como indiferencia y arrogancia.

Cierras los ojos con tristeza imaginando dolor en su rostro, es así como te resignas a lo que has sentido.

Abres los ojos y vuelves a mirarlo, no apartas la vista, él tampoco lo hace. Percibes en sus ojos como te recorre observando tu atuendo, en silencio, no te dijo absolutamente nada simplemente te tomo con cuidado y te alejo para acomodarse en tu cama.

Sabes que no puedes dejar de sentir ese dolor dentro de tu pecho, no es la primera vez en que él te hace esto. Entonces, ¿por qué te duele tanto?

A pesar de que intentas ser tan inocente y dulce como ella, no puedes conseguir que Sasuke se fije nuevamente en ti. Tus esfuerzos por reconquistarlo han fracasado por demás y lo sabes, sabes que él jamás volverá a amarte como antes y todo por ella… porque desde que ella llego él dejo de fijarse en ti, dejo de pensar en ti.

Karin, ¿cuánto darías por ser ella?

Maldices furiosa tu vida y te arrepientes. Ya nada de lo que hagas tendrá efecto alguno en Sasuke porque sabes que lo estás perdiendo, que lo perdiste.

Contienes tu llanto y te bajas de su cuerpo refunfuñando y de nuevo corres hacía el baño, esta vez a hundirte en tu miseria, en tu soledad porque no puedes hacer nada más y es así como te envuelves en un mundo de falsas ilusiones, lleno de decepciones.

Te tiras a llorar aferrada a tus piernas sintiendo lo cobarde que eres, sintiendo que no tienes nada para pelear por lo quieres, te sientes impotente, ya no te sientes tan viva y hermosa como antes, sientes que no vales nada y que solo sirves para abrirle las piernas cuando él quiere.

Por si fuera poco en venganza a esto, coqueteas con sus amigos para llamar su atención, es así como piensas que con eso le darás celos y lo obligaras a que nadie más quiera tocarte pero no es así al contrario, esa es una de las muchas razones por las cuales ya no le interesaste. Es cierto que en un principio Sasuke vio en ti lo que no vio en nadie más pero tú misma lo orillaste a alejarse con tu actitud, con tus celos y galanteos.

Al cabo de un rato no escuchas nada al otro lado de la puerta y sientes miedo, miedo de que él se haya ido, te levantas a prisa y sales corriendo deseando encontrarlo pero para tu sorpresa el cuarto está vacío.

Ya no hay expresiones en tu rostro, ya no hay nada que puedas sentir en estos momentos porque todo lo que pudiste sentir ya lo has sentido. Caminas lentamente en dirección a tu cama y notas el recado que te ha dejado, te acercas y lees.

Lo primero que piensas es algo romántico y lindo pero cuando terminas de leer no puedes eludir la decepción.

Cada letra te cala hasta los huesos y sientes como de nueva cuenta las lágrimas inundan tus ojos para comenzar a salir. Sus palabras escritas fueron igual de frías como él en estos últimos días, su mensaje decía que ya no lo buscaras, que ya había encontrado a la persona indicada con la que quería estar, que ya había tomado su decisión y que lo dejaras en paz. Que esa noche había sido la última vez.

Sientes como tu corazón desquebrajado se hace todavía más añicos dejándote un gran vacío y te dejas caer al suelo apretando en tu puño aquel papel que se rompió por la fuerza de tu ira y dolor. Si hubieras sabido que esa noche sería la última vez, talvez… lo hubieras hecho mejor.

Te niegas a creer que Sasuke se ha ido, que todo sea terminado.

Sientes dolor y la poca ilusión que tienes de que esto sea un sueño desaparece al saber que es verdad. De pronto, escuchas un ruido en la cocina, por unos momentos crees que es él y sales rápidamente, atraviesas el living hasta llegar a la cocina con la esperanza de verlo sentado ahí detrás de la mesa con una sonrisa pero para tu sorpresa él no está y el ruido que escuchaste solo fue el gato que removió unos cuantos trastes.

