Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer.

Nota: Contenido sexual explicito, solo mayores de edad.

Summary: Las amigas te preparan citas a ciegas. Las auténticas amigas te preparan tus fantasías…

Bella ha finalizado recientemente una relación horrible. Lo último que necesita es la ayuda de sus amigas para encontrar una nueva. Cuando la presionan para que comparta sus fantasías, inventa una que piensa nunca podría realizarse. Después de todo, los vampiros no existen. ¿Verdad?

Incorrecto. Y Edward Cullen es la prueba. Él ve los pensamientos de Bella y conoce sus fantasías más oscuras. Lo que necesita Bella es alguien que traiga esposas así como también rosas, y que vea las posibilidades ofrecidas por su naturaleza sensual y otorgante.

Con toda la electricidad chispeando entre ellos, y un poco de furtivo fisgoneo mental, Edward sabe que ella también le quiere. Solo que no sabe si ella sentirá lo mismo una vez que se entere de sus hábitos nocturnos y su dieta líquida…

Capítulo Uno

—¡Dios mío, deberías haber visto su cara! Pensé que los ojos iban a salírsele de las órbitas.

La risa sacudió los hombros de las cuatro mujeres en el cuarto, mientras la quinta cortaba la carne con suaves movimientos.

—¿Bromeas? ¿Y perdiste algún segundo en contemplar ese magnífico pedazo de hombre?

—Nuestra Alice nunca haría algo tan tonto. —Rosalie llenó su copa de la botella casi vacía del merlot y sonrió abiertamente con astucia—. Además, si sus ojos se hubieran salido, probablemente habrían aterrizado justo en su barbilla. Creo que estaba en el suelo por aquel punto.

Angela se rió.

—¡Eso explica los charcos, entonces!

—Eyy —protestó Alice con fingida dignidad, terminando el vino blanco de su copa—. No hubo ningún charco implicado. Al menos, no al comienzo.

—Y no consistían en babeos de todos modos —remarcó Jessica jocosamente mientras seleccionaba un trozo de queso Havarti del plato sobre la mesa delante suyo—. Espero que aquellas sábanas de seda tuyas no se hayan manchado, querida Alice.

—Y si lo están no quiero saberlo. —Isabella Swan se rió y se levantó de su silla en la salita de estar del apartamento. Pensaba que todavía podían quedar un par de botellas de vino en la cocina. Podría abrirlas y, si la compañía no era suficiente excusa, la humedad y el tiempo primaveralmente triste podrían serlo—. Existe algo llamado demasiada información, lo sabes.

—No lo hay —le gritó Rosalie a Isabella para asegurarse de que la oiría desde el otro cuarto—. ¡Las amigas comparten todo, Bella!

—Mm, sobre todo las partes sucias —ronroneó Jessica. Sus cejas suaves y oscuras se movieron provocativamente y extrajo otra risa en el grupo.

Incluso Bella reía mientras sacaba la última botella de vino blanco de la nevera y otra de tinto de la barra de desayuno que separaba su diminuta cocina del res¬to de su apartamento. Preparada para recibir la noche de las chicas cada quince días, las cosas esta noche se habían puesto algo subidas de tono. Bella y sus cuatro íntimas amigas habían consumido una tabla llena de bocadillos y más de media caja de vino, y esto en sólo un par de horas. No era sorprendente que sus conversaciones hubieran ido directamente al tema.

—No entiendo las partes sucias —comentó, mientras ingresaba con el vino y alcanzaba el sacacorchos—. Pensé que eso era para películas pornográficas y las novelas románticas.

—Sabemos que nunca entiendes las partes sucias. —Jessica dio un codazo a la copa de vino de Bella y sonrió maliciosamente—. Es por eso que estoy haciendo señas, para que tú, mi querida Isabella, seas nuestro próximo proyecto.

La sugerencia encontró un medio segundo de silencio seguido de despiertas aclamaciones de cada una, menos de Bella.

—Oh, no —protestó Bella, olvidando totalmente su lucha con el corcho—. No voy a ser tu siguiente víctima. Escoge a otra. —Sus ojos se habían abiertos amplios y nerviosos y ella sacudía su cabeza con vehemencia. Desesperada, miró a sus viejas amigas en busca de una salida—. Elige a Angela. Este debería ser el turno de Angela…

—De ninguna manera, muchacha. Angela ya tuvo su turno. —Rosalie contempló rápidamente el cuarto y apretó los labios—. De hecho, ella ha pasado dos turnos. Todas los hemos tenido. Tú eres la única que no ha tenido aún ninguna Fantasía Caliente.

