Este cap me costó bastante, así que: ¡No me quemen!


Capítulo viente: Confusión.

Paola sabía que ese sábado era importante para Phoebe y que ésta quería que Leo la acompañara a la actividad del kínder, por lo que se levantó temprano a hacer desayuno y, ahora que estaba listo, había subido a despertar a Leo. Lo había sentido llegar a la casa antes de las doce, por lo que no creía que se quedara dormido, pero aún así prefería asegurarse. Tocó la puerta un par de veces, pero no respondió nadie. Volvió a tocar, y esta vez entró. Abrió la puerta despacio, en caso de que se estuviera vistiendo.

― ¿Puedo pasar? ―al no oír respuesta, supo que dormía, por lo que simplemente ingresó a la habitación.

La dueña de casa abrió los ojos como platos al ver la imagen frente a sus ojos: Leo abrazaba a Phoebe por la espalda, sin camisa y con el pantalón desabrochado, y ella tenía el maquillaje corrido, se encontraba sin blusa y el pantalón abierto. La mujer maldijo para sus adentros, sabiendo que esa relación iba a traer problemas a nivel general y salió rápidamente de ahí, pensando en que Phoebe no sabía que Prue estaba en la casa ni viceversa, y a pesar de que el asunto de la concepción de los mellizos era un secreto ya había sido conversado con Dorothy y ésta había dicho que desde que "esos" le daban lo mismo, no tenía interés en difundir la información, tampoco quería que se encontrara con ella.

Leo despertó al sentir la puerta cerrarse, no era para nadie desconocido que los hombres procesaban mejor el alcohol. Se confundió al no saber qué pasaba y quién estaba su lado y saltó hacia atrás al notar que era sobre el pecho de Phoebe donde sus manos y las de ella reposaban juntas. Palideció tratando de recordar lo pasado la noche anterior, y lo primero que hizo después de abrocharse el pantalón, fue cubrir el torso de su mejor amiga con su camiseta. Se restregó los ojos tratando de recordar, pero tenía la mente en blanco y las puntadas de la resaca lo tenían loco.

― Pheebs, despierta. ―le pidió, sacudiéndola un poco.

Ésta se giró, hablando dormida; tenía el sueño pesado, pero por los niños había tenido que aprender a despertar ante estímulos pequeños, lo que se le estaba haciendo difícil con todo el alcohol en la sangre.

― ¿Qué hora es? ―balbuceó, tratando de abrir los ojos, pero pesaban demasiado.

― Las nueve, tenemos que estar en el kínder a las once.

― ¿Kínder? ―preguntó aún en otro mundo.

Leo se golpeó la frente, estresado y con dolor de estómago, aunque lo que más le dolía era el cerebro: ¿Qué habían hecho?

Los recuerdos dieron de lleno en la cabeza de Phoebe: llanto, alcohol, beso, taxi, más besos, ropa en el piso. Hijos en casa, paseo del kínder, Jenny de niñera, nueve de la mañana del otro día.

― ¿Qué haces sin camisa? ―le preguntó apenas reaccionó, y luego, la histeria― ¿Qué hago yo sin blusa? ―chilló.

Leo le tapó la boca.

― Estamos donde tu papá. ―le recordó.

Phoebe no siguió gritando, y a pesar de que ser silenciada así le traía malos recuerdos, estaba mucho más pendiente de otras cosas que de eso en ese minuto.

― Irresponsable, irresponsable. ―se decía a sí misma, tratando de sentarse para ir por su blusa cuando se dio cuenta de que tenía el pantalón desabrochado― ¿Leo? ―gimoteó, con lágrimas en los ojos. Estaba muy confundida y se sentía culpable por haber dejado a los niños solos.

Éste pudo reconocer que estaba en el comienzo de un ataque de pánico y lo único que pudo hacer fue ponerse su camisa y tenderle su blusa.

― No pasó nada. ―le dijo, sin saber si era cierto o no.

― ¿Cómo sabes? ―preguntó, sintiendo que la habitación se achicaba a cada segundo y el pecho se le comprimía, haciendo que cada respiro fuera más corto y que el oxígeno le comenzara a faltar― No me acuerdo de nada, ¿Tu te acuerdas?

― Sí, llegamos aquí, hacía calor después de tanto beber y bailar, nos quedamos dormidos. ―mintió, ya podían hablar de eso más tarde, cuando estuvieran menos histéricos.

Poco a poco Phoebe se fue calmando. Debía tratar de respirar profundo y esperar a que el ataque pasara, pero entre más tranquila se quedaba más le dolía la cabeza y entre más le dolía la cabeza, más histérica estaba al pensar en qué cara poner al llegar a casa y en cómo mantenerse en una parada estable para presentarse en el kínder con los niños.

