¡Hola! Lo prometido es deuda queridas y queridos compañeros, ¡He aquí la segunda parte de la gran obra maestra...(Secuela del fic "Una nueva familia")! Ok, ok, no tanto pero si nosotras no nos creemos el cuento, ¿Quién?...¿Nosotras?...sí, dije nosotras. Para los ávidos (o menos distraídos) que alcanzaron a captar de que había una segunda parte y de que ésta venía con co autora incorporada, no es una sorpresa, pero para las cabezas de pollo habitantes en la luna...he de presentarles a mi amiga, a la maestra, (léase con voz de artista en el escenario) a la increíble, ¡bellaHerms22! Quien estará aquí maquinando conmigo hasta el fin de la temporada (no desesperen y aprendan a quererla, que será tan larga como la primera...ups). Asi que, suelto el micrófono, me doy media vuelta y se las dejo, ¡Adelante bella!

Hola! No se asusten, mi compañera solo esta un pokito exaltada (comprendanla, es buena… o algo asi, en fin) En realidad me estan poniendo presion para q m presente y yo pensaba pasar d eso, pero ya q estamos aca. Dejenme decirles q escribo mi saludo con la chica aca al lado mio distrayendome, asi q si no entienden, es su culpa!

Espero q m tngan paciencia y q aprendan a kererme (sera eso posible?) Como sea, me encanta esta historia, siempre lo hizo y coescribirla me fascina aun mas. No se si lo recuerden pero tuve la suerte d escribir algunas escenas la temporada pasada, espero q les hayan gustado. Ahhhhhhhhhh, ya kiero llegar a esa parte! Les dije q estoy loca? Ok, ya voy devolviendo el mic a mi compa antes d ahuyentarlos a todos… Todo tuyo!

Gracias Val, pero eso de ser yo quien distrae...no sé, no sé...¡Pero bueno! Volviendo a lo nuestro, les doy la anticipada bienvenida a: Viiry, vane-chan6, Daniie Armstrong, DyegoHalliwel, British Cigarette, beast girl halliwell, girls230889, NUAJava, AnnaHalliwell, Rochelle Kuchiki, latinbeauty008, Primrose Darcy y a todos los demás que leían antes y nunca se presentaron (que espero poder conocer ahora) y a todos los que se vayan integrando en el camino, ¡Luz, cámara, acción!

Ahí viene el dos! (esa fui yo)


Prólogo

Las épicas gradas de la escuela estaban perfectamente decoradas para la honorable ceremonia que se estaba realizando ese jueves en la tarde. Una vez más, los cuartos años estaban finalizando su ciclo escolar antes de dar otro gran paso en su vida, algo más allá, ya fuese universidad, trabajo, viajes o cualquier cosa que los niños hubiesen decidido hacer para su futuro.

La Subdirectora Ramírez se encontraba en el escenario dando el discurso, en reemplazo de la Directora Smith, mientras que Peterson ocupaba el papel de la primera, debido a las mismas razones. La lista de chicos y chicas ansiosos por recibir su diploma, había empezado a correr hacía un rato, hasta que, finalmente, llegó el nombre que un grupo en especial llevaba esperando quizás, toda la vida.

― Phoebe Marie Halliwell Bennett. ―pronunció Ramírez, alto y claro, y dejando entrever cierto orgullo en su voz y su expresión.

Una amplia sonrisa se extendió por el rostro de la chica, sin poder creer que en realidad ese momento hubiese llegado, y sin dudarlo, se levantó con un gracioso salto que hizo reír a algunas personas, antes de salirse totalmente del protocolo y llegar corriendo hasta el escenario en donde recibió una mirada de: "Phoebe siempre será Phoebe" de parte de las dos maestras más influyentes de su vida.

― Capitana del equipo de voleibol, campeón de todos los torneos en los que ha participado...

Peterson tomó una de las cintas que Camille Moore tenía en una bandeja, y Phoebe agachó la cabeza para dejar que se la pusiera. "Golden School, 2012" se leía en la cinta dorada con letras rojas.

― Graduada con honores en comportamiento y calificaciones, que a pesar de no haber sido siempre consistentes, deben ser reconocidas, sobretodo cuando se mejora para llegar a la excelencia, en lugar de mantenerse en la cómoda mediocridad.

