Disclaimer: Todos los personajes que aparecen aquí pertenecen a Stephenie Meyer. Solo la historia es mía. Si ven algún párrafo o algo que les resulte familiar durante la lectura también pertenecen a Meyer, puesto que me eh guiado un poco de los libros originales.


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-Rayos ¿Por qué tienen que hacerlo tan rápido? –exclame frustrado buscando algunas cucharas y platos.

Miraba de reojo la televisión que tenia a un lado en donde una mujer de treinta y tantos años enseñaba a preparar comida especial para bebes, pero por desgracia iba demasiado rápido parea mi gusto. Y tomando en cuenta que mi contacto con la cocina en lo que tenia de existencia, incluyendo el tiempo en que fui humano, era nulo esta simple tarea me estaba llevando más trabajo de lo que pensaba.

Al menos mi pequeña le estaba sacando risas a todo esto. Bella se encontraba sentada en una sillita de comer mirándome ir de aquí para allá en la cocina y cada vez que ponía una mueca al notar el olor de algún condimento se reía a carcajada limpia.

-¿Tengo cara de payaso pequeña? –dije acercándome a ella.

Bella mostro una deslumbrante sonrisa y me alzo los brazos para que la cargara. Suspire y le acaricie los cabellos suavemente pero sin alzarla. Siete meses y ya sonreía a toda hora, reía, se sentaba, balbuceaba, había empezado a dentar y me hacia mas y mas feliz.

-Ahora no, tengo que aprender a hacer esto pequeña –le dije -. Si no ¿Quién te preparara la comida? El doctor dice que comas un poco de sólido.

Me miro fijamente con sus profundos ojos café que tanto me gustaban e hizo un pequeño puchero al ver que aun no la tomaba en brazos. Tuve que hacer un gran esfuerzo de voluntad para no sucumbir a su pedido. En cambio me quite la cadena como siempre hacia y se la extendí. Ella encantada, la tomo con gusto olvidando rápidamente lo anterior.

Hay que ver que a veces sentía que quería mas a esa cadena que a mí. Y como respuesta a ese pensamiento ella me miro y sonrió. Hacia eso cada vez que yo me sentía disgustado o triste. Me causaba gracia pensar que le había pasado una parte de mi, cosa imposible pero que me animaba considerablemente.

-Ahora volvamos con mi martirio personal –murmure concentrándome nuevamente en la cocina.

Dos horas después había terminado. ¿Por qué tarde tanto? No pregunten.

A la final había obtenido una extraña papilla, que olía un tanto extraño a decir verdad y no sabía por que había tomado ese raro color. Con una mueca tome el plato sin pensar en siquiera mostrárselo a Bella y lo eche a la basura. Abrí la despensa, saque la formula para bebes y coloque a hervir un poco de agua.

-Por hoy me iré a por lo seguro –exclame -. Leamos un rato mientras esto está listo.

Nuevamente Bella alzo los brazos hacia mí y esta vez la alcé tome encantado saliendo a la sala. Me senté en el sofá y tome uno de los muchos libros para niños que tenía en la mesita de centro.

Había tomado la costumbre de sentarme a leer con ella todos los días, más o menos a la misma hora desde hace varias semanas pues descubrir que le encantaba aquella actividad. A partir de eso había vaciado medio repertorio de la librería más cercana de nuestra casa comprando libros para niños de diferentes etapas como para que se entretuviera como hasta los cinco años.

Al rato, luego de que se bebiera la leche entera y se quedara profundamente dormida en mis brazos me tome un momento para evaluar mi sed. Con Bella se me hacia un poco más difícil ir de caza por razones obvias. No podía irme así sin más y dejarla sola en casa en donde podría pasarle cualquier cosa sin mis cuidados.

Los primeros meses había colocado algunas trampas en zonas estratégicas del bosque para que así cayese alguna presa y no me tardase tanto. Pero esto no me sirvió de mucho pues a menudo los animales caían demasiado rápido y para cuando yo iba a revisar llevaban días muertos y prácticamente desangrados. No quedaba nada para mi.

