La saga de Twilight no me pertenece, los créditos a Meyer.


Un Chico Mas – Capitulo Tres


Me sentía desfallecer, estaba frente a la casa de Edward, ¡Edward Cullen! El chico del que estoy enamorada. ¿Y ahora qué? No estaba preparada ni para verlo ni para dejar que él me viera a mi. Ya temblaba por la ansiedad, y eso antes de siquiera pasar.

Era un alivio que al menos tuviera la certeza de que Edward no estaba en casa, estaba en la casa de los Hale; solo me preocupaba que mi hermano fuera a soltar la boca anunciando que me encontraba allí. Pensar en ello sólo incrementó el temblor, definitivamente no sobreviviría al fin de semana.

Pero ya estaba aquí, y a menos que me decidiera por robar el auto de Alice, estaba sin medios para dar media vuelta y llegar a casa. Me sentía ausente desde que me inundara aquel ansioso miedo, tanto que al entrar no logró impactarme como normalmente lo hacía el ver al padre de Alice; que aunque ya fuera algo mayor era -como todos los Cullen- como un modelo de pasarela. Estaba en la puerta cuando el señor Cullen besó a su esposa, luego abrazó a su hija y me dio un apretón rápido en el brazo, todo antes de salir por la puerta en la que aún me encontraba yo. Quizá iba a atender alguna emergencia, cosas de médicos.

—Hola mamá— Alice se acercó a su madre y la abrazó. Al separarse la señora Cullen le devolvió el saludo mientras nos dedicaba una cálida sonrisa.

—Buenas noches Isabella.

—Buenas noches señora Cullen...llámame Bella por favor —Mientras me adelantaba cerrando la puerta sentí el rostro caliente. Estaba sonrojada, volvía a ser yo—.

—Por supuesto Bella, siempre y cuando tú me llames Esme ¿Bien? — Esa mujer era un ser adorable, en serio que si. Miró a su hija, y levantando una ceja sin perder la sonrisa le dijo—: Así que otra pijamada de improviso.

No lo podía creer, pero ante ella una Alice cubriendo su ruborizada cara con el largo cabello negro y con una sonrisa nerviosa se quedó sin palabras. Esme suspiró antes de continuar— Ya qué, suban. Les prepararé algunos bocadillos para más tarde.

Esa mujer realmente adoraba a sus hijos.

Alice dirigió la huida y pronto nos encontrábamos frente a la puerta de su habitación. Eran un gran espacio aquel, todo colores brillantes y muebles que aunque poco discretos lograban no desentonar. Muy Alice. Me senté en la cama de sábanas de diseños florales rojos y negros dejando mi bolso en el piso.

Por otro lado la pixie había comenzado a abrir cajones sacando de ellos planchas y tenazas para el cabello, peines y cepillos, gran cantidad de esmalte de uñas, cremas y demás instrumentos de tortura. Luego abrió la puerta de su closet -o más bien la habitación a parte donde ponía su ropa-, y de allí sacó una gruesa maleta de mano negra. Solo que no era una maleta, se trataba de un enorme estuche de maquillaje que al abrirse desplazaba hacia fuera dos niveles de sombras de ojos y un tercero con brochas y colorete. De un lado se desplazaban una colección de delineadores tanto en lápiz como líquido y en gel junto a unas pestañas postizas, mientras en el otro habían limas de uña. La tapa era un espejo con dos luces blancas empotradas arriba.

wow

Me quedaba corta, pero wow. Dejó el estuche sobre su coqueta y arrastró una silla justo al frente.

—Creo que estamos listas— Dijo satisfecha, ignorando mi estado de pasmo ante todo los que estaba a mi alrededor. Escuchamos ruido de autos acercándose y Alice se acercó a la pared de cristal que conducían a un pequeño balcón—… Que bien, Rose ya llegó... Y Edward también.

Mientras en su rostro aparecía un enorme sonrisa, yo quedaba helada justo donde estaba. Con un "Ahora vuelvo" Alice salió corriendo de la habitación. Cuando volvió con Rose al lado yo seguía justo ahí.

