Buenas! Heme aquí meses después (otra vez), qué desastre por dios xD (otra vez). Ojalá alguien siga leyendo T_T Los comentarios se han reducido bastante (no me extraña, dadas mis prolongadas ausencias), pero bueno, no me quejo xD Yo mantengo la fe (?)

En fin, no me enrollo más xD Espero que os guste! =3


CAPÍTULO 17. Inducción – Deducción

[Narrador Externo]

Según ascendían por los estrechos senderos de la montaña, la oscura niebla, tan densa en las zonas más bajas, se iba despejando poco a poco. La vegetación, a pesar de seguir siendo bastante espesa, parecía ir reduciéndose a medida que alcanzaban altitudes mayores, dejando pasar algo más de luz a través de sus ramas y hojas. Por primera vez desde que llegaron al Reino de Ebonwumon, Henry, Takato y los digimon dejaron de sentirse perdidos en la oscuridad y agobiados por el hacinamiento de aquellos árboles, y empezaron a disfrutar del paisaje que les rodeaba. Desde allí arriba todo se veía mucho más claro, y aquello les provocaba un buen humor que, sin que ellos se diesen cuenta, alimentaba sus esperanzas.

La tierra de la montaña seguía teniendo un color oscuro, negruzco pero sin ser volcánico; había algo orgánico en ella. Tenía el color del carbón, pero sin su dureza. Si hubiesen estado en el mundo real, Henry hubiera jurado que se trataba de algo parecido a la turba; era como pisar tierra fabricada con vegetación descompuesta. De hecho, probablemente lo fuera: los árboles, la humedad… el ambiente era el idóneo para ello. Pero le costaba creer que un lugar que había sido creado artificialmente, un lugar que en realidad no estaba compuesto más que por datos, pudiera basarse en las leyes de la orgánica o tener algo más que un parecido visual con ella. Sin embargo, debía admitir que, según lo que había observado en los últimos días, el mundo digital cada vez se ajustaba más a la física… Cada vez se parecía más al mundo real. El desierto, el bosque, el agua de aquel lago… ¿Qué estaba ocurriendo? ¿El mundo digital continuaba evolucionando? ¿O era D-Reaper el que lo estaba contaminando?

Había varias razones por las que habían decidido subir aquella montaña, pero la principal de ellas era la de tratar de alejarse lo más posible del alcance de D-Reaper, al menos hasta que recuperasen todas sus fuerzas. Al fin y al cabo, lo habían encontrado en el fondo de una sima subacuática, y si las teorías de Henry acerca de la ubicación real del D-Reaper eran ciertas, lo más lógico para distanciarse de él sería ganar altura.

- ¿El mundo de D-Reaper? – se extrañó Takato cuando Henry le contó lo que había deducido – Creía que simplemente se escondía en alguna parte del mundo digital.

- Sí, yo también lo creía, pero… ya no estoy tan seguro. Piénsalo; en Hypnos han hecho miles de búsquedas para encontrar el núcleo esencial de D-Reaper, su "código fuente". Y no hablo de búsquedas en plan "bueno, pues miramos por aquí y a ver si hay suerte", no; me refiero a rastreos exhaustivos de cada una de las capas del mundo digital… ¡Y nunca han sido capaces de encontrar nada! ¿Tú sabes la capacidad que tiene el procesador de ese escáner? ¡Es una mala bestia de 20 petaFLOPS de potencia!

- ¿Petaqué? – Takato empezaba a pensar que a Henry se le mezclaban el japonés y el chino.

- ¡PetaFLOPS! Mira, para que lo entiendas… ¡Es capaz de realizar más de veinte mil billones de cálculos por segundo! – Takato no entendió nada – ¡Es el rey de los escáneres! – continuó Henry, emocionado – ¿De verdad crees que no sería capaz de encontrar un elemento extraño que estuviese pululando por este mundo? Vale, de acuerdo, los de Hypnos pudieron cometer algún error de cálculo, o no introducir todos los parámetros necesarios, pero es que la Wild Bunch está dirigiendo las operaciones, y… en fin… ellos fueron los que crearon las bases de todo esto. – dijo, señalando lo que tenían a su alrededor – Dudo mucho que se les escapase algo… y dudo aún más que se les escapase dos veces.

