Y AQUI ESTA TU REGALO DE CUMPLEAÑOS DE 12 PAGINAS!

Mi amiga Arwen cumple años el 29, ya se que paso pero tengo unas semanas con muchas cosas que hacer y los dias pasan rapidas! Pero aqui esta Arwen!

Como te gusta mi universo alterno loco en que Aoko esta loquilla por Kid, aquí tienes otra historia!

DISCLAIMER: Kaito Kid y sus personajes es propiedad de Gosho Aoyama


Corazón Recaído.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Aoko pega en su álbum exclusivo de Kaito Kid una nueva foto que recortó del periódico esta mañana antes que su padre lo lance a la basura.

Contempla el acercamiento que se hizo del ladrón fantasma con las mejillas rojas y da una plegaria de agradecimiento por lo afortunada que es. El mes pasado tuvo el placer de conocerlo gracias a que se quedó en el robo y su piel se sigue erizando por la memoria de su tacto, especialmente por la forma en cómo la cargo, y su aliento se traba con solo pensar en la intensidad de sus ojos. A veces desea poder verlo de nuevo, pero sabe que es imposible, Kaito Kid es un profesional ocupado y no puede andar como una fan loca tras él. Lo estaría molestando.

Echa un vistazo a su reloj. Si no sale ahora de su casa, llegara tarde porque no puede correr al estar enferma del corazón.

Guarda el álbum en el cajón de la ropa interior porque sabe que su padre no se metería allí, pesca su bolso de la escuela y sale del dormitorio para partir.

Aoko está enferma del corazón y ha pasado parte de su vida en un hospital hasta que le ofrecieron la oportunidad de volver a la vida normal… luego de haber protestado con uñas y mugres. Le dejaron varias condiciones a cambio: seguir el tratamiento, visitas mensuales al doctor y no hacer sobre esfuerzos como el ejercicio, así que no puede participar junto a sus compañeros en las clases de gimnasia, toma su propio programa que el fisiatra le entregó a su profesor.

Cualquier ataque puede obligarla a volver a encerrarse.

—Aoko-san. — Voltea extrañada y se sorprende de ver quién es. — Buenos días.

—¿A-Akako-chan?

La bruja se molesta un segundo por su osadía de hablarle de esa forma, pero no lo deja mostrar por lo buena actriz que es. Así que continúa sonriendo.

—Te ves sorprendida.

—Solo… me acostumbre a verte con Kaito-kun o rodeada de nuestros compañeros… ni siquiera sabía que vivías en esta zona.

—Jo-Jo-Jo. — Akako se ríe lo más risueña e inocente que sea posible. — Y no vivo por aquí, pero hay una cafetería alrededor que es muy buena.

Ambas mujeres caminan lado a lado pero no hablaban. Aoko se siente incómoda, no todos los días vas a la escuela acompañada de la reina de la popularidad y no sabe qué decir, no sabe lo que puede ser interesante para una persona de estatus superior como Akako.

—¿Puedo hacerte una pregunta, Aoko-san? — La chica casi pega un brinco por la iniciativa de Akako.

—Siempre y cuando pueda responderla.

—¿Qué es lo que te atrae de Kaito Kid?

De todo lo que Akako pudo haberle dicho, no se esperaba eso. Debe ser la primera persona que le hace esa pregunta. Las chicas de su escuela no le preguntan porque es natural estar loquilla por Kid y su papá esta más ocupado reclamándole su fanatismo adolescente traicionero.

—He pasado mucho tiempo en el hospital y rodeado de blanco que llegue a odiar el color porque lo asociaba con el encarcelamiento y el dolor que pase. — Entonces sonríe al pensar en la noche que conoció a Kid por la televisión. — Pero él hizo que amase el color. Cuando lo vi resplandeciendo volando hacía la luna, sentí la magia… sentí esperanza.

Tan ensoñadora anda que no percibe la forma en cómo Akako la miraba. Medita sus palabras con cuidado. Lentamente levanta su mano y la apoya en el hombro de la chica.

—Me sorprende tu sinceridad y corazón puro, es prueba que no me mientes y por eso tienes mi aprobación.

—¿Aprobación?

—Para ser la Novia de Kid. — Y de Kaito, agrega en sus pensamientos con una sonrisa que delata su diversión.

Aoko abre su boca de asombro al mismo tiempo que su cara arde de rojo.

—¡¿Qué?!


