¡Já!, No se esperaban mi sorpresiva aparición, pero ¡Feliz navidad, people! ¿Y cómo puede hacer HalliwellMB para amargar esta fecha? Con un final de capítulo agridulce, jo jo jo. Ámenme, que ese es el espíritu navideño.


Capítulo diecinueve: Razones y corazones.

Brooke miró la escena desde lejos, sin intervenir. Ya sería el momento de hablar con Paige, por ahora, ella debía reflexionar por su cuenta. Le dirigió una mirada a Thomas, diciéndole que no se salvaría de una charla y con un gesto sencillo de manos llamó la atención de Kyle, con él hablaría en ese preciso momento.

Paige iba furiosa pateando piedras y latas vacías por la calle, ¿Cómo se atrevía a hablarle así? Las mujeres eran igual de capaces que los hombres, sobretodo quienes venían de un matriarcado y de paso, ¿Cómo tenía el valor para mencionar a su padre? Su mamá, papá y abuela eran seres sagrados que nadie podía tocar, habían sido las mejores personas del mundo y ni él ni nadie tenía el derecho a mencionarlos.

Se sentó en una banca cercana. Se sentía sola. Estaba sola. No tenía padres, no tenía abuelos, no tenía hermanas. Lo único que tenía eran sus "amigos" de la escuela y a Sophia, Matthew y Alex; pero éstos eran bebés y bastaba con que sus padres decidieran separarlos de ella como para que su única familia restante se terminara. No había a nadie quien llamar: Glenn ya no existía, estaba demasiado ocupado con la tarada de Jenny, y ella misma lo había humillado y alejado de la peor manera posible.

Se restregó la cara, estaba harta, ¡Estaba harta! Harta de todos y de todo, ¿Por qué no había nadie de su parte?, ¡Había sido el viejo el que había empezado y Kyle lo había defendido como si nada!, ¿Y dónde demonios había estado Brooke en ese momento? Se sentía algo mal por lo que le había gritado, por la parte de haber sido abandonado, porque ella sabía lo que se sentía estar sola, y quizás era por eso que no se arrepentía de lo dicho, porque, ¿Cómo alguien que comprendía el dolor de no tener a nadie podía ir y tratarla así?

― No hay nada...―murmuró― no hay futuro, no hay presente, nada.

Cerró los ojos y hundió su cara entre sus manos, cuyo soporte eran sus codos apoyados en sus rodillas. Estaba cansada, sentir era agotador, más aún cuando las únicas cosas que pasaban por su corazón eran penas y enojos, decepciones e impotencia. Se preguntaba a dónde iba su vida desde ese momento, si ya todo le daba lo mismo. Su mayor aventura esa semana sería ir a espiar a Phoebe y Leo al paseo del kínder, ¿En serio no tenía nada de vida social o de intereses propios? Lo único que cabía en su cabeza eran las preguntas relacionadas con ella y los mellizos, ¿Qué parte jugaba Hackett?, y, hablando de Hackett, ¿Dónde se había metido Prue durante esa semana? Ni una llamada, un correo, un "me gusta" en Facebook, ¿Se la había tragado la tierra?

― Siempre estaré contigo, claro. ―refunfuñó, dolida por sentirse dejada de lado por ella, porque, a pesar de todo, seguía siendo su hermana mayor y la persona que había estado a su lado durante su infancia sin excepción, pero no podía dejar de resentir que también fuera la que le había mentido y ocultado información desde el día uno. Como fuera, la vería el domingo; el domingo era el día del almuerzo en familia en donde todos llegaban a compartir, ya fuera en su casa o en la de Víctor, y aunque le agradaba la idea de encontrarse con él y Paola, a quienes a esas alturas ya había aprendido a querer, no lograba tragar a la vieja bruja de Dorothy, sobretodo por la forma en que era con sus nietas, los mellizos, y más aún, el mismo Víctor.

Pegó un salto y reprimió un chillido cuando sintió que alguien le tocaba el hombro de la nada, fuera quien fuera ni siquiera lo había escuchado aparecer y mucho menos acercásele tanto.

― No te quise asustar. ―le dijo Kyle, sentado en la banca, viéndola palidecer y luego volver a sus colores en menos de medio segundo, solamente para pasar a una cara de enojo.

― ¿Qué te pasa?, ¿Estás loco? ―le reclamó, golpeándolo con su mochila por instinto― ¡Te haces el lindo, luego te pones en mi contra y ahora me asustas así!, ¿Qué no tienes sentido común, ah?

Paige estaba acelerada y apenas respiraba bien, no se asustaba con facilidad, o ya no lo hacía, pero había estado en un lugar en donde no transitaba nadie y a las seis y media de la tarde cuando ya comenzaba a oscurecer, sentir a alguien tan cerca no eran tan sencillo.

― Sobre eso...―murmuró Kyle, indicándole la banca para que se sentara.

― No creas que después de lo que hiciste voy a compartir asiento contigo. ―le respondió, dándose la vuelta para irse de ahí y volver a casa, por lo menos ahí tenía una habitación en donde encerrarse y escapar de toda la estupidez humana por un rato.

