Capitulo 3

Compartiendo recuerdos…

Ino miró fijamente a Sakura durante un largo momento. Después su aliento escapó en un largo y lento suspiro. Se sentó e inclinó hacia adelante intentando leer la expresión de Sakura.

- A ti también te ha pasado. No esta vez, pero en algún momento en el pasado. Sabes como es. El temor. La repulsión. - Sus ojos brillaron como hielo, como gemas azules. - Me froté durante tres horas y media, y meses después todavía no me siento limpia. - Se recorrió los brazos arriba y abajo con las manos, la angustia se reflejaba en sus enormes ojos.

Sakura miró hacia la cocina para asegurase de que Sasuke no podía oírlas.

- Deberías buscar ayuda. Hay lugares, Ino, gente que puedo ayudarte a volver a darle sentido a tu vida.

- ¿Eso fue lo que hiciste tú?

Sakura tragó con fuerza, sintiendo la nausea familiar que se elevaba cada vez que esa puerta en particular empezaba a abrirse. Sacudió la cabeza, presionándose el estómago con una mano.

- No estaba en posición de buscar ayuda. Simplemente intenté sobrevivir. - Una vez más miró hacia la cocina, después bajó la voz todavía más. - En realidad nunca conocí a ninguno de mis padres. Mis primeros recuerdos son de una habitación polvorienta en la que comía en el suelo y observaba a los adultos pincharse con agujas en los brazos, en las piernas... en todas las venas que podían encontrar. No sé cuál de ellos era mi madre o mi padre. Ocasionalmente las autoridades me recogían y dejaban caer en casas de acogida, pero principalmente vivía en las calles. Aprendí a luchar para librarme de los traficantes de drogas, los borrachos y cualquier otro hombre que se acercara. Era una forma de vida, y la conocí durante varios años.

- ¿Fue entonces cuando ocurrió? - Preguntó Ino, sus ojos estaban tan llenos de dolor que Sakura quiso apretarla entre sus brazos. Al mismo tiempo quería correr, para no revivir de nuevo ese momento en particular de su vida. No podía soportarlo, no con el ataque de Kabuto en los talones.

- No, habría sido más fácil si hubiera sido un sinvergüenza o un yonkie o incluso un borracho, pero fue alguien en quien confiaba. - Confesó Sakura en voz baja, las palabras salieron a su pesar vinculándola de alguna forma a Ino, un vínculo forjado por un terrible trauma que ambas compartía.

- También para mí fue alguien a quién amaba y en quien confiaba. - Admitió Ino suavemente. - Como resultado de eso ahora no sé en quién confiar. Siento como si él hubiera matado a una parte de mí. No puedo tocar con la banda. Adoraba tocar; la música siempre había estado dentro de mí, y ahora no puedo soportarlo. Me siento muerta sin ella. No puedo quedarme sola con ninguno de los hombres. Crecí con ellos, son hombres a los que siempre he amado, mi familia. Sé que se preocupan por mí, pero no puedo cambiar lo que ha ocurrido.

Sakura se enredó un mechón de pelo rosa alrededor de un dedo.

- Tienes que vivir, Ino, no simplemente existir. No puedes permitir que él robe tu vida, tus pasiones.

- Pero lo hizo. Eso es exactamente lo que hizo. Le amaba como a un hermano. Habría hecho cualquier cosa por él. Aún así fue tan brutal, y sus ojos eran tan viles mientras me hacía daño, como si me odiara. - Ino se apartó. - Eso nos cambió a todos. Los hombres se miran ahora los unos a los otros con sospecha y desconfianza. Si semejante transformación le ocurrió a Sasori, quizás podría ocurrirles a ellos también. Sasuke ha sufrido terriblemente, porque como nuestro líder, se siente responsable. He intentado decirle que no lo es, pero siempre nos ha cuidado y protegido. Sé que si pudiera sobreponerme a esto, aliviaría su sufrimiento, pero no puedo. - Se miró las manos. - Los otros no me tratan como me trataban antes. Gaara especialmente no parece confiar en mí. Ahora me vigilan todo el tiempo, como si fuera culpa mía.

- Probablemente te vigilan protectoramente, no suspicazmente. Pero tú no eres responsable de lo que sienta ningún otro, Ino. Puedes superar esto, como harán los otros en el momento adecuado y a su propio modo. No lo olvides... puede haber ensombrecido tu vida e incluso tus relaciones... pero puedes ser feliz de nuevo. - La reconfortó Sakura.

- Nunca he hablando de esto con nadie, ni siquiera con Hinata. Lo siento. Vine aquí a ayudarte, pero sólo he hablado de mí misma. Quiero gritar, llorar y esconderme en un agujero. Es muy fácil hablar contigo.

Sakura sacudió la cabeza.

- Tienes que encontrar la forma de continuar.

- Por favor cuéntame lo que te ocurrió, como fuiste capaz de afrontarlo.

