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Fase 3. Mariposa.

(Muchos) Días después.

Jamás le contó a nadie sobre Fabia, o el aquel enigma que la envolvió y cómo lo descubrió. Sabía que no lo creerían. Además de que no era necesario. Porque lo único que debía importarle al resto del mundo, si es que llegaban a preguntar, es que había logrado enfrentarse a sus demonios internos, literalmente y había vencido.

Claro que, tuvo que escuchar de labios ajenos a su propia esencia para poder entender la tontería que cometía…

¿Ya te acuerdas? —le había preguntado Fabia, sólo que no hablo, mas ella sabía interpretar sus silencios— Te deshiciste de mí el día del entierro, aquí mismo, —sonaba melancólica—,y yo creí que no tardarías en darte cuenta de que me necesitabas. Pero no, después decidiste dejarme sola en medio de una tempestad de sentimientos que apenas y podías controlar. Me tuviste tanto miedo….

No podía creer que siendo domingo, alguien se hubiera levantado lo suficientemente temprano como para irla a buscar a su casa. Hoy era su día de descanso, pues sus padres no abrían el restaurante done los ayudaba, por lo que se podía desvelar sin problema y si así lo quería dormir hasta las tres de la tarde. Así que esperaba que el pobre infeliz que fue a buscarla se atuviera a las consecuencias. Y aunque la estuviera esperando en la sala de su casa, no le importaría en lo absoluto hacer un desastre con tal de recordarle que a ella no se le va a levantar los domingos a las once de la mañana.

Cuando terminó de bajar las escaleras, entro al cuarto de la izquierda, que era la sala, y casi da un brincó del susto. Porque de cualquier persona que se pudo haber imaginado ahí, no espero que una de ellas fuera Shun.

—¿Estabas dormida? —preguntó observando la pijama rosa pastel de la chica.

—¿Shun? —ignoró por completo su pregunta, y el hecho de estar en pijama, porque hace mucho, pero mucho tiempo que no hablaba con él. En especial desde que la vio llorando. El sonrojo se apoderó de sus mejillas al recordar aquello, pues resultaba algo vergonzoso para ella.

—Si, sé que es extraño —confesó él, desviando la mirada a otro lado que no era ella—, pero, bueno. Quería platicar contigo.

—¿De qué? —fue su turno de preguntar.

—De todo y de nada —expresó con simpleza, mientras se sentaba en el sillón individual—. Claro si así lo quieres.

Pero ella no se iba a creer eso.

—¿Es por lo de la otra vez verdad? —pregunto con un deje de tristeza.

—Bueno sí —contestó después de unos momentos en silencio—. Runo… tu… —la chica lo miro, esperando ver que iba a decir, pero se encontró con una escena poco usual. Shun moviendo sus manos en ademanes y abriendo la boca seguidamente pero sin emitir sonido alguno, buscando las palabras a usar. Eso le hizo sonreir— me preocupe por ti ¿está bien?

Esa declaración la tomó por sorpresa. Shun jamás fue alguien directo con sus sentimientos… si con lo que pensaba, no con lo que sentía. Pero más que eso, fue el hecho de que en sí, se preocupara por ella. Siempre creyó que el lazo especial de amistad estaba entre Dan, Alice y él. No era secreto para nadie que si se habían empezado a hablar era porque ser amigos en común de los otros dos. O bueno, eso creía ella, tal vez los últimos años de convivencia si fueron significativos para él.

—Cuando te vi llorar cerca de los baños… —Runo lo miró, y percibió cierta culpa en sus palabras—, la primera vez, No estaba en las mejores condiciones para poder decirte algo, o consolarte. Y la segunda, en el salón en serio quise, pero tampoco estaba de ánimos.

—¿Y ahora lo estás? —cuestionó en son de broma, para alivianar la posible seriedad que pudiera tomar el asunto.

—Algo —sonrió de medio lado—. Si bien, puedo estar aquí, sentado en tu casa, y decirte que pierdes el tiempo llorando —y antes de que ella pudiera alegar cualquier cosa él siguió—, no tienes idea de lo que me está costando, porque sé que es muy repentino de mi parte, pero si no hago nada ahora, no quiero arrepentirme después de no haber actuado.