- Ya, pero… no sé… Este mundo ha evolucionado mucho por su cuenta. Además, ellos no crearon las bases del D-Reaper, ¿no? Sólo lo utilizaron… creo.

- Sí, eso es cierto. Pero tú ten en cuenta que las únicas veces que el escáner ha detectado a D-Reaper ha sido cuando su ataque ya era inminente. Imaginaba que era porque lo que se estaba buscando eran irregularidades en el funcionamiento del mundo digital, pero mi padre me aseguró que no, que lo que buscaban era al propio programa, y aquello… no tenía sentido. Sin embargo, al pensarlo ahora, me doy cuenta de que la única explicación es que solamente podían detectar a D-Reaper cuando atacaba porque sólo entonces lo estaban buscando en el lugar adecuado. Es decir, cuando D-Reaper no ataca, permanece oculto en su propio mundo, en su propia… "dimensión", paralela a ésta. Y únicamente cuando decide pasar a la ofensiva es cuando atraviesa la barrera que supongo que separará este mundo del suyo; en ese preciso momento debía ser cuando el escáner de Hypnos lo detectaba…

- … Porque el escáner sólo lo buscaba en el mundo digital… Entiendo… – contestó el chico con gesto pensativo, a pesar de que todos aquellos datos estaban estrellándose unos contra otros dentro de su cabeza.

- Además… he estado dándole vueltas a otra cosa. – añadió Henry – Verás, siempre me había imaginado que el Reino de las Cuatro Bestias se encontraba aquí, en la capa más profunda del mundo digital, por ser la capa más compleja, la última en desarrollarse y evolucionar. Ya sabes, como el córtex para el cerebro humano. – a Takato esta aclaración no le sirvió de nada – Luego también pensé que podría ser simplemente para permanecer lo más lejos posible del mundo real, o sea, de la amenaza de los humanos. Pero ellos no funcionan así, ¿verdad? – se replicó a sí mismo, esbozando una sonrisa – Los Cuatro Dioses nunca huyeron del peligro, sino que siempre se enfrentaron directamente a él. Ahora creo que… No, ahora estoy seguro de que si las Cuatro Bestias eligieron estas tierras como sus dominios no fue para mantenerse a salvo, sino para vigilar a D-Reaper. Para proteger al mundo digital. – entonces se volvió hacia Takato y le preguntó – ¿Tú qué piensas?

- ¿Yo? – el chico no supo qué responder durante unos instantes, pero después se llevó la mano derecha a la barbilla y, tras cavilar durante unos segundos sobre toda aquella información que su cerebro se esforzaba por encajar, contestó – Humm… Creo que tienes razón. Después de todo, ese fue siempre su principal objetivo, ¿no?