Phoebe sonrió con algo de vergüenza, al escuchar aquello, y Peterson tomó uno de los diplomas que Cristy (amiga de Camille, las chicas que alguna vez habían chantajeado a Piper), tenía en otra bandeja. La titular y la maestra posaron junto a Phoebe para la foto escolar, mientras que la voz de Ramírez seguía hablando.

― Además debo anunciarles que es un agrado para mi, entregarle el premio a la dedicación y la consistencia a esta alumna que supo enfrentar todas las adversidades y logró salir adelante, a pesar de ellas. ―le dijo desde el corazón, mirándola a los ojos y recibiendo una sonrisa sincera de vuelta― Por todos los triunfos que ha liderado para esta escuela durante su estadía en ella, la Golden School desea retribuírselo con la entrega del Eureka!

Phoebe abrió los ojos como platos y dejó caer su mandíbula, mirando con incredulidad a sus profesoras mientras Peterson le entregaba una escultura pequeña, de no más de diez centímetros con un oso dorado que, además de ser la mascota del colegio, era parte de la bandera del estado de California. No podía creer que era digna de merecer aquél premio tan importante, el mismo que Prue y Piper habían ganado en su oportunidad. Definitivamente le costaba creer que estuviera al nivel de dos personas tan maravillosas.

Olvidándose de las recomendaciones que había recibido para que no se le corriera el maquillaje, lloró de todas formas y se lanzó a los brazos de la persona que más apoyo le había dado en la escuela durante todos esos años.

― Felicitaciones Halliwell, siempre supe que podías hacerlo. ―le dijo Peterson dejando caer un par de lágrimas también, orgullosa de aquella niña a la que había visto caer de lo más alto, solamente para volver a subir.

― ¡Mamá! ―escuchó gritar desde algún lugar frente a ella, y al mirar, pudo ver a sus niños agitar sus manos, mientras sus hermanas intentaban detenerlos en su esfuerzo por correr hasta ella.

― "Estoy bien". ―les moduló, despejándose las lágrimas que los habían preocupado y les sopló un beso al aire.

Desde ahí podía ver a su padre aplaudir orgulloso, y a Paola a su lado, cargando a Alex en su cadera. Sophia estaba en los brazos de su padrino Leo, quien estaba al lado de Piper, y Matthew en los de su padrino Andy, quien se situaba junto a Prue. Además de ellos, también estaban Paige, Glenn, Sam, Jane, George y como sorpresa, Katrina.

El fotógrafo tomó las fotografías correspondientes, al igual que con todos los demás chicos, mientras que Víctor y Katrina tomaban las propias. Phoebe bajó del estrado y se abrazó con el compañero que venía tras de ella antes de volver a sentarse, haciendo una seña para atrás, pidiéndole así a Sophia y Matthew que se quedaran tranquilos. Sonrió y echó su cabeza para atrás con los ojos cerrados, murmurando un: "Sí, lo hice".

Al fin había podido graduarse, incluso después de tantas veces en las que pensó que no lograría hacerlo. Había sido una alumna brillante hasta la enfermedad de su abuela, y había perdido todas las esperanzas de volver a serlo luego de su muerte. Pero lo había hecho, y había sido por ellos. Por Piper, por Matthew y por el recuerdo de su pequeña, a la que incluso había nombrado para asegurarse de no olvidar: Patience. En ese momento de alegría, un pequeño pedacito de su corazón le dolía por el recuerdo de la bebé que no llegó a conocer, la extrañaba y la necesitaba ahí, gritando por ella junto a los demás, pero tenía perfectamente claro de que se encontraba arriba junto a su madre y su abuela, las tres juntas clamando por su nombre y susurrándole un "Bien hecho", aunque no pudiese oírlas.

Dos años atrás, llegar hasta donde estaba ahora, parecía no más que un sueño imposible. Le había costado mucho dejar a sus niños al cuidado de terceros, muchísimo más cuidarlos sin ayuda de Katrina ni Prue en la escuela, pero Leo, Piper, Paige, Glenn y Peterson habían sido un apoyo gigantesco. Había recuperado su vida social sana, vuelto a tomar las riendas de su vida y logrado recuperar casi toda su autoestima de nuevo. Incluso, había conseguido amigas nuevas y recobrado todo el respeto que alguna vez le habían tenido y que perdió por estúpida.

