FELIZ CUMPLEAÑOS ARWEN! (Arual17)

Hoy ya es 29 de Mayo y como tal, tu cumpleaños!

Asique...que mejor regalo que un fic de Kaito y Aoko? XDD Admite que estuviste esperando con ansias este momento XDDDDD

De nuevo felicidades! A ver te regalaron, ahi me cuentas

Bueno, acabando con la felicitacion, le digo a la cumpleañera y a los demas lectores fanaticos de esta pareja que disfruten del fic!

MAgic Kaito es propiedad de Gosho Aoyama!

Papeles invertidos.

Sentado en su pupitre la miraba. Era hermosa, era perfecta, nadie más podía tener esos zafiros azules que brillaban con ternura, nadie podía tener ese cabello revoltoso y castaño tan brillante como el sol, nadie más tenía esa tez blanca suave como la seda y nadie… pero nadie tenía esa sonrisa de ángel.

Como amaba a Aoko Nakamori.

¿El problema?

-¿Ya vieron las noticias? – Aoko junta sus manos y sus ojos brillaron mucho más. – Kaito Kid ha estado magnifico como siempre.

Aoko Nakamori estaba enamorada de su otro yo: El ladrón Kaito Kid.

-Como desearía que Kid me secuestrase a mí también. – Suspira una de las amigas de Aoko con las mejillas sonrojadas.

-No deberías ser tan extremista. – Le alega Aoko fulminándola con la mirada. – A muchas nos gustaría, pero él es un hombre ocupado, seríamos una carga para que salga victorioso.

-Supongo que tienes razón Aoko-chan.

Kaito sonrió complacido de su compañera, pero no duro mucho. De nuevo contempla aquellos dulces labios, moviéndose suavemente para decir miles de cosas maravillosas sobre el ladrón de blanco. Lanza un suspiro con los ojos cerrados y al abrirlos, pega el grito del siglo al ver que frente a él se había aparecido de la nada Akako con una sonrisa de burla. El salón dirige su mirada hacía ellos, muy curiosos de saber cuál era el problema, pero Kaito sólo rió nervioso y mueve la cabeza en negación, así que sus compañeros no le dieron más importancia y regresaron a sus asuntos.

-¿Aún con eso, Kaito-kun?

-No sé de qué me hablas. – Frunciendo el ceño. – Y no uses el kun, es ridículo.

-Pero Aoko lo usa mucho contigo, ¿no? – Sonriendo con burla. – Hiciste un buen trabajo anoche… claro, no pudiste haber hecho nada sin mi ayuda. – Orgullosa.

-No es mi problema que te metas en mis asuntos desde que supiste la verdad.

-Pero sabes que es beneficioso tener a una bruja como tu asistente… ¿O es qué tienes en mente otro tipo de ayudante? – Mirando con discreción a Aoko.

-No digas tonterías. – Mirando la ventana molesto.

Ante tal reacción, la sonrisa de Akako aumenta y ve con discreción a Aoko. Cierra sus ojos, le iba a dar un regalo a Kaito para que no diga que nunca hacía algo por él… y como no, para que le deba un favor en caso de qué lo necesitará. Vuelve a mirar al mago y apoya su mano derecha en el pupitre.

-He sentido un extraño poder. – Fue todo lo que dijo y con eso basto para llamar la atención del ladrón. – Ha llegado a Tokio una fuente de poder que nunca sentí antes. Lo he estado analizando con mi bola de cristal y tiene la forma de una joya. – Entregándole una hoja en que tenía una fotografía del tesoro de color verde que tenía la forma de una rosa. – Se le llama "La flor de la Esperanza".

-Puede que Pandora este ahí dentro. – Viendo la fotografía con una sonrisa marca póquer. – Será mejor que me preparé.

-Déjamelo a mí. – Se ofrece la bruja posando su mano derecha en su pecho. – Yo le enviare al inspector la nota de anuncio para que pienses con claridad como robarla.

-No me fio mucho, cuando andas de buena es porque algo tramas… ¿No querrás por casualidad la joya? – Alzando una ceja.

Akako suelta su risa de bruja llena de orgullo e ignorando las miradas de todos, apoya sus manos en las caderas y lo encara con diversión.

-Esa joya tiene poder y si no es Pandora, sería lindo tenerlo en mi colección. – Admite sin pudor. – Pero yo puedo tenerlo cuando quiera y sin usar a un ladrón tan ocupado.

