Notas del fanfic: Mil disculpas y muchas gracias. Como siempre, la vida personal de esta problemática autora interviene para retrasarme con muchos pendientes que tengo. Gracias, gracias por leer, por estar aquí y seguir la historia. Espero que este capítulo les agrade.

Disclaimers: Kuroshitsuji y sus personajes no me pertenecen, si así fuera, Ronald Knox bailaría un salvaje pole dancing arriba de los escritorios de su oficina quitándose la ropa poco a poco. El argumento de la historia, sin embargo, si me pertenece. Es un placer inventar historia acerca del Shinigami más sexy al cual aún no enfocan mucho en el manga y el que no enfocaron mucho en el anime. Mi amado Ronald Knox.

5.- UN PUNTO DE NEGRO EN EL ROJO.

"Nunca voy a olvidar mi primer día de trabajo como Shinigami oficial.

Había pasado toda la noche conversando con Grell-senpai acerca de todo. De cómo me culpaba por haber abandonado a mis padres, el cómo estúpidamente pensaba que yo mismo no había sido lo suficientemente inteligente como para pensar que alguien pudo haberme tendido una trampa. Mi conciencia no me dejaba ser feliz… Sin embargo, durante toda esa noche, Grell se dedicó a animarme y a hacerme entender que aquí, en este mundo, todos teníamos una nueva vida con muchos años inmortales como para redimir cualquier error del pasado y hacer las cosas bien.

Logró al fin contagiarme con esa disparatada alegría, hacerme sonreír en respuesta a su propio gesto y… Logró enseñarme a presentarme de forma adecuada al hacer mi trabajo.

Suena estúpido, pero todas esas cosas que a cualquiera le pudieran parecer "mala influencia" me hicieron aprender a vivir.

Luego de una disparatada visita a un "estilista" inglés, Grell-senpai me arrastró prácticamente y pese a mi negativa, con Lawrence Anderson, el director del departamento de lentes y a quien todos llamaban respetuosamente "padre." Para mi sorpresa, Mr. Anderson estaba trabajando y cariñosamente, junto con mi senpai pelirrojo, eligieron unos anteojos acordes a mi imagen en ese momento, un marco grueso, de color negro y de un amplio cristal.

Esa noche, cuando me vi en el espejo, no reconocí al viejo Ronald Knox. Era, como Grell me había dicho, una nueva imagen con la cual marcaba una nueva vida. Yo era su elección de Shinigami, su alma dorada, su alegría de vivir y como tal, así me quería ver. Esa noche, antes de irnos a arreglar para presentarnos en el despacho, juré que iba a llenar esa imagen que mi senpai tenía de mí. Pues sobre todo, si a alguien le debía la segunda oportunidad de vivir, era a él."

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"¡RONALD KNOX!" El grito de mi maestro y jefe William T. Spears resonó por toda la oficina, haciendo que más de uno temblara y corriera lejos del lugar donde sabrían, un problema estaba empezando.

Yo sonreía de forma casi infantil, caminando hacia William-senpai y haciendo una señal de Victoria a la altura de mi frente.

"Buenos días William-senpai~" Canturreé, caminando con una sonrisa de oreja a oreja hacia él. Vestía impecable mi uniforme de Shinigami, a excepción de un cinturón blanco que contrastaba con la seriedad del negro, ciñendo mi cintura de manera elegante. En mis pies y era algo que había hecho enloquecer a Grell-senpai, unos zapatos blancos Oxford resaltaban, haciéndole lucir rebelde a las reglas, pero a la vez, elegante. Quizá lo que más impactaba a William y a toda la oficina de despacho de almas, era el cabello, que se mostraba ahora rubio dorado en la parte superior con una raya de su color oscuro natural en la nuca. "Gracias por darme la bienvenida a mi primer día de trabajo, ¿Cuáles serán mis encargos? ¡Ronald Knox, el Shinigami por el que todos deberían morir ha llegado!"

Dije, sonriendo y recibiendo por única respuesta el visible salto de la ceja izquierda de mi jefe, maestro y amigo.

"¡GRELL SUTCLIFF!" Fue el único otro grito de William, quien se dio media vuelta dejándome completamente confundido y en espera de mi primera asignación diaria como Shinigami graduado.

