-Hola, estoy editando todos los capítulos partiendo por este, pero no se preocupen, no voy a cambiar cosas importantes ni el sentido de ellas, solo es para arreglar errores de ortografía y por una cosa estética, si algo tiene que mejorar uno con los años pues xD -

Lo de siempre: Los personajes de Latin Hetalia no me pertenecen

Por Iris

EL INICIO.

- ¡Oh! Creo que me pase con las chelas…

Aquí tenemos a José Manuel González, un chico normal, de pelo y ojos cafés, algo gruñón y antisocial, que se daba una que otra farra a la semana, experto en lingüística juvenil y disciplina callejera… o sea, un típico joven chileno.

- Jeje, la Rapa me va a matar –Se dijo a sí mismo con una expresión resignada. En su reloj marcaban las 2:10 AM y al otro día tenía escuela, por eso le había prometido a su hermanita que llegaría a más tardar a las 12- A ver qué escusa le tiro ahora…

¡Déjame!... ¡Ah!

Manuel se detuvo inmediatamente al escuchar murmullos más adelante, presto atención y las voces se callaron a los segundos, ahora oía pasos y un montón de cosas cayéndose. Pasada la impresión, avanzo cauteloso para seguir su camino, caminó por frente un callejón y descubrió al instante quiénes hacían tanto ruido. En el callejón había dos chicos, uno de ellos trataba de escapar, pero el otro lo golpeó y lanzó contra las bolsas de basura que había allí. "Un asalto…" pensó Manuel, y aunque sintió lastima por el chico y tenía unas ganas inmensas de meterse, no, no… no se atrevió a intervenir. "… Que… que se las arregle solo…" Bajó la cabeza y continuó su camino lentamente.

¡Crash!... Un fuerte ruido se escuchó en toda la cuadra

- ¡Ayuda, por favor!... ¡Crash!

Manuel se detuvo y apretó fuertemente sus manos- ¡Mierda!... –Terminó diciendo. Se dio media vuelta y regresó frente al callejón. El chico de antes se encontraba en el suelo y contra la pared, con una cara de total espanto mientras el supuesto "asaltante" se le acercaba con un semblante oscuro. Agarró a este del cuello de la camisa y desde su posición el moreno pudo ver que al joven le temblaban las piernas frenéticamente.

- Acabemos con esto quieres… -Susurró en el oído del pobre chico y luego puso una sonrisa que hizo al tipo estremecerse. Se comenzó a acercar a su cuello cuando…

¡Pam!

... Lo único que vio el muchacho fue como ese hombre lo soltaba y caía al suelo. Sus rodillas no soportaron su peso más tiempo y se doblaron con lo que el joven cayó al suelo temblando todavía…

Ya ni sabía cómo había llegado a eso. Después de que Manuel golpeara a ese tipo para que soltara al otro… parece que se las tomó con él, ni cuenta se dio cuando el otro se fue corriendo.

"De nada weon…".

Después de haber intercambiado un par de golpes los dos se fueron contra las bolsas de basura, el tipo ese se paró rápidamente para alejarse un poco y cubrirse la nariz como si fuera a vomitar.

Manuel trató de levantarse rápido pero cuando su mano hizo presión contra el suelo sintió un dolor punzante en el hombro. Lo miró, y claro, tenía un corte, había rozado con un vidrio. De la herida comenzaba a emanar sangre. Manu presiono un poco su herida y miro al hombre, este se había calmado y volvía mirarlo, con odio en primera instancia, pero cuando notó la sangre que corría por su camiseta su expresión cambió. Le brillaron los ojos y una sonrisa se formó en sus labios. Mostraban un sentimiento de deseo y maldad.

El hombre comenzó a acercarse y en el momento que se detuvo frente a él, Manuel se sintió como un animalito atrapado.

"¡Ay, mierda!..."

Pero por suerte a lo lejos escuchó varios pasos que se acercaban, sintió un poco de alivio e intento levantarse para hacerle frente, aunque antes de poder hacerlo…

- ¡Grrr!