Debido a esto había tenido que conformarme con algunos perros o gatos callejeros que tenían la mala suerte de pasar a pocas cuadras de la casa o de algunos roedores que se acercaban a los límites del bosque. Claro está, eso no aliviaba del todo mi sed.

Pero al menos mantenía protegida a mi pequeña de mi monstruo interno.

Y por ahora eso era suficiente.


-Da-da-da gu ¡Ga! ¡Gu!

-Aja, que interesante ¿Y que más? –alenté.

Bella siguió con pequeño monologó mientras yo la miraba sonriente. Nos encontrábamos en un pequeño parqué cerca de nuestro hogar. Decidí traerla para que tomara un poco de aire fresco y enseñarle algunas cosas, ya que no salimos mucho desde que no mudamos. No habían demasiadas personas por lo que algunos solo se limitaban a observarme cuando pasaban a un lado de donde nos sentamos, sin molestar.

Empezaba a anochecer por lo que decidí que era hora de irnos. Recogí algunos juguetes que estaban en el suelo guardándolos en el bolso para luego colgármelo al hombro. Bella me miró intrigada y yo le sonreí.

-Nos vamos a casa pequeña. Hay que darte un baño y luego a dormir ¿De acuerdo? –Paso sus bracitos alrededor de mi cuello lo que me hizo sentir una felicidad inmensa -. De acuerdo, vamos.

Me levante con ella recostada en mi pecho y emprendí el camino de vuelta a casa. Decidí acortar el camino por el bosque ya que a Bella le gustaba ir a correr por que lo me puse en ello y de inmediato su risa inundo mis oídos. Solo tarde unos diez minutos en llegar a los límites del bosque que daba a nuestra casa.

Bastaron un par de segundos para darme cuenta de que no estábamos solos.

Fruncí el ceño y entre a la casa con rapidez, deje a Bella en la cuna y solté el bolso al suelo sin importarme nada más. Sentí emanar miedo y curiosidad de mi pequeña, de seguro debido a mi actitud un tanto brusca a la que ella no estaba acostumbrada, pero en este momento no podía permitirme pensar mucho en eso. La mire un momento acariciándole los cabellos y luego salí de la casa.

La esencia de dos vampiros rondando por la zona era demasiado fuerte.

Solté un gruñido en cuento escuche pasos rápidos acercándose con rapidez. Me agazape de forma protectora frente a la puerta de la casa mirando al frente. En cuanto los dos vampiros se detuvieron en frente mío la sorpresa me invadió.

-Con que eras tú, Jasper

Me costó un momento poder salir mi sorpresa.

-¿Peter? –logre decir mirando al vampiro frente mío para luego dirigirme a la mujer -. ¿Charlotte?

Ambos sonrieron de oreja a oreja.

-¡Valla amigo mío! Tanto tiempo –exclamo Peter acercándose.

Le gruñí en cuanto se movió, más como un acto reflejo que por otra cosa. Bella estaba dentro y no podía permitirme ponerla en peligro. Peter se detuvo sorprendido y la sonrisa de ambos desapareció en el acto. Me observaron fijamente por un momento.

-¿Qué pasa? Me conoces Jasper. Sabes que no soy de los que atacan a viejos amigos –exclamo Peter mostrando una pequeña sonrisa amigable.

Entrecerré un poco los ojos.

-Algunas cosas han cambiado desde la última vez –espeté.

-¿De qué hablas? –Charlotte hablo por primera vez.

Sentí la confusión de ambos. Durante varios minutos nadie dijo nada y yo no cambie en ningún momento mi postura defensiva. En ese momento una pequeña brisa se coló de entre los árboles y entro a la casa por la ventana, esparciendo el aroma de Bella. Tanto Peter como Charlotte se tensaron en el acto al captar el aroma y sus ojos se volvieron negros por un instante posándose en mí con intriga y sorpresa.

