Segunda Parte y ETC


Lise despertó cuando el sol estaba alto en el cielo. Sintió bajo su cuerpo el ya acostumbrado lecho de hojas muertas del bosque, la suave capa que la cubría tenía el aroma de Hawk. La cama de Angela seguía sin desaparecer, así que asumió que seguiría dormida. Evidentemente no se levantaría hasta que la despertasen a gritos.

¿Y Hawk? No estaba a la vista, ni había rastro alguno de él.

Se levantó, envolviéndose con la capa, sujetándola por sobre sus hombros. Recordaba poco de lo que había pasado y se sentía algo mareada. Decidió volver a su rutina. Revisó sus provisiones, necesitaban agua. Cerró los ojos y puso atención, las aves revoloteando, el viento atravesando el forraje, alguna rama pisada en el suelo, el frío, el sonido del agua corriendo a través del bosque, no lejos del campamento, una cascada y un riachuelo, no demasiado alta, ni abundante, pero suficiente.

Se guió por el sonido, caminando con tranquilidad, disfrutando la sombra de los árboles y el aire tibio del medio día. Encontró el río en un claro del bosque, sonrió al divisarlo y se acercó para sacar algo de agua, pero al mirar a su derecha, hacia la cascada, se paralizó. Bajo el agua, reconoció un larguísimo cabello púrpura, lacio y brillante por el líquido. Un musculoso brazo se alzó, sujetando todo el cabello para pasarlo por sobre el hombro izquierdo, revelando una espalda firme y gruesa, cruzada por algunas cicatrices.

No puede ser . . .

La mirada de Lise se deslizó de la nuca y el fuerte y definido cuello, se paseó por los hombros descubiertos, bajó por la espalda, deseando delinear la columna con la yema de sus dedos en lugar de usar sólo su mirada, luego bajó más . . . atenta a todas las contracciones de los músculos, a cada centímetro recorrido por el agua, pensando que también le habría ido bien un baño.

Sentía un rubor intenso en sus mejillas y apenas había sido capaz de razonar lo suficiente para esconderse por si él miraba. Hawk, bajo esa cascada, con su atlético cuerpo de guerrero, su piel tostada por el sol del desierto, las cicatrices, antiguas y nuevas, de batallas, combates y escapes.

Con los movimientos que hacía se marcaban algunos músculos y Lise no sabía exactamente donde estaba su atención . Las piernas firmes y poderosas ¿eran así antes o se habían fortalecido con las eternas caminatas que ella exigía? Esos brazos que parecían a la vez protectores y letales, lo último para el enemigo, lo primero para ella . . . sólo para ella . . . y quizá Jessica . . . pero . . . en ese momento eran de ella . . . Y la espalda, parecía esculpida por hábiles artesanos. Y ella, cuánto deseaba recargarse en esa espalda y olvidar . . .

¡Nunca!

¿Para que seguir torturándose con la visión de un hombre que nunca la amaría? . . . pero esos brazos . . . que la habían acunado la noche anterior, la habían protegido, la habían traicionado . . .

¡No!

No . . . no podía saberlo . . . y quizá ¿Cuántas otras chicas . . .?

Hawk era así por naturaleza, amable con las chicas, amistoso con los chicos . . . sí, así era él, no era un trato para ella, era un trato para sus amigas . . . para sus chicas . . . para ellas . . . esas que él . . .

Durante la noche, él la había drogado, sí , pero . . . ¿qué más habría hecho? Ella se durmió profundamente y ni siquiera sintió cuando él se levantó.

Lise se abrazó a si misma, temblando . . .

¿Le habría hecho algo? ¿Y a Angela? ¿Y a otras? ¿Cuántas y cuales otras? Si tenía en su poder esa clase de drogas . . . ¿Cuántas veces antes las habría utilizado? ¿Sería capaz . . .?

En su intento por controlar su miedo, sin querer sujetó los bordes de la capa. Eso la tranquilizó.

Hawk jamás sería capaz, nunca le haría algo a ella . . . o a otras. Simplemente él no era así, Hawk no podía serlo . . . y él amaba . . . a Jessica y no se atrevería . . . y si se atreviera, no necesitaría hacerlo, bastaba con su sonrisa para que las chicas, como ella, como Lise, cayeran.