En la cocina, Sasuke se agitó, renuente a permitir que Sakura soportara todavía más trauma. Pero quería saber, tenía que saber, y comprendió que era importante para ambas mujeres ser capaces de discutir los traumáticos sucesos que había sufrido.

- Conocía a una gran dama que trabajaba en unos de los refugios para vagabundos en los que aterricé. Entonces tenía diecisiete años. Me llevó a su casa. Yo solía robar coches y ajustar los motores sólo por diversión. Ellen me hizo comprender que podía dar un mejor uso a mis habilidades mecánicas y hacerme con una buena forma de vida mientras lo hacía. Me ayudó a que consiguiera graduarme en el instituto, y después me consiguió un trabajo en un garaje con un amigo suyo. Fue grandioso durante un tiempo.

- Pero ocurrió algo. - Sugirió Ino.

Sakura se encogió de hombros.

- Tsunade murió, y de nuevo no tenía ningún sitio adonde ir. Tan pronto como quedé sin protección mi jefe mostró su verdadera cara. Me cogió con la guardia baja. Confiaba en él; era amigo de Tsunade. En realidad no sospechaba de él. - Cerró los ojos contra los vívidos recuerdos que acechaban en su interior, la forma en que la había aplastado contra la pared, dejándola sin aliento, aturdida y completamente vulnerable a su ataque.

- ¿Te hizo daño?

- No fue gentil, si eso es lo que quieres decir, y yo nunca había... estado con nadie. Decidí que no era algo que quisiera repetir. - Se encogió de hombros, intentando no hacer una mueca cuando sus costillas protestaron. - Al contrario que tú, nunca he tenido familia. Estoy acostumbrada a cuidar de mí misma y arreglármelas sola. Siempre he tenido que aprenderlo todo del modo más difícil. A diferencia de ti. Tú tienes una vida, una familia. Sabes lo que es el amor.

- No puedo imaginarme con un hombre nunca más. - Dijo Ino tristemente.

- Tienes que intentarlo, Ino. No puedes retirarte simplemente del mundo, de tu familia. Esto tiene que depender de ti. Ellen siempre me decía que jugara las cartas que me había tocado, en vez de desear que me dieran otra mano. No puedes cambiar lo que te sucedió, pero puedes conseguir que no destruya tu vida.

Escuchando desde la cocina, Sasuke se prometió solemnemente que el grupo pronto tocaría en la ciudad donde vivía el propietario de ese garaje, y le haría una visita. Aun así, esta era la primera vez que había oído a Ino hablar con alguien sobre lo que le había ocurrido, y sintió una sensación de gran alivio. Si podía hablar con Sakura, quizás las dos se beneficiarían de la experiencia.

Podía sentir la debilidad de su pequeña pelirosa. Su cuerpo estaba lastimado y maltratado, estaba exhausta. Sabía que había corrido la gran distancia que se había arreglado para poner entre ellos, y no había tenido dinero para comida u hospedaje. No quería interrumpir a las mujeres, pero Sakura se deslizaba visiblemente hacia abajo entre los cojines del sofá cuando las miró desde el umbral.

Ino lo notó en seguida.

- Hablaré contigo cuando estés más descansada, Sakura. Gracias por compartir tus experiencias conmigo, una virtual desconocida. Creo que te las has arreglado para ayudarme más de lo que yo te he ayudado a ti. - Saludó a Sasuke mientras salía del tráiler.

Sasuke miró hacia Sakura en silencio, intimidante.

- Ahora te vas a ir a la cama, cielo. No quiero oír ninguna discusión.

Sakura ya estaba acostada.

- ¿Algún otro aparte de mí siente la urgencia de tirarte cosas? - Sonaba adormecida, nada combativa.

Sasuke se agachó junto a ella para quedar el nivel de sus ojos.

- ¡Hmp!, No lo creo. Si lo hacen, no tienen la audacia de decírmelo.

- Bueno, creo que lanzarte algo es la única forma de que te marches. - Le dijo Sakura. Los ojos ya se le estaban cerrando, y su voz era débil y triste a pesar de sus fuertes palabras.

Sasuke le acarició el rico pelo rosa-chicle apartándoselo de la cara, sus dedos masajearon el cuero cabelludo.

- ¿De veras? Quizás mañana podría ser mejor momento para intentarlo.

- Tengo muy buena puntería. - Le advirtió. - Sería más fácil si simplemente dejaras de darme órdenes.

- Eso arruinaría mi reputación. - Objetó.

Una sonrisa curvó la comisura de la boca de ella, enfatizando el diminuto corte rojo de un lado del labio. Sasuke resistió el impulso de inclinarse y encontrar el pequeño corte con la lengua.

- Ve a dormir, pequeña. Haré todo lo que pueda para aliviar alguno de tus dolores. Antes de que te quedes dormida sobre mí, te he hecho un brebaje de hierbas que te ayudará a descansar mejor.

- Por qué me siento como si estuvieras tomando el control de mi vida.

