Bien, aqui me tienen con otro corto Kaito&Aoko que es una precuela de "Papeles invertidos" En este corto, sabran como fue que Aoko se enamoró de nuestro ladrón de blanco, Kaito Kid.

Ya que es de la misma aventura que el corto mencionado anteriormente, decidi subirlo aqui como capi 2 ^^

Proximamente... no se cuando XDDD escribire otro corto de este Mundo loco en que Aoko ama a Kid XDD, asique habra mas... creo

Sin mas que decir...

Magic Kaito y sus personajes son propiedad de Gosho Aoyama.

Y el sentimiento nace.

Primavera, señal de un nuevo año escolar.

Estaba nerviosa, era su primer día del año escolar en una escuela nueva, ni siquiera desayuno adecuadamente por culpa de los nervios.

Ya podía reconocer el establecimiento, los estudiantes se agrupaban en sus grupos para saludarse muy emocionados de verse de nuevo, otros andaban solos… como ella. Tratando de ignorar algunas miradas curiosas, busca entre las listas que andaban en un pizarrón de plumón, su nombre para averiguar en que salón quedo, pero interrumpe su misión al oír murmullos y descubre que eran comentarios dirigidos hacía una pareja que caminaban hacía ella con el mismo objetivo.

La chica era de cabello morado, liso y largo hasta la cintura, sus ojos eran rojos como rubíes y su piel era blanca. Caminaba muy segura de sí misma y de su belleza, llevando un mechón de cabello por detrás de su hombro con un sutil movimiento de su mano, hechizando a varios chicos.

Su compañero lucía distinto a ella, no caminaba confiado, caminaba indiferente y un poco molesto de que el resto hablase de él e inventen rumor entre los dos, su cabello corto estaba alborotado y de color castaño oscuro y sus ojos eran azules. Sus manos estaban en los bolsillos de sus pantalones.

Ambos parecían la típica pareja hollywoodense, pero… no para los ojos de la chica nueva, que al ser muy observadora, intuía que lo que comentaba la gente era sólo eso: rumores que inventan por no saber el por qué ellos andan juntos.

Y estaba segura que ese chico le sonaba de algún lado.

Por estar mirándolo por mucho rato, llego el punto en que el chico dirige accidentalmente su atención hacia ella, causando que la nueva se avergüence y mire de nuevo el pizarrón, estaba completamente apenada.

-¿Qué ocurre, Kaito? – Le preguntó su compañera al notarlo extraño.

Kaito… hasta el hombre le estaba siendo familiar.

-No ocurre nada Akako. – Prestando atención al pizarrón. – Maldición, estamos de nuevo juntos en el mismo salón.

-Se que te gusta la idea, así que no finjas. – Se burlo apoyando uno de sus perfectos brazos sobre el hombro del chico.

-No fastidies. – Comenzando a andar y la chica de nombre Akako lo sigue.

Ahora la chica entendía el por qué los rumores… si en verdad ellos parecían pareja.

Y finalmente encontró su nombre.

-Ahí estoy… ¿2B? – Bien, ahora debo llegar allá.

Le costó como veinte minutos ubicarse y encontrar su salón, pero gracias a una chica de nombre Keiko, pudo encontrar al fin su salón… pero no se esperaba que esa "pareja" fuesen sus compañeros de salón y eso la puso nerviosa por aquel momento incómodo y penoso. En silencio se adentro a la nueva jungla, temerosa de los animales salvajes que la miraban por el hecho de ser nueva, vio una silla libre en la primera fila y al lado, había una pelirroja que leía una revista.

-D-Disculpa… ¿Esta libre este asiento?

-¿Eh? – La pelirroja detiene su lectura para verla. – Claro, puedes sentarte ahí sin problemas. – Sonriéndole para luego volver a leer.

-Muchas gracias. – Al sentarse, pudo ver la portada de la revista.

A pesar de ser una revista para chicas, en la portada estaba un hombre vestido en un elegante saco blanco, con capa, sombrero y monóculo del mismo color. Tenía escrito encima "Kaito Kid, el ladrón más codiciado de Japón"

-¿Kaito Kid? – Murmuró confundida, era la primera vez que oía de él.

-¿Eh? – La pelirroja le vuelve a prestar atención y después de reaccionar, ve la portada y de nuevo a la chica. – ¿Estás de coña? ¿No sabes quién es Kaito Kid?

-L-Lo siento… estuve… un tiempo desorientada del mundo por razones familiares.