… El tipo ese se lanzó sobre él y… lo mordió. Para extrañeza de Manu.

Dejó escapar un fuerte grito en cuanto sintió los dientes del sujeto atravesándole la piel del hombro herido. Su reacción fue empujarlo, sacarlo de encima, por todos los medios y lo consiguió. El tipo huyó unos segundos antes de que apareciera más gente en la entrada del callejón.

- ¡Ah! –Una de las chicas que llegaron dio un enérgico grito al ver como sangraba el hombro de Manuel. Un grupo de jóvenes había ido al escuchar el ruido de la pelea y se acercaron a él para ayudarlo a levantarse.

Luego de recibir los cuidados necesarios en una posta cercana, Manuel se fue a su casa. Abrió la puerta lentamente para no hacer ruido, encendió la luz y se dio cuenta que todo estaba tranquilo, así que subió las escaleras y entro en la habitación de su hermana, esta yacía dormida en su cama, abrazando al perro. Manuel suspiró y sonrió al ver que la niña estaba bien. Se apoyó contra el marco de la puerta y miró su hombro derecho, no se veían, pero él sabía que debajo de su camiseta había un montón de vendas. Volvió a llevar su mirada hacia su hermana que continuaba durmiendo sin perturbarse en absoluto, entonces volvió a suspirar.

-Sí, es mejor que no se entere –Murmuró antes de cerrar la puerta de la habitación e irse a su propio cuarto.

Se dejó caer sobre la cama como un saco de papas y siguió tranquilo mirando el techo oscuro de su habitación. Luego de un rato se quitó la ropa y se dejó solo una polera sin mangas y sus bóxer para dormir. Agazapado con las colchas volvió a mirar su hombro y tanteó en la oscuridad hasta tocar las vendas. Dejó escapar una risa amarga- Para nunca ayudar a nadie más… -Finalmente acomodó su cabeza sobre la almohada y cerró los ojos para tratar de descansar…

¡Ugh!... ¡Ah!...

Había pasado apenas una hora y media de haber llegado a su casa, y el cuerpo ni la mente de Manuel conseguían descansar. El muchacho se revolcaba de un lado a otro en la cama, estaba sudando y entre sus sueños (más bien pesadillas) escuchaba voces y veía sombras. Su herida le ardía tanto que sentía como si le quemara el hombro y luego se esparciera por todo su cuerpo. Esa fue la peor noche de toda su vida, hasta ahora…

Pero quien dice que las transformaciones sean fáciles de soportar.

CAPITULO 1: Primeros síntomas

- Mmm… -Manuel seguía sumido en el sueño, ahora que se había calmado un poco, cuando comenzó a oler un aroma muy fuerte que lo hizo despertar. Abrió los ojos y se sentó maquinalmente, miro toda su habitación buscando el origen de ese olor que empezaba a causarle nauseas- ¡Argh! Qué demonios…

Se levantó de mala gana y se metió al baño rápidamente para lavarse la cara y enjuagarse la boca.

- Mmm… -Masculló mientras apoyaba sus manos en el lavabo y veía como las gotas de agua caían a la porcelana blanca. Tragó saliva con dificultad un par de veces antes de levantar el rostro y mirarse en el espejo. Inmediatamente cayó en cuenta de las vendas en su hombro- Cresta, me las tengo que cambiar –Enseguida abrió el mueble del costado derecho del espejo y buscó algo que ponerse- Sé que tenía por aquí… -Encontró una gasa de tela y la dejó a mano sobre la taza del baño- Uf… bien… aquí voy –Se comentó a sí mismo para darse ánimos, porque en verdad tenía un poco de miedo. ¿Cómo estaría esa herida? ¿Y se habían pegado las vendas a la piel?... porque así si tendría algunos problemas, y no quería decirle a su hermana que lo fuera a ayudar.