- No te preocupes, Sakura. Soy muy bueno manejando vidas.

Pudo oír la risa en su voz, y en respuesta una sonrisa encontró la forma de dibujarse en su boca.

- Vete, Sasuke. Estoy demasiado cansada para discutir contigo. - Se colocó más profundamente entre los cojines.

- Se supone que no tienes que discutir conmigo. - Enfocó su atención en el vaso que estaba sobre el mostrador de la cocina. Flotó desde allí hasta la palma de su mano fácilmente. - Siéntate, cielo. Tienes que beber esto lo quieras o no. - Deslizó un brazo por su espalda y la levantó para poder presionarle el vaso contra los labios

- ¿A qué sabe? - Preguntó ella, suspicaz.

- Hmp, bebe – le ordeno.

Ella suspiró suavemente.

- ¿Qué tiene?

- Bebe, y deja de protestar. - Ordenó, prácticamente derramando el contenido del vaso hacia abajo por su garganta. Ella tosió y escupió pero consiguió que la mayor parte de la mezcla de hierba entrada.

- Espero que no hubiese drogas en eso.

- No, es totalmente natural. Esto hará que duermas más fácilmente. Cierra los ojos de nuevo. - La colocó de vuelta entre los cojines.

- ¿Sasuke?

Pronunció su nombre suavemente, adormilada, y el sonido se derramó en el interior de su alma y tensó su cuerpo con un urgente dolor. Se extendió sobre la cabeza de ella hasta el estante de velas que su familia fabricaba, buscando los ingredientes que producirían los aromas que necesitaba.

- ¿Hmp?

- Gracias por venir tras de mí. No sé si hubiera podido pasar por eso de nuevo. - Estaba tan cansada, que las palabras se le escaparon, revelando mucho más de lo que habría hecho voluntariamente.

- De nada, Sakura. - Recibió el agradecimiento seriamente. Sasuke recogió unas pocas velas, y apagó todas las luces, dejando la caravana en tinieblas.

Un pequeño grito de alarma escapó de la garganta de Sakura.

- Enciende las luces. No quiero que estén apagadas.

- Estoy encendiendo velas para ti, y no estás sola, cielo. Nadie puede hacerte daño aquí. Simplemente relájate, y deja que la bebida haga efecto. Te quedarás dormida, y yo haré lo que pueda por asegurarme de que te despiertes sin demasiado dolor. Si quieres, puedo traer a los gatos para que te hagan compañía.

- No. Yo siempre estoy sola. Así es más seguro. - Murmuró, demasiada ida para vigilar sus palabras. - Cuido de mí misma y no respondo ante nadie.

- Eso es lo que solías hacer antes de conocerme a mí. - Corrigió él gentilmente.

- No te conozco.

- Me conoces. Con las luces encendidas o apagadas, me conoces. - Se inclinó una vez más para acariciar ligeramente el pelo de ella con su boca. El corazón de Sakura casi se paró, después empezó a martillar.

- Sakura, abandona este miedo innecesario. Nunca te haría daño. Puedes confiar en mí. Lo sientes en tu corazón, en tu alma. Las luces no evitan que ocurran cosas malas. También sabes eso. - Pero de todas formas encendió velas por todas partes para que su brillo tenue la reconfortaran y los aromas la apaciguaran.

La bebida de hierbas que le había dado empezaba a hacer efecto, sus párpados se estaban volviendo demasiado pesados para mantenerlos abiertos.

- ¿Sasuke? Odio la oscuridad. De verdad. - Aún así, se dejó llevar por la marea, sin preguntarse por qué se sentía tan segura y reconfortada con él cuando era tan desconfiada con el resto del mundo, cuando él ni siquiera era humano.

Él le acarició el pelo gentilmente, silenciosamente dándole un pequeño empujón mental hacia el sueño.

- La noche es un lugar hermoso, Sakura. Cuando te sientas un poco mejor, te la mostraré.

Sus manos eran tranquilizadoras, y empezó a relajarse bajo los dedos acariciantes, respirando los aromas de las velas. Sasuke empezó un suave canto. No era inglés; nunca había oído el idioma. Las palabras parecieron derramarse sobre ella, rozando su mente como las alas de una mariposa, y no estaba segura de si él las estaba susurrando en voz alta o no.

Sasuke continuó el canto mucho después de que estar seguro de que Sakura estaba profundamente dormida. Sólo entonces se inclinó hacia abajo para inhalar la fresca esencia de ella, para tomarla a su cuidado. Su boca se movió sobre las sienes, el más liguero de los contactos, después aleteó sobre el ojo hinchado. Su lengua bañó el tejido magullado con el agente curativo de su raza. Finalmente, después de tan larga espera, pudo encontrar la tentadora comisura de su boca y lavar el corte con la lengua. Se tomó su tiempo, disfrutando de su tarea, sujetando su mente sobre él, continuando el canto para mantenerla dormida.

