Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.


Resumen:

Sasuke soltó el humo del cigarro mientras observaba, apoyado en su moto, su próxima víctima: tenía el pelo rosa, los ojos verdes y era niña de papá. 'Las niñas ricas con unas normas impuestas por su padre eran por las que él se sentía atraído'.


La disyuntiva


Capítulo 1: Él, ella

Ella era una chica rica, una pija, una niña de papá y lo tenía todo.

Él era un chico malo, un chico temido por todos y no tenía nada.

Ella nunca había tenido problemas con nada ni con nadie. Era una chica ejemplar.

Él acababa cinco veces por semana en comisaría por haber casi matado a la pobre criatura que se le había enfrentado.

Ella asistía a un colegio privado cada día, se ponía su perfecto uniforme, se peinaba con precisión y se maquillaba levemente.

Él nunca había pisado un colegio. No, él era quien espera en la puerta de éste apoyado en su brillante moto mientras se fuma un cigarro.

Ella tenía grandes expectativas para su futuro; una carrera, un buen trabajo con su gratificante salario, un marido perfecto que venía acompañado de la mejor casa, unos hijos maravillosos y una felicidad inagotable.

Él…, él directamente no tenía futuro.

Ella se llama Sakura Haruno y él Sasuke Uchiha…, y sus vidas se cruzaron por un encaprichamiento que los llevó a la más maldita bendición que existe: el amor inaceptable (y prohibido).


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Hinata miró el reloj de pulsera, viendo como los estudiantes pasaban por delante de ella rápidamente para marcharse a casa. Claro, ella también hubiera sido una más entre ellos si su querida amiga pelirrosa no se hubiera detenido a ir al lavabo porque era urgentísimo. Se apoyó contra el muro y miró al cielo, pero pronto una cabellera rubia le llamó la atención.

Como hacía unos cuantos días que le pasaba; su pulso se aceleró, sus mejillas adquirieron un tono rojo y se mordió el labio, prueba fehaciente de que estaba nerviosa.

Aquel joven paró su moto en la acera de enfrente del instituto. Temerario, pensó Hinata con un pequeño suspiro al comprobar que, otra vez, no llevaba casco. Era guapo; de eso no cabía duda y su forma de vestir…, estaba claro que su familia no debería tener mucho dinero puesto que casi siempre llevaba la misma ropa y rara vez lo veía con algo de marca. Y eso no le importó.

Entonces, como cada día que Hinata esperaba a su mejor amiga, ella lo observaba hasta que él posaba sus ojos azules sobre los perlas suyos y sonreía. Y, como siempre, la chica se aturullaba, se ponía más roja y volvía a mirar su reloj, pensando si todavía la miraba.

Una sonrisa así no debe pertenecer a alguien malo, pensaba siempre mientras se imaginaba siendo su amiga, su confidente, su…

—¡Hinata! —Sakura salió de la entrada de hierro del instituto con una sonrisa y se acercó a ella corriendo—. ¡Uf! Había una cola muy larga en el lavabo. Parece que todas nos ponemos de acuerdo para ir a mear, pero si aguantaba hasta llegar a casa me lo habría hecho encima y orgullosa me sentiría.

Si Hinata no fuera su mejor amiga, se habría sorprendido de que una chica tan refinada como ella proveniente de una familia de alto standing. La pelirrosa continuó hablando sin preocuparse en las palabras vulgares que utilizaba porque su mejor amiga ya le había visto en situaciones comprometidas, así que tenía la suficiente confianza como para que conociera sus secretos. Y era algo normal, llevaban siendo amigas y vecinas en el mismo barrio —no una al lado de la otra, lamentablemente— desde que podían recordar.

La chica tímida envió su mirada al rubio que la observaba con plena atención y, cuando se fijó que ella también le miraba, le sonrió, agitándole el brazo con ímpetu.

—Sakura-chan, el chico rubio me está saludando. —La susodicha dejó su parloteo y se giró sin el más mínimo gesto de disimulo. Era cierto, aquel loco no paraba de saludar y mirar en su dirección.

Podía hacer dos cosas: la primera, coger del brazo a Hinata y llevársela lejos de aquel barriobajero puesto que su padre al día siguiente se enteraría que se hacía amigos de chicos sin dinero o, la segunda —y por la que se decantaría su mejor amiga—, animar a Hinata a que le devolviera el saludo.

Aunque se debatió internamente durante unos segundos, sabía de antemano que a Hinata le costaba mucho fijarse en algún chico y que mirara a aquel joven de la moto con esa ensoñación propia de una enamorada… Suspiró; si su padre se enterara, la mataría.

—Salúdale —Hinata se puso roja como un tomate y antes de que pudiera negarse, Sakura añadió—: Se le ve buena persona. Venga, no sé a qué esperas —y aunque lo hubiera dicho para animar a su amiga, la pelirrosa nunca se fiaba por el aspecto de buena gente que tuviera una persona.

Hinata alzó la mano con timidez y la movió ligeramente mientras su temperatura corporal aumentaba de forma acelerada. El chico rubio, al recibir una respuesta por parte de aquella desconocida chica, hizo ademán de bajarse de la moto cuando un coche negra se detuvo frente a las dos chicas.