Puede que Akako sea su amiga de un cierto modo y su asistente no oficial, pero jamás de los jamases la dejaría sola con Aoko.

Así que casi le da un infarto verlas entrar al salón juntas y conversando como si fuesen amigas desde el jardín de niños.

—Buenos días Kaito-kun. — Le saluda Aoko con su ánimo alegre de siempre.

—¡¿Qué mierda significa esto?!

Toda la clase se queda mirando a Kaito, sorprendidos por su grito y vocabulario. El chico trata de mantenerse indiferente a pesar que su cara quiere arder como el semáforo en rojo.

Aoko no tiene tiempo de reprocharle por sus amigas la llaman preguntándole su opinión sobre el robo de anoche. Pero es la oportunidad perfecta para Kaito en enfrentar a Akako.

—¿Desde cuándo Aoko y tú son amigas del alma?

—Oh, Aoko-san y yo no somos tan diferentes después de todo. — Pasando de largo su mal genio de crío de seis años, se sienta en su pupitre con el porte de una reina.

—Por favor, te has juntado con ella porque sabes que yo no lo quería. ¿Hiciste todo esto por qué no te hice caso con respecto a la pintura?

Akako enseña enojo en sus labios tensos y en las manos temblorosas. Sus ojos destellan rayos y Kaito tiene miedo de haber causado el fin del mundo… porque su amiga puede provocarlo si tiene a Lucifer en la palma de la mano.

—Te dije que no robaras esa pintura que estaba maldita solo para humillar a Hakuba. Si no fuera por la prensa, jamás habría sabido que me desobedeciste o no te habría salvado el trasero y ahora mismo estarías en prisión con tu identidad revelada por todo el mundo. — Abre un libro de hechizos y empieza a leer mosqueada sin olvidarse de Kaito. — Nunca recibo un agradecimiento por todo lo que hago por ti… ni siquiera un "gracias" por ayudarte a tener a Nakamori en tus brazos.

Kaito se ruboriza con el recuerdo y casi gime frustrado por la memoria táctil. Tanta piel blanca y dispuesta a su posición, pudo habérsela llevado lejos y agregarla a su mayor colección como en la historia de sus padres pero la moralidad y la ética le arruinaba la fiesta. Akako sonríe burlona de haberlo atrapado con la guardia baja.

—El por qué coincidí con ella no es de tu incumbencia… y es una lástima para ti porque descubrí un poco más sobre sus sentimientos por tu otro yo. — Se regodea de verlo picado y ansioso. — Quizás te lo diga cuando me hagas caso.

Akako sabe como ser cruel sin la necesidad de sus hechizos o un arma. Lo peor es que ella tiene consciencia de ello y se regodea.

—Lamento haber sido borde contigo. — Dijo de pronto el ladrón. — Trataré de escucharte la próxima vez.

Akako responde con un gruñido bajo.

—Lo único cierto en eso fue "trataré"… vas a malcriar a tus hijos. Tal vez deba advertírselo a Aoko-san cuando se casen.

—¿Ahora eres casamentera? — Trata de lucir enojado cuando su cara roja dice lo contrario.

—Me lo vas a agradecer el día de mañana, te lo prometo. — Se adelanta de página para revelar una nota oculta como separador. — ¿Kaito Kid está disponible para otro trabajo?

—¿Un trabajo para mi beneficio o el tuyo?

—Para ambos.

La nota es más bien una foto a color. Kaito frunce el ceño sin entender. Es una manzana de oro puro, pero no tiene la pinta de ser el diamante que busca. ¿Un truco vengativo de su socia para hacer su trabajo sucio?

—¿Qué es eso?

—Se le llama fotografía.

—¡Se eso! — Cabreado. Akako no se detiene en molestarlo y ya está perdiendo los estribos. — ¿Qué tesoro es ese?

—La Manzana de Pandora. — Complacida de conseguir sorprenderlo. — Esta pieza esconde un gran poder en su interior y llega al país mañana en la mañana para ser exhibida un día.

—Si tienen el mismo nombre, lo más probable es que Pandora este dentro de la Manzana.

—Y si no, yo quiero su poder.

—Pero… hay una posibilidad que Snake se aparezca también.

—Tienes una bruja de compañera, estarás bien. — Dándole unas palmaditas de apoyo. — Así que dedica tu cabeza en pensar estrategias en vez de pensar en los labios de Aoko.

Kaito vuelve a enojarse y que su cara se torne rojo y luminoso como un farol, pero no dijo nada esta vez y se dirige a su asiento picado igual a un niño mientras Akako se ríe con una mano cubriéndose los labios.

