Toda la verdad

No sentía nada a mi alrededor, ni un ave cantando, ni una briza de aire, ni un sonido lejano… solo mis sollozos y los del hombre que me abrazaba como si su vida dependiera de ello. No hubo palabras de más, preguntas ni explicaciones, no hizo falta mostrar nada… él ya lo sabía.

Nuestro hermano estaba durmiendo en ese lugar.

Él terminó sentado en el suelo con mi cuerpo acurrucado entre sus piernas, sus brazos nunca me soltaron, sus manos acariciaban las mías que, tan pronto lo sentí a mi alrededor, se aferraron a las suyas.

En un momento solté mis dedos de sus manos y las llevé al mármol frío y rugoso que tenía enfrente, acariciando las letras de su nombre ""Thomas Carlisle Cullen Swan", el hijo no deseado, el que murió por tantas razones juntas, entre ellas por negligencia, el que se metió tan hondo en mi corazón que me llevó a querer hacer todo esto, el que una vez me amó, como yo lo amé. El niño rechazado y condenado.

Me di cuenta que habíamos quedado solos porque eran solo nuestras respiraciones las que cortaban el aire, el silencio. Una tenue y difuminada niebla se derramaba en el cementerio, como si fuera una escena fija de alguna película tenebrosa. Pero no había nada de miedo allí, no había temor… no. Había aceptación, dolor y arrepentimiento. Lo podía sentir en el aire.

Edward poco a poco fue soltando mis brazos, su cuerpo fue separándose de mí hasta que solo su cabeza reposó en mi hombro y sus piernas me acorralaban, entonces sus manos volvieron nuevamente a mí, acariciando mi cabello y apartándolo a un lado. Sentí su aliento entrecortado en mi oído y su temblor.

-¿Tommy?... ¿Cómo… cómo… murió?- sentí las lágrimas en su voz. Lágrimas que no cesaban, así como las mías.

Negué con la cabeza, recordarlo era duro, pero sabía que debía ser sincera y clara con él, iba a matarnos a ambos, pero debía hacerlo.

-Por favor… no ahora—dije en un susurro, quería un poco de esa paz que ese lugar emanaba, el silencio, el reencuentro, quería un poco de tranquilidad, porque sabía que me iba a desmoronar cuando lo dijera, cuando contara toda nuestra historia y para cuando la terminara, no estaba segura de que aun estarían los brazos de Edward para atraparme. Esperaba que si…

-¿Cuándo?... Necesito saber… por favor—besó el tope de mi cabeza reconfortándome, tal vez él presentía lo duro que era para mí.

Me separé de él y comencé a levantarme de mi lugar, pero él se adelantó y me tomó de la cintura ayudándome, las piernas me temblaban. Me tomé de sus ante brazos un momento para reestablecerme y lo miré. Dios… oh Edward… Sus ojos estaban irritados y las lágrimas corrían por sus mejillas, la pena que emitía su mirada rompía mi alma y me destruía. ¿Por qué tuvo que pasarnos esto? ¿Por qué de todas las personas del mundo justamente él tenía que ser hijo del hombre que odiaba? ¿Era un castigo por lo que quería hacer? ¿Era un regalo?

Él tomó mi rostro entre sus manos y con sus pulgares limpió mis mejillas mojadas, -Estamos juntos en esto Bella… hui… pero aquí me tienes… estoy dispuesto a escuchar— se acercó a mí y besó mi frente casi con devoción y luego de dejar unos segundos sus labios en mi frente, bajó la cabeza y apoyó la suya en la mía tomando mis manos.

-Quiero saberlo todo… todo. Aunque duela Bella, quiero toda la verdad. ¿Tommy?—sonrió entre lágrimas, largando un suspiro entrecortado -¿cómo era? ¿qué… le gustaba? ¿qué le sucedió?—él emitió un sollozo cerrando los ojos –oh dios… ¿qué le sucedió?—

Lo abracé lanzándome a él, con mis manos alrededor de su cuello acariciando su nuca, sus manos repentinamente se aferraron a mi cintura como si fuera su remedio, el único. Su cuerpo entero temblaba.

-Te contaré todo… pero no aquí—dije suavemente acariciando sus mejillas, solo eso… él estaba destruido y yo aún más. No era momento para reestablecer relaciones o para hablar de amor. Era momento para poner cartas sobre la mesa y decir nuestras verdades.

Él rápidamente se secó las lágrimas con las manos y por un momento, solo por uno, pareció un niño triste y perdido –Yo tengo una habitación, yo… estoy en un hotel en Forks. No he ido… vine directamente del aeropuerto, no te enojes con ella… pero Alice me dijo dónde estabas…-

-Lo supuse—dije cerrando por un momento los ojos, me dolía la cabeza y me sentía mareada, Edward pareció notar eso porque tomó una de mis manos y tiró de ella.

-Vamos… vamos al hotel—dijo mirándome con cautela, cuando no dije nada, él volteó y se agachó nuevamente frente a Tommy. Besó sus dedos y los colocó sobre su nombre, sin decir nada se levantó y tirando de mi mano nos fuimos del cementerio.

Él había alquilado un Volvo gris, por lo que luego de entrar en él, condujo por la carretera hacia Forks. Había comenzado a caer una suave llovizna, el cielo estaba encapotado y el aire se había puesto frio y pegajoso. Irónico, era así como se sentía mi alma.

