-toca la puerta- He venido a pedir perdón T-T

¡He tardado una eternidad, lo sé!

Ha paso mucho :C Hasta que me he dignado a venir a actualizar...lamento no haberlo hecho antes...pero mi vida se fue al carajo Q_Q

¡Pero bueno! esto no es ningún confesionario ni nada...¡He traído actualización! Wi...sólo espero que aun haya alguien interesando en ella...

¡A leer!


—Como usted ya debe estar enterado, Ciel-kun desapareció la madrugada del 15 de diciembre sin dejar rastro. —Me comentó el oficial Aberline. —…La mansión Phantomhive fue quemada junto con… el cadáver de la señora Angelina Durless, tía de Ciel-kun. —Cada palabra que salía de la boca de él sólo me desesperaba más.

¿Acaso creía que no sabía eso?

Lo sabía todo…de memoria, había pasado noches enteras analizando todo, cada detalle que me dijera donde estaba mi pequeño Ciel.

—El incidente se dio a conocer gracias a una vecina que advirtió a los bomberos sobre el gran fuego que se había levantado ya en la casa. —Me siguió explicando.

—Señor, con todo respeto. —Dije siendo lo más amable posible, reteniendo esa ganas de salir de ahí e ir a buscar a Ciel… Realmente él había regresado, parecía un sueño. — Créame cuando le digo que…se todo eso…incluso la muerte de sus padres. —Dije con respeto. No quería ni imaginar lo que sentiría Ciel cuando se enterara.

— ¡¿Qué?! ¿Sus padres están muertos? —Era oficial, Aberline era un estúpido. Estaba colmando mi paciencia.

Sonreí lo mejor que pude.

—Prosiga, por favor. —Le indiqué mirándole fijamente, tuve que beber un poco de mi café, no quería armar un alboroto ahí.

— ¡Cla-Claro! —Dijo nervioso el oficial, acomodándose en su asiento. —Para serle sincero, el que encontráramos a Ciel-kun fue pura casualidad. Yo me encontraba en una operación secreta, encubierto como miembro de la mafia pero…—su voz se fue apagando y su gesto se descompuso. —En mi papel de "malo" fui enviado a una bodega a dejar un dinero…

*Aberline Flash Back*

—No puedo creer que realmente este haciendo esto. —pensé mientras caminaba por un obscuro pasillo. —Pero todo esto lo compensa el que pronto podre ver a mi querida esposa y a nuestro pequeño hijo. —sin percatarme sonreí.

Seguí avanzando por el oscuro pasillo.

— ¡Maldición! Creo que me he perdido. —Murmuré intentando recordar las indicaciones dadas.

—B-Basta…suéltenme…—Unos lejanos gritos llegaron a mi, llamando mi atención.

Decidí seguir aquella delgada y herida voz.

— ¿Qué es lo que están haciendo?...¡No! Por favor…no. —rogaba aquella voz, cuando me percate yo ya estaba corriendo.

—Tranquilícese, está siendo empujado al infierno…conde Phantomhive. —Dijo una elegante voz cada vez más cerca cada que yo avanzaba más.

¿Phantomhive?

Ese apellido…

¡La compañía Funtom!

Corrí a prisa al recordar ese apellido, hace un mes se había reportado la desaparición del único hijo de los Phantomhive, Ciel Phantomhive.

Llegué a otro pasillo y lo crucé deprisa, los gritos y suplicas se hacían casi perfectamente claras debido a mi cercanía.

Identifique una puerta y la abrí.

En ese momento me queda paralizado…vi lo más horroroso de mi vida.

Un grito desgarrador resonó en la habitación, haciendo que no sólo mis tímpanos dolieran, sino también mi corazón.

Cuanto dolor.

— ¡Oficial Aberline Fred de Scotland Yard! —Grité reaccionando. —suelten en este mismo momento a ese chico. —Ordene, los micrófonos que tenia escondidos en mi ropa captaron todo y en cuestión de segundos todo el lugar se lleno de uniformados, pero ya la mayoría de los implicados había desaparecido.

Me acerque al delgado y desnudo cuerpo que permanecía quieto en el suelo.

EL chico temblaba y derramaba lágrimas silenciosas pero sus ojos…uno tenía una profunda cortada, que no dejaba de sangrar, y el otro…el otro derramaba lágrimas vacías, al menos eso parecía.

*Fin del flash back*

El rostro de Aberline no sólo se veía trastornado, era como si casi sus ojos volvieran a ver esas trágicas escenas que me había narrado, como si yo pudiera verlas.

—Tome a Ciel-kun en mis brazos y lo traje al hospital…él dejo de llorar….y desde hace tres días que lo traje…no a dicho nada realmente coherente y conciso o algo que nos ayude a encontrar a sus secuestradores. —En la garganta se me formó un nudo.

Ciel.

Sólo pensaba en él.

— ¿Qué se sabe de ellos? —Pregunté, me percate de lo resentida que salía mi voz y aclare mi garganta.

—Nada. —Fue la pequeña, pero la que menos quería escuchar, respuesta.

