Capitulo 1

Conociéndote y atándote a mí… ¿Quién eres?

Linterna y llave eléctrica en mano, salía arrastrándose de debajo de un enorme autobús turístico cuando captó el primer vistazo de ella. Era pequeña, casi infantil. Al principio estaba seguro de que era, a lo sumo, una adolescente, vestida con pantalones de trabajo holgados, con un espeso pelo rosa recogido hacia atrás en una cola de caballo. Tenía la cara mugrienta, manchada de aceite y suciedad. Entonces se giró levemente, y pudo ver sus pechos firmes y turgentes contra el fino top de algodón bajo la pechera del mono de trabajo.

Sasuke la miró fijamente, extasiado. Incluso de noche su pelo rosa brillaba como estrella. Poder decir que su pelo era rosa lo aturdió. ¿Quién poseía ese tipo de color? Como oscuro, depredador e inmortal hombre de los Cárpatos que era, no había visto en colores, sólo en blanco y negro, durante más siglos de los que podía contar. No había compartido esta información, que acompañaba a la pérdida de emociones, con su hermana menor, Hinata, que permanecía, como había sido durante siglos, dulce y compasiva, como toda mujer de los Cárpatos. Todo lo que él no era. Hinata dependía de él, como lo hacían todos los de su grupo, y no deseaba entristecerla con el conocimiento de lo cerca que estaba de encarar el amanecer para dirigirse a su propia destrucción o convertirse en vampiro, un no-muerto en vez de un inmortal.

Que esta extraña mujer de grandes pantalones hubiera captado su atención le había sorprendido. Pero su movimiento de caderas había provocado una profunda necesidad en su interior. Contuvo el aliento y la siguió a distancia mientras ella rodeaba el autobús para desaparecer de la vista.

- Debes estar cansada, Sakura. ¡Has estado trabajando todo el día!- Exclamó Hinata.

Sasuke no podía ver a Hinata, pero, como siempre, era capaz de oír la voz de su hermana, una melodía de dulces notas que podía hacer que se volvieran las cabezas e influir en todas las cosas vivas.

- Coge algo de zumo de la nevera del tráiler y relájate un par de minutos. No puedes arreglarlo todo en un día. - Continuó ella.

- Sólo un par de horas más y lo tendré arreglado y en marcha. - Respondió la pequeña pelirosa. Su suave y ronca voz tocó a Sasuke en el mismo centro de su ser y envió calor turgente por su sangre a través de las venas. Se mantuvo inmóvil, traspasado por la inesperada sensación.

- Insisto, Sakura. - Dijo Hinata gentilmente. Sasuke conocía ese tono, el que aseguraba que las cosas se hicieran a su manera. - Por favor. Tienes ya el trabajo como nuestro mecánico. Es obvio que eres exactamente lo que necesitamos. Así que déjalo por esta noche ¿vale? verte trabajar tan duro me hacer sentir una negrera.

Sasuke paseó lentamente rodeando la carcasa del motor hacia la pequeña mujer pelirosa y su hermana. Junto a la alta, delgada y elegante Hinata, la pequeña mecánica a quien todavía no había conocido parecía una niña desaliñada, aunque no podía apartar los ojos de ella.

La mujer se rió guturalmente, atormentando su cuerpo con una dolorida pesadez. Incluso a esa distancia podía ver que sus ojos eran de un verde brillante, con grandes y espesas pestañas, su cara un óvalo perfecto, de altos pómulos y una amplia y lujuriosa boca que suplicaba ser besada.

Antes de que pudiera oírla, desapareció de nuevo, pasando junto a su hermana para rodear la parte de atrás del autobús hacia la puerta trasera. Sasuke simplemente permaneció allí, congelado en la oscuridad. Las criaturas nocturnas estaban volviendo a la vida, y Sasuke permitió que su mirada vagara por el campo, notando la variedad de colores a su alrededor. Vívidos verdes, amarillos y azules. Podía ver el plateado del autobús, las letras azules del lateral. El pequeño coche deportivo cercano era un artefacto color rojo fuego. Las hojas de los árboles eran de un verde brillante, veteado de azul oscuro. Sasuke inhaló profundamente, embebiéndose significativamente de la extraña esencia de ella para poder encontrarla siempre, incluso en medio de una multitud, siempre sabría donde estaba. Extrañamente, ella le hacía sentirse como si no fuera a estar solo nunca más. Ni siquiera la había conocido aún, pero simplemente saber que estaba en el mundo hacía que éste fuera un lugar completamente diferente. No, Sasuke no había contado a su hermana lo yerma y vacía que había sido su vida o lo peligroso que se había vuelto, pero su mirada, cuando descansó en la pelirosa, había sido intensa y posesiva y algo fiero y primitivo en su interior había alzado la cabeza y rugido pidiendo liberación.

Hinata se acercó decididamente rodeando el autobús, sola.

- Sasuke, no sabía que te habías levantado. Estás tan misterioso estos días. - Sus grandes ojos perla le examinaron especulativamente.- ¿Qué es? Pareces... - Dudó.

Peligroso. La palabra no pronunciada flotó en el aire entre ellos.

El cabeceó hacia su casa rodante.

- ¿Quién es ella?

Hinata se estremeció ante su tono, se frotó las palmas de las manos arriba y abajo por los brazos como si tuviera frío.

- Discutimos la necesidad de contratar a un mecánico que viajara por carretera con nosotros, para mantener los vehículos en forma y así poder proteger nuestra privacidad. Te hablé de colocar un anuncio, con una exigencia especial añadida, y diste tu aprobación, Sasuke. Dijiste que si encontrábamos a alguien a quien los felinos pudieran tolerar, lo permitirías. Esta mañana temprano apareció Sakura. Los felinos estaban fuera conmigo, y ninguno de ellos le puso objeciones.

- ¿Cómo es que consiguió llegar al campamento atravesando nuestras salvaguardas, las barreras que nos protegen durante el día? - Preguntó suavemente, aunque con un toque amenazante en la voz.

