El nuevo amigo de Morgan

¡Buenos días!- saludó Giselle entrando a la habitación de Morgan.

Tal vez no tendría nada de sorprendente que la princesa Giselle entrara en la habitación de la hija de Robert como cada mañana si no fuera que como cada mañana entraba acompañada de una parvada completa de palomas, afortunadamente los ratoncitos ya habían dejado de visitar el departamento.

La pequeña Morgan se estiró entre las mantas de su cama dejando caer su muñeca de Bella, la pequeña vivía felizmente con su padre y con su nueva madrastra aunque claro, nunca le decía madrastra a Giselle.

Buenos días, Giselle- saludó la pequeña incorporándose en la cama- Hola amiguitos.

Las palomas dieron un "cu, cu, cu" o algo parecido a "buenos días, Morgan" y después salieron volando por la ventana abierta por la princesa.

¿Estás lista?- preguntó Giselle con una hermosa sonrisa en su bonito rostro.

¿Estar lista? Morgan hizo memoria ¡Claro, hoy era el día que Giselle y ella iban a ir a dar un paseo a Central Park aprovechando que Robert estaba en el trabajo y la niña no tenía clases en la escuela! ¡Habían planeado el pic-nic toda la semana!

¡Estaré lista!- dijo la niña saliendo de la cama para correr al baño y darse una buena ducha.

Mientras Morgan se arreglaba, Giselle y sus amigos en la cocina (una vez más afortunadamente no estaban los ratoncitos ni alimañas pero ¿cómo había llegado un mapache al departamento? Bueno, tal vez eso lo explicara después Giselle) preparaba los emparedados y bebidas de frutas que se llevarían al día de campo, todo puesto en una canasta de mimbre que Robert le había comprado a Giselle.

Era una suerte que ese día la princesa de Andalasía no tuviera que ir a "Andalasía Fashions" a continuar con la producción de la nueva colección de princesas para primavera que todas las niñas pequeñas adoraban. El negocio era todo un éxito y Robert estaba feliz de que su adorada Giselle estuviera tan contenta en el mundo real, porque es necesario decir que Andalasía no se encuentra en Europa, es más, ni siquiera se encuentra en este mundo…

¿Cómo me veo?- preguntó Morgan.

La pequeña tenía puesto un conjunto deportivo rosa que Giselle le había confeccionado especialmente para ella, como Morgan gustaba de ir a karate pero también de los cuentos de hadas, la princesa pelirroja le había hecho un traje a la medida, perfecto para una princesa aventurera como su adorada pequeña Morgan.

Estás preciosa- dijo con toda sinceridad Giselle.

¿Me ayudas a peinarme?- preguntó la pequeña mostrando su cepillo y unos adornos de mariposas.

Giselle se sonrió, eran los mismos adornos de mariposas que ella utilizara en su vestido de bodas que primero había sido para casarse con el príncipe Edward en Andalasía pero que para felicidad de nuestra hermosa princesa fue después para casarse en Nueva York con Robert, el padre de Morgan.

Por supuesto- Giselle se quitó su delantal para ir a ayudar a su pequeña.

Cuando el taxi se detuvo enfrente de Central Park todos los transeúntes vieron bajar dos princesas de cuentos de hadas, la hermosa Giselle con el vestido azul que utilizara para ir a su cita con Robert y Morgan con su pants rosa ayudando a portar la canasta con comida para el pic-nic.

¿Dónde veremos a papá?- preguntó la pequeña Morgan.

¿Qué te parece en la colina?- preguntó a su vez Giselle.

Esa colina era una de las favoritas de Giselle y Robert en todo Central Park, esa pequeña lomita era justamente donde Giselle lo hizo cantar "cómo sabrá" cuando junto con muchos desconocidos pero muy buenas personas improvisaron toda una coreografía al más puro estilo Broadway, aunque claro, al principio Robert no quería participar.

El mantel de cuadros rojos con blancos fue puesto sobre el suave pasto mientras Morgan comenzaba a sacar todos los bocadillos que habían llevado cuando de pronto una manzana roja y brillante (sin peligro de que fuera una de las terribles manzanas que la reina Narissa había envenado, claro) rodó hacia abajo alejándose más y más de ambas chicas.

¡Voy por ella!- gritó Morgan mientras bajaba corriendo.

Giselle asintió mientras vigilaba que su pequeña no se alejara mucho, quería mucho a Morgan, tanto o más que su verdadera madre, por eso se preocupaba por ella.

Morgan por su parte no intentaba alejarse mucho, solamente atrapar a la escurridiza manzana, para su fortuna, el fruto se detuvo pasando el camino de los ciclistas y de las personas que recorrían Central Park, justo al frente de unos arbustos armoniosamente recortados que parecían una pared esmeralda.