- Exacto. – respondió Henry, volviendo a perderse en sus pensamientos – Y ahora que ellos no están… Claro… – los otros tres le miraban con expresión interrogante, pero el chico ya no estaba pendiente de lo que le rodeaba – Ahora que los Cuatro Dioses ya no se interponen en su camino, D-Reaper puede actuar a su antojo. Por lo que hemos visto, ha echado abajo la muralla entre su mundo y el mundo digital, y de momento lo único que le detiene deben ser las barreras que las Cuatro Bestias dejaron en cada uno de sus Reinos. Pero… ¿recuerdas aquel precipicio entre los Reinos de Azulongmon y Ebonwumon? – Takato asintió con la cabeza – D-Reaper se abre camino. Por cada resquicio que encuentra. Y no creo que le baste con invadirlo. Quiero decir… ya has visto como están todos esos mundos de las capas intermedias, ¿verdad? Es como si se estuviesen mezclando entre sí… como si alguien los estuviese comprimiendo. A lo mejor me equivoco, y la verdad es que estoy yendo demasiado lejos con mis teorías, sobre todo sin tener pruebas, pero… Parece como si el mundo de D-Reaper estuviera "embistiendo" al mundo digital. Presionándolo. Tratando de absorberlo… y eso es lo que haría que este último esté colapsándose. Y… si tuviese razón… – añadió, con un tono que evidenciaba que le asustaba que sus propias hipótesis pudiesen ser ciertas – Tal vez esto sea egoísta, pero si todo fuese verdad, lo que más miedo me da es que, por culpa de esa presión, el mundo digital acabe colisionando contra el mundo real. De hecho, ya debería estar siendo empujado poco a poco contra él… Y me pregunto si no será esa la razón de que cada vez se parezcan más. Quizás no sólo sea culpa de la contaminación del D-Reaper… – concluyó, con visible preocupación en su rostro.

Ninguno de ellos añadió nada más después de esto, pero todos compartían la misma expresión que Henry. Sin decir palabra, continuaron su camino a través de las ramas y los troncos de los árboles, con la única diferencia de que, cuanto más subían, más pedregoso se volvía el terreno. Pronto comenzaron a encontrarse más y más de aquellas grisáceas paredes rocosas cortando los senderos que trataban de seguir, lo cual les obligaba a dar media vuelta y buscar otro camino. Algunas de aquellas paredes, las menos altas, las escalaban, pero intentaban recurrir a esto lo menos posible, puesto que aunque era fácil agarrarse a las rocas debido a que éstas estaban prácticamente cubiertas de pequeños arbustos que crecían en sus recovecos, lo cierto es que la piedra parecía frágil, y temían que en cualquier momento acabasen siendo arrastrados por un derrumbamiento.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que se encontraron con un obstáculo imposible de rodear.

- ¿Qué hacemos, lo escalamos? – le preguntó Takato a Henry, mientras los cuatro miraban fijamente hacia arriba.

- Humm… Hay pocos arbustos… y es demasiado alta. Ni siquiera veo la parte de arriba…

- Pero es que no hay ningún otro camino para avanzar… ¿Volvemos atrás? – inquirió el primero, dirigiendo la vista hacia el otro.

- Ya los hemos probado todos. – respondió Henry, haciendo lo mismo – Lo único que podemos hacer es volver a bajar la montaña, pero desde aquí, llegaremos al mismo sitio del que salimos… Y yo pretendía que cuando bajáramos, fuera por el otro lado.

- Entonces sólo podemos hacer una cosa. – replicó Takato, sacando el D'Arc.

- No creo que sea una buena idea.

- ¿Por qué no?

- Porque cuando digievolucionamos, llamamos más la atención.

- ¿Más que siendo humanos…?

- Vosotros os guiáis sólo por la vista, pero los digimon no funcionamos igual. – le explicó Terriermon – Nosotros podemos "sentirnos" los unos a los otros. Y cuanto más poderoso es un digimon, desde más lejos es posible percibirlo. Es un buen mecanismo para que los más débiles puedan huir, y para que los más fuertes puedan encontrarse entre sí más fácilmente. Ahora mismo somos tan débiles que pasamos desapercibidos, pero si evolucionásemos… todos los digimon de esta zona podrían percibirnos. Y seguramente no sólo sentirían nuestro poder, sino también lo de que haya algo raro en nosotros…

- Sentirían que nuestra esencia es diferente a la suya, y se darían cuenta de que se trata de digimon fusionados con humanos. – especificó Henry – Y no sólo eso. Creo que para D-Reaper también sería más fácil encontrarnos…

- ¿Más? – preguntó Guilmon, con cara de incredulidad.

- Sí. – le contestó Henry, divertido – Aunque parezca imposible, es probable que así sea. Por eso no me gusta la idea de evolucionar simplemente para desplazarnos de un sitio a otro…

- Pero Henry, no podemos hacer otra cosa… – insistió Takato.

