Disclaimer: Todos los personajes que aparecen aquí pertenecen a Stephenie Meyer. Solo la historia es mía. Si ven algún párrafo o algo que les resulte familiar durante la lectura también pertenecen a Meyer, puesto que me eh guiado un poco de los libros originales.

Summary: Alice y Jasper jamás se conocieron puesto que ella nunca lo vio. En cambio, Jasper descubrió por su propia cuenta la dieta de animales y decidió adoptarla, ya que el peso y la culpabilidad de las muertes humanas le azotaban a diario. Duro años viviendo en solitario y oculto hasta que una noche el destino le llevo a encontrar a una bebe humana abandonada y huérfana en el bosque. A partir del momento en que vislumbro aquellos brillantes y profundos ojos castaños, empezó un largo recorrido en el que enfrentaría la batalla más dura y difícil de toda su existencia… la paternidad.

Bueno esta es mi primera historia… espero que sea de su agrado


Mi Nueva Razon de Existir

Forks, Washington.

Jasper pov.

Todo estaba demasiado oscuro y silencioso. No había ni un alma rondando por estos rumbos y, de alguna manera, sabía que se debía a mi presencia. La helada brisa nocturna impacto contra mi cuerpo, trayendo consigo el dulce aroma de un joven puma. Estaba algo lejos, más o menos hacia el norte de mi posición.

Aspire profundamente llenándome de la esencia del salvaje animal. Un gruñido se dejo escapar desde lo más profundo de mi pecho y estuve casi seguro de que mis ojos se volvieron completamente negros por la sed. Me agazape instintivamente, sintiendo la tierra húmeda bajo mis dedos, dejando a mi monstruo interior salir a la superficie.

Los arboles se sacudieron y fueron alejando a mi alrededor, siendo solo unos borrones verdes y marrones. Escuchaba el sonido apagado del batir de las alas de los pájaros en cuanto pasaba a un lado de ellos y los chillidos de los animales rastreros al nivel del suelo. Realmente me hacía gracia causar ese miedo.

Encontré a mi presa unos kilómetros después, terminado con los restos de lo que supuse debió de haber sido un ciervo. Le gruñí y se percato de mi presencia dejando el cadáver y mostrándome sus filosos dientes, colocándose a la defensiva. Me devolvió el gruñido y de inmediato me salto encima. Lo esquive fácilmente.

Estuve unos momentos luchando con él hasta que me aburrí y me decidí por acabarlo de una buena vez. Esquive sus garras y me fui contra su cuello clavando mis dientes como estacas sobre su piel. Su sangre no tardo en inundar mi boca. A medida que mi presa moría mi sed se alejaba. Finalmente lo deje caer inerte al suelo, satisfecho. Intente quitarme un poco la tierra de mis ropas pero lo deje al poco tiempo.

Había empezado a llover.

Suspire sonoramente y volví nuevamente a la marcha. Aunque ya llevaba mis años en esto, la sangre animal aun me seguía dejando un gusto raro en la boca. No era en sí muy deliciosa y prefería los carnívoros a los herbívoros ya que se asemejaban más a la sangre humana. Pero nunca llegaba a ser igual. Los humanos tenían ese toque dulce y algo acido que simplemente… te dejaban con ansias de más…

Aun extrañaba las persecuciones. Las emociones cargadas de pánico de mis presas al saber lo que se les acercaba. Las miradas de horror y los corazones acelerados bombeando sangre a todo el cuerpo mientras escapaban. Los gritos escapando de sus gargantas al momento en caían en mi poder y clavaba mis dientes en sus suaves cuellos…

¡No!

Me golpee mentalmente por lo que estaba pensando y gruñí de frustración al sentir mi garganta arder nuevamente. Esto era demasiado. Aun no podía apartar de mi mente las ansias de beber el dulce elixir que los humanos ofrecían. Ya llevaba años con esta dieta y tenia las esperanzas que fuese perdiendo esos deseos con el tiempo.