-¿Tienes frío?—Edward me miró con cierta preocupación y yo negué con la cabeza, a pesar de que mis manos temblaban debajo del jersey. Él la encendió de todas formas.

Miré por la ventanilla y suspiré, el silencio dentro del auto era abrumador, el aire podía cortarse con un cuchillo y podía estar segura que Edward hasta podía ser capaz de oír los latidos de mi corazón. ¿Qué podía llegar a suceder ahora? Edward me escucharía, prometió hacerlo, pero ¿me creería? ¿o una vez más me acusaría de mentirosa y saldría de mi vida? Cielos… no podía imaginarme eso. Sabía que algo tenía con Tanya, lo que fuera, no iba a poder tolerarlo, así como él no toleraba lo mío con su padre. Solo esperaba que después de la charla que tendríamos, él finalmente comprendiera mis motivos.

Entramos en la ciudad luego de casi quince minutos de viaje en el cual no intercambiamos ninguna palabra importante. Dobló en una avenida y siguió hasta estacionarse fuera del mejor hotel del pueblo, que para ser el mejor de un pueblo era decir mucho. Bajó del auto y mientras me desabrochaba el cinturón de seguridad, él corrió alrededor para abrirme la puerta.

No me soltó la mano hasta que llegamos a la recepción y no supe qué pensar ¿él estaba cuidándome? ¿estaba preocupado por mi? ¿en realidad podía llegar a quererme?

Cuando llegamos al cuarto, Edward se apresuró a encender la chimenea que había en una esquina.

-¿Deseas que pida un café a la recepción? O puede ser otra cosa para tomar…- dijo acercándose a mí –por favor acércate al fuego, no quiero que te enfermes—

Me saqué la chaqueta que estaba impregnada de humedad y me acerqué al fuego dejándola sobre el respaldo de una silla. Me arrodillé sobre la alfombra mullida que había allí y puse mis manos cerca del fuego. Oh si… era reconfortante, pero aun así, sentía un frio en mi cuerpo que nada tenía que ver con el clima.

Edward volvió, se había sacado la chaqueta y el jersey, quedando solo con una camiseta blanca y un par de jeans, descalzo. Se arrodilló frente a mí y suspiró dejando caer la cabeza entre sus manos por un momento. Sabía lo que quería… quería que le hablara de él, el niño que no vivió, nuestro hermano. Podía decir que Edward estaba desesperado esperando respuestas de preguntas que no podía hacer.

Por lo que se la hice más fácil y comencé yo, partiendo desde el punto en que había quedado con mi historia anterior.

-Mi madre quedó embarazada el mismo día que mi padre tuvo un ataque al corazón. Carlisle Cullen tomó un vuelo ese mismo día y desapareció de nuestras vidas y mi madre quedó destrozada, no solo por la huida de su amante, sino por la culpa… había provocado un ataque a mi padre y había destruido a su familia—tomé una respiración profunda, Edward estaba aun con la cabeza entre sus manos –le tomó dos meses para saber que estaba embarazada, nunca prestó atención a sus malestares, sus mareos ni su falta de regla, ella… quedó en un estado de depresión de la cual no se pudo recuperar. Papá estaba en casa, era su casa y no tenía por qué salir, la que tendría que haberse ido era mi madre, pero… tuvo un poco de sentido común o compasión y se quedó a ayudarme en lo que podía con papa. Él… quedó postrado a una cama en su habitación, con cables conectados a su pecho y una máscara de oxígeno constantemente pegada a su cara, tan débil, tan rendido y sin anhelo de recuperación… la amaba demasiado—me tomé un descanso secándome las lágrimas que fluían sin ningún esfuerzo por mis mejillas y me senté con las piernas estiradas, dejando descansar mi espalda en un sofá cercano. Edward no se inmutó, sabía que estaba escuchando por los temblores de su cuerpo y la rigidez en su mandíbula.

-Mamá no se cuidó durante el embarazo, no tomó vitaminas ni ácido fólico, a veces cuando podía le ponía las vitaminas entre la poca comida que ingería o el ácido fólico en el vaso de jugo. Si fue a un control prenatal dos veces fue mucho, sin embargo ella quería a ese bebé… era fruto del amor con su amante—tomé un respiro preparada para romperme –Tommy nació un 19 de Julio a las 3 pm con solamente 2kg de peso—sorbí mi nariz y vi a Edward ingerir aire, tomando su cabello con fuerza entre sus puños –estuvo dos meses completos en incubadora hasta que alcanzó la madurez de sus pulmones, las enfermeras se encargaron de alimentarlo y yo, cuando salía del instituto, corría al hospital para alimentarlo y cambiarle sus diminutos pañales… mamá nunca lo hacía, ella… estaba deprimida—

-¿Cómo… era?—preguntó con voz ronca, nunca levanto la mirada.

-Era… tan rubio, ojos verdes intensos y pálido. Era un bebé precioso—dije con una sonrisa. Tenía que mostrarle fotografías, si Edward se quedaba. Tenía cientos en casa de Leah, no había tenido el valor de llevarlas conmigo.

-Como él—susurró con rabia.