—Tal vez no estoy preparada. —Sus protestas cayeron en oídos sordos, aunque no es que hubiera esperado demasiado. Nadie podría decir que Rosalie Hale abandonaba una idea, esa era la razón por la que las Fantasías Calientes habían comenzado en primer lugar. Rosalie iniciaba una tormenta de ideas, hasta que Jessica se lanzaba rápidamente a apoyarlas, y ya que todo el asunto había nacido en otras noches de chicas después del consumo ritual de alcohol, Angela y Alice se unieron inmediatamente a la mayoría. Incluso Bella había votado por hacerlo. Entonces, ella no pudo ver los posibles daños. Ahora bien podría darse una patada.

La Fantasía Caliente comenzaba cuando demasiadas bebidas conducían la charla hacia fantasías, en particular, fantasías sexuales.

—¿Has tenido una alguna vez?, —quiso saber Jessica—. ¿Una de esas llenas de vapor que no quieres que nadie conozca.

Rosalie se mofó de esto.

—¿Cuándo conseguiría yo esa posibilidad? ¿Y con quién? Bella es la única de nosotras con una relación a largo plazo. Tengo suerte si puedo hallar a un tipo para hacer algo bueno con él.

—Aunque no sé si eso hace a Bella afortunada —observó Alice—. A veces es aún más duro hacer realidad tus fantasías con un compañero real que con alguien que no conoces. Hay más en juego. Personalmente, si voy a confesar que quiero disfrazarme con cuero rojo y hacer que algún pedazo de hombre me llame Ama, creo que prefiero hacerlo con un desconocido.

—¿Ama, ¡eh! —Angela se rió tontamente y sonrió abiertamente—. Vaya, muchacha. Yo no te hubiera imaginado en ello, pero creo que me gusta este lado tuyo. Aunque tienes razón; con extraños es más fácil.

—Exactamente —estuvo de acuerdo Rosalie—. Además, si le muestras tus cartas a un enamorado, él va a querer estar en tu fantasía. Los amantes quieren meterse dentro de tu cabeza. Al menos, si tienes tu fantasía con un extraño, puedes conseguirla por completo, sin preocuparte que él esté gimiendo por querer ser el Emperador esta vez.

Todas se rieron, excepto Jessica. Ella tenía esa mirada.

—¿Sabes, Alice?, —dijo ella despacio—, conozco a alguien, un verdadero pedazo de hombre, que amaría la oportunidad de llamar alguien amante sin tener que pagar por ello o hacer la cosa a largo plazo. Tal vez podría engancharos a los dos.

Angela se rió.

—¿Jugando a casamentera, Jessica? Sabes que he estado buscando a un montañés agradable que me secuestre y me meta en su cabaña durante un fin de semana o dos. ¿Conoces a alguien así?

—No conozco a nadie para Jessica, pero hay algo que sí sé —intervino Rosalie—. Yo podría ayudarte con esa fantasía. De hecho, apostaría que si unimos nuestras cabezas podríamos echarnos una mano entre nosotras. Todas, las cinco. Apuesto que cuatro de nosotras podríamos encontrar el medio de hacer realidad la fantasía de la quinta. Hacer posible que ella viva sus fantasías. Darle una Fantasía Caliente.

Había sido el principio del fin. Un voto había revelado que cinco de ellas estaban lo suficientemente borrachas y lo bastante locas como para consentir en ayudarse unas a otras a encontrar el modo de vivir sus fantasías. Habían preparado un plan, reunido cinco fantasías de cada miembro del grupo y sumergido de cabeza en ellas. Reuniendo sus cabezas, las cinco amigas encontraron que conocían una gran cantidad de hombres horribles que encajaban en las visiones del amante de fantasía de casa una. Después de eso, hacer los arreglos había sido fácil. Entusiastamente cada mujer se había ido turnando para representar una de sus cinco fantasías con uno de los solteros elegibles en el Fondo de Fantasía. Bueno, cada mujer había tomado su turno excepto Bella.

