-¡Arthur!-exclamo el castaño entrando a la habitación con más confianza.

El aludido volteo, encontrando a un sorprendido Antonio sujetándose la toalla para evitar que se cayese, las imágenes de lo que se había imaginado momentos antes en la puerta del baño regresaron a su mente haciendo que se sonrojase de golpe y en consecuencia que desviase la mirada hacia otro sitio.

-Hello… -Fue lo único que dijo aun sin ver al castaño a los ojos.

-Has llegado temprano, creí que tenías mucho trabajo en la oficina.- Decía casualmente sin darle mucha importancia a las inusualmente sonrojadas mejillas del contrario. Se paseaba por la habitación buscando entre montículos de ropa algo para ponerse.

-Si, bueno, mi jefe me ha dejado salir más temprano hoy… -Dijo en un tono un tanto extraño. Dirigió sus pasos hacia la cama para poder sentarse en la orilla de esta, presenciando como el distraído español se agachaba buscando su ropa interior dejándole ver su perfecto trasero, que aún debajo de la toalla le parecía tremendamente provocativo. Una punzada en la entrepierna le hizo salir de su ensoñación, bajó la mirada, vaya que esos pantalones jamás le habían parecido tan incómodos, y todo era culpa de ese español… Ese estúpido y sensual español.

Con sigilo volvió a levantarse y se acercó al castaño por la espalda.

Mientras tanto el ojiverde había encontrado por fin sus bóxers favoritos, aquellos con estampados de tomatitos; de nuevo se iba incorporando hasta que sintió un par de frías manos en su cintura que le jalaban hasta hacerlo sentarse en la orilla de la cama justo entre las piernas de cierto rubio.

-…Te he escuchado. –Ronroneó el inglés cerca el cuello contrario, dejando que su aliento acariciara esa piel tostada que tanto le gustaba.

-E-eh? ¿De que hablas, Arthur? –Intentó mirarle girando un poco la cabeza extrañado por su comportamiento, ¿Escuchar que? ¿A que se refería? Sin duda podía ser bastante lento en captar algunas cosas.

-No finjas que no sabes, Spain.-Besó su cuello suavemente. –Hace un momento, in the bathroom, parecías estarte divirtiendo mucho…

Tardó unos segundos en traducir aquello… Oh, en el baño quería decir… Espera, ¿¡Que?! ¡Le había escuchado! Joder, se supone que no debía saberlo. Sus mejillas se tornaron rojas por la vergüenza, pero es que el es un hombre también ¡Tiene necesidades! – Y-yo, Arthur, eh…

-Hush.- Le susurró al oído para luego morderle el lóbulo causando que el español se encogiera un poco. Sus manos se aventuraron a la parte íntima del castaño protegida solamente por la tela blanca y aterciopelada de la toalla.

-O-oye, espera idiota-Ah~! –Ahora comenzaba a sentir calor, no solo en sus mejillas si no que en todo su cuerpo. Y en especial en cierto lugar muy sensible que estaba siendo atendido por el rubio.

-Creo que ambos hemos esperado lo suficiente, Antonio…

De un momento a otro el español se encontraba ya sobre la cama con el rubio entre sus piernas, que ya se encontraba completamente desnudo y muy acalorado.

El inglés repartía besos y mordidas que tal vez en un futuro no muy lejano se convertiría en pequeñas motas rojizas por las cuales el español se quejaría, pero no importaba en ese momento. No cuando el ibérico se retorcía debajo de el disfrutando de sus atenciones y pidiendo más, oh como le encantaban esos momentos.

Saboreó la morena piel del contrario, y al encontrarse con cierto par de círculos obscuros en su pecho no se pudo resistir a morderlos con un poco mas de fuerza de la necesaria, era consiente de que el español era especialmente sensible en esa parte de su cuerpo, por eso siempre lo torturaba pellizcando, mordiendo y lamiendo ahí.

El español gimió con fuerza y su espalda involuntariamente se arqueó, le encantaba, adoraba esa sensación, siempre fingía que le molestaba pero era totalmente lo contrario. Abrió mas las piernas y el rubio en respuesta movió la cadera, causando que ambas intimidades se rozaran de una manera deliciosa provocando un gemido por parte ambos. Se vieron a los ojos, el deseo y la lujuria podía leerse en ellos, el mayor tomó el rostro del contrario y lo atrajo hacia el en un beso profundo y necesitado, no quería aguantar mas, quería sentirlo en su interior lo antes posible.