- Honestamente no lo sé, Sasuke. Exploré su mente buscando cualquier propósito oculto y no encontré nada. Sus parámetros cerebrales son diferentes a los de la mayoría de los humanos, pero sólo pude detectar su necesidad de un trabajo, un trabajo honesto.

- Es mortal. - Dijo él.

- Lo sé. - Replicó Hinata a la defensiva, consciente del aire pesado y opresivo que indicaba la censura de su hermano. - Pero no tiene familia, y ha indicado la necesidad de mantener su propia privacidad. No creo que le importe que no estemos por los alrededores durante el día. Le he contado que como trabajamos y viajamos casi siempre de noche, con frecuencia dormimos de día. Dijo que le parecía bien. Y realmente la necesitamos para mantener nuestros vehículos funcionando con propiedad. Sabes que es cierto. Sin ellos perderíamos nuestra fachada de normalidad. Y podemos manejar a una humana sin ningún problema.

- La enviaste al interior de la caravana, Hinata. ¿Si ella está allí, porque no están los felinos contigo? - Preguntó Sasuke, con el corazón repentinamente en la garganta.

- Oh, Dios mío. - Hinata palideció. - ¿Cómo he podido cometer semejante error? - Horrorizada, corrió hacia la puerta de la caravana.

Sasuke estaba allí antes que ella, abrió la puerta de un tirón y saltó dentro, agachándose, preparado para luchar con los dos leopardos por el pequeño cuerpo femenino. Se quedo congelado, inmóvil, con su pelo negro cayéndole sobre la cara. La mujer pelirosa estaba enroscada en la cama con una enorme pantera a cada lado, le ganaban en tamaño pero aún así empujaban contra sus manos, buscando atención.

Sakura Haruno se puso en pie rápidamente cuando el hombre irrumpió en la cabina. Parecía salvaje y peligroso. Todo en él gritaba peligro y poder. Era alto, nervudo como los felinos, y su pelo negro portaba unos reflejos azulados. Los ojos, negros como la noche, eran grandes e hipnotizadores y tan penetrantes como los de las dos panteras. Sintió que el corazón le daba un brinco, y la boca se le quedaba seca.

- Lo siento. Hinata me dijo que podía entrar. - Se disculpó apaciguadoramente, intentando alejarse de los felinos mientras estos continuaban buscando su atención, casi golpeando su pequeña forma con pequeños empujones. Intentaban lamerle las manos, lo cual evitó, temiendo que sus ásperas lenguas le levantaran la piel.

Hinata entró en la caravana pasando al hombre y se detuvo, con los ojos abiertos como platos y sorprendida.

- Gracias a Dios que estas bien, Sakura. Nunca te habría dicho que vinieras sola si hubiera recordado a los felinos.

Es algo que nunca deberías olvidar. Sasuke envió la reprimenda como un suave látigo de terciopelo a través de la mente de su hermana, usando su familiar senda mental. Hinata hizo una mueca pero no protestó, consciente de que su hermano tenía razón.

- Parecen bastante domesticados. - Aventuró Sakura vacilantemente, tocando primero una cabeza felina y luego la otra. El leve temblor de sus manos delataba su nerviosismo a causa del hombre, no de los leopardos.

Sasuke se enderezó despacio irguiéndose en toda su estatura. Tenía un aspecto tan intimidante, sus anchos hombros parecía llenar la cabina, por lo que Sakura retrocedió. Sus ojos la miraron directamente, su mirada la mantuvo prisionera, viendo su misma alma.

- No, no están domesticados. Son animales salvajes y no toleran el contacto íntimo con los humanos.

- ¿De veras? - La picardía danzó por un momento en los verdes ojos de la mujer, y empujó al gato más grande alejándolo. - No lo había notado. Lo siento. - No parecía afligida, parecía que estuviera divirtiéndose a costa de él.

De algún modo Sasuke supo, sin ninguna sombra de duda, que la vida de esta mujer estaría atada a la suya por toda la eternidad. Había encontrado lo que la nueva pareja de Hinata, Naruto Uzumaki, llamaba su compañera. Dejó que el ardiente deseo que sentía por ella llameara brevemente en sus ojos y quedó satisfecho cuando ella volvió a retroceder.

- No están domesticados. - Repitió. - Podrían haber destrozado en pedazos a cualquiera que entrara en este autobús. ¿Cómo has sido capaz de estar con ellos y seguir a salvo? - Exigió con la voz profunda y firme de un hombre obviamente acostumbrado a la obediencia inmediata.

Los dientes de Sakura mordisquearon el labio inferior, delatando su nerviosismo, pero alzó la barbilla desafiante.

- Mira, veo que no me quieres aquí, no hay problema. No hemos firmado un contrato ni nada por el estilo. Cogeré mis herramientas y me largaré.

Dio un paso hacia la puerta, pero el hombre era una sólida pared que bloqueaba su camino. Miró a su lado, sopesando la distancia hasta la puerta trasera, preguntándose si podría llegar antes de que la alcanzara. De alguna forma tenía miedo de que esta huida activara los instintos depredadores de él.

- Sasuke. - Objetó Hinata gentilmente, colocándole una mano apaciguadora en el brazo.

Ni siquiera giró la cabeza, sus ojos negros permanecieron sobre la cara de Sakura.

- Déjanos. - Ordenó a su hermana con voz suave y amenazante. Incluso los felinos se pusieron nerviosos, acercándose a la mujer pelirosa cuyos ojos verdes relampagueaban como joyas.

Este hombre llamado Sasuke asustaba a Sakura como no lo había hecho ningún otro. Había un brillo posesivo en sus ojos, una sensual crueldad alrededor de su hermosa boca, una intensidad ardiendo en él que nunca había visto antes. Observó como su única aliada la abandonaba lentamente obedeciendo a su hermano, abandonando la lujosa caravana.

- Te he hecho una pregunta. - Dijo él suavemente.