― Vine a disculparme.

Paige se detuvo en seco, ¿Qué venía a qué?

― ¿Qué dijiste? ―preguntó volteando despacio, eso si era una novedad, ¡Alguien al fin reconocía que se había equivocado con ella y que merecía ser tratada como un ser humano!, al fin alguien respondía a ella como una igual, en lugar de tratarla como un ser indefenso que dependía de todos y no era capaz de pensar por sí misma.

― Vine a disculparme por como te traté, no debí haberte dicho esas cosas, principalmente porque yo mismo sé qué es estar en tu lugar. ―dijo suspirando.

Paige se interesó en eso último, ¿Qué quería decirle? Avanzó con cautela y se sentó a su lado, pero lo suficientemente lejos, como para indicarle que aún no lo había perdonado. Sé quedó esperando, pero Kyle no dijo nada más al respecto. Ambos se quedaron en silencio, ella batía las piernas en su silla, inquieta. Él estaba pensando.

― No significa que acepte que la actitud de Thomas estuviera bien, o la tuya. ―comenzó a decirle Paige, una media hora más tarde― Pero tengo que reconocer que la mía fue un poquito...―indicó con sus dedos― fuera de lugar.

Kyle sonrió, no esperaba una disculpa completa, por lo que eso le bastaba por ahora. Paige sonrió de vuelta, contagiada por él.

― Thomas no ha tenido una vida fácil...―le explicó― No justifico lo que hace, y sé que cuesta llevarse con él, pero te aseguro que es una persona buena. ―le dijo mirándola a los ojos.

Paige sintió un temblorcito y tragó en seco. Sus ojos eran realmente hermosos y tenían una profundidad que la dejaban sin aire, pero al mismo tiempo tenían un deje de tristeza que le llamaban la atención, un poco más de la cuenta.

― Si tu lo dices, confío en ti. ―le aseguró Paige, sorprendiéndose al escucharse decir eso. No creyó que sería capaz de volver a creer en alguien después de todas las desilusiones vividas, pero su boca fue más rápida en un sentimiento que ni siquiera ella había alcanzado a procesar, pero que ahí estaba.

― Se hace tarde, ¿Quieres que te acompañe a casa? ―preguntó él.

Paige se encogió de hombros, y tratando de volver a la defensiva, dijo:

― No me gustan los buses por lo que nos vamos caminando.

― No hay problema.

― Está lejos, más de una hora. ―insistió.

― Entonces sería mejor que empezáramos a movernos ahora. ―dijo Kyle con simpleza.

Paige lo vio empezar a caminar cerro abajo, y confirmó que había algo en él que le gustaba. Sonrió como niña enamorada cuando él no pudo verla, y se reprendió por ello de inmediato.

― ¿Vienes? ―le preguntó él, volteándose.

― Claro que sí, ¿Crees que me gusta este lugar? ―respondió de mala gana, fingida mala gana.

En Prescott, Leo abrió la puerta de la casa Halliwell para ir en busca de Phoebe, cuando recordó que ya no era novio de Piper y no era propio hacer eso. Cerró la puerta, algo triste, y tocó el timbre. La fuerza de la costumbre a veces llegaba a doler y, para exprimir limón sobre sus heridas, fue precisamente ella la que le abrió la puerta.

― ¿Vamos? ―preguntó, sin mirar a la puerta todavía, sacando las llaves del perchero― No sabía que eras tan puntual...―logró decir antes de darse cuenta de que frente a ella no estaba Dan, si no Leo.

Las mejillas de Piper se sonrojaron un poco y se quedó sin aliento. Leo tosió despacio, incómodo, pero más herido que nada.

― ¿Está Phoebe? ―atinó a preguntar, sin dejar de fijarse en lo hermosa que se veía con un vestido color crema oscuro con algunos adornos cafe, mezcla de otoño y verano al ser manga corta y no cubrir más abajo de las rodillas. Su cabello liso y adornado con dos trenzas a cada lado uniéndose en su nuca dejaban su cara despejada, sus hermosos ojos castaños a la vista.

― Sí, sí, está arriba. ―respondió algo nerviosa, viendo lo lindo que se veía con unos jeans tradicionales y una camiseta a cuadros. El olor de su colonia pasaba del aire a su nariz, y de ésta, a su corazón. Jamás olvidaría el olor de Leo, y muchas veces se había encontrado añorándolo en secreto.

Ambos se quedaron quietos, completamente callados por un minuto o quizás dos. Piper seguía sin entender por qué habían terminado, pero había algo dentro suyo que le hacía sentir que algo malo había en ella, y era por eso que lo quería lejos: entre menos lastimado saliera, mejor, por mucho que la asfixiara.

― Buenas noches. ―oyeron decir, y ambos lamentaron la presencia de Dan en la puerta.

― Buenas noches. ―repitió Leo, pasando de largo hasta la casa sin mirar atrás. No podía soportar verlo con ella, o más bien, no podía soportar verla a ella y no poder ser él quien la acompañaba.

― Te ves hermosa. ―le sonrió el rubio de al frente, llevando una rosa blanca entre sus manos.

Piper fingió una sonrisa y la recibió con alegría.

