Aún resuenan en su mente las palabras de Alex. Sus duras palabras. No tiene un motivo para estar conmigo, piensa Niki. Intenta estudiar, pero no lo consigue. Pronto tendrá la selectividad y no logra concentrarse. Alex sigue siendo el dueño de sus pensamientos. ¿Por qué? Si él no lo tenía, ¿por qué yo no dejo de pensar en todos los motivos que nos unieron? Su sonrisa, su mirada, su amor… Su amor. Ahora se ríe de ese amor que no valía nada. La dejó sola y ni siquiera le dio un porqué. ¿Qué he hecho mal? Esconde la cara en la almohada y rompe a llorar, sin poder evitarlo.

Han pasado dos semanas, pero todo sigue igual. Ella sigue dando vueltas sin parar a su mente, a los recuerdos, a su amor. Su amor sí era de verdad. Y hubiese sido duradero de no ser por él… Patalea en la cama como una niña chica. Como la niña que es. Ahora se da cuenta. El motivo es ese, es una niña. Da media vuelta sobre el colchón. Alex necesita algo más, yo no soy suficiente para él. Lo he hecho todo mal. Lo he molestado con mis tonterías de adolescente, le he quitado tiempo de su trabajo, de las cosas que él solía hacer. He cambiado su vida y no le ha gustado.

Todo estaba claro desde el principio, ahora solo lamenta no haberse dado cuenta un poco antes, cuando todo doliese un poco menos. Escucha unos pasos acercarse a su habitación y se limpia rápidamente las lágrimas. Justo a tiempo. Simona entra en su cuarto con una amplia sonrisa y un plato de sopa en las manos. Niki la mira intentando devolverle la sonrisa, sin demasiados resultados.

- Si no quieres estar con nosotros, por lo que sea, no voy a dejar que te mueras de hambre.

- No sois vosotros el problema – replica ella bajando la mirada.

Simona le deja el plato en el escritorio. Se acerca a su hija y se sienta frente a ella, sin perder la sonrisa amable y comprensiva que Niki necesita. Le acaricia la cara y la obliga a mirarla de nuevo.

- Ni tú tampoco, cariño. Cuando te apetezca hablar, ya sabes dónde estamos.

Asiente con la cabeza viendo como su madre se aleja y cierra cuando la vuelve a dejar sola. Mira el plato de sopa, pero no tiene hambre. Vuelve a tumbarse en la cama, abatida, agotada, destrozada. Siente como su vida se escapa de sus manos, pasa delante de ella e incluso se burla de la situación. Claro que soy yo el problema, mamá. No puede evitarlo. Lo echa de menos, muchísimo. Lo necesita más que a nada. Y lo sigue amando… más que a sí misma.

Sus amigas intentan animarla, pero tampoco lo consiguen. Apenas las ve, con la excusa de que tiene que estudiar. Ellas bromean, se ríen y la consuelan. Siguen siendo sus Olas, su refugio, sus amigas de verdad. Pero ahora no puede verlas, no quiere hacerlas sufrir por su culpa. No. Pasará el tiempo y él se llevará los recuerdos. Niki aferra con fuerza la almohada. Quiere que realmente sea así. Necesita que sea así. El amor verdadero no se olvida y lo sabe, pero sí puede ser sustituido por otras cosas, aplazado en la mente por unos instantes… Por favor.