Entonces, fue quitando las vendas hasta llegar a la primera capa, esta la quitó con mucho cuidado hasta que su hombro quedo libre de ella y no mostraba más que una pequeña cicatriz.

- … ¡¿Pe-pero qué?! –Sus ojos se abrieron enormemente delatando su sorpresa- ¡¿Qué onda?!... ¡Pero si…!

- ¡Manu! ¡Hermano, baja a desayunar!... ¡Ya son las siete y media! ¡Apúrate!

- ¡Chu…! –Dejó las cosas ahí, viendo que no iba a necesitar más vendas, y se fue a buscar su uniforme… si es que era posible encontrar algo en ese desorden.

En la planta baja se escuchaba: ¡Ah! ¡¿Dónde ***** deje mi ***** zapato?!

La chica en la cocina suspiró con resignación- Otra vez…

- ¡Guaf! ¡Guaf! –El perro que tenían se acercó mientras empujaba su plato con el hocico- ¡Ah! Perdona Lipi, ya te sirvo.

- ¡Ay! ¡Por la re-chucha! Ya es tarde –Iba quejándose Manuel mientras bajaba la escalera. Llevaba la camisa afuera y a medio abrochar, la corbata colgándole del cuello sin anudar, un zapato en la mano izquierda, la mochila colgándole de un brazo y con la mano derecha se ponía la chaqueta- ¡Mierda!... –A pesar de ir tan acelerado paró en seco al llegar al primer piso, dejó caer la mochila y su zapato para taparse la nariz- ¡Ah! ¡Tiare! ¿Qué hiciste que huele así? –Se apretó la nariz con una mano y con la otra se tapó la boca. "Quiero vomitar" pensaba en ese momento.

- ¿De qué hablas? Solo tosté un poco de pan y te hice huevo –Le acercó el sartén con los huevos revueltos. Manuel sintió unas nauseas horribles, puso una de sus manos enfrente y haciéndole una seña a su hermana dijo- ¡Aléjalo! No quiero, no quiero

La chica alejó el huevo de su hermano y lo miró extrañada- ¿Qué onda Manu? Si a ti te gusta…

- Si sé, pero hoy me da asco, ¡Córrela! –El joven se sentó a la mesa e intentó hacer un nudo en su corbata.

- Ni que estuvieras embarazado, ¿Qué has estado haciendo, hermanito? ¡Ja, ja, ja! –Tiare dejó el sartén en uno de los quemadores de la cocina- Bueno… –Tomó un pan sin tostar- Más para mí –Le comenzó a echar huevo a su pan- Ya come que vas tarde –Dijo mientras sacudía su mano hacia las cosas en la mesa.

- … -Manuel miró el pan tostado, tomó uno pero un olor a carbón le cruzo por la nariz y se arrepintió y lo devolvió, pero también el pan normal desprendía un olor que le desagradaba, así que estaba frito. Fijo su vista en la taza con té. Hasta este le provocaba ganas de vomitar "¡Esto ya es mucho! ¡Con mi té no!". Mientras Manuel peleaba consigo mismo para tomarse su tecito, su hermana y el perro lo miraban extrañados.

"Esto sí que es raro" Pensó su hermana.

"Si no lo quiere que me lo de a mi" Pensó el perro.

Manuel seguía tratando de ignorar los olores y comer algo pero no podía, seguía con ganas de vomitar.

Por otro lado Tiare también se demoraba en desayunar, pero eso era por estar pendiente de su hermano- Manu –Lo llamó y el chico se giró a ella- ¿Estás enfermo?

- Eh… no ¿Por qué? –La vio levantarse.

- Es que estás muy pálido… -Puso su mano en la frente de su hermano y abrió los ojos como platos- ¡Estas congelado! Manu, pareces un hielo –Le tocó toda la cara y luego agarró su muñeca.

- ¿Qué estás…?

Con una mirada la chica lo silenció. Puso su dedo en la garganta de Manuel y se quedó mirándolo un segundo- ¡No te encuentro pulso! ¡Ah! ¡Manu, es como si estuvieras muerto!