—¿Te ocurre algo Bella? —Fue Rosalie quien preguntó al ver que no me movía un milímetro. Alice me miró extrañada.

—Chicas, Edward está aquí —Ambas asintieron agitando sus largos cabellos sin comprender el punto—… Perso se supone que no debe verme.

Fue como si una bomba hubiera caído en la habitación. Ambas chicas abrieron los ojos como platos y se miraron entre si, no habían considerado ese pequeño detalle. Las tres estábamos horrorizadas, solo que por razones distintas. Ellas no querían que alguien viera su obra de cambio de look antes de tiempo y yo solo quería escapar del chico que amaba. Gracioso ¿No?

—¡Es cierto, Edward no puede verla! —Dijo una un poco, -exageradamente- alterada Rosalie. Torció el gesto en su bella cara y agregó chillando— ¡Alice, no podemos permitir que la vea!

—Cálmate mujer, por todos los diseñadores habidos y por haber que no hay ningún problema — La detuvo Alice tronando los dedos, la despreocupación viva en su cara—. No es nada que esté aquí, es viernes. Así que estará con su piano unas horas y luego no sabremos de él hasta mañana… Ahora que ese asunto está resuelto, ¿No ponemos los pijamas?

La última frase fue acompañada de toda una coreografía de chillido/saltitos/aplausos a lo Alice, mientras Rose y yo nos tranquilizamos. Mas calmada me dispuse a buscar un pijama del bolso… el bolso empacado por las chicas.

Me acerqué al bolso con el miedo en que lo hacen los que llegan a la guillotina. Al abrirlo me arrepentí del momento en que permití que lo empacaran ellas. Toda la parte visible del bolso era lencería ¡Lencería! Las más atrevida y sexy lencería francesa que había visto en mi vida, mucho encaje y minúsculas piezas de ropa. ¿Era eso una tanga? ¿Que iba a hacer yo con una tanga? Aterrada por lo que podía encontrar seguí hurgando en el bolso, había shorts, faldas quizá un poco demasiado cortas, dos pijamas minúsculos y un camisón. Fue un alivio encontrar al fondo un par de jean y unas camisetas sencillas, ningún abrigo. Santo cielo, estábamos en FORKS, ¿Acaso querían que sufriera una hipotermia?

—Alice Cullen, Rosalie Hale —Comencé calmadamente aún de espaldas, me levanté de donde estaba en cuclillas sobre el bolso y las encaré. Con el ceño fruncido no pude evitar gritar.—, ¿Para qué se supone que voy a necesitar todo esto? ¿Eh? Estamos en casa de tus padres, ¡DE TUS PADRES!

—Baja la voz tres octavas— Comenzó Alice—.

—Cálmate un poco — Continuo Rose—.

—O quizá un curioso Edward baje a investigar — Dijeron al unísono. Estas chicas me asustaban, realmente lo hacían.


Una hora después, más o menos, yo estaba con un lindo - y minúsculo- pijama azul real con detalles y bordados plateados, pantuflas de conejito y el pelo húmedo por el segundo lavado de pelo del día; esta vez por un tratamiento que debía enjuagar a la mañana siguiente.

Las otras dos también llevaban sus pijamas ya. El de Rose era rojo pasión y con un diseño parecido al mío: pantalón extremadamente corto y blusa de tiras ajustada. Quizá la única diferencia estaba en lo perfecta que se veía ella con el suyo, además de las pantuflas acolchadas del mismo rojo. Por otro lado Alice llevaba un tierno camisón durazno hasta medio muslo, combinado con unas pantuflas con motivo de cerditos pequeño diablillo se veía tan inocente que hasta daba gracia.

Yo estaba un poco más callada de lo usual, ya había sido torturada y esperaba que mi presencia se notara lo menos posible. ¿Que como me habían torturada? pues me habían depilado… con cera caliente. Los resultados valían la pena decían ellas, pero no estaría tan segura hasta que no recuperara el color pálido de mis piernas… Nunca volvería a usar cera caliente, nunca.