Su voz hizo que le revolotearan mariposas en el estómago. Era un arma de terciopelo negro, la herramienta de un hechicero, y enviaba oleadas de inesperado calor a través de su cuerpo. Sintió el color subir le por el cuello y cara.

- ¿Hacen todos lo que dices?

Él esperó, tan inmóvil como un leopardo preparado para saltar, con los ojos sin pestañear fijos en su cara. Sintió la extraña necesidad de responderle, de revelarle la verdad. El impulso golpeó su cabeza hasta que consiguió reunir toda su voluntad en protesta. Después suspiró, sacudió la cabeza, e incluso intentó sonreír.

- Mira, no sé exactamente quién eres, a parte del hermano de Hinata, pero creo que ambos hemos cometido un error. Vi el anuncio en el que se buscaba a un mecánico y pensé que este trabajo podía ser lo que buscaba, viajar con su grupo por el país. - Se encogió de hombros restándole importancia. - No importa. Puedo irme fácilmente.

Sasuke estudió su cara. Estaba mintiendo. Necesitaba el trabajo. Estaba hambrienta pero era demasiado orgullosa para decir nada. Escondía bien su desesperación, pero necesitaba el trabajo.

Aunque así ni una vez los ojos verdes habían vacilado frente a su negra mirada, y su cuerpo entero mostraba desafió.

Se movió entonces, acercándose más a ella, tan rápido que no le dio oportunidad de correr. Podía oír los latidos de su corazón, el correr de su sangre, de su vida, a través de las venas. Su mirada descansó en el pulso que latía frenéticamente en el cuello.

- Creo que este trabajo te satisfará perfectamente. ¿Cuál es tu nombre?

Estaba demasiado cerca, era demasiado grande, demasiado intimidante y poderoso. Desde tan cerca podía sentir el calor emanando de su cuerpo, el magnetismo que exhalaba. No la tocaba, pero sentía el calor de su piel contra la de ella como si lo hiciera. Tuvo el impulso de correr tan rápido y tan lejos como pudiera.

- Todos me llaman Haru. - Sonó desafiante incluso a sus propios oídos.

El sonrió con ese exasperante estilo masculino que le dijo que sabía que le tenía miedo. La sonrisa no sirvió para caldear el hielo negro de sus ojos. Inclinó su cabeza lentamente hacia ella hasta que pudo sentir su aliento contra el cuello. Su piel ardía de anticipación. Cada célula de su cuerpo estaba en alerta, gritaba una advertencia.

- Pregunté tu nombre. - Susurró contra su pulso.

Sakura tomó un profundo aliento y se obligó a permanecer completamente inmóvil, firme. Si estaban jugando a un juego, no iba a cometer el error de moverse.

- Mi nombre es Sakura, Haruno Sakura. Pero todos me llaman Haru.

Los dientes blancos de él brillaron de nuevo. Parecía un depredador hambriento vigilando a su presa.

- Sakura. Te va bien. Yo soy Sasuke. Soy el guardián de este grupo. Lo que yo digo se hace. Obviamente has tenido un encuentro con mi hermana menor, Hinata. ¿Has conocido a los otros?

Sintió una extraña rabia atravesarle ante la idea de que cualquiera de los otros hombres rondara alrededor de ella. Y en ese momento supo que hasta que hiciera a Sakura suya, él mismo sería extremadamente peligroso, no sólo para los mortales sino también para su propia gente. En todos sus siglos de existencia, incluso en sus años más tempranos, cuando la diversión y el dolor todavía existían para él, nunca había experimentado tantos celos, tal posesividad, ni ninguna otra emoción remotamente parecida. No había sabido lo que era la rabia hasta ese momento. Estaba serenándose, asimilando cuanto poder tenía esta mujer humana.

Sakura sacudió la cabeza. Se alejó de su intensidad, de la forma en que hacía que su corazón latiera alarmado, volviendo la mirada ansiosamente hacia la puerta trasera. Pero Sasuke estaba demasiado cerca como para que pudiera llevar a cabo su escapada. Así que miró a los enormes felinos, después se concentró y apuntó sus pensamientos hacia ellos, un talento con el que había nacido, aunque nunca lo había admitido en voz alta.

El menor de los dos leopardos, el de piel más lustrosa, se colocó entre ella y Sasuke y desnudó sus afilados dientes a modo de advertencia. Sasuke posó una mano tranquilizadora sobre la cabeza del gato. Tranquilo, amiguito. No la heriré. Quiere abandonarnos. Lo siento en su mente. No puedo permitirlo. Tú no lo desearías tampoco.

En seguida el gato se movió colocándose delante de la puerta trasera, dejando a Sakura sin posibilidad de escape.

- Traidor. - Siseó ella al leopardo por lo bajo, olvidándose de sí misma.

Sasuke se frotó el puente de la nariz pensativamente.

- Eres una mujer inusual. ¿Te comunicas silenciosamente con los animales?

Ella pareció culpable, agachando la cabeza, sus ojos se apartaron de él mientras le presionaba el dorso de su mano sobre la suave y temblorosa boca.

- No tengo ni idea de lo que estás hablando. Si alguien se está comunicando con los animales, ese eres tú. El gato está delante de la puerta. No sólo las personas sino todos te obedecen, ¿eh?

El asintió lentamente.

- Todos en mis dominios, y eso te incluye ahora a ti. No salgas. No te marcharás. Te necesitamos tanto como tú a nosotros. ¿Te ha asignado Hinata algún lugar para dormir? - Se sentía no sólo hambriento sino también fatigado. Las sensaciones de ella le golpeaban, adentrándose en él, haciendo que surgiera cada protector instinto masculino volviéndolos a la vida.

Sakura levantó la mirada hacia él, pensando sus opciones. En algún lugar en su interior, sabía que Sasuke no le había dejado opción. No le permitiría marcharse. Lo vio en la implacable línea de su boca, la resolución estaba estampada en sus rasgos, y en sus ojos desalmados. Podía fingir si quería, dejarlo correr, no discutir con él. El poder se aferraba a él como una segunda piel. Había estado en situaciones peligrosas antes, pero estos sentimientos era completamente diferentes. Quería correr... y quería quedarse.