Entonces la idea vino junta, Bella todavía estaba viendo a Jacob, todavía estaba viviendo con Jacob… lamentablemente, entonces ella había estado exenta. La habían saltado y Bella les había dicho que no necesitaba a un amante de fantasía cuando tenía uno verdadero que dormía a su lado cada noche. Ella no sabía que, mientras Jacob dormía a su lado cada noche, también se follaba a la recepcionista en su oficina cada tarde. Su relación no había seguido más allá de dos turnos. La separación había ocurrido hacía cuatro meses, y mientras Bella había llegado finalmente a la etapa donde podía confesar que estaba mucho mejor sin el cerdo imbécil, no se sentía completamente lista para una Fantasía Caliente.

Por supuesto, intentó decírselo a sus amigas.

Y eso hizo. Lo intentó realmente, realmente con fuerza. Sólo que ellas rechazaron escucharle.

—Trae el sombrero —instruyó Rosalie a Angela mientras Alice tomaba la botella de vino de las manos de Bella y terminaba de abrirla—. ¿Quién tiene la custodia de las fantasías de la señorita Swan?

Cuatro mujeres se miraron la una a la otra, y Bella tuvo la breve esperanza de que sus fantasías se hubieran perdido en el éter y pudieran olvidarse de toda esta idea insana.

—No las traje —confesó Angela—. No sabía que Alice había terminado, así que pensé que no las utilizaríamos esta noche.

Bella comenzó a sonreír abiertamente.

—No importa —desechó Jessica—. Sólo consigue pluma y papel. Puede preparar cinco nuevas. Conociendo a nuestra vergonzosa y generalmente monógama amiga, la fantasía anterior probablemente era la de un desagradable y poco confiable hombre de todos modos.

Bella sintió el primer escozor de pánico. A sus amigas nunca les había gustado Jacob, tampoco a Bella en estos días, pero eso no significaba que se sintiera lista para saltar a la cama con un desconocido.

—Sabes, realmente creo…

—Que tienes que hacer esto bien, muchacha —interrumpió Rosalie firmemente, dando a Bella papel y pluma—. Ahora es tu oportunidad de vivirla. Consigue tu fantasía.

Angela volvió al grupo y sostuvo el sombrero de paja que tenía guardado en el armario del pasillo de Bella.

—¿Quién va a sacar?

—Yo lo haré —se ofreció Alice y puso su copa llena sobre la mesa—. Ya que fui la última que la tuvo.

Bella sentía que el control ya nebuloso de su propio destino resbalaba permanentemente de sus manos.

—Esperen un minuto, chicas. No estoy tan segura de que esto sea realmente una buena idea. Tal vez no estoy lista para ello. Tal vez tengo que terminar esta cosa con Jacob.

—Confía en mí cuando te digo, querida, que el mejor modo de terminar con ese asno es sacarlo directamente de tu memoria. —Confía siempre en que Jessica te presentará todo en blanco y negro. Nunca vas a verla dar vueltas alrededor del arbusto—. Lo que no te veo es salir y buscarte alguien que te ayude con ello, ya es tiempo de que tus amigas busquen por ti.

—Pero…

—Para, Bells… —Rosalie sentó a Bella en el sofá y le dio una copa de vino grande—. Este es tu turno y no te echarás atrás esta vez.

Bella no consiguió siquiera la posibilidad de lanzar otro argumento antes de que Alice tomara su turno con la intimidación.

—No más aplazamientos. Tuviste tu oportunidad para vetar este arreglo desde que decidimos hacerlo, pero una vez que lanzaste tus fantasías, y comenzamos las rondas, te comprometiste.

Bella frunció el ceño.

—Debería comprometerme.

—Exactamente, ese es un punto realmente bueno —interrumpió Angela—. ¿Ella estuvo desde el principio en la ronda, verdad? Pero nunca tuvo su turno. Entonces creo —hizo una pausa para sonreír abiertamente a las otras mujeres— que Bella debería conseguir un doble tanteo. Dos fantasías por el precio de una, por así decirlo.

—¡Sí! —La exclamación de Rosalie anuló la protesta de Bella—. Será nuestro trabajo ver cómo encontrar el modo de hacer encajar dos fantasías juntas. No te preocupes, dulce. Encontraremos un modo de hacerlo para ti.

—Absolutamente.

—Será genial.

—Sólo confía en nosotras.

Bella calculó que significaba que estaba condenada, pero mirando la sólida pared de unión fraternal delante, también calculó que resistirse sería en vano. Y tenía razón.

—¡Escribe!, —pidió Jessica, señalando imperiosamente al papel en blanco en el regazo de Bella—. Necesitamos cinco fantasías, Srta. Swan, cuanto más fuertes mejor.