Aoko los captó discutir sobre una foto bastantes interesados y eso pica su curiosidad. Siempre se anda preguntando qué temas andarán conversando esos dos cada vez que andan en plan misteriosos y compartiendo secretillos. Claro que no iba a andar de chismosa por mucho que quiera saber, ella es solo la amiga del jardín de niños y primaria que luego se mudo y después la encerraron en un hospital para vigilar su corazón; en cambio Akako ha sido su amiga durante todo ese espacio de tiempo que estuvo lejos y es normal que tenga sus asuntos con Kaito. Ambas tienen diferentes lenguajes de amistad con el mago amateur.

—Aoko, deja de mirar a Kaito como una admiradora secreta por tanto tiempo o parecerás más a una psicópata. — Se burla su amiga Keiko con sonrisa maliciosa.

—¡Yo no hago eso! — Se queja con las mejillas rojas por ser descubierta. — Kaito-kun es solo mi amigo. Yo amo a Kid. — Se justifica a pesar que su pecho se contrae en dolor.

—Vamos Aoko, todas estamos locas por Kid, pero hay que ser realistas también. — Dijo otra amiga tratando de ayudarla con su amor platónico inalcanzable.

—No te decimos que debes olvidarte de Kid, pero deberías tratar de buscar en otro horizonte… prueba invitando a Kuroba-kun.

Aoko no sabe que decir. En parte se siente enojada con sus amigas que hacen ver sus sentimientos por Kid como un simple fanatismo de una fan loca, y por otra parte está nerviosa con solo pensar en la idea de invitar a Kaito. Estar aislada en un hospital le hizo perder las clases sociales con el otro género con fines románticos (o parecidos). Pero, ¿No estaría traicionando su amor por Kid saliendo con alguien más?


Durante el resto del día Kaito notó la extraña actitud de Aoko pero no ha tenido la oportunidad de hablar con ella a solas por andar uno siempre acompañado, ya sea por las amigas de ella, sus propios colegas o los maestros que no paran de arruinar asuntos importantes.

La escuela termina y la ve guardando sus cosas. Ahora es su oportunidad.

—¡Aoko! — Nota como se tensa y eso le preocupa. — ¿Qué te parece si nos vamos juntos?

—C-Claro. — Cierra la mochila.

—¿Estas bien? — Extrañado.

—Sí, lo estoy. Solo estoy divagando.

Los dos emprenden camino a la casa de la chica en silencio por no saber que decir o cómo actuar.

—Kaito-kun. — Aoko saca la valentía para romper el hielo. — ¿Tú también crees que mis sentimientos por Kid son solo fanatismo?

No sabe que responderle. Con la boca abierta escucha como su corazón golpea igual que un tambor. Sinceramente no sabe que decirle porque están hablando de él mismo y odia mentirle porque siente que se está burlando de ella y humillarla. Quiere decirle que es una locura y debe seguir pegada al ladrón porque es lo más cerca que Aoko estará colada por él, pero por otra parte también quiere aconsejarle que debe olvidarlo y seguir adelante o terminará haciéndole daño.

—¿Por qué no respondes?

—Perdón, yo… me sorprendiste. — Nervioso lleva una mano tras la nuca. — No sé si te sirve de algo, pero mi madre una vez me relató que si amas a alguien lo sabrás porque sonreirás y los ojos se iluminaran al verla.

—El problema es que Kid no está en la guía telefónica como para ir a su casa o la poli ya lo habría capturado.

—Estoy seguro que lo veras de nuevo… aunque no entiendo por qué me saliste con eso.

—Bueno, yo estoy bastante segura de lo que siento por Kid, él salvo mi vida y me entregó esperanzas, pero… es como una celebridad y no puedo estar colada a él por siempre por muy guapo que sea.

Sin querer su ego masculino crece orgulloso por lo que su alter ego consiguió con Aoko, pero al mismo tiempo se siente culpable de tanta confusión que su amiga anda pasando.


Al día siguiente Aoko sufre un paro cardiaco en pleno examen.

Llego tan inesperado y rápido que no tiene tiempo de asimilarlo a pesar que la estaba matando. Recuerda que su lápiz iba a responder la complicada pregunta 3 y su cuerpo se contrae en dolor y tiene la sensación de haber caído en un familiar volcán en erupción. Se cayó al suelo por falta de fuerzas, su inconsciente está demasiado ocupada luchando por sobrevivir.