- Ya… – respondió Henry, pensativo; entonces, oyó un ligero ruido procedente de las rocas, y en su rostro se dibujó una sonrisa – Bueno, tú déjame intentarlo.

El chico comenzó a explorar cada centímetro de aquella pared pedregosa, apartando cada uno de los pequeños arbustos con cuidado y dando golpecitos de vez en cuando. Estaba seguro: sonaba a hueco en el interior de aquel lugar. Continuó inspeccionando al detalle todo aquello, hasta que al apartar unos matorrales dio con una zona en la que se notaba que las rocas habían sido removidas hacía poco tiempo. Aquello ensanchó aún más su sonrisa.

- ¿Guilmon, puedes venir un momento? – le pidió al digimon; éste corrió rápidamente a su lado - ¿Crees que podrías despejar esta entrada?

Guilmon observó fijamente el punto que Henry le estaba señalando con expresión de desconcierto, pero cuando lo comprendió sonrió también, y contento por poder resultar de utilidad, respondió alegremente:

- ¡Voooy! – el digimon cogió carrerilla, bajó un poco la cabeza y arremetió fuertemente contra aquel grupo de rocas disgregadas que enseguida cedieron ante la fuerza del golpe, desobstruyendo la entrada de un estrecho pasadizo por el interior de la montaña – ¡Ya está! – anunció Guilmon desde dentro, tras haber dado una voltereta y haber quedado sentado entre las piedras por la fuerza con que había embestido a la pared.

- Muy bien. – le felicitó su entrenador, acariciándole la cabeza.

- Vale, el pasadizo continúa hacia allá. – dijo Henry, alumbrando el túnel con el D'Arc, que una vez más había activado su función de linterna – Voy a ver qué encuentro. ¿Se viene alguien conmigo?

Los otros tres comenzaron a mirarse los unos a los otros con nerviosismo, hasta que por fin, Takato confesó sus dudas, avergonzado:

- Henry… Esto me recuerda mucho a la cueva en que D-Reaper nos atacó en el Reino de Azulongmon. ¿Estás seguro de que debamos meternos ahí dentro…?

- Que dos hechos hayan ocurrido simultáneamente una vez no significa que uno sea la causa del otro. – contestó Henry, aferrándose a la ciencia y a la estadística – No creo que ahora tengamos que evitar todas las cuevas que encontremos… Eso sería algo supersticioso. ¿Deberíamos evitar también todos los lagos?

- No… Ya sé que no tiene por qué pasar nada, pero… No sé, la verdad es que no me da buena espina.

Henry bufó levemente, pero luego esbozó una sonrisa de resignación. Entonces, miró a su propio digimon, interrogante:

- ¿Terriermon?

El aludido se giró sobre sí mismo, dándole la espalda, y contestó:

- Conmigo no cuentes, ya nos costó bastante salir de la mini-isla. – aseveró, mientras pensaba para sí "Ya buscaremos otra forma".

Henry, algo molesto, se dirigió a la zona por la que continuaba el pasadizo, refunfuñando durante todo el recorrido. Enseguida los demás le perdieron de vista, tras el primer recodo del camino.

Pero Terriermon no pensaba que su entrenador fuera a meterse allí él solo, y a pesar de lo que había dicho, la verdad es que empezaba a preocuparse bastante. Observaba fijamente la revuelta por la que él había desaparecido, temiendo que le ocurriese algo. Y de repente…

- ¡AAAAAH! – resonaron con eco los gritos de Henry desde el interior del túnel - ¡NO! ¡Quita, quita!

- ¡Henry! – chillaba Terriermon una y otra vez mientras corría en busca de su entrenador - ¡¿Dónde estás? – gritaba angustiado.

- Aquí. – contestó él tranquilamente, asomando la cabeza desde detrás de unas rocas con gesto de confusión - ¿No decías que no querías venir?