- ¡Ay! ¡Pero qué tonteras estás diciendo! –Corrió su mano y volvió a mirar la taza frente a él.

- Manu, ¿Por qué no vamos a un hospital para que te revisen?

- ¡No! ¿Para qué, y con qué plata? No pienso pedirle algo extra a la abuela ni que se asuste por tonterías, además, yo estoy bien, debe ser la caña –Comentó obstinado y tomó el tazón caliente con té.

- ¡Pero Manu…!

- ¡Pero nada! Me tomo una aspirina y ya estoy –Dijo como punto final.

- ¡Ash! Como digas –Gruñó la niña pero no dejó de observarlo con preocupación.

Manuel seguía sosteniendo el tazón. Tenía que comer o por lo menos tomar algo. Miró la hora en su reloj: 7:45

- ¡Ah! –Con gran fuerza de voluntad se tomó el té al seco y tragó un pedazo de pan blanco. Se metió el zapato y agarró su mochila- Adiós Tiare –Le dio un beso en la frente- Lipi –Y acarició la cabeza del perro. Salió corriendo de su casa, y solo cuando llego al paradero se preocupó por abrocharse los cordones.

- ¡Ay! ¡Por la cresta, voy a llegar tarde de nuevo! –El bus llegó y se subió junto con todos los demás, iba llena, así que agarró su mochila con fuerza y la puso entre sus piernas, solo por si acaso. A los segundos de viaje comenzó a percibir un montón de olores que renovaron sus ganas de vomitar y se tapó la boca y la nariz. "¡Ah! ¡¿Que mierda me pasa?!".

- Oye weon… -Manuel miró a su lado, un estudiante al igual que él le había hablado- ¿Estás bien? Te ves pálido…

- … mmm –El joven hizo un esfuerzo y quitó la mano de su boca- Estoy bien… creo que la caña me dio fuerte no más –Le respondió con una pequeña sonrisa para ser amable.

- Ah, ya… -El chico no le hablo más pero lo seguía mirando de reojo.

"¡Ah!..." Se tapó la nariz, el olor allí dentro se hacía insoportable, demasiado insoportable incluso para decirse a sí mismo que era un aroma normal al considerar cuanta gente había aglomerada allí. "¡Oh! Tal vez sí deba ir con un médico". Recordando lo que había hecho su hermana, también llevó una mano hasta su cuello para buscarse el pulso, pero por más que lo intentara no lo lograba. "¿Qué mierda me pasa…?".

Por fin el bus llegó a su parada y salió de allí lo más rápido que pudo, estaba atrasado y además no soportaría ni un momento más dentro. Echó a correr velozmente, aún faltaban cinco cuadras para su colegio- ¡Todavía alcanzo! -La verdad si no dieran hasta las 8:10 para entrar, él ya estaría suspendido.

Mientras iba corriendo se fijó que era mucho más rápido que antes, se sentía más liviano, y tenía claro que otros días ya estaría cansado a esas alturas, pero ahora… nada. Además se percató que veía todo más iluminado, como si el sol diera más luz.

"Vaya, si en realidad estoy enfermo, qué extraño…". Llegó a un cruce que le daba luz roja y tuvo que esperar. "¿Desde cuándo un resfriado te hace correr mejor?... qué estúpidos los síntomas". Se puso la mano en el pecho esperando oír su corazón exaltado pero todavía no logró hallar nada- Vamos ¿Dónde estás?...-Esperó unos minutos más pero su pecho siguió callado- Esto me preocupa.

El no escuchar el latir de su corazón lo tenía más angustiado que las náuseas, el color pálido de su piel o ni siquiera sentir su calor corporal.

Tal vez sí estoy muerto…

El semáforo cambio y le dio verde, devolviéndolo al ahora. Inspiró hondo y sacudió la cabeza.- Imposible, deja de pensar tonteras, weon… - Siguió corriendo hacia la escuela.