—Estamos orgullosas de ti Bella, aunque la primera duele un poco seguiste dócil— ¿Dócil? ni que fuera un perro pensé. Rose lo decía como obviando el hecho que: habían atado a la cama B. Uno de mis sostenes nuevo había ido a parar a mi boca como mordaza y C. Que ellas habían forcejeado más que otra cosa. Pero bueno, al menos no había quedado un vello en mis piernas y eso hacía que para ellas hubiera valido la pena..

—Bien, ¿Podrías bajar y decirle a mamá que pida las pizzas? Los bocadillos de hace rato ya no frenan mi hambre.

—¿Ehh? — Masculle sin realmente prestar atención, en mi cabeza solo una cosa "cera". Pero no les importó el trauma que me habían dejado de por vida y me echaron fuera de la habitación cerrando tras de mí.

Baje las escaleras consciente de cada peldaño que pisaba, concentrándome en pedir pizza y no morir rodando las escaleras. Sería una muerte muy fea. Suspiré. Mi mente llena de Edward (¿Cómo no?) los rugidos de mi estómago, cera y mi torpeza. Buen lío estaba hecha.

Llegué a la cocina sin problemas, ya había estado aquí varias veces por lo que conocía mas o menos bien la casa Cullen. Soy la mejor amiga de Edward ¿Qué esperaban? En fin, en la cocina se encontraba Esme, removiendo una cuchara en un vaso de leche. Al verme llegar me dedicó una de una cálida sonrisa.

—Bella, querida — Me saludó y me observó de pies a cabeza, frunciendo el ceño al ver mis piernas.— ¡Alice! Y te ha dejado las piernas rojas, pero no te preocupes tengo un ungüento para eso...

—No es necesario señora Cullen…

—Insisto en que me llames Esme — Me corrigió siempre con esa sonrisa tan materna—.

—Bien, Esme, solo bajaba porque Alice quiere que pida pizzas — Dije acercándome a ella —.

—No hay problema, pero tú no te vas de aquí sin ponerte algo en esa piel—Antes de que pudiera siquiera interrumpirla me dio indicaciones para que buscara el famoso ungüento en la habitación junto a la cocina. No pude negarme.

Con el frasco en la mano me dispuse a volver a la cocina, pero en la puerta y de frente a la señora Cullen una voz hizo que me congelara. Una voz aterciopelada.

—Mamá, ¿Estás en la cocina?— ¡Era Edward! Y no en el cuarto de su piano ¡Rayos! Mataría a Alice; al menos esperaba que no se detuviera a fijarse en mí—.

—Edward, querido. Mira quién está aquí es— Comenzó Esme pero se detuvo al ver mi expresión que de absoluto terror, empecé a negar casi imperceptiblemente y ella comprendió lo que gritaba mi expresión. Se recuperó y continuó—… es la nuevo amiga de Alice, Erika.

—Ohh, hola Erika, un gusto —Su voz era extrañada, como de seguro debía estar su cara, pero por nada del mundo volteara a verlo; mi cara era un tomate a estas alturas. Además mi nombre ahora era Erika ¿No? Asentí con la cabeza y levante un brazo para no ser descortés.

—No la presiones Edward es algo tímida—Esme al rescate, pensé. En ese momento se me cayó el recipiente que llevaba, era bueno que fuera de plástico y estuviera sellado. Me agaché a recogerlo mientras Esme llamaba la atención de su hijo—Edward, viniste por algo de leche ¿No? ya te esperaba.

Rodeó la encimera para entregar el vaso con leche y, también, evitar que Edward se acercara a ella. Esa mujer era un sol.

—Ya me hace falta escuchar las notas de tu piano, deberías complacer a tu queridísima madre… a —Después de un simple "ok, gracias" ya escuchaba los pasos de Edward alejándose. Me puse en pie aliviada, pero lo repito, mataría a Alice —Pasa una linda noche Edward… Isabella Marie ¿Me explicarías qué sucede aquí?

Tomé una bocanada de aire al ver su rostro en forma de corazón mostrando preocupación. Ya no me sorprendía la confianza que les otorgaba a las chicas a mi alrededor, pero elegir a la madre como primera persona a quien le dijera sobre mi enamoramiento, era inaudito. Y así fue como, ambas sentadas, terminé contándole a Esme Cullen lo que sentía por Edward y el por qué no quería que me viera hasta que no terminara el cambio que las chicas le ayudaban a hacer.