Luego de un rato, ambos estaban tranquilos de nuevo. Se sentaron en la cama, de frente y sin atreverse a mirarse a los ojos.

― Bebimos y lloramos en la barra. ―comenzó a decir Phoebe, intentando hacer memoria.

― Nos...besamos...―continuó Leo, sonrojándose de inmediato.

― Seguimos bebiendo. ¿En qué nos vinimos a casa? ―preguntó Phoebe, tratando de ignorar lo que él había dicho, aguantándose las ganas de vomitar― Salimos de aquí en mi auto.

― Taxi, tomamos un taxi, no podíamos manejar así.

― ¿Dejé mi auto en la universidad? ―preguntó furiosa consigo misma― ¿Cómo pude dejar mi auto ahí tirado?

― Concéntrate. ―le pidió Leo― ¿Después?

― Llegamos arriba y...te besé...―reconoció, sintiendo como se le calentaban las mejillas. Se sentía como la peor persona de la tierra, ¿Cómo había podido hacer algo así?, ¿Que no había aprendido nada?

― Respondí, caímos en la cama. Me quité la camisa.

― Yo mi blusa.

― Quise desabrochar...

Leo se quedó en silencio. Ese momento era uno de los más incómodos en su vida, pero no fue esa la razón por la que se había quedado callado, sino porque a su mente llegó el empujón de Phoebe y su llanto.

― Dijiste algo en alemán. ―le dijo, mirándola seriamente.

Phoebe se llevó una mano a la cara. Su barbilla comenzó a temblar; en su cabeza se mezclaban las sensaciones sentidas con Leo la noche pasada junto a las de Hackett y no sabía qué sentir. Estaba empezando a agitarse de nuevo, no había pensado enfrentarse a una pregunta así y menos haberse lanzado a un chico de la nada como si fuera una adolescente sin responsabilidades que acatar, sin olvidar mencionar que era el ex de su hermana, su mejor amigo, y que ella estaba sinceramente aterrada de todo el mundo masculino.

― Él lo decía, ¿No es cierto? ―preguntó, insistiendo.

Phoebe asintió mordiéndose los labios.

― Quiero que sientas mi ausencia. ―le explicó. Sintió que los labios le hormiguearon al decir eso y se le secó la garganta. Su cerebro se bloqueó. Ya no podía pensar en nada y sintió como el frío la recorría de pies a cabeza: no podía seguir ahí, y no tenía tiempo para entrar en su cabeza y abrir puertas que tenían demasiado detrás. Se puso de pie y se dirigó a la puerta para abandonar la habitación sin decir nada más.

Leo sintió que su sangre hervía, ¿Cómo podía existir un ser tan asqueroso como Hackett?, ¿Cómo podía haberle hecho tanto daño como para que tanto tiempo después ella siguiera aterrada de él? Para que no se olvidara de sus palabras.

― Phoebe. ―la llamó, yendo tras ella, quien iba bajando las escaleras.

― Leo, no ahora. ―respondió, afirmándose con fuerza a las barandas, intentando no llorar.

― Es importante. ―insistió él, tomándola de la mano para detenerla, suavizando el tono de su voz, tratando de hacerle entender que él era su amigo y podía confiar en él.

― No. ―dijo ésta, deteniéndose para luego girarse y quedar frente a Leo― lo único importante aquí es que dejé a mis hijos solos durante toda la noche, a Jenny plantada y a mi auto tirado en la calle. Y peor...―suspiró, mirándolo con culpa― Pasé los límites de nuestra amistad, y también del respeto hacia Piper.

― Habíamos bebido. ―intentó decirle, pero Phoebe lo ignoró.

― Si un par de copas pueden hacerme olvidar quién debería ser y me convierten en el mismo monstruo que era, significa que no aprendí nada. ―finalizó, llegando al primer piso lentamente; caerse de la escalera no estaba en sus planes. Abrió la puerta de la entrada y sin mirar atrás, dejó la casa de su papá.

Leo se sentó en el escalón en donde estaba parado y se restregó la cara con indignación: si las cosas habían estado mal con Piper, ahora estarían peor, y si Phoebe se había cerrado a la gente, ahora definitivamente no tenía vuelta atrás. No sabía qué demonios hacía metido entre medio de ese desastre que eran las Halliwell, pero las quería, y mucho, y él siempre escuchaba lo que su corazón tenía que decir.
La hija madre adolescente trató de abrir la puerta de la casa sin meter ruido. Se aseguró de que no hubiese nadie en el primer piso que pudiera verla y respiró más tranquila al darse cuenta de que en el segundo no había actividad: todo el mundo dormía profundamente, o casi. Se asomó a la puerta de los mellizos y los vio despertando de su sueño. Le sonrieron al verla aparecer.