-Vaya, que amable. – Agradeció con sarcasmo.

-Así que no le veo ningún problema de qué vaya, ¿O sí? – Extendiendo su brazo derecho para ofrecerle su mano.

Kaito lanzo un suspiro y resignado, saco de su bolsillo una tarjeta blanca y se lo entregó después de darle un par de giros. Complacida, Akako le hecho una leída y sonrió.

-Lindo acertijo.

Aoko los había estado observando por un par de minutos curiosa por su conversación, no entendía muy bien lo que estaba pasando entre ellos, pero era muy interesante saber como de la noche a la mañana se habían convertido en amigos, incluso almorzaban juntos y veían muy interesados unos garabatos que tenían en sus cuadernos o cosas así.

-¿Estás celosa, Aoko? – Se burlo Keiko ocasionando que su amiga se sonroje.

-Claro que no. – Cruzándose de brazos. – A mí me gusta Kid y Kaito-kun es sólo un amigo que tuve en el jardín de infantes y la primaria.

Y no mentía, se conocieron en el jardín de infantes pero sólo se hicieron más sociables ese día frente al reloj en que Kaito le mostró sus habilidades de mago al hacer aparecer una rosa. Cuando acabaron la primaria, ella se mudo a Yokohama y no volvió hasta el año pasado y descubre que se había inscrito en la misma escuela que Kaito.

Era su amigo, se divertían muy bien, pero había algo en él… algo que le resultaba familiar, pero no sabía dónde.


En la comisaría de policía, el inspector Nakamori, sentado en su silla, lanzaba dardos hacía una fotografía que tenía colgado en su puerta: Kaito Kid.

Buen diagnostico para quitar el estrés.

-¡Maldito Kaito Kid! – Grita a todo pulmón y lanza otro dardo que le da justo en la frente. – Ya verás que te atraparé.

-¡Inspector! – Un oficial entro justo cuando Nakamori dispara otro dardo, así que la pobre víctima se queja de dolor al sentirlo entre sus cejas.

-No molestes cuando estoy ocupado, idiota. – Se queja poniéndose de pie y se arregla el saco. – ¿Qué es lo que pasa?

-Ha llegado la mercancía de los pasteles y está ocurriendo una pelea por llevarse los mejores – Señalando la puerta.

-¡¿Qué? Todo el mundo sabe que YO compró primero. – Saliendo disparado dejando en su camino una cortina de humo.

El oficial observa como el inspector desaparece y sonríe con burla al mismo tiempo que poco a poco sus ropas cambiaron a un atractivo atuendo de hechicera, su cabello crecía y su cuerpo cambió de masculino a femenino, con irresistibles curvas. Era Akako.

-Muy bien. – De entre sus ropas saca la nota del ladrón y sonrió al tiempo que lo acerca a sus labios y lo besa. – Te perderás con cada palabra y harás lo que te dicta mi conjuro: Tráela a la función de esta noche. – Recito.

Dejó la nota sobre el escritorio y salió por la ventana siendo recibida por su escoba y se alejó del lugar justo cuando la puerta se abrió nuevamente, dejando ver a un Geizo maldiciendo a medio mundo y comiendo de un pedazo de pastel al mismo tiempo. Se sienta en su escritorio e iba a tomar otro dardo para seguir con su desahogo cuando notó una tarjeta blanca y sus ojos se abrieron como platos al leerlo.

-¡Kaito Kid vendrá esta noche, hay que estar todos preparados!

Sus ojos lanzaron un destello dorado que duro por unos segundos y el inspector saca su celular para marcar un número.

-Hola Aoko, necesito que me traigas la cena… y que te quedes para que veas a papá trabajando.


La noche estaba despejada, no había ninguna nube que les impida a las personas contemplar las estrellas y la luna llena, pero a pesar de la buena fortuna, la gente no estaba interesada en la astrología en esos momentos, estaban más emocionados con la llegada del famoso ladrón de traje blanco que robaba el corazón de las mujeres.

Una de esas fans caminaba con confianza por el museo a pesar de que estaba restringido, era una ventaja ser la hija del inspector de policía. Buscaba la habitación en dónde su padre estaría haciendo planes junto con Saguru, pero se había perdido, así que buscaba al primer policía que la ayudase.

