En la puerta del parque había dos hombres bastantes extraños. Unos de esos hombre llevaba un kimono marrón y el otro llevaba un traje del mismo color. El hombre del kimono dijo:

-Después de tanto tiempo, nos volvemos a encontrar.

-¿Quién es usted? – Preguntó con miedo.

-¿No te acuerdas de mí? – Maeko, asustada, negó con la cabeza. – Ya veo, tus recuerdos han sido bloqueados.

No muy lejos de ese lugar, se encontraba el clan Uesugi. Naoe, gracias a la pulsera que le había puesto a Maeko en la muñeca, sabía que se encontraba en peligro. Todos fueron a ayudar a la princesa del Submundo Feudal pero Naoe quería proteger la mujer que amaba y anhelaba.

Maeko retrocedía conforme aquel hombre de lentes se acercaba a ella. Tenía miedo pero no entendía por qué le tenía tanto si era la primera que lo veía. Tropezó con una piedra haciendo que se cayera de espaldas al suelo. El hombre de gafas se agachó para cogerla de la muñeca pero una barrera se lo impidió. "¿Qué ha sido eso?" Pensó asustada Maeko.

-Nos volvemos a ver, hermano – dijo una voz detrás del hombre de gafas.

-Es verdad, desde que quise utilizarte para mi beneficio – contestó el señor Hojo.

-Al parecer te acuerdas muy bien – de la mano de Takaya salió una bola. – Deja a la chica en paz.

-Ella es la princesa del Submundo Feudal y tiene un gran poder… poder que ayudará al clan Hojo a ganar la batalla – dijo con una sonrisa malvada.

-¡Ella no os ayudará! La princesa ayudará a quien ella quiera – dijo Naoe.

Maeko le miró sorprendida. Aún no entendía porque su corazón latía fuertemente cada vez que lo veía. Ella miraba al hombre de gafas y a los dos chicos que eran sus compañeros de clase. "¿De qué se conocen?" Pensó Maeko. Una mujer de cabello largo, se puso delante de la joven princesa y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

-Haruie cuídala, por favor – le pidió Naoe.

-No te preocupes Naoe. La cuidare muy bien – le respondió la mujer.

Maeko observó la pelea que había comenzado detrás de aquella mujer extraña. Se fue levantando lentamente sin dejar de mirar al hombre del traje negro. No sabía por qué pero estaba preocupaba por él. Entonces, en su mente apareció algo que le resultó bastante extraño, como si estuviera recordando algo.

-FLASH BACK -

-¿Has esperado mucho? – Le preguntó un joven con los ojos grises.

-No, acabo de llegar – sonrió la joven.

El joven que tenía la katana se sentó a su lado y le dio un beso en la mejilla. Luego de eso, Maeko le miró por unos segundos, se abalanzó sobre él y le besó en los labios. Se separaron un poco de los labios del otro y se miraron a los ojos. Maeko le dijo:

-Te eché de menos... . Como deseaba que estuvieses de nuevo contigo.

-Yo también te quería ver y poder besar esos labios que vuelven loco y que tanto deseo – contestó...

-FIN DEL FLASH BACK-

"¿Qué era eso? ¿Esa chica era yo? ¿Quién era aquel chico?" Pensó Maeko sin entender nada. Miró al hombre que había dicho que creía que se llamaba Naoe. Los que acompañaban al hombre de jafas hierieron a Naoe que se había puesto delante de su amo para que no lo hirieran a Kagetora. Maeko abrió los ojos al verlo y se levantó del suelo con una mano en el corazón. Sin percatarse, las lágrimas empezaron a transcurrir por su cara. "¿Por qué lloro y me duele verlo herido?" Pensó Maeko. Naoe empezó a caer al suelo bajo la atenta mirada de sus compañeros y de Maeko.

-Jajaja ¿crees que herido podrás hacer algo? - Dijo el hombre del kimono.

-Eso se que no...podré hacer gran cosa, pero no permitiré que te la lleves - dijo difilcultosamente y levantándose.

Maeko se había quedado sorprendida al oírlo. Sentía cómo su corazón latía rápidamente al oír aquella respuesta. Se acercó un poco a Haruie con la mano en el pecho. Al ver cómo herían una y otra vez a aquel hombre, sentía como se despellejaba poco a poco, pero sus piernas no pudieron soportar el temblor del cuerpo de Maeko. Sintió como un cosquilleo recorrer su cuerpo mientras lloraba a más no poder. Haruie miró a Maeko que estaba en el suelo y se quedó sorprendida. ¡El cuerpo de la joven tenía un color dorado! ¿Qué era ese gran poder que sentía y provenía de la mujer que amó a Naoe?

-¡Basta! ¡No lo hieras más! -Dijo Maeko llorando. El hombre del Kimono hirió a Naoe para ver la reacción de ella. -¡He dicho que BASTA! - Gritó ella.

Y una luz dorada salió del cuerpo de la joven cejando a todos lo que estaban en ese lugar. Esa luz, era pura y estaba curando las heridas que Naoe tenía. El hombre con el kimono y los que le acompañaban, tuvieron que irse porque el poder que desprendía Maeko le estaban haciendo daño. Cuando aquella luz dorada finalizó, Maeko perdió el conocimiento ya que nunca había usado ese poder y era la primera vez que lo utilizaba.

Despertó al cabo de cinco días. No recordaba muy bien lo que había pasado y no entendía que hacía en aquella habitación que parecía ser la de un templo. Sentía que su cuerpo muy cansado y que los ojos se les cerraba. Miró a la puerta cuando la oyó abrirse. Vio a un hombre vestido de monje.

-¿Ya has despertado? ¿Cómo te encuentras? - Le dijo la persona desde la puerta.

-Bien... o al menos eso creo - se puso una mano en la frente. - ¿En dónde estoy?

-En mi templo - el monje se puso al lado de ella y le tocó la frente.

Por primera vez, Maeko contemplaba esos ojos grises que la estaban mirando. No podía dejar de mirarlo porque esos ojos la habían hipnotizado por completo. Entonces, él le dijo sacándola de sus pensamientos:

-No tienes fiebre pero seguro de que estás cansada. Deberías descansar un poco más y alimentarte bien.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí? - Preguntó Maeko apartándo la vista de sus ojos.

-Llevas cuatro días durmiendo - le respondió él. - En seguida te traigo la comida. No te vayas a ir de la habitación - le dijo antes de salir de la estancia.