― ¡Gracias! es perfecta. ―dijo, acercándosela para olerla, queriendo disimular su suspiro y que en realidad, no hacía nada más que comprobar que el aroma de Leo se había ido.

― No tanto como tú. ―le sonrió con galantería. Estaba feliz de poder verla sonreír, y aún más de que lo hiciera por él. Tenía que reconocer que la presencia de Leo no dejaba de molestarle y hacerle sentir ganas de golpearlo hasta que desapareciera, pero el hecho de que Piper no hubiese reaccionado a él y se hubiese concentrado en su regalo, le hacía creer que su ex novio ya no tenía ninguna esperanza.

Piper le sonrió y se dejó llevar hasta la camioneta de su elegante y guapo vecino, de su dulce y caballero vecino, de su atento y confiable vecino, de su no―es―Leo vecino.

El hijo único de los Wyatt se restregó la cara apenas llegó al segundo piso y supo que la puerta de abajo se había cerrado. Suspiró con pesadez, por lo general no se encontraba con Piper, porque sabía que tanto él como ella hacían esfuerzos para no encontrarse en la universidad, pero siempre pensaba en ella ¡Y es quera imposible no pensar en ella!, ¿Cómo no hacerlo cuando les había costado tanto estabilizarse?, ¿Cómo no hacerlo si había sentido que su propia vida se le iba de las manos cuando ella trató de suicidarse?, ¿Cómo no si había dejado todo por quedarse ahí, por ella?

― ¡No corran ya se los advertí una vez!

La voz de Phoebe lo distrajo y al mismo tiempo lo sobresaltó: ella nunca les gritaba a los niños y en esta oportunidad parecía bastante molesta. Vio a Matthew terminar de cruzar la puerta de la habitación de Paige, y supuso que era Sophia la que iba adelante de él porque detrás, estaba Phoebe en su pijama. Soltó la rejita y pasó por la escalera antes de volverla a cerrar y a largas zancadas alcanzó a la familia; los niños se habían quedado quietos apenas su madre se los había ordenado y ella suspiraba tratando de calmarse.

― ¿Quién se está portando mal? ―preguntó, tratando de animar el ambiente, más tranquilo al ver que la dueña del cuarto no estaba.

Los niños le sonrieron y lo saludaron de inmediato, mientras que Phoebe se sentó en la cama de Paige.

― ¿Y tu no estás lista por que...? ―preguntó Leo.

Phoebe rodó los ojos y no respondió. Ella lo había llamado para cancelar, y aún así se había aparecido.

― Son las...ocho y media. ―le dijo Leo a los mellizos― Y ustedes se tienen que dormir a más tardar a las nueve.

Los niños pusieron cara de inocencia y se escaparon hasta su habitación.

― Tienen energía hoy. ―le dijo el chico a su amiga.

― Hemos jugado todo el día, no doy más. ―le respondió ella, yendo tras los dos, pero Leo fue más rápido y la detuvo.

― Phoebe, ¿Qué pasa? ―preguntó mirándola a los ojos.

― Estoy cansada, eso es todo.

― Phoebe...

― Lo odio, Leo. ―fue lo único que respondió antes de soltarse y seguir su camino.

Leo la vio partir y supo que la conversación no iba a ser fácil, pero lo que más le preocupaba era que después de vivir ligeramente en paz, sin tocar el tema, de repente empezara a pensar en eso con tanta frecuencia. Suponía que algunas recaídas fueran normales en cualquier persona, por eso siempre estaba pendiente de Piper y de posibles gatillantes en su vida, pero con Phoebe no sabía qué podía disparar su ansiedad.

Tomó aire profundamente y se aventuró a entrar a la habitación de los mellizos, quienes estaban solamente en pañales nocturnos, felices de la vida jugando mientras la pequeña cachorrita Kit trataba de encaramarse sobre la cama.

― Si te movieras menos...―se quejó Phoebe, asegurándose de que el pañal de Matthew estuviese bien puesto― esto habría sido más rápido.

Leo se rió y le dio un abrazo. Phoebe se quiso soltar, no quería que nadie la tocara o la mirara, y él se dio cuenta.

― Ve a tu habitación, yo me encargo.

― Son mis hijos. ―respondió cortante.

― Entonces controla tu histeria. ―le respondió con una sonrisa odiosa.

Phoebe rodó los ojos y asintió. Le estaba siendo muy difícil controlarse, y si no podía era mejor salir del cuarto, pero ella quería poder.

― Hagamos algo. ―les sugirió a los pequeños― Hoy les voy a contar dos cuentos si se acuestan ahora.

Piper y Matthew dejaron de correr y se miraron durante unos segundos. Se dijeron algo entre balbuceos incomprensibles a los que ya todos estaban acostumbrados: era bien sabido que ellos tenían su propio lenguaje que solamente compartían con Alex.

― ¿Entonces? ―preguntó Phoebe al verlos terminar de "hablar".

Dicho esto ambos saltaron sobre la cama y rápidamente se metieron bajo las sábanas. Phoebe se rió y los llenó de besos, buscando disfrutar de sus risas. Debía recordar que ellos la habían salvado de sí misma y que ella haría todo por ellos, sin importar qué. Leo en tanto, recogió a la cachorrita Kit del suelo.

