Título: Un alumno promedio

Resumen: Akira Sakamoto es un alumno más, no existe nada especial, es por eso que no entiende por qué los demás le llaman Sakamoto-sama o esas extrañas miradas que el presidente lanza en su dirección de vez en cuando.

Disclaimer: nada me pertenece...


Akira Sakamoto es un chico promedio. Un alumno normal al igual que sus compañeros. Va a clases, obtiene buenas clasificaciones y no es particularmente atractivo. Por lo menos, eso es lo que se repite constantemente, no importa que todos —incluidos los estudiantes de años superiores— lo llamen Sakamoto-sama, que Arisada tenga planeado convertirlo en el siguiente presidente del consejo estudiantil y que sus mejores amigos sean las actuales princesas de la escuela.

Él no desea ser el siguiente presidente del consejo estudiantil, no desea ser respetado por el resto del alumnado solamente por quién es su hermano mayor. No le gustan las manipulaciones que Arisada realiza para aumentar su popularidad dentro de la escuela. Ni que sus amigos digan que el presidente no debe verlo dando instrucciones; porque si lo hace, ya no existiría milagro que pudiera salvarlo de las garras del mayor.

Estar a merced de Arisada no es una buena perspectiva, Akira apenas puede resistir estar a su lado el tiempo necesario para —Citando las mismas palabras que dijo la anteriormente princesa— aprender cómo debe manejar las cosas un presidente. Esas confiadas sonrisas, la forma en que el más alto pasa su mano por el desordenado cabello de Akira cuando está especialmente complacido con algún comentario del menor. La forma en que su penetrante mirada, de un enigmático verde grisáceo, parece seguirle en todas direcciones y lo inseguro que se siente el menor cuando se da cuenta de aquella actitud. Son un conjunto de situaciones que lo ponen extremadamente nervioso.

Akita no quiere descubrir que es lo que planea el presidente respecto a su persona. No desea saber que significan esas autosuficientes sonrisas que de vez en cuando se ven en el perfecto rostro del presidente del consejo estudiantil y el enigmático brillo en sus ojos.