—Entiendo… ¿pero a que viniste?

—Ya te dije: no pierdas el tiempo llorando. Si, Dan el amor de tu vida, ese "chico especial" es novio de Alice, de quien alguna vez estuve enamorado… sólo para que lo sepas. Pero el mundo no se acaba a ahí.

Runo, no le contesto, pues se había cruzado de brazos y bajado la mirada, sintiendo como toda la tristeza de los últimos días se acumulaba en el nudo de su garganta.

—¿Crees que no lo sé? —Dijo en voz queda, conteniendo las lágrimas—. Sé que las cosas no terminar ahí. Pero ahora lo único que puedo hacer es llorar, porque algo que pudo haber pasado no pasó, por culpa nuestra.

—Lo sé —Runo volvió a verlo, esta vez estaba serio—. Sé que lo único que necesitas es desahogarte —la miro—, y que lo único que yo quería decirte en aquel momento… es que cualquier cosa aquí estamos. Yo ya lo estoy…

Ni lo dejo terminar cuando ya lo estaba abrazando por el cuello, y llorando en su hombro.

—Lo siento —se lamentaba entre sollozos y sin soltarlo. Pero no le contesto, o correspondió—. Te juro que no lo vuelvo a hacer.

—Si quieres llorar hazlo —le soltó él. En un tono que jamás le había escuchado—. Sólo no cometas la estupidez de negarte a sentir más emociones aparte de esta.

Cuando viste a Runo llorar por primera vez, yame habías perdido por un largo año… te distanciaste tanto de mí que no sabías como actuar con ella. Quisiste convencerte de que seguías haciendo lo correcto, que tu decisión había sido lo mejor para ellos y para ti. Pero no pudiste porque muy en el fondo me querías devuelta, así que encontré mi camino a ti. Y después, al fin fuiste consciente de verla, sólo que fue demasiado pronto. Nos acabábamos de re-encontrar después de tanto tiempo y apenas podías con la sorpresa de verla así… imposible, resultaría saber la diferencia entre preocupación y malsana curiosidad. Así que te fuiste. Cuando te vi, me decepcioné un poco, por tu indiferencia a lo que te rodeaba. Pero cuando vi que en realidad pensabas en ella, aun y sin aceptar esa obvia preocupación, sonreí pues aún había esperanza. Después de todo, yo aún existía.

—¿Shun porque vine?

—Porque si Dan me ve a mí, me cierra la puerta… o si le doy chance: me golpea —le explicó Shun. Marucho suspiró resignado.

Cuando verificó en su celular que la llamada era de Runo, se soprendio de oir a Shun. Tenía tanto sin hablar con él… pero bueno, como siempre fue directo.

"Acompañame a casa de Dan"

Y por eso, estaba con él caminando por las calles en dirección a casa del castaño.

—¿No pudiste elegir otro día? Tal vez no esta, a lo mejor y sale con Alice —explicó el rubio. La verdad, aunque le alegraba ver que Shun ponía de su parte para volver a acercarse a todos una vez más, le asustaba la idea de que por malentendidos terminaran peleándose otra vez. Y digamos que el por su corta estatura, no sería suficiente para separarlos.

—No, Julie me confirmo que Dan pasa los domingos en casa con su familia, como hace desde que lo conocí… por cierto ¿A que horas se cortó el pelo Julie?

—Hace dos meses… —dijo con voz derrotada, no sabía ni a que venía la pregunta…

Aunque muy en el fondo no le importaba. Miro de reojo al moreno de ojos miel, su actitud era la misma de siempre, sin embargo, ahora, Marucho podía notar una determinación que hace mucho no veía en él. Era como si actitud a la vida hubiera cambiado. No sabía que pasó, pero lo agradecía. El al igual que todos los demás sufrió por la decisión que el tomo, aunque, a diferencia de los otros, también se dio cuenta que a Shun también le afecto. Pero no dijo nada, respetaría la decisión de Shun hasta el final. Porque si su amigo así lo quería, así sería. No importaba lo que dijera Dan –aunque ni lo sintiera en realidad-, el moreno jamás dejo de ser amigo suyo.