Pero eso me estaba llevando más tiempo de lo esperado.

Me había obligado a mi mismo a permanecer lejos de las grandes ciudades para no tener que sucumbir a los deseos de mi monstruo interno. Ese yo que no tenía ganas de tener que volver a ver nunca más. No quería enfrentarme una vez más a la culpa, la desgracia y la tristeza de lastimar un ser amado… No me permitiría caer de nuevo en eso nunca más.

Si tenía que vivir confinado entre los animales y nunca salir de la vegetación del bosque, pues lo haría. Haría todo lo posibles por nunca más caer en la tentación. Tenía que cambiar a cualquier costo. No dejarme llevar. Luchar contra mis instintos… ¡No volvería a ser el débil nunca más!

Estaba demasiado ensimismado en mis pensamientos que no me percate de la presencia de otra persona hasta que ya estuvo demasiado cerca de mí. Una gran ola de emociones me llego como patada al estomago, sobresaltándome y haciéndome detenerme en seco, casi impactando contra el grueso tronco de un árbol. Sacudí la cabeza aturdido y abrumado por lo que me estaba llegando. Era abrasador. Nunca antes había sentido emociones tan fuertes y penetrantes como las de ahora. Me sentí literalmente enfermo y repentinamente cansado.

Angustia… miedo… desesperación… odio… tristeza...

Tantas emociones negativas me congelaron en aquel sitio sin dar lugar a mover ni un dedo. Quise irme, escapar de quien sea que estuviese en los alrededores, pero simplemente no pude. Estaba atrapado por una barrera invisible de sensaciones. De ser humano me hubiese empezado a doler la cabeza fuertemente. Apreté los dientes hasta un punto en que me pareció oírlos rechinar.

No fue sino hasta que escuche un lastimero y desgarrador llanto que mis pies finalmente lograron reaccionar, pero no de la manera que hubiese deseado. De pronto me encontré parado en un pequeño claro. La lluvia caía incesantemente empapando todo y dejando la tierra lodosa y difícil de tratar. Deje de respirar inmediatamente después de sentir el aroma que tantos tormentos me traían. Mis manos se crisparon en puños y me tense en acto obligándome a no moverme y cometer un terrible error.

Una mujer joven, terriblemente herida y moribunda. Su camisa estaba rota y hecha jirones llenos de sangre fresca pero no lograba ubicar con exactitud la zona de la herida. Su brazo izquierdo también estaba en mal estado y me parecía que estaba fracturado por la posición que tenia. En su brazo bueno aferraba un pequeño bulto completamente tapado en un intento por que la lluvia no le cállese encima. Se encontraba prácticamente tirada en el suelo apenas respirando.

Escuche nuevamente el llanto de un niño y la mujer se estremeció sujetando a un mas fuerte el bulto contra ella, atrayéndolo a su pecho. Alzo la vista clavando fijamente sus mirada en mí. No dije ni hice nada, solo permanecí allí sin respirar mientras era examinado por la pobre humana.

-Por favor… -suplico, con lágrimas en los ojos -. Ayúdame… sálvala….

Un sonoro trueno le interrumpió causándole que se encogiese de miedo sobre el pequeño bulto. Sollozos apagados salieron de la boca de la mujer y las lágrimas se confundieron con las gotas de lluvia. Esa imagen junto con las intensas emociones que transmitía me destruyó por completo. Me acerque ella en un parpadeo.

La examine con ojo clínico pensando con rapidez la mejor forma de cargarla para que no sintiese más dolor y llevarla a otra parte que la ayudasen. Sorpresivamente su mano se aferro a mi camisa atrayéndome un poco más hacia ella. Me miro a los ojos con miedo y suplica. Sus labios temblaban en un intento por sacar las palabras de la boca.