- ¿Realmente puede cobrar tanto?

Eso ya no importaba. La única pensión del pueblo estaba llena y pudieron rentar los últimos dos cuartos. Sí , era demasiado costoso para viajeros como ellos, pero Hawk se las arregló para conseguir el dinero. Lise se entristeció por eso, como siempre, pero no habló, ni reclamó. Ya conocía de memoria la respuesta de Hawk: "¡Estamos salvando el mundo! Deberían agradecernos." La idea la hizo sonreír con nostalgia por un instante. En ese momento se sintió agobiada. ¿Quién demonios determinó que el destino del mundo debía estar sobre los hombros de tres adolescentes? Trató de no darle muchas vueltas. Fuera el destino o el Azar (o el azar como una forma de destino), ella en ese momento lo único que deseaba era descansar en una cama de verdad y lejos de la visión (y la vista) de Hawk.

Iban por el pasillo, Hawk miraba a Lise con preocupación, quien miraba el suelo con indiferencia, quizá sin siquiera saber que estaba mirando el suelo. El chico había esperado el clásico regaño para sacarle una sonrisa con alguna tontería, pero ella no lo permitió y él no sabía si eso le alegraba o le preocupaba. Angela se adelantó y cogió para sí el cuarto más caro, que tenía una sola cama y un baño privado, encerrándose ahí con aire de no querer siquiera pensar en compartir el lujo con su compañera y mucho menos su compañero de viaje.

Lise siguió el camino en silencio, sólo suspiró con resignación, mientras ella y Hawk eran guiados al otro cuarto. Era el último del pasillo, un piso más arriba, casi un ático. Había allí dos camas en una pieza que parecía ser para una sola, al menos eso explicaba el reducido espacio entre ellas . El chico charló un instante con el hospedero sobre detalles para el día siguiente, horario de comidas y los alimentos que se servían además del costo. Ella aprovechó ese tiempo, entró y cerró la puerta (que no tenía para poner llave), dejó sus armas a los pies de la cama, se quitó los zapatos, la pesada armadura que la protegía y su vestido verde, dejando solamente el falso blanco que usaba sobre su cuerpo. Luego se acurrucó bajo una gruesa frazada, dándole la espalda a la otra cama, mirando el muro, distraída con los dibujos de la veta en la madera con la que estaba construido. Cuando estuvo así, Hawk entró al cuarto, cerrando la puerta tras de sí, con un viejo truco para que nadie más abriera y entrara de pronto: trabarla con una silla.

- Así nadie robará nuestras cosas.- dijo.

- Apuesto que has burlado sistemas mucho más complejos que ese.- ella lo dedujo por el ruido, no quería mirar.

Hawk se quedó mirando a Lise unos segundos, sin saber exactamente que hacer o decir. Esa actitud, ese desgano . . . quizá era cansancio o su forma de reprimir el temor ante el fracaso en su misión. Era natural, no era el reino lo más importante, sino la vida de su pequeño hermano y ella no podía perder, no después de todo lo que había pasado. Sonrió con ternura ante la idea, tratando de entender como una chica tan fuerte y decidida podía tener miedo de fallar, por alguna razón le parecía que era una actitud adorable. En especial porque Lise era de la clase de personas que no da algo por terminado hasta que está bien hecho. Se sentó en la cama con una sonrisa.

Ella suspiró, abrazando la almohada. Le pidió con fingida indiferencia que se apresurara y apagara la vela, que deseaba dormir pronto y madrugar. El chico obedeció con calma, mirándola de tanto en tanto, sin saber bien si esperaba que ella lo mirase o si en lugar de eso deseaba que no supiera que él la miraba o más bien vigilaba. Cuando las luces se apagaron, la luz de la Luna Nueva atraves de forma etérea la delgada cortina. Hawk estaba tirado boca arriba en la cama junto a la ventana, medio metro a su izquierda estaba la cama donde Lise permanecía recostada, de espaldas a él.