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Mientras bebo una copa más de vino tinto en aquel restaurante Italiano que tanto te gusta, recuerdo esta escena como si fuera ayer. Han pasado ya más de 50 años desde eso.

52, para ser exactos.

"William me gritó todo el día por eso" Dices mientras pides una botella más. Sé que debería detenerte y comenzar con el sermoneo de que debemos regresar a nuestro mundo y entregar el papeleo, pero no quiero. Eres el único del despacho que realmente hace lo que quiere y no lo que le ordenan, el único con el cual me siento completamente a gusto y puedo decir lo que quiero sin recibir miradas reprobatorias o tener que estar excusándome siempre con mi ya frase de marca: "Es debido a mi edad."

"¿Ah? ¿Y se queja de eso Grell-senpai?" Respondo con mi característica cantaleta. Siempre he creído que mi voz puede ser un poco molesta, pero nadie parece decírmelo, incluso se ve que disfrutan como actúo como el muchacho consentido del departamento y debo aceptar que me divierte burlarme de mí mismo de esa forma. "A mi me ha puesto a trabajar en equipo solo con usted desde eso… Eso es un castigo, no el regaño"

Si estuviera con cualquier otro Shinigami, sé que tendría que haber salido corriendo si no quería una pelea, una reprimenda, un golpe o quizá el desprecio de esa persona al día siguiente, pero tú… Tú solo arqueas ambas cejas y haces una expresión dolida, pero a la vez con esa sonrisa tan hermosa en tu rostro, suspiras y adivino en mi mente lo que vas a decirme:

"Que cruel…" Silbas y cuando el mesero llega con tu botella nueva, pides que rellene ambas copas. Con mi mirada te lo agradezco con toda el alma y apuro la mitad de ella mientras te contesto.

"No soy cruel… Que voy a saber yo, a mi edad" Me río porque a pesar de haberlo intentado, no pude evitar salir con mi excusa legendaria y tú haces segunda a mis carcajadas.

"El día que los demás te consideren demasiado maduro, vas a extrañar esto" Me dices mientras terminas tu copa de golpe. Silbo, alzando mi mirada en reconocimiento para comentarte:

"Fiu~ Senpai, usted va a necesitar que lo cargue para llegar a su casa"

"Abre un portal solamente en cualquier parte ¿O me vas a venir con cantaletas como William?" Me recriminas, haciendo que termine mi trago y azote la copa en la mesa. Aún no he podido explicar cómo no se rompió esa vez, magia, quizá.

"¿Me estás diciendo que soy como William-senpai? Mira quién es el cruel ahora." Te digo con voz sufrida, haciendo ademanes que voy a llorar.

"Cualquier comparación es buena, mientras no te digan que eres como Sutcliff" La voz inconfundible de William se deja escuchar en la entrada del local, haciéndonos a ambos saltar. ¿Qué hace senpai aquí? ¿No se supone que una vez terminado el trabajo tenemos 24 horas para entregar el papeleo y que podemos saltar el checar tarjeta en la oficina sin problema siempre y cuando lleguemos a tiempo a nuestro reparto al día siguiente? Mi mirada derrotada se posa en mi superior, quien parece haber tenido un mal día en la oficina.

Usualmente William-senpai no presta mucha atención a Grell-senpai. Es mi maestro pelirrojo el que siempre está tras de él, revoloteando como si fuera un panal lleno de miel y él fuera la abeja. El constante acoso en la oficina, es casi insoportable para el moreno, quien usualmente termina todo con un golpe en la cabeza de Grell-senpai y lo obliga a retirarse. El Shinigami rojo, como todos le conocen, nunca parece muy afectado con esto así que yo siempre he creído que es la forma en la cual llevan su relación.

Extraño, si me preguntan mi opinión, pero una relación estable es algo de lo cual pocos shinigamis pueden presumir.

"No llegar a reportarte a la salida, secuestrar y emborrachar a tu estudiante… ¿Así es como pagas que por primera vez desde que subí a supervisión alguien quiera tenerte de compañero de equipo?" La voz de William-senpai es muy cruel. Sus ojos son como cuchillas que hacen que el alcohol parezca desaparecer de mis venas en un instante. Agacho la mirada pues no quiero presenciar un pleito de pareja, menos entre a quien considero como mis padres.

"Disculpe… William-senpai" Trato de intervenir estúpidamente, pensando que quizá se contendría porque yo estaba ahí. "Pero yo vine aquí por voluntad propia, Grell-senpai no me ha secuestrado ni menos puest…."