Phoebe sintió que la culpa la aplastaba, ¿Cómo había podido?

― Hola. ―los saludó, entrando hasta acomodarse al borde de la cama― ¿Cómo durmieron anoche?

― Bien. ―le sonrió Sophia, estirando sus bracitos para pedirle que se acostara a su lado.

― Al medio. ―le pidió Matthew, quien también quería una parte de ella.

Su madre les hizo caso sin chistar y se acomodó entre ambos. Debía reconocer que se sentía indigna y bastante sucia, no pudo evitar soltar algunas lágrimas de rabia. Era una inmadura que a la primera tentación caía y se dejaba llevar, ahora entendía a su padre cuando le había dicho que no estaba lista para vivir sola en Nueva York. Se imaginaba haciendo lo mismo cada fin de semana en la gran manzana y se daba asco. No merecía todo lo que tenía.

― ¿Mami? ―preguntó Matthew, tocándole la cara con su manita― ¿Por qué te cae agua de los ojos?

Phoebe sonrió ante su inocencia y los abrazó con fuerza.

― ¿Quieren que les traiga el desayuno? ―preguntó, desviando su pregunta― ¿O prefieren bajar?

Un par de cuadras más allá, Paola y Leo estaban en la cocina; Víctor ya se había ido a trabajar, Alex y Dorothy desayunaban juntos en la habitación de ésta y Prue seguía durmiendo, ya que eso era todo lo que hacía de un tiempo a esta parte. Paola le sirvió una mezcla extraña a Leo, éste la miró con duda.

― Brebajes para la resaca.

La esposa de Víctor se veía perturbada, y eso, era algo raro de ver en ella, por lo que Leo bebió sin chistar: sabía a rayos, pero aún así siguió bebiendo.

― Quiero que seas sincero conmigo. ―le dijo, tomando asiento junto a él― es importante.

Leo asintió, aún asqueado por la pócima.

― ¿Se cuidaron?

El chico abrió los ojos ante la sorpresa y se atragantó con lo que estaba tomando. Paola tuvo que golpear su espalda para ayudarlo a respirar otra vez.

― ¿Qué? ―preguntó, ahogado.

― Te fui a despertar y te encontré con Phoebe. ―le aclaró, apoyando su mentón en su mano.

― Espera, espera. ―le pidió Leo, con un dolor de cabeza del porte de la misma casa en donde estaba― No pasó nada.

― Leo, yo entiendo qué es ser adolescente y no los voy a juzgar por ello, pero el tema es bastante delicado: estamos hablando de la hermana de tu ex novia, quien viene saliendo de una "relación" traumática. ―le aseguró la madrastra de la chica.

― No, en serio. ―le prometió, negando con su cabeza y manos para darle énfasis― No pasó nada. O sea, casi pasa pero, no pudo...

― ¿A qué te refieres con eso? ―le preguntó Paola, preocupada por lo que había escuchado, intuyendo a qué se refería.

Leo se sintió mal por traicionar la confianza de Phoebe, pero no tenía muy claro qué hacer y cómo ayudarla con su problema, por lo que no tuvo más opción que explicarle lo acontecido.

― Flash backs. ―confesó, sintiendo que la rabia volvía a subírsele al cuerpo. Ojala tuviera cinco minutos para encontrarse con Hackett, porque se aseguraría de matarlo con sus propias manos de la manera más dolorosa posible.

La mirada de Paola se tornó triste, sabía que algo así podía pasar, pero siempre había mantenido la esperanza de que no ocurriera.

― Voy a hablar con ella...

― No, no, déjame a mi. ―le pidió Leo de inmediato― si le dices algo sabrá que tu sabes y no creo que darle más problemas de confianza en los demás sea lo mejor ahora.

― ¿Puedo preguntar desde cuando están juntos o...?

― ¿Juntos?, ¿Nosotros? No, no estamos juntos, solamente bebimos demás y bueno...tu sabes...―respondió avergonzadísimo por su actitud.

― Te daría un discurso de por qué lo que hicieron está mal, pero creo que ya se lo dieron ustedes mismos con el susto allá arriba.

Leo asintió, esperando a que la tierra se lo tragara para siempre.

En la Mansión, Phoebe le pidió a los niños que la esperaran en su cuarto mientras se dirigía al de ella. Jenny dormía plácidamente en su cama, como se lo había indicado, y se sintió mal por no haberle podido avisar antes.

― Linda...―le dijo, tocándole el hombro para despertarla.

Jenny abrió los ojos lentamente y se estiró un poco antes de volver a la realidad.