Bella empezó a llorar. Reconocí ese llanto angustiado, pues solo empezaba cuando tenía mucho rato sin verme.

-Eso ¿Es un bebe? –exclamo Charlotte.

No respondí. Sin poder soportar escuchar por mucho tiempo el desconsolado llanto de mi pequeña entre a la casa en un parpadeo y la tome en mis brazos intentando calmarla. Me sentí un monstruo, pues fui yo el que lo causo.

-Shhh lo siento mi vida, no debí haber ido tanto tiempo –susurre a su oído.

Se fue calmando de a poco hasta quedarse quieta en mis brazos, solo hipando de vez en cuando.

-¿De dónde sacaste a esa niña?

La voz de Peter me hizo recordar que no estábamos solos. Me gire a verlos gruñendo y agazapándome, colocando mis brazos como escudo sobre la pequeña. Nuevamente se mostraron sorprendidos por mi actitud. Peter alzo las manos sobre su pecho con expresión de cautela, mirando a Bella fijamente al igual que Charlotte.

-Nos alimentamos hace poco. No vamos a hacerlo ahora –aclaró, adivinando mis pensamientos.

Eso no alivio mi preocupación.

-Sus ojos no dicen lo mismo –gruñí.

Vacilo un momento antes de contestar.

-Su aroma nos tomo con la guardia baja –respondió con cautela -. No esperábamos encontrarnos con algo así. A mas que su sangre…. Su olor…. Es tan dulce que…

Gruñí antes de que pudiese decir nada más.

-Su sangre no tiene nada ¡Nada! –exclame enojado.

Tan solo pensar en alguno de ellos bebiendo de mi pequeña, me enfurecía a sobre manera.

-De acuerdo, ya entendí. Lo siento –Se disculpo en el acto -. No pretendí ofenderte.

-¿Qué quieren? –fui directo al grano.

No es que no me alegrase volver a verlos ni mucho menos. La verdad es que encontrarse con viejos amigos es algo que indudablemente alegraría a cualquiera. Pero lamentablemente las condiciones no fueron las más optimas y un simple error de mi parte o una debilidad por parte de ellos y Bella acabaría muerta. Y yo no iba a permitirlo. Primero tendrían que pasar sobre mi cadáver para hacerse con ella.

Charlotte decidió tomar cartas en el asunto.

-Discúlpanos si llegamos en mal momento, Jasper –Empezó -. Solo que captamos tu aroma y decidimos ir a investigar. No esperábamos encontrarnos contigo aunque nos alegra. Y con la niña… -hizo una pausa mirándola a lo que yo respondí con un pequeño gruñido. No se ofendió ni mucho menos, al parecer entendiendo mi situación -. No sabemos quién es pero si es tan importante para ti, como lo demuestras con tanto empeño, te aseguro que no haremos nada para lastimarla. Podemos controlar nuestra sed.

Peter asintió efusivamente, estando de acuerdo con las palabras de su pareja. Dudé un momento en si creerle o no, mi parte más protectora y hasta paranoica había salido a la luz. Pero finalmente caí en cuenta de que no valía la pena seguir con lo mismo puesto que había sido yo desde un principio el que se mostro agresivo y hasta ahora desde que captaron el aroma de Bella no habían echo nada por intentar atacarla. Me permití darles el beneficio de la duda.

Me enderecé y afloje un poco el agarre de mi pequeña cargándola con más delicadeza. Bella se movió inquieta y giro la cabeza con curiosidad a ver a los dos visitantes. Peter y Charlotte le devolvieron la mirada con curiosidad y algo de cautela. Para sorpresa de ellos mi pequeña les regalo una de sus deslumbrantes sonrisas lo que les hizo reír ambos, encantados.

Charlotte me miro un momento. Comprendí lo que quería mediante sus emociones. Dude un momento en si dejarla o no pero al notar en sus ojos que no haría nada malo asentí. Ella se acerco con cautela hacia nosotros y miro con más detenimiento a la pequeña.