-Ah bueno… esto…

-Mi nombre es Nakamori Aoko. – Se presentó con una gran sonrisa y ofreciendo su mano para estrecharla.

-Ginza Himeko. – Estrechando su mano. – Verás, Kaito Kid es el ladrón fantasma más genial del mundo… es así de simple.

-¿Ah sí? – Sin creerlo mucho.

-Usa trucos de magia en sus robos, es tan lindo y es buscado hasta por la Interpol.

-¿Por la Interpol? – Asombrada… eso si dice mucho.

Pero eso de los trucos de magia… le transmitía mucha nostalgia, incluso su corazón se sintió vacio… había algo en su mente que se esforzaba por recordar.

En la hora del almuerzo, Aoko estaba guardando sus cosas y sacando su bentou para ir a comer afuera, el día estaba hermoso, así que era ideal. Se pone de pie y no da ni dos pasos cuando termina chocando con alguien y cae al suelo, adolorida, se preocupó al ver que había chocado con la "amiga" del tal Kaito.

-L-… ¡Lo siento mucho! – Acercándose para ayudarla a ponerse de pie, pero…

-No me toques. – Le ordenó molesta, apartando su mano sin ninguna delicadeza y se pone de pie por si sola. – A ver si tienes más cuidado para la próxima vez.

-De verdad… lo siento mucho… esto…

-Koizumi Akako… y más te vale que te lo aprendas bien o te ira mal. – Amenazó, el cuerpo de Aoko siente una descarga por todo su cuerpo.

-Akako, no seas cruel con la chica, es nueva y no se siente segura en un ambiente nuevo. – Le reprendió su "rumoreado" novio con una sonrisa pasiva. – Lo siento mucho, Akako es evasiva para no mostrar sentimientos. – Bromeó.

-Estúpido Kaito. – Se quejó la muchacha para luego marcharse.

-Sí llegas a conocerla mejor… sabrás que no es mala persona… sólo da dolores de cabeza.

-Gracias…. – Sonrojada por la vergüenza que paso, estaba aliviada de que el chico la haya salvado. – Esto…

Ante sus ojos, apareció mágicamente una rosa roja y no pudo evitar el asombro mientras el chico sólo sonreír… pero… eso… le era también familiar.

-Soy Kuroba Kaito… es un placer conocerte.

-¡Ah! – Ahora lo recordaba.

De pie frente al gran reloj esperaba la llegada de su padre, quien se le estaba haciendo ya muy tarde por culpa del trabajo… estaba odiando el oficio de policía, por su culpa, su padre pone el trabajo antes que a ella… ¿Qué no ve lo mucho que ella lo necesitaba?

Lanzó un largo y hondo suspiro, en situaciones así… extrañaba a su madre.

-¿A quien estás esperando?

Una voz infantil y de niño llamó su atención y mira a su derecha, descubriendo a un niño de corta cabellera alborotada, protegida por un jockey y lindos e inocentes ojos azules… lo conocía, lo veía a lo lejos en la primaria jugando con otros niños… pero no estaban en el mismo salón.

-Estoy esperando a mi padre. – Agachó su mirada con tristeza. – Pero está muy ocupado y de seguro se ha olvidado.

Se asombra al ver como ese niño de su misma edad hizo aparecer una rosa roja en su mano. Él sólo sonreía ampliamente, complementando la inocencia de su edad.

-Soy Kuroba Kaito… es un placer conocerte.

-¿Kaito… kun? – Tomando la rosa.

-¿Eh? – Asombrado de que esa chica que apenas llegaba le llamase con tanta familiaridad. – ¿Nos hemos visto?

-Sí. – Exclamó con una gran sonrisa. – Me he acordado, tú eras ese niño del jardín que fue mi amigo hasta la primaria, cuando papá y yo nos mudamos… ¿No me recuerdas? Yo te decía "Bakaito" y tú me ponías "Ahoko" cuando discutíamos.

Los recuerdos de infancia golpearon a Kaito como si le hubieran golpeado la cabeza, la chica de su infancia, de amplia sonrisa y bonitos ojos azules apoderó su cerebro y ahora era lo único en que pensaba.

-¿Aoko? – Y la misma sonrisa llena de emoción que Aoko recordaba, la sonrisa de un niño, invadió al joven mago. – ¡Aoko! – La abrazó sin contenerlo.

Las mejillas de la chica se tiñeron de rojo por aquel contacto… más porque los estudiantes miraban asombrados.

Y mirando en la puerta con discreción, estaba Akako con una ceja alzada… había vuelto ya que le pareció extraño que Kaito se demorase tanto si tenían cosas importantes que hacer antes de un gran show nocturno.

