La observó, concentrada sobre la mesa, con el pelo suelto y su pañuelo y su camiseta hippi. Una sonrisa acudió a su rostro.

La joven se estiró en la silla de trabajo, haciendo círculos con el cuello. Era tarde y llevaba muchas horas trabajando. Arthur se acercó y acarició sus hombros, consiguiendo que la muchacha se sobresaltara.

"Arthur, no sabía que estabas todavía por aquí". él llevaba su habitual vestimenta: camisa, corbata, chaqueta y pantalones oscuros, Ariadne le observó de arriba abajo descarada. "¿Te has quedado por algo en especial?" se levantó de la silla mientras pronunciaba las últimas palabras, quedando cara a cara con el hombre clave, que por una vez, se quedó sin palabras y negó con la cabeza, mientras miraba fijamente los labios tentadores de la joven. Ella, consciente de ello, se les humedeció, y entonces, sin dejar de mirarle a los ojos, empezó a desabrochar los botones de su chaqueta.

"Deberías empezar a llevar un poco menos de ropa" dijo con una sonrisa mientras deslizaba la chaqueta por los hombros del joven, hasta hacerla caer al suelo. "Está empezando a hacer calor". Añadió mientras deshacía el nudo de la corbata y tiraba de ella hasta sacársela por la cabeza. Arthur se acercó un poco más a ella, tomándola por la cintura, pero sin llegar a besarla. Sonreía, marcando sus oyuelos en el rostro, Ariadne se mordió el labio, pensando en lo sexy que le resultaba esa sonrisa. Desabrochó uno a uno los botones de su camisa, y en el momento en que tocó la piel de Arthur, este cerró los ojos, dejándose llevar. Acarició sus pectorales, sus abdominales y de nuevo, hizo que la camisa se deslizara por los hombros, pero esta vez, la dejó colgando en sus antebrazos, sin quitársela del todo. Entonces, le tocó el turno a Arthur, que enterró el rostro en su cuello, oliendo el aroma de Ariadne, dulce y sensual. Fue mucho más sencillo sacar la camiseta de la joven por la cabeza y tirarla al suelo para que hiciera compañía a su chaqueta.

Acarició su piel pálida, consiguiendo que fuera esta vez ella la que cerrara los ojos, y deshiciera el poco espacio que quedaba entre ellos. Ariadne mordió el labio inferior de Arthur, para después delinearlo con lametones, para finalmente besarle con una pasión que le fue correspondida al instante. Él la levantó a pulsó y la sentó sobre la mesa, cuando de pronto alguien llamó a la puerta...

"Ariadne, ¿estás ahí?". La voz de Cobb llegaba desde el otro lado.

"Sí" contestó ella, aunque sonó más como un gemido ahogado que como una contestación, ya que Arthur se había lanzado a devorar su cuello.

"Ok, voy a entrar". La puerta se abrió y entonces...

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Ella se despertó sobresaltada y mirando a su alrededor, vio que el grupo no le quitaba el ojo, con una sonrisa.

"¿Qué ocurre?" preguntó ella.

"Nada, nada" dijo Yusuf.

"A no ser que quieras contarnos que te estaba haciendo Arthur en sueños, preciosa". Comentó Eames con una sonrisa, consiguiendo que Ariadne se sonrojara.