-Igual—coincidí –Los primeros meses fueron acelerados, mi vida se basaba en cuidar a papá, turnándome con una enfermera que había contratado para ayudarnos, cuidando al bebé en mis horas libres y mis estudios… no sé cómo fui capaz de hacer todo al mismo tiempo, pero lo hice—sequé mis lágrimas con la manga de mi jersey –mamá estuvo ausente la mayoría del tiempo, en su cama auto lamentándose o fingiendo que no tenía un hijo. Papá seguía en la cama y cuando Tommy cumplió su segundo años de vida, todo comenzó a cambiar—

Me detuve midiéndome, no sabía si iba a poder ser capaz de seguir, pero lo necesitaba. Esto se había convertido de una confesión a una necesidad extrema de exteriorizar todo lo que tenía atrapado dentro.

-Una tarde… volví del instituto y la casa estaba misteriosamente silenciosa. Cuando estuve a punto de subir las escaleras, oí el llanto de Tommy, que estaba tumbado sobre el suelo de la sala. Corrí hacia él y lo sostuve en mis brazos comprobando su temperatura… ardía. Mamá por supuesto, estaba en su habitación, para ese entonces ella había mejorado un poco, pero tenía sus recaída y esa fue una, se olvidó que tenía un hijo y se fue a llorar entre sus sábanas—tragué saliva y miré mis manos, temblaban más que las de Edward… él sabía más o menos lo que se aproximaba –cuando levanté a Tommy del suelo, se quejó cuando le toqué la espalda y cuando levanté su remera… vi los moratones—mi respiración se tornó agitada y las lágrimas se atoraron en mi garganta –en un primer momento pensé que mi madre lo había golpeado… pero ¿cómo explicaba la fiebre?. Llevé a Tommy al hospital, como pude… llegamos allí en autobús—Edward gruñó negando con la cabeza.

-El doctor que lo atendió lo dejó en observación por dos días, la prioridad era que bajara la fiebre y hacerle estudios para saber qué tenía… ¿por qué esos moretones? —rompí en un sollozo – mi Tommy había desarrollado una especie de leucemia—

A esta altura Edward se paró y comenzó a caminar por el lugar tirando de su cabello, las lágrimas mojaban sus mejillas y resoplaba como toro enfurecido.

-¿Qué hicieron?... Bella… por favor—caminó rápidamente hacia mí y se arrodilló a mi lado con gesto suplicante –dime que contactaste a Carlisle...—

¿Carlisle? ¿Ya no era "papá"?

Asentí con la cabeza aturdida por la súplica en su mirada, -Mi madre reaccionó en su estado depresivo y escuchó a los doctores, el pronóstico de Tommy no era muy alentador, pero había una esperanza. Necesitaba un trasplante de médula espinal con urgencia, eso… era lo único que podía salvarlo. Yo… hice los análisis para ver si era compatible, pero no lo era, también se lo hizo papá y mamá, ninguno era compatible. Vinieron primos directos, ninguno pudo ser. Mamá solo tenía una esperanza… contactar a Carlisle y contarle todo, pedirle que se hiciera los análisis… o por última instancia, que alguno de sus hijos se lo hiciera, teníamos que salvar a Tommy y no importaba el precio—

-¿Qué hizo él?—preguntó con voz gruesa y la mirada resignada, aunque era obvia la respuesta parecía mantener una ínfima esperanza. Tragué saliva, lo que iba a decir a continuación no iba a ser bonito, pero debía hacerlo, debía enterarse de cómo había actuado su padre ante nuestro hermano y comprender quizá el alcance de mi odio hacia él.

-Mamá llamó varias veces por teléfono. La primera vez yo estaba presente, Carlisle fingió no conocerla… mi madre se echó a llorar dolida y tu padre le cortó. La segunda directamente no la atendió, ni la tercera, ni la cuarta. Mamá finalmente decidió ir a Nueva York a verlo y tratar de hablar con él. Fue sola… yo me quedé cuidando a papá y a Tommy en el hospital como podía, trataba de repartir mi tiempo, dejé de ir al instituto—

Edward tomó mis manos y las apretó a la espera de lo que venía, suspiré resignada y proseguí sin mirarlo. Mis dedos retorciéndose entre los suyos eran la cosa más entretenida, por lo menos más que sus ojos llenos de dolor y angustia.

-Mamá estuvo tres días en Nueva York, los dos primeros días fue a las oficinas de Carlisle a tratar de contactarlo, pero él estaba de viaje. Al tercer día ya no tenía orgullo, llegó temprano a las oficinas, aún nadie había llegado, por lo que esperó en la entrada en pleno otoño… cuando el edificio abrió ella pudo entrar al vestíbulo y esperar allí ante la mirada despectiva de todos los trabajadores—sequé mis lágrimas con un golpe de mi mano y apreté los dientes –Carlisle llegó y ella lo interceptó, aun encandilada por ese tan grande amor que le tenía—reí sin humor –pero él una vez más fingió no reconocerla… ¿y sabes lo que hizo?—Edward me miraba expectante, con la mandíbula rígida y las aletas de su nariz dilatada, su respiración era fuerte y enojada – René le habló allí mismo de su hijo, del bebé que estaba enfermo y necesitaba su ayuda, le habló de que la única manera de salvarlo era la donación de médula de un familiar directo compatible y que como él era el padre tal vez funcionaría o tal vez con sus medio hermanos, pero él… él, el hijo de puta arrogante y egoísta ¡no le creyó!. La acusó de oportunista y embaucadora, le dijo que había tenido cientos de amantes que luego iban con cualquier cuento con tal de sacarle dinero y que seguramente ese bastardo era de otro amante, ¡como ella era una puta!... y la hizo sacar con la seguridad del edificio sin antes tirarle a los pies cinco billetes de cien dólares que sacó de un fajo de su bolsillo… ¿ves lo que hizo? Destruyó una familia en todo sentido ¿y sabes qué le dijo?—no esperé la pregunta de Edward –"suficientes problemas tengo con mis propios hijos para que una cualquiera venga a querer encajarme otro"-

Y eso fue todo

Edward se paró con los puños apretados y descargó el primer puñetazo en la pared. Ahogué un grito y salté de mi lugar para ir hacia él, cuando llegué ya había descargado cinco puñetazos rápidos al yeso que se estaba desprendiendo.