Te tomo un poco de tiempo, pero al final accediste a recuperarme por completo. Aunque tenías dudas y miedo, pues no sabías como resultarían las cosas. Inclusive dudaste de lo real que era ¡y eso que era tú!… pero un sentimiento nuevo te ayudo a llegar a lo más profundo de ti, sentimiento que pocos logran conocer. No, Shun, no era la lógica o la curiosidad. Era algo que conocías pero no podías sentir en su totalidad. Tan puro y tan magnifico, que fuiste de los pocos afortunados en estar cerca de ello…

Después, los reviviste todos: las sensaciones, los sentimientos…. cada una de ellos, todos los que te eran posibles; mariposas de colores que con su mirada y su alma buscaban transmitirte y devolverte parte de aquello que habías abandonado, para que pudieras recibirme a mí plenamente… Inclusive aquellos sentimientos tan bellos de tus amigos estuvieron a mi lado, para salvaguardarme y llegar a ti. Pero me negaste una vez más, cuando creí que ya habías aceptado la verdad de las cosas. Tu miedo ante la otra cara de la moneda fue más fuerte que no pudiste enfrentarlo. Y saliste huyendo… decepcionándome a mí, pero sobre todo a ti mismo.

No entendió la mirada de su madre cuando le dijo que Marucho lo esperaba a fuera. Lucía preocupada. ¿Le habrá pasado algo a su pequeño amigo? Porque desde que empezó a salir con Alice, se había distancia un poco de él, Runo y Julie. Y en el tiempo que no hablaron pudieron haber sucedido tantas cosas…

Bajo las escaleras, atravesó la cocina y salió por la puerta al jardín, donde según su madre lo esperaría su rubio amigo… y para su sorpresa alguien más.

—¿Qué hace el aquí? —exclamó en tono demandante, frunciendo el ceño y nada contento con ver a Shun ahí. ¿Qué era lo que quería?

—Vine hablar contigo, Dan —dijo el chico con total calma, en una pose de seguridad, con sus manos guardadas en los bolsillos.

—¡Tú y yo no tenemos nada de qué hablar! —espetó con rabia.

—Dan, no te hace ningún daño hablar con él.

—¡No, Marucho! —Apretó las manos, y sintió tensarse del coraje que sentía en esos momentos y se apoderaba de cada parte de su cuerpo— Si Shun no quiso hablar con nosotros cuando podía, no será ahora. No es cuando el señor quiera —Se tragó como pudo el nudo en la garganta—. Era mi mejor amigo, casi mi hermano, y no tuvo la confianza de decirme algo de esa magnitud… a tu mamá le tuve un gran aprecio, todos nosotros por igual. Y tú, como si nada, como si fuéramos un extraño cualquiera… ¡no sólo nos lo ocultas, sino que te fuiste, nos dejaste sin saber que hacer o cómo actuar!

El moreno no decía nada, sólo escuchaba todo lo que su ex –mejor amigo tenía que decir. Su mirada era imperturbable, su pose la misma. Dan sabía mejor que nadie que preparaba su réplica, pero no lo dejaría…

—¿Creíste que simplemente te podías ir y hacer como si no pasará nada? ¿Tratarnos peor que un perro? ¡Pues no!

—Así es —logró decir entre los reclamos de Dan y la cara de estupefacción del castaño fue tal que hasta paro de hablar, se había quedado estático con la facilidad con la que Shun le había contestado, como si no le importaran nada…—. Eso creí. Estúpidamente creí que si yo dejaba el tema de mi madre atrás, ustedes lo harían… que saliendo yo de sus vidas ustedes no tendrían por qué preocuparse de ella ni de mí. Que todo volvería a la normalidad.

El castaño no lo resistió más, se estuvo conteniendo porque era obvio que el temor de su madre era aquella que estaba apunto de pasar. De tres zancados acortó la distancia entre él y Shun y sin miramientos le dio un tremendo golpe con el puño derecho.

—¿Tan poca cosa consideraste nuestra amistad? —siseó viéndolo con despreció. El otro tenía cara viendo hacia la izquierda, pues no la movió.

—¡NO IDIOTA! —regresó el golpe. Por la fuerza Dan tuvo que retroceder unos pasos— ¡No lo hice por eso!

