Un chico tricolor con un extraño peinado corría por los pasillos de aquel palacio abandonado, llevaba una armadura un poco desgastada y la espada que aun empuñaba en la mano tenía en su hoja la sangre del dragón con el cual acababa de luchar, cruzó una puerta que estaba rodeada de guardias y que tras la cual habían un montón de escaleras en espiral yendo directamente hacia arriba, a pesar del cansancio que le invadía, el no pararía hasta encontrarla, tenía que hacerlo. Cruzo otra puerta, la cual se encontraba en lo más alto de aquella torre la cual le costó escalar, detrás de ella, había un gran cuarto, con una cama amplia en medio, la cual la cubrían algunos cortinajes de seda casi transparentes.

Camino hacia allí y quito esos cortinajes de en medio, para luego ver una castaña dormida en medio de la cama pacíficamente. Sus manos se encontraban entrelazadas arriba de su estomago, pero ni un solo musculo de ella se movía excepto su pecho, el cual subía y bajaba lentamente debido a la respiración. No pudo evitar más que admirar aquella angelical cara dormida, aquel rostro que había estado esperando ver desde hace mucho; no pudo evitar acariciar una de sus mejillas con sus manos, aun conservaba aquella calidez que la caracterizaba. Ahora sabía lo que tenía que hacer.

Acto seguido, dejó caer su espada con pesadez, como si no lo quisiera en primer lugar, apoyo una de sus manos en la cama donde dormía la chica, y se fue agachando lentamente. En poco tiempo, sus labios llegaron a los de la chica, y se fundieron en un beso, fue uno simple, pero lo suficientemente como para hacerlo feliz. Poco tiempo después de que se iniciase el beso, la chica empezó a abrir sus ojos lentamente, como si despertara de un largo letargo, se encontró sorprendida inmediatamente por lo que el chico estaba haciendo.

Él se separo de ella segundos después de que despertara, sus brazos ahora se encontraban apoyadas cada una al lado de la chica, quien se encontraba sonrojada. Le sonrió dulcemente al verla, aunque estaba sonriendo más para sí mismo que para ella. Allí estaba tan hermosa, tan perfecta como la recordaba desde aquel pequeño encuentro que habían tenido en el bosque.

Repentinamente Tres mujeres entraron a la habitación, sorprendentemente se encontraban flotando un par de metros del aire, una de ellas era rubia, la otra castaña y la otra de cabellos negros y tez morena, las cuales sus nombres eran Mai, Serenity e Ishizu.

Ahora que has despertado a la princesa, el reino puede volver a la normalidad y… uh…- empezó a decir la castaña dando un paso adelanta relajada porque ya había terminado todo aquel desastre…

¡OIGAN, ESTO ES UN CUENTO PARA NIÑOS, NO UN PORNO!- gritó repentinamente la rubia al ver que el chico había cerrado la pequeña cortina mientras se le abalanzaba a la princesa, quien al parecer, no estaba para nada en contra. La chica inmediatamente abrió la pequeña cortina para mostrar a un tricolor desabrochándole los primeros botones el vestido a la princesa.

¡Diablos! ¡¿Qué no podemos estar un rato a solas! ¡Me tienen artos con sus fics! ¡Y lo peor es que nunca hacemos nada!- grito enfadado ya alejándose de la cama.

Ya, relájate, solo queda la boda, y de ahí, tienen unos días libres…- dijo la pelinegra acercándose tratando de calmarlo.

¡Más les vale! ¡terminemos esto rápido! Ya mucho tuve con el estúpido dragón…- dijo de mal humor, mientras jalaba a la castaña del brazo mientras cruzaban la puerta – ¡Vamos a filmar la escena de la boda de una vez!-

No solo le basta con medio matar a Joey en la filmación de la lucha contra el dragón (ya que él hacía del dragón) si no que también quiere hacer porno... este Atem está loco…- dijo la pelinegra, a lo que las demás estuvieron de acuerdo, y decidiéndose en no hacerlo esperar más, salieron de la habitación.

FIN