― Inventa uno. ―le pidió Sophia.

Phoebe torció la boca, sacando dos pijamas del mueble junto a la cama, lo último que tenía a esa hora, era imaginación.

― Había una vez una pareja de hermanos...―comenzó a decir Leo, dejando a la gatita en su camita.

― ¿Dos? ―preguntó Matthew, estirando sus bracitos mientras su madre le ponía la camiseta.

― Sí, dos hermanos. Uno se llamaba Matías y la otra se llama Sonia. ―continuó Phoebe.

Leo tomó el otro pijama de la cama y comenzó a vestir a Sophia, continuando el cuento al mismo tiempo. Phoebe sonrió al ver la interacción de los cuatro, y una vez más, deseó que eso fuera suyo. Leo siempre había sido un gran apoyo para ella y los mellizos, algo que también Andy solía hacer, pero éste jamás había sido algo así como un padre como Leo era. Y eso le dolía. Le dolía porque él era de Piper y Piper de él, y así le gustaba, pero cada vez que se encontraba con él para cuidar a los pequeños o los veía jugando, su corazón le recordaba que eso era lo que ella quería y no podía tener, lo que sus hijos merecían y jamás tendrían.

Paige y Kyle venían caminando las últimas dos cuadras hasta la casa; habían caminado hablando de música y libros el resto del camino, encontrándose con que a los dos le gustaban mucho las historias de detectives. No habían hablado del asilo, tampoco de Thom o de Brooke, solamente de cosas simples que no comprometían a nadie. Paige se había sentido cómoda por casi primera vez en mucho, mucho tiempo, pero lamentablemente el momento de decir adiós había llegado.

― Vivo aquí. ―le dijo apuntando la casa.

― Linda. ―comentó― La casa. ―agregó, sonriendo.

Paige se rió ante eso y se dejó guiar hasta la puerta.

― Entonces, nos vemos cuando sea que nos veamos. ―dijo a modo de despedida, refiriéndose a que no tenía idea cuando tendría que volver a ir al hogar, o si de frentón la iban a enviar de nuevo después de la pelea― Gracias por acompañarme.

― Nos vemos cuando nos veamos. Gracias por dejarme acompañarte. ―repitió Kyle, haciendo una seña antes de voltear para irse.

Paige se quedó mirándolo, queriendo ver si volteaba, y para su buena suerte, lo hizo. Ambos se miraron y sonrieron con timidez. Paige abrió la puerta y entró rápidamente a la casa; no quería que él la viera como una niñita tonta que suspiraba y se pasaba historias de amor por la cabeza, además, ella no tenía nada que ver con el asilo y se suponía que estaba castigada, la idea no era disfrutar de un castigo, ¿O sí? Como fuera. Negó rápidamente y se deshizo de sus ideas.

Subió hasta el segundo piso y la luz en el cuarto de los mellizos le llamó la atención. Se acercó despacio y vio a los niños dormidos, y junto a ellos, a Phoebe y Leo sentados en el pequeño sofá que había en la habitación.

― Al fin. ―sonrió Phoebe, bostezando.

― Sí, hasta Kit está roncando. ―le indicó, apuntando a la gatita acurrucada en sus mantas.

― Gracias por tu ayuda, pero...―comenzó a decir, mas él la hizo callar.

― Nada de peros.

― Leo, por favor, no empieces. ―le pidió, besando a sus hijos una vez más antes de levantarse de la cama con destino a su habitación.

Paige reaccionó rápido e hizo de cuenta que estaba escuchando música caminando hasta su cuarto, por lo que "accidentalmente" chocó con Phoebe en el pasillo.

― ¿Ya comiste? ―fue lo único que Phoebe le preguntó, esperando a no ser acribillada.

― Sí, gracias. ―respondió sin deseos de discutir, esperando a que se encerraran en el cuarto o algo para poder escuchar lo que fuera que estuvieran diciendo.

― Si necesitas algo me avisas, yo me voy a dormir en una hora más, estoy cansada. ―se despidió Phoebe entrando a su pieza.

Leo la vio escabullirse y a Paige encerrarse a la suya, pero no estaba ahí para salir con una negativa, por lo que a riesgo de ser golpeado con lo primero que Phoebe encontrara, abrió la puerta de su habitación y la cerró tras sí. Paige se asomó por su puerta entre abierta, esperando el momento indicado para ir a escuchar.

― Vine aquí para ir a una fiesta y no me iré sin ti. ―le aclaró Leo.

― Te llamé para cancelar hace horas, no me molestes.

― Tu y yo, necesitamos hablar. ―le dijo con seriedad― Y sabes que no me voy a rendir hasta que lo hagamos.

― Si voy a la fiesta, ¿me dejas tranquila?

― Por un rato.

Phoebe suspiró y se despejo la cara de cabello con un soplido. Abrió su closet para sacar algo semi formal que ponerse, cuando vio la caja de Katrina.

― Elije algo de ahí. ―le sugirió Leo.