Lo último que recuerda es una percepción, algo cálido le golpeó gentilmente el rostro y eso le dio la energía y confianza que necesitaba para seguir luchando y vivir.

Entonces un solo nombre se grabo en su mente antes de dormir sin saber si lo pudo soltar o no en sus labios.

Kuroba Kaito contempla desde lejos como suben a Aoko a una ambulancia. Los estudiantes murmuran, los profesores tratan de mantener la calma y comentan que hay que llamar a su padre de inmediato y él… pues no los escucha ni les presta atención siquiera. Solo le interesa la guerrera caída.

—Se que te sientes devastado y quieres estar con ella, pero tienes trabajo esta noche. — Akako se le acerca por detrás con su porte de mujer superior. — La Manzana estará solo por esta noche y no lo podemos postergar.

—Aoko es más importante.

—También lo es tu padre. — Nota como se pone tenso. —Comprendo por lo que estas pasando, pero si en verdad la organización va tras la Manzana, hay que atraparlos primero.

Kaito suelta una palabrota, deseando tanto hacer una rabieta para conseguir su capricho de ver a Aoko, sabe que Akako tiene razón y debe enfocarse por ahora en ser Kid esta noche.

—Aun así, iré al hospital para averiguar cómo se encuentra.

—Te acompaño. — No titubea ni se lo reclama. — Cual sea la respuesta que oigas, vas a necesitar a alguien que te ayude a mantener la mente enfocada.


Puede que sea el momento que al fin atrape a Kid, pero mandó al ladrón a la mierda apenas, en plena junta, recibe un anuncio que su hija está en el hospital por sufrir uno de sus ataques.

Conduce igual a un psicópata que estaba de la policía (algo irónico) con la sirena encendida para esquivar los obstáculos de transito y llegar al hospital en solo dos minutos y sin preocuparle una mierda si estacionó bien o mal.

Entra gritando el nombre de su hija hasta encontrarla descansando en el décimo piso. Una enfermera le pidió que se calmase y que el doctor se aparecerá apenas termine de comer. Dicho y hecho, llegó al instante para informarle su diagnóstico.

Pasa una hora y llegaron Kaito y Akako con Saguru, quien se los pilla en el elevador, y dan sus saludos. Aoko no sabe lo que ocurre porque continua inconsciente e inyectada a máquinas para ser vigilada constantemente. Siempre se ve alegre y energética que es fácil olvidar que tiene un corazón enfermo, pero es ahora que se ve lo frágil que es. Capaz de romperse con el más pequeño toque erróneo.

Kaito necesita esquivar la mirada o se desmoronaría y su orgullo no se lo permite con el pomposo ingles presente.

—¿Le ha dicho ya algo el doctor?

—Sí, Aoko-san siempre esta precavida que nos sorprendió mucho. — Akako conversa al mismo tiempo que toma al mago del brazo un segundo para darle un apretón y mantenerlo enfocado.

—Uno de los síntomas que puede ocasionar un ataque es el estrés. La conclusión del doctor es que cómo tenía varios exámenes, el estrés del estudio fue tanto que no lo aguanto más… aunque es extraño porque ella siempre está preparada.

Kaito siente la culpa revoloteando en las tripas y no duda en recibirlo. Sabe que es su culpa, esa mente no solo estaba estresada por los estudios, también por los problemas del corazón. ¿Quién iba a pensar que esas cosas pueden causarte una parada en Urgencias?

—Inspector Nakamori, no tiene por qué preocuparse. — Kaito sale de sus pensamientos para notar que Saguru conversando con el inspector. — Yo supervisaré la captura de Kid y usted se podrá enfocar en Aoko-san.

—Gracias Hakuba-kun… y también dale saludos a tu padre por su comprensión.

—Así será.

Kaito maldice su mala racha. Con Saguru vigilando todo el asalto va a ser complicado para él vencer si quiere evitar un posible enfrentamiento con Snake si el ingles va a supervisar la comisaria por completo. Bueno, al menos tiene una bruja de su parte y espera que eso sea suficiente.


La leyenda dice que la Manzana de Pandora fue creada por la misma diosa con la ambrosia que consume los dioses para permanecer inmortales con el objetivo de causar una guerra entre los hombres, prometiendo que el ganador consumiría la fruta con sus poderes. El rey de los dioses, Zeus, interrumpió el derramamiento de sangre dando un severo castigo a Pandora y oculta la Manzana donde nadie pueda encontrarlo. Si está relacionado con la palabra Inmortal es probable que sea la joya que busca al fin. Todo acabará y tendrá la venganza por su padre y será una vez más un adolescente corriente.