- ¡Uf!... –Por fin llegó la última clase, ese día no fue nada fácil para Manuel. En cuanto apareció en la sala sus compañeros lo empezaron a molestar.

- ¡Yaaa!... weon ¿Qué onda, por qué tan blanco?… ¿Te operaste la piel Manu? Estay igual que Michael Jackson… El moreno que quería ser blanco… jajaja…

- Oh, estamos simpáticos –Manuel se sentó en su banco intentando ignorar al resto de la gente, pero a los segundos una de sus compañeras se acercó y le tocó la frente al igual que lo había hecho Tiare.

- Manu, estás muy frío –Quitó su mano espantada- ¿Te sientes bien? –Preguntó otra.

- Sí, solo… -Paró de hablar al sentir a uno de sus compañeros pasando un brazo por detrás de su cuello.

- Claro que está bien, solo necesita un poco de atención… ¿Qué me decí weon? ¿Te caliento? –Le preguntó muy cerca de su oído.

- ¡Córrete fleto culia'o! –Manuel lo empujo

- ¡Ja, ja! No te me pongas nervioso…

- Claro, tú me vas a poner nervioso…

No hubo profesor que no le preguntara si se sentía bien, hasta uno llego a la sala, lo miro y lo mandó a la enfermería. Tuvo que esforzarse para no vomitar en el casino, y aún así terminó saliendo de ahí y no comió nada. Caminó por el patio hasta que paso un profe con su plato de comida frente a su nariz y corrió al baño a vomitar. No tiene idea cómo, pero sus compañeros se enteraron y lo agarraron para lo que es WEBEO.

- Oye Manu… -Uno de sus compañeros se acercó, estaban en el gimnasio para gimnasia.

- Dime… -Manu lo miró directamente esperando a que hablara.

- ¿Estás en tus días? –Sonrió. El moreno le dio un tape- ¡Ja, ja, ja, ja! –Todos los chicos comenzaron a reír mientras las chicas los miraban con desaprobación

- Ya basta, dejen al pibe tranquilo… –Bueno, tal vez no todos sus compañeros se estaban burlando- Aunque tal vez sonrojándose le regrese el color al pobre boludo –Bueno, no. El resto se rió aún más.

Debajo de las graderías, en la cancha, estaban dos chicos que Manuel no recordaba haber visto. El argentino, porque estaba claro que era argentino según Manu, era rubio y de ojos verdes y el chico a su lado era castaño, de ojos cafés, el color de su piel era parecido al suyo y tenía una bandita en la nariz.

- ¡Oigan par de vagos se acabó el chacoteo, vengan aquí o les pongo un 1 a todos! –Dijo el profesor al segundo de pisar la cancha. Los chicos bajaron de las graderías y se reunieron en el centro.

- Oye ¿Cuándo llegaron esos dos? –Manuel le pregunto al chico que tenía al lado mientras el profesor daba las instrucciones para la clase.

-Esos… mmm… llegaron como a mitad de semestre –Le dijo el joven.

-… ¡Muy bien! ¡Comiencen! –Gritó el profesor e hizo sonar su silbato.

- ¿Eh? ¿Comenzar qué? –Antes de recibir respuesta Manuel tuvo un balón de basquetbol en la boca del estómago- ¡Uhm!

- ¡González, muévase! –Le dijo el maestro desde su asiento.

Manuel volvió a llenar sus pulmones con aire y fue al lado de los demás- Oigan… ¿Qué cresta hay que hacer? –Preguntó totalmente perdido y enseguida se rieron de él.

- ¡Ay, Manu, ven! Haremos pareja – Le dijo una chica y lo tomó de la mano. No faltaron los "¡Uy!" de sus compañeros cuando se fueron a un rincón.

- Practiquen los pases y en 20 minutos comiencen con los lanzamientos de la clase anterior –Dijo el profe.

- ¿Cuándo enseño eso? –Preguntó el joven con los ojos bien abiertos.