-Es muy hermosa en verdad –señaló sonriéndole maternalmente a la pequeña quien observo con curiosidad su ojos que habían vuelto a ser de un rojo intenso-. Me sorprende que este tan tranquila, considerando con quienes se encuentra. Nunca vi ningún humano…

-Está acostumbrada a mí –aclaré antes de que pudiese finalizar la frase -. Llevamos mucho tiempo juntos.

-¿De quién es? –inquirió Peter, acercándose también.

-Mía –exclame sin dudarlo -. Es mi hija.

Ante aquella afirmación me observaron sorprendidos.

-¿Tu hija? –exclamaron al mismo tiempo, aun sin creérselo del todo.

Asentí sin más.

- Isabella Whitlock –dije -. Así se llama. Pero yo le digo Bella

La lleve a su cuna colocándole varios juguetes alrededor para que se entretuviese mientras conversábamos.

-Me parece que tienes mucho que explicar amigo mío –le dijo Peter posando una mano sobre mi hombro -. Comenzando con donde la encontraste.

Suspire con resignación.

-Fue hace unos seis meses. Estaba de cacería cuando me encontré con su madre moribunda en el bosque con Bella en sus brazos –Expliqué, sentándome en una silla que tenía al lado de la cuna -. Su nombre era Renee, según el acta de nacimiento de Bella que encontré mas tarde en su casa. El echo es que se estaba muriendo allí, me pidió que la cuidara, que la mantuviese a salvo –Mire a mi pequeña sumido en los recuerdos -. En cuanto destape su rostro y la vi, me quede prendado a ella. No podía dejarla allí para que algún animal viniese y su vida terminase antes de siquiera haber empezado. Decidí encargarme de ella y aquí me ven.

-¿Qué hay de su padre? Tuvo que ir en su búsqueda en algún momento –señaló Peter.

Negué rápidamente lo que los calló a ambos.

-También murió. Cuando tome a Bella seguí el rastro de sangre que había dejado la mujer y llegue hasta su casa. Estaba muerto para cuando entre, asesinado por un ladrón que estaba en el piso superior –Seguí con el relato haciendo una mueca de disgusto -. Mate al tipo antes de lo que canta un gallo. Llame a la policía y cuando me aseguré de que no había dejado rastro alguno me lleve al ladrón al bosque y lo deje allí para que algún animal se encargase de él.

-Así parecería como que él ladrón huyo ¿no? –Finalizó Charlotte.

-Exacto. Que huyo con Bella –dije -. Eso llevaría algunas investigaciones infructuosas y luego al poco tiempo lo dejaría de lado al ver que simplemente no los hallarían nunca. Luego solo me quedo hacer una nueva vida.

Me miraron en silencio un largo rato mientras yo vigilaba el juego de mi pequeña. Finalmente escuche a Peter suspirar y reír con diversión.

-Bueno ¿Quién diría que el temible Jasper Whitlock se convertiría en el amoroso padre de una humana? –Miro a Bella de reojo y pasó una mano por su rostro sin dejar de sonreír.

-Y estás haciendo un excelente trabajo –siguió Charlotte mirándola con ternura -. Una niña bastante sana y alegre.

-Gracias –respondí orgulloso.

Fije mi mirada en Peter quien se quedo observando a Bella un momento con expresión ausente y seria, sumido en sus pensamientos. Enterró sus manos en los bolsillos de su pantalón y me lanzo una mirada furtiva.

-¿No te preocupan los Vulturis? –La pregunta me tomo por sorpresa.

-No había pensado en eso –Admití.

-No creo que supongan mayor problema –se apresuró en decir Charlotte -. No tienen por qué enterarse de esto. Y mientras se mantengan alejados de Italia…

No termino la frase. Peter asintió, no muy convencido pero supongo que decidió no decir nada mas respecto al tema, cosa que agradecí internamente. No quería ni imaginarme lo que pasaría si se enteraban. Para lo poco que les importaba, podía pedir fácilmente la vida de Bella.