La palma de su mano bajó por la garganta, después se deslizó por el hombro, llevándose la túnica con ella, dejando la suave y satinada piel desnuda. Su lengua encontró el borde de un horrible moretón y lo trazó hacia abajo sobre la curvatura del pecho. Sakura gimió y se movió inquieta, luchando contra los estragos del hipnótico trance. Era fuerte, su mente extrañamente diferente, difícil de controlar mientras se permitía esta tentación y usaba sus energías para sanar.

Sasuke se sentía intrigado y asombrado por lo diferente que era de los otros humanos. En todos los siglos de su existencia, nunca se había tropezado con unos patrones mentales como los de ella. A causa de su anterior intercambio de sangre, fue fácil permanecer entre las sombras de su mente, su vínculo era más fuerte que antes. Y también empezó a comprender la enormidad de sus propias emociones, de las consecuencias de sus acciones y de haberla unido a él con las palabras rituales.

Sakura no era una mujer ordinaria que simplemente le atraía sexualmente. Iba más allá de eso, más allá de los límites que anteriormente había aceptado en sus relaciones. Su lealtad estaba completamente con esta pequeña mujer, incluso por encima de la que debía a su propia gente, aquellos a los que había protegido, para los que había cazado, por los que había matado, conduciéndoles a través de siglos de aguas turbulentas y cambios.

Sasuke suspiró y lamió gentilmente un enorme moratón multicolor en el torso de Sakura. Sabía que protegería a esta mujer por encima de todos los demás. Trazó la delicada línea de su mandíbula. ¿Qué tenía que le hacía sentirse más leal a ella que a su propia familia, que a su propia raza?

En la mente de ella encontró un gran valor y una tremenda capacidad de compasión y comprensión. Estudió su cuerpo, tan frágil y delicado, tan perfecto. Con un pequeño suspiro cerró los bordes de la túnica y tiró de la manta para cubrirla hasta la barbilla.

Se envió a sí mismo a buscar fuera de su cuerpo y en el interior del de ella, algo que raramente había intentado con un humano. Requería mucha más concentración que con uno de su propia especie.

Encontró cada magulladura en los órganos internos y lentamente las reparó de dentro hacia fuera. Se estaba familiarizando íntimamente con la mente de ella, con su cuerpo, como un amante, aunque todavía no había compartido su cuerpo o mente como él hubiera querido.

Sasuke. La llamada mental de su hermana le llevó de vuelta a su propio cuerpo.

¿Hmp? Respondió.

Siento tu hambre. Ve a cazar. Nosotros cuidaremos deSakura. No te preocupes, hermano. Estará a salvo conmigo.

Sólo tú. La orden se le escapó antes de poder censurarla, más por celos que por temor a que alguno de los suyos pudiera hacer daño a Sakura. Cuando su hermana rió suavemente, la fantasmal belleza de las notas le rozó la mente, se maldijo por revelar su pérdida de control.

Hmp Cállate, Hinata. Dijo sin rencor, su voz una mezcla de afecto e hipnótica hechicería.

Cómo caen los poderosos.

He notado que ese hombre tuyo te sujeta con una correa corta, soltó él en represalia.

Necesitas alimentarte, Sasuke. Incluso los felinos pueden sentir tu hambre. Yo, sólo yo, vigilaré a Sakura.

Sasuke suspiró suavemente. Hinata tenía razón. No podía arriesgarse a que los gatos se impacientaran; podrían resultar mortales si se alteraban lo suficiente. Se levantó a regañadientes. No quería dejar a Sakura, porque sentía las pesadillas acechando no muy lejos de ella, pero se dirigió pausadamente hacia la puerta, donde Hinata esperaba al otro lado.

Salió e inhaló la noche, permitiendo que el viento le trajera información de las criaturas escondidas en sus guaridas, de las presas humanas de las inmediaciones. Sasha y Forest se acercaron, frotándose contra él. Sintió su aguda insatisfacción. Sasuke automáticamente les aseguró que cazaría, se alimentaría. Se estiró, relajando los músculos, y empezó a correr, cambiando de forma mientras lo hacía. Los dos felinos le flanqueaban, ansiosos por cazar. La banda se movería pronto para cumplir con el próximo compromiso de su agente, pero mientras estuvieran en una ciudad, los leopardos tenían que comer comida que para ellos que preparaban sus compañeros Cárpatos. A pesar de que había muchas presas a su alrededor, los felinos tenían prohibido cazar excepto en los lugares salvajes, ésta era parcialmente la razón por la que el grupo intentaba acampar con frecuencia en bosques remotos, parques y reservas, permitiendo que los leopardos utilizaran sus habilidades naturales, manteniéndolos contentos.