Limpias el resto de tus lágrimas y recuerdas que anoche llegaron en su auto. Sales a la calle en busca de él sin embargo no está, tan solo quedaron los rastros de unas llantas remarcadas en el pavimento, otra señal de que lo que más temías se había hecho verdad.

Los días avanzaron tan lento y tu vida no mejoro ni un solo instante, a pesar de que trataste de sonreír durante todas las vacaciones te fue imposible mantener esa sonrisa.

Esperaste por días para volverlo a ver, fueron dos largos fines de semana, definitivamente ya lo extrañabas, era obvio lo amabas. Sí, lo amabas porque aunque lo niegues Sasuke ya no está en tu corazón, él te ha hecho mucho daño pero tú obsesión no te deja ver más allá de lo que en verdad anhelas. Sabes que él no es la persona con la que en realidad quieres estar y no quieres reconocer que hay alguien más que te hace añorar.

Suspiras cansada pero al mismo tiempo emocionada. Es lunes y no sabes que pasará. Han sido tantos días para extrañarte así que piensas que al igual que las otras veces él regresara.

Llegas al salón de clases y te sientas a una silla de su lugar. Lo esperas por un rato pero él no llega y para colmo ella tampoco lo hace. Los celos y la rabia de lo que ellos dos pudieran estar haciendo aumentan a medida que pasa el tiempo.

Finalmente después de dos horas suena el timbre para cambiar de salón, llegas y te acomodas como siempre en tu lugar pero al igual que antes, el no aparece. Al no verlo te resignas porque sabes que hoy no le hablaras, tal vez más tarde lo hagas, cuando él esté dispuesto a contestar tus llamadas.

Miras la banca decepcionada mientras juegas con un pedazo de papel, falta muy poco para que dé inicio la nueva clase es entonces que levantas la vista y los ves entrar a los dos tomados de la mano y reírse, sí reírse. Sasuke ríe con Sakura algo que jamás hará contigo pues contigo solo es un intento de sonrisa que más que parecer una sonrisa es una mueca de fastidio.

Suspiras y bajas la mirada deseando no estar ahí y es ahora que te preguntas, ¿por qué sigues así? ¿Por qué sigues lastimándote así? Si sabes que… no es justo para ti.

Quieres llorar pero el escuchar tu nombre nuevamente en sus labios hace que aflore tus sentimientos de amor él. Levantas la vista emocionada tan solo para escucharlo decir que necesita la banca de enfrente, miras tus cosas en ella y tienes que quitarlas. No dices nada, simplemente desvías el rostro enojada dispuesta a levantarte y marcharte pero para tu desgracia ella te sonríe dulcemente.

Tus ojos viajan de ella hacía él y de vuelta a ella quien se sienta justamente frente a ti. El profesor entra y tus movimientos se congelan, ya no puedes irte.

Miras a Sasuke por primera vez con aberración preguntándote porque se sentaron justamente ahí y para cuando descubres el motivo tus ojos se cristalizan ahogando en tu garganta los hipidos que no quieres hacer notar.

Te quedas mirando la hermosa esclava de oro que ella trae puesta en su muñeca y lees perfectamente el grabado: "Te amo. Sakura y Sasuke".

Separas la vista de esa leyenda que quisieras que dijera tu nombre y los ves besarse, él se ve tan feliz, por primera vez lo vuelves a ver así. De pronto mientras la besa notas como te observa por el rabillo del ojo con desprecio, no soportas su mirada y bajas la tuya con furia a la paleta de la banca apretando debajo de esta tus puños hasta clavar tus uñas en tus manos causando que sangren.

Ahora lo entiendes Karin.

Ahora entiendes, ¿por qué se sentaron tan cerca de ti? ¿Ahora entiendes por qué él nunca te contesto? ¿Ahora lo entiendes?

Y lo entiendes, porque ahora entiendes que nunca fue tuyo.

Que decepción fue amar a un hombre al cual dejaste de importarle. Al cual al principio comenzó a amarte y al cual tú misma decepcionaste.