Terminé con la vista en el piso y una muy sonrojada cara, pero me sentía en parte liberado por habérselo dicho a alguien; por otra parte temía lo que pudiera decir… Y esa es justa la inseguridad con la que no quería que Edward la viera… Pero Esmel me sorprendió: se puso en pie y me dio un fuerte abrazo mientras me susurraba "Me hace feliz saber que alguien tienes sentimientos tan bellos hacia mi hijo"

Acto seguido estaba empujándome hacia a las escaleras -ungüento en mano- para que volviera con las chicas, no pude más atontada . Bien podían ser hermosas las mujeres Cullen, pero era obvio que tenían algún cable cruzado.

Ya ni sabía a que atenerme el resto de la noche. Suspiré e inicié la subida por las escaleras.

Ya frente a la habitación de las chicas me di cuenta de que no quería entrar allí ahora: Estaba totalmente desubicada con la cabeza en sitios muy raros, dejé el frasco frente a la puerta. Ahora no podía sacarme de la cabeza a cierta persona de ojos verdes y pelo color bronce, a la cual había visto hace ya casi veinte minutos más o menos.

Alguna fuerza proveniente algún lugar desconocido me impulsó a seguir subiendo las escaleras

y llegar al 3er piso. Siendo más específica frente a la habitación de Edward. Alguien de seguro estaba moviendo hilos en algún sitio, porque mi cuerpo no lo movia yo, eso era seguro. Abrí la puerta, la cual lanzó un chirrido que me hizo maldecir por lo nuevamente al ver que la habitación estaba vacía.

Quizá estaba en la otra habitación. Tenía un piano justo al lado de su cuarto, el cuarto de música de Edward. Cuarto al que nunca dejaba pasar a los chicos, aunque una vez me había permitido entrar con él, donde tocó para mi… Lo hubiera disfrutado más de no ser por los gritos de los chicos a los que habíamos dejado solos en su habitación.

Al menos había tenido una demostración del gran talento que tenía Edward con el instrumente. Talento que tenía además para quedar dormido al instante sobre cualquier superficie, aunque fuese en un sofá no muy cómodo: como justo pude observar cuando avance un par de metros –Encontrando la puerta abierta gracias al cielo-.

Me sentí hipnotizada al verlo desde la puerta, parecía un ángel desde allí. Despeinado, tranquilo y perfecto. Eran tan hermoso mientras dormía. Sin pensarlo demasiado ya me había deslizado por la puerta, viéndolo acostado allí, lo quería tanto que no lo podía creer y quizá nunca tendría ni la más mísera oportunidad con él.

Desconecté mi cerebro, esta era una oportunidad de las que no se repetían: tener al chico al que amas en frente, dormido, que no se daría cuenta.

Avancé hacia él hasta llegar a uno de los brazos del sofá negro, donde descansaban sus pies. Con la punta de los dedos empecé a acariciar desde allí continuando por toda la extensión de su pierna sobre los jean, mientras yo misma avanzaba. Me sentía como una pervertida mientras continuaba, pero no podía detenerme.

Ante las lentas caricias había comenzado a removerse un poco, más no había abierto los ojos y por eso me permitía a mi misma continuar. Pronto ya me encontraba con ambas manos sobre su pecho, con las rodillas una a cada lado de él.

Subí poco a poco mis manos por su cuello y rostro, y ya me encontraba descubriendo la increíble suavidad de su cabello cuando me incliné. Había quedado cara a cara con el bello durmiente y, ¿Por qué no? lo besé. Apenas presionaba mis labios con los de Edward pero disfrutaba el momento, momento que había imaginado tantas veces antes.

Comenzaba a separarme de él cuando sentí que volvía a removerse, sin embargo esta vez llevó sus manos a mi rostro. Y si… abrió los ojos de golpe.


PD: En el próximo capítulo es posible que tenga el punto de vista de Edward ante todo este lío.

Opinen, sus reviews son el mejor de los incentivos: así se si vale la pena continuar esto xD

Es por y para ustedes ^^

Un beso

Bibi