-¡Edward!—tomé sus manos y necesité toda mi fuerza para que no arremetiera nuevamente contra la pared. Él estaba ido, su mirada perdida y aterrada miraba en todas direcciones buscando algo con lo que descargarse, hasta que se fijó en mí. Jadeé cuando sentí sus manos tazando mi cara con fuerza, empujándome contra la pared a mis espaldas, no me moví… solo veía su mirada llena de terror e incredulidad.

-Dime que no hizo eso… ¡Dime que ese hijo de puta no hizo eso!—gritó con una mueca de dolor antes de acercar su frente a la mía y respirar entrecortadamente –dime que no lo hizo…- gimió cerrando los ojos-¿qué le… sucedió a Tommy?—

Tomé aire y di el golpe final… -Murió doce horas después—susurré agonizante. Y él se aferró a mi cintura dejando caer su cabeza en mi hombro y caímos ambos al suelo arrodillados, muriendo en nuestro dolor, yo por revivirlo y él por recibirlo. Lo abracé fuerte, tan fuerte que casi pude haberlo asfixiado, pero él lo hizo también conmigo, parecía como que en este mundo solo nos teníamos uno al otro. Nuestros cuerpos no tenían límites, no había un centímetro de separación entre él y yo.

Comencé a tararear una canción. Hermosa, triste, dolorosa. Una nana que mamá cantaba a Tommy cada noche, cuando ella estaba bien, una nana que yo aprendí con los días –O Mio babbino caro, murió en mis brazos mientras tarareaba su nana. Murió sabiéndose amado y bendito, él era mi niño… si viviera, tendría siete años—sonreí con tanto dolor que no fue una sonrisa, sino una mueca triste. Edward aún se aferraba a mí y continué tarareando suavemente… hacía mucho que me había negado a hacerlo, nunca otro ser humano había llorado en mis brazos pidiendo consuelo, pero ahora si… un consuelo que ambos necesitábamos.

-Mi familia quedó destruida—susurré instantes después mientras mis dedos acariciaban la nuca de Edward –papá se rindió un mes después de Tommy, la tristeza en su corazón era tan grande que se dejó ir y mamá…- sorbí mi nariz y cerré los ojos sintiéndome menos sola que en ese momento –mamá fue internada cuando la encontré dormida en su cama, con medio frasco de antidepresivos en su estómago… estuvo una semana en terapia intermedia y cuando despertó nunca más fue la misma. Le diagnosticaron psicosis depresiva severa y fue internada en un centro de salud mental de Port Ángeles… la visito… cuando vengo, pero nunca la voy a perdonar, nunca—

Estuvimos un rato largo en los brazos del otro, sin más palabras, sin consuelos, ni dolor… el que habíamos tenido ya había sido suficiente para entumecernos el alma. Me sobresalté cuando parpadeé semi dormida, en algún momento se me habían cerrado los ojos y cuando los abrí el sol estaba ya oculto. Edward ya no estaba en mis brazos, ni por ningún lado, la chimenea aún estaba encendida y gracias a ella el lugar se llenaba de un suave resplandor naranja. Yo estaba en la cama, vestida y con un dolor de cabeza terrible. Pero… ¿y Edward?

Se había ido… no había ni un sonido, no veía ni una prenda de ropa de él por ahí, ni maleta, ni… nada. Se había ido.

¿Tendría que sorprenderme?... No, pero aun así dolía.

Me levanté de la cama y arreglé mi cabello, el cual era un desastre. Recoloqué mi abrigo y me dispuse a salir de ahí, no tenía ya nada que hacer en ese lugar, tan vacío como mi corazón. Pero cuando fui a abrir la puerta para salir, Edward estaba parado allí, sacando las llaves de su bolsillo del pantalón mientras que con la otra mano sostenía unas bolsas, se detuvo en seco al verme y me miró con cautela.

-¿Te vas?—dijo al fin, asentí y al mismo tiempo él comenzó a negar con la cabeza. –No, no, quédate… no te vayas, quédate. Compre la cena—dijo entrando al cuarto apresuradamente y cerrando la puerta tras de si. Caminó hacia la única mesa que tenía el lugar y con su brazo sacó todo lo que había en la superficie tirándolo al suelo, puso las bolsas y las abrió sacando su contenido, el olor… oh cielos, me hizo salivar. De repente comprendí que no había comido desde el desayuno.

-Yo… debería irme…- dije dubitativamente. No sabía cuál era la situación actual con Edward. ¿Éramos amigos o enemigos? ¿Querría estar aún a mi lado luego de saber cuan profundo era mi dolor y de cuanto odiaba a su padre? ¿Me creía o iría a preguntarle todo a su padre?...