—¡Entonces porque! —exclamó sin entender las intenciones de su amigo.

Lo notó tensarse ante la pregunta, como si hubiera sido algo indebido. Igual se relajó al instante, pero notó que había cambiado algo en su semblante.

—Tenía…. Yo… tenía, miedo —dijo lo último en voz muy baja.

—¿Qué dijiste?

—¡QUE TENÍA MIEDO!

Dan lo soltó al instante por esa declaración. No iba a negar que no lo creí, pues conocía a Shun y sabía que él era alguien que enfrentaba todo con la frente en alto, sin dudar o titubear. Claro, no por impulsividad, como él mismo haría, sino porque podía pensar con la cabeza fría.

Miró a Marucho, quien se había quedado muy al margen de la situación -tal vez a petición personal de Shun-, y lucía consternado por lo que fuera hacer a continuación.

—Tenía miedo mis propias emociones —respiro hondo—. En ese momento, sólo quería que todo fuera igual que antes, pero era imposible —su tono de voz fue más bajo—, y lo traté, pero… estar con ustedes sólo me haría recordar aquello que quería dejar atrás.

Dan no dijo nada más, dio la media vuelta y se fue, dejando a sus dos invitados. El coraje que sentía seguía ahí, atorado en el nudo de su garganta. Al fin lo sabía. La verdadera razón por la que Shun los había dejado, y no podía evitar sentirse mal, porque tuvo que pasar todo un año para que al fin se dignara a decírselos. Además, porque sentía que tuvo que haber sido un horrible amigo por no haberse dado cuenta de ello y no poderlo haber ayudado a superar su miedo.

Tal vez a ojos de todos él había logrado ignorar la presencia de Shun por completo, más no lo había olvidado. Sólo que prefirió conservarlo como un mal recuerdo del que debes aprender. Y ahora venía Shun…

—¡Dan!

Apenas oyó su nombre se volteó para encontrarse con Shun.

—Yo no podía… aunque quisiera, no podía estar con ustedes. Lo juro —parecía consternado, pero la seriedad de sus palabras resaltaban su sinceridad—. Tenía que estar bien yo primero.

Se miraron el uno al otro por unos cortos segundos. El tratando de entender las decisiones de su amigo y el otro esperando su respuesta.

Julie fue una gran ayuda, no lo niego. Si no la hubieras visto, no hubieras aceptado que me necesitabas ¿Recuerdas la opresión cuando viste que se iba? Tuviste dos opciones Shun… dejar que se fuera o llamarle. Y debo decir que me sentí orgullosa cuando estiraste la mano más y gritaste su nombre… si eso hiciste, le gritaste. Pero no sólo a ella, a mí también. ¡Habías enfrentado tu miedo por tus amigos! Seguiste hablando con ella a pesar de que percibías lo que eso ocasionaba en tí, y al final, te quedaste más con ella, porque querías estarlo. Fue a partir de ahí que supe que SI me querías a tu lado, así que busque volver contigo una vez más.

La armoniosa melodía se escuchaba por toda la habitación. Con sus finas manos tocaba las teclas del piano con una facilidad y una gracia envidiable para el músico más prodigioso, pero eso jamás le interesó a ella. Tocaba, sólo por el amor a la música y la relajación que esta le daba. Se transportaba a otro mundo, uno perfecto donde su mente era guiada por la composición de las notas.

Algo la perturbó. Un toquido. Se detuvo al instante, buscando con la mirada por la sala hasta que lo notó al instante, en la puerta, con el nudillo aun sobre el marco de madera de esta. Ahí estaba él, con su expresión seria de siempre. Sus ojos miel viéndola con atención.

—¿Shun? —se paró al instante de su lugar delante del piano, las manos le temblaban un poco.

—Tu abuelo me dejo entrar —dijo, adentrándose más a la sala finamente decorada con muebles de caoba y sillones del más fino material que pudo haber visto. Si había algo que caracterizaba el gusto del abuelo de Alice era lo sofisticado que era.

La joven pelirroja no podía creer que en serio estuviera frente a él. Hace tanto que no lo veía, desde… aquello.