Phoebe le iba a preguntar cómo sabía qué había ahí, pero supo de inmediato que Katrina le había avisado. Sin deseos de discutir, tomó las primeras dos cosas que encontró. Estaba desganada, deprimida, nada le interesaba y sabía que usara lo que usara se vería estúpida y fuera de lugar.

Leo en tanto, bajó al primer piso a llamar a Jenny. Cinco minutos más tarde, la rubia estaba en la puerta.

― Hola. ―sonrió, besándolo en la mejilla.

― Hola. ―respondió él― Phoebe y yo volveremos tarde, no sé qué tan tarde, y los mellizos duermen, pero ella no quiere molestar a Paige y Piper tampoco está...―murmuró entre dientes― por lo que tu trabajo sería ir a vigilarlos cada cierto rato y si se hace tarde, puedes ocupar la habitación de Phoebe para dormir, ¿Te parece bien?

― Claro. ―respondió, siguiendo sus pasos hasta el segundo piso, algo temerosa de que Paige la fuera a matar mientras estaban solas.

Ambos entraron a la habitación de Phoebe, quien ya se había cambiado. Estaba usando unos jeans ajustados a la cadera, una blusa roja de escote en V que delineaba su figura y zapatos bajos de color rojo también. No era la gran cosa, pero era lejos lo más femenino que se había puesto en un largo tiempo y se sentía bastante incómoda con ello, acostumbrada a usar cosas sueltas que no insinuaran nada.

― ¡Te ves tan linda!, ¿Puedo maquillarte? ―le rogó Jenny, demostrando entusiasmo.

Phoebe se encongió de hombros y la dejó. Sonrió al verla tan contenta y concentrada y se acordó de cuando Prue les había enseñado a ella y a Piper, y de sus propios intentos de enseñarle a Paige. Una vez lista, y con Jenny bien aleccionada, caminó hasta el cuarto de Paige.

― Voy a salir, pero dejaré a Jenny a cargo de los niños. ―le infirmó a través de la puerta, sin abrirla.

El mundo contó hasta tres y se preparó para el Apocalipsis cuando la puerta se abrió rápida y violentamente.

― ¿A dónde vas? ―le preguntó con los dientes apretados, sorprendiéndose de paso al verla en esa facha.

― A la fiesta de la universidad.

― ¿Acaso estoy dibujada aquí? Yo puedo cuidar de los niños. ―le recordó― Sabes que no soporto a esta est...

― Cuida lo que vas a decir. ―la detuvo Phoebe en el instante― Y vine a informarte, no a pedirte permiso. Te voy a pedir, no, a exigir. ―le aseguró― que no molestes a Jenny. Si me llego a enterar de que se te ocurrió una mínima pesadez...

― ¿Qué? ―le ladró, enfurecida― ¿Qué vas a hacer?

Ambas se sostuvieron la mirada por un rato, hasta que Leo se puso entre medio de las dos.

― Se nos hace tarde. ―les dijo.

Paige se dio la vuelta y si no dio un portazo, fue porque los pequeños dormían. Phoebe suspiró y una vez que se volvió a despedir de los mellizos y de Jenny, dejó la casa acompañada de Leo. La sobrina de Dan se quedó en la habitación de Phoebe jugando en su computadora portátil, pensando, por un lado, en ignorar a Paige pasara lo que pasara, y por el otro, en que a pesar de que le gustara que Phoebe estuviera contenta y lo bueno que era para Dan que Leo tuviera otro interés, eso era claramente un problema para Cole.

En su cuarto, Paige tenía su iPod a todo volumen y sus pinceles en movimiento; era increíble ver cómo el mundo se las arreglaba para arruinarle la vida, pero esa noche no se iba a amargar: tenía claro que algo había entre Leo y Phoebe, y mañana se encargaría de reunir toda la evidencia necesaria para hacerla morder el polvo lo más fuerte posible. Si ella la hacía sufrir con Jenny, ella le haría lo mismo.

En la universidad, Piper había tratado de evitar cualquier tipo de conversación con Dan, decidiéndose a interactuar un poco con sus compañeras, porque sabía que apenas tuviera un minuto terminaría confesándole lo mal que se sentía, y eso era lo último que quería hacer: sabía que guardarse las cosas le había hecho mucho daño en el pasado, pero también que no podía llegar y contarle sus secretos a alguien a quien apenas estaba conociendo.

― ¿No se supone que tus hermanas también estudian aquí? ―le dijo Dan, cuando el grupo se dispersó y pudo acercarse a ella, tratando de romper el hielo y de paso, saber sobre Phoebe, y de esa forma, de Cole.

― Prue tenía otras cosas que hacer, y Phoebe no es muy partidaria de salir tarde, prefiere quedarse con Matthew y Sophia. ―le explicó, tratando de quedarse en ese tipo de conversaciones.

― Supongo que para alguien que se mueve en otro círculo, como Prue, venir a meterse a una fiesta de la universidad no es tan interesante como salir con su novio. ―comentó, buscando soltarla un poco.

― Sí, le gusta salir con su novio. ―respondió Piper, atragantándose un poco con su vaso. La ironía.