- Pe… pero… – farfullaba el digimon, poniéndose más y más rojo con el paso de los segundos – Entonces no te… – y en ese momento, creyó comprenderlo - ¡No ha tenido gracia! – le gritó muy enfadado, convencido de que Henry les había tomado el pelo.

- ¡Ay! ¿Qué pasa? – se quejaba éste, mientras Terriermon le aporreaba la cabeza con sus puñitos.

- ¡¿Cómo que qué pasa? ¡¿A ti te parece normal cachondearte de nosotros con algo así? – chillaba el digimon, indignado y avergonzado - ¡¿Cómo se te ocurre ponerte a gritar como si estuvieras…?

- ¡Joder, ya vale! ¡Que me he topado de boca con un grupo de DemiDevimon y se han puesto a sobrevolarme y darme pataditas!

Terriermon se detuvo en el acto.

- Ah… ¿Entonces no estabas vengándote? – le preguntó, asomándose boca abajo desde la parte superior de la cabeza de su entrenador.

- ¿Vengándome? – se extrañó éste.

- Sí… ya sabes, por dejarte tirado ayer en el bosque.

- … ¡Pfffffhahahahahaha! – se desternillaba Henry, que empezaba a entender de qué iba la cosa.

- ¡Oye, no te rías!

- En serio pensabas que me estaban atacando… ¡Hahaha! ¡Y luego pensabas que yo…! – Henry tenía una particularidad muy curiosa, y es que podía ser el tipo más serio del mundo la mayor parte del tiempo, pero cuando le daba un ataque de risa, le costaba bastante parar – Ains… Pues ya que lo mencionas, es verdad… Me debías una por aquello… – afirmaba, tratando de respirar entre frase y frase – Ah, y por dejar que me la pegara con la raíz. – añadió con gesto de descaro.

- ¡Bah! ¡No compares!

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Takato cuando les encontró.

- Nada, nada… – contestó Henry, empezando a calmarse – Que ya sé por dónde se sale de aquí. Los DemiDevimon volaron en aquella dirección. – dijo, señalándola.

- ¿Y estás seguro de poder fiarte de lo que ellos…?

- Cuando el barco se hunde, tú sigue a las ratas. – le cortó el primero, incorporándose – Y no sé cuánto aguantará este barco. – dijo, mientras utilizaba el D'Arc para iluminar la pared – Parece bastante inestable. Ésto… – continuó, acercándose más para observar los detalles – Podría ser algún tipo de roca sedimentaria; me recuerda a la caliza oscura. Pero no parece que la diagénesis esté muy avanzada…

- ¿La qué? – preguntó Terriermon.

- "El proceso de formación de nuevas rocas a partir de sedimentos sueltos que se compactan químicamente". – contestó Henry automáticamente y de carrerilla, consiguiendo parecerse aún más a una enciclopedia.

- Ya… ¿el qué? – inquirió su digimon, aunque Henry ni le oyó esta vez. Estaba demasiado absorto pensando en que de nuevo se encontraba con evidencias de que aquello cada vez se asemejaba más a los procesos naturales que se daban en el mundo real…

- Es muy porosa. – afirmó mientras la acariciaba con la mano. La arañó ligeramente y añadió – Y tiene muy poca dureza. Podría derrumbarse en cualquier momento. Además, la karstificación sí que está muy avanzada, demasiado; no tiene buena pinta. – aseveró, volviéndose para mirar a los demás. Entonces se dio cuenta de que estos le miraban con cara de no saber muy bien si Henry seguía hablando de las rocas, y aclaró, algo sonrojado – Es cuando… las rocas se deshacen con el agua y se forman las cuevas… – explicó, a la vez que analizaba si las expresiones de los demás daban alguna señal de que estaba utilizando un vocabulario lo suficientemente normal como para alcanzar la comprensión del grupo. A veces no se daba cuenta de las palabras que usaba, pero él no pretendía dárselas de sabelotodo.