― Lamento mucho que hayas tenido que quedarte, pero llegué tarde y no te quise despertar. ―mintió rápidamente.

― No te preocupes. ―respondió sin problema― ¿La pasaste bien?

― Sí, gracias...―improvisó― ¿Cómo se portaron los bebés?

― Bien, como siempre. ―se sentó en la cama.

― ¿Podrías bajar con Sophia? Yo llevo a Matthew y les hago algo de comer a los tres, ¿Te parece?

Después de comer, Jenny regresó a su casa. Al entrar se encontró con sus tíos en la mesa, tomando café y leyendo el periódico. Dan estaba feliz, había reído y bailado con Piper hasta tarde y luego al dejarla en la puerta de su casa, ésta le había dado un beso de despedida. No podía estar más contento al ver que cada día ella estaba más interesada en él y menos en Leo, y que habían pasado la prueba de tenerlo en el mismo lugar sin problemas.
Cole en tanto tenía cara de pocos amigos, aún con la imagen de Phoebe y Leo en la cabeza, ¿Cuál había sido el motivo de decirle que no iría para después hacerlo y además con él?, ¿Y no era que no tenía novio y no quería nada con nadie?, ¿Entonces qué demonios hacía besándose con Leo a vista y paciencia de todo el mundo?, y, si su memoria no le fallaba, ¿No se suponía que ese había sido el novio de Piper hasta que Dan había aparecido?

― ¿Tú de dónde vienes? ―le preguntó Dan de inmediato.

― Ayudaba a Phoebe. ―respondió con naturalidad.

― Oh, que bien. ―le dijo alegre, sin complicarse más.

Jenny sonrió para sus adentros, le gustaba verlo contento y más que no le preguntara detalles porque no quería decir delante de Cole que su vecina había salido con Leo, aunque éste ya lo supiera.

En tanto, Piper acababa de despertar en su cama con una sonrisa de paz. La noche anterior había sido bastante agradable: había tenido la suerte de no encontrarse con Leo en ningún momento y había disfrutado de compartir con Dan, solamente ellos dos. Phoebe no había ido a la fiesta y se había acostado temprano, pues al volver había revisado todas las habitaciones y la vio durmiendo en su cama; Prue tampoco, por razones obvias, por lo que su única preocupación esa noche había sido ella misma y su romance con el joven de al frente. O casi. Aún se preguntaba qué había pasado la noche en que su auto había terminado manchado de sangre y las pesadillas no eran lo suficientemente claras como para darle detalles sobre eso, y, por otro lado, Prue y su sobrino seguían en su cabeza. ¿Qué iría a decidir?, o más bien, ¿Se arrepentiría antes de hacer una estupidez?, ¿Cuándo se enteraría de la decisión tomada? Eran demasiadas preguntas y muy pocas respuestas, lo que más la estresaba, era no saber qué cara poner cuando se juntaran a comer el domingo y Andy no se apareciera en la casa, pero peor era tener que estar con Prue, Paige y Phoebe en la misma habitación y omitir toda información posible a las últimas dos. Ver a los pequeños acercarse a Prue y mantener su corazón en una sola pieza. Encontrarse con Leo y pensar en que su último beso no había sido con él.

Paige se duchó rápido y se vistió con lo más cómodo que encontró para poder seguir a Leo y Phoebe, él debía estar en camino a la casa para salir, por lo que no tenía tiempo que perder. Se quedó vigilando por la ventana y se aseguró de que su mochila tuviera los snacks que había preparado la noche anterior: no quería que Phoebe supiera que estaba despierta al verla bajar a comer, si no sería más fácil que la descubriera. Su iPod seguía conectado a la corriente para que la batería durara y la batería de su cámara de fotos también: si espiaría, lo haría bien.

Phoebe no sabía qué hacer con respecto al paseo. Le dolía todo, física y emocionalmente, su auto aún estaba en la universidad y tenía media hora para decidir qué hacer. Ni siquiera se había bañado y la idea de pedirle otro favor a Leo después de lo que había hecho la noche anterior, no le llamaba la atención. Su teléfono emitió un "bip" y al fijarse, era un mensaje de su amigo.

"Baja".

Phoebe miró por la ventana y pudo ver su auto estacionado en la puerta de la casa.

― Usé la copia. ―respondió encogiéndose de hombros al verla bajar― Si no te apuras, llegamos tarde. Veinte minutos.

Ella no dijo nada, solamente le agradeció con la mirada y a la velocidad del rayo estaba bañada y arreglada para salir: no podía fallarle otra vez a sus pequeños, debía hacer un esfuerzo, por mucho que la ansiedad y la vergüenza se la estuvieran comiendo por dentro. Los niños fueron rápidos de vestir, había dejado todo listo la noche anterior.