—¿Pasó algo? —fue su pregunta. Tenía que ser una verdadera emergencia para que viniera a verla después de la fuerte decisión que había tomado.

—Paso —empezó él, titubeante, algo que Alice nunca había visto en él. Nunca— paso que fui un cobarde.

Alice, se sorprendió ante lo dicho por él. ¿Estaba bien, Shun? A sabiendas de que esto podría tomar cierto tiempo decidió ofrecerle asiento en un sillón, pero el se negó.

—Sólo quería decirte que lamento mucho… pero mucho —agregó, mientras la veía directamente de una manera forzada.

—No tienes porque —le interrumpió, notando su cara de impresión, así que volvió a hablar—, sé que jamás fue tu intención —sonrió con dulzura—. Sólo querías que dejáramos de preocuparnos por ti. Lo entiendo. Dan, tal vez no tanto…

—Si ya me di cuenta —mencionó con ironía, a lo que ella rió levemente—. Pero aun así, no tenía porque…así que quería…

—No lo fuerces —fue su consejo. Su mueca de confusión le provoco ternura… cosa que no le diría en su cara—. Dan me habló —empezó a decir—, me dijo que fuiste a hablar con él, que estaba Marucho contigo. Has hablado con todos ¿cierto?

—Casi —contesto, llevando sus manos a los bolsillos y desviando la mirada, pero sus hombros estaban tensos.

—Shun, no hay necesidad de que me lo digas. En serio. Sí me asustaste mucho, pero logré entender tus intenciones. Entiendo que quieras hacer las cosas como se deben, pero si no puedes en estos momentos por mí está bien, hazlo cuando estés listo —lo vio relajarse un poco, por lo que agregó —Dan, piensa igual. No niego que le tomará tiempo… bueno, a todos nosotros a decir verdad —atinó a decir—, pero esto que haces ya es un gran paso, uno muy significativo.

—Las cosas no volverán a ser iguales —cometó, en forma de advertencia del largo camino que tendrían que recorrer no sólo él, sino los seis.

—No, iguales no… mejores sí.

Y le sonrió. Un gesto que para ella significaba mucho viniendo de él después de todo lo que había pasado. Porque era el tipo de sonrisa que ella le regaló a su abuelo cuando había podido aprender a vivir y seguir adelante. Y que Shun se la ofreciera a ella quería decir que él estaba listo para tomar de nueva cuenta un camino que había abandonado.

Tenía que volver a darte las pistas para que pudieras descubrirlo por tu cuenta. Así que hice que me recordaras, como nos vimos por primera vez, cuando me abandonaste y te dieras cuenta de que no fui producto de tu imaginación, sino de lo más profundo de ti. ¿Crees que no sabía que tan confundido estabas? Claro que sí, Shun, pero sino pudiste aceptarlo por la manera fácil tendría que ser de la difícil… que bueno que lo lograste al final.

Sus pasos lo llevaron a aquel lugar que aún tenía duda si significaba en realidad aquello que vivió, o sería sólo producto de su ya bizarra, y ¿porque no?, retorcida cabeza.

El sol se volvía a poner, como cuando fue por primera vez hace unos días. Cuando aún tenía dudas de lo que hacía, cuando tenía miedo, cuando estaba "incompleto". El edificio lucía absolutamente igual que la última vez: abandonado.

Sin mucho más por hacer, se sentó en los escalones a la entrada, apoyando las manos por detrás de él en el escalón que seguía. La brisa sopló, chocando con su piel. Esa sensación de frescura le parecía increíble, ahora más que antes. Inhalo profundamente y después soltó el aire de sus pulmones, con un gusto singular.

—Veo que te ha ido bien —dijo una voz a su lado. El giro la cabeza para verla sentada dos escalones más arriba, con las piernas juntas y ambos brazos sobre su regazo, luciendo el traje verde de siempre. Y un par de hermosas y deslumbrantes alas de color verde saliendo de su espada.

—Algo —fue su respuesta, regresando su vista al frente, no viendo nada en particular—. Aún estoy batallando.

—No es fácil, ya te había dicho. Estuviste desensibilizado por poco más de un año. Ósea, encima de que eras un poco frío y seco. Imagínate ahora —y lanzó una leve risilla.