—Señoritas —saludó el conductor mientras abría la puerta trasera.

Sakura permitió que Hinata entrara primero para que estuviera al lado de la ventana, la cual daba la vista a aquel chico y después entró ella. Ninguna de las dos hizo algún comentario sobre el joven porque sabían a ciencia cierta que el chofer tenía las orejas puestas a todo lo que ellas decían.


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—¡Vamos, Teme, acompáñame y te enseño quién es! —el pelinegro puso los ojos en blanco sin mirar a su amigo. Estaba demasiado cómodo en ese verde sofá, destartalado y cojo, que adornaba el centro de un piso viejo con humedades en las paredes.

—Déjame en paz. —Soltó el humo del cigarro entre los dientes y, de repente, vio la cara de Naruto frente a la suya.

Por precaución, estampó su mano en el rostro del rubio y lo alejó lo máximo posible del suyo, perseguido por un mal recuerdo.

—Espero que mantengas fresco lo que nos ocurrió la última vez que te acercaste tanto a mi cara.

Su amigo estalló a carcajadas y Sasuke gruñó por lo bajo un «vete a la mierda, dobe».

—Es guapísima, ¡vamos, teme! —como un niño pequeño, cogió del brazo al pelinegro, el cual se había vuelto a tumbar, y lo tiró del sofá, haciendo que el cigarro se escapara de entre sus labios y rodara hasta los pies de Naruto, quien lo pisó adrede.

El Uchiha lo miró con cara de pocos amigos. Era el último que le quedaba y no quería ir a comprar más.

—Si vienes te doy dos —al no recibir respuesta, rectificó—: cinco.

—Vale. —Se levantó, cogió su chaqueta de cuero, abrió la puerta y miró a su rubio amigo.

—Con que facilidad te vendes —dijo a modo de reproche, pero con cierta ironía. Sasuke puso los ojos en blanco—. Es broma, Teme. Por mí mejor, así me acompañas.


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Sasuke aparcó la moto encima de la acera —un sitio donde estaba prohibido, pero a él tanto le daba— y se apoyó en ella mientras Naruto dejó la moto en marcha un puso más adelante que él. Le pidió un cigarro y el rubio se los entregó a regañadientes. Había tenido la esperanza de que no se acordara para entonces, pero lo bueno del pelinegro era su gran mentalidad para no olvidar las cosas con facilidad. Justo lo contrario de Naruto.

Se encendió el pitillo y su cara de placer hizo suspirar a unas cuantas niñas pijas que lo observaban en corrillo a unos diez metros de él. No sé qué haría sin los cigarros, y era cierto. Sasuke estaba completamente enganchado a esa trampa del diablo que hacía que los pulmones se te fuera pudriendo y acabaras teniendo un cáncer o algo mucho peor. Pero dar unas cuantas caladas a un cigarro era la forma en la que se relajaba y dejaba de pensar en sus problemas…

—¡Teme, Teme! —abrió los ojos, molesto—. ¡Es ésa de ahí!

Llevó sus perezosos ojos negros hacia la muchacha que Naruto le describía con precisión para que no se equivocara de chica. Ésta en cuestión observaba el reloj de su muñeca, zapateando en el suelo mientras fruncía el ceño y dirigía miradas furtivas hacia el interior del instituto. Sasuke sonrió irónicamente; una niña de bien, ¿en serio? Él sabía a la perfección que el rubio era una de las mejores personas, sino la mejor, que conocía, pero estaba claro que una chica de papá no se fijaría en un chico que tiene que pasar con cincuenta euros, o menos, la semana.

Para su mayor sorpresa, la chica desvió sus ojos perlas hacia el rubio y se sonrojó furiosamente. Naruto alzó el brazo y la saludó con efusión y ésta, aunque más recogida y avergonzada, le devolvió el saludo con una tímida sonrisa en el rostro.

Aunque tal vez fuera el pelinegro quien estaba equivocado y los padres de las niñas ricas se habían ablandado un poco respecto a los chicos que les gustaban a sus hijas. Las peleas y sermones que había tenido que recibir por acostarse con unas cuantas que eran de la misma condición que la chica que le gustaba a Naruto… Entonces la vio y le llamó mucho la atención, y él siempre se dejaba guiar por lo que sus impulsos le decían.

Sasuke dio otra calada al cigarro y soltó el humo mientras observaba, apoyándose en su moto, lo que sería su próxima víctima. Sin duda alguna, aquella chica era hermosa, pero eso jamás lo diría en voz alta. Tenía el pelo rosa, cosa que le sorprendió, unos preciosos ojos verdes y, lo que más le gustaba, era una niña de papá.

Las niñas ricas con unas normas establecidas por su padre eran por las que Sasuke se sentía atraído.


Lo sé. Cortísimo, pero esto es solo una pequeña introducción, donde se presenta a ambos personajes y la gran diferencia que hay entre ellos. Los capítulos que seguirán, por supuesto, serán más largos.

No tengo mucho más que añadir, solamente que si el inicio de la historia les gustó, me dejen un review, exponiendo las sensaciones (:

Se me cuidaaaaaaan!

(:

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