Cuando Paige se distrajo en desenchufar sus cosas cargando, se perdió la llegada de Leo, pero no su salida junto a Phoebe en el auto. Sonrió, la acción estaba recién empezando.

En tanto, en el departamento de Prue y Andy, éste último estaba ingresando a la casa por primera vez después de haberse despedido de su novia, o ex novia, o mejor amiga, ex mejor amiga, lo que fuera.

― En serio no tienes que irte si no quieres. ―le dijo Gabriel, quien lo había estado recibiendo en su departamento los últimos días.

― Lo sé, amigo. ―sonrió con nostalgia― pero creo que este lugar estuvo desocupado por varios días, los suficientes como para que ella viniera a buscar sus cosas si las necesitaba...y ahora debo quedarme aquí...―suspiró― quiero que sepa que no la he abandonado, ni a ella ni ...

Sam, al ver a los ojos de su amigo aguarse, se le acercó para abrazarlo con fuerza. Se le rompía el corazón verlo así.

― Gracias por todo. ―le dijo él, ella lo abrazó aún más fuerte.

― Todo saldrá bien, ya vas a ver. ―le prometió, besándole las mejillas.

― Cualquier cosa, una llamada, estaremos aquí. ―se despidió Gabriel, abrazándolo también antes de retirarse de la mano de Samantha.

La puerta del 302 se cerró, dejando a su único ocupante completamente solo dentro de él. Andy recorrió el área, viendo lo limpio que se encontraba todo. Era como si Prue estuviera en clases y él hubiese llegado del trabajo en un día normal, pero al mismo tiempo había algo, una vibra, una onda, algo que le hacía sentir como la soledad se lo comía sin piedad y le oprimía el pecho: cada pared le decía que ella no estaba, que jamás volvería y que estaba solo. Cada centímetro le recordaba que ya no había nada que valiera la pena ahí, pero aún así, las ventanas con vista a la avenida principal le daban la esperanza de ver pasar su auto camino a casa y de que por un milagro, todo se arreglara.

Cuando Leo y Phoebe llegaron al parque, la reunión había comenzado hacía quince minutos. Se ubicaron en una parte de la plaza y se pusieron a revisar el itinerario de actividades.

― Hola, soy Karla, estoy encargada de anotar a todos y de repatir los equipos, ¿Ya se inscribieron?

― No, Phoebe Halliwell, mamá de Matthew y Piper Halliwell. ―respondió esta, orgullosa de sus pequeños quienes agitaron sus manitos a modo de saludo, como les habían enseñado.

― Muy bien, Phoebe. ―le dijo entregándole un sticker con su nombre― Piper y Matthew...―añadió, escribiendo los de ellos en otro.

― ¿Cómo se llama el papá? ―preguntó mirando a Leo.

Phoebe hizo una mueca, abriendo la boca para aclararle el error, pero Leo fue más ágil.

― Leo Halliwell. ―respondió, como quien no quiere la cosa.

― Leo entonces. ―dijo la mujer, entregándole su sticker― Esperamos que se diviertan.

― ¿Por qué hiciste eso? ―preguntó Phoebe, entre feliz y avergonzada.

― No nos conocen, ¿O sí? además, ¿Por cuánto tiempo estarán en esta guardería? Luego nadie se acordará y una mentirita piadosa no matará a nadie, ¿O sí?

― Gracias.

― Sé lo que significa para ti.

Phoebe hizo un puchero.

― Me duele no poder darles lo que merecen tener.

― Los salvaste de ese imbécil, es en eso en lo que deberías pensar. ―le aseguró.

― Ok, grupo cinco, familia Halliwell, vengan por aquí. ―les llamó otra persona, invitándolos a jugar, por lo que la conversación volvió a verse cortada.