Charlamos mucho más, sobre cosas legales y pequeños detalles que pudieron dar los vecinos.

El oficial me había dicho que hasta que no apareciera algo seguro, Ciel permanecería en el hospital, resguardado por varios oficiales que cuidarían su seguridad, que ya después se vería que hacer.

—Así que esto es todo lo que se tiene, señor Michaelis. —El hombre se puso de pie, mientras tomaba y ordenaba nuevamente todas las carpetas con archivos y papeleo que me había mostrado. — Parece ser cercano a Ciel-kun, espero que verle le alegrara un poco. —Comentó mientras me sonreía cálidamente. — ¡Oh! Casi olvido algo, —Su mano se metió en uno de los bolsillos de la gabardina café, rebuscando. —Encontramos esto, creo que es el indicado para dárselo. —Dijo, dejando una pequeña caja azul sobre la mesa, parecía un regalo. El papel de la envoltura estaba sucio y rasgado debido al fuego.

Yo sólo asentí y él se marchó.

Miré nuevamente la cajita, se veía opaca y deprimente con aquel papel semi quemado. La tome entre mis manos y le arranque la envoltura, llevándome la mitad carente de lo que parecía un moño rojo.

—Al menos así se ve un poco mejor. —Susurré con desgana, me dolía la cabeza, no sabía que pensar.

Debía ir a buscar a Ciel, pero mi cuerpo se negaba, sentía dolor y angustia. No podía imaginar cuanto dolor sintió mi pequeño.

Me sentí despreciable.

¡No pude ayudarle!

Mis ojos se cristalizaron mientras avanzaba de nuevo a la habitación de Ciel.

Cuando por fin divise la puerta blanca de madera, pude ver que estaba entre abierta y ni Trancy y Elizabeth estaba visibles, posiblemente estaban dentro ya.

Solté todo el aire contenido, estaba nervioso. Antes de hablar con el oficial estaba ansioso de verle, pero ahora…ahora quería alejarme y correr, estaba avergonzado, no pude ayudarle cuando me necesito.

Mantuve la calma y entre sin más.

Había un gran ventanal en la habitación, con las cortinas totalmente corridas, había mucha claridad, por lo que me sentí segado un poco.

Parpadeé varias veces y vi la rubia cabellera de Lizzy, quien estaba a un lado de Alois, ambos sentados en un sillón marrón.

Busqué a Ciel con la mirada rápidamente, él se encontraba recostado en la cama, con los ojos cerrados, supuse que durmiendo.

—Sensei. —Dijeron los rubios al unísono, en voz baja para no interrumpir a Ciel.

Miré ese ser hermoso, su rostro estaba pálido y marcado por moretones, en efecto como lo había mencionado el oficial, su ojo derecho era cubierto por una venda y su rostro durmiente no reflejaba nada.

Sentí una punzada, y el ser más miserable de todos.

Mientras mi Ciel sufría horrores yo estaba en casa, sólo preocupado…nunca pude hacer verdaderamente algo.

Caminé hasta llegar a él, acaricie su fino rostro con delicadeza, no quería que despertara, no quería que viera mi rostro de vergüenza.

—Te extrañe. —Murmuré, mi voz salió afónica y ahogada.

— ¿En serio? —La contestación de Ciel me sorprendió, al parecer no dormía. Pero lucia tan calmado como si lo estuviera. No Abrió los ojos, se quedó igual, incluso creí que lo había imaginado.

—Vamos, Lizzy. —Alois y Elizabeth salieron e la habitación, cerrándola tras de sí.

—C-Ciel…—Dije sorprendido.

Y al fin abrió sus ojos, me dejo ver aquel celeste…

Me miró, simplemente me miró.

— ¿Qué quieres? —Ese tono de voz me pareció de lo más extraño. No recordaba a un Ciel así, Ciel era tímido y dulce…no como él. Sonrió. —Veo que te sorprendes de verme, estoy vivo. —Dijo natural, su voz no se hizo de ninguna manera, no cambio, era totalmente neutra.

No dije nada…sólo me arrodille par quedar a su altura y le acaricie la cabeza.

—Te extrañe demasiado. —No logre contener las lágrimas.

Ciel se sorprendió ante mi reacción, pero o dijo nada.

— ¿Qué te ha paso, cariño? —Pregunté entre llanto.

—Me mataron…y tú no estuviste ahí para evitarlo, Sebastian. — Su voz me perforo el pecho. — No lo evitaste…—Su mirada se clavó en mí, intenté ver lo que sentía….pero su ojo ahora sólo era como una hoja en blanco, con apenas unos rayones celestes…ya no había nada en ellos.

Mi llanto se intensificó más, me sentía más culpable.

—Lo siento, lo siento tanto, Ciel. — Dije arrepentido.

Él solo me miraba.

—Sebastian…—Su voz me llamo, le miré nuevamente, intentando calmar mi llanto. — Quiero que te alejes de mí…

Y sentí como un agujero negro me tragaba…

El negro espeso del olvido…


Muchas gracias a quien ha decidido leer.

Por ustedes sigo con esto...prometo volver mucho más seguido de lo que ustedes creen.

¡gracias!