No había sabido nada de Hackett en todo ese tiempo, ni una sola palabra, y tampoco era que hubiese preguntado por él, tenía cosas mucho más importantes en la cabeza que ese energúmeno. Como por ejemplo, el cumpleaños número dos de sus bebés en marzo pasado, o el tercer día de la madre que iba a celebrar ese domingo, el aniversario de muerte de Patience. La vida era buena, si se enfocaba en la parte bella. ¿Y cómo no hacerlo? Todo marchaba de maravilla, y desde donde estaba, aún podía sorprenderse gratamente ante la visita de Katrina a California, la cual no se esperaba hasta unos días más.

No se dio cuenta de que, mientras pensaba, la lista había seguido avanzando y todos sus compañeros ya habían sido felicitados.

― Con esto, queremos decir adiós, queridos alumnos. Gracias por formar parte de la gran familia de la Golden School.

Hubo aplausos, y al fin los chicos tuvieron la instancia de desordenarse. Se abrazaron amigos, compañeros, dándose besos, deseándose suerte y recordando que al día siguiente iban a volver a verse para el baile final.

― ¡No puedo creerlo!, ¡Al fin te graduaste! ―exclamó Prue extasiada, corriendo a abrazarla antes que todos los demás― Estoy orgullosa de ti, pequeña.

― No llores, ―rió Phoebe igual de emocionada― dijiste que el maquillaje iba a correrse.

Prue le dio un manotazo amigable y le besó la frente antes de soltarla y sostener el premio de su hermana, ya que de atrás, Sophia y Matthew venían corriendo hasta lanzarse a pasos lentos y torpes a las piernas de su madre.

― ¡Hola! ―les saludó ésta, agachándose para tomarlos a ambos en brazos; estaban pesados, pero ya tenía costumbre― ¿Vieron el oso que le dieron a mamá? ―preguntó mientras Prue se los enseñaba.

― ¡Sí! ―respondió Matthew también sonriendo, contagiado por el ambiente que se vivía en el lugar.

― Se llama Teddy. ―le explicó Sophia a su hermanito, mientras los demás se preguntaban por qué todos los niños nombran así a los osos.

― Sí, ―asintió Phoebe― se llama Teddy.

― Felicitaciones amor, ―le dijo Víctor, abrazándola y recibiendo a Sophia de paso, para quitarle un peso de encima― te veías hermosa allá arriba y tu discurso fue magnífico. Año tras año, mis hijas destacándose en su clase, ¿Qué más podría esperar de las hijas de Patty? ―preguntó mirándolas a todas con profundo orgullo.

― Vas a tener que esperar dos más esta vez. ―le dijo Piper, refiriéndose a Paige.

― Claro. ―suspiró ésta sin querer ahondar demasiado en el tema. No es que ella también fuese a recibir el tan ansiado premio.

El resto de los amigos y familia siguieron saludándola, y en pocos minutos, los flashes eran lo único que se veía en el lugar. Phoebe se tomó fotos con todo el mundo: profesores, amigos, compañeros, hermanos, etc., antes de que fuera tiempo de irse de regreso a casa en donde tendrían una gran cena en su honor.

― ¡Vamos tortuga! ―gritó Katrina apenas tuvo tiempo para hablar con ella― ¡Carrera al auto!

― ¡Vamos a ver quién es la tortuga! ―respondió Phoebe en tono de apuesta, quitándose los tacones y dejándolos en el pasto, yendo rápidamente tras ella.

Piper negó sonriendo, recogiendo los zapatos de Phoebe mientras detrás de ella iban Matthew, Alex y Sophia dispuestos a unirse al juego, por lo que Leo, Glenn, Prue y Andy salieron a toda marcha para asegurarse de que no les pasara nada.

― Tor...tu...ga... ―se burló Phoebe jadeando, viendo a su amiga llegar un par de segundos después.

― No... es... justo... ―se quejó Katrina tratando de respirar bien― tú vas...a ka...ra...te...

― Debiste pensarlo antes. ―argumentó su amiga sacándole la lengua.

― Ok, orden en la corte. ―les pidió Prue, cargando a Alex casi de cabeza por petición del mismo ― A los autos y a casa, la hora de comer de los niños pasó hace media hora y si no se han dado cuenta, es porque han estado jugando pero van a empezar a quejarse si no nos apuramos.