—Ellos… lo tomaron muy bien.

—Eso te alegra ¿o no? —el asintió— Con tu abuelo las cosas estan mejor también ¿cierto?

—Sorprendentemente me entiende más que todos ¿Algo tiene que ver con que sea mi abuelo? —preguntó al aire, no esperando que le respondiera, al menos no con su voz—, ¿Es igual que yo?

—Mucho —contesto ahora en voz alta. Se levantó de su lugar, y bajo los escalones que la separaban de él y se sentó a su lado, más no lo miró—. Si quieres preguntar algo, hazlo, no tengas miedo a eso. Ya viste lo que el miedo a preguntarte puede causar.

El suspiró que lanzó fue uno muy cansado, se llevó su mano desde su frente hasta su nuca albortando su corto cabello. Supuso que lo que venía se le dificultaba casi tanto como armarse de valor para volver con sus amigos.

—¿Por qué te abandone?

—Porque te frustraste con la vida —fue su respuesta, rápida y concisa. Y le creyó, porque sólo ella podría darle la respuestas que el buscara en lo más produndo de sí—.Tú no supiste como vivir, después de "deducir" que todos pasamos por un mismo ciclo que inevitablemente termina. Asumiste que nada valdría la pena al final, así que te pareció innecesario todo ese sufrimiento y dolor, por lo que empezaste a sentir que la vida era una obligación más que otra cosa, obligación que para cumplir preferiste cumplir de la mejor manera posible. Y que mejor manera que la rutina, pero no cualquier rutina, una rutina donde el recuerdo de tu madre no te acechara para poder regresarme a mí… si que a eso le puedes llamar vida.

—Me perdi en la rutina…

—Así es… por eso no recuerdas detalles, como que tu abuelo te preguntara que lo acompañaras a hacer las comprar, el acercamiento entre Alice y Dan, la noticia de que salían, el corte de pelo de Julie.

—Pero noté a Runo.

—Porque verla llorar de aquella manera fue un fuerte suceso para ti. Como te dije, aquel día en el cementerio… fue a partir de entonces que decidí que podía regresar.

—¿Y porque nunca te fuiste?

—¡Como haces preguntas! —exclamó ella cansada, viéndolo al fin, el la miro también con una mirada que obviamente demandaba una respuesta, ella suspiró fingiendo desilusión— Porque existía Shun, ya te lo dije una vez, existir es derecho suficiente. Hay personas que llegan a un punto en el que ni eso les bastas, se tiran a un abismo que ellos mismos hicieron y del que no pueden salir, donde yo ya no los puedo alcanzar —ambas miradas regresaron al frente—. Sus seres queridos luchan por traerlos de regreso pero ya es demasiado tarde, y la historia termina en tragedia.

—Si ellos mismos no pueden salvarse, no pueden esperar que los demás lo hagan…

—Así es. Quien espera ser salvado, lo será. Quien no… ha perdido todo.

La luz del sol se iba perdiendo, las primeras estrellas aparecían en el firmamento y los faroles de la calle se encendían uno a uno. Para Shun, ese sería un momento que guardaría en su memoria por siempre, el resto de su vida. Y cuando volviera a vivir alguna otra adversidad, lo recordaría, después saldría adelante, con todo lo que esto conllevara: lágrimas, sufrimiento, heridas… porque al final valdría la pena.

Al final estaba ahí, de pie respirando, existiendo

Su mirada se posó en Fabia.

Sintiendo…

Podía con lo que fuera.


Fin


Agradezco inmensamente a todos aquellos que me acompañaron desde el inicio, a quienes llegaron a medio camino y quienes hasta ahorita nos encontraron :)
Y obviamente a mis queridos reviewers que sin ellos no hubiera tenido la perseverancia de llegar aquí y me animaron tanto *3*

Con esto finaliza el Enigma de la Mariposa.

Si les interesa conocer un poco más de lo que pienso al respecto, los invito, con toda confianza a que lean mis palabras finales. El link lo encontrarán en mi Profile, en la sección de mis fics, donde diga "El Enigma de la Mariposa"

EDIT: Otra cosa que olvide agregar: El maestro de cermonias del circo, en efecto es Spectra, pero con otra máscara ;D. Y quienes acompañaron a Fabia, los que "la salvaguardaron" eran Mira y Shadow Prove (La mariposa roja y morada que Shun vio cuando tuvo el incidente con Alice y Dan).