― Me sorprende que nadie haya invitado a Phoebe esta noche. ―insistió, tratando de conseguir algo de información.

― No debería tanto, no le gusta relacionarse con nadie, está convencida de que su único rol en la vida es el de madre y no quiere descuidar a los niños por nada en el mundo...―suspiró, estresándose un poco ante eso.

― ¿Y nadie le ha dicho que también es persona? ―preguntó Dan.

― Trata de hacerla entender...es terca como una mula. ―bufó Piper.

― En eso se parece a ti. ―dijo Dan, logrando llegar a donde quería: a ella, porque si él estaba interesado en alguien de manera genuina, era en Piper― Sé que algo te está molestando, vamos, no voy a juzgarte. Sabes que puedes confiar en mi.

Ella lo miró y no pudo evitar caer en sus ojos azules llenos de amabilidad y comprensión. Sonrió, y lentamente se acercó hasta capturar sus labios.

― Esta noche quiero que mi única preocupación seas tu. ―le dijo al separarse de él, no solamente para desviar el tema, si no también para disfrutar el presente y olvidarse de todo por un rato.

Dan la tomó del mentón y la atrajo nuevamente hasta su boca. El beso fue largo y dulce, lleno de sentimientos, y solamente por un momento, Piper se olvidó de Leo. Dan se sentía en el cielo, feliz por estar capturando su corazón, lento, pero seguro.

― Entonces que seamos dos. ―le respondió en un susurro.

Mientras tanto, Leo se deprimía cada vez más al ver a Piper y a Dan cada cierto tiempo, y tenía perfectamente claro que el rubio estaba marcando territorio paseandose por el lugar con ella entre besos y risitas; había tratado de hacer hablar a Phoebe, pero esta no tenía ganas de decir nada. Se sentía terriblemente incómoda en su piel y lo único que quería era una chaqueta para ponerse encima, pero no tenía nada a mano. Lo único que habían hecho los dos durante todo ese tiempo, era comer. Entre más incómodo era el silencio, más comían y entre más comían, más sed les daba. Fue entonces cuando decidieron acercarse a la mesa a buscar algo para tomar, y sin darse cuenta eligieron el ponche con alcohol.

― Salud. ―le dijo Phoebe al notar eso.

― Salud. ―repitió Leo.

Después del primer sorbo, el resto del vaso se fue volando y así llegó el segundo. No hizo falta más para que comenzaran a sentir el efecto del alcohol en sus cuerpos, ya que ninguno de los dos bebía, Leo nunca y Phoebe desde hacía mucho tiempo. Tanto Phoebe como Leo se instalaron en la barra ahora que todo el mundo bailaba y estaba para ellos solos. Ni siquiera el bartender estaba poniéndoles atención. Era el momento para hablar, y los dos vasos de ponche ya los tenía sentimentales.

― No sé qué hice mal. ―lloraba Leo, entre hipidos― Me quedé en Estados Unidos, la acompañé a sus citas con los médicos, la ayudé con el tratamiento, le perdoné todo y de la noche a la mañana aparece este imbécil y se queda con ella.

― Lo odio porque limita mi vida. ―sollozaba Phoebe, sintiendo su corazón desgarrarse entre cada sorbo. Se sentía horrible por haber vuelto a sus viejos hábitos, aunque fuera por una sola noche― No está aquí, y aún así lo llevo encima. No puedo evitar verlo, de escucharlo, de sentirlo en los demás. Creí que lo tenía superado, pero no es cierto, ¿Por qué tenía que llevarse a Patience también?

Leo dejó de quejarse de sus problemas y la abrazó. Phoebe se acurrucó y lloró con fuerza.

― Arruinó mi relación con Paige y la de ella con todos. ―continuó diciendo, con los dientes apretados― ¿Qué le hicimos, Leo?, ¿Qué le hicieron Piper y Matthew?, ¿Qué le hizo Patience para terminar así?

Leo miró al suelo sin saber qué responderle, si él se sentía desfallecer por Piper, no podía llegar imaginar cómo se sentía ella.

― Me gusta Cole, y mucho. ―le confesó, limpiándose la boca con el dorso de su mano― pero cada vez que lo veo, cada vez que está a mi lado, esos ojos, ¡Esos malditos ojos!

Apretó las mandíbulas y se afirmó aún más a Leo, si eso era posible.

― Esto te hará bien. ―les interrumpió el bartender, ofreciéndole un vaso a Phoebe quien lo tomó sin pensar, de un solo sorbo.

Se tragó su amargura, su dolor, su vergüenza tan rápido como pudo. Leo la observó, sin saber qué hacer en ese momento: ni él tenía ganas de mantenerla firme, porque él no se sentía en pie.

― Dos más. ―le pidió ella, y éste le entregó uno a cada uno.

― Por Hackett. ―brindó Phoebe con una sonrisa cubierta de lágrimas, antes de chocar su caso con el de su amigo.

― Por Dan. ―añadió Leo, sintiéndose la peor persona del mundo por no hacer nada.