― Sí, tienes razón. ―dijo Paige, con Matthew y Sophia colgados a sus piernas― muy entretenidos.

El grupo se rió mientras cada padre recuperaba a sus bebés, y el resto se organizaba para volver a casa. Phoebe, Katrina, Sophia, Matthew, Leo y Piper se subieron al jeep que había pasado a ser de la primera de la lista en el momento en el que a Piper y Prue les había llegado uno de regalo para sus graduaciones de la escuela y de fotografía, respectivamente.

― ¿Puedo saber qué haces aquí? ―preguntó Phoebe a Katrina, aún emocionada por su presencia.

― Quería darte una sorpresa, pero el paseo a Luisiana todavía cuenta. ―le aseguró, jugando con los pequeños a quienes amaba por igual, a pesar de ser solamente madrina de Sophia.

― Claro que sí cuenta, ―resolvió Phoebe― tenemos que disfrutar nuestras vacaciones, apenas tenemos tres meses para vernos y no vamos a desperdiciarlos.

En el auto de atrás, Prue iba junto a Andy, Sam, Glenn y Paige. Era un auto nuevo que su padre le había regalado un año atrás cuando terminó sus estudios de fotografía, y ella lo había tenido que aceptar ya que el Toyota simplemente había dejado de funcionar, a pesar de lo mucho que le había costado despedirse de él. Los chicos iban conversando algo de baseball, mientras que la mente de Prue volaba a otra dirección. Estaba increíblemente feliz con su vida y la de sus hermanas en el último tiempo: Piper había terminado su educación y entrado a la universidad, pero lo más importante era que estaba casi cien por ciento curada, lo único que imposibilitaba cerrar esa etapa era la cronicidad de su enfermedad, pero su fuerza era mucho más que esa condición.

No podía dejar de sonreír por ello, y tampoco por el hecho de que Phoebe hubiese logrado tan importante meta, y sobretodo, ganado el galardón más importante de la escuela. Sentía que el gran apoyo de los adultos en su vida, le había ayudado mucho a ayudarlas a ellas, pero si habían logrado todo eso, era principalmente por sí mismas.

Su relación con Andy iba viento en popa, sus estudios de fotografía ya los había terminado y por ahora no tenía más que esperar dos años y sacar su título en historia para decirle adiós a la universidad para siempre.

― Paige, tu club de fans encontró tu limosina. ―dijo Prue, indicándole hacia adelante la ventana trasera del jeep, en donde Matt y la pequeña Piper le hacían muecas amistosas.

Paige sonrió, si bien no se llevaba tan bien con su familia últimamente, sus sobrinos y Alex alimentaban su alma y reavivaban su espíritu cada vez que los tenía cerca.

A los pocos minutos, todos habían llegado a la casa y mientras los adultos organizaban los últimos detalles, los chicos cuidaban a los niños y las chicas se ponían algo más cómodo que lo que llevaban puesto.

Piper permanecía encerrada en su habitación, ya que en unos pocos minutos se celebraría una cena familiar en honor a Phoebe y todos estarían allí para ello, pero lo importante para ella, era que Leo estaría allí. Llevaban ya, dos años de relación ininterrumpida sin contar sus intermitencias anteriores, y si bien, Piper había pasado por algunos bajos durante su recuperación, las cosas podrían clasificarse como estupendas.

Se miró en el espejo que estaba contra la pared y pudo comprobar que una amplia sonrisa permanecía dibujada en su rostro. Feliz era una palabra demasiado chica para definirla. La imagen que veía ahora de sí misma la seguía sorprendiendo. Todavía le costaba creer cómo habían cambiado las vidas de todos en ese tiempo, pero sobretodo la de ella. Durante el lapso de los últimos dos años, había aprendido a amarse y aceptarse con sus virtudes y sus defectos. Había hallado la forma de perdonarse a sí misma por todo lo que se había hecho y por el daño que les había ocasionado a los demás. Pero por encima de todo, había entendido que ella merecía ser feliz, tanto como el resto.