La forma de Sasuke se contoneó y estiró, un hocico se alargó y redondeó mientras se inclinaba, largos y nervudos músculos que se deslizaron para cubrir su cuerpo. Se extendieron garras como cuchillos, para retraerse después hasta que las necesitase. Su espira dorsal se alargó y se volvió extremadamente flexible, los hombros se ampliaron, dándole mayor equilibrio. Las patas acolchadas le permitían correr silenciosamente. El pelaje negro ondulado, causó comezón durante un momento mientras se extendía para cubrir rápidamente el musculoso cuerpo recién formado.

Los leopardos eran siempre rápidos, ágiles, astutos, y extremadamente peligrosos. Con frecuencia el cazador de un leopardo se convertía en la presa. De todas las especies felinas, eran los más inteligentes. Su cerebro desarrollado, según sabía Sasuke, era comparado con frecuencia con el de las marsopas, y había tenido conocimiento de primera mano, a través de los siglos, de sus habilidades de razonamientos. Pero como siempre, cuando cazaban juntos, Sasuke los dirigía. Sasha y Forest preferían cazar desde las ramas de los árboles, saltando sobre las presas desprevenidas desde arriba. Cuando era niño Sasuke había aprendido paciencia de su especia. Ahora también él podía esperar y vigilar, permanecer completamente inmóvil y silencioso o arrastrase sin ser detectado a través del bosque o la jungla, acechando, con la barriga pegada al suelo, pulgada a pulgada, con un increíble control muscular. Cuando saltaba, lo hacía con increíble rapidez, como aquellos de los que había aprendido este arte. Pronto, sin embargo, se había vuelto patente para él que, como hombre de los Cárpatos depredador como era, que no podía afrontar el seguir mucho tiempo en el cuerpo del leopardo, de instinto indómito y asesino, sin destruir, en vez de simplemente alimentarse de su "presa".

Los leopardos solían tener largos y agudos caninos para agarrar, sujetar, perforar y rasgar. Sus garras afiladas podían deslizarse a través de la carne como un cuchillo. Aunque hábiles e intrépidos, y increíblemente inteligentes, su humor cambiaba rápidamente lo que los hacía altamente impredecibles. Aun así, sus mentes estaban siempre trabajando, siempre buscando un desafío. Los hombres de los Cárpatos estaban demasiado cerca de la especie como para alimentarse precisamente de la misma manera, para doblegar a la bestia depredadora que rugía enfurecida dentro de ellos mientras estaban en el cuerpo del leopardo. Se requería que el hombre, recurriera a su código del honor, su conocimiento de lo que estaba bien o mal, en vez de a la ley de la jungla, para alimentarse sin matar.

Sasuke sentía un gran respeto por los leopardos, sabiendo que eran tan peligrosos como él mismo, y nunca perdía de vista sus salvajes tendencias o la de los felinos. Ambos eran silenciosos, depredadores invisibles, y cuando algo iba mal, al igual que lo hacía su propia especie, se convertían en el mal encarnado.

Justo ahora, con la noche envolviéndoles, con la esencia de la caza fresca y abundante, sentía la alegría de la caza, el único placer que había conocido durante muchos años.

Normalmente era un cazador solitario, pero hacía varios siglos Sasuke había aprendido a convocar varios felinos para que se reunieran y poder aprender las habilidades que necesitaba. Como niño que era no había sido lo suficientemente fuerte como para cazar solo, y había desarrollado sus habilidades mentales antes de que su fuerza muscular. Y eso le había ayudado a poner a punto, a afilar su habilidad para forzar mentalmente su conformidad incluso mientras adquiría las habilidades del cazador.

De todos los felinos, los leopardos podían ser los más peligrosos devoradores de hombres, con frecuencia quedaban en tablas con cazadores profesionales que los acechaban. Eran lo suficientemente sigilosos y atrevidos, lo suficientemente silenciosos como para entrar en un campamento y arrastrar a la fuerza a una víctima, con frecuencia sin ser detectados. Por eso era necesario mantener a Sasha y Forest siempre bajo control. Había muchos humanos acampando y paseando por los bosques. Los felinos sabían que él cazaba a los humanos, obteniendo su sustento de ellos, aunque también sabían que a ellos les estaba prohibido abatir a una presa tan fácil. A veces se sentían descontentos y malhumorados por el reglamento que los restringía. Les dirigió hacia los venados y otra fauna del área, deseando cometer la menos cantidad posible de errores. Sasha y Forest debían alimentarse primero así estarían preocupados en devorar sus presas mientras él buscaba sangre fresca.

Se movieron como una unidad, explorando el terreno. Sasuke olió una pequeña manada de venidos alimentándose tranquilamente en las inmediaciones. Como el sistema de radar móvil que eran, los leopardos procedieron silenciosamente. Sus largos bigotes, terminaban en puntas afiladas, leyendo las corrientes de aire y los objetos, así los felinos y Sasuke podían avanzar implacablemente hacia su desprevenida presa.

Sasuke eligió el objetivo, buscando a los dos animales más débiles del grupo. El leopardo normalmente elegía dar muerte al más fácil, al más distraído, el que vagaba inadvertidamente cerca del árbol que el leopardo estaba utilizando.