Piper bajó las escaleritas de la puerta de la casa con una sonrisa emocionada, esperando encontrarse con Dan por casualidad o algo así. El día brillaba y corría una suave brisa típica del otoño. Las flores que tanto cuidaba poco a poco se iban apagando, pero no le preocupaba; la primavera volvería antes de lo pensado y volvería a verlas pronto. Recogió el correo, solamente para encontrar cuentas por pagar y agradecía infinitamente que su abuela hubiera dejado todo en orden como para que les alcanzara el dinero para un par de años más, y que su padre se hubiera hecho cargo de todos los gastos de los mellizos, porque si no, estarían en quiebra y ni ella ni Prue hubieran podido ir a la universidad ni en sueños, tratando de ahorrar para Phoebe y Paige. Suspiró: habían tenido suerte, pero en ese momento su suerte no era demasiada porque, después de unos quince minutos afuera, Dan no se apareció. Se devolvió lentamente y cerró la puerta tras sí, despacio. Dejó las cartas sobre la mesa, ya se encargaría de ordenarlas más tarde. Se sentó en la cocina, observando las fotografías colgadas en las paredes. La más nueva era la de los mellizos en su primer día de clases en el kínder. Estaban junto a Phoebe, quien se había arrodillado para quedar a la altura de ambos y abrazarlos, le daban un beso, cada uno en una mejilla y se sintió orgullosa de los tres. Los niños habían crecido mucho, demasiado rápido, y Phoebe con ellos, pero todavía seguía siendo una niña con demasiada carga encima. Luego había una foto de Paige y Glenn, era ligeramente antigua, de su graduación de octavo año. Se preguntaba en dónde había quedado esa niña tan dulce y amable, tan llena de vida, tan optimista y alegre...dónde había quedado, estaba bajo esa iracunda figura rubia de botas negras y faldas cortas. Se preguntaba si era solamente una etapa por la que iría a pasar, así como lo había hecho Prudence, o si debía ponerle pausa de alguna forma...antes de que la vida la hiciera cambiar, como a Phoebe. Después, había una foto de ella junto a Leo luego de graduarse juntos de la escuela. No pudo seguir mirando y saltó a la de Phoebe graduada antes de dirigirse a la de Prue, Andy y Sam. Se restregó la cara.

― Prudence, Prudence, Prudence...―suspiró agotada, ¿Qué iba a pasar con ella?, ¿Y el bebé?, ¿Y qué pasaba con Andy entre todo este desorden?, le dolía tanto la cabeza, que prefirió devolverse a su foto con Leo porque él...él sabría qué decirle, cómo tranquilizarla, la guiaría a la decisión correcta porque siempre, siempre sabía qué hacer.

Se puso de pie y sacó la foto de la pared para mirarla de cerca. Lo extrañaba, era cierto...pero no podía negar que se sentía feliz cada vez que Dan se aparecía frente a ella, ¿Qué demonios le pasaba? Amaba a Leo, no tenía ninguna duda de ello...pero sabía que algo turbio había en ella: algo había pasado la noche en que Prue había acusado a Paige de beber, y aunque no sabía qué, sabía que no era bueno...

― Te amo tanto que no puedo permitir que salgas herido...―le dijo a la foto, y se preguntó cómo podía estar tan malditamente sola como para que su único medio de expresión fuera hablar con retratos. Era por eso por lo que salía con Dan, ya que no solamente la hacía sentir bien, sino que él mismo se había metido solo en el lío del auto manchado con sangre y ella necesitaba en quien confiar, con quien hablar...se sentía algo culpable, como si estuviera usándolo, y era cierto, un poquito cierto...

Se restregó la cara con fuerza y apoyó su cara entre sus manos. Sabía que Leo no volvería por ella esa vez: en esta ocasión, dependía de ella salvarse a sí misma, debía juntar todo lo que había aprendido y lanzarse a la aventura, resolver su problema de manera madura, y una vez solucionado, se consideraría merecedora de recuperar a la persona que le había enseñado qué era el amor.

Paige llegó finalmente a la plaza y después de darse varias vueltas, logró localizar a su blanco. Phoebe, Leo, Piper y Matthew estaban compitiendo en algo que parecía ser de madres e hijas versus padres e hijos. Sonrió ante lo tierna que era la imagen de todas esas familias unidas y de todos los pequeños sonriendo, pero su meta no era alegrarse por esas infancias felices, si no registrar lo que fuera que estuviera pasando entre los chicos.

― ¡Sí! ―celebró Phoebe, una vez que el juego se hubo acabado, besando y abrazando a su hija con orgullo― ¡Ganamos!

― ¡Ganamos! ―cantaba Sophia junto a ella.

― No importa campeón, hay más juegos a los que jugar. Ganar no lo es todo. ―le dijo Leo a Matthew al otro lado de cancha.

― No. ―lo secundó Matthew, mientras ambos caminaban hasta reunirse con las chicas.

― ¿Alguien quiere pintarse la cara como animalitos? ―preguntó una de las encargadas de los juegos.

― ¡Yo! ―rogaron los mellizos, tirando de las mangas de Phoebe.

Leo y ella se miraron, muertos de la risa, y así los fueron a sentar a las mesitas en donde los iban a pintar. Se sentaron a no más de un metro de ellos, vigilándolos de cerca, pero dándoles su espacio. Phoebe se puso a jugar con el pasto del suelo, mirando a sus pequeños con una sonrisa orgullosa, a sabiendas de que Leo la miraba esperando hablar.

― Lamento si me anoche me sobrepasé contigo. ―comenzó a decir Leo.