Acababa de terminar su primer año de universidad y esperaba el paso de las próximas semanas para empezar a transitar un nuevo camino. Después de toda una vida, el sueño de poner su restaurante propio no había claudicado, por lo que, mientras estudiaba administración de empresas, también había decidido asistir a un Instituto de gastronomía en esta nueva etapa y sacar su titulo de chef. A veces se reía de su elección porque le resultaba irónico después de todo lo sucedido, pero, ¿Qué podía hacer? El ser chef era una parte determinante de su ser, algo que la distinguía y en lo que tenía talento natural. Y también sentía que era algo que hacía por si misma. Era algo que ella quería y que nadie le había impuesto. Sí, su abuela siempre decía que tenía un don para la cocina, pero eso no hacía que fuera menos suyo.

Se acomodó la ropa por vigésima vez frente al espejo, comprobando que se veía bien. Una vez más pensó en Leo. Nunca había creído que se iba a enamorar, mucho menos de esa forma pero así se sentía: locamente enamorada de ese chico rubio de ojos celestes y con la sonrisa más linda del mundo. Leo era todo lo que ella alguna vez había soñado y más. No le alcanzaban las palabras para expresar lo que sentía y tampoco necesitaba hacerlo: la persona que la viera sonreír, sabría lo que sentía su corazón.

― ¡Piper! ―la voz de Phoebe provenía de la planta baja― ¡Deja ya de babear por tu príncipe azul y baja de una vez! Estamos esperándote y creo que ya te hemos dicho que te ves hermosa tal y como estás. No hagas que las demás nos sintamos desdichadas.

Sonrió ante la ocurrencia de su hermana, de paso se preguntó desde cuando usaba palabras como "desdichadas" para referirse a algo.

― ¡Ya bajo! ―le avisó con otro grito, menos fuerte pero bien emitido; no quería poner a prueba el buen humor de ningún habitante de la casa, por lo que abandonó su habitación en ese mismo instante.

La planta baja era un caos. Mientras Prue le daba los últimos toques a la mesa del comedor y terminaba de acomodar la vajilla; Sam por su parte, quien se había ofrecido de entrada a ayudar porque sabía que las cosas se les irían de las manos, ponía en su lugar las ultimas sillas que habían agregado a la mesa, debido a la cantidad de comensales asistentes al evento. Contando a las seis personas que vivían allí, debían sumar a Víctor, Paola y Alex, a Andy, George y Jane, y los amigos infaltables, Sam, Leo, Kat y Glenn: bajo ninguna circunstancia, organizar una cena para dieciséis personas, era un trámite fácil.

Al mismo tiempo, Phoebe se encontraba en el living, ahora transformado en sector de juegos de los mellizos, léase: campo de batalla, con sus hijos, tratando de darles una charla explicativa sobre modales en una ocasión tan importante.

― Y deben permanecer en sus asientos hasta que la cena acabe, ¿Entendido? No quiero nada de berrinches jovencitos, ¿Me han escuchado? ―decía con tono firme, en cuclillas delante de ellos, para estar a su altura.

― ¿Quién bañara primero a Teddy, mamá? ―preguntó Sophia, quien de los dos era la más dominante y quien solía expresarse por ambos.

― ¿Puedo ser yo, mami? ―siguió Matt. Obviamente, ninguno de los niños estaba escuchando a Phoebe.

― Teddy no necesita bañarse, niños. Lo único que necesita es que ustedes se comporten esta noche, ¿De acuerdo?

― Nosotros tampoco debemos bañarnos. ―apuntó Sophia ante eso― A Matt no le guta bañarse.

― No, no me guta. ―la secundó el niño, entusiasmado ante la idea.

― Deben bañarse, no pueden estar sin bañarse, no después de todo lo que hacen en el día.

― Mejor jugamos con él, Matty. Hay que buscar a Alex ―le explicó Sophia, conversando animadamente con su hermano.

― Alex tampoco se bañara. Será divetido. ―asintió éste y su madre comprobó que, ahora sí, sus hijos habían dejado de prestarle atención y para reafirmarlo se alejaron hacía un rincón y siguieron hablando en un idioma que nadie mas que ellos y Alex parecían entender.

― Niños… ―suspiró derrotada, sabiendo que tendría que pensar una muy buena excusa para lograr que esos dos volvieran a bañarse con gusto.

― Quiero ver como solucionas esto. ―le dijo Piper riéndose mientras bajaba las escaleras y se paraba a su lado.

― No le veo la gracia. ―respondió Phoebe sacándole la lengua.