"Calla, Ronald Knox" Me dice con voz gélida. Cuando él habla por mi nombre completo, quiere decir que no debo contradecirlo.

"Ne, William… ¿Viniste a llevarme a casa?" Dices contento. Tu rostro está un tanto rojo por todo el vino que hemos tomado, pero quitando esa ligera película ebria de tu cara, tu rostro demuestra una felicidad infinita.

Lo amas… Amas a William-senpai. Bien lo sé.

"No. Vine para evitar que jales a tu mundo de destrucción a uno de los mejores shinigamis que hemos entrenado" Dice, mirándote con ojos fríos. Sonríes, mientras apuras la última copa frente a sus ojos y le respondes:

"Eres tan cruel." Alzas tus hermosos ojos, te levantas luego para lanzarte a su cuello y abrazarlo. Sonrío, porque pienso que hay algo hermoso entre ustedes dos, hasta que… William-senpai te golpea en el costado y te avienta al suelo. Jala tus cabellos fuerte, de algún modo… Siento que ya he presenciado esta escena. "¿William? ¿Qué haces? te amo"

"¿Quién podría amar a un adefesio como tú? Eres patético Grell Sutcliff…" Responde fríamente.

Estoy tan impresionado que tiro mi copa de vino. William-senpai sale apresuradamente del lugar y tú… Tú simplemente mantienes esa sonrisa en tu rostro, pero no es una sonrisa normal. Es una mueca amarga. Tristeza, dolor… Tu corazón está rompiéndose. Sin embargo, logras recomponerte y mientras dejas el pago de la cuenta en la mesa, me dices con tu usual voz alegre:

"Vamos Knoxie, esta corre por mi cuenta. Llévame a casa príncipe dorado" dices riendo. Te sigo el juego, respondiéndote alegremente mientras silbo:

"Princesa-senpai, hágame el honor" Ríes mientras te ofrezco un brazo y te hago reverencia, te aferras a mí mientras salimos entre risas y palabras soeces hasta un callejón donde abro un portal y te dejo sano y salvo en tu casa.

Estoy preocupado por ti senpai.

Sé que te lastimó.

Sé que lo amas.

Sé que estás aparentando estar bien.

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Pasaron 2 meses luego de esa salida. Tú y yo estábamos en misiones distintas y fue como un rayo de luz el volverte a ver. Sin embargo… Había algo diferente en tu mirada, en tu forma de ser, en la usual desvergonzada actitud que siempre tenías ante todo. Ahora eras algo tímido, mirabas a todas partes como buscando algo.

"Ne, senpai ¿iremos a celebrar hoy?" Te invito, notando como varios shinigamis que pasaban a nuestro lado se burlaban de nosotros. Uno de ellos atreviéndose a gritar mientras se alejaba:

"¡No lo hagas Ronald!"

Río mientras te ofrezco el brazo, pero tu niegas con la cabeza y me dices que irás a ver a William senpai primero. No puedo reprimir el impulso de seguirte a distancia, tus pasos resuenan por los pasillos y cuando tú sonríes, la mayoría de los otros shinigamis se retiran. ¿Por qué serán tan idiotas? ¿Nadie puede ver lo hermoso que eres? ¿Oler tu fino perfume parisino mientras caminas?

Ninguna señorita de Asuntos Internos ni de Recursos Humanos usa nada tan delicado como ese aroma floral mezclado con un ligero y casi imperceptible toque de canela. Caminas apresurado, aprietas los puños y… Finalmente encuentras a William-senpai en las escaleras de la biblioteca, subiendo hacia el almacén de los cinematic récords viejos. Una escalera que casi nadie transita. Me escondo detrás de uno de los pilares cerca de la escalera, donde puedo ver y escucharlos sin ser descubierto.

"William" Llamas, pero no de la usual forma tan alegre de siempre, es más como tímida. Tan inusual en ti "William… Te estuve esperando toda la noche. "

"Te dije que no iría" La voz de Will-senpai resuena y sus ojos fríos buscan por todo el lugar, seguramente viendo si hay algún Shinigami alrededor. ¿De qué se avergüenza? ¿Qué no le basta con tener a alguien como tú con él?