Escuche unos disparos lejanos y ella se encogió un poco, al parecer escuchándolos también. Su miedo se incremento y tuve que apretar la mandíbula para no gritar allí mismo.

-Llévatela… sálvala… por favor… no la dejes morir –exclamo, casi grito -. Mi pequeña… mi bebe…

Su agarre fue perdiendo fuerza y de un momento a otro me soltó. La mujer empezó a caer al suelo y esto, por alguna razón, me aterro. Le aparte con brusquedad el bulto de los brazos y lo sostuve contra mi antes de cállese sobre él. En cuanto su cuerpo toco la húmeda tierra deje de sentir sus emociones y su corazón se apago. Había muerto.

Permanecí allí estático y sorprendido por lo que acababa de pasar. Baje la mirada observando las cobijas que envolvían el cálido bulto. Con el rostro tenso aparte las telas descubriendo lo que la mujer protegía con tanto empeño.

Una niña. La niña más hermosa que haya visto en toda mi existencia. Su cabello estaba compuesto por finos rizos caobas que cubrían la cabeza de la pequeña y parte de su frente. Sus mejillas estaban algo sonrojadas por el llanto. Boca y nariz algo fruncidas, pero solo le hacían verla más tierna. Era solo una bebe recién nacida, se veía demasiado pequeña e indefensa en contraste con mis duros y enormes brazos. Pensaba que se podía romper de un momento a otro si me movía demasiado. Algo dudoso y aterrado solté el aire contenido en mis pulmones y su me llego. Dulce, como fresas frescas y flores; era exquisito pero, por alguna razón, algo dentro de mí impidió que sintiera deseos de probar su sangre.

Alce la vista mirando una vez más a la mujer que ahora yacía muerta frente a mí. Cubrí un poco más a la pequeña de la lluvia con mi cuerpo y me aleje de allí a toda prisa, como un ladrón huyendo con un valioso tesoro en sus manos. Y eso es lo que tenía ahora, el más grande de todos los tesoros que me pude haber encontrado.

Seguí el rastro de sangre que la mujer había dejado antes de llegar al claro. No tarde mucho tiempo antes de que vislumbrara una pequeña casa a los límites del bosque. Pare en seco mirando a mí alrededor. La puerta estaba abierta por lo que entre. Lo primero que halle fue el cuerpo de un hombre joven, muerto, con bigote tirado en el suelo con una herida de bala en el pecho y hombro. Me contuve de respirar nuevamente al ver la sangre ya que no quería lastimar a la pequeña por descuido. El hombre tenía el mismo color de pelo que la pequeña y se parecía un poco por lo que supuse que debía de ser su padre.

Sentí unos pasos en el piso de arribar y el chirrido de unos muebles al ser arrastrados. Fruncí el ceño y subí las escaleras, manteniendo a la pequeña oculta y protegida entre mis brazos. Entre a la primera habitación y me encontré con otro individuo, completamente vestido de negro. Esta hurgando los muebles y el closet en busca de algo de valor. Un rugido escapo de mi pecho y el ladrón se sobresalto girándose al instante.

En la pequeña fracción de segundo en que el sacaba el arma y me apuntaba me agazape cubriendo a la pequeña con mi cuerpo. La bala revoto contra mi espalda y el hombre emitió un grito de asombro. Yo le mire gruñéndole y mostrando los dientes. Él se apresuro de volver a tomar el arma con firmeza volviendo a disparar. Fallo y aproveche ese momento para acercarme. Le arrebate el arma de un manotazo y hombre cayo aterrado sobre su espalda. Gruñendo furioso pero aun manteniendo a la niña protegida, lo tome de la camisa y lo alce en el aire antes de lanzarlo contra la pared.

El sujeto cayó estrepitosamente llevándose consigo algunos retratos y un florero que se partió en pedazos al instante. Me miro completamente aterrado sabiendo lo que se avecinaba. Me le volví a acercar y apretando su cuello con mi mano. Me miro a los ojos con pánico y antes de que pudiese emitir sonido alguno acabe con su vida. Lo solté dejándolo caer y me enderece.