Sasha protestó retorciendo los labios, pero Sasuke la empujó mentalmente incluso mientras empujaba sus hombros mucho más pesados contra ella en reprimenda.

Reaccionó con un silencioso gruñido pero saltó ágilmente a la rama de un enorme árbol. Estirando su largo cuerpo, se tendió inmóvil, con sus ojos ámbar fijos en su presa. La gama que se movió hacia ella era más vieja de lo que a Sasha le habría gustado, pero Sasuke era enorme, con unas buenas doscientas libras de peso y feroces músculos, ninguno de los felinos se atrevía a desafiarle demasiado.

Forest rondaba en círculos a favor del viento hacia la presa rezagada del rebaño de venados que Sasuke había seleccionado para él. Se hundió entre los arbustos, su pelaje moteado se confundía fácilmente con la vegetación. El gamo era cauto, levantaba la cabeza de cuando en cuando, buscando en el aire un indicio de peligro. Forest se movió una pulgada, se congeló, después se movió de nuevo.

Sasuke se colocó en posición cerca de los dos venados, para conducirlos de regreso si, por alguna razón, escapaban, aunque Sasha y Forest tenían demasiada experiencia para exponerse a sí mismos o permitir que el viento llevaran sus esencias hasta la presa. Sasuke ayudó sólo en mantener el viento inmóvil, manteniéndolo lejos de la presa hasta que Forest estuviese a escasos pies de su gama y la presa de Sasha estuviera directamente bajo su rama del árbol. Los enormes felinos entraron en acción simultáneamente, sobresaltando al resto de la pequeña manada. Los venados huyeron en pánico total, dispersándose a través de los árboles, pero las dos víctimas quedaron atrás.

Sasuke dejó atrás a los felinos colocando un campo preventivo a su alrededor, creando una oscura y opresiva sensación que esperara el aire y mantuviera lejos a cualquier campista humano o cazador que pudiera vagar demasiado cerca de donde los gatos se estaban alimentando. Sasha y Forest conocían las reglas, pero los instintos, tan viejos como el tiempo, les habían regido mucho antes de que lo hicieran sus compañeros Cárpatos.

Sasuke se movió infaliblemente a través de los bosques hacia el campamento humano. En su presente forma podía saltar fácilmente sobre los troncos caídos o cualquier otro obstáculo que apareciera en su camino. Celebró la sensación de sus músculos nudosos bajo el pelaje. Antes de perder sus emociones siempre había amado la noche, y ahora, al fin, podía disfrutar verdaderamente de ella, no recuerdos ensombrecidos u obtenidos a través de la mente de su hermana, sino a través de sus propios sentidos. La tierra húmeda bajo sus pies, la inquietud de las criaturas nocturnas, el poder surgiendo a través de él, el viento soplando entre los árboles, haciéndolos balancearse y danzar a su ritmo. Incluso celebró el hambre implacable y dolorosa que invadía su cuerpo. Sakura. Había traídos los colores a su mundo. Emociones. Le había traído de vuelta a la vida desde el borde de la muerte. Le permitió sentir el amor y devoción por su familia; ya no necesitaba fingirlo, un débil recuerdo de emoción. Ahora, cuando levantaba la mirada hacia Hinata, su corazón se encogía. Cuando veía a Ino, era a través de los ojos de la compasión, de un profundo afecto.

¿Pero qué iba a hacer con Sakura? Era humana. Estaba prohibido unirse a ella. Aunque había pronunciado las palabras rituales que los unían. Había compartido sangre con ella, y lo haría de nuevo. Lo sabía. La mera idea del sabor de ella mojando su boca y su cuerpo se endurecía con un deseo salvaje e implacable. Era adictiva, su sangre saciaba la terrible hambre como nada lo había hecho jamás. Sabía que cuando su cuerpo reclamara el de ella, se deleitaría con su sangre, desearía ardientemente el intercambio entre ellos. La idea de la boca de ella contra su piel era insoportablemente erótica.

Empujó su mente con fuerza lejos de esa vívida imagen. Ya tenía problemas para controlar su urgencia de unirse a Sakura, de reclamarla completamente. Le debía al menos dejarla que le conociera antes. Aún así, estaba hecha para él, su otra mitad. Lo sentía en su corazón, en su mente, su misma alma. Cuando envejeciera, él elegiría envejecer con ella, y afrentaría el amanecer. Abandonaría tranquilamente este mundo cuando ella lo hiciera.

Con la decisión vino la paz. Hinata tenía ahora a Naruto, y Gaara y Neji eran capaces de cuidar de Ino. Él tendría sus años con Sakura, largos y felices años llenos de amor y risas y la belleza del mundo a su alrededor. Sabía que su decisión significaba que ya no podría buscar la paz restauradora de la tierra. Ya no podría soportar separarse de Sakura mucho tiempo. Y ella necesitaba de su protección.