Aunque eso signifique que Aoko no verá más al hombre que se enamoro.

—¿Por qué pones esa cara? — Se queja Akako con su vestimenta de bruja.

—… muchos polis.

—Eso nunca te molesto.

—Con Hakuba y Snake se complicará más salir pitando.

—Recuerda que por eso estoy aquí. — Se cruza de brazos bajo los senos. — Haré un hechizo sencillo óptico en todo el edificio. Eso disminuirá el problema por la mitad.

—Bien… y no lo olvides Akako, mantente a salvo y no te metas en el camino de Snake o Hakuba.

Akako quiere quejarse, no es seguro dejarlo combatir solo contra un hombre que quiere meterlo preso y otro hombre peligroso que fue responsable de la muerte de Toichi y su madre. También quiere acabarlos, pero esos serios ojos la callan y obedientemente mueve la cabeza en afirmación. Sin esperárselo, Kaito le obsequia una rosa que lo deja en su cabello.

—Para la buena suerte. — Sonríe como de costumbre ante su desconcierto. — Gracias por tu ayuda.

Sea lo que sea que Akako se muere por decir, lo evita dándole la espalda para recomponerse sin que lo note.

—Esto lo hago por mi beneficio, no lo olvides. — Hace aparecer su escoba.

—Sí, ya lo sé. — Su tono de voz y sonrisa delataba que no le creía su actuación de bruja malvada.

Pero eso no le importó y se va volando.


Saguru contempla la manzana dorada mitad aterrado y mitad sospechoso por estarse sintiendo así. Hace tres horas fue la primera vez que contempla la pieza de arte y algo extraño le golpeó como una fuerza invisible que le apretuja el estómago hasta perder y vomitar. Se siente enfermo y algo en su cabeza le grita que debe huir o destruir esa cosa o el mundo se acabará. Pero también su lado oscuro le susurra, le tienta a robarlo y quedarse para sí solo todo el poder oculto.

No entiende lo que esta pasándole.

Tampoco entiendo por qué Kid quiere poseer algo creado por el mismo demonio.

Queda media hora y el baño esta cerca, así que va sin dar explicaciones y se encierra para que nadie lo oiga o vea vomitar en el inodoro. Se lava la cara aun algo mareado, no entiende el efecto que le causa esa Manzana de oro o el por qué Kid la quiere… tampoco es que espera que él fuese sincero con sus planes.

Un poco mejor ve el reloj de pulsera. Diez minutos para el show.

Camina sin saber que hay un punto rojo en su espalda.

La ventana se hace trizas. Saguru cae al suelo con los ojos luchando por permanecer despierto a pesar de la sangre que se expande por el suelo.


Kid nunca lo admitiría de frente, pero es bueno tener a Akako, una bruja poderosa, como asistente (no oficial).

Contento de la vida camina entre los guardias y la seguridad ya que el hechizo de Akako les hizo creer que las alarmas estaban apagadas y las prendieron cuando en realidad paso al revés. Y también ella consigue que el ladrón sea invisible a sus ojos. Sinceramente le gustaría jugar más, pero con una joya peligrosa de objetivo y un homicida respirándote el cuello, hay que ser rápido.

—Con permiso. — Sonriendo de oreja a oreja levanta la tapa de cristal y saca la Manzana. Los policías no ven eso, ellos creen que todo sigue tranquilo. Akako le dio unos guantes especiales que lo protegería de la magia que desprende o terminaría enfermo a los dos metros de distancia (como Saguru).

—¡Ah! — Le llama la atención un oficial que entra corriendo y llamando la atención de sus colegas. — ¡Hakuba-kun fue atacado!

—¿Qué? — Kaito casi chilla igual que los otros.

—¡Recibió un disparo por la espalda! — El oficial comunicador actualiza a sus colegas. — ¡La ambulancia viene en camino!

—¡¿Fue Kid?!

—¡Es lo más probable!

—¡Pero él nunca hace esto!

—¡Si tan solo el inspector Nakamori estuviera aquí!

—¡Él lo conoce mejor que nadie!

¡Idiotas, por supuesto que yo nunca haría eso! Se queja Kaito en sus pensamientos. Si habla, el hechizo se rompe. Independiente de lo fastidioso que puede ser.