¡Ahí estás!- le dijo la pequeña a la manzana.

Cuando estiro su manita para alcanzarla algo la sorprendió, de entre las ramas del arbusto salió una boca blanca de un animal que en ese momento no reconoció y de una sola mordida la devoró. Morgan soltó un pequeño gritito al ser tomada por sorpresa que al instante fue contestado con un relincho.

¡Claro, era un caballo! ¡Tal vez un caballo de los guardias del parque! Sí, eso era lo más lógico, pero ¿qué hacía un caballo detrás de los arbustos?

¿Hola?- llamó Morgan levantando la cabeza.

No se había equivocado, era un caballo tan blanco como la leche, su crin caía como si fuera de plata líquida y en su frente ¡Por todos los cielos! ¡No era un caballo, era un unicornio! ¡Tenía un cuerno en su frente! ¿Pero cómo? Bueno, sí Giselle y Pip habían venido de Andalasía ¿no era posible que también hubiera unicornios en Central Park? ¿Tal vez ese unicornio también venía de Andalasía? ¿Habría unicornios en Andalasía?

Eres muy bonito- dijo la pequeña mientras se acercaba para acariciarlo.

¡Morgan!- llamó Giselle detrás de la niña.

La princesa se había preocupado un poquito al escuchar el gritito de Morgan pero al verla con un caballo pensó que hablaría con uno de los guardias, pero ¿eso era un caballo? ¡No, era un unicornio!

¡Cielos, no es un caballo!- dijo Giselle.

Al parecer ninguno de los demás visitantes de Central Park veían al unicornio ya que ninguno de ellos había reparado en su presencia. Cierto, las personas solo ven lo que quieren ver.

¿Viene de Andalasía?- preguntó la niña mientras seguía pasando su mano por el cuello del unicornio.

¿Andalasía?- habló el unicornio.

Giselle y Morgan se sorprendieron más ¡Un unicornio! ¡Un unicornio que hablaba! ¡En verdad era magia! ¡Ni siquiera Pip había hablado cuando llegó a Nueva York! Solamente Narissa pudo hablar cuando se transformó en dragón.

¿Conoces Andalasía?- preguntó Giselle sin tener miedo del unicornio.

Claro, está más allá de donde yo vivo, yo vivo en el Valle de la Ilusión- la voz del unicornio era melodiosa- ¿Dónde nos encontramos?

Esto es Central Park- explicó inocentemente Morgan.

¿Central Park? ¿Está más allá de Andalasía?- preguntó el unicornio- Vaya, me he alejado mucho más de lo que imaginaba de casa…

Giselle iba a preguntar algo cuando recordó algo mucho más importante ¡Robert! ¿Cómo reaccionaría Robert al ver un unicornio? Tenían que encontrar una forma de ayudar al nuevo amigo de Morgan y que Robert no se molestara mucho.

El unicornio pareció leer la mente de Giselle ya que al momento se ocultó entre los arbustos, Morgan pensó que se alejaría y no volvería a verlo cuando volvió a salir pero en lugar de ser el unicornio blanco como la leche y crin plateada salió en su lugar un joven muy apuesto de facciones muy finas de piel muy blanca, mucho más blanca que la de Giselle, con unos hermosos ojos grises y una cabellera larga de color plata, ¿cómo sabían que era el mismo unicornio? Por la marca en forma de estrella de su frente, una estrella perfectamente marcada.

Ese es un gran disfraz- felicitó Giselle- no sabía que los unicornios pudieran hacer eso.

¡Es magia!- grito emocionada Morgan acariciando con su mano el cabello del joven.

¿Así está mejor?- preguntó el joven-unicornio con su deliciosa voz.

Sí, creo que así es mejor ¿Estás buscando cómo regresar a Andalasía?- preguntó Giselle.

Sería difícil encontrar la coladera por la que ella había llegado.

El joven iba a contestar cuando su estomago gruñó estruendosamente, el pobre se sonrojó completamente mientras Giselle y Morgan reían por lo ocurrido.

Ven, acompáñanos estamos a punto de empezar un pic-nic ¿te gustaría un emparedado?- invitó Giselle recordando todo lo que tenían para comer en la canasta.

¡Ven, tenemos mucha comida!- invitó Morgan tomando la mano de su nuevo amigo- ¿Cómo te llamas?

Mi nombre es Orión, ¿y el tuyo?- preguntó el joven-unicornio caminando al paso de Morgan.

Mi nombre es Morgan, y ella es la princesa Giselle, es mi mamá pero yo le digo Giselle- contestó Morgan subiendo la colina.

Princesa Morgan- dijo el unicornio con esa hermosa voz- me gusta vuestro nombre Princesa Morgan.

Continuara…