- Henry… – le dijo Terriermon con tono afable, encaramándose a su hombro - ¿No crees que mejor deberíamos salir de aquí y dejar las clases para luego…? – añadió, sonriéndole y dándole suaves golpecitos en la frente, divertido con la situación.

- ¡S-Sí, claro! – contestó el chico, ruborizándose al darse cuenta de que le había aflorado la vena de profesor en el peor momento – Larguémonos antes de que se nos caiga encima.

Se pusieron en marcha a buen ritmo, casi echando a correr por momentos; querían atravesar el túnel lo antes posible. Pero justo cuando empezaban a apreciar en la lejanía un leve resplandor procedente del exterior de la cueva, Guilmon frenó de repente sin motivo alguno.

- ¿Estás bien? – le preguntó Takato dándose la vuelta, preocupado - ¿Qué te ocurre…? – inquirió, caminando hacia él.

- Aaaaa… - soltó el digimon de repente, haciendo que su entrenador parase en seco – ¡…AAAAA…!

- ¿Guilmon…?

- ¡AAAAAAAATCHÚS!

Todos se quedaron paralizados durante unos segundos, tratando de no mover ni un solo músculo… pero fue inútil. Enseguida empezaron a notar como pequeños cascotes y polvo procedentes del techo comenzaban a caer sobre sus cabezas; el eco provocado por el estruendo del estornudo había hecho vibrar las rocas. Pronto empezaron a escuchar un estrépito ensordecedor procedente de la oscuridad del pasadizo, de la zona por la que habían venido: las paredes habían comenzado a derrumbarse.

- ¡Corred! – gritó Henry, al tiempo que aceleraba al máximo en dirección a la otra boca del túnel.

La luz era cada vez más intensa, y aquello les daba ánimos para correr más y más rápido. Cuando por fin lograron ver la salida, tuvieron que lanzarse hacia el exterior a un metro de alcanzarla, para evitar que las rocas que sepultaron el túnel les sepultaran también a ellos.

Al intentar abrir los ojos por primera vez fuera de la cueva, tuvieron que volver a cerrarlos de inmediato, pues tras varios días sumergidos en la oscuridad de la niebla de aquel Reino y varios minutos vagando por aquel pasadizo sin apenas más luz que la poca que ofrecían los D'Arc, sus ojos no podían resistir la claridad del lugar al que salieron. Incluso a pesar de que aún flotaban en aquel aire algunos restos de aquella neblina negruzca, no era absolutamente nada en comparación con la que engullía toda la zona inferior de aquellas tierras. Estaban casi en la cima de la montaña, y aunque allá arriba no lucía el sol, tampoco era necesario para que ellos sintieran que estaban en el lugar más brillante e iluminado del mundo; podían verlo todo envuelto en una claridad que les maravillaba, y con una nitidez que les parecía irreal.

- Quedarse ciego debe ser lo peor que exista… – susurró Takato, algo entristecido al pensar en ello. Henry asintió con gesto serio.

Una vez sus ojos se acostumbraron a aquello, pudieron ver mejor el lugar en el que se encontraban: se trataba de una explanada rocosa, del mismo tipo grisáceo que el del interior de la cueva y el de toda la montaña. No era pequeña, pero tampoco demasiado amplia, y apenas crecía en ella algún que otro arbusto desperdigado, además de pequeños arbolillos de tronco endeble que se aferraban a las paredes pedregosas que se situaban tras los chicos y sus digimon, las mismas en las que se encontraba el túnel soterrado. Frente a ellos tan sólo se extendían terrenos prácticamente horizontales, salvo por alguna elevación del mismo no demasiado acusada. Echaron a andar hacia adelante, atravesando aquel pequeño altiplano al que habían ido a parar. No tardaron demasiado en llegar al borde, al cual se asomaron con cautela, y lo que vieron les activó el vértigo y les heló la sangre.