-No, Bella… por favor—dejó lo que estaba haciendo y vino a mí, tomó mis manos y me llevó con él hacia la mesa –por favor, por una vez… ven—

Dios…

Me rendí ante su mirada, teníamos tanto de qué hablar aun, pero creo que por un día ya habíamos hablado lo suficiente. Me sentía agotada, vacía y rendida… sin embargo fui y me senté a su lado atraída no solo por él, sino por la comida que me esperaba.

-No había otra cosa, solo encontré un sitio de comidas rápidas cerca—murmuró antes de morder su primer bocado de una enorme hamburguesa, hice lo propio con la mía. Estuvimos comiendo en silencio por unos minutos, él destapó dos cervezas y me pasó una, tomé y creo que gemí… era solo cerveza, pero hacía maravillas con mis nervios, aun así hubiese sido mucho mejor un buen vino.

-Dime algo—dijo cuando terminó su comida y limpió sus manos con una servilleta. No me miró, sus ojos estaban fijos en sus manos. ¿Qué podía decir que no haya dicho ya?

-Dije mucho ya—terminé mi cerveza y quería otra, pero Edward no parecía haber traído más. Me recosté en la silla satisfecha y lo miré… él ahora me miraba y sus ojos me recordaron al Edward que había ido a buscarme a la habitación de hotel el día del cumpleaños de su padre, me estremecí, ese Edward me intimidaba, me atemorizaba y me hacía cosquillear el bajo vientre al mismo tiempo. Aparté la mirada.

-¿Qué piensas hacer? ¿Cuál era tu plan con mi… con Carlisle?— apretó la mandíbula, se rehusaba a usar "padre" ¿por qué? ¿Acaso había visto la clase de hombre que era realmente?

-No tenía un final determinado. Hacerlo sufrir con la misma moneda que el utilizó con mi madre parecía una buena idea…- me alcé de hombros. Enamorarlo, engatusarlo y volverlo loco como él hizo con mamá… y una vez que él estuviera bien envuelto en mi dedo meñique, desgarrar su corazón, su orgullo y su alma como él hizo con mamá.

-Volverlo loco de amor—dijo Edward interrumpiéndome, una risa sin humor burbujeó en sus labios –hacerlo tan vulnerable que al momento de darle la estocada final cayera tan fuerte que no pudiera recuperarse nunca… ¿esa era tu idea?— su mirada me perforó.

Bajé mi mirada. Eso quería hacer… entre otras cosas.

-Lo lograste—dijo tras un suspiro –pero con el Cullen equivocado—

Abrí los ojos aterrada… ¿qué estaba diciendo? ¿qué estaba insinuando? Oh cielos…

Él me miró una vez más tragando saliva y asintió cansado –Si… te amo. Te amo tanto que me parte el alma sentir tanto—apretó sus dientes y negó con la cabeza, vi el destello del lágrimas en sus ojos –te amo jodidamente tanto que estoy aquí, negando mi sangre, para estar contigo. Me importaba una mierda Carlisle antes de venir… pero ahora, ahora por mí puede morirse—

Negué con la cabeza –Edward…-

-Déjame terminar—respiró rápido unas pocas veces, como dándose valor –Tu puta espalda… esa noche, en el club, Dios… esa espalda… era la de un ángel sin alas, allí estaba llamándome para acariciarla, por eso fui hasta ti y te tomé. Y entonces que casualidad… eras la novia de mi padre y no me importó, es más, quería saber hasta dónde llegabas, si en realidad te importaba él nunca querrías algo conmigo… pero ambos sabemos que no fue así—el brillo en sus ojos me recordó lo que había sucedido en ese vip de aquel club. -Entonces esperé a conocerte, era cuestión de tiempo… y allí estabas, en ese partido de béisbol. Y supe que estaba en un problema, uno enorme… me gustabas tanto, tu frescura, tu femineidad, tu sensualidad natural, todo… todo… todo de ti me volvía loco, que al verte me olvidaba quien eras-

-Y entonces me hablaste de tu historia, cuando vi la foto de mi padre con tu madre, esa tarde en tu departamento y me pareció tan inverosímil—negó con la cabeza desesperado –Dios, Bella, perdóname no haberte creído esa vez… parecía una trama sacada de alguna telenovela. La hija de la amante de mi padre liándose conmigo ¿por qué? ¿por qué?... pensé que era arte de tu plan—

-Nunca lo fuiste—logré decir –tú apareciste y desbarataste todo… ¡Todo!—nuevas lágrimas corrieron por mis mejillas mezclando mi dolor con una sonrisa de nostalgia –te metiste donde no tenías que meterte y aunque hubieras sido indiferente a mí… mis ojos siempre te buscarían—

Negó con la cabeza y me atreví a mirarlo, una mueca de disgusto emergía en su boca y sus manos estaban hechos puños, -Esa noche… cuando fuiste a casa, esa noche que te encontré en la cocina y luego subiste con una botella de champagne a la habitación y me dejaste ahí… loco por ti. Esa noche supe que eras mi perdición—rió sin humor –por lo menos el truco de arrojar un jarrón y cortar mi brazo con él funcionó. Dios… fui capaz de hacer eso antes de escucharte gritar de placer por lo que él te hiciera, eso… eso iba a matarme—