Phoebe frunció el ceño y si no lo miró, fue porque la aprensión de vigilar a sus mellizos era más grande.

― No digas eso, ni de broma. ―le advirtió― No hiciste tal cosa, fuimos los dos...y yo debería perdirte disculpas...

Él suspiró pesadamente, ella también.

― Escucha, yo sé que él te hizo mucho daño...―comenzó a decir Leo, Phoebe dejó de jugar con el pasto, ansiosa.

― No quiero hablar de eso, en serio.

― Es importante. Terminaste la terapia con Paola, pero se nota que aún quedan asuntos que reparar.

― No puedes pretender "repararme" así de fácil después de todo lo que pasó, Leo Wyatt. ―le detuvo en seco.

― No me refería a eso.

― Yo sé que tienes las mejores intenciones, como siempre. ―le dijo con suavidad― pero no tienes idea de qué es ser yo. ―su voz se quebró y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no soltó ninguna. Tenía muy guardado ese dolor adentro y odiaba saber que aún le afectaba― Hago lo que puedo, pero no me pidas que se me olvide todo y que siga con mi vida como si no hubiera pasado nada, porque eso no es posible. Todo lo que pasó repercutió, y para siempre. Nunca voy a olvidarlo, Leo. No importa cuanto trate, siempre va a estar ahí porque si los ves...―comentó, refiriéndose a los pequeños― son iguales. Esos ojos, ese cabello, no son míos. No tienen nada que ver conmigo, sino con él. Esos dos son más hijos de él que de nadie.

― Esos dos son tuyos y de nadie más. ―le corrigió― pueden parecerse, pero la calidad de personas que son, son exclusivamente responsabilidad tuya. No son nada parecido a ese monstruo, Phoebe. Son personas atentas, alegres, sinceras, felices, responsables, honestas. Son como tú en cada aspecto, y es de eso de lo que no debes olvidarte.

Phoebe no quiso seguir hablando. Le dolía demasiado el corazón recordar que las dos personitas que más feliz la hacían, habían salido de su herida más profunda.

― Al menos sirvió para evitar que pasáramos más allá de lo que debíamos. ―comentó Phoebe, avergonzada.

― ¿Qué hubiera pasado si nada nos hubiera parado? ―preguntó Leo, hablando para sí mismo.

― No lo sé...―respondió Phoebe― Yo sé que sigues pensando en Piper como en nadie más.

― Yo sé que tu verdadero interés no soy yo. ―continuó Leo.

― Tú y yo somos amigos...y lo que hiciste por mí anoche, detenerte y...bueno, comprender...―añadió―gracias.

― Sé que lamentablemente has conocido una basura tras otra, pero así es como un verdadero hombre debe tratarte, Phoebe. Eso es lo que mereces: alguien que te respete y te valore, que te trate como una persona.

― Eres un sol. ―le sonrió ella― Ojalá algún día pueda encontrar alguien como tú, pero me conformo con que Piper y Matthew puedan aprender de un ejemplo como el tuyo.

― Creéme que contigo tienen más que suficiente, pero no dudes en que siempre estaré aquí para ti y para ellos. Y vas a encontrar a esa persona, solamente debes darte permiso y aprender a reconocer la gente que merece tenerte.

― Como si fuera tan fácil. ―suspiró.

― Solamente te falta aostumbrarte, verlo como algo natural, cambiar la imagen de "normal" que le has dado a todos esos imbéciles y volver "normales" a quienes te tratan bien.

― Espero que no te tomes a mal lo que voy a decir y no me odies porque valoro mucho todo lo que hiciste por Piper, pero...a veces me gustaría que ese día en que nos vimos por primera vez, te hubieras fijado en mí...―confesó sonrojada.

― Necesito que seas cien por ciento honesta en tu respuesta...Phoebe, tu...¿Sientes algo por mi? ―preguntó algo complicado, esperando un no.

― Amistad...―confesó, sonriendo melancólicamente― pero, la forma en que eres conmigo y con mis hermanas, la forma en que eres con ellos...la gente cree que eres el padre...y a pesar de que sé que no va a pasar, no sabes cuánto me hubiera gustado que así fuera...son buenos chicos, merecen alguien como tu y yo no creo que sea alguna vez capaz de darles alguien así...

― No vas a darles nunca lo que merecen si no eres capaz de darte a ti misma lo que mereces. ―le explicó.

― No tengo palabras para explicarte el pánico que siento. ―confesó, apretando los labios― tanto de quedarme sola para siempre, como de abrirme con alguien y que termine por destruir lo que queda de Phoebe porque...una cosa es la mamá, que es indestructible ―sonrió― pero la otra...