Estaba seguro que hubiese bebido su sangre su no fuese porque otra cosa me distrajo. La pequeña empezó a llorar incesantemente sorprendiéndome y partiendo mi muerto corazón en pedazos. Salí de la habitación en el acto y la mire con desespero intentando calmarla. Me sentí un verdadero idiota por lo que había causado.

-Shhh… perdóname pequeña. No quise asustarte. Disculpa mi estupidez –murmure arrullándola y meciéndola un poco.

Poco se fue calmando hasta que se quedo tranquila. Lleve un dedo a su mejilla secando sus lágrimas. En cuanto sintió mi frío tacto abrió los ojos por primera vez desde que la tenia, regalándome una hermosa y curiosa mirada. Esos profundos y brillantes ojos castaños me envolvieron por completo. No importo nada más que sus dulces ojitos y su linda carita. Nunca antes me había sentido de esta manera. No había palabas para expresarme.

-Eres muy hermosa ¿Lo sabías? –dije sonriendo.

Ella me observo curiosa formando un pequeño círculo con su boca que solo me hizo expandir más mi sonrisa. Deje olvidado al intruso muerto y me dirigí a otra habitación que tenía el olor de la pequeña bastante concentrado. Era un cuarto simple sin muchos muebles más que una enorme cuna con adornos rosados, una mesita de noche una mecedora y un cambiador. Como dije antes, simple, pero bonito para una niña.

La sentí moverse un poco y baje mi mirada hacia ella, conectándome nuevamente con sus claros ojos. Sentí ansia de algo emanar de ella e hizo un pequeño puchero. Hice una mueca sin saber lo que quería y me dispuse a recordar las pocas películas humanas que había visto. Un acto me llego a la cabeza y la mire inseguro de si era eso lo que tenía.

-No me digas que… -deje la frase inconclusa. Alce a la pequeña inseguro y le olí un poco el trasero. No pude evitar suspirar aliviado -. Bueno, ya veo que no hiciste ninguna gracia… Por ahora.

La volví a acunar en mis brazos, aun confundido por saber que era lo que quería. Ella me miro fijamente aun con el puchero marcado en su lindo rostro y las ansias emanando de ella. Pase una mano por mis cabellos pensando.

-¿Tienes hambre? –exclame inseguro. Obviamente no respondió y se limito a seguir mirándome. Hice una mueca -. Debe de ser hambre ¿No? Ustedes comen mucho.

Deje mi monologo para luego y baje nuevamente las escalera en busca de la cocina, ignorando lo mas que podía el cadáver del padre de la pequeña. Al entrar allí busque con la mirada algo con que alimentarla. Vi un recipiente con unos muñequitos infantiles y lo tome, leyendo aliviado de que fuese una formula especial para bebes. Leí la forma en que debía de preparar la leche en la etiqueta y me asegure de que tuviese lo necesario.

-No parece muy difícil –murmure.

Me las arregle para colocar una olla con agua en la cocina con una sola mano mientras aun sostenía a la pequeña y volví a leer una vez más la receta. Ella no apartaba su mirada en ningún momento en que iba y venía por la cocina. En cuanto estuvo lista la receta la eche en un biberón y se lo di. Ella empezó a succionar en el acto. Subí nuevamente a su habitación

-Tendré que comprarme una guía o algo así para saber lo que quieres y no estar adivinando como los ciegos –exclame.

En cuanto ella termino le quite el biberón y la recosté lo mejor que pude en la cuna. Ella iba a llorar en protesta y le di con rapidez mi cadena de militar para que se entretuviese. Se quedo encantada con el objeto dejándome tranquilo para seguir con lo mío. Encontré unos papeles entre los cajones y me dispuse a leerlos con calma.