Se levanta de la cama y va a su escritorio. Aparta el plato de sopa y comienza a estudiar, sin concentrarse demasiado, pero intentándolo. Tiene que hacerlo. Tiene que poner de su parte, el tiempo no hace milagros… Cierra los ojos intentando memorizar fechas históricas. Las repite en voz alta. Y lo consigue. Le ha salido bien. Se felicita a sí misma y sigue estudiando, teniendo en la mente siempre a Alex, pero cada vez un poco más disperso. Como borroso. Él no ha sabido valorarla, ella ya no puede hacer más. Quizás se equivocó, quizás debió darle más espacio, hablar un poco más, ir más despacio, aclarar algunas bases de su relación, dialogar sobre la diferencia de edad… Pero no lo hicieron. Ella no lo consideró importante y a él tampoco parecía importarle demasiado. Él se había sentido bien, y Niki lo sabía, no lo podía haber hecho tan mal. Y si se equivocó, él no quiso perdonarla ni darle otra oportunidad. Se equivocó en la forma de amarlo, tal vez. Pero Alex ha decidido que es demasiado tarde para enmendar el error. Ella va a enmendarlo entonces por su cuenta. Respetará su decisión, sin insistir, esperará que todo pase pacientemente… Aunque los recuerdos no dejen de torturarla, no puede abandonarse de esta manera. No otra vez.

Repasa el tema de Historia que acaba de estudiarse. Se lo sabe a la perfección, con sus propias palabras, sin saltarse ni una fecha. Mira el móvil que tiene en silencio en la mesita de noche. Son las siete de la tarde. El tiempo ha pasado rapidísimo y ni siquiera ha mirado el reloj. Tiene un mensaje de Olly. Pásate por mi casa en un par de horas, y no me vale un no. Lo ha mandado hace quince minutos. Se maquilla como nunca se ha maquillado, se riza el pelo con cuidado y se viste provocadora, queriendo ser una mujer… demostrarle al mundo, pero sobre todo a sí misma, que sí es una mujer y que no hizo las cosas tan mal.

Un poco antes.

Elena de nuevo. No le contesta el teléfono. Han decidido preparar la boda ya, sin perder más tiempo. Ya han perdido demasiado. Pero es agobiante. Lo quiere todo perfecto y no lo deja en paz ni un segundo. Un mensaje. ¿Por qué no me contestas? ¡Alex, necesito tu ayuda! Elena, cómo no. Está estresado, demasiado, y eso que en el trabajo, después del éxito de Laluna le dan todos los privilegios que pide… Laluna. Sonríe para sus adentros, recordando esas fotografías, esa campaña publicitaria, y esa modelo tan perfecta. Niki, esa chica que tantas noches fue su propia luna, que le dio la inspiración, que lo hizo sentirse como un niño, despreocuparse de todo, ser quien fue algún día. Y ahora todo eso parece tan lejano… Elena vuelve a llamar. Suspira y responde.

- Dime, cariño.

- ¡Te he llamado ocho veces, Alex! Necesito que vayamos a probar el menú a tres restaurantes, ya he concertado la cita, así que no tardes…

Alex mira la hora. Son las cuatro y media de la tarde. ¿Ahora?

- Tengo mucho trabajo, Elena, no creo que pueda…

- Oh, venga, líbrate por hoy. Te espero en cuarenta y cinco minutos, no tardes.

- De acuerdo.

Alex cuelga sin decir nada más, ¿para qué? Si de todas formas, será siempre lo que Elena quiera. Suspira. Ya no es ese niño, tiene 37 años, esta es la vida que tiene que tener. Una boda a la espera y un trabajo agotador. Es lo propio, lo normal. Hizo bien en cambiarlo todo de nuevo. Aunque no esté muy convencido de ello. Lo cierto es que pensaba que los preparativos de una boda serían algo que afrontaría con buen humor, con alegría e ilusión. Y no resignado. No con ese agobio al que lo sometía Elena. Siempre con prisas, como si faltara el tiempo, como si fuera una obligación. Quizás lo es.

Alex sale del despacho con la chaqueta en la mano. Alessia lo mira sonriente y lo despide con un gesto de la mano. Él simplemente asiente con la cabeza. Se alegra de que finalmente le hayan permitido quedarse. Leonardo lo alcanza antes de que pueda meterse en el ascensor.

- ¿Ya te vas?

- Sí. Tengo una boda que preparar.

A Leonardo se le ilumina la cara. Lo abraza con entusiasmo y se ríe dándole unas palmadas en la espalda. Alex se aparta de él, un poco azorado. Necesita espacio ahora que todo lo que lo rodea le agobia.

