esta historia pertenece a Anne Eames adaptada a los personajes de crepúsculo

Argumento:

Trabajar en un banco de esperma tenía sus ventajas. Bella Swan podía quedar embarazada sin tener que esperar a su príncipe azul. Pero una vez puesto en marcha el "proyecto niño", Bella conoció al donante, un guapo médico llamado Edward Cullen. Y la atracción entre ellos fue innegable.

Después de una noche de pasión, Bella descubrió que estaba embarazada. Pero las cuentas no salían y Edward pensó que, ni él era el padre del niño, ni ella tan inocente como parecía. Bella tendría que convencerlo de que aquello no era ninguna trampa para casarse con él; sencillamente, el destino y la medicina moderna habían conspirado para reunir a dos almas gemelas...

Capítulo Uno

– ¿Qué?

–Que voy a tener un niño –repitió Bella, disfrutando de la expresión de perplejidad en el rostro de su hermana Rosalie

– ¿Pero cómo...? ¡Yo ni siquiera sabía que tuvieras novio! –exclamó su hermana, al borde del colapso. Bella decidió aclarar la situación.

–He dicho que voy a, no que estoy –explicó, apartando el plato de ensalada.

Rosalie se apoyó en el respaldo de la silla y echó un vistazo por la abarrotada cafetería del hospital de Detroit. Probablemente, para comprobar si alguien escuchaba la conversación, pensaba Bella, incapaz de borrar la sonrisa de su rostro.

–No tiene gracia –dijo Rosalie, intentando mostrarse seria. Me has dado un susto de muerte.

– ¿Por qué?

– ¿Embarazada antes de contraer matrimonio? Mamá se levantaría de su tumba.

– ¿Antes de contraer matrimonio? –rió Bella. Esa es una expresión del siglo pasado.

–Los principios siguen siendo los mismos –replicó Rosalie, mirando a su hermana con cara de reprobación.

Bella miró la novela que había al lado de su plato. Si pudiera encontrar un hombre como el de aquellas novelas, pensaba.

–Creí que querías mantenerte virgen hasta que llegara tu Príncipe Azul.

–Y ese sigue siendo el plan.

Rosalie la miró, confusa.

– ¿De qué estás hablando, Isabella Swan?

–Bueno, ya sabes que trabajo en una clínica de fecundación asistida...

– ¿Y qué tiene eso...? –De repente Rosalie abrió los ojos como platos – ¿No querrás decir...?

– ¿Por qué no? Allí puedo conseguir lo que necesito... –siguió diciendo Bella, para escándalo a su hermana.

–Por favor, Bella, ¿para qué necesitas tú un banco de esperma? Solo tienes veintiocho años...

–Ya, pero dentro de un mes cumpliré otro año más –la interrumpió ella.

– ¿Ese es el problema? ¿Te sientes mayor?

Bella negó con la cabeza.

–Nunca pensé que a mi edad seguiría soltera. Y no me digas que sigo siendo una niña. .

–Pero lo eres. Aún te queda muchísimo tiempo.

Eso era lo que Bella solía pensar. Pero en su mente seguía apareciendo la fantasía que había acariciado durante años; la imagen de un hombre fuerte y, a la vez, sensible, que se enamoraba locamente de ella. Casi podía ver sus ojos: intensos, sinceros. Y llenos de amor.

Bella miró la portada de la novela.

Exactamente como los de aquel hombre.

–No te ofendas, Rosalie, pero tú pensabas que tenías todo el tiempo del mundo y mira lo que has tardado en tener un niño –dijo Bella en voz baja –. Tenías casi cuarenta años cuando quedaste embarazada. ¿Recuerdas los años de ansiedad, por no mencionar el dineral que os habéis gastado Emmett y tú en tratamientos?

Rosalie asintió con desgana.

– ¿Cómo voy a olvidarlo? Si no hubiera sido por la herencia de mamá, aún seguiría pagando el préstamo... aunque no me quejo. Keri se merece cada céntimo que nos hemos gastado.

–Estoy de acuerdo –sonrió Bella, recordando las sonrosadas mejillas de Keri. Si quería tanto a su sobrina, ¿qué sentiría por un hijo propio? Siempre le habían encantado los niños y no tenía dudas de que iba a hacer lo correcto. Sería una tonta si esperase al hombre de sus sueños. Además, ¿qué posibilidades tenía de encontrarlo? Era hora de tomar cartas en el asunto y se daba cuenta de que su hermana empezaba a entenderla. Y no te olvides de Alice. Ella no tuvo tanta suerte como tú. Tommy es un cielo y ella lo quiere como si fuera hijo suyo, pero las dos sabemos que la adopción es el último recurso, cuando todo lo demás ha fallado.

Rosalie tomó la mano de su hermana.