-¡Ah! – Sonríe aliviada al ver a uno andando a paso veloz. – ¡Espere por favor! – Le pareció extraño que aquel hombre se congelase y la mirase como si no debería estar aquí. – ¿Sabe dónde está el inspector Nakamori? Vengo a dejarle su cena.

-¡Oh! Ahora mismo iba para ya, la guió Nakamori-san.

-Muchas gracias.

Mientras caminaban, Aoko no se daba cuenta de que el oficial estaba nervioso y era porque en realidad era Kaito disfrazado e intentando que ella no se dé cuenta de la verdad.

Llegaron a su destino y Geizo recibió muy contento a su hija… especialmente a la gran cena que ella sostenía entre sus manos, por eso, Aoko se cruza de brazos comentando el gran padre que tenía. Sentada en una silla miraba como su padre comía, esperando a que terminase para que pudiera irse, pero le sorprendió lo que él le dijo: Que se quedaba. Eso la emociono mucho y puso más nervioso a Kaito.

-¿Voy a quedarme de verdad? – Juntando sus manos. – Voy a poder ver a Kaito Kid en acción, eso es genial. Keiko se va a poner envidiosa.

-Mi propia hija. – Geizo se larga a llorar. – Deberías odiarlo como tu padre.

-No, él es fantástico, a diferencia de ti que ni siquiera le das pelea.

El minutero se iba acercando a la hora prometida, la seguridad invadía cada rincón del museo, Nakamori sonreía confiado y Aoko estaba de pie en una zona apartada para no molestar con Saguru a su lado. Miraba su alrededor en búsqueda de alguna pista del escondite del ladrón, pero todo estaba en perfecto orden, como sus movimientos eran observados por el detective, este no pudo evitar sonreír.

-No te esfuerces, Aoko. – Apoyando su mano sobre el hombro de ella. – Aquel sujeto se aparece sin dejar señales de escondite… como todo mago.

-¿Lo has visto de cerca, Saguru? ¿Le has visto la cara?

-Te sorprenderías. – Fue todo lo que dijo con una sonrisa de burla mientras pensaba en el ladrón.

-¡Atención! – Geizo toma la palabra al ver que ya no faltaba mucho. – Sólo queda un minuto… ¡Todos deben tener los ojos bien abiertos y no confíen en nadie! Recuerden que uno de ustedes puede ser Kaito Kid.

Veinte… diecinueve… catorce… trece… seis… cinco…

-Tres. – Murmuro Saguru acercándose a la joya.

-Dos. – Susurra Aoko conteniendo el aliento.

-Uno. – Dijo una silueta escondida en la sombra y con una sonrisa en los labios. Aprieta un botón.

Todo se ha vuelto oscuro y Aoko alza la vista para ver las lámparas apagadas, incluso los reflectores con sus baterías de emergencia no funcionaban. Mira por todos lados en búsqueda de una señal, pero nada. De pronto, su espina dorsal sufre de un escalofrió al sentir un tacto de tela acariciando su cintura y como una voz varonil le susurra:

-Este no es lugar para una dama refinada como usted.

Intento soltar una palabra, pero ni siquiera una simple sonido salía de su boca, estaba paralizada y hechizada por aquello, no necesitaba voltearse para saber que era el ladrón fantasma, Kaito Kid, incluso ya se lo imaginaba con su amplia sonrisa de triunfo y una mirada de póquer que paralizaba siempre su corazón (aun cuando sólo lo miraba en la televisión y en las fotografías), era la primera vez que lo tenía en vivo y a todo color y de nuevo tenía aquel presentimiento de que ya lo conocía.

-K-K-Kai-…. – Tartamudeaba en un susurro bien bajo, hasta su tono estaba siendo víctima de la sorpresa y sólo podía ver como el ladrón ahora se ponía frente a ella para embrujarla con sus ojos azules (oculta con sus mechones de cabello y el monóculo) y regalarle una rosa, ganándose que ella se sonroje.

-¡Kaito Kid! – Su padre pudo decir lo que ella no pudo y alumbraba con una linterna. Como siempre, estaba molesto. – Maldito infeliz… ¡Aléjate de mi hija!

-¿Está preciosa dama es hija suya, inspector? – Reflejando asombro. – Debe parecerse más a su madre… y eso es algo bueno.

-¡Atrápenlo!