¿Vas a perder la cabeza de tu objetivo por una chiquilla nada atractiva?


Las clases habían acabado, había sido un día realmente pesado para la joven Nakamori, incluso se sorprende que no haya recibido ataques del corazón con tanta presión de miradas y cotilleos.

Ya no sabía cuántas veces había suspirado el día de hoy.

Lista, camina para dirigirse a su casa recordándose que primero debía ir a la tienda a comprar algunos ingredientes. Estaba llegando a la puerta principal cuando todo se volvió oscuro de repente, alguien le había tapado la visión con las manos.

-¿Kaito-kun? – Apostó, era el único que se atrevía a hacerle eso.

-¡Bingo! – La liberó y se puso frente a ella. – Y a la primera, felicidades.

-¿Qué acaso me he ganado un premio?

-Hey, no seas tan codiciosa que soy pobre.

-¿El hijo de Kuroba Toichi, el gran mago del mundo, pobre? – Alzando una ceja. – ¿Quieres que me crea eso?

-¿Qué te puedo decir? – Encogiéndose de hombros. – Mi madre viaja mucho.

-¿Eh? – Asombrada. – ¿Chikage-san no esta?

-Así es… ahora soy un pobre niño que vive solo y debe sobrevivir de comida instantánea. – Dramatizó.

Aoko se hecho a reír, le pareció muy divertido, en verdad Kuroba Kaito no había cambiado en nada, seguía siendo aquel niño con el sueño de ser un gran mago como lo fue una vez Toichi…

¿O no?

-Y bien Aoko… ¿Por qué eres la chica rara que no sabe nada de Kaito Kid?

Aoko se ruboriza de vergüenza y le da un golpe en la cabeza con tanta fuerza que el pobre termina en el suelo adolorido.

-No tuve un buen día, no metas más leña, Kaito-kun. – Le ordenó aun con un poco de tinte en sus mejillas.

Kaito pudo notar tristeza y miedo en sus ojos… ¿Qué le pasó?

Como pudo, Aoko le sonrió. – ¿Qué te parece si hablamos en el parque?

-Eh… claro…

Llegaron al parque en silencio, decidieron sentarse en unas bancas apartadas de la demás gente y miraban a unos niños que jugaban alegres ante la supervisión materna.

-Yo… hace dos años y medio… me diagnosticaron de corazón débil. – Sonriendo con la tristeza con sus labios. – Por eso me cansaba mucho de niña cuando corríamos mucho.

-Aoko. – Sorprendido… ¿Aquella niña que tenía mucha energía, estaba enferma del corazón?

-Después de eso, no pasó ni el mes y sufri un accidente, mi columna fue herida y tuve que quedarme hospitalizada… y ni hablar de que me dieron varios ataques de corazón. – Estira sus piernas, que ahora estaban lejos del suelo. – Mi columna sanó hace dos semanas y mi corazón ha ido mejorando por el tiempo, pero los doctores pensaron que debería seguir allí… yo me negué a sus consejos y a mi padre porque ya no quería estar más tiempo sola en esa habitación.

De golpe, Kaito se puso de pie para estar frente a ella, logrando la atención de la chica y de un momento a otro… él le había sonreído.

-Pues ya no lo estás, harás bastantes amigos en la escuela… y si llegases volver a hospitalizarte… ya no estarás sola porque ten por seguro que yo iré. – Le juró al momento que se apunta a sí mismo con su dedo pulgar.

Asombrada y conmovida, Nakamori lloraba de felicidad sin poderlo contener y se lanzó a abrazar al muchacho, sin parar de agradecerle mientras Kuroba sólo sonreía y le acariciaba el cabello como una forma de tranquilizarla.


-¿Has disfrutado tu compañía con la chica nueva?

La luna llena brillaba en lo más alto del cielo, la ciudad se veía hermosa con aquellas luces que producían los edificios y los faroles de las calles. En una de los altos edificios, estaba sentada en la cima nada menos que Koizumi Akako con unos jeans ajustados y una pollera holgada de color negro, había lanzado la pregunta mirando el paisaje, específicamente una especie de hotel rodeado de policías y con luces que se movían en espera de algo grande.

-Oye, pareces una acosadora sabiendo mi modo de vivir. – Se quejo su compañero Kaito, estaba de pie en la orilla y aún seguía luciendo el uniforme de la escuela. – Yo te aseguró que serías buena amiga de Aoko si le das una oportunidad.