Corre a las escaleras, pero no puede evitar detenerse al ver a la gente rodeando a Hakuba y luego la ventana. Esto es obra de ellos, pero… ¿Por qué Hakuba?

Quisiera quedarse y ayudar, pero no tiene opción, tiene que irse y le promete al detective que a cambio va a encabronar al hijo de puta que hizo esto.

Llega a la azotea y se pilla a su asistente en el centro de una estrella luminosa y con su bola de cristal entre las manos. Luce concentrada en mantener las ilusiones que no capta de inmediato su presencia.

—Akako, Hakuba fue herido.

—Lo sé, me estoy asegurando que no quede inválido. — Entonces Kaito capta el agotamiento en sus ojos y se da cuenta entonces que está elaborando dos conjuros a la vez. — Vete rápido, yo me quedo hasta que la ambulancia llegue.

—¡No pienso dejarte aquí sola! — Se queja molesto por la testarudez de la bruja… como la de Aoko. ¿Acaso todas las mujeres son así o él tiene mala suerte de rodearse con esa clase? — La organización le hizo esto a Hakuba y puede venir a herirte también.

—No tenemos tiempo para discutir esto, Kid. Si no te vas ahora con esa cosa pronto, no sólo la vida de Hakuba corre peligro… la de Nakamori Aoko también.

Su alma cae a los pies con esas palabras resonando en su mente mientras se recrea la imagen de Aoko débil y frágil en el hospital que apenas percibe la orden que se juntarían en el hospital para salvar a las dos víctimas. Pero si escuchó un disparo entre los dos que ocasiona la desconcentración de Akako y sus hechizos desaparecen. Dos segundos después se escucha otro y el ladrón toma a la bruja de la mano, llevándola al precipicio del edificio con los disparos pisándoles los talones.

Caen al mismo tiempo que le dan al monóculo por pasar cerca de su cara. Kaito se asegura de tener a su amiga en los brazos antes de despegar su aeroplano y terminan ambos volando por los aires sin bajar la guardia porque saben que no dejaran de ser perseguidos.

—¡No podemos dejar a Hakuba a su suerte! — Se queja Akako tratando de ser escuchada.

—¡Lo primero es alejarlos para que no lastimen a nadie más y luego los humillaremos!

Pero el destino no está de su parte. El aeroplano es atacado y termina con un agujero, ambos lo contemplan con terror mientras caen sin evitar gritar (aunque el mago grita más palabrotas). Akako recuerda entonces que ella es la de los poderes y con un conjuro crea un colchón enorme como los que usan en películas los actores de doblaje mayormente para caídas largas. Como Kaito la tenía protegida en un abrazo, él recibe el impacto del colchón en la espalda. Momentáneamente son víctimas de la gravedad y suspiran aliviados apenas se quedan quietos. Él seguía abrazándola, sin su monóculo y el gorro perdido por ahí; y Akako trata de despejar su adrenalina de miedo a un lado para volver a enfocarse.

—Akako, ponte la máscara. — Apenas escucha la orden por tener las orejas cubiertas con sus brazos tapándole los oídos. Kaito se aseguraba que su identidad no sea descubierta si alguien se aparece.

De inmediato una máscara roja estilo de opera le tapa el rostro mientras hace aparecer otro monóculo para su amigo. Se ponen de pie un poco torpes por seguir sobre su salvavidas y Akako lo hace desaparecer. Contemplan el edificio donde cayeron y descubren que avanzaron sólo la mitad del recorrido. Entonces la puerta de la azotea se abre y se encuentran a Snake apuntándolos con un arma.

—Tanto tiempo sin vernos Kaito Kid… ¿O debería decir Kuroba Toichi?

—Un mago no revela sus secretos. — Se asegura de estar delante de Akako para protegerla. — ¿Por qué disparar al detective Hakuba?

—Es más listo que toda la policía reunida. Teníamos que asegurarnos que no intervenga en nuestro camino… y ustedes, bueno, son fáciles de usar para el trabajo duro.

—Eso no dice todas las rachas que te hemos ganado. — Dijo Akako segura de sí misma y los adolescentes sonríen al ver al adulto enojarse.

—Vamos Snake, si tanto me echabas de menos, debiste llamarme para quedar por ahí.

—En otra ocasión, primero debo llevar la Manzana a mi jefe.

