Título: Pedazos de un Rompecabezas
Claim: Takeuchi Masafumi/Takahashi Nanami
Notas: Spoilers hasta el capítulo 65 del manga.
Comienza después de que Yano se marche de la ciudad.
Rating: T
Género: Romance/Drama
Tabla de retos: Los Enamorados
Tema: 4. Cupido


El reflejo que le devolvía la mirada parecía entusiasta, justo como él se sentía en esos momentos, pero también... Takeuchi podía ver en sus propios ojos la culpa acumulándose y el miedo, el temor de arruinarlo todo, yaciendo en el fondo de sus ojos marrones, justo como veneno líquido.

Ya se había convencido a sí mismo de que aquello no era una cita, ¿cómo podía serlo cuando Yano apenas llevaba tres meses ausente? ¿Cómo podía serlo cuando Nanami y él seguían telefonéandose y nada había cambiado? Sin embargo, no podía evitar sentirse sólo un poquito entusiasmado. Una salida con amigos del colegio no era nada fuera del otro mundo, pero si ella iba, todo se transformaba...

Y, ¿quién sabe? Podría tener alguna oportunidad en el ensayo y error que le permitían esas citas grupales, esos encuentros casuales para charlar y conocerse más, sin la presencia de alguien que lo opacara tanto como Yano.

—¡Ah, Take! ¡Estábamos por irnos! —el muchacho llegó corriendo al encuentro de un grupo de personas, frente a la estación del tren, que tantos malos recuerdos le traía a Nanami. Se había distraído con su absurdo optimismo y sólo haciendo gala de sus dotes de atleta logró alcanzarlos a tiempo.

—Lo siento, estaba... —pero no pudo pensar en una buena excusa para su falta y prefirió quedarse callado, tratando de retomar el aire que había perdido en su loca carrera hacia el lugar.

—Bien, ya que estamos todos, ¿por qué no nos vamos? —Mizu-chin, como la llamaba Nana, tomó el liderazgo del grupo de personas, una curiosa mezcla entre chicas tímidas y hombres aún más reacios a acercarse, como si ellas les quemaran con su sola presencia—. He pensado que deberíamos de irnos en parejas, ya que es la única manera de sentarnos sin molestar a nadie.

Todos murmuraron cosas extrañas, sin decidirse entre aprobar la idea o no. Pero como siempre, a la mujer no le importó si tenía la aprobación general y llevó a cabo su plan, como si fueran niños de kindergarden y necesitaran ser guiados.

—Nana y Take-chan, por supuesto —le guiñó un ojo con complicidad a alguno de los dos (Take no sabía a quién, pero sintió que los colores se le subían al rostro) y luego se dirigió a la cabeza del grupo, para una pequeña excursión al centro comercial más cercano.

—N-no le hagas caso —se excusó Nana, tratando de que no se notara el rubor en sus mejillas—. Ya sabes cómo es Mizu-chin, inventa cosas.

—No te preocupes —fue la respuesta de éste, al tiempo que caminaban como una fila de hormiguitas siguiendo a su reina—. ¿Has tenido noticias de Yano?

El rostro de Nanami se iluminó al oír ese nombre, pero trató de que el impacto no fuera tan grande para no dañar a su amigo.

—Pues él... —Takeuchi lamentaba mucho haberse puesto una traba tan grande hablando de Yano en ese tiempo a solas, pero era la única manera de ver el rostro de Nanami iluminado, justo como le gustaba.

La dejó hablar, asintiendo y haciendo alguna que otra acotación graciosa en ocasiones, disfrutando del momento que compartían juntos. Mizu-chin lo había planeado todo para que pareciera una cita y casi lo había logrado, casi había hecho de sí misma la cupido ideal... Si no tomamos en cuenta el hecho de que Takeuchi era demasiado bueno —y demasiado ingenuo— como para aprovechar la oportunidad.