–Cariño, que yo haya tenido problemas para quedar embarazada no significa que tú los vayas a tener.

–Ya, pero no quiero esperar hasta el último momento para saberlo. Además, no he conocido a un nombre decente en dos años. Dentro de nada tendré treinta y seguiré intentando quitarme de encima a algún petardo. Por favor, compréndelo. Necesito que me apoyes.

Bella miró a Rosalie, esperando que entendiera la seriedad de su decisión.

–Veo que estás decidida –suspiró su hermana por fin –. Bueno, si lo que querías es mi bendición, ya la tienes.

Bella hubiera deseado saltar de la silla para abrazarla.

–Gracias, Rosalie. Significa mucho para mí –sonrió, aliviada. ¿Qué crees que dirá Alice?

–Probablemente lo mismo que yo. Primero dirá que estás loca y después que hagas lo que creas mejor. Nunca hemos sido capaces de decirte que no a nada, hermanita, y tú lo sabes.

Hermanita. Ese era el problema. A veces se preguntaba si su deseo de tener un hijo no era una forma de hacer que sus hermanas dejaran de verla como una niña. Siempre la habían tratado de ese modo, aunque llevaba siete años viviendo sola y le iba muy bien. Excepto en las relaciones amorosas. Los hombres seguían siendo un enigma para Bella.

–Y hablando de Alice –dijo, cambiando de conversación –. ¿Qué pasa con el traslado de Jasper a Detroit?

–Pensaba que lo trasladarían antes de Navidad, pero tienen que esperar hasta la primavera –contestó su hermana, mirando a su alrededor. Por cierto, ¿te has molestado en echar un vistazo? –susurró. En este hospital hay un montón de hombres guapos y no creo que todos estén casados.

Bella suspiró, frustrada. De nuevo, aquel tema de conversación.

Ella no estaba buscando un médico porque seguro que se creería Dios. La experiencia se lo había demostrado. Y si, además, era guapo, lo mejor era olvidarse del asunto. Probablemente tendría un ego del tamaño de Saturno.

Pero Rosalie pensaba de forma diferente.

–Mira ese rubio, el alto de la esquina.

–Por favor, Rosalie. Debe medir dos metros. Justo lo que me hace falta; un hombre que mida cuarenta centímetros más que yo.

– ¿Y ese con pinta de estudioso, el de las gafitas? –insistió Rosalie.

–Es homosexual.

– ¿Cómo lo sabes?

–No lo sé –rió Bella. Pero podría serlo. Mira, que el asunto volvería a aparecer. Su hermana era inasequible al desaliento…

– ¿Qué?

–Baja la voz –dijo Edward, mirando a su alrededor. Me has oído perfectamente.

–Pero, ¿por qué vas a hacer... eso? –preguntó Jacob, escondiendo la cara detrás de su vaso de zumo, como si temiera que alguien fuera a leer sus labios.

Edward rió suavemente.

–Porque es rápido, fácil y te pagan muy bien. No todos hemos nacido en una cuna de oro como tú, Jake.

– ¿Y cuántas veces... lo has hecho? –preguntó Jacob.

–Hoy va a ser la primera vez. Hay una clínica de fecundación asistida en la nueva ala del hospital y voy a ir en cuanto termine de comer –contestó Edward, preguntándose si habría hecho bien al contárselo a su amigo.

– ¿Y no tienes miedo de que alguien te reconozca?

–Por favor, Jake, no voy a cometer un crimen.

–Pero tienes una reputación que mantener. Eres médico...

–Apenas.

–Bueno, somos interinos en hospital, pero aún así...

–Mira, no voy a ir con la bata puesta. Me cambiaré de ropa y entraré por la puerta principal, como si llegara de la calle. Si alguien me ve, que me vea –se encogió Edward de hombros. Pero tampoco pienso anunciarlo.

Jake soltó una carcajada.

–Ya me puedo imaginar las bromas: « ¿te has enterado de la visita de Edward al banco de esperma? Sí, me han dicho que se gana el sueldo con el sudor de su... mano».

–Muy gracioso –dijo Edward, dando un último mordisco a su bocadillo. Tengo que irme. Hablaremos luego.

–Te diría: «No hagas nada que yo no haría», pero...

–Y así es. Porque me van a pagar por ello –sonrió Edward, tomando su bandeja. ,

Hubiera deseado estar tan seguro como le había hecho creer a Jacob, pero en realidad, tenía el bocadillo atragantado.

Y Jake tenía razón sobre una cosa. Si sus compañeros se enteraban de lo que iba a hacer, pasarían un buen rato a su costa.

Esta historia es una adaptación por si se encuentran con algún error soy humana y me puedo equivocar Jajá! Saludos a mi inseparable Karen Montoya I love Amiga