- La clase anterior no viniste, Manu…

- Ah… cierto –Si su cuerpo estuviera funcionando bien se habría sonrojado por la vergüenza.

Practicaron los pases y al mismo tiempo la chica le iba explicando cómo eran los lanzamientos. Para suerte de nuestro chilenito no eran la gran ciencia… aunque había un problema…

- … No tengo puntería –A Manuel le tocaba lanzar, ya sabía cómo hacerlo gracias a la chica y porque había visto a los chicos que salieron antes… pero de ahí a que la pelota entrara… era otra cosa.

Se oyó el revote de una pelota y unos pasos, Manuel vio que el argentino iba hacia la canasta, dio los tres pasos con rebote, después los dos con la bola en las manos y un salto increíblemente alto para lanzar la pelota, esta voló por el aire y cayó dentro de la canasta. "Mierd…"

- ¡González! Espero que lo hagas igual o mejor o te anoto ¡Sí! ¡Te anoto! ¿Qué te crees faltando a mis clases?…

"Doble mierd…"

- Suerte che… -El rubio paso al lado de él con una sonrisa petulante. "Hijo de la re mil…"

- ¡González! –Gritó el hombre con silbato para apresurarlo.

- Ay… -Manuel dejó caer sus hombros rendido. "Ayúdame… si existes ayúdame".

Sus compañeros comenzaron a cuchichear, sabían mejor que nadie de la falta de cálculo en la distancia que tenía el chico… con los pies todo lo que quisieran…. Con algo más en las manos como una raqueta salvaba…. También cuando estaba enojado y quería lanzar algo… pero…

"¡Ah! Ya, que chucha". Sin más empezó a correr hacia el cesto, dio los tres pasos con rebote, luego tomo la pelota con ambas manos y dio dos pasos. Era la hora de la verdad, dio el salto mirando hacia la canasta y… no supo cómo, llego al lado, AL LADO del aro de basquetbol. Quedó en shock, igual que sus compañeros y el profesor que abrían la boca sin creérselo del flaco.

Bueno eso qué importaba ahora, levantó la pelota por arriba de su cabeza y encesto antes de bajar al piso nuevamente, sintió la cerámica bajo sus pies y se quedó estático por un momento hasta que reaccionó, se dio media vuelta hacia el profesor y lo apuntó con un dedo.

- ¡Ja! –Rió victorioso. Al pobre hombre se le cayó el silbato de la sorpresa, aún no creía lo que vio.

- … ¡Bravo! –Y entonces el curso comenzó a aplaudirle. Por eso el moreno sonrió y les dio una elegante reverencia a sus fans.

- ¡Corran! ¡Más rápido! No pierdan el ritmo… ¡Ni tampoco la pelota, Rojas! –Llevaban diez minutos corriendo alrededor de la cancha mientras hacían botar el balón y el profesor le gritaba.

- ¡Ah!... no… no aguanto más… ¡Ah! –Un chico iba arrastrando los pies mientras tenía la pelota en sus manos sin botarla.

- Son chantas, weones, yo estoy súper bien –Manuel iba bien erguido, con una velocidad constante mientras botaba el balón rápidamente.

- ¡No es justo!... ¿Tú no que estabas enfermo? –Le lanzaron las manos para agarrarlo de la polera pero Manuel con un ágil movimiento los esquivó y se fue corriendo más rápido.

- A ver si pueden agarrarme, jetones –Sus compañeros hicieron el intento al menos.

En cierto momento el profesor les dio 5 minutos para tomar agua y luego los dividió en dos equipos para jugar basquetbol.

- Muy bien Manuel, a ver cómo te va ahora –Manuel y otro chico estaban esperando para el salto de inicio.

- Suenas muy seguro ¿Qué apuestas? –Decidió seguirle el juego a su compañero ahora que se sentía capaz de ganarle.

- Ahora mismo tengo 10 lucas… ¿Qué dices?

- Que las vayas pasando, cabro –Manuel sonreía seguro.

¡Priiiiiiiiiii!