La policía se acerca corriendo al ladrón y a la adolescente, Kid sabía que si se escapaba, Aoko sería afectada por una masa policial, así que la carga entre sus brazos con galantería y con elegancia, da un salto para esquivar a sus enemigos y disfrutaba tener a la muchacha cerca, sentir la calidez de sus brazos rodeando su cuello y como escondía su cara en su pecho. Al volver a poner pie al suelo, Aoko pudo verlo mejor y se sonrojo por tener su rostro tan de cerca, que estaba inmune y sonriente como siempre, sin saber que en realidad Kid se estaba esforzando por mantener su cara de póquer ya que era difícil con aquella diosa cerca.

No había nadie más en ese museo, sólo ellos dos.

Abre de nuevo sus ojos en señal de sorpresa, tan cerca le hizo ver mejor su rostro y podía jurar que si le quitabas el monóculo, sería idéntico a su compañero de clases Kuroba Kaito. De nuevo se sonroja ante tal comparación.

-¿Kaito-kun? – Se atrevió a preguntar en un bajo susurro.

El ladrón vuelve a la realidad con esa pregunta, no podía creerse que Aoko lo había descubierto… no, no podía dejar que eso ocurra. Con cuidado la vuelve a poner de pie en el suelo y sin dejar de lado su reputación de caballero, se atreve a besar su mano.

-Lo siento mi bella dama, pero creo que me está confundiendo con otra persona con un nombre igual al mío… aunque me siento honrado.

-¡No lo dejen salir con la suya, protejan la joya!

De la nada, la joya comienza a salir flotando en pleno aire, dejando a todos atónicos y preguntándose qué truco había usado el ladrón. En cambio, Kid parecía molesto y eso Saguru lo notó, así que sospecho que no era obra de él. La joya fue cayendo en las manos de Kid y desprende un destello que ocasiona que desaparezca junto con el fantasma de blanco.


-¡Es tan preciosa como dicen las leyendas!

Maravillada, Akako frotaba la joya en forma de flor con su mejilla izquierda mientras Kaito la fulminaba con la mirada, sabía que esa bruja planeaba robarse la joya utilizándolo como carnada. Claro que la bruja no le daba importancia las miradas asesinas, estaba muy ocupada contando un conjuro para que la joya la aceptase y sonríe triunfal al conseguirlo.

-¿No dijiste que podías conseguirte las cosas por ti misma?

-Por supuesto y lo sigo afirmando. – Colocándose la flor como un broche y le sonríe con burla. – El problema es que no quiero que mi imagen quede manchada y la tuya ya lo está.

-Ja, ja… muy graciosa.

-Y también pensé que sería un buen regalo de mí para ti. – Con una sonrisa misteriosa que llamo la atención del chico. – No todos los días tienes a la mujer de tus sueños respirando el mismo aire que tú.

Kaito reflejó asombro como prueba de haber entendido sus palabras y la bruja lanzó una risa en afirmación.

-¿Por qué otra razón el inspector permitiría que su hija esté presente en un día de robo?


Aoko salió de su casa con una sonrisa de oreja a oreja, había tenido la mejor suerte del mundo, conoció a su amor platónico, Kaito Kid y hasta él la había cargado como un caballero a su princesa. Pensar en eso nuevamente causó su sonrojo.

Llegó a la escuela y al acercarse a los casilleros, abre sus ojos de asombro al ver a Kaito cerrando su casilla y sonrió mientras se acerca, saludándolo.

-Hola Aoko-san. – Y bosteza.

-Vaya, ¿Qué hiciste anoche que andas con sueño? – Regalándole una sonrisa de burla. – ¿Viendo porno?

-No digas tonterías. – Dándole un golpecito en la frente.

-¿No vienes con tu amiga Koizumi? – Curiosa, por lo general, pasaban mucho tiempo, juntos.

-Se podía decir que me he liberado por un rato… y gracias por no decir "novia" ya me ando cansando de tanto "Son novios, son novios" – Colocando una mirada de pocos amigos. – ¿Qué acaso seguimos siendo críos de primaria? – Lanzando un bufido.

-Pensé que te molestaría eso. – Se detiene. – Tengo que ir al baño. Te veo luego.

-Claro. – Alza su mano y se va alejando.

Aoko no entró de inmediato, se lo quedo mirando y una vez que se perdió de vista, vuelve a sonreír y abre la puerta del baño.

Fin.