― Yo si. ―aseguró, recibiendo por esto un pequeño golpe en el hombro por parte de su hermana.

Una vez que todos los invitados hubieron llegado, la cena dio comienzo. No era completamente formal ni tranquila, tal y como Phoebe pretendía, pero era una cena en la que estaban todos sus seres queridos y quienes habían estado a su lado en los momentos más difíciles, lo que le agradó mucho más. Todos hablaban a la vez, todos reían de cosas sin sentido. Todos se sentían en familia.

― ¿Así que a Luisiana? ―preguntó Víctor― ¿A quién le pediste permiso?

― ¿Tenía que pedir permiso? ―repreguntó Phoebe, sin saber si mirarlo a él o a Prue; aún le costaba saber a quién tenía que rendirle cuentas.

― Claro que sí. ―contestó Prue― Siempre tienes que pedir permiso.

― Ya soy una adulta no tengo por qué... ―intentó defenderse. La situación se estaba empezando a poner tensa.

― Todavía tienes diecisiete años, y hasta los veintiuno serás menor de edad. ―le corrigió Víctor sin dejarla terminar.

― Como sea, ―le detuvo Phoebe de inmediato, tratando de no comenzar una discusión en su gran noche, menos con Katrina presente― si vas a hacer una escena de "padre yo, hija tu" hazlo después, cuando los niños estén en la cama. ―le advirtió con seriedad, odiaba cuando la trataban como una niña frente a ellos, le quitaban todo signo de autoridad, ¿Cómo podía hacerles frente si delante de ellos, la estaban castigando?

― Hablando de viajes... ―continuó Paola, tratando de desviar el tema y desarmar las tres caras molestas de Phoebe, Víctor y Prue― ¿Cuándo dijiste que te ibas, Piper?

― En dos días. ―respondió mientras cortaba la carne que ella misma había preparado.

― ¿Que viaje? ―saltó Paige de inmediato― ¿Dos días?, ¿De qué están hablando?

― ¿No te había contado? ―preguntó Piper distraída― En dos días Leo y yo salimos a España. Paige, estoy segura de que te lo había dicho antes.

― ¿Qué...? ―logró emitir Paige, quien hizo una mueca de profundo rencor y se detuvo al final de la frase― ¿Sabes qué?, Olvídalo.

― Lo siento, de verdad creí que te había dicho, ¿Cómo no iba a contarte algo así? Se me tiene que haber ido entre los trámites y, de verdad, perdón. ―se disculpó Piper realmente avergonzada, mientras Paige hacía un gesto de desinterés y el resto seguía cambiando el tema para evitar la segunda pelea de la noche.

Después de largas charlas menos comprometedoras y más que nada sobre la vida de Kat, y algunas banalidades, el momento llegaba al final.

― Ok, enanos cayendo. ―dijo Prue al ver a Matthew, Alex y Sophia bostezando pesadamente, fingiendo jugar animadamente con sus juguetes solamente para no ser mandados a dormir.

― Creo que mejor llevo a Alex a casa, si quieren se van más tarde. ―dijo Paola a Víctor y Leo, levantándose de la mesa para recoger a su hijo en brazos, quien de inmediato se arrimó a ella.

―No, creo que vamos todos, fue un día largo para la mayoría y es mejor que nos vayamos a dormir.

― Prue, ayuda. ―pidió Phoebe, poniéndose de pie junto a su hermana para recoger a los somnolientos mellizos que balbuceaban que querían jugar más.

― Es hora de dormir, ―les explicó Prue― todos vamos a dormir, ¿Ven a Alex, Leo, Paola y al abuelo? También van a dormir.

― ¿Teddy va a dormir? ―preguntó Alex desde lejos, restregándose los ojitos con ambos puños.

Phoebe rodó los ojos y se golpeó la frente, para finalmente cambiar su actitud a una más amable y asentir.

― Nosotros también vamos entonces. ―dijeron Jane y George― Pero déjennos ayudarlas a despejar un poco la mesa.

Luego de discutir entre "déjame ayudar" y "no se preocupen, váyanse", la casa se había quedado vacía otra vez, dejando solamente a las cuatro hermanas y a los dos hermanos pequeños dentro de ella.