Sasuke extendió la mano y le levantó la barbilla con dos dedos para poder mirar directamente a los ojos verdes. Dos dedos. Eso era todo. Pero sentía como si le hubiera puesto cadenas, atándolos juntos de alguna forma inexplicable. Sintió el impacto de su mirada ardiendo en su interior, marcándola tanto a ella como a él.

Se humedeció el labio inferior con la punta de la lengua. El cuerpo de Sasuke sintió una caliente, dura y urgente demanda.

- No vas a huir, Sakura. No creas que conseguirás alejarte. Necesitas el trabajo. Nosotros necesitamos que te quedes. Simplemente sigue las reglas.

- Hinata dijo que podía dormir aquí. - Se encontró contestando. No sabía que iba a hacer. Sus últimos veinte dólares se habían esfumado, había estado segura de que éste era el trabajo perfecto para ella. Era una excelente mecánico, le divertía viajar, le gustaba estar sola, amaba los animales. Y algo en ese particular anuncio la había asaltado, conduciéndola a este lugar, a esta gente, como si tuviera algún significado. Había sido extraño, casi una compulsión que no podía resistir, la necesidad de encontrar a esta gente, tan efectivamente que estaba segura de que el trabajo era para ella. Había sabido que era demasiado perfecto. Sin pensarlo, suspiró suavemente.

El pulgar de Sasuke acarició ligeramente su barbilla. Sintió su temblor, pero permaneció firme.

- Siempre hay un precio a pagar. - Observó él, como si leyera su mente. Sus manos se movieron hacia el pelo de ella, y sus dedos se enterraron en las hebras rosas como si no pudiera contenerse. Sakura permaneció totalmente inmóvil, como un pequeño animal sorprendido en campo abierto por una acechante pantera. Sabía que era extremadamente peligroso para ella, pero sólo podía permanecer mirándole indefensa. Le estaba haciendo algo, hipnotizándola con sus ardientes ojos negros. No podía apartar la mirada. No podía moverse.

- ¿Cómo de alto es el precio?- Las palabras surgieron estranguladas y roncas. No podía arrancar la mirada de él sin importar lo mucho que su mente gritara que lo hiciera.

El cuerpo de él se acercó más, mucho más, hasta que su dura forma pareció imprimirse en la suavidad de la de ella. Estaba en todas partes, rodeándola, envolviéndola hasta lograr que ella fuera parte de él. Sabía que debía intentar moverse, romper el hechizo con el que la envolvía, arrastrándola hacia él, y el corazón le dio un vuelco ante tal gentileza en un hombre de tanto poder y enorme fuerza. Él susurró algo suave y consolador. Algo que la conmovía. La seducción de un hechicero.

Sakura cerró los ojos, el mundo súbitamente pareció nebuloso, confuso como un sueño. Sintió como si no pudiera moverse, como si no deseara moverse. Esperó casi sin aliento. La boca de él le acarició las sienes, se movió hasta la oreja, aleteando a lo largo de la mejilla hasta la comisura de la boca, el aliento era cálido, dejando pequeñas llamas danzarinas por donde quiera que tocara.

Sintió que se dividía en dos. Una parte de ella sabía que era totalmente perfecto, totalmente correcto; la otra la urgía a correr tan rápido y tan lejos como pudiera.

Esa lengua la acarició cruzando el cuello, una caricia aterciopelada y rugosa que hizo que se le encogieran los dedos de los pies, y envió un calor a sus entrañas. Los dedos de él le envolvieron la nuca, acercándola aún más. Su lengua la acarició por segunda vez. Una sensación ardiente agujereó su piel exactamente sobre el pulso que latía frenéticamente. El dolor se abrió paso en su interior, cediendo terreno instantáneamente a un erótico placer.

-Sakura - jadeó, encontrando alguna profunda reserva de instinto de auto conservación, y se retorció, empujando contra los músculos del pecho de él. Sasuke cambió de posición sutilmente, pero sus brazos permanecieron firmes e inquebrantables. Una somnolencia se deslizó sobre ella, sentía la necesidad de darle cualquier cosa que quisiera.

Se dividía, una parte de ella permanecía indefensa en el oscuro abrazo, la otra lo observaba todo con sorpresa y horror. Su cuerpo estaba caliente. Ardía. Deseaba. Su mente le aceptaba a él y lo que estaba haciendo. Tomar su sangre, establecer su reclamo sobre ella. De algún modo sabía que no estaba intentado matarla sino poseerla. Sabía también que no era de ninguna forma algo humano. Sus párpados cayeron, y las piernas se le doblaron.

Sasuke deslizó un brazo bajo las rodillas de Sakura y la levanto, acunándola contra su pecho mientras se alimentaba. Era cálida y dulce, no se parecía a nada que hubiera probado nunca antes. Su cuerpo era fuego sobre ella. Todavía alimentándose, la llevo hasta el sofá, saboreando su esencia, incapaz de evitar tomar lo que era suyo por derecho. Y ella lo era. Lo sentía, lo sabía, no aceptaría nada menos.

Sólo cuando la cabeza de ella cayó hacia atrás sobre el esbelto cuello comprendió lo que estaba ocurriendo. Maldiciéndose elocuentemente a sí mismo, cerró la herida del cuello de ella deslizando la lengua sobre ella y se inclinó para comprobar su pulso. Había tomado mucha más sangre de la que ella podría permitirse dar. Y su cuerpo todavía latía con una demanda impaciente y salvaje. Pero Sakura Haruno era una mujer pequeña y no pertenecía a su raza; no podía afrontar semejante pérdida de sangre.