Henry alzó de nuevo la cabeza y miró a su espalda, localizando el punto en el que se encontraba la entrada del pasadizo natural, ahora derrumbado en su totalidad. Se volvió y observó otra vez el precipicio que tenían por delante: se trataba de una caída libre de varios cientos de metros, aderezada con afilados bordes escarpados. Suspiró.

- Atrapados… – murmuró, agachando la cabeza.

Permanecieron así unos instantes, sin más movimiento que el que el suave viento ejercía en sus ropas y en sus cabellos. Pero de repente, Takato, que seguía observando fijamente la profundidad de aquel vacío que se había interpuesto en su camino, creyó ver algo que se movía no muy por debajo de ellos; algo que trepaba por aquella peligrosa pared empinada.

- ¡Eh! ¿Habéis visto eso? – exclamó el muchacho.

Los otros tres se asomaron de nuevo, apremiados por la curiosidad. Pero por desgracia, aquello tan sólo los situó un poco más cerca del enemigo.

De pronto, un ADR-06 apareció frente a ellos, surgiendo de aquel precipicio en el que no creían que pudiera haber nada en absoluto. Prácticamente al mismo tiempo, los cuatro se echaron hacia atrás, quedando sentados en el suelo, y retrocedieron de espaldas con la rapidez inducida por el temor. Sin embargo, enseguida Henry recordó que detrás de ellos tan sólo había un muro de piedra maciza que les cortaba la retirada. No había escapatoria posible: tendrían que pelear.

Frenó en seco aquel retroceso inútil, cogió a Terriermon, rodó hacia un lado y empujó con una pierna a Takato para que rodara hacia el contrario, situándose ambos durante unos segundos fuera del alcance del ADR: los suficientes como para evolucionar al nivel mega.

El Horn Striker se abalanzó sobre Gallantmon, pero éste lo esquivó con agilidad y le lanzó un ataque de su lanza que le acertó de lleno en la espalda al ADR. Sin embargo, éste último no tardó en devolverle el golpe, evitando un segundo Royal Saber y propinándole un tremendo puñetazo en la cara que a poco estuvo de tirarle al suelo. MegaGargomon acudió rápidamente en su ayuda, interponiendo su brazo entre Gallantmon y el siguiente ataque del ADR, y apartándole de su compañero de un empujón en la dirección contraria. Parecía que MegaGargomon tenía el control sobre la situación, pero como siempre, lo que en un principio parecía su mayor ventaja – su enorme tamaño – se convertía también en su mayor debilidad; era muy fuerte, sí, pero también demasiado lento. El ADR apenas perdió unos instantes en deshacerse de la presa con la que su adversario pretendía retenerle el tiempo suficiente como para acabar con él, e impulsándose con una fuerte patada al suelo, ascendió velozmente y le asestó un golpe en la barbilla, con tal fuerza, que llegó a desequilibrar a MegaGargomon, a pesar de ser éste al menos diez veces mayor que el agente.

Sin embargo, eran dos contra uno, y Takato y Henry no eran ya precisamente unos novatos en lo que a peleas se refería. En cuanto lograron coordinarse entre sí, comenzaron a dominar al ADR: mientras que MegaGargomon ejercía la fuerza bruta y controlaba toda la amplitud del campo de batalla, Gallantmon se encargaba de las distancias cortas y de los golpes demasiado rápidos. Al fin y al cabo, estaban acostumbrados a pelear juntos, debido a que Sakuyamon y Justimon siempre habían tenido una habilidad especial para combinar sus ataques (por mucho que aquello le molestara a Rika). Henry y Takato ya habían combatido y derrotado a numerosos enemigos en perfecta armonía, y un simple ADR no iba a poder contra los dos a la vez, por muy fuerte que éste fuese.