-No me interesa perder mi tiempo en algo tonto como la amistad. – Mirando hacía el lado opuesto. – Te predicó éxito en tu misión.

-Gracias. – Dando la media vuelta sin tener problemas de equilibrio o miedo de dar un paso en falso y caer. – Los críticos de arte se sorprenderán con el show de esta noche.

Da un salto y toca el suelo de la azotea con sus ropas cambiadas, ya no vestía el uniforme de la escuela, ahora usaba un traje completamente blanco, con una capa, guantes y un sombrero de copa del mismo color, un monóculo descansaba en su ojo izquierdo, una camisa azul y una corbata roja…

Se había convertido en el famoso ladrón, Kaito Kid.

-Bien… - De la nada, saca un naipe, que era el As de corazones. – Es hora de la función.


Dejo que la mesa sostenga su rostro y se queja en palabras ilegibles, estaba sola en casa, su padre había salido a trabajar (había descubierto que él se encargaba de la captura de Kid… vaya tonto, que no puede atrapar a un ladrón… tenía que ser hombre) y para su mala suerte, olvido que ya no le quedaban de sus medicamentos para el corazón, le había quedado justo para hoy, por lo que estaba obligaba a levantarse más temprano para ir a la farmacia.

Resignada, pensaba irse a la cama y no salir hasta que su despertador suene, no le importaba que fuese temprano ya que no había nada con qué entretenerse.

-¡Ah, es verdad! – Detiene sus pasos de golpe y ve la televisión… si ese mago ladrón va a aparecer en la televisión, no estaba de más verlo en acción y deducir de una vez por todas que es lo qué le veían.

Se sienta en el sofá y prende la televisión, tal parece que estaban en la habitación en dónde estaba la joya que robarían, protegida por alta tecnología y por policías, la reportera entrevista a Nakamori para saber con qué sorprendería a la gente y el inspector, después de contar, reía muy alto y bien confiado de su victoria. Roja de vergüenza, Aoko se tapa la cara con el cojín que tenía más cerca.

-Estúpido papá. – Se queja aún oculta en el cojín.

-¡Ya falta un minuto para la aparición de Kaito Kid!

El tiempo fue corriendo lentamente, aumentando la adrenalina y la emoción en las personas…

Y las luces se apagaron cuando fue la hora, así que Aoko sólo veía negro en la pantalla y en unos segundos se oye una risa muy divertida. Todo vuelve a iluminarse y exclaman de asombro al ver al ladrón de blanco de pie en el mástil que sostenía la joya, que ahora estaba en una de las manos enguantadas de Kid.

En el segundo que lo vio, el corazón de Aoko latió más acelerado de lo normal y sus mejillas se ruborizaron sin control. Asombrada de su comportamiento, lleva sus manos a su acalorado rostro y mueve la cabeza en negación, no podía gustarle una persona que vio sólo un minuto… ¡Ni mucho menos un ladrón!

-¡Es Kaito Kid, damas y caballeros, el ladrón fantasma se ha apoderado de la joya! – La reportera parecía muy emocionada mientras el que sostenía la cámara hacía un acercamiento del susodicho. – ¿Qué hará la policía para recuperar la joya?

-¡Maldición, Kid! – Nakamori ardía en rabia por ver a ese hombre de blanco nuevamente con la joya en su mano sin ningún problema. – ¡Rápido, enciendan los sensores de movimiento!

A pesar de estar atrapado como un roedor, Kid no parecía para nada preocupado, seguía con aquella mirada de póquer que podía hacer perder los estribos a sus rivales. Ver tanta confianza… el corazón de Aoko volvió a enloquecer.

Kid levanto un pie y cayó al suelo sin que ningún cabello tocase los sensores de movimiento, todos estaban sin habla al verlo caminar como Pedro por su casa por los sensores, moviendo su cabeza o tronco, pero sin dejar su posición de relajado, manos en los bolsillos y su elegancia al pasar. Del otro lado de la televisión, Aoko estaba con la boca abierta, misma reacción que los hombres de la ley.

Llegó a la ventana sin problemas, aquel movimiento hizo reaccionar a Nakamori y apaga los sensores para que pueda correr hacía él y atraparlo, pero el ladrón fue más rápido y salió por la ventana. Se podía ver como salía en su planeador, alejándose del lugar, pero eso no fue impedimento para el inspector de ordenarles a sus hombres que suban a los vehículos para perseguirlo.

