Capítulo 1: Un año después

Aquella mañana hacía más frío de lo normal, pese a tratarse de una mañana de invierno. Los cristales del número 12 de Grimmauld Place estaban empañados, y podían verse unos finos pedacitos de hielo condensarse en los marcos, producto probablemente de una helada nocturna.

En cambio, dentro de la casa, el ambiente era apacible y tranquilo. El elfo doméstico, Kreacher, se había encargado de encender la chimenea de la sala de estar, por lo que un maravilloso calorcillo había inundado cada rincón.

Harry Potter sostenía su café matutino en una mano, bebiendo el líquido caliente a sorbos, mientras que con la otra mano se encargaba de pasar cuidadosamente las páginas del ejemplar diario de El Profeta que su fiel lechuza le había traído como cada mañana. El pequeño elfo doméstico revoloteaba a su alrededor, recorriendo la extensión de la cocina, trasladando tarteras y cacharros de un lado a otro. Pese al ruido incesante que producía, en la casa se respiraba una absoluta tranquilidad.

Harry terminó de leer el periódico, y, mirando al reloj de su muñeca, bebió los últimos sorbos de café y se levantó, preparado para salir.

-Amo…debería llevar ropa de abrigo.

-Sí, lo sé, gracias Kreacher.

Se podía decir que Harry Potter era feliz. Había pasado más de un año desde el fin de la guerra, y ahora, la única preocupación que ocupaba su mente era la de salir abrigado a la calle. Ni mortífagos, ni Voldemort, ni nada. Sólo paz.

Alcanzó su abrigo del perchero del recibidor, y se colocó cuidadosamente su bufanda de lana, regalo de la señora Weasley. Por un momento se sintió tentado de llevarse la otra bufanda que descansaba en el perchero, orgullosa, luciendo sus colores dorado y escarlata, pero lo desechó al instante. Ya no estaba en Hogwarts, y no era muy apropiado que un auror en proceso llevara una bufanda de Gryffindor.

Tras despedirse de Kreacher y haber intentado por vigésima vez arreglar el desastre de su pelo, salió al helado exterior, avanzando por la plaza, camino al metro de la cuidad.

Como siempre, la gente andaba de un lado a otro, inmiscuída en sus asuntos. Muggles que llegaban tarde al trabajo, que llevaban a sus niños al colegio, estudiantes de instituto que siempre se movían en grupo. Aquella era la razón por la que Harry Potter nunca viajaba al Ministerio por la Red Flu, para respirar en su camino la ansiada normalidad.

Bajó del metro con cuidado cuando llegó a su parada. Todavía tenía tiempo, así que caminó con parsimonia por las calles el centro de Londres, hasta llegar a aquella cabina telefónica donde había entrado por primera vez hacía años con el señor Weasley, por un motivo muy diferente y mucho menos agradable. Abrió la puerta y siguió el mismo proceso que todos los días, provocando que la cabina bajase al subsuelo, hasta por fin abrirse de nuevo en el Atrio del Ministerio de Magia.

Harry echó a andar por el camino de siempre, recordando lo que había sido ese vestíbulo antes, hacía años, cuando la guerra contra el Señor Tenebroso estaba en pleno apogeo. Un escalofrió recorrió su columna, odiaba tener esa clase de recuerdos. Afortunadamente, todo aquello había acabado.

Tocó el botón del ascensor y esperó. Un suspiro se escapó de sus labios, realmente, los vestigios de aquella sangrienta guerra todavía eran palpables. Había pasado muy poco tiempo.

-¡Harry!

Una conocida voz lo sacó de su ensimismamiento. Se dio la vuelta enseguida, dibujando una sonrisa.

-Como siempre, ridículamente temprano.

- Debería empezar a acostumbrarme a que me regañes hasta cuando hago las cosas bien, Hermione.

Ambos rieron, a la vez que la puerta del ascensor se abría, invitándolos a pasar.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, Hermione habló.

-Oye Harry, sé que estás bien sólo, y todo eso, pero…Sabes que cuando quieras puedes pasarte por casa, ¿verdad?

-sí, Hermione, lo sé de sobra- contestó Harry, mirándola con gesto cariñoso- deberías dejar de preocuparte tanto por mí y disfrutar un poco de tu nueva vida.

Hermione se sonrojó ligeramente. Hacía muy pocos meses que Ron y ella habían decidido vivir juntos. Ambos tenían ya un trabajo, Ron trabajaba con George en la tienda de Sortilegios Weasley y ella se dedicaba a defender los derechos de las criaturas mágicas.

-Está bien…- suspiró- pero si algún día te sientes solo o algo…por favor Harry, acuérdate de que somos tus amigos y puedes venir cuando quieras, no sólo servimos para derrotar magos tenebrosos.

Ambos rieron de nuevo, demostrando la complicidad de siempre.

-Ésta es la tuya- comentó Hermione cuando las puertas del ascensor se abrieron y una voz femenina anunció "Departamento de Seguridad Mágica"- nos vemos luego, Harry, con un poco de suerte para entonces ya sabremos el veredicto de Malfoy.

Para cuando Harry comprendió las palabras de Hermione, las puertas del ascensor ya se habían cerrado.

¿Malfoy? Tenía entendido que Malfoy ya había sido juzgado y ya estaba permanentemente en Azkaban junto a su esposa. Lo más probable es que su amiga estuviese equivocada, no era posible que hubiese un segundo juicio para Lucius Malfoy, no para él.

El pasillo del Departamento estaba completamente desierto, era demasiado temprano. Miró su reloj de nuevo. Todavía faltaban 20 minutos para el inicio de sus clases, con lo que se entretuvo dando un paseo por el departamento para hacer tiempo.

Al doblar una esquina visualizó a una pequeña elfina doméstica limpiar las baldosas del suelo con esmero. Parecía sana y bien cuidada, y Harry sintió de repente un profundo sentimiento de orgullo por su mejor amiga. Entonces, al observarla, se le ocurrió preguntar, al fin y al cabo, la elfina debería conocer lo que se cocía en el Ministerio.

Se acercó lentamente y carraspeó para llamar su atención, a lo que la elfina respondió mirándole y sonriendo cordialmente.

-Eh..disculpe…

- ¿Sí?-la elfina sonrió de nuevo.

- Me preguntaba si, por casualidad, usted sabría si hoy tendrá lugar algún juicio a algún mortífago…- Harry compuso una mueca de de disculpa, como queriendo excusarse con la pequeña elfina por molestarla.

La elfina pareció pensar durante unos instantes, para luego contestar- Bien, si no me equivoco, hoy celebrarán el juicio del joven Malfoy, señor Potter.

Harry elevó las cejas.

-¿Malfoy?¿Lucius Malfoy?

-Oh, no, señor Potter, el señor Lucius Malfoy está en Azkaban, y espero que por mucho tiempo… A quien juzgarán hoy es a su hijo, al joven Draco.

Harry abrió mucho los ojos. ¿Draco?¿Draco Malfoy?

-Ehh… Muchas gracias, ha sido de gran ayuda.- agradeció Harry, casi sin pensar.

-Un placer, señor Potter.- la elfina sonrió de nuevo y volvió a su trabajo sin perder un segundo.

Harry se obligó a moverse del sitio. Le parecía increíble que fueran a juzgar a Malfoy con los cargos de mortífago. Según él tenía entendido, el Ministerio sólo juzgaba a los mortífagos que poseían la Marca Tenebrosa. Entonces… ¿Draco Malfoy realmente tenía la Marca Tenebrosa grabada en su brazo?