Peor aún, estaba haciendo algo estrictamente prohibido, rompiendo cada código, cada ley que conocía. Cada ley que él mismo había enseñado a los otros y exigía que siguieran. Aunque no podía detenerse. Tenía que tener a esta mujer. Cierto, una mujer mortal podía ser utilizada para practicar el sexo, un simple placer para el cuerpo, si uno podía todavía podía sentir tales cosas. Y mientras uno no le drenara completamente la vida, una mujer mortal también podía utilizarse como sustento, para alimentarse. Pero no para ambas cosas, y nunca al mismo tiempo. Era tabú. Sasuke sabía que si ella no se hubiera desmayado a causa de la pérdida de sangre, habría tomado su cuerpo también. No una vez sino otra y otra. Y habría matado a cualquiera que intentara detenerle, que intentara apartarla de él.

¿Qué estaba ocurriendo entonces? ¿Se estaba convirtiendo en un vampiro? ¿La única cosa que temía todo hombre de los Cárpatos... le estaba ocurriendo a él? No le importaba. Lo único que sabía era que Sakura Haruno era lo más importante para él, la única mujer que había deseado en siglos de solitaria y vacía existencia.

Acunándola en su regazo, empezó a abrirse la muñeca con los dientes. Pero algo le detuvo. No le parecía correcto alimentarla de ese modo. En vez de eso, lentamente se abrió la inmaculada camisa de seda, su cuerpo inesperadamente se tensó incluso más con anticipación. Una de sus uñas se extendió convirtiéndose en una garra afilada y se abrió una delgada línea en el pecho. Después presionó la boca de ella sobre su herida. Su sangre era antigua y poderosa y reemplazaría la pérdida rápidamente.

Al mismo tiempo se extendió hacia la mente de la mujer. En su estado inconsciente, era relativamente fácil tomar el control, ordenarle que hiciera lo que ordenaba. Inmóvil, quedó atónito por lo que descubrió allí. Hinata tenía razón. La mente de Sakura no seguía los patrones normales de los humanos. Era más parecida a la astuta inteligencia de los leopardos con los que frecuentemente corría él. No era exactamente lo mismo, pero definitivamente era diferente al cerebro humano normal. Pero por el momento eso no importaba; la controló con facilidad, ordenándole que bebiera para completar lo que él había tomado.

Llegado de alguna parte un canto ancestral llenó su mente. Se encontró a sí mismo pronunciando las palabras de un ritual, sin estar seguro de dónde venían, sabiendo sólo que debían ser pronunciadas. Las murmuró en la lengua ancestral de su gente, después las repitió en inglés. Inclinándose sobre Sakura protectoramente, acariciándole el pelo, respiró suavemente las palabras a su oído.

- Te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi lealtad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Tomo en mí los tuyos para guardarlos. Tu vida, tu felicidad, y bienestar serán apreciadas y colocadas en primer lugar sobre las mías. Eres mi compañera, unida a mí por toda la eternidad y siempre a mi cuidado. - Mientras pronunciaba las palabras, sintió un curioso estremecimiento recorrer su cuerpo, el alivio de una terrible tensión. También sintió las palabras tejiendo diminutas hebras entre su alma y la de ella, entre su corazón y el de ella. Le pertenecía. Y él le pertenecía a ella. Pero no estaba bien. Ella era mortal. Él un Cárpato. Ella envejecería; él no envejecería nunca. Aunque, no importaba. Nada le importaba excepto que ella estaba en su mundo, que estaba a su lado. Eso sí le parecía correcto. Encajaba a su lado como si hubiera sido modelada sólo para él.

Sasuke cerró los ojos y la sostuvo contra él, saboreando la sensación de tenerla entre sus brazos. Cerró su propia herida y la tendió sobre el montón de cojines que cubría el sofá. Muy gentilmente, casi reverentemente, le limpió el polvo y la suciedad de su cara. No recordarás nada cuando despiertes. Sólo sabrás que conseguiste el trabajo y ahora eres parte de nuestro grupo. No recordarás nada de mí o de que hemos intercambiado sangre. Reforzó la orden con un duro empujón mental, más que suficiente como para convencer a un humano.

Parecía tan joven en su sueño, el pelo rosa chicle le enmarcaba la cara. La tocó, sus dedos fueron posesivos, sus ojos negros ardían ferozmente. Entonces se volvió para calibrar a los enormes felinos. Os gusta. Puede hablar con vosotros, ¿verdad?preguntó.

Pudo sentir la respuesta, no en palabras sino en imágenes de afecto y confianza. Él asintió. Ella es mía, y no la dejaré. Guardadla bien mientras dormidos hasta el próximo alzamiento, les ordenó silenciosamente.

Los dos felinos se frotaron contra el sofá, intentando acercarse lo máximo posible a la mujer. Sasuke le tocó la cara una vez más, después se volvió y abandonó la casa rodante. Sabía que Hinata estaría esperándole, y sus ojos gentiles serían acusadores.

Estaba de pie, apoyado contra la parte delantera del tráiler, con la confusión pintada en su hermosa cara. En el momento en que le vio, dirigió la mirada ansiosamente hacia el autobús.

- ¿Qué has hecho?

- Mantente fuera de esto, Hinata. Eres de mi propia sangre, y una de las personas a las que más amo y atesoro, pero... - Sasuke se detuvo, asombrado de poder expresar la emoción honestamente por primera vez en siglos. De nuevo sentía amor por su hermana. Le golpeó, fuerte y real, y su alivio fue tremendo por no tener que retroceder ya en el tiempo para fingir emociones recordadas. Recobró la compostura y continuó. - Pero no toleraré tu interferencia en este asunto. Sakura se quedará con nosotros. Es mía. Los otros no la tocarán.

La mano de Hinata voló a su garganta, y palideció.

-Sasuke, ¿qué has hecho?

- No te atrevas a desafiarme, o me marcharé lejos de aquí y os dejaré a todos marchar por vuestro propio camino.

La boca de Hinata tembló.

- Estamos bajo tu protección, Sasuke. Siempre nos has liderado, y nosotros siempre te hemos seguido. Confiamos en ti completamente; confiamos en tu juicio. - Dudó. - Sé que nunca harías daño a esta chica.

Sasuke estudió la cara de su hermana durante un largo rato.