-Tal parece que Kaito Kid ha conseguido la joya y escapo sin problemas de la policía como vieron hace unos momentos. – La reportera comentaba al lado de la ventana mientras la cámara la miraba y al mismo tiempo se veía a lo lejos a los autos policías partir. – ¿No se cansan de caer en el mismo truco? – Se quejó cruzándose de brazos.

Los televidentes estaban extrañados ante la actitud poco amable de la muchacha, pero ellos y el camarógrafo se sorprendieron al verla quitarse sus ropas y les muestra a todos que era nada menos que el ladrón fantasma, Kid.

-Ladies and Gentleman. – Ante la cámara, hace una inclinación como todo caballero. – Ha sido un placer entretenerlos está noche. – Muestra la joya que estaba oculta en su bolsillo. – No es la joya que estoy buscando, así que se las devuelvo. – Se la entregó al camarógrafo como si nada, ignorando que él seguía de piedra. – Hasta otra.

Después de mover su mano derecha en señal de despedida, se va corriendo hacía la puerta sin dejar de ser grabado por la cámara.

Aoko apagó la televisión con las mejillas sonrojadas y maravillada ante tal espectáculo, había sido un show genial, incluso aplaudió cuando demuestra que todo este tiempo estaba disfrazado de la reportera… ¿En qué momento tomo su lugar? ¿Acaso la joya que se vio antes de la hora y el Kid que partió por la ventana era un holograma? Jope, ¿Cómo lo habrá hecho?

Pero aparte de toda su galantería y habilidades con las manos, lo que más la hipnotizó fueron esos ojos azules… tan intensos, hermosos, valientes, reflejaban lo fuerte y determinado que era el ladrón, pero…

Algo en esos ojos le decía que ya conocía a esa persona.


Un día nuevo llegó a Japón y Kaito caminaba emocionado hacía la escuela con la vista en el periódico y con Akako caminando a su lado.

Kaito se echa a reír.

-Como era de esperar de mis habilidades. – Comentó aumentando su orgullo.

-No hables tanto que yo hice el trabajo pesado. – Le recordó la muchacha alzando el ceño fruncido. – Gracias a mis habilidades de bruja, mi cuerpo fue inmune a los sensores y transporte la joya a tu bolsillo antes de irme.

-Aún así, fue mi idea y tú solita aceptaste ser parte de él. – Señalándola con el ceño fruncido, su ego le impedía perder.

-Sí… porque sabías que no puedes hacer nada sin mí. – Orgullosa de haber ganado la batalla.

-Maldita bruja. – Volviendo a su lectura por haber perdido.

-¡Buenos días, Kaito-kun! – El chico casi sufre de un infarto por tal inesperado grito. Voltea y ve a Aoko con una radiante sonrisa. – ¿Estás leyendo el robo de Kid?

-Ahoko, casi me matas… y si, estaba leyendo el diario.

-No seas tan grosero, Bakaito… buenos días Koizumi-san. – Inclinándose en señal de respeto.

-Buenos días, Nakamori-san. – Hablándole sin perder su porte de superioridad.

-Aoko, ¿Viste el robo de anoche? – Le preguntó el mago con motivos de aligerar la tensión. – ¿Ya has visto a Kid?

-Sí, lo he visto. – Sonriéndole dulcemente con sólo recordar a aquel ladrón.

-¿A qué es genial? – Sonriendo con orgullo, Akako resopló pensando que era sorprendente que su cuerpo o la tierra donde pisa puedan soportar tanto ego.

-Pues… es bastante genial. – Admitió para luego ruborizarse levemente. – Y muy atractivo.

Con tan sólo oír la palabra "atractivo" se sonrojó, claro que había oído a miles de chicas comentar lo genial, apuesto y hasta sexy que era el ladrón blanco, pero nunca se había sonrojado, sólo aumentaba su orgullo… y ahora venía ella a bajarle las defensas con sólo una palabra… ¿Qué diablos le pasaba?

-Se nos hará tarde. – Comentó Aoko de golpe para luego seguir con su camino. – Dense prisa muchachos.

-Vaya… tal parece que yo tenía razón… como siempre. – Se burló Akako viendo al mago con superioridad. – Te has enamorado de tu pequeña amiga de la primaria. – Declaró atreviéndose a tocar la mejilla derecha de Kaito con su dedo índice. – Guau, con tal temperatura elevada, puedes preparar un huevo frito.

Se da la media vuelta y camina hacia la escuela riendo divertida mientras el mago se enojaba por las burlas de Akako.

-¡Eso no es cierto, no me gusta! – Le grito corriendo para alcanzarla.

Fin.