- Ya sabía yo que esa chica de las fotos… Niki, ¿no? Pues eso, ya sabía que te traería días muy felices.

Alex lo mira sintiendo como sus tripas se retuercen en un nudo difícil de desatar. No es capaz de explicarle que no es Niki con quien se casa, sino su ex. Como tampoco fue capaz de explicárselo a la propia Niki. Pero sí, tiene razón. Le trajo días felices, quizás, los más felices de su vida… hasta entonces, claro. Con la boda todo cambiará. Formaré mi familia con Elena y todo será distinto. Se despide de Leonardo secamente y sube al ascensor. Todo cambiará… ¿pero realmente quiere que cambie?

Se sube al coche y arranca rápidamente. Sabe que si Elena dice que no tarde, es porque precisamente no soportaría que se retrasara. Mejor tenerla contenta y llegar incluso antes. Se detiene en un semáforo. Ve pasar una motocicleta casi idéntica a la de Niki, quizás es ella… O quizás, solo está alucinando. Sacude la cabeza y se fija únicamente en el semáforo esperando que se ponga en verde. Pero no puede evitarlo. Recuerda el accidente… su descaro al subirse en su coche sin ser invitada, sus primeras llamadas, sus primeros mensajes… Y sonríe. Porque después vinieron las carreras, sus trampas divertidas, los besos y las caricias, los jazmines… París. Laluna. Simplemente Niki. Una bocina lo saca de sus pensamientos. El semáforo ya está en verde. Acelera para no poner más furiosos a los que van detrás de él.

Llega a casa en veinte minutos. Hay demasiado tráfico. Elena baja desde la planta de arriba arreglada en exceso, pero guapa como siempre. Lo besa en los labios brevemente y le sonríe mirando el reloj.

- Vaya, si me has hecho caso.

Alex también sonríe. Con Elena también ha compartido buenos momentos… Ella también es especial, pero… no son iguales. Más bien, son dos polos opuestos. Y Elena es más acorde a él. Sí, eso es. Son más compatibles. El problema está en que el amor no se basa en compatibilidad de caracteres, solo en sentimientos compatibles, correspondidos.

- Siempre, amor.

Lo siento. Ya está decidido. Perdona, pero te llamo amor. Las palabras de Niki. Su dulce voz. Ese amor tan sincero y limpio, propio solo de los adolescentes. Elena va a besarlo, pero él aparta la cara. Ahora no. No mientras piensa en ella. Para disimular su gesto, se dirige a su habitación, deja la chaqueta en el armario y se sienta en la cama. De repente, siente como si hubiese envejecido diez años. Está demasiado cansado.

Después, un poco más tarde, van a probar los menús. Alex aún no sabe para qué ha ido, si su opinión no vale para nada. Es Elena quien decide, quien prueba, quien discute con el metre. Él simplemente se disculpa cuando ella sale enfadada por el servicio. Quizás eso es lo que quiere. Solo el tercer restaurante parece convencerla. Y Alex desea que sea el definitivo y puedan volver a casa. Pero solo dice "me lo pensaré". Al menos, han acabado ya. Elena y Alex vuelven al coche, ella aún quejándose y comentando todo lo que ha probado, y él haciendo como que escucha, deseando únicamente llegar a casa y poder descansar del trabajo, de los restaurantes y de Elena. Pero no puede. Pasan por delante de carteles en los que sale Niki durmiendo con su eslogan al lado. Y no puede quitar la mirada de esas fotos que aún tiene guardadas en su ordenador, junto a todas las demás.

- ¡Cuidado, Alex!

Alex mira a la carretera alertado por el grito de su prometida y frena bruscamente, pero demasiado tarde. No ha podido evitar chocar contra una moto. Sale del coche y Elena lo mira. Está asustada. Y él también, pero más aún cuando reconoce a la chica que está en el suelo. No puede ser. No, otra vez no.