-E-entra ya, idiota… -murmuró entre jadeos el sonrojado español mientras veía al rubio a los ojos- Te necesito…

Tenía ganas de burlarse de él por haberle suplicado de tal manera, pero su rostro… con esas mejillas tan sonrojadas, con esas pequeñas gotas de sudor en la frente y esos labios sonrosados y entreabiertos… Y sus ojos… Sus ojos con las pupilas dilatadas que le miraban suplicantes llenos de deseo y a la vez llenos de amor, amor que era solo para él y lo sabía… Se vio incapaz de hacerlo, no podía burlarse ya que él mismo necesitaba esto tanto como el español que estaba bajo su cuerpo.

El rubio tomó las caderas de su español para alzarlo suavemente, y en respuesta el castaño entrelazó sus piernas alrededor de la cintura contraria.

Comenzaron lento, Arthur se introducía en el con cuidado mientras que Antonio se aferraba a las sabanas fuertemente, sintiendo su entrada, previamente preparada gracias a la sesión que había tenido en el baño, dilatarse conforme el inglés entraba en el. Un suave gemido escapó de sus labios cuando el rubio dio una estocada un tanto fuerte para introducirse por completo en el.

Se vieron a los ojos un momento más antes de que un ritmo lento pero fuerte comenzara a crearse entre ellos. Cada estocada que daba el rubio era respondida por un jadeo por parte de Antonio, que se abrazó fuertemente al rubio mientras echaba la cabeza hacia atrás en éxtasis.

Ese acto no paso desapercibido por el rubio, que aprovechó la piel expuesta en su cuello para besarla y morderla, marcando al representante de la nación ibérica como suyo y de nadie más. Fue aumentando el ritmo y la fuerza de las estocadas gradualmente sin dejar de morder y marcar la piel contraria. –Probablemente dolerá mañana.-murmuró en un jadeo.

-No me importa, no-ah! No te c-contengas… -Respondió el español entre jadeos, consiente de que el rubio tenía razón pero la verdad es que no le importaba en lo mas mínimo. Lo quería, lo necesitaba, ¿cuanto tiempo había pasado desde la última vez que habían hecho el amor? ¿Un mes entero? ¿Más? Al ser el famoso "País de la pasión" el tiempo que estuvieron en abstinencia le pareció una eternidad. Pero eso ya no importaba ahora.

El calor en la habitación era asfixiante, ambos cuerpos se movían con ferocidad, ambas naciones escuchaban con deleite el erótico sonido que producían sus cuerpos al chocar. El español gemía sin pudor cada vez que el rubio chocaba contra su próstata con cada cabalgada que daba y para colmo masajeaba su miembro de forma salvaje, era una maravilla, sus gemidos eran como música a los oídos del inglés, una melodía de la que nunca se cansaría.

Era la tercera ronda de la noche, ambos querían compensar el tiempo que estuvieron sin acción y así lo hicieron. Esta vez, el español estaba a horcajadas sobre el rubio, que observaba complacido como su cuerpo iba subiendo y bajando, adornado con finas gotas de sudor.

Terminaron casi al mismo tiempo, el inglés vació toda su semilla en el interior del español con un gemido ronco, mientras que el mencionado se corría poco después en la mano de su amante, manchando también parte de su propio vientre y del vientre contrario mientras gemía en un tono muy agudo para su gusto.

Jadeante el español se desplomó a un lado del rubio, quien no tardó en rodearle con los brazos suavemente hundiendo su rostro en el pecho de este, escuchando los latidos de su corazón.

Se tomaron un tiempo para recuperar el aliento, se miraron a los ojos, se sonrieron, se besaron de nuevo solo que esta vez con mas dulzura y cariño, intercambiaron palabras dulces y tontas, palabras que solo iban dedicadas al contrario y a nadie mas… la nación ibérica comenzó a jugar con los suaves mechones rubios de su compañero, mientras que este se le acurrucaba, disfrutando de aquellos mimos.

La noche transcurrió sin mayores contratiempos, ambos durmieron profundamente sintiéndose muy seguros y cómodos entre los brazos del ser amado.

Seguramente a la mañana siguiente despertarían muy tarde, no es como si fuera algo para alarmarse, era sábado a final de cuentas. Pero seguro habrán algunos problemas, comenzando por el español que no pararía de quejarse por su dolor de cadera y por las notorias marcas que tenía en su cuello.

Y por su parte el inglés le respondería que él se lo había pedido, y que no se quejara tanto porque el mismo tiene sus propias marcas, como rasguños en la espalda y marcas moradas en el cuello, proporcionados por ese apasionado español.

Si, posiblemente pelearían… pero así era su relación después de todo, disfuncional, tenían sus diferencias y ambos poseían un orgullo inmenso. Pero eran esos defectos y esas diferencias que los hacían perfectos el uno para el otro.

Después de todo, si la lluvia y el sol se unen son capaces de formar unos de los fenómenos naturales mas hermosos llamados arcoíris, ¿no es cierto?