- No, no lo sabes, Hinata, y yo tampoco. Sólo sé esto, sin ella, llevaría el peligro y la muerte a muchos antes de ser destruido.

Oyó como, temblorosa, tomaba aliento.

- ¿Tan malo es, Sasuke? ¿Tan cerca estás entonces?

No necesitó usar las palabras vampiros o no-muerto. Los dos sabían muy bien de lo que hablaban.

- Ella es todo lo que se interpone entre la destrucción de mortales e inmortales por igual. La línea es frágil. No interfieras, Hinata. Es toda la advertencia que soy capaz de darte. - Dijo con implacable y despiadada resolución.

Sasuke siempre había sido el líder reconocido de su pequeño grupo, incluso cuando todos eran niños y los había salvado de una muerte segura. Incluso de joven les había criado y protegido, entregándose a ellos. Era el más fuerte, el más astuto, y el más poderoso. Tenía el don de sanar. Confiaban en su sabiduría y poder. Les había conducido con seguridad durante largos siglos sin pensar en sí mismo. Hinata no podía hacer más que apoyarle en esto que le pedía. No, no pedía. Exigía. Sabía que Sasuke no estaba exagerando, ni mintiendo, ni alardeando; nunca lo hacía. Todo lo que decía, lo decía en serio.

Lenta y reluctantemente Hinata asintió.

- Eres mi hermano, Sasuke. Siempre estoy contigo, sea lo que sea lo que decidas hacer.

Se volvió mientras se compañero brillaba abruptamente hasta tomar un estado sólido a su lado. Naruto Uzumaki todavía le robaba el aliento, la vista de su alta y musculosa forma, esos notables ojos de azul cielo que siempre reflejaban su amor por ella.

Naruto se inclinó para rozar la sien de Hinata con la calidez y el confort de su boca. Había captado su desasosiego a través del vínculo psíquico que compartía e instantáneamente volvió de su expedición de caza. Cuando dirigió su mirada hacia Sasuke, sus ojos eran fríos. Sasuke enfrentó su mirada con otra igualmente congelada.

Hinata suspiró suavemente ante estos dos hombres territoriales que se medían el uno al otro.

- Los dos lo prometisteis.

Instantáneamente Naruto se inclinó hacia ella, su voz fue extraordinariamente tierna.

- ¿Hay algún problema aquí?

Sasuke dejó escapar un sonido de disgusto, un profundo y retumbante gruñido en su garganta.

- Hinata es mi hermana. Siempre cuido de su bienestar.

Durante un momento los ojos azules cayeron sobre él, fríos, con una amenaza. Entonces los dientes blancos de Naruto brillaron en una especie de sonrisa.

- Es verdad, y yo no puedo hacer otra cosa que agradecértelo.

Sasuke sacudió la cabeza ligeramente. Todavía no estaba acostumbrado a tolerar la presencia de cualquier hombre que no perteneciera a su pequeño grupo. Aceptar al nuevo compañero de su hermana entre ellos era una cosa; que le gustara era otra muy distinta. Naruto había crecido en las Montañas de los Cárpatos, su tierra natal, y aunque se había visto obligado a llevar una existencia solitaria, había tenido el beneficio de años de entrenamiento en sus costumbres, de la guía de Cárpatos adultos durante sus años de principiante. Sasuke sabía que Naruto era fuerte y uno de los más hábiles cazadores de vampiros de su raza. Sabía que Hinata estaba a salvo con él, pero no podía renunciar aún a su papel como su protector. Habían sido demasiados siglos de liderar, de aprender de la forma más dura, a través de la experiencia.

Algunos siglos atrás en su tierra natal casi olvidada, Sasuke y otros cinco niños Cárpatos había visto como sus padres eran asesinados por los invasores que pensaban que eran vampiros y habían llevado a cabo sus macabros rituales. Había sido un tiempo aterrador y traumático aquel en el que los turcos invadieron su pueblo mientras el sol estaba alto en el cielo, justo cuando sus padres estaban en su momento más vulnerable. Los Cárpatos habían intentado salvar a los aldeanos mortales, permaneciendo con ellos para luchar contra la invasión a pesar del hecho de que el ataque había llegado cuando la gente de los Cárpatos era más débil. Pero había demasiados asaltantes, y el sol estaba demasiado alto. Casi todos habían sido masacrados.

Los ejércitos merodeadores habían reunido a los niños, mortales e inmorales, en una choza y le habían prendido fuego, quemando a los pequeños vivos. Sasuke se las había arreglado para fabricar una ilusión que cubriera la presencia de unos pocos niños ante los soldados, todo un logro a su edad. Y cuando notó que una aldeana escapaba del baño de sangre de los asaltantes, había escondido su presencia también y le había impuesto una compulsión. Implantó en la mujer una profunda necesidad de escapar y llevar con ella a los niños Cárpatos que había salvado.

La mujer los llevó bajando las montañas hasta su amante, un hombre que poseía un barco. La idea de navegar a mar abierto rara vez se intentaba en esos siglos, ya que las historias acerca de serpientes de mar y caer por el borde de la tierra abundaban, pero la crueldad de los invasores era un destino peor, así que la pequeña tripulación llevó su pequeña embarcación lejos de esas costas en un intento de huir del firme avance del ejército invasor.

Los niños se habían apiñado juntos en el precario barco, todos aterrorizados, todos traumatizados por la horrenda muerte de sus padres. Incluso Hinata, un simple bebé, había sido consciente de lo que había ocurrido. Sasuke había seguido adelante, insistiendo en que podían lograrlo si se mantenían juntos. Se había levantado una terrible tormenta, arrojando por la borda a la tripulación, el mar se alzó para reclamar a los marineros y a la mujer que tan eficientemente los había salvado de los turcos que habían masacrado a los aldeanos. Sasuke se había negado a dejarse arrastrar por ese destino. Aunque era todavía joven, ya tenía una voluntad de hierro. Manteniendo la imagen de un pájaro en la mente de los otros, obligó a los niños, jóvenes como eran, a cambiar de forma con él antes de que el barco se hundiera. Después había volado, aferrando a la pequeña Hinata entre sus garras, conduciéndolos a la masa de tierra más cercana, las costas de África.