En casa de Víctor, Prue se daba vueltas por la habitación de Paige con su teléfono en mano. Moría de ganas de oír la voz de Andy...necesitaba tanto verlo, abrazarlo, besarlo...y por más que se sabía el número de memoria y lo tenía seleccionado, no se atrevía a marcar, porque, ¿Qué le podía decir? Nada había cambiado. Aún no decidía nada, todavía seguían teniendo opiniones diferentes, o, en el caso de ella, no opinión. No había a quién llamar. Sam la odiaba y Piper también. Extrañaba a sus hermanas, pero Paige no quería saber nada de ella y a Phoebe no podía mirarla a la cara sin querer morirse, lo mismo con Alex y los mellizos. Llevaba toda la semana sin ir al a universidad o salir del cuarto.

Estaba sola.

Ni siquiera su bebé contaba, porque ella no lo contaba a él...lo único que sentía era culpa después de lo que había hablado con su padre más temprano. Ellos tenían su edad cuando ella había nacido y se habían casado por eso. Su padre había dejado a su familia, su madre la universidad...todo por ella.
Se sentó en la cama, no sin antes tirar el teléfono contra la pared y se abrazó las piernas. Escribir cien veces en un cuaderno "no debo hacer cosas de adultos si no estoy dispuesta a aceptar las consecuencias" ya no servía de nada.

De vuelta en la fiesta, Phoebe y Leo eran un mar de lágrimas incontenibles. Él lloraba por Piper, pero también por Phoebe y ésta lloraba por sí, y también por Leo. El pasado pesaba demasiado para ella, demasiado como para siquiera hablar de él.

― ¿Quién querría salir con alguien que llora ante la idea de un beso? ―preguntó ella, jugando con el hielo en su vaso, deprimida al extremo.

― Yo. ―respondió Leo, pensando en Piper y como al principio ella era tan insegura como sonaba Phoebe ahora― ¿Quién podría estar de novia por tanto tiempo conmigo sin aburrirse entre medio? ―preguntó por su parte, hecho tristeza.

― Yo. ―respondió Phoebe, cuyo único deseo era tener algo serio y estable con alguien que quisiera formar una familia con ella, lo que creía imposible.

Se miraron detenidamente. El maquillaje de Phoebe estaba casi en su garganta, arrastrado por las lágrimas y apenas lograba sostenerse en la mesa que ya estaba rodeada de vasos vacíos. Leo por su parte no estaba mejor, tenía el costado de su cabeza apoyado en la barra para no pasar de largo al suelo. Se rieron. Eran patéticos, y estaban definitivamente ebrios, y eso les daba lo mismo.

― ¿De verdad te da miedo un beso? ―le preguntó Leo, quien ya no pensaba en lo que decía, aún entre risas.

Cole en tanto acababa de llegar a la fiesta, solamente para hacer presencia; no tenía ganas de estar ahí, aunque su ánimo cambió instantáneamente al localizar a Phoebe en ella. Sonrió esperanzado, hasta que recordó que le había dicho que no iba a ir, pero si algo realmente mató todo su humor y lo hizo darse la vuelta para salir de ahí rápidamente, fue verla a ella y a Leo inclinarse hacia adelante hasta unirse en un beso torpe y desordenado.

Dan se encontró con su primo saliendo del gimnasio a toda prisa y, junto a Piper, se acercaron a saludar.

― ¿Te vas? ―preguntó.

Cole asintió, aún mirando hacia Leo y Phoebe, quienes de la mano, iban saliendo por otra puerta. Piper y Dan voltearon a ver qué era lo que Cole observaba, pero no vieron nada.

Apenas los dolores de cabeza de Cole se bajaron del taxi frente a la casa de Víctor, subieron entre risitas calladas hasta el cuarto de Leo. Estaban tan alcoholizados que ni siquiera las penas de sus corazones los aterrizaban y volvían a tierra. Éste último cerró la puerta y Phoebe llevó sus manos hasta su nuca para probar sus labios por segunda vez y, olvidándose de sus temores, incrementó la potencia del beso. Él le siguió el juego y unió su lengua a la de ella, afirmándola de la espalda para apegarla más a su cuerpo. Perdió el equilibrio y ambos terminaron recostados sobre la cama.

Las manos comenzaron a moverse rápido, desviándose a la camisa de Leo que terminó en el suelo junto a la de Phoebe y los botones de ambos pantalones fueron fáciles de desabrochar a pesar de lo atontados que estaban, pero fue cuando Leo se dirigió a la espalda de Phoebe y ésta sintió sus manos en sus omóplatos, que la Halliwell comenzó a sentir el terror recorriéndola de la cabeza a los pies. De repente, las manos de Leo se convirtieron en las de Hackett y los movimientos bruscos propios de la ebriedad, en los demandantes y descuidados de él. Sintió que los pulmones se le comprimían bajo el peso de Leo y que su cuerpo entero se tensaba bajo su tacto. El sabor de su beso se tornó agrio y aterrador, y sin pensarlo dos veces logró mascullar un "¡No!" antes de empujarlo lejos, lo más lejos posible con toda la fuerza que le quedaba.