La chica se dio vuelta sólo para descubrir los luminosos ojos del chico, que parecían mirarla.

Imposible . . .

- ¿No puedes dormir?

Lise suspiró como respuesta.

- No lograrás mucho con tanta preocupación . . .

- Lo sé . . .

Hawk se levantó y se acercó a ella.

Latidos . . .

Ese torso desnudo, con pectorales y abdominales marcados hasta el más ínfimo detalle. Era el más perfecto que jamás hubiera visto. Estaba cerca, tanto . . . que podría . . . besarlo . . . besarlo en donde latía su corazón . . .

- ¿Qué . . . haces?

Hawk había levantado la frazada con la que Lise se cubría, metiéndose en la cama junto a ella, envolviéndola en un abrazo cálido.

- Quizé es el frío lo que te impide dormir . . .

Temor . . .

- ¡Ni se te ocurra volver a drogarme! Lise trató de apartarse, con cierto pudor, recordado sus pensamientos de esa mañana. Sentía los fuertes brazos y las manos que la sujetaban, no pod a decidir si eran protectores o si representaban una amenaza.

- Perdóname .- estas palabras del chico hicieron que ella se paralizara. Esto le permitió acercarla a su pecho.

- ¿Qué? - los dedos de Hawk rozaron su rostro cuando él quiso quitarle un mechón de cabello de la frente y moverlo suavemente hasta atrás de la diminuta oreja de Lise, acariciándole el lóbulo con la punta de su índice derecho.

- Perdóname. - repitió.- Realmente creí que necesitabas dormir y no se me ocurrió otro modo . . .

Sentía el pulso incontrolable, deseando con desesperación que no lo notara, así como el rubor en sus mejillas.

¡Para! ¡Por favor, cálmate! ¡No debe enterarse! Jamás debe saber que yo . . .

Se mantenía en silencio, triste. No sabía exactamente que hacer, decir o pensar. El colchón relleno con paja, algo duro, pero mejor que el suelo de hojas, el contacto de una piel suave, los cabellos que rozaban su rostro, el aroma de su cuerpo, la sensación de la poca ropa que los separaba, la frazada que cubría sus cuerpos . . . Su mente estaba aturdida por tantas sensaciones, tan repentinas todas. Estar tan cerca . . .

Tan malditamente cerca y no poder . . .

- Anoche . . .

- Me agradó dormir contigo . . . tienes un aroma . . . de hogar . . . no sé si fraternal o maternal . . . sólo sé que es de hogar . . .

Lise se sonrojó más, escondiéndose en su pecho, murmurando que no hacía falta que la cuidara así.

- Eres mi amiga, me importas mucho, es natural que me preocupe por ti.

Entonces Hawk le dio un beso. Un beso en la frente, era un beso de buenas noches, una calidez general, el torso más cómodo que pudiera desear, los brazos más fuertes que la podría rodear jamás y ella, Lise, era su amiga . . . Lise y Hawk eran amigos . . . y a él . . . le importaba que ella estuviera bien . . . a él simplemente le importaba Lise.

Cuando despertó y vio a Hawk dormido a su lado, aún abrazándola con ternura, se preguntó si acaso podía ser más feliz. Luego se reprochó. No tenía derecho a ser feliz mientras no detuvieran a Bigieu. Pero quizá sólo ese día . . . si tan solo pudiera mantener con ella ese recuerdo . . . esa sensación de dicha, quizá ya no se sentiría tan triste, ni tan sola . . .

Desayunaron en silencio, tranquilos, sonriéndose a ratos. Estaban preocupados por la posible presencia de algún guerrero enemigo. Sabían que las tropas seguían moviéndose y que ellos podían terminar involucrados en una batalla que sólo los retrasaría. Cualquiera podía estar buscándolos desde que tenían en su poder la espada Mana. Por eso no hablaron siquiera, atentos a cualquiera que pudiera entrar o salir del comedor.

Irían a despertar a Angela luego. Por ahora podían hacerse compañía, mirarse por breves segundos a los ojos . . .

Sonrisa dulce, mirada cálida . . . tú , refugio, fortaleza . . .