Sasuke había tenido seis años, su hermana apenas seis meses. La otra niña, Ino, tenía uno. Con ellos había tres chicos, el mayor tenía cuatro años. Comparado con el confort familiar de su tierra natal, África parecía salvaje, indomable, un lugar primitivo y aterrador. Aun así Sasuke se sentía responsable de la seguridad de los otros niños. Aprendió a luchar, a cazar, a matar. Aprendió como ejercer la autoridad, como cuidar de su grupo. Los niños Cárpatos aún no tenían los extraordinarios poderes de sus mayores... para conocer lo oculto, para ver lo invisible, para doblegar a las criaturas y las fuerzas naturales de la Tierra, para sanar. Tenían que aprender esas técnicas de sus padres, estudiar bajo la tutela de quienes les enseñarían. Pero Sasuke no permitió que esas limitaciones le detuvieran. Aunque él mismo no era más que un niñito, no perdería a los niños. Era así de simple para él.

No había sido fácil mantener con vida a las dos niñas. Las niñas de los Cárpatos no solían sobrevivir a su primer año de vida. Al principio Sasuke había esperado que otros Cárpatos vendrían a rescatarlos, pero entretanto cuidaría de ellos lo mejor que pudiera. Y cuando pasó el tiempo, los recuerdos de su raza y sus costumbres palidecieron. Tomó unas pocas reglas impresas en él desde su nacimiento, lo que podía recordar de sus charlas con sus padres, e ideó sus propias costumbres y su propio código de honor con el que vivir.

Cosechó hierbas, cazó animales, intentó cada recurso nutricional primero en sí mismo, envenenándose con frecuencia en el proceso. Pero con el tiempo aprendió las costumbres de la vida salvaje, convirtiéndose en un protector más fuerte, y finalmente el grupo de niños estuvo más unido que la mayor parte de las familias, los únicos como ellos en su remoto mundo. Los pocos de su raza que habían encontrado se habían convertido ya en vampiros, vampiros que se alimentaban de la vida de los que los rodeaban. Siempre era Sasuke el que tomaba la responsabilidad de cazar y destruir a los terroríficos demonios. Su grupo era ferozmente leal, ferozmente protector los unos con los otros. Y todos seguían a Sasuke sin dudar.

Su fuerza y voluntad los había conducido a través de siglos de aprendizaje, de adaptación, y creación de una nueva forma de vida. Había sido un shock descubrir, hacía unos pocos meses, que todavía existían otros de su raza, Cárpatos y no vampiros. Sasuke había temido secretamente que todos los hombres de su raza se hubieran ya convertido, y lo que sería de sus protegidos si él lo hacía. Había perdido toda emoción siglos antes, un signo seguro de que estaba en peligro de convertirse. Nunca hablaba de ello, siempre temiendo el día en que se volvería contra aquellos a los que amaba, confiando en que su voluntad de hierro y su código de honor privado impedirían tal resultado. En realidad, uno de los hombres ya lo había hecho, se había convertido en lo impensable. Sasuke se alejó de su hermana y su compañero, pensando en Sasori. Sasori había sido el segundo en edad, su mejor amigo, y Sasuke había confiado en él con frecuencia para cazar o vigilar a los otros. Sasori había sido siempre su segundo al mando, y en el que más confiaba para vigilar su espalda.

Se detuvo durante un momento junto un enorme roble y se apoyó contra el tronco, recordando el horrible día, unos pocos meses antes, en que había encontrado a Sasori encorvado sobre Ino, el cuerpo de ella era una masa de marcas de mordiscos y moretones. Estaba desnuda, la sangre y el semen rezumaban de entre sus piernas, sus hermosos ojos estaban brillantes por el shock. Sasori había atacado entonces a Sasuke, directo a su garganta, desgarrando y abriendo heridas casi fatales antes de que Sasuke tuviera tiempo de comprender que su mejor amigo se había convertido en lo que todos los hombres temían convertirse. Un vampiro. Un no-muerto. Sasori había violado y golpeado brutalmente a Ino y ahora intentaba destruir a Sasuke.

Sasuke no había tenido más opción que matar a su amigo e incinerar su cuerpo y su corazón, habiendo aprendido de la forma más dura como destruir apropiadamente a un vampiro. Porque él no muerto podía alzarse una y otra vez a pesar de las heridas más mortales a menos que se utilizaran ciertas técnicas. Sasuke no había tenido a nadie que le instruyera en esas técnicas, sólo una eternidad de instintos y errores que corregir. Después de esa terrible batalla con Sasori, Sasuke había yacido algún tiempo en las profundidades de la tierra, sanándose a sí mismo.

Ino había pasado mucho tiempo en silencio en los siguientes meses, tomando con frecuencia la forma de una pantera para permanecer con los otros felinos, Sasha y Forest. Sasuke suspiró. Sólo podía sentir la profunda pena que le inundaba por Sasori, la culpa y desesperación por haber sido incapaz de ver lo que se avecinaba y encontrar la forma de ayudar a su amigo. Después de todo, él era su líder; era el responsable. E Ino era como una niña perdida, con tanta tristeza, tanta cautela en sus hermosos ojos claros. Le había fallado a ella más que a nadie, había fallado en protegerla de uno de los suyos, pensando en su arrogancia que su liderazgo, la unidad que existía entre ellos, evitaría en última instancia la depredación que su especie pudiera experimentar. Todavía no podía mirar a Ino completamente a los ojos. Y ahora estaba rompiendo sus propias leyes. Pero, se preguntó, ¿había inventado esas leyes para que su "familia" tuviera un código por el que regirse? ¿O le había hablado su padre de tales asuntos? ¿O habían sido impresos en él antes de su nacimiento, como lo habían sido otros conocimientos? Si su amistad con Naruto hubiera sido más estrecha, podrían haber compartido más información, pero durante siglos Sasuke había aprendido siempre las cosas por sí mismo, independiente, reservado, sin preguntar a nadie, aceptando las consecuencias de sus propias acciones y errores.