Este simple pensamiento me hizo estremecer.

-Y bueno ¿Qué tal llevas la comida humana? –inquirió Charlotte, desviando el tema.

La mire inseguro.

-Mis habilidades en cocina se limitan a hervir agua –dije -. Tengo que aprender a hacer comida humana. Bella necesita aprender a empezar a comer sólidos.

Ella sonrió.

-Podría enseñarte –ofreció -. Con un buen libro de cocina me defiendo, aun recuerdo varias cosas de mi vida humana.

Lo medite un momento y me dije ¿Por qué no? Acepte en el acto. A partir de allí tanto ella como Peter pasaron a vivir un tiempo con nosotros. Les deje bien en claro las condiciones, no podrían estar a solas con Bella bajo ninguna circunstancia aun si hubiesen bebido sangre recientemente, al menos hasta que no estuviesen acostumbrados a su aroma –cosa difícil para un vampiro que bebía sangre humana constantemente-. Ellos aceptaron sin problemas, entendiéndome.

Las semanas pasaron con rapidez y Bella pareció acostumbrarse rápidamente a la ahora constante presencia de ambos en casa. Les fue tomando confianza de a poco pero aun prefería permanecer cerca de mí, y seguía con los llantos incontrolables en cuanto yo permanencia mucho tiempo fuera de una habitación donde ella se encontraba. Supuse que solo era una etapa pero no podía negar que me gustaba que estuviese tan apegada a mí.

Con Charlotte aprendí a cocinar algunas comidas humanas rápidamente, por lo que pronto fui capaz de hacer una papilla decente para que Bella empezara su nueva dieta. Los primeros días se negaba a comer mucho del nuevo alimento pero luego se fue acostumbrando hasta que al final la aceptaba gustosa.

Peter también me ayudo mucho con el tema de la sed. Empezó a cazar algunos animales por mí para que así no tuviese que alejarme mucho de casa. Solo unos cuantos metros considerables para no asustar a la pequeña. También empezó a asaltar el banco de sangre bastante seguido, ya que decidimos que muchas muertes seguidas en las mismas zonas sería demasiado sospechoso por lo que esa manera resultaba más segura para mantenernos bajo perfil.

Ambos empezaron a encariñarse con Bella rápidamente y a llenarla de obsequios y otras cosas. Pronto paso el primer mes conviviendo con Peter y Charlotte. Estábamos en la sala viendo la televisión, o bueno más bien cambiando canales. Ambos sentados en el sofá y yo con Bella en el suelo enseñándole una figuras de un cuento infantil.

-Ves, este es un perro y este un gato –ponía mayor énfasis en las palabra perro y gato cuando le señalaba las figuras. Ella posaba sus manitas en el libro y sonreía.

En cuanto pase la pagina le mostré la figura de un hombre y una mujer señalando como "papa" y "mama" respectivamente tal cual como indicaba el libro. Bella miro la figura quieta y luego a mí, después se fue gateando hasta donde estaba Charlotte, yo la mire sin entender. Mi pequeña se levanto sosteniéndose de las rodillas de Charlotte me señalo con su manita.

-PA-PA –dijo sonriendo.

-Si nenita. Ese es papa –aplaudió ella al igual que Peter quien río al ver mi expresión.

Yo al contrario me quede estático en mi sitio, como si me hubiesen echado pega. Estaba que explotaba de alegría ¡Había dicho su primera palabra! Me levante y la alce en brazos lanzándola al aire y atrapándola, causando sus risas.

-Bella ¡Hablaste! ¡De verdad hablaste! –estallé por fin.

-PA-PA –volvió a decir sonriente.

La abrace orgulloso y lleno de felicidad. Una mano se poso en mi hombro.

-Te tiene en la palma de su mano, amigo –dijo Peter sonriente.

Para qué negarlo, era cierto. Me tenía completamente atrapado. Pero a pesar de eso era un padre feliz.