-Isabella Marie Swan. 13 de Septiembre de 1987 –leí con cierta tristeza -. Tan solo un mes de nacida y ya has quedado huérfana.

Deje el acta de nacimiento a un lado y me dispuse a ver algunas fotos e informes médicos. Era una niña completamente sana dentro de todo. Me senté en la mecedora observando a Isabella jugar con mi cadena. Tenía que hacer algo con ella, no podía dejarla simplemente abandonada aquí a su suerte con todos esos cadáveres a su alrededor. Tengo que hacer algo con los muertos también pensé. Suspire pensativo. No quería dejar a Isabella en un orfanato, ella se merecía algo más. No podía permitirlo.

Cherre los ojos exhausto cuando una repentina y loca idea azoto mi mente.

-Veamos. Isabella… Bella… Bella Swan… No. Swan no… Whitlock… Isabella Whitlock –Divague un poco y al último nombre no pude evitar sonreír -. Isabella Whitlock. No suena tan mal.

Me levante y tome nuevamente a la bebita en brazos. Mi Bella. Yo cuidare de ti. Yo te criare y protegeré con mi vida. Seré un padre, una madre, un hermano… cualquier cosa que tú quieras. Si… eso hare

Con una nueva perspectiva y repentinamente renovado de alegría bese delicadamente la frente de mi pequeña. Tome todo lo que creí necesario. Ropas, pañales, talco y algunos otros frascos que ni sabía para que fueran. Los papeles de nacimiento, registros médicos entre otras cosas también las guarde. Lo metí todo en el bolso más grande que pude hallar y me tome la libertad de cambiarle las ropas a Bella también por otras más limpias y abrigadas. Mire a mí alrededor asegurándome de que no faltara nada más y baje las escaleras.

Con el bolso colgado al hombro y Bella en mi brazo marque el número de la policía local en el teléfono. Solo tuve que esperar unos pocos segundos antes de alguien atendiera.

-Policía de Forks. Habla John Stuart ¿En qué pudo ayudarle? –hablo un hombre con voz monótona al otro lado de la línea. Parecía cansado.

-Hablo desde la casa de Charlie Swan. Ah habido una especie de robo y un ataque contra su familia. Le sugeriría que viniesen lo más pronto posible –dije con rapidez mirando en dirección al cadáver. Había encontrado los nombres de los padres de Bella entre los papeles.

-¡¿El jefe Swan? –exclamo Stuart al otro lado, con claro pánico -. ¡¿Qué ha pasado? ¿Con quién estoy hablando?

-Me temo que no puedo contestar esas preguntas. Sera mejor que venga rápido. Parece que al señor Swan no le queda mucho tiempo –Era una gran mentira, pero tenía que hacerlo parecer como que acababa de ocurrir -. La señora Swan no se encuentra en casa. Por lo que parece haber huido. Apresúrese en llegar.

Antes de que Stuart pudiese decir algo más, colgué la llamada. Busque nuevamente al ladrón muerto en la habitación de arriba y me lo colgué al hombro y salí de la casa. Por suerte había parado de llover. Espere solos unos diez minutos antes de que escuchara el sonido de alguna sirenas a lo lejos. Hui de allí antes de que me viesen y desaparecí ente los arboles. Al menos así me había asegurado de que el tal Stuart me hubiese hecho caso, y como traía al ladrón así podría parecer que fue un robo a mano limpia y que criminal había huido con la pequeña.

Deje el cadáver unos cinco kilómetros a los lejos cerca de un puma que estaba seguro se encargaría del cuerpo sin problema alguno. Ya finalmente libre de intromisiones me pude concentrar completamente en lo que me importaba.

-Tranquila pequeña. Pronto conseguiré un buen lugar. Te lo prometo –le dije besando su frente.

Ella me miro fijamente y le sonreí con ternura. A partir de ahora tenía una nueva razón de existir.


Merezco algun comentario? n,n