—¿Vienes por la manzana y no para ver a un viejo amigo? Que decepción. — Su sonrisa dice lo contrario y puede apostar que su compañera lo fulminaba con la mirada. — Lo siento pero a estas alturas de la relación ya deberías saber que no regalo lo que robo… y que destruiré Pandora.

—Entonces el decepcionado soy yo… no me dejas más alternativa que matarte junto a la estirpe maldita de bruja.

La sonrisa de Kaito se ensancha más, como si Snake dijese un chiste en vez de una amenaza de muerte. Entonces Akako grita un conjuro y una luz intensa ciega a Snake y la maldice jurando que le dará una muerte dolorosa, pero no le dura mucho ya que algo le pega en la mano y le hace caer su pistola. La luz desaparece y la bruja ya no está, pero si Kid con su arma de cartas y no duda en usarlos para dejarlo atrapado en la pared.

—Buenas noches Snake… y no te preocupes, la Manzana no es lo que buscamos. — Su aeroplano esta como nuevo, de seguro Akako lo arreglo.


Aoko sigue descansando. Ha sido agotador y confuso, no sabe lo que es real o un sueño que poco puede recordar. Solo sabe que su padre le hace compañía, incluso lo escuchó gritar por teléfono, aunque para ella fue como si gritase a una distancia larga y no al lado suyo. También se oyó preocupado.

Es difícil concentrarse con tanto sedante.

Esto es por lo que no quería volver a pasar. Puede apostar que el doctor le anda comentando a su papá que debe regresar al internado clínico. Una enfermera le dijo años atrás, el día que se fue, que la libertad es una peligrosa droga porque una vez que lo experimentas y te lo arrebatan, te vuelves un vicioso desenfrenado y ahora comprende el significado, ahora entiende esa desesperación de lo que le quería decir porque ella quiere esa dosis con urgencia.

Oye voces lejanas. No comprende lo que dicen pero le son conocidos. Todos los músculos del cuerpo están agotados que ni siquiera puede abrir los ojos, no puede verificar si las voces son reales o un sueño.

Algo cae en su pecho, no es tan pesado pero igual lo siente como si le hubiese caído encima un yunque, incluso jadea por falta de aire en los pulmones.

Y entonces algo sedoso le acaricia la frente y eso fue necesario para volver a respirar mientras oye una de las voces prometer que todo saldrá bien.

Lo que una vez le fue pesado, repentinamente se volvió más ligero mientras algo extraño pero caluroso le recorre el cuerpo igual que la sangre por las venas. Ya no siente el dolor y el agotamiento de haber de haber sufrido un ataque, se siente renovada y tan ligera como despertar de un sueño reparador. Así que abre los ojos anhelando saber que pasa en su entorno y se sorprende de quien es su acompañante nocturno.

—¿Kaito Kid? — Susurra bajo, descubriendo que lo sedoso es su mano enguantada de seda que le sigue acariciando la frente.

Good night my princess. —Con la mano libre le toma su mano conectada a una maquina que vigila sus puntos vitales y le besa la palma con cuidado. — Vine lo más rápido que pude y me alegro mucho que este fuera de peligro.

—Es… ¿Estoy soñando? — Su cara se sonroja muy rápido por sus atenciones.

Si esto sigue así, va a tener otro ataque de seguro.

—¿Acostumbra soñar con peligrosos ladrones? — Mueve su cabeza en negación mientras su lengua hace un ruido. — Eso no es apropiado para una dama… especialmente si es la hija de un inspector de policía.

—Me… me gusta correr el riesgo. — No sabe de dónde saca la valentía para seguirle el coqueteo con lo nerviosa que esta… e intimidada por la cercanía.

Kaito Kid ejerce poder sobre ella sin saberlo (o quizás si lo sabe y lo está gozando de lo lindo).

—¿Oh? — Sutilmente la caricia baja desde la frente a la mejilla, con el pulgar jugando con la barbilla. — Entonces estoy bajo las órdenes de una mujer peligrosa… ¿Debería asustarme y pedir ayuda?

—¿Por qué debes tener miedo? No soy para nada peligrosa como dices, sólo soy una chica postrada en una cama.

—Al contrario, my lady, usted es la mujer más peligrosa que conozco… porque es dueña de algo muy poderoso que puede ser mi fin.

¿Qué puede poseer una débil enferma que puede acabar con el ladrón más buscado en el mundo?

—Me temo que debo retirarme. — Se pone de pie y Aoko siente un frío horrendo sin esas caricias juguetonas. — Me gustaría quedarme más tiempo pero no creo que su padre lo apruebe.