En fin... Lo siguiente es una escena consecuente que a su gusto, puede pasar o no...

Para mí pasó :)


—Por cierto… ¿Qué hago aquí?

—Esperamos a alguien.

Iba a preguntar quién, pero el sonido de unos pasos que se escuchaban a su izquierda lo distrajeron. Al ver quien era se impresionó de ver a la pequeña Maron, con un traje parecido de Fabia pero en tonalidades naranjas y café. Y para su sorpresa, de su espalda emergían dos bellas alas de mariposa café. Un color que no era llamativo, pero no importaba, porque había algo en Maron que simplemente llamaba la atención. Hasta podía apostar que si el volvía a ver aquel espectáculo de circo, y Maron estuviera ahí, resaltaría sin duda alguna entre todos ellos, inclusive entre Fabia, y eso que ella era valiosísima para él.

—¿Ya Fabia? —pregunto animada.

—Ya Maron —dijo la chica levantándose. Shun la imitó.

—¿Te vas?

Ella rió.

—Sabes que yo no voy a ningún lado, tonto.

—Tú sabes a lo que me refiero.

Ella miro al cielo, como si la respuesta estuviera en las estrellas.

—No creo… ya resolviste el enigma después de todo. Aunque si vuelve a ver dudas, Maron te puede ayudar ¿verdad?

—Así es —la pequeña se giró a ver a Shun—, gracias por haberme permitido estar contigo, cualquier cosa no dudes en acudir a ella.

—¿Ella? —cuestionó sin entenderlo.

—Dígamos —empezó Fabia mientras subía los escalones seguida de Maron—, que así como estoy yo para ti, esta Maron para alguien. La diferencia está, en que Maron es una niña…

—Los niños entran gratis al circo, acompañados de un adulto —recitó la pequeña como aquella vez que vio a Shun.

Cuando ambas estuvieron en la entrada de aquella escuela abandonada se giraron a ver a Shun.

—No es una mera herramienta de propaganda —hablo Fabia, sonriéndole con aprecio— Los niños pueden ver cosas que los adultos no, viven sin preguntar el porqué, sienten sin temor a ser juzgados…

Shun miro a Maron una vez más, ella igualmente le sonreía. Él le regresó el gesto. Entendiendo un poco el papel de la niña en esa extraña historia de él.

"[…]pero un sentimiento nuevo te ayudo a llegar a lo más profundo de ti, sentimiento que pocos logran conocer."

¿Shun?

Una voz que venía de la misma dirección de donde vino Maron lo sacó de sus pensamientos, prestó atención a quien lo llamo, no sin antes, percibir un guiño de parte de Fabia.

—¿Julie? —Preguntó contrariado de verla ahí, de todos los lugares de la ciudad—. ¿Qué haces aquí?

—Vine por un encargo para mi abuelo, vive por el barrio antiguo, a tres cuadras de aquí —levanto ambas manos con una gran bolsa en cada mano—. Me quedo con ella porque mis padres salieron de viaje a ver a mi hermana… ¿Tú que haces aquí?

—Yo… —miro disimuladamente a la entrada. Ni una de las dos estaba— daba la vuelta por ahí.

—¿Entonces no estas ocupado verdad? —el negó— Entonces no seas malo y ayúdame con estas –expresó con fastidio, refiriéndose a las bolsas.

Resopló nada contento con la petición. Pero… ¿ya qué? Extendió ambas manos y la chica gustosa le pasó ambas bolsas.

Ambos empezaron a caminar, su amiga a la delantera, y mientras se iba, Shun regresó la vista una última vez a aquel extraño edificio que fungió como síntesis de sus sentimientos perdidos. Y con gusto pudo observar dos mariposas revoloteando, una verde y otra café. Brillando con intensidad, tal cual gemas preciosas reflejadas a contra luz.

Las gemas más bellas y valiosas que poseerá, y le acompañaran en toda su vida.