― Ustedes lleven a los niños a dormir, se nota que están agotados. ―dijo Piper, dirigiéndose a Phoebe y a Prue― Paige y yo limpiamos aquí.

― Yo no quiero limpiar. ―se quejó la más pequeña.

― Todas tenemos que ayudar Paige, la única que tiene derecho a no hacer nada es Phoebe y solamente porque es su fiesta. ―respondió la mayor, poniendo orden.

― ¿Acaso alguna vez fue distinto? ―refunfuño Paige por lo bajo, en un susurro demasiado audible.

― ¿Qué es lo que insinúas Paige? ―preguntó Prue, perdiendo un poco la paciencia ante su actitud, aún no olvidaba lo ocurrido durante la cena.

― Nada, olvídalo… Limpiemos esto de una vez porque quiero irme a dormir. ―fue su respuesta mientras juntaba los platos y los cubiertos haciendo más ruido del necesario, entrechocando unos con otros.

Prue estuvo a punto de decirle algo pero Phoebe la tomó del brazo al notar aquello, y con una seña la obligó a subir las escaleras. Podrían conversar en otro momento.

Una vez terminada la tortura de la limpieza, Paige no tuvo ningún otro impedimento para irse de una vez a su habitación. Se sentía frustrada, enojada y hasta un poco alterada. Esta situación se repetía desde hacía dos años. Dos años en los que para ella todo había cambiado, pero el resto parecía no notarlo.

Recordaba aquél día en el campamento como un punto de quiebre en su vida. Un punto de inflexión.

El momento en el que Piper le confirmaba que le habían mentido seguía dándole vueltas en la cabeza como un recordatorio constante de que sus hermanas y ella no estaban al mismo nivel. Que ellas eran tres y que de este lado solo había una. Y quizás, aquella muestra de diferencia entre ellas hubiese sido fácil de superar. Fácil, si es que no hubieran hecho lo que hicieron: traicionarla.

Una doble traición. Una mentira suplantando otra.

Posiblemente habría estado enojada unos días y luego lo hubiese olvidado todo, como siempre: pero esta vez no. Solo hizo falta un descuido por parte de ellas y estar en el momento justo para escuchar a hurtadillas, para saber que le seguían mintiendo, que la falta de confianza en ella seguía siendo una constante, que esa barrera que había pedido con todo su ser que fuera destruida, aun permanecía ahí, más alta que nunca.

Desde ese día todo había cambiado. Había pasado de ser la dulce niña que siempre encontraba razones en todo para ser feliz, a ser una persona mucho más retraída. Menos alegre. Más hostil. No es que anduviera todo el día buscando peleas, o que estuviera de mal humor todo el tiempo, sino que era un cambio prolongado, algo que se podría atribuir fácilmente a la madurez e incluso a todos los problemas que habían tenido que pasar aquel año. Y eso era lo que más la molestaba: que nunca nadie le hubiese preguntado el porqué de su cambio. Todos lo aceptaban como algo natural, todos lo explicaban como un hecho propio de la adolescencia.

Solo con los mellizos se lograban ver atisbos de la verdadera Paige, o mejor dicho, de la Paige de siempre. Ellos eran su contacto con su niño interior, decían todos. Ellos eran los únicos que no la habían traicionado, entendía ella.

Había dejado de ser la hermana menor de sus tres hermanas, para pasar a ser una persona que desconfiaba de las verdaderas intenciones que ellas tenían. Dejó de buscar abrazos, mimos, palabras de aliento en ellas. Dejó de buscar el sentido de familia. Ya no le interesaba.

Fuera como fuera, algo en su interior le decía que ese año las cosas cambiarían, que ese año por fin lograría descifrar todos los secretos que aún no había podido y se había empeñado en descubrir los últimos dos años desde que había escuchado a Phoebe y Piper hablar.

Algo le decía que junto a ello, iban también a conocer a una nueva Paige.


bH22: Sigue alguien ahi? D vdd espero q si, xq no creo haber pasado mas d dos meses ideando esto para q nadie lo lea no? (Esa es mi manera indiscreta de pedir q dejen rrs, jajaj)

HMB: Bueno, así un lindo comienzo...más o menos...pero saben que conmigo nada dura tanto tiempo bien y la más mínima situación puede convertirse en el más intenso caos. Y ahora somos dos, ¡Afírmense!

Hasta la próxima.