Lo miré con los ojos como platos -¿Lo hiciste a propósito?—

Él me miró con el dolor impregnado en su mirada –Estaba ciego… borracho y muriendo de amor por ti… patético ¿no?—

Oh dios…

-Dime Bella… ¿alguna vez sentiste alguna clase de compasión por mí? ¿Alguna vez fuiste consiente de lo mucho que me mataba verte con él? Justamente mi padre…-

-Edward…-

-¡Dime!—gritó azotando su puño contra la superficie de la mesa. Sus ojos perforaban mi voluntad… oh dios…

-No es momento—susurré vacilante. Pero no lo detuvo. Se levantó de su silla y antes de que yo pudiera reaccionar, él estaba arrodillado frente a mí, sus manos tomando mi cintura casi con dureza y su cuerpo invadiendo el espacio entre mis piernas. Quise levantarme de la silla pero él me lo impidió… -Edward—su rostro estaba a escasos centímetros del mío y ese olor a Edward lo invadía todo.

-No… no huirás más… respóndeme—dijo fríamente -¿qué sentías cuando él te acariciaba, cuando te besaba?... ¿qué mierda pensabas?—no respondí, me quedé allí mirándolo con resignación, enojo y rabia… ¿cómo podía preguntar algo así? –¡Dime maldita bruja! ¿qué sentías cuando él hacía todo eso? ¿he? –

-Nada—dije entrecortadamente sin dejar de mirar sus ojos. –Nada…- puse mis manos en las suyas que sostenían fuertemente mis caderas a la silla y comencé a empujarlo, pero él no me permitía salir de la cárcel de sus brazos.

-¿Nada?- subió sus manos por el contorno de mi cuerpo apretadamente, hasta llegar a mis pechos, él los apretó sin dejar de mirarme a los ojos, veía tanto reproche allí, tanto dolor.

-¿Qué sentías tú al acariciar a Tanya?—escupí arrepintiéndome al instante, no era momento para dejar flotar los celos. Él sonrió, sonrió sarcásticamente sin dejar de tocarme.

-Nada—dijo de la misma forma. Su rostro fue acercándose al mío lentamente hasta que nuestros alientos agitados se comenzaron a mezclar –absolutamente nada… porque eras la bruja que me manipulaba aún a cientos de kilómetros—

No dijimos nada, nos quedamos allí, mirándonos como si en cualquier momento nos devoraría el fuego. Dios… tanta calor, tantas ganas de besarlo, tanto por hablar sin embargo. Yo había dejado de luchar con mis manos, sin embargo él no había dejado de tocarme. Un escalofrío recorrió mi piel cuando sus manos subieron y tazaron temblorosamente mis mejillas, como si estuviera conteniéndose. Sus manos empujaron mi cara a la suya hasta que nuestras frentes se tocaron, sus ojos fijos en mis labios y los míos en su mirada. –Dime que ya no lo elijes…-

-Tengo que…-

-Dime que ya no lo elijes—repitió apretando los dientes, la rabia contenida a punto de estallar –dime que ya no lo elijes—dijo despacio nuevamente.

Tragué saliva –Tengo que terminar lo que empe—

-No… ¡No!...—respiró sosteniendo mi cabeza con más fuerza –no dejaré que ese hijo de puta te toque— sus ojos parecían desquiciados.

-Edward—acaricié el dorso de sus manos en un intento de calmarlo.

-Te ayudaré, de cualquier otra forma… pero no me pidas que lo deje tocarte—dijo despacio y con voz gruesa –esta vez no voy a soportarlo-

-Tommy—susurré con lágrimas en los ojos. Necesitaba que comprendiera que lo que hacía, no lo hacía por mí, ni por él… solo por Tommy. Él pestañeó calmándose, sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas y temblorosamente susurró "Lo sé"

Él soltó mi rostro y dejó caer las manos nuevamente por mi cuerpo hasta sostener mis caderas, encorvó su cuerpo y hundió su cabeza en mi regazo, sus hombros se sacudieron y no pude más que poner mis manos sobre él para acariciarlo, consolarlo de alguna forma.

-Pero no así ¡maldita sea!—gritó aferrándose a mí, como si no quisiera dejarme ir. Si supiera… que yo ya no tenía fuerzas para irme. Estaba rendida ante él.

Él descargó su dolor y su rabia en mi regazo, mientras yo le acariciaba el cabello con mis dedos, peinándolo, casi gimiendo por su suavidad. Pasamos unos minutos así hasta que él logró calmarse, mis propias lágrimas corrían por mis mejillas. Yo misma me había puesto…no, la vida misma me había puesto en esta situación y no encontraba una salida plausible. Tenía que seguir con mi plan, había pasado tiempo de mi vida preparándome para ello… ¿por qué dejarlo ahora? No podía… se lo debía a tanta gente, mi padre, mi hermano, mi madre.