Leo la miró con tristeza. Lamentaba mucho la situación en la que estaba y desearía tanto poder ayudar...y entonces, la idea llegó a su cabeza y antes de arrepentirse por lo estúpida que era, la lanzó:

― Sé que es una idea loca pero...¿Qué pasa si yo te enseño qué es tener una relación de verdad?

Phoebe lo miró confundida.

― ¿A qué te refieres?

― Nunca has conocido a nadie que te trate como corresponde, y bueno, no sé...quizás...
Phoebe alzó una ceja y se quedó mirándolo en un intento de identificar en qué momento y cómo, Leo había perdido el juicio. Esperó a que terminara su chiste o que soltara una carcajada pero eso no pasó: él la miraba con seriedad.
― Ambos estamos solos...tú necesitas darle espacio a "Phoebe", y yo...para ser sincero...―suspiró― la única razón de quedarme aquí fue por Piper y, bueno, por la amistad que tengo contigo, pero, ahora que ella y yo no somos nada...
― Solamente quedamos nosotros. ―completó Phoebe, refiriéndose a ella y a su pequeña familia.

Leo se acercó lentamente y rozó sus labios con los de ella. Phoebe se dejó llevar. El beso fue delicado y tímido. Él le sostuvo el mentón con cuidado y respeto, y ella aflojó la rigidez de su espalda para ayudarlo a alcanzar sus labios sin tanto esfuerzo.

― Quizás intentarlo no sea mala idea. ―murmuró ella al separarse, jadeando despacio.

― No quiero usarte para olvidarme de ella. ―le aclaró de inmediato― No quiero que pienses que eres una segunda opción o que no mereces que alguien te ame de verdad, solamente...

― Quieres ayudarme a soltarme, lo entiendo. ―le interrumpió, algo más animada― No quiero vivir con miedo. Y sé que volverás a Piper, con el tiempo, pero quiero volver a creer.

― ¿Qué pasa si sale mal? ―preguntó él, arrepintiéndose de la idea al darse cuenta de que ahora la cosa iba en serio y había mucho en juego.

― Jamás me harías daño, ¿Verdad? ―preguntó con un leve temblor, confundida acerca de la decisión que estaban tomando.

― No, nunca. ―juró tajante.

― Entonces nada puede salir mal.

Volvieron a besarse, esta vez por más tiempo. No podían negar que había algo de atracción entre ambos, pero tampoco que sus corazones llevaban otros nombres tatuados encima: pero estaban rotos, y si ambos podían servir de vendaje para el otro, que así fuera mientras sanaban. Ya verían qué hacer luego.

Paige estaba entre indignada y contenta. Primero, ¿Qué le pasaba a Phoebe con meterse con los novios de sus hermanas? Primero Hackett, ahora Leo, ¿Quién venía después, Andy? nunca pensó que su hermana fuera capaz de hacer algo así, pero cada día confirmaba más que no conocía en absoluto a las personas viviendo con ella. Segundo, no le cabía en la cabeza cómo podían hacerle algo así a Piper, aunque debía reconocer que se lo merecía por haber dejado a Leo y reemplazado con Dan. Tercero, al fin tenía las pruebas que necesitaba y usaría la tarde siguiente a la hora del almuerzo familiar. ¿Querían saber qué era que tu propia familia te traicionara? Entonces lo harían: una por una.


Oh Paige, ¿Qué harás, pequeña?

Respuesta(s) de review(s):

DyegoHalliwell: ¡Hola! No te preocupes jaja, todo bien. Oh, ese flash back, me sentía con ganas de hacer maldades ese día. Créeme que yo también me alegro, la idea original era un beso y nada más, ¡pero los personajes se mandan solos! Ya veremos que pasa con Cole, y Piper, y bueno, esto estará un poco líado por un tiempo...creo, no sé, ¿A dónde querrán ir estos seres? Oh, antes de que lo olvide, ¡Bienvenido de vuelta!

keisi-san: primero: eres un amor. Segundo, lamento torturatte tanto jajajaja, y a Phoebe, y a todos en general. Espero estar desarrollando bien su historia, porque lo hago todo a base de leer cosas online ya que no tengo idea de lo que está pasando la pobre -y espero que así se quede-. Ojalá Phoebe se dé una oportunidad con Cole, pero ahora con Leo en medio, no sé si él estará muy disponible para ella...
Poco a poco voy tratando de solucionar el tema Piper, ¿Va funcionando? Todas las críticas se aceptan. De Paige enamorada no hay mucho en este cap, pero de Paige haciendo maldades...jijijiji, esta pequeña es la que mueve los hilos de todo. ¡Gracias por hacerte tiempo entre toda slas cosas que haces! ¡Éxito en todo!