"Pero… Yo…" Tartamudeas. ¿Acaso William-senpai se da cuenta de lo mucho que cambias estando con él? "William. Necesito saber." Dices, deteniéndole del brazo y noto algo en tus ojos. ¿Esas son lágrimas?

"Para esto de una buena vez, Sutcliff" Casi escupe mirándote frío.

"Eso es lo que quiero, parar esto… Solo tú tienes la respuesta. William… He estado contigo por los últimos 225 años, siguiéndote, demostrándote que te amo, esperándote… William te amo." Tus palabras eran cortadas, parecía como si quisieses llorar.

"Pero yo no. Mírate Sutcliff… ¿Alguien realmente querría estar contigo?" Incluso yo puedo oler el desprecio en esas palabras, sentir el odio…

¿Por qué haces esto William-senpai?

¿Por qué?

"Will…" Tu susurro me parte el alma. "Pero… la forma en la que me miraste aquella vez, realmente… Nosotros teníamos…"

"¡Calla de una buena vez Grell Sutcliff!" Dice él, tirándote al piso, sentándote en un escalón "Fui condescendiente contigo porque necesito que te concentres en el trabajo. Tú no puedes dar amor Sutcliff, el Shinigami a quien todos se montan por una noche, la prostituta del Departamento de Recolección de almas de Londres, al menos… Una que no te cobra y a la cual no puedes embarazar." Quiero salir de mi escondite detrás de la Columna y golpearlo. Realmente… Me duelen sus palabras, se que te duelen sus palabras. Siempre has estado ahí, trabajando para él, cuidando de su espalda. Claro, no tan apegado a las reglas como todos pudieran desear pero… Siempre estuviste ahí.

Celebrabas sus cumpleaños, le llevabas café, hacías los trabajos más pesados y peligrosos y se los dedicabas con honor. Era cierto, te consideraban alguien fácil y como aventura de una noche.

Pero era algo que yo no entendía.

¿Porque tú te acostabas con diferentes tipos por una noche te llamaban prostituta y te despreciaban?

¿Porque yo me acostaba con diferentes chicas por una noche me llamaban Casanova y me alababan?

¿Qué de diferente tenía eso?

"Will… ¿Alguna vez… Sentiste algo por mí?" Preguntas destrozado, tu rostro ya deja ver los estragos que esa conversación está causando en ti.

Por favor.

Por favor William-senpai.

Ya no lo lastimes más.

"Nunca. ¿Acaso creíste que había alguien en el mundo que podría sentir algo por ti?" Las palabras hirieron. Lo soltaste y te quedaste hecho un ovillo sentado en la escalera mientras él pasaba de largo, siempre estoico, siempre propio.

Justo cuando estaba por decidirme a acercarme, tus sollozos se escucharon, fuertes. Por suerte, no había nadie en la biblioteca a esa hora. Nadie excepto tu alumno que presa de una fuerte curiosidad te había seguido. No supe que hacer, me quedé ahí escuchando tu llanto hasta que me llené de valor y caminé…

Mis pasos te hicieron voltear.

Comenzaste a limpiar el rímel que se te había corrido y excusarte.

"Ronnie… iba a ir a alcanzarte en unos minutos, pero me golpeé la cabeza con la pared y…"

"Calla senpai" Te dije, negándote con la cabeza y acercándome más. Puse un dedo en tu boca y te impedí hablar. Te jalé hacia mí, abrazándote con fuerza mientras te volvías a quebrar. No podía hablar del tema, no quería que supieras que había escuchado. Sería demasiada humillación para ti "Soy yo ahora quien va a escucharte, Grell-senpai" Te dejé saber, sin soltarte de mi abrazo "El día que hablaste conmigo por primera vez, había un aura roja que te rodeaba. Era enérgica, sensual, hermosa… En estos momentos, no veo eso en ti. Iremos a emborracharnos a Londres, pasaremos a una estética a que te corten las puntas del cabello, estrenaremos zapatos y no nos presentaremos a trabajar mañana. Quiero que el rojo brille, Grell senpai."

Te dije, poniendo más fuerza en mi abrazo, sintiendo como seguías llorando pero ya más calmado. Cuando levantaste tus enigmáticos ojos verdes, cuando pude ver tu rostro, sonreíste agradecido.

Era mi turno de escuchar, Grell-senpai.

Era mi turno de devolver a la vida tu verdadero color.

Continuará.

Raike.