El olor de la presa se volvió agudo en sus fosas nasales. Una tienda de campaña se alzaba ante él, bajo la protección de los árboles. Dentro un hombre tendido junto a una mujer. El leopardo avanzó arrastras hasta el interior del refugio de lona, el olor de la sangre caliente le inundaba y su bestia interior rugía pidiendo alivio. Agachado sobre el fuerte y saludable cuerpo del hombre, Sasuke se concentró en Sakura. Eso suavizó al depredador interior y le permitió tomar forma humana, para atrapar a la pareja con un velo de sueño, de fantasía. El hombre se volvió hacia él y ofreció su garganta. Sasuke sintió el familiar borde de sus colmillos alargándose contra la lengua e inclinó la cabeza para beber.

El primer indicio de ansiedad le golpeó mientras cerraba las heridas, asegurándose de no dejar ninguna evidencia de que había estado allí. Cambió de forma, deslizándose encubiertamente fuera de la tienda antes de soltar a la pareja del trance de aceptación. La mujer gimió suavemente, se volvió, y se acercó más al hombre en busca de protección. Él reaccionó, incluso en su sueño, deslizando un brazo alrededor de la cintura de ella.

Sasuke empezó a moverse rápidamente a través de la reserva, su cuerpo se encogió, tomó una forma aerodinámica y maniobró silenciosamente a través de la espesa vegetación. Se detuvo a varias yardas de Sasha y Forest. El leopardo macho estaba todavía hartándose, agachado sobre su víctima. Sasha estaba ya en los árboles, los restos de su cadáver estaba en ramas, reservados para el día siguiente.

Continuó, su mente ondeaba inesperadamente con imágenes de pesadilla. Un hombre alto y corpulento de enormes brazos y con un intrincado tatuaje de una cobra en sus bíceps protuberantes. Cuando el músculo se movió, los colmillos de la serpiente se abrieron de par en par. Lentamente el hombre volvió la cabeza, su sonrisa obscena y llena de triunfo. El propietario del garaje que había asaltado a Sakura.

Sasuke empujó con su mente para entrar en la de Sakura. Las imágenes llegaban de ella incluso en su profundo sueño. Su angustia era ahora tan vívida, la emisión era fuerte, que los felinos tras él la recogieron. Oyó sus chillidos familiares y extraños y les envió una rápida orden de silencio, de seguirle directamente hasta el campamento.

Requería toda su atención sujetar la mente de Sakura con la suya, pero siglos de perfeccionar sus habilidades le habían puesto en forma. La consoló, dirigiendo sus pensamientos lejos de la pesadilla.

Hinata ya tenía la puerta de la caravana abierta y permaneció a un lado mientras el enorme leopardo saltaba con facilidad al interior del vehículo, cambiando de forma mientras lo hacía. Sasuke aterrizó sólidamente sobre dos pies, avanzando a zancadas hacia el sofá.

- Está asustada, una pesadilla. - Estableció suavemente, agachándose junto a la esbelta figura, apenas dirigiendo una mirada a su hermana. - Déjanos.

Fue consciente de que Hinata le miraba durante un largo rato, sintió su desconcierto. Estaba actuando de forma completamente ajena a su carácter con Sakura, y era obvio que sentía algo por ella. Su misma postura gritaba posesión, protección.

- Es humana, hermano. - Dijo Hinata tranquilamente.

Sasuke emitió un gruñido bajo y retumbante de advertencia, el sonido vibró en su garganta. Hinata puso una mano protectora sobre su propia garganta y volvió los ojos abiertos de par en par hacia Naruto, que se había materializado instantáneamente en la puerta en el momento en que Sasuke emitió su advertencia. Hinata salió apresuradamente. La tensión permanecía entre su hermano y Naruto. No podía considerárseles amigos. Ambos la protegían, pero ambos eran hombres fuertes y poderosos que seguían su propio camino, forjando sus propias reglas. Como resultado, su relación era tensa en el mejor de los casos. Colocando una mano justo en el pecho de Naruto, Hinata empujó a su compañero lejos de la caravana. Él respondió enroscando los brazos alrededor de su cintura y levantándola contra su fuerte cuerpo, su boca encontró la de ella, enseguida hambrienta y tierna.

Sasuke ignoró toda la escena, su atención estaba centrada completamente en Sakura. El pelo se extendía alrededor sobre la almohada, y su mano, por propia voluntad, se movió para capturar la espesa masa en la palma. Su cuerpo se tensó, empujado por una dolencia imparable. Parecía tan joven y vulnerable en su sueño. Sakura intentaba parecer dura, pero Sasuke sabía que necesitaba a alguien que la protegiera y compartiera su vida. Estaba tan sola. Estaba escrito en su mente. Compartiendo sus pensamientos y recuerdos como estaba haciendo, le descubrió en ella la misma dolorosa soledad que moraba profundamente en su propia alma. Aunque era diferente a él en que estaba llena de compasión y amabilidad, todo lo que él no era. Con todo el daño que le habían hecho, no tenía ideas de venganza, ni odio amargo, sólo una tranquila aceptación. También tenía una firme resolución de permanecer alejada de líos, llevando una existencia aislada y solitaria.