—Pero...

—Sin peros. Concéntrate en el blanco. —Alice sonrió abiertamente—. Y en pectorales, y abdominales y pollas.

—Y manos realmente talentosas.

Todas ellas rieron y Bella supo que su indulto había llegado a un odioso final.

Nunca podría escapar sin poner cinco fantasías en una lista y lanzarlas, y a ella, a la inexistente piedad de sus amigas.

—No veo la pluma moverse, Bells —la provocó Angela, moviendo las cejas—. Comienza. Esta es tu oportunidad para hacer todas esas cosas que ni siquiera estas segura que sean físicamente posibles.

Bella comenzó a decir que preferiría lo imposible, pero se detuvo cuando se le ocurrió una idea. Apretó sus labios y dio un toque a la pluma contra el papel.

—¿Hay alguna regla sobre estas fantasías? No puedo recordar todos los detalles que decidimos. Creo que estaba demasiado borracha.

—Algo, bebé. —Rosalie sonrió abiertamente—. Puedes pedir lo que quieras y, si no podemos conseguírtelo, tendremos que pagar la multa. Un mes de celibato cada una.

—Que no va a ser un problema, querida. Podemos conseguirte lo que quieras, Isabella, tan sólo piensa y escribe.

Bella estrechó sus ojos y obedeció la orden de Jessica. Sabía que se estaba vengando con las cuatro primeras opciones que escribió, pero encontraba este pequeño truco divertido, y encontraba la insistencia de sus amigas más que un poco molesta. Por lo que podía contar, un mes de abstinencia estaría bien para ellas. Tal vez eso conseguiría alejar sus mentes del sexo durante sesenta segundos consecutivos.

Aguantando una sonrisa, Bella rápidamente garabateó cuatro fantasías, cada una imposible de realizar por nadie, ni siquiera por sus creativas amigas... a menos que pudieran lograr encontrar a un vampiro, un alienígena, un yeti o a Elvis, todavía vivo, en forma y totalmente funcional. Todavía tenía que anotar una más, sin embargo se le habían acabado los titulares de Noticias Mundiales Semanales.

—Ah, no puedes decirme que no tienes bastantes fantasías —dijo Rosalie, plantando una mano en su cadera y fulminando a Bella con su mirada mientras la otra mujer luchaba por pensar en una petición imposible para terminar—. Tienes veintisiete años, chica, y los últimos dos los pasaste encadenada a Jacob el Chuco. ¡Ya has tenido más que tiempo para pensarlo!

—Estoy pensando…

—No pienses —pidió Jessica, sosteniendo el sombrero—. Fantasea. Ahora.

Bella puso los ojos en blanco. Ahora le daban una fecha límite. Hurgó en su cerebro otros diez segundos y siguió en blanco, pero cuando la buena de Angela comenzó a terminar por ella, escribió a toda carrera la primera cosa que vino a su mente y metió los cinco trozos de papel doblados en el sombrero. La última realmente era una de sus fantasías, pero las posibilidades que la sacaran no eran buenas, si los dioses la amaban nunca vería la luz. Abrazaría a un yeti antes de que alguna vez pasara.

La idea casi la hizo sonreír, pero no quería hacerse más sospechosa. Si se rendía demasiado fácilmente ahora, ellas sospecharían algo, y la harían escribir situaciones más plausibles. Colocó un ceño en su cara y pretendió padecer un enorme rencor.

—Bien. ¡Me rindo! Hagan su maldad —gruñó Bella, como si no tuviera ninguna intención de pedir perdón. Vació su copa de vino mientras sus amigas chillaban de regocijo, y luego alcanzó la botella de merlot y se vertió otro trago.

Alice se instaló en el canapé al lado de Bella y acarició su rodilla compasivamente.

—Anímate, saltamontes. Te amamos, y puedo garantizarte que te daremos una Fantasía condenadamente buena.

—Eso es lo que me da miedo.

—Bien, señoras. —Jessica estaba de pie delante de la mesita de café con el sombrero de Bella en su mano y una sonrisa alegre en su cara—. Puedo tener su atención, antes de comenzar. Desde que nuestras fantasías comenzaron a ser trazadas forman parte de cada una de nosotras. ¿Alice, quieres hacer los honores? Recuerda, necesitamos una doble extracción para la señorita Swan.