El hambre le mordía, y sabía que no tenía más elección que cazar. El lugar de acampada que habían elegido estaba a unos pocos días hacia el interior del parque estatal de California, poco frecuentado, y en estos momentos, vacío. Había una carretera a corta distancia, pero él había tendido una red invisible entre ella y el campamento, creando una sensación de opresión y temor en los humanos que pudieran pensar detenerse allí. No dañaría a los humanos, pero los volvería cautelosos. Aunque no había disuadido a Sakura.

Sasuke pensó en ello mientras cambiaba de forma a la carrera, su cuerpo se contorsionó y estiró. Músculos y tendones pronto marcaron el compás enérgico y ágil de la poderosa forma del leopardo, y Sasuke recorrió silenciosamente el bosque hacia el lugar de acampada más popular situado cerca en un profundo y límpido lago.

El leopardo cubrió la distancia rápidamente, oliendo a la presa, dando vueltas a favor del viento e inclinándose entre los arbustos. Observó a dos hombres pescando desde una orilla cubierta de cañas, hablando el uno con el otro con frases cortas.

Sasuke no prestó atención a sus palabras. En el cuerpo del felino se arrastró furtivamente en la tierra. Cuidadosamente colocó cada enorme pata, avanzando solapadamente hacia adelante. Uno de los hombres volvió la cabeza hacia el sonido de una risa que venía del campamento. Sasuke se detuvo, después continuo su lento progreso. Su presa volvió la atención de nuevo hacia el lago, y en absoluto silencio el leopardo se acercó más, entonces se agachó, poderosos músculos agazapados y a la espera.

Sasuke lanzó una silenciosa llamada, envolviendo al más bajo de los dos hombres, conduciendo a su presa hacia él. La cabeza del hombre se alzó, y se volvió hacia el leopardo que esperaba en el arbusto. Dejó caer la caña de pescar al lago y empezó a tambalearse hacia adelante, un pie delante del otro, con los ojos empañados.

- ¡Jack! - El otro hombre sujetó la caña hundida, retorciéndose hacia atrás para mirar a su amigo.

Sasuke congeló a ambos hombres con un bloqueo mental y cambió de forma otra vez a la suya propia mientras "Jack" se aproximaba. Era la única cosa segura que podía hacer. Había descubierto que los instintos cazadores del felino hacían que fuera peligroso alimentarse en esa forma. Los agudos caninos del leopardo mordían y mataban a su presa. Le había llevado varios episodios de prueba-y-error en su niñez, cuando no era tan poderoso o hábil cazando, aprender qué era aceptable y qué no. Hasta que creció no había tenido más elección que usar a los leopardos y sus habilidades, y aceptó la responsabilidad por los africanos que habían muertos, pero era la única forma de mantener a los otros niños con vida.

Ahora mantenía al otro hombre tranquilo y receptivo con la facilidad de la larga práctica, un método que había perfeccionado hacía mucho. Inclinó la cabeza y bebió hasta hartarse, cuidando de no tomar demasiado. No quería una presa enferma y atontada. Ayudando al primer hombre a sentarse junto al arbusto, convocó al otro hasta él.

Finalmente saciado, lentamente permitió que su cuerpo recuperara la anterior forma. El felino ronroneó silenciosamente, sus instintos le empujaban a lo que parecían ser cadáveres de reses en lo más profundo de los árboles para terminar de consumirlos, sangre y carne. Sasuke luchó contra la urgencia y avanzó suavemente sobre las patas acolchadas de vuelta al autobús.

Su grupo viajaba ahora junto, como músicos, trovadores modernos, yendo de ciudad en ciudad cantando, tan frecuentemente como era posible, en los pequeños locales que Hinata prefería. El viaje constante también preservaba el anonimato personal incluso cuando creció su fama. Hinata tenía una hermosa voz, fantasmal e hipnotizadora. Neji era un estupendo compositor, y su voz también atrapaba a la audiencia y los embelesaba. En los viejos tiempos la vida de trovador les había permitido viajar de lugar en lugar sin levantar sospecha, y nadie podía notar o comparar sus diferencias con las de otros. Ahora, con el mundo haciéndose cada vez más pequeño, mantener la privacidad frente a los fans era mucho más difícil. De ahí que se esforzaran en actuar y parecer "normales" incluso usando ineficientes y imperfectos automóviles para viajar. De ahí su necesidad de un mecánico para mantener la caravana y los vehículos en funcionamiento.

Sasuke volvió al campamento y cambió de forma mientras entraba en la casa rodante equipada con todo tipo de lujos. Sakura estaba profundamente dormida, un descanso bien merecido, estaba seguro, por el hecho de que él hubiera estado tan ávido de su sangre. Debería haber intentado controlarse, despojarse de ese éxtasis inesperado.

Sólo mirarla hacía que su cuerpo doliera a causa de las inquietas e urgentes demandas que sabía no iban a abandonarle. Él y esta pequeña fierecilla, tendrían que aprender a establecer alguna especie de equilibrio. Sasuke no estaba acostumbrado a la oposición. Todo el mundo le obedecía siempre sin cuestionarle. No podía esperar que una tempestuosa humana no hiciera lo mismo. Colocó la manta más firmemente alrededor de ella y se inclinó para rozarle la boca con los labios. Su pulgar examinó la suavidad de la piel, y sitió la sacudida que atravesaba su cuerpo.

Sasuke se recogió a sí mismo y dirigió una orden firme a los leopardos antes de abandonar el autobús. Quería que Sakura estuviera a salvo todo el tiempo. Aunque los felinos dormían todo el día, como Sasuke y su familia, los leopardos daban a la compañía de viajeros una apariencia de seguridad, guardando el autobús mientras los miembros del grupo descansaban y se restauraban a sí mismos en las profundidades de la tierra. Dirigió los instintos protectores de los felinos para proteger a Sakura por encima de todo.