Yukito bajó parsimoniosamente del autobús. Éste se alejó apenas Yukito toco el suelo. Miró hacia todos lados, buscando algún cambio, pero todo seguía igual. Casi. Sonrío sin ganas.

Llevaba su pequeño muñeco títere, y su mochila colgada en la espalda. Empezó a caminar con lentitud, recorriendo la playa. Al llegar más o menos a la mitad, se detuvo a mirar el mar. Se recargó en un pequeño tronco que estaba en posición vertical, atorado en la arena. El viento soplaba levemente, y el mar le otorgaba al aire un ligero sabor a sal. Las aves volaban tan alto que casi se perdían de vista. Pensó que, seguramente, Misuzu estaría con ellas. La persona que amaba. Allá arriba, en algún lugar del cielo.

Entonces salió, sin querer, de su mundo de amargos pensamientos, cuando una tierna vocecita le hablo desde atrás, en voz apenas audible:

—¿Y-Yukito-san?

El corazón le dio un vuelco, y sus ojos se abrieron desmesuradamente. Se giró tan lentamente que parecía que se movía en cámara lenta. No le daba crédito a sus ojos.

No había manera de que ella estuviera viva. No. Imposible. Tenía que ser algún tipo de broma cruel. Una muy buena broma.

Por qué ella estaba parada frente a él, con su hermoso cabello rubio al viento, y sus dulces ojos color azul, mirándolo.

—Misuzu… —Susurro Yukito. Apenas podía hablar.

Ella también estaba en las mismas condiciones. Hizo un esfuerzo, y le dedicó una amplia sonrisa.

—Hola Yukito-san –Fue todo lo que dijo. Otra vez iba a llorar, pero se contuvo.

Pasaron largos segundos, en los que Yukito se dedicó simplemente a contemplarla, sin expresión alguna. Misuzu se preguntó si estuvo mal haberle hablado de esa forma.

Iba a disculparse, cuando pasó algo totalmente inesperado. Yukito se abalanzo sobre ella, literalmente, y la estrechó fuertemente entre sus brazos.

¿Qué clase de mundo era ese, que traía de regreso a los muertos, una vez que uno trataba de acostumbrarse a la idea de lo contrario? Su corazón casi cayó a pedazos en el intento, creyendo que nunca volvería a verla. ¿Cómo era eso posible? No lo sabía, pero no podía importarle menos.

Misuzu se quedó congelada, con los ojos muy abiertos. Yukito no dio señales de querer soltarla. Temía que si lo hacía, desaparecería, y entonces despertaría en alguna banca de un parque, descubriendo la cruda realidad. Así que no, no pensaba soltarla pronto.

Poco a poco, Misuzu se fue tranquilizando, y, lentamente, empezó a corresponder el abrazo. Se sentía muy cómoda y segura allí, en los brazos de Yukito. Éste se obligó a soltarla, una vez que sintió el abrazo correspondido. Se sentía tan real… que se atrevió a empezar a pensar que lo era.

La miró directo a los ojos, sus ojos azules encontrándose con los verdes. Entonces Yukito dijo, en voz muy baja:

—¿Es real…? ¿No estoy en uno de tus sueños?

Misuzu le sonrío en respuesta.

—No, estoy segura de que es real.

Yukito la tomo por la cintura y la acerco más a él. Sus rostros quedaron tan cerca, que sus narices se tocaron. Yukito acerco aun más su rostro a ella y cerró los ojos. Ella lo imito. Sus labios se rozaron hasta fundirse en un beso. Uno muy dulce.

Apenas se separaron, Misuzu dijo:

—Etto… ¿Yukito? —Vaciló, queriendo evitar su mirada

—¿Si? —Respondió él, y su voz sonó tan sorpresivamente dulce que Misuzu se sonrojó.

—Yo… mmmm… —murmuró.

—¿Qué pasa?

—Yukito… —Inhaló profundamente, dándose ánimos, y lo soltó de golpe— ¿Puedo estar a tu lado?

Yukito permaneció mirándola, notoriamente sorprendido, pero al cabo sonrío.

—Tontita… —Dijo, dándole una suave palmada en la cabeza— Claro que puedes

—Gaou… –Musitó ella, sonriendo tiernamente también.

No había realmente mucho que decir. Lo importante ya lo sabían, incluso sin hablar. Como si se hubieran puesto de acuerdo, emprendieron camino, ahí, al lado de la playa. Sin decir nada, se tomaron de la mano. Así fueron caminando juntos por la playa, al menos el tramo que faltaba hasta llegar al otro extremo. El atardecer estaba dándole paso al anochecer, y la primera estrella ya brillaba en el cielo.

—¿No me vas a decir nada, porque haya dicho 'Gaou'? —Preguntó Misuzu después de un rato.

Yukito chasqueó la lengua, e hizo como que lo meditaba durante un par de segundos, con toda la mala intención de preocupar a Misuzu durante esos instantes.

—Empieza a gustarme —Contestó finalmente, y se le escapó una pequeña sonrisa

Cualquier preocupación que tuviera Misuzu se desvaneció tan pronto como vino, y se le ilumino el rostro.

—Gaou~ —Dijo simplemente, inmensamente feliz.

Yukito siguió sonriendo.

—¡Gaou! —Repitió Misuzu, alzando su mano libre al cielo.

—No quiere decir que lo tengas que hacer todo el día —Repuso Yukito, con una pequeña gotita en la sien.

—Je je —Sonrío ella, como solo Misuzu podía.

Yukito apretó con fuerza la pequeña mano de Misuzu. Ya nunca más la iba a dejar ir.

De la misma forma, continuaron caminando por la playa durante un largo rato, hasta que anocheció completamente. Apenas era el comienzo, de una larga caminata juntos: Durante el resto de sus vidas, caminando de la mano. Siempre juntos.

Uno al lado del otro.

OoO

Capítulo editado, siglos después (?)

El siguiente capítulo es el epílogo, dije. Ahora ni modo, lo debo cumplir. Prometo hacerlo, pese a la tardanza, en cuanto vuelva a ver AIR, o me llegue un brote de inspiración para terminar esto. Una disculpa por la tardanza.

Nos leemos luego~