Alice sonrió abiertamente y se inclinó hacia delante para meter la mano en el sombrero que Jessica sostenía justo sobre sus cabezas.

—¿Puedo conseguir un redoble de tambores, por favor?

Rosalie golpeó sus manos en el borde de la mesita. «Como si no ya tuviera dolor de cabeza», pensó Bella, cruzando los brazos y metiendo la barbilla en el pecho como un niño irritado de dos años, luchando todo el tiempo por impedir que a sus labios se deslizara una sonrisa.

Con un floreo, Alice extrajo dos pequeños trozos de papel blanco del inte¬rior del sombrero y los frotó juntos como un par veinte crujientes dólares antes de traspasárselos a Jessica.

—Ábralos, señora.

—Gracias, Alice, querida. Ahora, ¿qué tenemos aquí?

Las otras tres mujeres se inclinaron más cerca mientras Bella pareció enfurruñarse en su merlot.

—¡Oigámoslo!

—Vamos, ¿qué dice?

—Apostaría que es algo extraño. Los tranquilos son siempre tan anti convencionales.

Jessica no hizo caso de ellas mientras leía... y una ceja cuidadosamente esculpida se arqueó en un perfecto arco... mientras sus labios se apretaban… ella silbó largo y bajo.

—Lo sabía ¡Hola!, —soltó Alice, perforando el aire en el énfasis—. ¿Qué les dije de los tranquilos?

—No tienes ni idea —ronroneó Jessica, alzando finalmente la vista para ver a Bella volverse de un peculiar tono magenta—. Vamos, Isabella Marie Swan, estoy impresionada. ¿Eres una completa y pequeña zorra, no es verdad?

—¿Qué es lo que dice?

Jessica sonrió.

—Esto dice que nuestra más querida amiga pensó que podría deshacerse de nosotras rápidamente. Lamento decepcionarte, querida Isabella, pero tendrás tu fantasía, te guste o no.

Angela frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

Jessica sostuvo un pedazo de papel y leyó en voz alta.

—Isabella dice que quiere ser «seducida por un vampiro, atractivo y misterioso».

Alice giró enfrentando a Bella.

—¡No es justo, Bells! Tus fantasías tienen que ser plausibles. ¡No puedes hacernos responsables por no poder encontrarte a alguien que ni siquiera existe!

Bella limpió la sonrisa de su cara, la que había aparecido cuando Jessica leía su fantasía. Lista para luchar.

—Silencio. No te cabrees, Alice, querida — calmó Jessica—. No estas destinada al celibato. Proporcionaremos a Bella lo que pidió.

Rosalie puso sus ojos en blanco.

—Demasiadas copas de ese vino, Jessica. Los vampiros no son reales.

—Sé que no y ya que Isabella está perfectamente sana (relativamente) ella también lo sabe. Si Bella realmente quisiera que le encontráramos un auténtico vampiro, estaría haciendo trampas, y sé que nuestra amiga nunca haría eso. Lo que significa que tendremos que visualizar su fantasía bajo una luz más creativa.

—¿Cómo…?

—Ya que lo preguntas. —Jessica ronroneó su respuesta a la pregunta de Angela, pero sus ojos nunca dejaron a Bella—. Sólo que resulta que sé de cierto club en el East Village que repite un acontecimiento regular los últimos viernes de cada mes. Ellos lo llaman El baile del Vampiro.

Alice se rió.

—¡Entonces podremos encontrarle a Bella un hombre allí! Ya que sabe que no puede tener un verdadero vampiro, tendrá que aceptar a un hombre que podría hacerse pasar por uno. ¡Jessica, eres brillante!

—Lo intento, querida.

—Sí, lo intenta mucho. —Bella frunció el ceño—. No puedo creer que te empeñes en llevarme con algún monstruo que no está dentro de la realidad, que pretende ser un vampiro para conseguirse unas patadas. Es patético.

La sonrisa de gato de Cheshire de Jessica se volvió acerada.

—Estabas de acuerdo con la empresa, Bella, y tú escribiste la fantasía. Estás ligada por las reglas como el resto de nosotras, a menos que quieras presentar algo más realista, esa es la fantasía que conseguirás.

—Una de ellas, de todos modos. —Bendito sea su corazón; Alice se metió entre las dos mujeres antes de que ellas pudieran llegar a los golpes—. ¿Qué dice la otra fantasía? ¿Quiere ser secuestrada por extraterrestres, o tener un niño del amor de Elvis?