—¡Espera! — Ella quiere seguir hablando y tiene miedo que al final todo sea un sueño.

Kid se detiene una vez que abre la ventana y se gira para verla a los ojos con su sonrisa de galán y ojos de póquer.

—Recupérese pronto, my princess y nos veremos pronto.

El viento agita la capa y las cortinas. Por arte de magia las cortinas ayudan a desaparecer al mago, dejando a Aoko atónica y maravillada.

Y luego se da cuenta de la rosa roja sobre sus piernas y sabanas.


—La Manzana ayudó a Hakuba también, así que seguirá pisándote los talones vivo y con los pies y no en silla de ruedas.

—¿Y es Pandora al final?

—Lo siento, sólo tiene de Pandora el nombre… pero sigue siendo mía.

Kid entra a su cuarto para pillarse a Akako sentada sobre la mesa de su escritorio con las piernas cruzadas y con la Manzana entre sus manos.

—Como quieras. — Dijo Kaito sin darle importancia y se desploma en la cama. Se había quitado el sombrero y el monóculo por el comedor.

—Eso es raro. — Ella sonreía burlona, pero sus ojos destellan curiosidad. — No es de ti olvidar lo correcto es devolverlo. — Imitando su tono de voz y postura.

—Esa cosa me da escalofríos y es un peligro para la humanidad, así que enciérralo o absorbe su poder. Me da lo mismo.

—Tiene magia negra, por supuesto que puede causarte eso… pero no me esperaba que Hakuba fuese igual de sensible que tú. — Se queja el mentón suavemente con el dedo índice. — Algo de utilidad tiene al final de cuentas.

Eso sorprende a Kaito, que se incorpora más rápido que Frankenstein al ser revivido. La apunta de forma acusadora y sus ojos destellan rabia.

—¡Si es magia negra no debiste convencerme en usarla en Aoko!

—Por favor, no llores como una niña. — Se cruza de brazos sin soltar la manzana. — La magia es magia el bando que estas. El problema es que hay hechizos que sale de lo ético y por eso los profesionales y practicantes de la magia se catalogan Buenos y Malos. Blanco y Negro.

—¡Eso no responde mi queja!

—Y siguen los gritos de niña. — Su semblante esta serio a pesar de la situación. — No olvides que la experta soy yo, así que te aseguro que Hakuba está a salvo, como también Aoko… por ahora.

—¿Qué quieres decir con por ahora?

—Nakamori no está enferma del corazón, la han maldecido. — Trata de pasar de largo los ojos sorprendidos de Kaito. Si fuese por ella, lo mantendría oculto para no preocuparlo, pero sabe que no se podrá mantener en silencio para siempre. Y Kaito ya siente por tercera vez en un día que su alma se hace mierda. — Y me temo que es la peor de las maldiciones… una que ni encantamiento más poderoso puede destruir. Por eso te pedí que usaras la Manzana. Al ser la creación de una diosa, le puede la vida un poco más.

—¡No lo estoy captando, Akako! — La enfrenta cara a cara.

—Lo sospechaba desde el momento que la conocí, que algo no iba bien con ella… que estaba destinada a la muerte. Pero no lo podía creer hasta que tuvo el ataque cardiaco y vi toda esa magia rodeándola… por eso te presione para robarte la Manzana a pesar que deseabas olvidarla y estar con Aoko… o ahora mismo ella estaría muerta. — Suspira profundo y Kaito capta miedo en los sus ojos y no sabe cómo reaccionar. El asunto debe ser grave. — ¿En qué momento Aoko se le cruzó en el camino?

—¿Quién?

—El hijo de Lucifer.


Aoko toma con cuidado la rosa apenas se da cuenta que esta ahí y sonríe mientras disfruta de su aroma.

Para su sorpresa los pétalos se vuelven negras hasta el punto de marchitarse.

—Ese par, el ladrón y la bruja, en verdad son un dolor en el culo. — Una voz resuena de ninguna parte de origen y el viento regresa. — Se supone que morirías y serías mía… pero ahora que usaron la Manzana, todo se retrasa de nuevo.

Por donde salió Kid, entra ahora otro hombre. Uno de ojos rojos rubíes, orejas puntiagudas y colmillos arriba y abajo como una bestia. Su cabello negro azulado destacaba con ayuda de la luna. Él le sonreía igual a un cazador.

—¿Quién… quien eres?

—El hijo de Lucifer… y tu futuro marido.

FIN