-Le prometí a papá antes de que cerrara sus ojos—dije en un susurro. Edward apretó sus manos en mi cadera, -no puedo faltar a una promesa. Perdí tanto en mi vida Edward…-

-Pero yo no te voy a perder Bella… ya no— y fue una promesa –no pienso dejarte ir, me importa una mierda mi padre… lo único que me importa eres tú—

-Yo no quiero ponerte en contra de él Edward, yo…-

-Él solo se puso en contra mía—dijo levantando su cabeza –un error lo comete cualquiera, pero así como se cometen, hay que hacerse cargo de ellos. Mi padre… Carlisle, cometió error tras error al meterse con cuanta mujer quería sin asumir las consecuencias, el error de meterse con tu madre acarreó mas de una consecuencia… mató a tu papá, volvió loca a tu madre y mató a Tommy… aunque no fuera directamente, él tiene mucha culpa… y no voy a perdonarlo-

-Tenemos que volver… tengo que seguir con lo que tenía pensado—sequé mis lágrimas y traté de recomponerme –Edward… por favor entiende que…-

-Que tienes que seguir con él…- dijo amargadamente –entiendo los motivos ahora Bella, pero no puedo, no soy capaz de dejar que te toque, que te bese, que te desee y ni siquiera soy capaz de soportar que te mire de la manera en que te mira—él gimió y cerró fuertemente los ojos agachando la cabeza –debe haber otra manera… puedes… no lo sé. Tengo amigos, podemos encontrar buenos abogados que nos asesoren amor, tenemos que encontrar otra manera… maldición. No me pidas que haga oídos sordos ni me haga el ciego sabiendo lo que sé, porque sé que en cuanto lo vea querré partirle la cara—

-Hey…- tomé su rostro entre mis manos y lo miré a los ojos –por favor… déjame pensar en las cosas, por favor. Vine aquí a reencontrarme conmigo misma, a pensar, a reponer fuerzas. Aquí está todo, la casa de mi infancia, la tumba de mi padre, mi madre internada, mi hermanito… están todos los recuerdos. Y ahora estas tú y no quiero jugar contigo, no quiero que me esperes… te conté esto porque te incumbía, no para…-

-No me importa lo que digas—él se paró de golpe y caminó a través de la pequeña estancia resoplando como un toro, tirándose el cabello, gruñendo –yo estaré contigo, hagas lo que hagas, pero no dejaré de insistir que dejes de hacer esto Bella, haré mis propias investigaciones, hablaré con mis amigos abogados, haré lo que sea, pero él pagará lo que hizo—se volvió a arrodillar ante mí –te lo prometo—tomó mis manos y las besó en el dorso de manera reverencial –Dios Bella, te extrañé tanto… me volvía loco pensar que todo lo que me habías dicho era cierto, estuve en Londres un tiempo, pero no pude más. Tenía que creerte, quería creerte, así que hice algunas llamadas y luego de corroborar algunas cosas vine a buscarte.—

-¿Qué cosas corroboraste?—susurré.

Él bajó la mirada –Hice lo que mi padre no hizo… verifiqué tus antecedentes—suspiró y alzó la mirada –no hice nada más, si había algo más no quería enterarme así, lo quería de tus propios labios-

Asentí tratando de digerir el hecho de que el hombre que amaba había espiado en mi vida, pero tenía derecho a hacerlo, después de todo… podía ser una embaucadora, tal como Carlisle había acusado a mi madre. -Ya hablaremos de eso—me relamí los labios, los tenía agrietados y salados por las lágrimas. –Quiero mostrarte algo—dije tratando de sonreír –Vamos—me levanté y el me siguió fuera de la habitación de hotel. Afuera ya había oscurecido, miré la hora y no pasaban de las diez de la noche, teníamos tiempo, no quería que este día acabara.

Edward condujo su Volvo hacia La Push, cuando llegamos a casa de Jake tomé una respiración profunda y lo miré.

-Aquí viven Sue y Billy, los padres de mi mejor amigo, Jake… con su esposa. Alice está con ellos. Todos ellos saben de mis planes, pero solo Alice sabe de ti—él asintió y tomó mi mano, la besó suavemente sin dejar de mirarme y la dejó en mi regazo. Tragué saliva, dios… el amor que sentía por él me abrumaba y me obligaba a tomar decisiones que no quería tomar ahora.

Bajamos del auto y Edward se afanó en tomar mi mano de camino a la entrada. Estaba por tomar el pomo de la puerta cuando ésta se abrió de golpe y un Jake preocupado me tomó de la cintura para darme un abrazo,

-Cielos, Bella… me tenía preocupado… ¿por qué apagaste el celular?— murmuró en mi cabello. Se separó de mí pero continuó mirando sobre mi hombro. Atraje a Edward con mi mano hasta que estuvo a mi lado, -Jake, él es Edward… Edward, éste es Jake—ambos se dieron la mano, aunque Jake no sacó ese rictus de desconfianza de su rostro. Detrás de él apareció Leah y Sue que se adelantó a cerrar la puerta.

-Pasen por favor, está frío afuera… Bella—ella hizo una señal hacia adentro, dándome el visto bueno, podía pasar con Edward a su casa.

Alice salió de la cocina con una sonrisa, -Mamá te envía saludos Bella y Jasper también—

-Gracias—me saqué el abrigo y lo dejé sobre el sofá, miré a Edward que aún estaba parado cerca de la puerta algo confundido mirando todavía a Jake, que le devolvía la mirada tensa. Lo tomé de la mano –Ven, siéntate… tengo que mostrarte algo. Leah…- empuje a Edward sobre el sofá y miré a mi amiga que traía cafés para ambos -¿tienes esa caja que te dejé antes de irme? La caja roja—

Ella asintió y fue a buscarla, me senté junto a Edward y él tomó mi mano sin tardanza, le sonreí y con la otra mano le tendí su taza de café, -Leah hace cafés riquísimos, con espuma y crema… espero que te guste la crema—

-Me gusta—dijo con media sonrisa.