Gallantmon lanzaba un ataque tras otro, sin dejar que el agente tuviera tiempo más que para esquivar algunos. Sin embargo, éste no se dio cuenta de que sus continuas arremetidas con la lanza no eran sino una forma de hacerle retroceder hasta el lugar en que MegaGargomon esperaba para cortarle el paso y arrinconarlo. El gigantesco digimon preparó su inmensa mano, y en el momento justo, aplastó brutalmente con ella al ADR, que durante unos instantes, permaneció inerte bajo su palma. MegaGargomon la levantó levemente, manteniendo inmovilizadas sus piernas pero apartándose lo suficiente como para que Gallantmon, que esperaba frente a él, pudiera lanzarle su ataque final. Éste último preparó su escudo sagrado, Aegis, levantándolo y empuñándolo fuertemente frente a sí. Poco a poco, el escudo fue iluminándose, concentrando toda su energía para disparar un rayo de luz cegadora que purificaría todo a su paso. Sin embargo, a pesar de que todas aquellas batallas que Henry y Takato habían librado les habían hecho mucho más fuertes, también les había traído una nueva debilidad: en situaciones como esta, no deberían haberse confiado tanto.

Apenas unas milésimas de segundo antes de que Gallantmon lanzara su rayo, un segundo ADR-06 apareció de la nada, atacándole por la espalda y desviando completamente la trayectoria del Final Elysion, que se perdió en la inmensidad del cielo neblinoso. La sorpresa hizo que MegaGargomon aflojara su presa, y el primer ADR no perdió ni un instante para liberarse y lanzarse al ataque, un ataque para el que el digimon no estaba preparado. Ambos agentes sometieron a los digimon a una fuerte lluvia de golpes directos que no eran capaces de evitar ni de devolver. Al fin y al cabo, los Horn Striker tenían un nivel equivalente al de un mega, y aunque mientras habían sido dos contra uno no les había costado nada someterle, en un uno contra uno la cosa cambiaba bastante. Los agentes no tardaron en acorralar a ambos digimon, heridos y agotados, contra la pared rocosa que, si no hacían algo, pronto se convertiría en su paredón de fusilamiento.

Los ADR cogieron algo de carrerilla, y acto seguido, se lanzaron a por ellos, preparando sus golpes definitivos y decididos a acabar brutalmente con humanos y digimon a la vez. Pero justo en el momento en que los agentes estaban a escasos dos metros de ellos, cuando ya empezaban a pensar que realmente aquel iba a ser su fin, una brillante barrera dorada cubierta de pétalos rosáceos apareció delante de ellos protegiéndoles del ataque de los ADR, que se dieron de bruces contra ella y se llevaron buenas descargas al rozarla. Henry y Takato abrieron los ojos, asombrados al no haber recibido el golpe, y quedaron estupefactos al ver aquella barrera frente a ellos. Entonces alzaron un poco más la mirada y encontraron la resplandeciente silueta de Sakuyamon sobrevolándolos ligeramente, resguardándoles del peligro.

En ese mismo instante, un digimon antropomórfico envuelto en un aura azulada apareció en mitad del cielo descendiendo a toda velocidad, y aprovechando el mismo impulso de la caída, les asestó un mandoble a ambos ADR que hizo que desviaran su atención hacia él.

"Aún no hemos perdido", se dijo Henry.


Yyyyy continuará en el 18 xD Que no sé si sirve de algo decir que ya lo he empezado a escribir, porque luego nunca sé cuando lo voy a terminar... Pero bueno, pensado, está xD

Reviews

Muchas gracias a WaterDragonShinryu y a nyaanekito por sus comentarios, que ya respondí por privado ^^

Emoneko: Gracias por seguir leyendo a pesar de que no te puedan llegar los avisos de actualizaciones al email =) Eso me dice que estuviste pendiente, y lo agradezco mucho. Creo que ya lo dije, pero no tengo pensado abandonar el fic, así que por mucho que tarde en actualizar, lo acabaré haciendo, no hay problema con eso xD Como ves, Ryo y Rika ya han vuelto, y a partir del segundo volverán a aparecer prácticamente todo el rato (junto a los otros dos xD). En fin, gracias por comentar y ojalá sigas leyendo =)

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