Angela trataba de bromear sobre ello para calmar las cosas, lo que Bella apreció, pero cuando Jessica sacudió su cabeza y sonrió más ampliamente, Bella se puso nerviosa.

—No —ronroneó Jessica, sosteniendo el otro trozo de papel—. Tampoco quiere ser la esclava amorosa del yeti.

«¡Oh, no!» En aquel momento, Bella supo con seguridad que los dioses la habían abandonado a un horrible destino. Supo cuál era la otra fantasía que Jessica había seleccionado. La necesidad de evitarla de repente fue abrumadora.

—Necesito una bebida. —Bella salió del sofá e intentó dirigirse hacia la cocina para esconderse. Nunca pudo hacerlo porque, saliendo de la mesita, Rosalie la agarró por los hombros y la hizo retroceder a su asiento.

—¡Oh oh, Bells! Sienta tu trasero y disponte a tu fantasía.

—Vamos, chicas. Siento haber escrito la cosa esa del vampiro —gimió la víctima—. ¿Podemos sólo olvidarnos de ella? Escribiré una verdadera fantasía esta vez. Lo prometo. Desde el principio. ¿Por favor?

—No hay posibilidad. Ahora que sabemos qué es lo que quieres —Jessica consultó los trozos de papel—, cuando aquí dices, «seducida y dominada por un amo» no lo vamos a dejar estar… Sobre todo cuando también tienes este ardiente deseo de llegar «al límite, zurrada y dominada por un bruto imponente y sexy».

—Oh, guauu —respiró Angela, su boca se redondeó en «O» de la sorpresa, y contempló a su amiga con nuevos ojos—. Bella, no puedo creer que nunca lo mencionaras. ¿Qué más secretos nos has estado guardando?

—Ninguno —insistió Bella, aunque sonó algo amortiguada, a través de las manos con las que ocultaba su ardiente cara—. Ninguna maldita cosa. ¿Cómo podría guardarles secretos? ¡Son peores que los reporteros de periodicucho!

Rosalie sonrió abiertamente.

—Oye, no parece que quieras volver junto a Jacob el Grotesco. Además, todas sabemos que eres una cosita salvaje en el dormitorio. Ningún gran éxito.

—Oh, de nada. —Bella bebió su copa de vino y la volvió a llenar, tomándolo con ella mientras se rizaba como una pelota en el extremo del sofá—. La humillación nunca mató a nadie. Estoy segura que lo superaré en otro par de encarnaciones.

Angela, siempre suave, limpió la sonrisa de su cara y apretó el brazo de Bella.

—Oye, no es tan malo. Parece como si tú no supieras nada embarazoso sobre cualquiera de nosotras. Quiero decir, vamos. Sabes sobre mi cosa del montañés. Sabes que Rosalie se metió con un infante de marina de licencia. Conoces que Jessica audicionó para un espectáculo humorístico. Afróntalo, dulzura. No eres la única muchacha de aquí con… gustos sofisticados.

Viendo que sus palabras comenzaban a poner mas roja a su compañera, Alice posó el brazo sobre el sofá al lado de Bella y tomo la bebida de la otra mujer.

—Ella tiene razón, lo sabes. Además, somos tus mejores amigas. Te amaríamos aun si tuviera fantasías secretas sobre Dan Quayle. Pensaríamos que estas loca, pero todavía te amaríamos.

Eso dibujó una sonrisa reacia.

—Lo haríamos —insistió Rosalie—. Una pequeña cosita extraña no es nada de que estar avergonzada, muchacha. Si tus fantasías fueran de vainilla como el resto de tu persona, es cuando comenzaría a preocuparme.

Jessica agitó una mano para conseguir su atención.

—Es cierto, por supuesto. Y, ya que nuestra poco cooperativa amiga, de mala gana tiene dos fantasías que trabajan muy bien juntas, pienso que podemos asegurarle sin peligro que vamos a lograr que se realicen y sumamente rápido, también. La próxima semana resulta ser el último viernes del mes, lo que significa que cinco de nosotras tendrán una noche muy interesante en el pueblo. ¿Puedo ofrecer unos brindis?

Las mujeres levantaron sus copas y las sostuvieron en lo alto con anticipación.

—Por nuestra querida amiga Isabella —dijo Jessica después de una breve pausa—. Y por su propia Fantasía Caliente. ¡Qué sean muy felices juntos!