Leah volvió con la caja que no había visto desde hace años, siete años para ser exactos. La dejó en mi regazo y tras un suspiro profundo miré a mis amigos con la suplica en la mirada. Leah tomó la mano de Jake y tiró de él hacia la habitación,

-Este bebé necesita descansar—acarició su incipiente vientre –así que esposo, a dormir— desaparecieron tras la pared del corredor.

-Bien… nos vemos mañana chicos—Alice corrió a darme un abrazo –se fuerte—susurró sabiendo que lo que se venía sería demasiado duro para mí, quizá más que la visita al cementerio. Se separó de mí y volteó a abrazar a Edward que quedó pasmado. –Gracias—susurró en su oído. Edward reconoció porqué le daba las gracias y asintió con una mueca.

Gracias por tu presencia… gracias por sostenerla

Cuando estuvimos solos en la sala de Leah miré la caja en mi regazo. Era una simple caja de zapatos, unos que papá me había obsequiado para mi decimo cuarto cumpleaños y en la cual, como adolescente nostálgica que era, había acumulado cientos de recuerdos a lo largo de los años.

Acaricié la tapa rugosa y algo descolorida y tomé una profunda respiración.

-Pase lo que pase Edward, tú y yo siempre estaremos conectados… lo estuvimos desde un principio. Tommy… era nuestro punto de encuentro ¿lo ves?—lo miré con un sonrisa triste en los labios. Tommy había nacido y de alguna manera había unido nuestras vidas, me había permitido, gracias al dolor de perderlo, conocer a Edward… el hombre que, a pesar de todas las cosas, amaba. Él sonrió con pena y con una mano acarició mi cabello dejándolo detrás de mi oreja suavemente.

Suspiré… y abrí la caja.

De repente volví a tener 15 años otra vez. Sonreí ante la primera foto… Charlie era joven y me tenía en sus brazos, era una fotografía que mi madre había sacado y que adoraba. Se la mostré a Edward y sonrió,

-Eras preciosa de bebé, tanto como lo eres ahora—tomó la foto entre sus dedos y sonrió –y eres parecida a tu padre, los mismos ojos y el cabello—

-Todos decían lo mismo—sonreí recostando un lado de mi cabeza en su hombro –papá y yo éramos muy unidos, él era mi héroe y yo su princesa—

-Y era un hombre de pasiones fuertes, te amó profundamente así como tú amas…- me miró dejando la fotografía en mis manos –no harías todo esto sino—

Asentí guardando la foto dentro de un cuaderno de tapa floreada, donde a lo largo de mi adolescencia había escrito frases y poemas, cuando creía que la vida era más fácil, cuando soñaba con el hombre de mi vida. Levanté el cuaderno y ahogué la respiración. Levanté la fotografía que había allí y la sostuve con dedos temblorosos.

-Este era Tommy—susurré, si hablaba en voz alta lloraría, estaba segura de ello. Edward la sostuvo entre sus dedos igual de temblorosos que los míos.

-Dios mío— jadeó.

-Lo sé…- apreté los dientes –es igual a él—

-Rose tiene rasgos de Carlisle… pero… oh dios, Tommy era igual a él—

-Me había negado a pensar en él, era demasiado doloroso… no lo visité nunca desde que dejé Forks hasta hoy y me arrepiento, no es justo, él no tenía culpa alguna… pero era tan parecido a él que dolía verlo—dije acariciando la fotografía con las yemas de mis dedos –Tiene el color de tus ojos… ¿lo notas?—

El niño rubio de la fotografía nos miraba con una enorme sonrisa, Tommy tenía dos años en ese momento y aún la enfermedad no hacía meya en él. Tenía los ojos tan verdes como Edward y el cabello rubio de Carlisle y Rose, una sonrisa hermosa que se parecía a la sonrisa de su hermano. Era un Cullen y si en ese momento Carlisle viera la foto… no quería ni saber o si… quería saber su reacción.

Saqué otra fotografía, era una donde había comenzado a caminar, él estaba de puntillas con las manos en la orilla del desayunador tratando de alcanzar una tarta de manzana que había hecho yo horas antes y había quedado allí para enfriar. Cuando lo vi tratando de alcanzarla había salido corriendo por la cámara y al volver le saqué la foto. Ese día mamá tuvo una crisis y pasó el día en su habitación, papá estaba en la suya entubado para poder seguir respirando.

Edward sonrió y alzó la mirada llena de lágrimas al igual que la mía.

-Perdóname por no haberte creído y por todo lo que te dije. Te amo… y esa es la única verdad, voy a estar junto a ti en lo que decidas hacer… en todo—se acercó a besar mi frente –pero no permitas que el resentimiento o el odio nos separe, nunca Bella… nunca—

Y se lo prometí… a pesar de que era una promesa que no sabía si podía cumplir.


Aqui esta toda la verdad... ¿era lo que ustedes pensaban?

Al fin pude continuar con este fic... iré alternando las publicaciones con Exótica. Un beso enorme a las perseverantes que siempre esperaron, aqui lo tienen, en especial para ustedes que me siguen desde el blog. Publicaré este capi en el blog igual, pero quizá mañana...

Besos

Lu