Los patrones de su mente eran interesantes. Prefería la compañía de animales. Podía entenderlos fácilmente, su lenguaje corporal, sus pensamientos. Podía comunicarse con ellos sin palabras.

Sasuke inhaló su esencia, tomándola en sus pulmones, en su cuerpo, y sosteniéndola allí. Era única entre los humanos, la forma en que podía leer la mente de los animales que la rodeaban. No la afligía... amaba a los animales... pero las reacciones de los humanos antes su don era siempre negativa. Sasuke se inclinó para tender la cabeza sobre la de ella, refrenando a la bestia interior que rugía clamando liberación. Todos sus instintos pedían que la reclamara irrevocablemente de una vez por todas. Su cuerpo necesitaba el de ella desesperadamente. El salvaje anhelo de saborearla le empujaba con fuerza.

Pero ella necesitaba descanso y cuidados. Se merecía algún tipo de cortejo. Fue su misma vulnerabilidad lo que mantuvo a la bestia atada. Sasuke se conocía bien a sí mismo, sus virtudes y debilidades. Era tan implacable y duro como la tierra en la que había crecido. Tan salvaje e implacable como los leopardos con los que había corrido. Mataba sin emoción, sin malicia, pero mataba cuando lo estimaba necesario y nunca miraba atrás.

Sakura le pertenecía. De algún modo, y no tenía ni idea de cómo había ocurrido, una humana era su otra mitad. Su alma se amoldaba a la de él como un engranaje, los bordes afilados encajaban perfectamente. Sabía que el cuerpo de ella estaba hecho para él, que encontraría en ella el mismo fuego que ardía a fuego lento en su interior.

Duerme profundamente, cariño, sin malos sueños. Yo te vigilaré. Murmuró las palabras suavemente en su mente, llenando su cabeza de sueños placenteros, con cosas que recordaba de su niñez. La belleza de la sabana, el misterio del monzón, la abundancia de colores, de animales. Conjuró la excitación de su primera caza con los leopardos. Había intentado dejarse caer desde las ramas de un árbol como había visto hacer a los animales más viejos pero había aterrizado delante de su pretendida víctima, inadvertidamente haciéndola correr a toda prisa fuera de su alcance. Se encontró a sí mismo sonriendo ante el recuerdo, sonriendo como estaba haciendo ella en su sueño.

Su mano se cerró sobre la de ella. Cascadas, la majestuosidad del agua espumosa cayendo desde cientos de pies de altura. Cocodrilos, antílopes. El orgullo de los leones. Con los detalles llegaron los aromas, la sensación y calor sofocante de África. Lo compartió todo con ella, reemplazando los terribles eventos del día, de su pasado, reemplazando la pesadilla con algo hermoso.

Eres un hombre notable, Sasuke.

Se quedó inmóvil. Le había hablado telepáticamente. No por el mismo vínculo que solía usar su familia. Este era diferente, más íntimo. Pero era su voz; no había error en eso. De algún modo, en medio del sueño inducido por las hierbas y la compulsión, era todavía consciente de la presencia de él en el interior de su mente. Era increíble que una humana pudiera tener tales poderes.

Examinó su mente de nuevo. No se parecía en nada a las mentes humanas a las que estaba acostumbrado. Le intrigaban, sus capas y compartimentos, como si tuviera las cosas pulcramente archivadas y guardadas bajo llave. Quizás había sido demasiado complaciente con ella.

¿Puedes oírme? preguntó en su mente.

¿No quieres que te oiga? ¿Por qué me estás hablando de todos esos lugares maravillosos y esos recuerdos excitantes si no quieres que te oiga?

De nuevo notó el ronco terciopelo de su voz, como una caricia adormecida, una amante acurrucando su cuerpo sin pensarlo contra el de él. ¿Siempre sonaba así? ¿Oían los otros la nota erótica y sexy en su voz?

¿Esta forma de comunicación no te asusta? preguntó.

Estoy soñando. No me importa soñar contigo. Estás compartiendo mi mente; yo estoy compartiendo la tuya. Sé que sólo deseas ayudarme a dormir sin pesadillas.

¿Podía ser así de simple? ¿Creía que todo era sólo un sueño? Sasuke se llevó la mano de ella a la calidez de su boca. Estaba sonriendo cuando besó sus nudillos. La mano todavía magullada por la lucha. Sin pensarlo conscientemente, acarició con su lengua las oscuras marcas púrpuras y azules. Duerme, pequeña. Duerme profundamente y no te preocupes por nada. Deja que tu cuerpo sane.

Buenas noches, Sasuke. No te preocupes tanto por mí Soy como un gato: siempre aterrizo de pie.