Leo se sorprendió sin entender mucho, la habitación se le daba vueltas y las luces de la calle lo aturdían. Ella se alejó tanto de la cama que terminó en el suelo, pero ni aún así dejó de retroceder hasta que la pared la detuvo. Él se restregó la cara, tratando de volver a la realidad ante la expresión de pánico de Phoebe.

― No...―se dijo a sí mismo, llevando sus manos a su cara, entendiendo qué le había pasado y lo lejos que habían ido― ¿Estás bien?

Los ojos de Phoebe estaban desorbitados y su cara cubierta de lágrimas silenciosas, un recuerdo golpeaba su memoria como si estuviera ocurriendo en ese mismo momento...

Phoebe quejó audiblemente cuando lo sintió y sus lágrimas no eran suficientes para expresar el dolor que sentía: era como partirse en dos por dentro, pero más allá de eso, era como si alguien tomara su alma y la sacara de su cuerpo de un tirón. Hackett comenzó a moverse, y ella sentía que el último amago de fuerza la estaba abandonando cuando no pudo sostenerse más en sus rodillas y se dejó caer sobre el colchón. Estaba muerta de miedo, pero debía resistir, ¿Qué más podía pasarle? Ya le había dado dos hijos, hacía poco había comenzado a cargar al tercero, Piper la odiaba y pronto, Prue lo haría también. El mundo le daba igual, pero él, al percatarse de su cansancio, la volteó hacia arriba y le sujetó la cabeza desde el cuello para hacerla mirar en sus ojos.

― Ich will, dass du merkst, wenn ich nicht da bin. ―le sonrió el alemán.

Phoebe negó repetidas veces y escondió su cabeza entre sus rodillas, cubriéndola con sus antebrazos. Él se bajó de la cama con la poca motricidad que le quedaba y entre pasos torcidos e inestables, logró llegar hasta ella.

― No me hagas daño. ―le pidió en un susurro agudo, casi desesperado, reviviendo aquél recuerdo y otros más.

― Soy yo, Leo. Jamás podría hacerte daño. ―le prometió, abrazándola con protección.

Phoebe tembló y se mantuvo en posición fetal, y si no se movió no fue porque entendiera lo que él le había dicho, sino porque estaba aterrorizada.

― Ich will, dass du merkst, wenn ich nicht da bin...―susurró con los párpados apretados y las nauseas a flor de piel.

Leo no entendió nada de lo que había dicho, sin olvidar que no se encontraba en sus cinco sentidos.

― Ya no está aquí, no va a volver, te lo prometo. ―logró decir, apenas balbuceando, pero ella no lo oía.

"Ich will, dass du merkst, wenn ich nicht da bin" se repetía en su cabeza, "Quiero que notes mi ausencia". Eso le decía cada vez, y lo había logrado: él no estaba, pero aún así, seguía en ella.


Mi maldad no tiene límites, ¿Y de verdad creían que iba a ser tan fácil para Phoebe volver a jugar en el territorio del amor después de todo lo ocurrido? Sacando un poco de inspiración de las primeras temporadas en donde tenía el corazón cerrado y necesitaba de cupido para abrirlo...para allá vamos. Me gustaría saber qué cara pusieron cuando leyeron a Phoebe y a Leo juntos, ¿Cuántos quieren matarme lenta y dolorosamente?, ¿Cuántos aplaudirán? jajaja. Se esperan las reacciones de los maravillos lectores en 3, 2, 1...! (Aunque se dirige también a los personajes, ¿Cole?, ¿Piper?)

Respuesta(s) de review(s) :

Tama45: Muchas zenkius por el comentario! ¿Con cuántas ganas te dejó este? jijijiji. Sobre lo de Prue, pronto, pero primero hay otra leña lanzada al fuego de la que encargarse el sábado en la mañana, ¿No crees? *cara de maldad*. Del auto, sabremos a su tiempo, tranquila. ¡Feliz navidad!

PsychoCandy: Jajaja, sí, pobrecita :( me parte el corazón, creo que le debo una cena de disculpas. Y no te preocupes, yo también amo a Cole y a Phoebe pero creo que me picaste con el bichito de "Leo y Phoebe" y bueno, un sencillo experimento, todos sabemos cómo terminarán las parejas al final xD.
Oh, Prudence, ¡Lamento destruir tu relación con ella!, pero si te sirve de algo, hasta ella misma se desconoce :(
No, no puedes matar a Piper porque la amamos, y tampoco a Dan -todavía- porque si no, Leo y ella estarían juntos y no habría Phoebe x Leo. Deja a Jenny tranquila, que sin ella no había fiesta jajaja. No sé si Piper se enterará en algún momento sobre Leo y Phoebe, porque en realidad no sé a dónde van a parar esos dos, ¿Seguirán, la cortan, qué? no tengo idea.
Oh, sobre Paige, espero que te haya gustado la conversación con Kyle, no los quiero acercar tan de golpe, y me gusta verte sufrir. Ella misma admitió que se pasó con lo que le dijo a Thomas, a su manera, claro.
PD: te amo más.

Kaisi-san: A la hora que escribí esto no habías aparecido aún jejeje, y como estaré afuera esta noche tengo el cap listo para llegar y subir xD no me odies. ¡Feliz navidad! te adoro.