El profesor sopló el silbato y lanzo el balón al aire, los dos saltaron y, como Manu esperaba, llegó mucho más alto que el otro chico y golpeó el balón hacia los de su equipo. Y así comenzó el juego, como lo veían más enérgico que de costumbre le pasaban el balón casi siempre, y Manuel aprovechaba y se ponía a jugar un rato con sus pobres compañeros que aunque lo intentaran no podían quitarle el balón, y para más remate, Manu daba uno de sus súper saltos y anotaba puntos y puntos para su equipo.

Estaba torturando al equipo contrario nuevamente mientras el profesor le gritaba que dejara de hacer payasadas. La verdad el señor no se creía que ese flaquito fuera tan bueno en algún deporte.

Mientras todo eso ocurría dos figuras se apartaron un poco de la multitud…

- No te parece extraño… ¿Será que…? –El castaño fue interrumpido por el rubio.

- No sé… pero yo me encargo de averiguarlo, dejáme el pibe a mí –Los dos miraron en dirección a Manuel antes de volver al juego.

- ¡Ja, ja! , ¡Vamos! atrápenme…

- ¡Ya po! Mis diez lucas –La clase ya había terminado y estaban en los camarines.

- No, seguro que te fumaste algo Manu, solo por eso me ganaste –El chico trataba de no mirarlo a la cara.

- ¡Ay, eres más chanta, weon! Ya no más –Se dio vuelta hacia los lavamanos. Hizo todo lo que tenía que hacer, como lavarse la cara y las manos. Se echó desodorante pero cuando iba a ponerse la colonia alguien le agarró la mano. Miro hacia el frente con el ceño fruncido, y se sorprendió al ver que era ese argentino.

- ¿Cuál es? –Acercó su cara al recipiente y la olfateó.

- ¿Pero qué…? –Manuel no sabía qué estaba haciendo, y quedó peor cuando el rucio ese se colocó tan cerca que su nariz rozaba la piel de su cuello. Se separó después de unos segundos cuando el moreno seguía con expresión consternada.

- Esta te quedara mejor, che –Dijo y le roció otra sustancia en el cuello… y se fue.

- … ¿Ah? –Miró al otro joven que hacía su camino hacia el muchacho con la bandita en la nariz.

El rubio pronto llegó al lado del castaño, quien lo interrogó enseguida- ¿Y?... ¿Es o no uno de nosotros?

- No… apesta a humano, además ese boludo no tiene ninguna marca en el cuello.

- ¡Ah! –Manuel se tiró sobre el sillón en cuanto estuvo en su casa. A su lado no tardó en llegar su perro "Lipigas" (nombre conseguido por ser encontrado luego de que pasara el camión del gas) al cual comenzó a hacerle cariño- ¡Ay, compadre! No me fue tan mal al final… aunque por esas nauseas weonas no he comido nada –Miró en dirección a la cocina por unos segundos para luego mirar a su perro con ojos cómplices.

Se levantó y fue allá, abrió el refrigerador y saco un poco de carne que había quedado del día anterior, la calentó y se hizo un pan con ella y queso, lechuga, tomate y mayo. Estaba ansioso por comérselo, se veía tan bien, hasta Lipi se saboreaba. Agarró el pan con sus dos manos y lo acercó a su boca, la abrió pero su nariz percibió todos los olores más fuertes que lo normal y el queso gauda lo mareó… bueno, la verdad le dio un poco más que mareo.

- ¡Ugh! –Se tapó la boca y se fue directo al baño a vomitar.

Lipi se quedó mirando hacia la puerta del baño y después de unos segundos escuchando los ruidos extraños que su amo realizaba se paró en dos patas y de un tarascón se tragó el sándwich.

Ese día Manuel no bajó a tomar once para desconcierto de su hermana. Se quedó encerrado en su pieza tapándose la cabeza con la almohada para no oler las cosas que la chica le echaba al pan en el piso de abajo.

"Esto es una mierda"