-Jane, acepto tu encargo...

Esas palabras sonaron como cánticos gloriosos en los oídos de la chica, el saber que tenía una nueva oportunidad de librarse de aquellos bastardos la llenaba de vida y alegría. En un acto reflejo se lanzó hacia él abrazándolo fuertemente, esta vez sin asfixiarle, sin parar de sonreír con las lágrimas apunto de salir.

-¡Eso es fantástico! -cuando se separó y le miró a la cara se fijó en que estaba totalmente sonrojado y no paraba de babear- Pero no te duermas en la parra, tío -le dio un puñetazo suave en el hombro- que lidiar con los cabrones estos no va a ser nada fácil.

Intentando calmarse se concentró en explicarle todo lo que sabía de los científicos, en primer lugar habría de considerarlos una especie de "super hombres", no porque tuviesen poderes sino porque ellos eran sus creadores y eso les hacía conocedores de todos sus puntos débiles. Eran una especie de dioses para todos los de su especie, al igual que les habían creado sabían como destruirles pero como eso no estaba en sus planes de conquista nunca lo hacían, aunque ella nunca dudó en que si uno de sus compañeros les daba demasiado la lata no dudarían en hacer lo que fuese para quitarlos de en medio.

El día fue dando paso a la noche y Ryo decidió retirarse a su piso, el que se encontraba pegado al de Jane, le deseó buenas noches y desapareció raudo y veloz. Algo extrañada por su repentina ida se fue titubeante hacia la ventana, esta era enorme la cual le ofrecía una preciosa vista del barrio de Shinjuku, hermosamente iluminado. Justo en todo lo alto, esquivando algunos edificios estaba la luna, implacable y serena, observando con cautela a cada uno de los ciudadanos que caminaban por aquella implacable ciudad.

Mientras tanto...en el piso de Ryo.

-¡Se puede saber donde has estado todo el día! -gritaba Kaori desde la cocina- ¡Como hayas estado gastándote todo el dinero te vas a enterar! ¡Que estamos en números rojos por culpa de tus vicios!

-No seas pesada, Kaori -le respondía desde su habitación donde se acicalaba galantemente echándose colonia- he estado con la nueva clienta, que al final me arrepiento de haber aceptado su caso, ¡es horrenda! -mentía con saña mientras se reía

-¿Y si era tan fea para quien te arreglas tanto? -mientras decía esto se plantó en la puerta de su habitación con el mazo de 1.000 toneladas apoyado en el hombro y un desconcertante tick en la ceja derecha-

-¿E...eh? -paró de repente al saber que estaba tan cerca con el mazo- Pues..ehm.. voy a ver.. ¡a Saeko! Me está esperando en el bar de Umibouzu, tenemos algunos asuntos..pendientes -puso su típica cara de pervertido mientras se frotaba las manos-

-¡Pues que te diviertas! -le contestó con enfado, al girarse le dio con el mazo por la cabeza "sin querer" estampándolo contra la pared-

-Joder.. -dijo con la lagrimilla cayéndole del ojo medio estrellado en la pared.

Por el pasillo camino al piso donde Jane dormía avanzaba un sigiloso y perfumado Ryo, su paso era lento y de puntillas, quería hacer el menor ruido posible, con suerte ya estaría dormida y si se las apañaba bien podría desnudarse y meterse en su cama para hacer mokkori durante un ratito. Mientras fantaseaba todo esto le caía un hilillo de baba por la boca que apenas eclipsaba su gesto obsceno y pervertido. Justo cuando estuvo frente a la puerta sacó la llave pero para su sorpresa esta estaba abierta, alegrándolo más si se podía. Esto para el significaba que ella.. ¡le estaba esperando! Volvió a frotarse las manos, esta noche sería la suya, por fin, después de tanto tiempo podría echar un polvo. A pesar de la emoción entró con cuidado de no hacer ruido, igualmente quería mantener el factor sorpresa. Al fondo de la habitación, justo debajo de la ventana estaba la cama y en ella un pequeño bulto envuelto entre sábanas, Jane permanecía acurrucada sin moverse, solo se intuía el leve movimiento de su respiración. Ya de camino a la habitación se había ido quitando ropa y cuando llegó a la puerta de esta solo le quedaban los calzoncillos, con paso decidido entró en el cuarto y se metió en la cama con la chica, justo cuando iba a tocarla ella comenzó a hablar dándole un susto de muerte, tanto, que casi se cayó de la cama.

-¿Tú tampoco puedes dormir? -dijo la chica antes de girarse para quedar frente a frente con él- Se me hace extraño el sitio, tan tranquilo y sin preocupaciones...

-¿Q..que? -estaba atacado por el susto, no se enteró ni de la mitad de lo que dijo Jane- Vaya susto que me has dado, joder -dijo mientras se tocaba el pecho notando el corazón desbocado.

-Oye, que eso debería de decirlo yo, que has sido tu el que has entrado bien calladito y te has metido en mi cama... -levantó un poco las sábanas mirándolo alzando una ceja- medio desnudo, no se yo si hago bien fiándome de ti -al analizar la situación le dio un poco la risa-

-¡Encima de que vengo a hacerte compañía en esta noche taaaaan solitaria! Vengo a protegerte de tus pesadillas para que no tengas miedo nunca más -a medida que hablaba se iba acercando a ella, con la excusa melodramática ya casi la tenía pegada a él.-

-Déjate de excusas y tonterías, anda – al final se había pegado completamente a ella haciéndola sentirse algo incómoda- échate hacia allá, anda -puso las manos entro ellos dos pero ya él se había encargado de rodearla con sus brazos, con disimulo bajó las manos hasta tocar el culo de Jane notando que estaba en ropa interior- ¡no te pases ni un pelo!

Con sus manos le empujó fuertemente tirándolo de la cama, el golpe que se dio contra el suelo fue tremendo pero a él no se le escuchó quejarse. Jane algo asustada salió de las mantas y se asomó al borde de la cama no fuese a ser que se hubiera hecho daño de verdad. Pero lo que realmente encontró fue a Ryo tendido hacia arriba con un hilo de sangre cayéndole de la nariz y algo de baba por la boca, semi inconsciente y con una erección algo más que notable.

-¿¡Pero de que cojones va este tío! -dijo riéndose de él al verle en esa situación. Aunque un enorme estruendo la asustó haciendo que se pusiese en guardia por lo que pudiese entrar por la puerta.

-¡Ryoooo! -era Kaori que entraba como un toro rabioso alzando su martillo de 1.000 toneladas- ¡Que coño estás haciendo con nuestra clienta! -sin importarle que ya estuviera escoñado en el suelo le dio tal martillazo que hizo un agujero en el suelo con Ryo entre medio- ¡A casa ya mismo! -tirándole de la oreja se lo llevó a rastras por la habitación mientras él pataleaba medio muerto, por el pasillo se le escuchaba quejarse entre lloriqueos

-¡Kaoriii, aguafiestas! Déjameee, que iba a follar esta noche, ¡era la noche! ¡Por fin iba a echar un polvo!

-Vaya casa de locos, joder...todavía me pregunto si de verdad estoy a salvo aquí metida -dijo antes de volver a taparse y quedarse dormida por completo.